Desde adentro

La poesía pinareña publicada por Ediciones Hermanos Loynaz entre 1990 y 2000 en los estudios críticos. Una mirada al concepto de canon.

Por: Ismaray Pozo Quiñones

De los muchos estudios teóricos y críticos que han alimentado el debate sobre la poesía cubana de la década de los noventas, y que, a decir de Cabezas Miranda “enriquecen sobremanera el corpus crítico de la literatura cubana” (Cabezas Miranda, 2012, p. 33), destacan Un banquete canónico (2000) de Rafael Rojas; Inventario de saldos. Apuntes sobre literatura cubana (2005), de Ernesto Hernández Busto; Notas sobre el canon. Introducción a un texto infinito sobre el canon cubano (2003), de Jorge Luis Arcos; Bloom: las tareas de la crítica cubana y el debate del canon cubensis (2004), de Duanel Díaz. Si bien estos ensayos develan buena parte de los autores que abanderan los nuevos cambios líricos e inquietudes de la poesía, al mismo tiempo muestran un panorama fragmentario. Para Cabezas Miranda, lo acontecido era una novedad “paradójica”, en tanto, ni siquiera muchos de los poetas de la época eran conscientes de ella (p. 15). 

Si bien son muchas las peculiaridades y las interacciones de cada poeta con el campo intelectual de los años noventa, escaso y regulado por la crisis editorial, la poesía pinareña se ha visto marginada de los estudios poéticos y el canon crítico de la época. Entiéndase el concepto de lo canónico en estrecha relación con lo clásico o establecido. Tiene su origen en el término griego κανών (kanon), cuyo significado era “regla” o “medida”, según Wendell Harris (como se citó en Manresa, 2015, p. 54). Fue, sin embargo, el filólogo alemán David Ruhnken el primero en usar el término en la crítica literaria, en 1976 (López de Abiada & Pérez Cino, 2006, p. 81). La explicación de Ruhnken era simple: “(…) lista de autores selectos de un género literario”(p. 81), o, como diría Pérez Cino al hablar de Canon en mayúscula: “una constelación de obras mayores, de textos y autores cuya autoridad se considera probada y modélica y cuya influencia en nuestro universo cultural se da por sentada”(2006, p. 132). Para este autor existe una relación iterativa entre canon y el corpus de autores u obras jerarquizadas: 

"El Canon se nutre de las obras catalogadas por la crítica —se alimenta del corpus— a través de un proceso de selección fundado en el canon crítico, y al mismo tiempo la relación discurre en sentido contrario; tanto el canon crítico como el corpus reciben una marcada influencia de la autoridad del Canon establecido, ya sea como referente de fondo ya sea —sobre todo— como generador de valor" (p. 140).

Resulta imprescindible constatar en un intento de periodización de la poesía cubana en el siglo XX, realizado por Arcos(1999), cómo se han ido suscitando los grados de interrelación y dependencia canónica en las siguientes etapas:

a) El modernismo, iniciado con José Martí y Julián del Casal, “siendo este último la figura canónica de finales de siglo XIX y principios del XX” que irradiará en otras figuras de aparición posterior como Regino E. Boti, José Manuel Poveda, Rubén Martínez Villena y José Z. Tallet, “el intimismo simbolista de Dulce María Loynaz, la sentimentalidad poética de Eugenio Florit, el acendrado y solitario purismo de Mariano Brull -también minado de un raigal imposible-, o el neorromanticismo de Emilio Ballagas, e incluso la veta entre romántica y modernista de una zona de la poesía de Nicolás Guillén” ( p. 11). Incluso otros posteriores como José Lezama Lima, Virgilio Piñera o Eliseo Diego.

b) Una segunda etapa vanguardista, representada entre otros por Regino Boti y José Manuel Poveda que “la crítica ha situado (...) a partir de 1923 hasta fines de los años 30 se indica la etapa vanguardista cubana, en realidad tal parece que entonces se transita de un postmodernismo hacia lo que se conoce como postvanguardismo” (1999, p. 13).

