“La historia, que es el ayer, y que también es la vida, me conduce y me asedia”.

Desde adentro

Ilustres en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí: Luis Suardíaz, el director poeta

Por: Mabiel Hidalgo Martínez

Camagüey es cuna de poetas. En esa tierra nacieron grandes voces líricas como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Esteban Borrero, Aurelia del Castillo, Emilio Ballagas, Nicolás Guillén, entre otros ilustres. También es la cuna del poeta Luis Suardíaz Rivero, destacado ensayista, crítico literario, editor y periodista, quien vio la luz el 5 de febrero de 1936.  

Durante la década del cincuenta, en el emblemático hotel Plaza de la ciudad principeña, el joven Suardíaz se desempeñaba como empleado de servicios cuando escribió sus primeros versos. La habitación con el número 241 se convirtió en su morada de creación. Además, el lugar fue testigo de sus acciones clandestinas en favor de la causa revolucionaria como miembro del Movimiento 26 de Julio.

El triunfo de la Revolución le dio la posibilidad de desarrollarse como periodista. Dirigió periódicos provinciales y programas de radio y televisión. Junto a Rolando Escardó organizó el Primer Encuentro Nacional de Poetas en 1960.

Su labor al frente de la Dirección Provincial de Cultura en su ciudad de origen lo vinculó directamente con el mundo de las bibliotecas, de manera particular con la creación de la Biblioteca Provincial de Camagüey Julio Antonio Mella. El local del antiguo Liceo camagüeyano, a propuesta de Ernesto Che Guevara, se convirtió en la principal biblioteca de la provincia.   

Entre 1963 y 1967 Suardíaz ocupó la responsabilidad de director de Literatura y Publicaciones del Consejo Nacional de Cultura. Por esos años estrechó vínculos de trabajo con la entonces directora de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), doctora María Teresa Freyre de Andrade. Entre sus tareas estaba la promoción de la lectura a través de la creación de círculos de literatura, además le correspondía proveer de los libros publicados a la BNJM y a su red nacional de instituciones.

No imaginó el hacedor de poesías que sería designado director de la Biblioteca Nacional en el primer semestre de 1973, en sustitución del capitán del Ejército Rebelde y también poeta Sidroc Ramos. Recién había clausurado el Encuentro de Bibliotecarios celebrado en la ciudad de Santiago de Cuba.

En la entrevista concedida al investigador Tomás Fernández Robaina, en mayo de 2001, Luis Suardíaz revela sus prioridades de trabajo cuando llega a la Biblioteca Nacional:

En esa época, la Biblioteca Nacional y todo el país formaban una sola cabeza con muchas caras pequeñas. […] Creo que lo que más me interesó fue comenzar a ponerme al día de cómo estaba esa gente, los fondos de las bibliotecas, sus carencias que siempre han sido grandes, intentar trazar una perspectiva para la restauración de las colecciones existentes en los fondos, […] así como participar en la escuela nacional de enseñanza media para la formación de bibliotecarios […].2  

Durante sus años al frente de la institución reconoce el privilegio de haber contado con la sapiencia del historiador Juan Pérez de la Riva, quien dirigía la Revista de la BNJM; decisiva también resultaría su relación con valiosos profesionales como Alberto Muguercia y Carlos Fariñas, y poder contar con las magníficas conferencias que el espacio “El autor y su obra” ofreció con regularidad.
 
Se recuerdan entre los logros de su etapa, la inserción de un número considerable de técnicos en la Universidad de La Habana, en la carrera de Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Esos años fueron además de estudio en la carrera de Ciencias Sociales, de la cual Suardíaz se tituló en 1976.

Reconoce en la mencionada entrevista, cuán significativo resulta para la vida de un intelectual, trabajar en la Biblioteca Nacional de Cuba:

El paso por la Biblioteca Nacional es una experiencia muy importante para cualquier intelectual cubano, porque no es lo mismo venir a trabajar a ella como un investigador, de vez en cuando, que tener que administrar los fondos, a tener que pensar, por ejemplo, en lo que se debe ofrecer al público y lo que se puede perder por falta de una conservación adecuada […].3

A Suardíaz se le vio en la BNJM en las siguientes décadas, luego que finalizara su gestión directiva. Impartió conferencias, inauguró exposiciones, participó en homenajes a colegas, y publicó varios ensayos y crónicas en la Revista.

Su obra literaria está presente en alrededor de quince antologías, y su currículum cuenta con varios premios y reconocimientos a su trayectoria intelectual y revolucionaria. Entre los más relevantes está la mención en el Concurso Casa de las Américas de 1966 por su libro de poesía Haber vivido; el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida, en el año 2004; la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Juan Marinello.
     
Falleció en La Habana, el 6 de marzo de 2005. A su muerte, el destacado intelectual chileno Volodia Teitelboim, expresó: “Hombres así dejan en la vida y la historia un trazo que va más allá del tiempo. […] La revolución se enorgullece de su poesía. Hizo de ella un canto nuevo y un poderoso mensaje. Evoquémoslo sencillamente como un personaje atado a la memoria del futuro […]”.4

Bibliografía consultada

1 Fragmento del poema “Ponte el alma” de Luis Suardíaz.
2 Entrevista a Luis Suardíaz por Tomás Fernández Robaina. En: Apuntes para la historia de la Biblioteca Nacional José Martí. Ediciones Bachiller. La Habana, 2001, p. 90.
3 Ibídem, p. 93.
4 Volodia Teitelboim citado por: Lázaro David Najarro Pujol. “Luis Suardíaz: el más ilustre de los huéspedes”. Radio Cadena Agramonte, 16 de febrero de 2009.


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