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Tesoros

Víctor Patricio de Landaluze y su Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba

Por: Olga Vega García.

Cuando en una obra se unen uno de los intelectuales cubanos más representativos del siglo XIX, un pintor de origen vizcaíno muy reconocido por volcar en caricaturas toda una época, un equipo de autores diestros en la escritura de textos costumbristas y un fototipista experimentado, el objetivo de presentar al mundo figuras típicas cubanas y un panorama de un período de la historia de Cuba está decididamente garantizado.

Así nació un libro que con el tiempo se convertiría en una de las joyas bibliográficas de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí por cuanto en la medida que envejece aumenta su rareza bibliográfica sin perder por ello el interés que despierta en el público lector. 

En la actualidad no puede obviarse la reproducción en soporte electrónico, por su utilidad práctica, pero esto no siempre es grato para muchos lectores; el placer de hojear las páginas sólo viene dado por una nueva edición que conlleve multiplicar la cantidad de libros, aun cuando para obtenerla se utilicen técnicas sofisticadas para una más perfecta realización. 

Es así que resurgen en el presente siglo los Tipos y Costumbres de Isla de Cuba, basados en cuatro volúmenes disponibles en el área de Libros raros y valiosos del Departamento de Colección Cubana Antonio Bachiller y Morales, responsabilizado por la conservación del patrimonio bibliográfico nacional del Siglo XIX. 

El objetivo seguido no ha sido hacer una copia exacta de uno, sino cotejarlos y lograr un ejemplar ideal para entregar al mundo un producto lo más cercano posible al salido del taller del Observador Comercial en 1881. 

No debe olvidarse que obras ilustradas de costumbristas que reproducen tipos populares no fueron originarias de Cuba, por cuanto antes que el título mencionado se publicara, existieron otras similares producidas por editoriales de otros países: Heads of people or portraits of the English Drawn, de Kenny Meadow (1840), Les Français peints par eux mêmes (1840-42) y la famosa Los Españoles pintados por sí mismos (1843); sorprende otra que ostenta el título muy sugerente de Las mujeres españolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas, de Faustina Sáez de Melgar, en la cual se inserta un artículo sobre la “Mujer de La Habana”.

Producto del período de la imprenta mecánica en la que nuevas tecnologías promueven un acelerado crecimiento editorial, unido a una calidad del papel que va disminuyendo progresivamente, era lógico que no todos los ejemplares de la tirada llegaran indemnes al siglo XXI; libro muy leído, presenta ya desgastes en sus ilustraciones, el papel se vuelve quebradizo y, en la mayoría de los casos, se reencuaderna sucesivas veces, con los consiguientes faltantes en los márgenes.

Su contenido, más el tiempo y su rareza, acentúan su valor como documento patrimonial; entonces, como vía alternativa para que continúe cumpliendo su función social y vuelva a nacer en forma de una copia lo más fiel posible, la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí emprende la tarea de realizar su edición facsimilar. 

Así en otras bibliotecas, archivos y museos de diversos países, reinicia su ciclo de vida, con una mayor cantidad de ejemplares que facilitan el acceso a centenares de nuevos lectores sin que ello vaya en detrimento del volumen atesorado, interesados en conocer detalles de la vida cotidiana del siglo decimonónico cubano. 

El título exacto de la obra es Colección de artículos: Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba por los mejores autores de este género y tuvo como antecedente Los cubanos pintados por sí mismos, impreso en 1852 en el taller de Barcina, editado por Blas de Millán e ilustrado con xilografías por Landaluze. 

El ilustrador, Don Víctor Patricio de Landaluze o Landaluce, como también se le conoce, nació en Bilbao, España, en 1827 y falleció en Guanabacoa, Cuba, en 1889. Su llegada a nuestro país, de acuerdo con la necrología publicada el día 19 de junio de 1889 en el Diario de la Marina, fue antes de mayo de 1850 y residió temporalmente en Cárdenas. Al referirse a su aporte a la historia del grabado en la isla, Mario Sánchez Roig afirma que su obra fue tan extensa que es rara la revista ilustrada entre 1852 y 1890 en la que no apareciera ninguna colaboración suya, abarcando personajes, costumbres y paisajes cubanos. 

