Fototeca de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Imaginarios

Otros poemas de Los puentes, retomados en el tiempo

Por: Norberto Codina

Los puentes maneja discretamente los grandes temas de la poesía

 de todos los siglos: la libertad, el amor, la muerte en un verso delicado

 y casi siempre hermoso, peligro al que el poeta arriesga

 muchos de sus logros más auténticos.

PABLO ARMANDO FERNÁNDEZ

En una entrevista que concediera en 1986 a su amigo el poeta argentino Jorge Boccanera, Fayad Jamís le confiesa sobre su bohemia trashumante en la capital francesa, contexto de una precaria sobrevivencia para sus alternativas como creador: “Yo era un pobre diablo que pintaba paredes y me enteraba fragmentariamente de lo que sucedía. En esos cinco años que viví en París no tuve siquiera un abrigo, vivía en estado de desesperación, escribía y bebía hasta la madrugada. Por ese tiempo, años 56, 57, escribo presionado por determinadas circunstancias personales los textos que luego incluí en Los puentes. De aquella producción muchos poemas permanecen inéditos” . Dos años después de esta conversación tenida en Buenos Aires, fallece tempranamente en La Habana, en plenitud intelectual, de la que doy fe a tenor de la relación que mantuvimos. 

Poco tiempo después de su desaparición física tuvimos acceso a la papelería original de Fayad, gracias a la generosidad de su compañera de los últimos años, la escritora Margarita García Alonso, documentos que le facilitó al ensayista Enrique Saínz. A unas semanas de su fallecimiento, le rendimos un primer homenaje en La Gaceta de Cuba con un dosier  aparecido en el número de febrero del 89 , y donde en la nota editorial recordamos que su primera colaboración para la revista fue en julio de 1962, y la última en julio de 1988, justo veintiséis años después. En ese dosier publicamos, junto a evocaciones y poemas dedicados a su memoria; una muy breve entrevista, tal vez la postrera que se le hizo; y  una traducción del poema de Louis Aragón,  “La noche de Agosto” (sic), que nos adelantara el poeta en una de las últimas visitas que le realicé -y que se convertiría en su contribución póstuma a nuestras páginas-; incluimos cinco poemas inéditos, acompañados a manera de presentación con un comentario de  Saínz titulado “Fayad Jamís siempre”,  y los mismos eran: “Destino”, “Laberinto”, “De un modesto soldado a una dama”, “Yo soy aquel”, “En las mañanas”.  Este último fechado en Guayos, el 6 de septiembre de 1950. Cuatro de ellos, “Yo soy aquel”, “Destino”, y con variante en los títulos pues aparecen como “De un soldado a una dama”, y “El laberinto”, fueron en el segmento final llamado “Otros poemas”, en una amplia antología, Historia de un hombre, que tiempo después compilará y prologara el propio Enrique .

Entre esos inapreciables originales encontramos más adelante un grupo de textos fechados en París en el verano de 1956, justo los que menciona en la citada entrevista y excluidos por el autor de la selección definitiva de Los puentes. Un adelanto de ellos lo dimos a conocer al publicar cuatro poemas en el número de mayo-junio de 1992 de La Gaceta de Cuba , acompañados por una nota de presentación  y una entrevista igual inédita, debida a ese gran periodista que fue Orlando Castellanos . Estos poemas, desconocidos entonces, integraron junto a otros inéditos un cuaderno en cuya gestación fui cómplice de mi amigo de años, Enrique Saínz, conocido crítico y estudioso de la poesía de Jamís –y de la cubana en general–, y publicados por Ediciones Unión en 1994 en su colección emergente: La rueda dentada, agrupados bajo el título Entre la muerte y el alba, y del que fuera editor el buen amigo y compañero generacional del Moro, el dilecto Luis Marré. 

Saínz organizó el pequeño libro en dos partes, una primera, “De Los puentes”, contentiva de nueve poemas que no fueron incluidos en el mencionado título, y datados como ya se dijo en París en 1956. La segunda parte, “Poemas póstumos”, la integran trece textos escritos en los últimos meses de su vida, entre febrero de 1985 y noviembre de 1988, “según consta de puño y letra en la papelería inédita que nos entregó su viuda” , a la que se debió la génesis de este cuaderno, incluyendo la gráfica de Jamís que le acompañó, dibujos pertenecientes a su colección “Máquinas de poesía”. El título de la compilación, que colegiamos, fue tomado de “Bello es el mundo”, escrito en sus últimos tiempos, y que concluye con estos versos que pudieran ser premonitorios en una extraña antinomia: Bello es el tiempo en que vivo, /mi edad convulsiva entre la muerte y el alba. Como bien señala el crítico al final de su nota de presentación, “en este conjunto se encuentra el que casi seguro fue el último poema de Fayad, escrito pocos días antes del 12 de noviembre de 1988, la fecha de su deceso. En ningún momento percibimos otro dolor que el de la ausencia y la nostalgia del ser amado, ya para siempre eterna compañera de este poeta en los versos finales: es que te llevo en mí a través de mi muerte y mis espejos, /es que te llevo entre mi magma, /es que” , y así concluye la última página, legándonos esa interrogante.