c) Este postmodernismo conocido entonces como postvanguardismo quizás tenga su máximo exponente en una figura como José Z. Tallet. Al menos tres textos de este autor “de una importancia capital para nuestra expresión” dejarán su impronta en “el prosaísmo y el conversacionalismo (o coloquialismo) predominantes en la época de la Revolución”( p. 13).

d) Luego de la experiencia vanguardista aparecen la poesía pura, la negra y la social o civil, de tema histórico o patriótico, conviviendo con vertientes neorrománticas, postmodernistas e intimistas entre los que sobresalen Mariano Brull, Nicolás Guillén, Villena, Dulce María Loynaz (Arcos, 1999, p. 15). “Coetáneo con estas poderosas voces poéticas: Brull, Loynaz, Guillén, Florit, Ballagas, Feijóo, irrumpirá en la poesía cubana, a partir de 1937, la obra incipiente del que más tarde se constituiría en el ya legendario grupo Orígenes -exponentes, todos, de la poesía postvanguardista, según el criterio de Fernández Retamar” ( p. 17). 

e) Posterior al origenismo aparece el conversacionalismo (o coloquialismo), impuesto como norma poética a partir de 1959( p. 20). Figuras como Rolando Escardó, el último José A. Baragaño, Roberto Fernández Retamar, Fajad Jamís, Pablo Armando Fernández, Manuel Díaz Martínez, Rafael Alcides, César López, Antón Arrufat, Heberto Padilla, Domingo Alfonso, Luis Suardíaz, entre otros, engrosan la lista. 

f) Una segunda etapa de poetas conversacionales nacidos a partir de 1950, conocida como postconversacionalistas donde destacan Raúl Hernández Novas. Reina María Rodríguez y Ángel Escobar que comienzan a publicar en los 80 y que se extiende hasta muchos de los poetas nacidos en los 60(p. 25).

g) Una última etapa cierra el siglo: la postmoderna( p. 26).

En las teorías de influencias poéticas, se puede comprobar cómo los poetas de aparición posterior emulan con generaciones que le preceden, y es justamente en esta pugna donde residen las oportunidades de alcanzar un lugar en el canon. Dos, son, para este autor, los enfoques teóricos que abordan la cuestión canónica. Un primer enfoque prioriza la relación del tipo texto-contexto en tanto relaciona la obra con agentes extratextuales que influyen en el proceso de creación de la obra, tales como producción, recepción, raza, sexo, condicionamientos sociales y que “juegan un papel preponderante como responsables de la “entronización” o no de la obra en el canon (Altieri, Culler, Gates, Kermode, Mignolo, Robinson, Rojas, Pérez Cino)”; el segundo enfoque, es la relación texto-texto, es decir un texto en relación con otros (Bloom) (p. 18).

Insiste Pérez Cino, al referirse a lo canónico en una suma de selecciones en contraste con la visión que prevalece del grupo anterior (2006, p. 134). He aquí la gran problemática de los estudios literarios, el Canon tiende a lo atemporal, a la historicidad y larga duración de los autores que logran arribar al parnaso canónico: 

"cuando un texto arriba al Canon lo hace ya acompañado por su propio bagaje crítico, lo bastante vinculado al de textos canónicos anteriores como para que haya hecho posible, precisamente, su ingreso en ese repertorio selecto. A su vez, el control institucional de la interpretación y la necesidad de un marco de referencia común, que se expresa en la transmisión y acumulación de conocimientos sobre las obras canónicas, estimulan esa fijación" (p. 139).

