Un poema para Fayad… Por Víctor Fowler Calzada    Aceptó darme la entrevista (que, luego, nunca publiqué) y sentí que pisaba territorios de gloria. Él era Fayad, uno de mis poetas favoritos, el autor de Última carta a Mariannik, El ahorcado del Café Bonap

Imaginarios

Un poema para Fayad…

Por: Víctor Fowler Calzada

  Aceptó darme la entrevista y sentí que pisaba territorios de gloria. Él era Fayad, uno de mis poetas favoritos, el autor de Última carta a Mariannik, El ahorcado del Café Bonaparte, Por esta libertad, 12 y 23, Abrí la verja de hierro, Muchacha en Banao, Abrí la verja de hierro, Vagabundo del alba  y tantos otros poemas de los cuales -aunque nunca he sido bueno para memorizar- me sabía estrofas enteras. Además de esto, lo admiraba como el editor exquisito, responsable de pequeñas y bellas ediciones de La tierra baldía, de T. S. Elliot y Lluvias, de Saint-John Perse. La entrevista tenía como propósito escuchar de su relación con Lezama, quien había acogido en Orígenes poemas del joven Fayad.

 Recuerdo el caballete en mitad de la sala, el sillón -cómodo y grande- que era su asiento, que entró a la cocina (a preparar café) y que aproveché esos segundos para disfrutar los libros. Nunca había estado parado frente a estantes tan desbordantes de autores y libros que deseaba leer, todos cuidados, llamativos cual si tuviesen imán. Sin embargo, fue uno encuadernado cuero, el que me dejó poco menos que paralizado: la edición facsimilar de Nieve, de Julián del Casal. En el momento justo de mi sorpresa, café en mano, regresó Fayad quien sonrió al ver mi expresión; extendió la taza de café e hizo un gesto invitándome a que tomara el libro de Casal. “Y revisa también el otro encuadernado que está al lado.” El Ismaelillo, de José Martí. Terminada la entrevista, Fayad me despidió con una invitación inesperada: que volviera cuando quisiera para seguir revisando libros, que él tenía 7, 000 títulos en su biblioteca y que, eso sí, lo que me pedía era que llamara antes de ir. Así comenzó mi amistad con él.

Creo haber sido de los muy pocos, o tal vez el único, a quien abrió con tanta generosidad esa biblioteca de sueño que era, por demás, el resultado de toda una vida de viajes y búsquedas. Me divertía pensar lo raro que es el mundo cuando llegaba al apartamento, Fayad abría la puerta, decía: “Hoy no puedo atenderte. Voy a pintar, así que vete a registrar libros allá… por el pasillo. Si quieres agua, la coges tú mismo.”

Conversamos mil cosas: de sus años en París, de su infancia, su llegada a la Habana, el mundo de la literatura. Me contó que el padre viajaba hasta las zonas montañosas de Oriente para cortar árboles y que él, un niño con menos de diez años, lo había acompañado. Habló del mundo de pobreza que aparece en un poema como “Para dormir en la Cueva de los Mochuelos”. Decía que el lugar, con ese mismo nombre, había existido antes de la Revolución, que era un albergue de mala muerte (si no recuerdo mal, en la calle Neptuno), lleno de gente degradada. Contó que en una fonda cercana vio como un borracho golpeó a un anciano sólo porque pronunció unas frases en latín. “Le dio un puntapié en el vientre”, me dijo, “Tú no sabes lo que hace la violencia cuando la gente se degrada.” (ahí fue cuando empleó la palabra). Nunca he olvidado lo que me dijo a continuación: “Odian la belleza”. 

También me refirió un sueño que la irrupción inesperada de la muerte no le permitió cumplir y para lo cual había escrito a muchos de sus amigos en todo el mundo.: la creación de un museo internacional de obras de arte de pequeño formato en Guayos, el pueblo donde creció.  

Entre los autores jóvenes que por entonces me eran próximos se encontraba Rodolfo López Burgos, quien hasta hoy sigue contando entre mis amigos. Él también amaba la poesía de Fayad y, en una de las casualidades más increíbles que haya podido ver en mi vida, resultó que había nacido y vivido largos años en la Calle Reina, justo en el edificio donde Fayad había pasado buena parte de aquellos años de miseria sobre los cuales hablaba Fayad. De hecho, cuando mi amigo y Fayad conversaron (porque sentí que era casi una obligación presentarlos), resultó que Rodolfo, en sus años de infancia, había conocido a la que había sido casera de Fayad; además de esto, en la planta baja del edificio permanecía, como mismo décadas antes, el mismo estudio fotográfico.

Para el tipo de amantes de la literatura que empezábamos a ser, aquel lugar era territorio mítico, pues si en el edificio donde ahora vivía mi amigo había vivido Fayad y en el otro habían tenido su refugio nada menos que Baragaño y Escardó, los otros dos grandes poetas de la Generación del 50, los tres en la misma pobreza. De Baragaño me contaba que, estando en Paris, donde ambos vivieron, se encontraban en el café favorito de Jean Paul Sartre cuando éste, con Simone de Beauvoir del brazo, fue en busca de la mesa que le reservaban en el sitio; que Baragaño, “como si fuera una flecha”, corrió a sentarse en la mesa, a enseñarle poemas al filósofo y que olvidó por entero a Fayad. De Escardó que el poeta camagüeyano, pasador de hambres legendario, aseguraba que -cuando no podía pagar el cuarto- dormía en el interior del monumento a Máximo Gómez  que se encuentra frente al Morro, lo que hacía suponer que el monumento era hueco. También recordaba que una noche Escardó, quien fumaba sin cesar, había quedado dormido con el cigarrillo encendido colgando de una mano, y había provocado un incendio en el cuarto que Escardó y Baragaño compartían. Pocas veces vi a Fayad tan emocionado como cuando comenzamos a cotejar direcciones y fachadas, hasta caer en la cuenta de que hablábamos del mismo lugar. Hicimos planes para que pudiera ver la zona, la cuadra, el edificio, el cuarto, pero ya estaba enfermo y no hubo tiempo. 