Sobre las dudas, o especulaciones, del interés del escritor en dar a conocer en algún momento los poemas que fueron “descartes” del volumen original, aparecido como libro en La Habana en 1962, se pueden despejar con varios argumentos. Pasados más de tres décadas de haberlos escrito y un cuarto de siglo de la publicación de los que consideró orgánicos para integrar un todo, tuvo sobrado tiempo para deshacerse de ellos, amén de su nomadismo de aquellos años, propenso a cualquier extravío natural de papeles no deseados. No los descalificó cuando declara: “De aquella producción muchos poemas permanecen inéditos”. Margarita, poeta ella y que lo acompañó con dedicación en los últimos años –era un guiño de afecto cómplice entre los amigos el de invocarlos como “el Maestro y Margarita”-, puso esos manuscritos en nuestras manos. Era sin duda, a mi sencillo entender, la persona más autorizada para conocer la voluntad del autor al respecto. Finalmente, esos poemas, tal vez en algunos casos no sean los más significativos del proyecto original, pero sí son de una indiscutible calidad estética que no desmerece para nada la estatura del autor, y por demás representativos de la experiencia de aquellos años de su estancia desarraigada e intensas vivencias en el extranjero, de sus angustias y nostalgias (si tuviera un automóvil me iría a Guayos a pasarme /las vacaciones), y que suman al cuerpo de esos versos y esos desafíos, “páginas de similar intensidad que las ya conocidas entonces” . Significativamente ninguno de estos textos es escogido para la antología –ya mencionada-, y que publicara el propio estudioso un año después de aparecer este cuaderno.  Según me explicó Enriquito, la selección de los poemas que integran Historia de un hombre la colegió con Jamís en su último año de vida, y solo después de su fallecimiento es que exploramos puntalmente el resto de sus originales, dispersos en varios documentos.

A más de seis décadas de Los puentes, libro fundamental de la lírica cubana contemporánea y voz obligada en la gran antología de la poesía latinoamericana, retomamos la saga de estos versos donde se prolonga la factura y el testimonio agónico que como lectura rota, apasionada y alucinante, tanto influyera en el primer grupo de El Caimán Barbudo y en mi promoción. De la mano de César Vallejo y los poetas franceses, va la ambición de una poesía abarcadora y la acumulación de vivencias de una odisea iniciada hace noventa años en Ojocaliente, Zacatecas, fruto de la unión del emigrante libanés Yunes Jamís y la mexicana Concha Bernal, y que transitará en Guayos, un pueblito del centro de la isla, vagabundo en diversos rincones de la Cuba republicana, y en La Habana de San Alejandro, Orígenes y la Plaza del Vapor. 

De las dos hambres seculares, sabiduría que viene de la cultura bosquimana hasta su admirado Vallejo, se alimentó su aventura en aquel París, que no era una fiesta, y donde prefirió “la prosa de los periódicos de que hablaba Apollinaire”. Es significativo que en fecha tan temprana como 1952 Cintio Vitier dijera sobre él: “La angustia, los oscuros parlamentos de la soledad, se mezclan en su mundo a cierto sabor de interiores sombríos…” . Pero Los puentes, aunque parte de los presupuestos de Brújula (1949) y Los párpados y el polvo (1954), es un estadío superior de su arte poética, que ya definitiva, le acompañaría hasta el otoño habanero de 1988. El principio de que el código de cada poema sea independiente a las leyes del autor, la palabra que se burla en el límite de su aparente creador, y posible “recreador”, como un símbolo mutante entre el poeta y sus posibles lectores, es una experiencia reiterada en la obra del Moro. 