La colaboración de don Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), Padre de la Bibliografía Cubana, destacado bibliófilo e intelectual cubano, aumenta el valor del libro. Coleccionista hasta la médula, amante de los libros raros, tuvo que estar orgulloso del producto resultante.

Ese binomio Bachiller-Landaluze es controvertido dadas las inclinaciones políticas de cada uno de ellos en medio de un siglo en el que se debatía con fuerza la independencia del país, pero indudablemente contribuyó al éxito de la obra la calidad de ambos, cada uno desde su proyección intelectual y artística, en sus deseos de captar y expresar la riqueza y variedad humana de la sociedad cubana. 

Antonio Bachiller y Morales tuvo a su cargo los artículos Introducción, Ogaño y antaño; Artículo de otro tiempo; Las temporadas y Las modas al principiar el siglo XIX. Otros autores, más o menos representativos del mundo cultural cubano del siglo XIX, participaron igualmente en la escritura de los textos costumbristas: José Victoriano Betancourt (1813-1875); Manuel Costales y Govantes (1815-1866); José María de Cárdenas y Rodríguez (1812-1882); Francisco de Paula Gelabert (1834-1894), el más prolífico, con 11 temas; Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé (c.1829-c.1862), que sigue a Gelabert en cantidad de artículos, con siete y Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846).

                                                                                    Don Antonio Bachiller y Morales (1812-1889)

Al leer sus nombres resalta la participación de personalidades de diversas etapas de la centuria. Tal parece que se trató de unir escritos que fueron confeccionados en diversos momentos de ese siglo. El hecho de que se reproduzcan autores y artículos de Los cubanos pintados por sí mismos permite rescatar imágenes creadas en la primera mitad del siglo y, a la vez, con las nuevas incorporaciones, recrear el ambiente popular de sus últimas décadas constituyendo un resumen de la sociedad cubana de la centuria. Miguel de Villa, su editor, radicaba en La Habana, en la calle Obispo no. 60. Contaba con una numerosa clientela conformada por sectores privados y de la clase media y reunía por tanto los requisitos para emprender la publicación de la lujosa edición.

El taller del periódico El Avisador Comercial fue el encargado de la realización de ese libro de lujo, algo que sucedía con frecuencia en el período de la imprenta mecánica, cuando se alternaba la producción editorial de diferentes tipos de impresos, ya que las máquinas, dotadas de la más moderna tecnología, permitían obtener una mayor cantidad de ejemplares y, a la vez, subvencionar los costos elevados que acarreaban las obras de mayor envergadura.

El material ilustrativo estaba compuesto por 20 grabados, de ellos 19 en blanco y negro y uno a color, más la representación gráfica que da inicio a la introducción. Así, uno a uno, cada grabado va aportando elementos de muy diversos tipos que retratan no sólo personajes aislados, sino, también, todo lo que los rodea con un lujo de detalles que asombra al lector.

El portugués Alfredo Pereira Taveira (1844-1913) considerado el introductor de la fototipia en Cuba tuvo a su cargo el proceso de producir casi todas las láminas, con la excepción de la cromolitografía que fue realizada en la Cromolitografía Mercantil, ubicada en Reina 12, Habana. 

"El médico de campo". Tipos y costumbres de la isla de Cuba. Víctor Patricio de Landaluze

El objetivo seguido en la producción del facsímil no ha sido hacer una copia exacta de uno de ellos, sino cotejarlos y lograr una reproducción ideal para entregar al mundo un producto lo más cercano posible al salido del taller del Avisador Comercial. La variedad de colores que se aprecia en las páginas del facsímil, tanto las correspondientes al papel como al grabado mismo, se debe a su coincidencia con las que aparecen en los ejemplares ya mencionados, de manera que al realizar la digitalización se quiso respetar esa desigualdad y no se homogenizó ni el color del papel sometido a diversos grados de degradación, ni las tonalidades de gris (que variaban de un matiz más sepia, a azulado o rojizo, según el caso). Asimismo se mantuvieron las manchas provocadas por el paso del tiempo.

