Víctor Ángel Fernández es el intelectual cubano que elaboró la novela Caballo de Troya, considerado el primer libro electrónico en nuestro país.

Entrevistas

Entrevista a Víctor Ángel Fernández (Tercera parte)

Alejandro Zamora Montes

Víctor Ángel Fernández es el intelectual cubano que elaboró la novela Caballo de Troya, considerado el primer libro electrónico en nuestro país. Librínsula accedió a las oficinas de Cubaliteraria para conocer una microhistoria fascinante, de las tantas que pululan en este archipiélago. A través de las palabras de Víctor, uno va comprendiendo que la ontología de nuestro proyecto social es sumamente compleja al tiempo que rica en dimensiones culturales, teniendo como trasfondo esencias relacionadas con procesos de resistencia, retrocesos, utopías y genialidades.  

En Granma teníamos que enviarlo por la noche en un carro que nos repartía a las tres de la mañana cuando terminábamos de salir de Trabajadores, hacíamos una parada y dejábamos el disquete con un sobrecito en el capitolio con el que estuviera de guardia, y le decíamos: esto lo recoge "fulano" mañana. Esa fue la historia de los inicios de Internet en nuestro país. La historia es muy cubana. La historia de Cuba es muy cubana. Porque en este desarrollo de Internet, como casi todas las cosas que nos han pasado, van desde asegurar el arroz hasta asegurar la súper-planta tecnológica. Nosotros tenemos una ventaja sobre el mundo, si quieren lo pueden llamar chovinismo. Nosotros somos once millones con un nivel casi ciento por ciento de alfabetización, tenemos un millón de graduados universitarios –vivan hoy donde vivan–, tenemos un nivel de técnico medio muy alto. Es decir, una población con nivel. O sea, todos esos elementos son reales. Después viene el problema tecnológico. 

Desde el punto de vista estructural, esta dimensión lo cambia todo. 

Exactamente. Volvemos al tema de la semilla y el terreno fértil. Existe el terreno fértil que no tiene la semilla. Es muy probable o es casi seguro que un país muy subdesarrollado de África tenga cien veces la tecnología que tenemos nosotros. Eso es cierto, pero no se trata solamente de tecnología, es también capital humano. Es alfabetización, preparación, disposición… cultura. Después viene el problema tecnológico. La primera definición es no darle a Cuba acceso a Internet. Cuando esta red de redes se empieza a conformar en esos años noventa, es no darle Internet a Cuba. Por lo que siempre sabemos: ¡el gobierno, el comunismo, la Revolución…! toda esa serie de cosas. Alguien dice: el problema es que si no le damos acceso a información a Cuba tampoco podemos penetrar, porque Internet es siempre ida y vuelta. No hay un Internet que vaya en un solo nivel, yo consulto y recibo. Y la Ley Torricelli en su famoso track dos, entre otras cosas, propone que vamos a poner información. Eso nos lleva a que empecemos con un canal de 200 y pico de megabits. Para hacer una comparación sencilla: en el año 2008 en Japón había una regulación de que no se podía construir una casa que no tuviera un gigabit de conectividad. Y nosotros, en ese mismo año (dos años antes que se inaugurara lo del famoso cable) teníamos 400 megabits de download. Es decir, teníamos casi la mitad de lo que debía tener una casa en Japón. El mundo consideraba que había acceso a Internet a partir de que hubiera una conectividad de un megabit por persona. O sea, Cuba debería tener once millones de megabits que son mil gigas. Sacando un número casi de bodega. Y Cuba, de once millones de megabits, tenía 400. No obstante a eso se actualizaba información, se buscaba información. Con muchas limitaciones. El que le tocó ser estudiante universitario en aquel momento, era casi un lujo sentarse en una máquina que tuviera servicio de acceso a Internet. Lo que nos tocó a los que ya éramos graduados, era o trabajar de madrugada y todas esas barbaridades, para poder tener una conectividad un poquito decente. Era repartir la miseria que es lo único que, repartida entre más, toca a más. 

Me interesa mucho este punto, Víctor. En conversaciones que sostuvimos antes de esta entrevista por vía telefónica, usted mencionaba que el universo tecnológico en Cuba ha estado signado/limitado por el bloqueo estadounidense, y que la prioridad del gobierno cubano siempre ha sido el de priorizar el acceso –en la medida de lo posible– a las mayorías a ese mismo universo. ¿Podría aclararnos lo anterior con ejemplos concretos? 

