Es una búsqueda poco común, admitida, pero no muy editada en la literatura social del país

Nombrar las cosas

Trilogía sucia de La Habana y otros erotismos literarios

Por: Yirian García de la Torre

Es una búsqueda poco común, admitida, pero no muy editada en la literatura social del país. Cuba, comunidad latinoamericana o caribeña, a la admisión geográfica de preferencia, es también de una literatura sui géneris, asintiendo también la forma de autobiográficos, en este caso literatura porno, picante, de contenido sexual… y en las interpretaciones que se quieran. 

Sabe a Cuba independientemente de la editorial que se afane en publicarla, pues sabe a Cuba de principio a fin, aunque se hayan autenticado los libros de Leonardo Padura hay muchísimos más autores, y literatura cubana de esos tiempos difíciles que se dicen de Periodo Especial, o de esas carencias materiales que contribuyen a la salida de esas “calenturas” literarias que ennoblecen igualmente la literatura del archipiélago. Cuba se precia de sus autores y así lo constata el colega Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950), quien multiplica su quehacer en artículos y proyecciones editoriales que la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se preció de proponer a los lectores a cubanos. 

Sala llena y propuesta en el aire, pero no está solo él para traer, suma una propuesta femenina desde la editorial Guantanamera en España. Pura Cuba desde otras tierras.

La diferencia entre ambos libros pudiera ser la editorial, las palabras que trae combinadas para la lectura feliz, curiosa y enriquecida con experiencias personales, pero también con esa experiencia que habla de un oficio consolidado y enriquecido por sus elocuentes autores.

De la segunda hablemos más tarde. Ahora en “Trilogía sucia de La Habana” (publicada en 22 idiomas y llegada a Cuba 20 años después), convenimos nuestro primer placer, de lecturas. Reúne en sí tres libros de cuentos: “Anclados en tierra de nadie”, “Nada que hacer” y “Sabor a mí”. Descritos como su lenguaje “fuerte, apretado, anticonvencional, con el que el autor hace catarsis en este libro traído a Librínsula, desde su presentación en una de las salas de la UNEAC; en 2019.

Su escritor, el periodista y colega Pedro Juan Gutiérrez lo escribió en Centro Habana durante los llamados duros años en Cuba (1994 – 1997). Su alimento premiaba las letras para luego ser alimentos de lectores con esos cuentos fuertes a la pura raza del escritor, asevera su presentación, lo implican las letras en esta propuesta. 

Marilin Bobes comentaba en las páginas de IPS Cuba la obra, “Trilogía sucia de La Habana”, publicada en 22 idiomas, a propósito de la salida en Cuba 20 años después, por Ediciones Unión, describe al autor como un rapsoda de La Habana, pintor del lado oscuro, sucio y duro. O de su más reciente libro “Fabian y el caos”, para que no pare el novelista, poeta desde su adolescencia y “a tener en cuenta cuando de literatura cubana contemporánea se hable” (1). 

Periodista deviene cronista de un país con tiempos “contradictorios, terribles y fascinantes”. Son asideros de quien escribe como en una lápida de vida, más que de muerte o necesidad, enriquece el ejercicio diario para dejar constancia de lo sugerido, a su consideración el libro le busca, le sugiere, le propone. 

Quede de acuerdo o no, el libro humaniza el lado animal de ese hombre encerrado en una realidad que le hace vivir o morir en el día a día, enriqueciendo letras, amando, sobando la caricia para multiplicarla a los lectores. Si bien el escritor no se sabe preñado cuando vivencia, si da a luz las letras que le ahogan luego, le apremian a punta de escribirlas y dejarlas ir, pues como literatura ya no les pertenecen.

El lenguaje centro habanero le premia, ese decir reconocido, para hablar de amor, encuentros, desencuentros, queridas o amantes, calores sexuales, desde que La Habana parió e hizo leyenda a Yarini, o a los muchos hombres gigolos que hoy se humanizan como héroes del patriarcado que la propia fémina enriquece en su crianza a priori o inocentemente por la cultura o las costumbres.

