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Nombrar las cosas

Un gallego cubano fuera de serie

Por: Argelio Santiesteban

 No exagero: su vida parece escapada de las páginas de una novela de aventuras. 

 En efecto. Hay que recurrir a la sobadísima frase para describirla.

 A los catorce años se alista como grumete. De manera que un día le amanece en un puerto centroamericano y poco después en otro canadiense.

Transcurre la Revolución Mexicana. En el puerto tampiqueño es víctima una falsa denuncia, como agente norteamericano. Lo zampan en una prisión, de la cual escapa espectacularmente.

Cuando cuenta con diecinueve años, frente a la bahía  habanera, da muerte a un hombre en un duelo irregular. (Es decir, una reyerta). Resultado: lo hallamos en el tenebroso Castillo del Príncipe, pagando una condena de catorce años, ocho meses y un día.

 Ahí comienza su odisea de autodidacto. En la biblioteca de la cárcel se dedica a estudiar frenéticamente.  Y comienza a escribir.   

   Por fortuna, hace amigos de valía, como el coloso Pablo de la Torriente-Brau. También lo apoya el brillante periodista y poetazo  José Zacarías Tallet , quien entonces trabajaba en la prisión como contador. 

   En 1928 se produce el milagro. Un concurso de la influyente  revista Carteles le premia un cuento, por votación popular. Pronto,  la Revista de Avance edita su libro El renuevo y otros cuentos.

La presión ejercida por la intelectualidad cubana no le deja al gobierno otra opción que no sea su indulto. Ya en la calle, se integra con entusiasmo a la tropa periodística, y se ve inmerso en la vida intelectual cubana.

En1933  se suma a las huestes de los comunistas cubanos, Se desempeño allí como jefe de redacción del periódico Hoy. (Algunos desencuentros, lo alejarían de aquellas filas, en 1945). En 1934 da a la luz los cuentos de Dos barcos, que huelen a mar y a rabia anti gringa. En 1936 es coeditor de la revista Mediodía. Allí publica un capítulo de la que sería su obra definitiva. Consecuencia: se le sometió a proceso judicial bajo la acusación de pornografía y propaganda subversiva. (Claro, no olvidar que el mandante era el jefe del ejército, un traidorzuelo a quien llamaban Fulgencio).

Un día el antiguo grumete, ahora pasajero a bordo del buque Normandie, desembarca en Francia. Furioso antifascista, no puede estar lejos del pueblo español, que se bate lo mismo contra la reacción interna que enfrentando a externas fuerzas hitleristas o mussolinianas.

Atraviesa los Pirineos. Como corresponsal de guerra, enviará reportajes desde muy diversos frentes de batalla. Se une a ls tropas del legendario Valentín González, El Campesino.

De su comunión republicana en la contienda civil ibérica, además de lo periodístico, surgirían las obras Aviones sobre el pueblo (1937)  y Tres meses con la fuerza de choque.  División Campesino (1938).

En 1941 publica Los héroes,  narraciones en torno a nuestros encontronazos independentistas. Tres años después recibe el Premio Nacional de Cuento Alfonso Hernández Catá. 

Puso en escena dos obras de teatro: una en el Palisades Park, de Nueva Jersey; la segunda, en el estadio de La Polar de La Habana.

Pero, nos preguntamos… 

  …¿quién es ese personaje?

De padre gallego y madre cubana, Carlos Montenegro nació en la Pobra do Caramiñal , Galicia, cuando se inauguraba el siglo XX. 

A los siete años emigró a Cuba junto a su familia. En Guanabacoa –donde residían--   comenzó sus  estudios en el colegio de la orden de San Vicente de Paúl. Pronto sería expulsado del centro docente, bajo una falsa acusación de malos tratos hacia sus compañeros. Por razones  económicas sus padres se trasladan a Argentina, donde la familia residió durante sólo once meses. Regresan a Cuba. 

De pequeño,  quedaría prendado por esa avasalladora presencia: la mar, que escolta a la Perla de las Antillas. "Si no ha crecido en mi memoria, aquel era el mayor espectáculo de la naturaleza; era en verdad el más hermoso. Desde los acantilados sobre la mar infinita se imponía un paisaje que aún da a mi espíritu, en ocasiones difíciles, una enorme fuerza. Hacia el oriente todo era piedra, mar profunda y luz. A veces la mar, espantosamente bravía, lo borraba todo en su superficie, arrojando después a la playa restos minúsculos de madera y en ocasiones un ahogado, el rostro duro y moreno, un poco hinchado el vientre, que en seguida se veía rodeado de muchachos mudos y mujeres sollozantes. A veces la mar estaba asombrosamente apacible. «La mar es así», decía mi padre".

 Hay un paraje decididamente poco visitado por nuestra prosa: el del ambiente carcelario. (Claro está, existe un antecedente monumental: El presidio político en Cuba –1871--, que jovencito escribió El Apóstol, El Maestro, El Homagno. 

Pero a Carlos Antonio Montenegro Rodríguez le tocó su turno, con Hombres sin mujer (1938), su magnum opus, donde plasma una estruendosa denuncia de la bestializante cárcel cubana.

 Y, cuando aquí se hable de literatura testimonial o autobiográfica, nadie se atreverá a olvidar ese título.

 No en vano la gente del Grupo Minorista calificó a Montenegro como “el Gorki cubano”.


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