Sí. Realmente a la hora de repartir poco… y no quiero decir en lo más mínimo, pues sería poco serio por cualquier investigador, que no hubo incomprensiones y limitaciones. Sí las hubo, porque además, tiene que ver con mentalidades. Y había prioridades que a lo mejor no se entendían. Todo eso es cierto, y el que diga lo contrario, está falseando la historia. Pero hay una realidad, teníamos poco para repartir, y cuando se tiene poco para repartir, no queda otro remedio que buscar prioridades. Cualquiera puede sentarse muy tranquilamente ahora que tenemos 4G (con todos los problemas que hayan, pero la tenemos), pero en aquel momento, se dieron prioridades: la ciencia, las ciencias médicas en particular, algo de las universidades –era imposible llegar a cada estudiante–, o sea, hoy nadie se sienta en la Plaza Cadenas a comentar: “Oye, me voy, que tengo acceso a Internet dentro de un rato”. Cualquier estudiante universitario generalmente puede estar sentado al lado de una tanqueta, o en los escalones de la biblioteca Rubén Martínez Villena conectado en la wifi buscando lo que quiere, chateando con un amigo o tratando de enamorar a una muchacha o un muchacho según las características de cada cual, pero hasta el año 2010 o 2012, era una verdadera preocupación el poder conectarse. Esas eran las reparticiones. Muy poco de población, es cierto. Porque si para el personal mencionado anteriormente no alcanzaba, imagínate para la población. Vuelvo y te repito, hoy cualquiera puede decir tranquilamente: “fue mala la repartición, yo lo hubiera hecho de otra manera”, y yo también puedo decirle con una calma tremenda: “es verdad, pero no es igual tomar la decisión cuando estaba la candela, que tomarla ahora en frío”. A mí me cuesta mucho trabajo cuando la gente empieza a analizar cómo es la historia…no, la cosa es cómo era la historia en aquel momento que había que repartir, cuáles eran los contextos, a quien sí y a quien no. Seguro que cuando se reparte algo, se cometen injusticias, seguro. Va a haber alguien que dirá: “mira, prioricé a estos diez”, y otro dirá: “pero mira, estos otros diez también tenían derecho”. Esa es la vida. Siempre que hay que tomar decisiones, es muy probable que haya alguien perjudicado. Se trata de que sea la menor cantidad posible. O va a haber alguien que no está perjudicado pero que se siente perjudicado, o sea, que deja de ser una estadística para ser el ciento por ciento, que soy yo. Volviendo a retomar: Esos 200 y pico de megas que empezaron llegaron a 400 de download, y creo que en 2010 se inaugura el famoso cable, con 64 gigabits de conexión. Estamos hablando que Cuba necesitaría 1000, de acuerdo con las normas internacionales. Pero el cable ese es una conectividad que hay que pagar. No es que hay que pagar el cubano, es que hay que pagar las personas a las entidades, porque esto no es un negocio con un acuerdo con el gobierno venezolano, es un negocio con una empresa telefónica en Venezuela. Y de hecho, una empresa capitalista. Por tanto, funciona con una serie de esquemas de: entro dinero y resuelvo, o no entra dinero y quiebro, genero despidos, etc. ¡Es una empresa y hay que pagarle! Volvemos a la repartición. Ah, se pudo ampliar la conectividad a las universidades, a los centros de trabajo y una serie de cosas, pero eso hay que pagarlo. Y lo tiene que pagar el Estado. Yo siempre pongo un ejemplo, y que me perdonen las/os economistas. Tú coges un camión de CUC y con él no puedes comprar ni una Coca Cola en el aeropuerto de Madrid. Porque es una moneda muy interna, sirve para elementos internos, pero con eso no se paga un bit de información en ningún lado. Eso hay que pagarlo en moneda dura, cualquier variante que sea. Moneda dura que, además, no podríamos utilizar. Volveríamos al bloqueo. Técnicamente Cuba no puede utilizar ningún dólar, Cuba no puede utilizar ningún banco. Es decir, que a la limitación tecnológica habría que agregarle limitaciones de índole económica, política, etc. Y siempre queda una cantidad de incomprensión. Yo creo que si el problema se analiza con todo lo que falta, es poco serio. Creo que hay que analizarlo con cómo se ha adelantado. Si nos ubicamos en cualquier momento hasta 2010 y hacemos una curva diríamos que la situación es así, y si a partir de 2010, la situación casi se hace exponencial. Nosotros pasamos de no tener nada, a tener wifi, 2G, 3G, 4G. Y quién sabe si la 5G no estará dando vueltas por ahí. Pero esto no pasó en 40 años, sucedió en dos o tres años prácticamente. Los datos oficiales luego ya podrán manejarlos específicamente ETECSA y otras instituciones oficiales. Te comento un problema grave que se veía hasta hace unos cuantos años: fui delegado del Poder Popular en el 2007, llegué a una rendición de cuentas y me dice una compañera: ¿Delegado, va a repartir teléfonos? Y le contesté: No, no tengo teléfonos para repartir. Y dijo: Ah, está bien, me voy de la reunión. ¡Y se fue! Eso hoy no es un problema, o no es fundamentalmente un problema. Hoy existen más líneas telefónicas que fijas. Todo esto plantea nuevos desafíos y nuevas inversiones. Todo esto termina llamándose dinero en cualquier variante que estemos.