Mujeres y hombres tienen derecho a creer y crear en la sexualidad, a hacerse de un lugar en la sociedad reconociendo preferencias sexuales; aunque casi siempre la literatura se sabe hetero; pura o legal; lo cierto es que las prácticas dicen mucho más con autores como Senel Paz (El hombre, el lobo…) o el mismísimo desencadenador de la literatura sobre prostitución o nuevas prácticas, o no tan nuevas, pero si “literadas” por las licencias de la creación...

Cuánto se ha abierto el cubano a esta literatura reconocida, autenticada o intercambiada; eso no importa, lo cierto es que ese día la sala en la sede en la UNEAC hablaba de seguidores, de lectores, de quienes saben gozar la literatura erótica como la vida misma, como ella propone, sin escandalizar las prácticas o la recomendación; una preferencia que se apuntala y reproduce. 

Aun se preguntan los orgasmos o las eyaculaciones veraces, la fantasía y la realidad de ese amor que es solo lícito a quienes se aman o reproducen sus deseos sin ambages de números, ni prácticas; es la vida real, bajada a los comunes mortales, disfrutada en la lectura, muchas veces caracterizada para lectores mayores, maduros, o a precoces infantes y adolescentes en los escondites y el propio “orgasmo” que genera lo prohibido. Zona de silencio, regaño o auténticos revuelos de madurez como primeras experiencias; regalos lícitos de amantes agobiados por la rutina; pretextos de lectores.

No queriendo ser egoísta de aquellos lectores de poesías, Pedro Juan Gutiérrez poeta, periodista y narrador; conoce de qué habla y cómo lo dice; por ello gana el modo de leer enriquecido con la fluidez de lo que cuenta; a lo cubano; eso es lo que hace rica su obra y la fácil lectura de los complejos caminos del hombre, la mujer; del humano…

Como narra el autor con su escribir o dentro de su obra “(…) Intentaba entender algo. Me gusta sobrevalorarme, observar de lejos a Pedro Juan.” (2) Aun sabiéndose mortal, cubano de ese tiempo historiado en algún que otro artículo periodístico, más vivido en la literatura… concretamente en estos cuentos.

“En realidad esos atardeceres con ron y luz dorada y poemas duros y melancólicos y cartas a los amigos lejanos, me hacían ganar seguridad en mí mismo. Si tienes propias – aunque solo sean unas pocas ideas propias – tienes que comprender que encontrarás continuamente malas caras, gente que tratará de irte a la contra, de disminuirte, de “hacerte comprender” que no dices nada, o que debes eludir a aquel tipo porque es un loco, o un maricón; o un gusano, un vago, el otro será pajero y mira huecos, el otro es ladrón, el otro santero, espiritista, mariguanero, la otra es chusma, indecente, puta, tortillera, mal educada. Ellos reducen el mundo a unas pocas personas híbridas, monótonas, aburridas y “perfectas”. Y así quieren convertirte en un excluyente y un mierda. Te meten de cabeza en su secta particular para ignorar y suprimir a todos los demás. Y te dicen:

“La vida es así, señor mío, un proceso de selección y rechazo. Nosotros tenemos la verdad. El resto que se joda.” Y si se pasan treinta y cinco años martillándote esto en el cerebro, después que estás aislado te crees el mejor y te empobreces mucho porque pierdes algo hermoso de la vida que es disfrutar la diversidad, aceptar que no todos somos iguales y que si así fuera, esto sería muy aburrido.” (3)

Sin entrar en disquisiciones de quien fue primero el huevo o la gallina, esa es también la descripción de la lectura y la literatura cubana; quizás por ello estos escritos… cuentos, memorias, palabras tomadas como duras para sus textos, o pensadas como duras en sus soliloquios personales no son más que “cubaneos” que el lector agradece o la crudeza de un periodismo diferente de lo cotidiano, una observación social desde las entrañas de su versátil existencia… 

Poco importa cuando se lee bien, fluye en la intimidad de los lectores, casi siempre solitarios en la experiencia, sobrevenidos cómplices de esas horas al soltar la mano y hacer apuntes, editar lo que creemos un libro o vomitar el día a día en un buen libro para compartir sin más pretensiones que el alivio de vivir.

