La literatura de una nación no se conforma únicamente con las grandes figuras establecidas a partir de una calidad o de los resultados en los certámenes donde colocan su obra

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Literatura infantil y juvenil en Pinar del Río: ¿Espejismo o realidad?

Por: Carlos Fuentes Rodríguez

La literatura de una nación no se conforma únicamente con las grandes figuras establecidas a partir de una calidad o de los resultados en los certámenes donde colocan su obra; un gremio literario incluye además a ese grupo de creadores que, con voces y discursos menos visibles representan también pilares importantes en la evolución de la serie en sentido general. 

La literatura infantil y juvenil en Pinar del Río tiene sus antecedentes más inmediatos en la figura de Ada Padilla; una maestra sanjuanera que, nacida en 1923, al menos en sus inicios, nunca pensó que sus textos –poesía preferentemente– fueran literatura, sino que sirvieran como instrumento de apoyo para sus clases en la educación primaria; no fue hasta años más tarde que comenzó a soñar otro destino para sus textos sometiéndolos al criterio en los Encuentros Debates de Talleres Literarios a mediados de los años 80, logrando publicar su primer libro –Monedita–, tardíamente, en la recién inaugurada editorial Hermanos Loynaz cuando ya el contexto literario de la provincia era otro. Sin embargo, desde 1975 comenzará a gestarse en Pinar del Río lo que ha devenido conciencia grupal con la aparición de Nersys Felipe en el contexto cubano de la creación para los niños y los jóvenes y sus dos premios Casa de las Américas: Cuentos de Guane, en 1975 y Román Elé, en 1976.

Y no es que faltaran referentes fundamentales, recuérdese que, por esos años, figuraban en el contexto nacional autores de la valía de Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso, Renée Méndez Capote, Félix Pita Rodríguez, Nicolás Guillén, Mirta Aguirre sino que la presencia de Nersys Felipe fue arrolladora por cuanto se presentaba con conceptos y tratamientos temáticos casi inéditos para el género y, de paso, se convertía en el referente más tangible para el resto de los creadores que, en torno a ella, se irían formando en la provincia.

Entre los coetáneos, contemporáneos con Nersys, que vivían simultáneamente la creación infantil, independientemente de sus fechas de nacimientos, se encontraban Aurora Martínez, René Valdés y Lorenzo Suárez, este último natural de Bahía Honda, que por esos años residía en la ciudad de Matanzas y que, a principios de los noventa, obtuviera el premio Pinos Nuevos con un poemario fundamental en el contexto pinareño y nacional: Ofrenda lírica, donde el tratamiento de lo bucólico alcanza un alto esplendor unido al eficiente manejo del romance como única forma estrófica, independientemente de lo cual se logra una empatía lírica con el lector. Otro libro de los noventa que da consistencia al grupo que se formaba en la provincia, es Canta la tarde, de René Valdés, un poemario con el que gana el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara y que hasta la fecha ha tenido una sola edición. Si hemos de hablar de libros fundamentales en esta primera etapa es necesario sumar a los ya mencionados de Nersys Felipe, sus Cuentos de Nato y Maísa que tuviera su primera edición en Libresa, Ecuador; una segunda por Gente Nueva y una tercera, en 2001, por Cauce, libro este con que se inaugura ese sello editorial. Destacable también, de René Valdés, Bajo el aire y el sol de Buena Vista, pionero en abordar el tema de la emigración a partir de la visión de un niño. De significativa importancia resulta el libro Joyero y flor,  de Aurora Martínez, uno de los poemarios más delicados y coherentes dentro de la producción lírica para niños en Cuba; un compendio personalísimo de todos los estilos y atmósferas poéticas cultivados dentro de la Isla. Las carencias editoriales de aquellos años de un lado y los rigores y exigencias del otro, junto a la calidad de lo que a veces se escribía, incidieron en que nuestros autores fueran menos visibles en el contexto literario infanto-juvenil del país. 

La implementación del sistema de ediciones territoriales, específicamente la creación del sello Loynaz, llegó para suplir ese déficit y contribuir en la conciliación de lo que se ha establecido como uno de los grupos de creadores para los niños más nutridos de Cuba.

Nelson Simón, ya un reconocido poeta para adultos, publica con el sello Loynaz, su primer poemario para niños: En el cofre de un pirata, libro en el cual, independientemente que conservaba ciertos amarres de la poesía de sus antecesores, se liberaba también del metro y la rima perfecta, exponiendo además otros recursos como  el estructuralismo en el verso, una corriente muy de moda por los años 80. Este sería solo el preámbulo de las libertades y calidades que alcanzaría luego en Maíz desgranado, premio La Edad de oro, publicado por la Editorial Gente Nueva. La vocación de este autor por la literatura para niños y jóvenes, unido al rigor y alto valor estético de sus creaciones, se han puesto de manifiesto en una sucesiva aparición de títulos que le han valido numerosos premios dentro de los que cabe citar las cinco premios de la Crítica Literaria con los libros Brujas hechizos y otros disparatesCuentos del buen y mal amorAs de corazonesFinas hebras La increíble historia de los increíbles pies de la señora Flora.