En el artículo “Genre and the Literary Canon”, publicado en 1979, Alastair Fowler establecía la existencia de seis tipos de cánones: el canon oficial, los cánones personales, el canon potencial, el canon accesible, los cánones selectivos, y el canon crítico. Los dos primeros se definen del siguiente modo: “El canon oficial se institucionaliza a través de la educación, el mecenazgo y el periodismo”; Fowler advierte en los cánones selectivos aquellos de mayor fuerza institucional, finalmente lo define como canon crítico (Manresa, 2015, p. 56). En Poesía experimental en Cuba, libro de reciente producción López Fernández (2020) contradice la atemporalidad del canon a la que se refería Pérez Cino (2006). Para la autora el canon literario solo sugiere un carácter representativo y “temporal”, dado que los criterios de selección de una tradición literaria no son nunca fijos, y dependen, consiguientemente de aspectos culturales no literarios. Lo que sale de dichos criterios corre el riesgo de la exclusión y olvido, de ahí la importancia del rescate de obras, autores marginados dentro de una tradición literaria y cultural que, para López Fernández, pueden en cambio “revelar momentos cumbres de la producción artística” (2020, p. 11).

Por ello nos resulta indispensable advertir sobre la escasa o nula atención por parte de la crítica que ha tenido la poesía pinareña, publicada por el sello Ediciones Hermanos Loynaz en la década del noventa y que incluye los siguientes títulos:

                                                                            

                                                   (Se prescindirá en el análisis de algunos libros que no constituyen muestras de interés para el presente estudio)

A los efectos del presente ensayo entenderemos de manera general por canon literario las diferentes listas de autores que, en diversos textos académicos e historias de las literaturas nacionales son puestos a nuestra disposición. Partiendo específicamente de cánones poéticos propuestos desde el ejercicio de la crítica en ensayos sobre la poesía cubana producida en los años noventa. Constatando en ellos la notable ausencia de representaciones pinareñas y sus autores de probado valor literario. 

A excepción de Nelson Simón (1965) y José Félix León (1973), donde hay un tímido interés por parte de la crítica, hay, en el resto de los nombres, aún hoy una desatención que imposibilita la completa interacción de la poesía hecha en Pinar del Río y publicada por Ediciones Hermanos Loynaz, con un público mayoritario, fuera de los lindes regionales. En Proyectos poéticos en Cuba (1959-2000) (2012), Cabezas Miranda advierte, de manera grupal, junto a los poetas Norge Espinosa o Liudmila Quincoses, también la voz poética de José Félix León, y como “de cada una de aquellas voces, así como de la unión coral de todas ellas, se desprendía (…) una actitud valiente y reivindicativa”(2012, p. 13). Atraído por lo que dominó “aquel espíritu crítico”, el autor reconoce que una nueva sensibilidad “imparable” y que se “manifestaba en Cuba un tanto soterradamente” conectaba en estos años arte y pensamiento (p. 14). Coincidentemente con Cabezas Miranda, el también investigador Yoandy Cabrera, destaca la escritura de José Félix León dentro de la generación de los noventa, pero de una manera grupal, con otros poetas nacidos en los años setenta (Liudmila Quincoses, René Coyra); promoción esta de amplia pluralidad discursiva y formal (Cabrera, 2016, p. 201). Por su parte Dorta (2002), al referirse a poéticas diferenciales en los noventa señala:

"la tendencia culturalista de un joven poeta como José Félix León, que comienza a publicar en la segunda mitad de los noventa, y que ha llegado a alcanzar los más importantes premios de poesía en la Isla; un culturalismo cuyo principal sistema de referencias es el mundo grecolatino, y una de cuyas vertientes temáticas es el homoerotismo, y terminaría con la importante renovación de una forma estrófica ampliamente usufructuada en la poesía nacional: la décima; re-escritura formal y conceptual asumida por creadores como Alexis Díaz-Pimienta, José Manuel Espino o Ronel González" (pp. 35-36).