Uno de sus principales estudiosos, el poeta, ensayista y profesor Víctor Rodríguez Núñez -al que prefiero citar en extenso-, nos ofrece el replanteo de la lectura de este libro como sujeto descolonizador. “En esta obra se ofrece una de las más brillantes representaciones, en la lírica de lengua española, del intelectual y su posición ante el colonialismo y el neocolonialismo. Se construye un sujeto poético excluido de la modernidad que, al hacerse consciente de esta condición subordinada –o si se prefiere la afortunada metáfora de Roberto Fernández Retamar, calibanesca–, se convierte en agente de la descolonización. Y su principal tarea es un radical asalto al poder de la representación. Esta práctica poética se realiza en un momento crítico de la historia moderna, en vísperas del auge de los movimientos de liberación nacional que, en las décadas de 1960 y 1970, llevarán a la libertad formal a cientos de colonias en todo el mundo. […] En fin, por Los puentes circula libremente una poesía descolonizadora por su contenido y descolonizada por su forma” .

“[…] desde los poemas inéditos de Jamís, desde las hojas que comienzan a ser amarillas y que se habían quedado casi perdidas entre el polvo de los anaqueles desemboca en la presencia luminosa de la Revolución, sin apartarse el más profundo temblor humano un solo instante” , así escribió a principio de los 60 ese otro vagabundo, Roque Dalton. 

Desde “estas hojas amarillas, perdidas entre el polvo de los anaqueles”, nos llega la humanidad intensa del amigo y el poeta que conocimos, admiramos, y frecuentamos en su último hábitat de O y 27, que visité y conocí gracias a él (y que años después, tres pisos de diferencia, sería mi casa). Aquí está el hombre al que recordamos con sus propias palabras: “La poesía es una lucha permanente, una batalla de sangre y de luz entre el hombre y el tiempo, entre el hombre y sus circunstancias, entre el hombre y todas las cosas que pueblan el universo”.

                                                                                  En calle O número 266, El Vedado, octubre de 2020.


  • Foto de “Hueso de preguntar, de contemplar,/ de huir, de sacudir el tiempo (…)”. (Fayad Jamís: Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana. “Hueso de preguntar, de contemplar,/ de huir, de sacudir el tiempo (…)”. (Fayad Jamís: Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana.
  • Foto de Más conocido como Libro de amigos, cuenta con al menos dos ediciones facsimilares y de la digital, correspondiente a 2010, son tomadas ahora las agradecidas líneas de Fayad. Más conocido como Libro de amigos, cuenta con al menos dos ediciones facsimilares y de la digital, correspondiente a 2010, son tomadas ahora las agradecidas líneas de Fayad.
  • Foto de Carta de Fayad a Lezama (colección manuscrito BNCJM) Carta de Fayad a Lezama (colección manuscrito BNCJM)
  • Foto de Fayad  en el extremo de la izquierda, junto a otros colegas –Baragaño, Luis Alonso, De Oraá, Agustín Cárdenas, Marré o Antonio Vidal– en el contexto de una exposición correspondiente, tal vez, a 1954. (Foto: cortesía de José Veigas). Fayad en el extremo de la izquierda, junto a otros colegas –Baragaño, Luis Alonso, De Oraá, Agustín Cárdenas, Marré o Antonio Vidal– en el contexto de una exposición correspondiente, tal vez, a 1954. (Foto: cortesía de José Veigas).
  • Foto de Carta de Ricardo Vigón a Lezama Lima (colección manuscrito BNCJM) Carta de Ricardo Vigón a Lezama Lima (colección manuscrito BNCJM)
  • Foto de (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Tinta sobre papel, 43.8 x 25.5 cm.  (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). Tinta sobre papel, 43.8 x 25.5 cm. (Reproducida en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Tinta sobre papel, 43.5 x 31 cm.  (Reproducido en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980). Tinta sobre papel, 43.5 x 31 cm. (Reproducido en el libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980).
  • Foto de Cubierta del libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980. Ilustrada con la obra Paisaje con gato y estatua (1959). Cubierta del libro Fayad Jamís. Tintas. PREMIA editora, México, 1980. Ilustrada con la obra Paisaje con gato y estatua (1959).
  • Foto de Fondos Bibliográficos BNCJM Fondos Bibliográficos BNCJM
  • Foto de Folleto de la exposición de Fayad Jamis en 1967 (fondos Bibliográficos Sala de Arte, BNCJM) Folleto de la exposición de Fayad Jamis en 1967 (fondos Bibliográficos Sala de Arte, BNCJM)
  • Foto de Fondos Bibliográficos BNCJM Fondos Bibliográficos BNCJM
  • Foto de “(…) ¿quién soy? ¿cómo me llamo?/ ¿en dónde está mi río de piedras azules (…)?”. (Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana “(…) ¿quién soy? ¿cómo me llamo?/ ¿en dónde está mi río de piedras azules (…)?”. (Los párpados y el polvo, 1954). Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana

Otros artículos