No voy a repetir sus “palabrotas”, y me río de mi propia invitación también remilgosa; prefiero que te afiances en la búsqueda del libro, o mejor, en dejar que el libro nos encuentre, para disfrutar a lo cubano de unos días de Centro Habana, macho y vivencias eróticas convidadas para asumirlas como ese viaje dentro de la literatura: a experimentar o vivir con el autor; cúlpese esta vez a Pedro Juan Gutiérrez y a Ediciones Unión por este regalo erótico.

Reservado otras notas para la experiencia del libro, regresa otra editorial, se trata de Guantanamera, y la incursión de la autora en la literatura erótica, la novela y las vivencias traídas a colación de estrenarse o mostrar cuanto es capaz de hacer en su entramado literario, ya de cierta experiencia para el disfrute de los lectores que le han seguido casi a cuenta gotas desde editoriales de la Revista Ciencia y Técnica hasta concursos, premios y otros atrevimientos literarios cual tributos del merodeo imaginativo de la luna a la tierra, de la ficción, del cuento a la novela pura y dura de entretener en letras.

Se nombra Yamila Peñalver Rodríguez (La Habana, 1976) … traída a la mente insistente de presentarla en la literatura erótica cubana en dos de sus propuestas, en cuentos eróticos, en el libro “Los cuerpos del deseo” con Neo Club Ediciones y Alexandría Library, Estados Unidos; con Ediciones La Palma, España, 2017; o traer “Alamar, te amo””. Antología erótica de narradoras cubanas.

Premios y becas dirán como los lectores, de su obra; saberla, seguirla, leerla… es el placer de adentrarse en el tejido de su emblemática literatura, siempre lúcida; para esta lectora que escribe, placentera juvenil, fresca en cada propuesta, de seguro inmediatamente le hará su cómplice.

Arriésguese, en una sugerencia porque sí, en este regocijo de crecer con sus letras en tanto se publica o da a conocer en ese descubrimiento para un guiño del libro en la vidriera, el estante o las manos de un amigo; hasta el robo afamado por la inocencia del lector empeñado en hojear lo que no le dejan tocar.

Autora de textos investigativos de la radio y la televisión cubanas; es la psicología primera de su formación, las vivencias y el imaginario poético de interpretar la realidad la que nutre a Peñalver, una autora siempre versátil, sorprendente, plausible.

Ambos autores deleitan en su personal mirada de lo erótico, en lo defendible del género en la literatura cubana. Es lo íntimo personalísima existencia que le anima a crear, juntar letras, hablar para el lector, al oído… en intimista coloquio se atreven a merodear por sus exigencias como autores haciendo literatura, quedando en quienes somos sorprendidos por esa invitación, ahora extensiva en esta voz.

Guantanamera Editorial agasajó a los cubanos con una presentación literaria llena de poesía, narrativa y cubanos para Cuba, para lecturas cubanas editadas en otras latitudes, salvadas de la polilla, el poco presupuesto editorial en la Cuba de hoy, y las esperanzas de los lectores de ese respeto por lo autóctono que se sabe rico y versátil como los cubanos.

La Feria Internacional del Libro de La Habana en 2018, sorprendió de perfecta manera cuando devolvió los escritos de Yamila Peñalver Rodríguez, la UNEAC acarició la vuelta del periodista, poeta y narrador Pedro Juan Gutiérrez; ambas propuestas de autores son un regalo para otras invitaciones.




Bibliografía consultada

Bibliografía.

1.- Marilin Bobes. "Pedro Juan Gutiérrez: una literatura sin maquillaje". La esquina de Padura. IPS Cuba.

2.- Pedro Juan Gutiérrez. Trilogía sucia de La Habana. Ediciones Unión, 2018. p.14 

3.- Ibídem p.14

4.-Yamila Peñalver Rodríguez. Bipolar. Editorial Guantanamera, 2018.

5.- Yamila Peñalver Rodríguez y otros autores. Los cuerpos del deseo (cuentos eróticos). Neo Club Ediciones.

6.- Yamila Peñalver Rodríguez y otros autores. Alamar, te amo (cuentos eróticos). Antología erótica de narradoras cubanas. Ediciones La Palma. España, 2017.