Si bien no era Jesé Félix León, un autor del todo desconocido, al tiempo en que comienza a publicar su obra, ya eran varias las antologías que por los años noventa visibilizan otras promociones de autores de la isla, en las que no aparece. En cambio, la obra de Nelson Simón, que sí está en Poesía cubana de los 80, por citar una de las primeras del decenio, merece una observación similar. Autor nacido en Puerta de Golpe, Pinar del Río (1965) que cuenta hasta la fecha con más de una veintena de títulos y numerosos premios y reconocimientos por parte de la crítica, y ha sido después ampliamente reseñado, no tuvo en los noventa la misma atención que otros autores ya mencionados. En ¿Otro mapa del país? ―prólogo escrito por el crítico literario y por aquel entonces Director de la revista Unión Jorge Luis Arcos a la antología de poetas nacido en Cuba después de 1959 Mapa del país, hecha por de Norberto Codina― en nota al pie el autor destaca: 

"Pero como toda antología que se respete implica una limitación pues dentro del panorama de la más reciente poesía cubana podían mencionarse otros nombres, a saber: Ricardo Alberto Pérez, Alessandra Molina, Norge Espinosa, Pedro Márquez de Armas, Carlos Alberto Aguilera, Pedro Llanes, Caridad Atencio y Nelson Simón, entre otros" (1995, p. 121). 

La anterior nota aclaratoria, reconoce —si bien de manera omisiva―, la presencia del autor en el corpus poético nacional, y la “limitación” que supone para el muestrario y sobre todo para los nombres faltantes en la antología en tanto espacio de visibilidad y también, si se quiere, de legitimación. Alemany Bay(2000), refiriéndose a otra antología del período a propósito de la cantidad de volúmenes (antológicos) generados por la falta de papel, destaca Retrato de grupo (1989), “quizás las más representativa por su carácter de pionera” y porque se incluyen (a su parecer) “las principales voces poéticas de la Cuba de los 90” (p. 97).

Luego, en actitud reivindicativa, a falta de muchos autores, propone que “a estos nombres habría que añadir (…) recientes, como Nelson Simón González, Ronel González, Odette Alonso Yodú, José Félix León, Norge Espinosa Mendoza, Liudmila Quincoses (…)”(p. 97), todos muy jóvenes y con escasa obra publicada. Vale aclarar que al tiempo en que se produce Retrato de grupo, Nelson Simón contaba con 24 años y José Félix León con unos escasos 16 años. Para Prats Sariol estas “escandalosas omisiones” son provocadas por varias “paradojas” que niegan la formación de un canon: a)“una suerte de adanismo”, b)“la carencia de una intercomunicación fluida entre los autores” a lo que se añade c)“un agón”, d)“los ríspidos y controvertidos campus de la crítica” donde “proliferan las reseñas laudatorias, casi siempre escritas por íntimos” y e)la “diseminación” de los referentes espaciales en los textos y de los lugares donde habita cada autor (Prats Sariol, 2008, párr. 7).

El también poeta, narrador, crítico, ensayista, investigador y profesor universitario Jesús David Curbelo, publica en su ensayo Juez y parte I. Meditraiciones, una lista en la que sitúa a su parecer a los poetas más atendibles dentro de la poesía cubana después de 1959 y parte de la primera mitad del siglo XXI. Los diferencia entre poetas “interesantes” y poetas “notables” en negrita. Para Curbelo, Nelson Simón es un poeta “interesante” (Curbelo, 2004, pp. 407-409).

En tanto Curbelo (2004) propone su noción de canon cubano refiriéndose a poetas “notables”, ha sido, junto a Barquet y Del Pozo, quien más ha manejado la incidencia factor geográfico. Sobre lo anterior dice: 

la literatura cubana es habanocentrista, no solo en el hecho de que son los autores habaneros (o residentes en La Habana) los que más oportunidades tienen para publicar sus libros, sino, además, en que la crítica solamente se fija, por lo general, en dichos autores (Curbelo, 2004, p. 95). 