Si en los años noventa la figura de Nersys Felipe, junto a otras establecidas en el país, significó una motivación ineludible en la formación de un grupo de creadores del género en Pinar del Río, a inicios de esta centuria, la obra de Simón y sus claros resultados, constituyeron el impulso mayor en la concreción de este como grupo. La calidad de lo publicado, sus inquietudes temáticas, la ductilidad de estilos, la desbordada imaginería de este autor, hicieron posible que se orientara hacia él la mirada de los jóvenes que se aventuraban en el cultivo de esta modalidad. Fue clave para esta conciencia grupal, el evento “Cuentos de la Bahía Honda”, auspiciado por la Uneac, que convocaba a escritores, editores, ilustradores y diseñadores de todo el país, y la ya mencionada inauguración del sello Cauce que ha enfocado su mirada, fundamentalmente en los últimos años, hacia el género infantil.

Creados ambos sellos editoriales, y con la existencia de estas dos figuras que destacan dentro de un contexto que se extiende más allá de la provincia (Nersys Felipe, Nelson Simón), comienzan a incorporarse paulatinamente un grupo de creadores con una visión más sólida del fenómeno, fundamentada por la confrontación que permite el propio desarrollo del sistema editorial del país, la red de concursos y otros eventos relacionados. De esta última etapa aparecen títulos fundamentales como Muna y Balbina dedos de palo, de Pedro Fonte, ambos premiados con La Rosa Blanca y publicados por la editorial Cauce; libros que intentan introducir al niño en temas muy peculiares de la cultura afro, particularmente en la religión palo monte, quizás novedoso, sobre todo en el tratamiento temático y en el modo de propiciar este acercamiento; siguiendo una línea temática similar pero esta vez a través del verso, aparece De congo y carabalí, de Marcia Jiménez Arce, publicado por ediciones Loynaz; interesantes cuestionamientos líricos sobre el asunto de la transculturación que acuñara Fernando Ortiz, de igual forma premiado con La Rosa Blanca. También de Hermanos Loynaz es el poemario Con pies de fango, de Samuel Cruz, libro de un intenso lirismo y referente fundamental de esta etapa en la promoción del libro infantil en Pinar del Río. Entre las más recientes figuras  incorporadas al grupo aparece Yunier Serrano Rojas (Valerio) con Lección de amor y anatomía, un poemario premiado por Sed de belleza y publicado posteriormente por este sello editorial de la provincia de Santa Clara; lo más fresco y renovador publicado en esta última etapa, por la manera irreverente en la construcción de la estrofa, que arremete contra toda forma clásica precedente. Se trata de un autor que muestra, en ese poemario, las marcas de lo que pueden ser los nuevos derroteros de la creación poética para los niños. Entre los autores que han contribuido también con su obra y participación a la visibilidad del grupo pinareño tenemos a Néstor Montes de Oca, María Caridad González, Blanca Nieves González, Yudith Morales, Lidia Meriño, Alberto Peraza, José Raúl Fraguela, José Antonio Linares Asco, Bárbara María Vento, Celima Bernal y Reinaldo Álvarez Lemus (pinareños residentes en la capital), Rosario Hernández quien, junto a Lorenzo Suárez y Aurora Martínez, ya tenían, en los 80, textos incorporados a los libros de la enseñanza primaria; José Manuel Pérez Cordero, Benigno Horta Hermida y finalmente Hevelyn Calzada Tabares con su poemario Tanto verde, tanto azul publicado recientemente por el sello Loynaz. 

Huelga decir que el enfoque grupal que he intentado dar al fenómeno de la escritura para niños en Pinar del Río, no implica un lastre en el desarrollo individual de cada uno de sus miembros; en la pluralidad es justo donde radica su fuerza; en esa búsqueda de lo universal vemos cómo enfilan proa hacia el descubrimiento de la nación y el mundo, desde sus respectivas y cada vez más sólidas herramientas lingüísticas y de estilo. Es cierto que aún falta desarrollo en algunos de sus miembros, como es cierto que el grupo es más nutrido de lo que se expone en este trabajo; pero, a mi modo de ver, la existencia de un movimiento de creadores para niños en esta provincia, cohesionado e identificable, pese a cualquier objeción, acaso fundamentada, que pudiera hacérsele, no constituye un espejismo sino una constatable realidad.


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