Pocas veces vi a Fayad tan emocionado como cuando comenzamos a cotejar direcciones y fachadas hasta caer en la cuenta de que hablábamos del mismo lugar. Hicimos planes para que pudiera ver la zona, la cuadra, el edificio, el cuarto, pero ya estaba enfermo y no hubo tiempo. Una de las personas con las que más profundo lazo de amistad he tenido, la poeta y ser humano excepcional que fue Albis Torres, había sido su alumna. Estaba yo en la casa de Fayad, como siempre registrando libreros, fue él hasta la cocina, rato más tarde entré a decirle algo y lo encontré, mientras la pila del fregadero permanecía abierta, con un periódico enrollado en la mano, ayudando a una diminuta cucaracha a subir hasta el borde y escapar. Saliendo fui hasta donde Albis, quien vivía a escasas cuadras, describí la pequeña escena de la cual acababa de ser testigo y ella comentó que ese era un gesto de soledad. 

Tiempo más tarde, recordándolo, escribí para él este poema del cual viene el título del más reciente de mis poemarios.

LA CIENCIA DE LOS INSTANTES

para Fayad Jamís

Hiciste una canal, doblando el periódico, para que saliera 

la cucaracha pequeña en el lavamanos atrapada. A pesar

del asco y la vulgaridad, entendí el gusto de acumular, 

tus fugas entre de idiomas y siempre -como quien llora 

a la madre muerta- el aguijón del hambre: tu secreto. 

Es frágil el huevo, vacío y seco. Huele, durante días, en 

la punta del dedo que lo quiebra con una ligera presión. 

Detrás del estante de libros, mientras buscaba algo caído, 

descubrí que el esfuerzo de una vida, su relámpago, iba

a ser arrasado. 

Amontonar, como en aquella casa tuya, de tanta derivación

y no me atreví a preguntar si valía la pena. O la sensación

-veinte años más tarde y has muerto- de que todo ese poder apenas cuida del verdadero desvalimiento.

Tenías razón, amigo, sobre esto -que nunca discutimos- 

de cucarachas. La humanidad se define cuando puedes 

salvarlas y es árido seguir.


  • Foto de “Hueso de preguntar, de contemplar,/ de huir, de sacudir el tiempo (…)”. (Fayad Jamís: Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana. “Hueso de preguntar, de contemplar,/ de huir, de sacudir el tiempo (…)”. (Fayad Jamís: Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana.
  • Foto de Más conocido como Libro de amigos, cuenta con al menos dos ediciones facsimilares y de la digital, correspondiente a 2010, son tomadas ahora las agradecidas líneas de Fayad. Más conocido como Libro de amigos, cuenta con al menos dos ediciones facsimilares y de la digital, correspondiente a 2010, son tomadas ahora las agradecidas líneas de Fayad.
  • Foto de Carta de Fayad a Lezama (colección manuscrito BNCJM) Carta de Fayad a Lezama (colección manuscrito BNCJM)
  • Foto de Fayad  en el extremo de la izquierda, junto a otros colegas –Baragaño, Luis Alonso, De Oraá, Agustín Cárdenas, Marré o Antonio Vidal– en el contexto de una exposición correspondiente, tal vez, a 1954. (Foto: cortesía de José Veigas). Fayad en el extremo de la izquierda, junto a otros colegas –Baragaño, Luis Alonso, De Oraá, Agustín Cárdenas, Marré o Antonio Vidal– en el contexto de una exposición correspondiente, tal vez, a 1954. (Foto: cortesía de José Veigas).
  • Foto de Carta de Ricardo Vigón a Lezama Lima (colección manuscrito BNCJM) Carta de Ricardo Vigón a Lezama Lima (colección manuscrito BNCJM)
  • Foto de (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Tinta sobre papel, 43.8 x 25.5 cm.  (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). Tinta sobre papel, 43.8 x 25.5 cm. (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Tinta sobre papel, 43.5 x 31 cm.  (Reproducido en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). Tinta sobre papel, 43.5 x 31 cm. (Reproducido en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Cubierta del libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980. Ilustrada con la obra Paisaje con gato y estatua (1959). Cubierta del libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980. Ilustrada con la obra Paisaje con gato y estatua (1959).
  • Foto de Fondos Bibliográficos BNCJM Fondos Bibliográficos BNCJM
  • Foto de Folleto de la exposición de Fayad Jamis en 1967 (fondos Bibliográficos Sala de Arte, BNCJM) Folleto de la exposición de Fayad Jamis en 1967 (fondos Bibliográficos Sala de Arte, BNCJM)
  • Foto de Fondos Bibliográficos BNCJM Fondos Bibliográficos BNCJM
  • Foto de “(…) ¿quién soy? ¿cómo me llamo?/ ¿en dónde está mi río de piedras azules (…)?”. (Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana “(…) ¿quién soy? ¿cómo me llamo?/ ¿en dónde está mi río de piedras azules (…)?”. (Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana

Otros artículos