A este hecho se suma que, en el período, desde Pinar del Río tampoco se generaban estudios o ensayos que trascendieran lo meramente local sobre sus autores. Casi al finalizar la década (con consulta de los intelectuales Cintio Vitier, Fina García Marruz, Roberto Ferrnández Retamar, Cesar López, Guillermo Rodríguez Rivera, Enrique Saínz y Ricardo Hernández Otero), Jorge Luis Arcos presenta uno de los panoramas más completos de la poesía cubana del siglo XX: Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana Siglo XX (1900-1998). Confeccionado, según su autor, no solo “atendiendo a criterios de calidad poética (…) sino a la crítica en general”(Arcos, 1999, p. 22). Por cuanto “es deber de la crítica establecer criterios de canonicidad” que para el autor variará en la medida en que varíe la obra de los propios poetas(p. 22).

En la Nota preliminar del citado estudio, Arcos, nota al pie mediante, ofrece un listado de poetas que por cuestiones de espacio y lo limitado que debe ser toda selección no aparecen incluidos. A modo de orientar entre el vasto número de poetas que pudieron estar contenidos, destaca en cursiva “aquellos que no deben ser pasados por alto de ningún modo en un estudio del proceso poético cubano”. Entre la lista aparecen los nombres de los poetas pinareños: del siglo XX Guillermo de Montagú (1881-1952) [sí está incluido José Álvarez Baragaño (1932-1962)], Nersys Felipe (1935), René Aselo Valdés (1946), Gerardo Ortega Rodríguez (1947-2013), Eduardo Martínez Malo (1954), Alberto Peraza Ceballos (1961), Alyna Bengochea Escobar (1965), Nelson Simón (1965) y Juan Ramón de la Portilla (1970). De los poetas pinareños publicados por Ediciones Hermanos Loynaz entre 1990 y 2000, solo, a consideración de Arcos(1999) , Nelson Simón (en cursiva), no debe ser excluido de los estudios sobre poesía en Cuba ( p. 23).

De la promoción que publica en la década del noventa por Ediciones Hermanos Loynaz, solo un grupo reducido (Nelson Simón y José Félix León) son referenciados por algunos de los estudios críticos más rigurosos del decenio Arcos (1995,1999) y Dorta(2002). Por los niveles poéticos cualitativos y los valores que poseen estas creaciones, una de las exigencias de este análisis es que estos autores sean valorados por el canon cubano, so pena de que tal dispersión y desleimiento de miradas críticas a la poesía pinareña se revierta.


Bibliografía consultada

Alemany Bay, C. (2000). Poesía cubana a finales del XX: 1980-2000. América sin nombre (Revisiones de la literatura cubana), 2, 92-100.

Arcos, J. L. (1995). ¿Otro mapa del país? Reflexión sobre la nueva poesía cubana. Temas, 3(121-129).

Arcos, J. L. (1999). Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana Siglo XX (1900-1998). La Habana: Letras Cubanas.

Cabezas Miranda, J. (2012). Proyectos poéticos en Cuba (1959-2000) (Universidad de Alicante). Alicante.

Cabrera, Y. (2016). Poiesis, taxonomías y “años cero”. Revista de literatura hispánica, 83(14), 201-217.

Curbelo, J. D. (2004). "Juez y parte I. Meditraiciones". Cuba Literaria. Recuperado de http://www.cubaliteraria.cu/img/libros/1711573.pdf

Dorta, W. (2002). "Estaciones, estados, documentos: Panorama de la poesía cubana en los ‘80 y los ‘90 del siglo XX". Anales de Literatura Hispanoamericana, 31, 17-38.

López de Abiada, J. M., & Pérez Cino, W. (2006). Pensar el canon literario. Teoría y ejercicio crítico. Iberoamericana, VI(22), 81-85.

López Fernández, L. (2020). Poesía experimental en Cuba. Betania.

Manresa, C. (2015). La obediencia rebelde: Roberto Manzano, Rafael Almanza y Jesús David Curbelo, tres poetas contemporáneos ante el canon cubano. Universidad de Montreal, Canadá.

Pérez Cino, W. (2006). A vueltas con el canon. Iberoamericana, VI(22).

Prats Sariol, J. (2008). "Bochinche, actual canon literario cubano". Crítica. Revista cultural de la Universidad Autónoma de Puebla.



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