Un mundo colmado de incógnitas, curiosidades, ansias de saber y de hacer, se presenta ante el ingenio de los niños y adolescentes que buscan satisfacer sus inquietudes intelectuales.

Imaginarios

El departamento Juvenil de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, inicios de un hermoso y útil proyecto

Por: Mabiel Hidalgo Martínez

Un mundo colmado de incógnitas, curiosidades, ansias de saber y de hacer, se presenta ante el ingenio de los niños y adolescentes que buscan satisfacer sus inquietudes intelectuales. Cuando tienen a su alcance la magia de leer un buen libro o ser orientados, despiertan intereses que los marcarán para toda la vida, transforman sus incipientes aptitudes y se abren a un universo de experiencias formativas. 

Propiciarles desde pequeños las vías para el conocimiento, los libros, la charla animada, el juego instructivo, el círculo de interés que despierte el bichito de una vocación, es una tarea difícil pero hermosa, que implica amor y dedicación. Con ese noble empeño, el 14 de diciembre de 1959, la directora de la Biblioteca Nacional, doctora María Teresa Freyre de Andrade, inauguró la Biblioteca Juvenil de la institución. 

Fue esa una tarde de inauguraciones, pues también abrieron sus puertas los departamentos Circulante, Música y Arte. El programa de aperturas contó con la presencia del presidente de la república, doctor Osvaldo Dorticós.

Aunque no se consideran los servicios para niños y jóvenes típicos de una Biblioteca Nacional, la institución destinó un espacio para dedicarlo a este tipo de usuarios, generaciones ávidas de incorporar el hábito de la lectura, como futuro relevo de la Revolución. Se suplía al mismo tiempo la ausencia de una biblioteca pública en el capitalino municipio de Plaza.

Desde el propio día de su inauguración, el Juvenil atrajo la atención de los pequeños y jóvenes lectores. Según refiere la Revista de la Biblioteca Nacional, “los niños acuden a leer en los salones de la Biblioteca Juvenil, y a realizar su tarea escolar. Las bibliotecarias se ocupan asiduamente de enseñarles el uso y manejo de los libros y las obras de consulta, y a utilizar el catálogo de la Biblioteca”. (1)  

Se respiraba entusiasmo en aquellos primeros meses de creada la Sala, de tal manera que sus actividades traspasaban el umbral del local del sótano. El departamento de Música, dirigido por el doctor Argeliers León, se imbricó con el Juvenil para educar a los más jóvenes en el buen gusto por la música, principalmente por los géneros cubanos. De esa forma formaron un coro que ensayaba tres veces por semana, y se dispuso de un tocadiscos en el que escuchaban música con la asesoría de una musicóloga.

Los talleres de artes plásticas fueron espacios que abrió la Biblioteca Juvenil para incentivar la creación y el gusto estético de los más jóvenes. Exposiciones con las obras de los pequeños y adolescentes, inundaron las vitrinas y salones de la institución, asesoradas por los especialistas del departamento de Arte. 

De igual modo la literatura, fuente fundamental de conocimiento y valores educativos, tuvo su máxima expresión en “La hora del cuento”, actividad con una frecuencia semanal, que bebía de las adaptaciones de obras de la literatura infantil, realizadas por especialistas del Departamento Filológico de Narraciones Infantiles, creado por la doctora Freyre y dirigido por el poeta Eliseo Diego. 

Los concursos de literatura se desarrollaron periódicamente y fomentaron el amor a la lectura, colocando los primeros granitos de arena en niños y adolescentes que en la actualidad son escritores reconocidos. Ena Lucía Portela, Adelaida Fernández de Juan (Laidi), Yanitzia Canetti, entre otros, dieron sus primeros pasos literarios en la Biblioteca Nacional. 