El material ilustrativo está compuesto por 21 grabados, de ellos 20 en blanco y negro y uno a color. Aunque se repiten temas tomados de la obra que constituye su antecedente directo, Los Cubanos pintados por sí mismos éste es un libro independiente manteniéndose fundamentalmente el vínculo de ser Landaluze el ilustrador de ambos. 

Gran parte de esta iconografía mantiene su validez y despierta al interés de un amplio espectro de personas hoy en día, puesto que el valor de esas representaciones gráficas es indiscutible; el grabado de los Bomberos del Comercio los presenta con el uniforme y los medios propios del momento enfrentando con valentía un incendio.

La Mulata de rumbo despliega su coquetería y sostiene en una de sus manos el famoso abanico, utilizado no solamente para combatir el calor sino como sistema de señales para atraer posibles enamorados. El Diablito es bellísimo y aunque tiene un lejano antecedente en los reproducidos por el francés Federico Miahle, al igual que el joven al pie de la ventana de su amada, para citar dos ejemplos, no por ello pierde su vigencia como fuente de información.Los Mataperros inspirados en los Niños jugando a los dados de Bartolomé Murillo tienen en sus caritas las mismas expresiones que los chiquillos que juegan con sus bolitas de cristal en cualquier parte del país, con la frescura e inocencia que les caracteriza. Así, uno a uno, cada grabado va aportando elementos de muy diversos tipos que retratan no solamente personajes aislados, sino todo lo que los rodea con un lujo de detalles que asombra al lector.
                    "La mulata de rumbo" Tipos y costumbres de la isla de Cuba. Víctor Patricio de Landaluze

En la práctica cuando se muestra el original en selecciones de los “tesoros” realizadas con motivos de exposiciones o simplemente se desea una ilustración donde se combine la cubanía con un colorido llamativo y por tanto atractivo invariablemente se utiliza la cromolitografía de Los Negros curros, se ha ganado sin dudas un lugar en la historia de la ilustración en Cuba y a pesar de haber sido tan divulgado mantiene su encanto de una generación a otra.

Actualmente la obra es difícil de encontrar completa en el mercado del libro puesto que muchos volúmenes pasaron a la posteridad sin su material ilustrativo que fue utilizado para fines decorativos, o son objeto aún hoy de elementos inescrupulosos y desconocedores del valor de una obra ilustrada que descartan las páginas de texto para enmarcar los grabados por separado y poderlos comercializar mejor.                                                                     

Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba constituye una de las obras más importantes del siglo XIX cubano. El libro en su conjunto, prosa, verso e imagen, se ha convertido en obligada fuente de referencia sobre Cuba y sus naturales y en objeto de admiración por parte de bibliófilos de todo el mundo. 

"El Ñañigo".Tipos y costumbres de la isla de Cuba.D. Víctor Patricio de Landaluze


Bibliografía consultada

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Tipos y costumbres de la isla de Cuba por los mejores autores de este género / obra ilustrada por D. Víctor Patricio de Landaluze; fototipia Taveira; con un prólogo de Antonio Bachiller y Morales. – Ed. facs. -- La Habana: Biblioteca Nacional de Cuba José Martí; Oficina del Historiador de La Habana; Imagen Contemporánea 2010. – v, 255 p. : il. (1 color); 35 cm. – (Raros y valiosos. Colección facsimilar; 2).

Reproducción facsimilar de la edición de: La Habana: Ed. Miguel de Villa, 1881. Presentación del facsímil (Introducción): Olga Vega García.