La Aurora de Matanzas Ejemplar correspondiente al 16 de febrero de 1833 (cortesía de la autora)

Nombrar las cosas

De Matanzas a Islas Canarias; lo que cuenta un periódico

Por: Karla Beatriz Paredes Galindo

El 14 de abril de 1862 una Real Cédula confirma la aprobación de las propuestas de Fernández de Córdova sobre la fortificación y poblamiento de la Bahía de Matanzas. En consecuencia se ordenaba a México el envío de 30 mil pesos para la construcción de la fortaleza y se solicitaba a Canarias viabilizar con prontitud el traslado a América de 30 familias para fundar la población. (1)

El 15 de mayo de 1693 partieron hacia la comarca yumurina una buena parte de las familias canarias destinadas a fundar, en compañía del Capitán López de Hoces y de 60 soldados, con el fin de iniciar las tareas preliminares a la fundación de la ciudad. Casi al finalizar el siglo XVII, el 12 de octubre de 1693, se fundó Matanzas, se creó así la Jurisdicción cabecera con seis leguas de radio e inician las diligencias fundacionales de la población matancera con el replanteo de la primitiva Plaza de Armas, hoy Plaza de la Vigía. Este propio día se delineó la iglesia matancera y tras el ritual religioso, el gobernador Manzaneda (2) dio por fundada la ciudad, titulándola San Carlos y San Severino de Matanzas. 

Sin embargo, no fue hasta el último decenio del siglo XVIII que se produjo el despertar económico al ser habilitado en 1793 el puerto de Matanzas en clase menor. A través de esta Real Orden se permitió utilizar la bahía matancera para el comercio directo con la Metrópoli. Ya para el año 1818 el rey concedió a los reformistas la apertura del puerto de forma total, lo que comenzó en la práctica a partir de mayo de 1819. La concesión abrió una primera etapa de florecimiento para la localidad. 

Para 1827 este auge económico creciente se evidenció en Matanzas porque produjo la cuarta parte del azúcar de la isla. El fenómeno azucarero-cafetalero conllevó a un incremento de la actividad mercantil y el crecimiento impetuoso de la economía, además de un florecimiento en el ámbito cultural y científico. 

En 1828, vio la luz el periódico La Aurora de Matanzas, propiedad de la Diputación Patriótica de Matanzas (3) y que marcaría la mayoría de edad del periodismo matancero. Esta publicación fue un diario político y literario digno de elogios por la elegancia de su impresión y extensión, la variedad de materiales que trataba, el orden y además, el buen gusto de su redacción. Sus escritos eran generales, e interesantes y cumplió un rol importante en Matanzas, pues mostró parte de la cultura nacional. 

A pesar de todo lo literario que se encuentra en La Aurora… (4), lo real, es que el periódico tenía un espectro mucho más abarcador, pues en él tendrían cabida artículos históricos, científicos, de costumbres, noticias locales y anuncios clasificados, secciones de variedades, literatura, adelantos científicos, comentarios y reflexiones de otros periódicos extranjeros fundamentalmente españoles. 

Matanzas, tuvo el privilegio de contar con dos figuras procedentes de Islas Canarias que integraron la nómina de La Aurora… en dos momentos diferentes: Francisco Guerra Bethencourt en la primera mitad del siglo XIX, famoso por sus polémicas con figuras tales como Félix Tanco y José A. Saco. Y el otro isleño que ejerció el periodismo, ya cuando el periódico se denominaba La Aurora del Yumurí, fue Ernesto Lecuona Ramos. 

Francisco Guerra Bethencourt llegó a Cuba en 1826, se estableció en la ciudad de Matanzas como profesor de latín e idiomas con cátedra costeada por el Ayuntamiento matancero. Fue profesor de José Jacinto Milanés, de Pedro José Guiteras y de otros matanceros relevantes. Fue uno de los redactores de La Aurora de Matanzas, en su primera época. Allí escribió artículos sobre la enseñanza y la cultura de la isla bajo los seudónimos de Francisco Guerra y Buenaventura Creux y sostuvo una polémica con Félix Tanco, al salir el Isleño, en defensa de su paisano Tomás de Iriarte y de los habitantes de las Islas Canarias. 

En 1831 su cátedra fue cerrada y se trasladó a La Habana; fue amigo de Domingo del Monte, quien lo invitó a colaborar en la Revista Bimestre Cubana, donde publicó uno de sus artículos más notables, que fue la reseña crítica del Arte de hablar en prosa y verso. 

En 1835 obtuvo un cargo en la Corte y se trasladó a Madrid, dejando en manos de su amigo Blas de Osés la traducción, del inglés, de la novela histórica El profeta de San Pablo, de Lord Normandy, publicado póstumamente en La Habana en 1838.

Vuelto a la Península Ibérica se adhirió al Partido Progresista, redactó en La Estrella numerosos artículos bajo el seudónimo El Canario, defendiendo el sistema colonial. 

Escribió dos folletos de gran repercusión para la vida política cubana, en los que se declara partidario del sistema colonial español al combatir a los diputados Montalvo y Saco defendiendo al general Tacón: Cuatro palabras en contestación al breve discurso del Excelentísimo Señor Montalvo, Procurador a Cortes por la isla de Cuba e Isla de Cuba. Despertador patriótico, ambos publicados en 1836, que fueron enérgicamente refutados por Domingo del Monte en su La isla de Cuba tal cual está. Aunque fue nombrado miembro del Tribunal de Cuentas de la Superintendencia de la Isla de Cuba, renunció por encontrarse muy enfermo. Poco tiempo después murió en la capital española.