Además de las actividades de narración de cuentos, pintura y cine, se efectuaban otras colaterales como los talleres de manualidades, clases de costura, círculos de interés de filatelia, fotografía, ajedrez. Se realizaban charlas sobre libros e intercambio con escritores, entre otras iniciativas que iban surgiendo según los intereses de los usuarios.

El cuarto sábado de cada mes planificaban excursiones a lugares históricos y recreativos. Como colofón del curso escolar, en el mes de julio, se llevaba a cabo un concurso de castillos de arena en la playa Santa María del Mar, una excursión en la que participaban aquellos usuarios que regularmente asistían a la institución.

El entusiasmo y la creatividad reinaban en el espacio pensado para niños, adolescentes y jóvenes. Según cuentan personas que experimentaron aquellos primeros años, era hermoso el trabajo que desempeñaban sus especialistas y la retroalimentación resultante de todos los procesos. 

María del Carmen Núñez Uncal (Menchi), trabajadora por más de cuatro décadas en Juvenil, rememora la importancia del departamento:

 “Se hacían disímiles actividades y la institución era un lugar de referencia, principalmente para los hijos y familiares pequeños de los  trabajadores de organismos cercanos a la Biblioteca, los cuales llevaban a sus hijos para que participaran de la programación que ofrecía la Sala, así como los niños y adolescentes de la comunidad. Los talleres contaban con una matrícula de hasta 120 niños y adolescentes, a los que se les ofrecía merienda durante las sesiones. Trabajadores de otros departamentos de la Biblioteca apoyaban nuestra labor, principalmente los sábados, pues la Sala Juvenil irradiaba alegría y demandaba la atención de varias personas de la institución”. (2) 

Para tener idea de cuánta afluencia de público tenía la sala Juvenil, basta repasar las cifras que informa su primera directora, Audry Mancebo, apenas cuatro años después de su inauguración: 12 274 lectores. (3) 

Inauguración de la sala para estudiantes de secundaria básica, abril de 1964

En 1962 el departamento Juvenil extendió sus servicios a la Red de Bibliotecas Públicas que se iban creando en otras provincias del país. El intercambio de experiencias enriquecía los procesos formativos de las nuevas generaciones y fortalecía la labor creativa de los especialistas, fungiendo como centro de entrenamiento a profesionales y estudiantes de práctica de la Escuela de Técnicos Medios.  

Las actividades de extensión bibliotecaria integraban la agenda de sus bibliotecarios, realizaron narraciones de cuentos en círculos infantiles, escuelas primarias, secundarias básicas, hospitales pediátricos, mini bibliotecas en salas de Psiquiatría de los Hospitales Pediátrico del Cerro y Juan Manuel Márquez. Además impartieron clases de pintura a pioneros de escuelas primarias de la comunidad, con el propósito de potenciar el desarrollo de habilidades en los niños con aptitudes para el arte.  

Posterior a la dirección de Audry Mancebo, el departamento Juvenil tuvo entre sus jefes a Pilar Grafton, Luisa María Guerra, Elsa González, Adrián Guerra, Lourdes de la Fuente y Odette Chía, quienes derrocharon ingenio y creatividad durante el tiempo que laboraron. 

Varias generaciones de bibliotecarios dejaron su impronta en los salones de Juvenil, y conservan cientos de anécdotas que demuestran el amor y la creatividad depositados en función de la maravillosa experiencia que aporta la labor con niños y adolescentes. Las instantáneas de la colección de fotografías BNJM se suman a los testimonios y evocaciones, como expresión del júbilo y la dedicación que caracterizó el noble empeño de un departamento pensado para las jóvenes generaciones.  





 



Bibliografía consultada

1) Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Año 1, Números 1-4, 3ra serie. Enero-diciembre, 1959., p. 119.

2) Entrevista realizada por la autora a María del Carmen Núñez, en su domicilio, La Habana, 20 de noviembre de 2020.

3) Mancebo, A. “Informe para el Boletín Bibliotecas. Bibliotecas. Año ll, Número 3, mayo-junio de 1964, p. 11.