El otro periodista canario que se relacionó con La Aurora del Yumurí es Ernesto Lecuona Ramos. Lecuona nació en Santa Cruz de Tenerife en 1834. Sin terminar los estudios de medicina se hizo periodista y llegó a ocupar la dirección del periódico El Sol de Nivaria. Hacia 1860 emigró a Cuba y se estableció en Matanzas. En Cuba, fue periodista de La Aurora del Yumurí donde alcanzó la dirección del mismo (1883) y posteriormente dirigiría también El Buscapié (1879), El Conservador (1883) y El Constitucional (1884). 

Años después y con varios de sus hijos nacidos (5), Ernesto Lecuona Ramos y su familia pasaron a residir en la ciudad de La Habana, en el pueblo cercano de Guanabacoa donde dirigió La Cáscara Amarga y El Comercio (1886), este último un importante periódico habanero, vocero de los comerciantes de la ciudad. 

En la primera mitad del año 1902, Lecuona Ramos, con 67 años de edad, decidió regresar a su ciudad natal, Santa Cruz de Tenerife, donde fallecería apenas ocho días después de su llegada, el 2 de mayo de 1902. La noticia de su muerte consternó al medio de comunicación donde trabajaba y varios de los principales periódicos se hicieron eco de su fallecimiento, entre ellos La Gaceta Musical de La Habana.

  • Foto de Segunda página de ejemplar del periódico La Aurora de Matanzas, correspondiente al 9 de julio de 1829 Segunda página de ejemplar del periódico La Aurora de Matanzas, correspondiente al 9 de julio de 1829
  • Foto de La Aurora de Matanzas. Ejemplar correspondiente al 16 de febrero de 1833 (cortesía de la autora) La Aurora de Matanzas. Ejemplar correspondiente al 16 de febrero de 1833 (cortesía de la autora)

Bibliografía consultada

(1) Hay otros autores que plantean 33 familias canarias, pero la autora del trabajo se adscribe al criterio de Urbano Martínez Carmenate y Raúl Ruiz Rodríguez en planteado en el texto: Las cifras del tiempo. Cronología histórica de Matanzas 1494-1867. 

(2) Severino de Manzaneda y Salinas de Zumalabe (1644, Valmaseda, en Vizcaya, País Vasco, España). Fue el Gobernador y Capitán General de Cuba entre 1689 y 1697. En su juventud se unió al Ejército español, teniendo una destacada trayectoria durante los 20 años que desempeñó la profesión de militar. Así, logró ascender a Capitán de Infantería de Caballos coraza y a Mariscal de Campo, participando en las campañas de Sicilia, El Rosellón, y Flandes, en aquel momento posesiones españolas. En 1689 es nombrado Gobernador y Capitán General de Cuba, cargo que mantiene hasta 1697. 

(3) La Diputación Patriótica de Matanzas se creó el 30 de mayo de 1827 y era la filial en esta ciudad de la Real Sociedad Económica Amigos del País. Esta corporación fue fundamental, pues impulsó el desarrollo de la ciudad en distintas esferas, sobre todo en el ámbito de la ciencia y la educación.

(4) Hay que señalar que el periódico La Aurora de Matanzas tuvo varias épocas y en casi todas sufrió variación en el nombre hasta que a partir de 1857, circuló como La Aurora del Yumurí. Es por eso que el primer isleño, Francisco Guerra Bethencourt publicó en La Aurora de Matanzas y Ernesto Lecuona Ramos publicó en La Aurora del Yumurí. Ambos periódicos forman parte de una única colección que se encuentra en la Biblioteca Provincial Gener y del Monte de Matanzas. 

(5) Uno de los hijos de Ernesto Lecuona Ramos, nuestro periodista canario, fue Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona Casado, compositor y pianista cubano. Nació en el municipio Guanabacoa, Ciudad de La Habana, el 6 de agosto de 1895 y murió el 29 de noviembre de 1963 en Santa Cruz de Tenerife, Canarias. Es considerado un músico excepcional y el compositor cubano más difundido en el mundo, no sólo por la cantidad de obras preparadas, sino además por su calidad. Una de sus composiciones más famosas se encuentran Damisela encantadora, La comparsa y Siempre en mi corazón. 

Fuentes consultadas: 

1. Alfonso Portillo, Pedro Antonio (1854). Memorias de un matancero. Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba con relación a la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas. Matanzas: Imprenta de Marsal y Cía. 63 p. 

2. Calcagno, Francisco (1878).  Diccionario biográfico cubano. New York: Imprenta y Librería de Ponce de León. 727 p.

3. Díaz Rodríguez María del Rosario (2008).  Apuntes para un periódico cubano con filiación canaria: La Aurora. [en línea]. p.15. La Habana. [Consultado 25 abril 2017]. Disponible en: http://librinsula.bnjm.cu/secciones/219/nombrar/219_nombrar_3.html

4. González García, Juan Francisco (1995). La pedagogía ¿contra el poder o desde el poder? El caso del Colegio La Empresa y los hermanos Guiteras. En: Nuestra común historia. Cultura y sociedad. Aula de Cultura Iberoamericana. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

5. Guiteras, Pedro José (1886). Historia de la isla de Cuba. t II. Nueva York: Jorge R Lockwood, F.W. Christern. 

6. Instituto de Literatura y Lingüística: Diccionario de la Literatura Cubana. (1980-1984). t II.  Ciudad de La Habana: Editorial Letras Cubanas. p. 735-778. 

7. Labraña, José M. (1940). La prensa en Cuba. En: Cuba en la mano. La Habana: Enciclopedia Popular Ilustrada.

8. Martínez Carmenate, Urbano y Ruiz Rodríguez, Raúl (2006). Las cifras del tiempo. Cronología histórica de Matanzas 1494-1867. Matanzas: Ediciones Matanzas. 113 p.


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