Víctor Ángel Fernández es el intelectual cubano que elaboró la novela Caballo de Troya, considerado el primer libro electrónico en nuestro país.

Entrevistas

Entrevista a Víctor Ángel Fernández (cuarta parte)

Alejandro Zamora Montes

Librínsula accedió a las oficinas de Cubaliteraria para conocer una microhistoria fascinante, de las tantas que pululan en este archipiélago. A través de las palabras de Víctor, uno va comprendiendo que la ontología de nuestro proyecto social es sumamente compleja al tiempo que rica en dimensiones culturales, teniendo como trasfondo esencias relacionadas con procesos de resistencia, retrocesos, utopías y genialidades.  

Todos los problemas anteriormente citados hay que analizarlos así, con una línea de desarrollo que no se ha interrumpido. Una línea de desarrollo que no va a la velocidad que yo quisiera (fíjate que no le voy a echar la culpa a nadie) y que a lo mejor pudiéramos ser mejores, más eficientes. Quizás habría variantes de otro tipo. Pero no nos olvidemos (y esto es importante ubicarlo en Cuba 2020) a la hora de hacer cualquier historia… yo le he hecho una pregunta a mis alumnos de la Universidad y a muchas personas: ¿Cuántos edificios altos había en Cuba el 31 de diciembre de 1958? Muy fácil. Los de La Habana, y un par de edificios en Varadero. El Hotel Internacional, porque Caguama incluso eran casitas. Cinco pisos o seis que es lo que tiene el Hotel Jagua, y el Santa Clara Hilton. Fuera de La Habana no hay más edificios. Una persona me dijo: “Profesor, pero usted no puede llegar y medir el desarrollo de un país por la altura de sus edificios”. Sí, porque eso significa cero, significa cualquier cosa. O sea, la persona o empresa que hizo el Somellán, el Focsa o el Habana Libre, le daba igual si en Santiago de Cuba, en Guantánamo o en Pinar del Río había construcción. Cuando usted se lee 500 años de construcciones en Cuba, un libro que le recomiendo a cualquiera como obra de referencia, comprueba que el índice de construcciones fuera de La Habana no existía, era cero. O tan pequeño que… Mira, hubo otra persona que un día me dijo lo siguiente: “Profe, yo vivía en Placetas y allí había mucho desarrollo, casi igual que en La Habana”. Y le respondí: “La única persona que dice eso es usted”. Es decir, comparar La Habana con Placetas es poco serio, con todo el respeto a los placeteños y algunos amigos míos. Entonces hoy, cuando tú pones 4G en L y 23, en Coppelia, hay una persona que en Burundanga de Pinares arriba –que quiere 4G– te llega y te pone en el periódico de esa provincia: “Claro, todo es habanero, entonces por eso se lo ponen a la gente en L y 23”. Pero hay una gente en Pinar del Río, Guantánamo o la Isla de la Juventud que también quiere 4G. Y entonces eso es un problema. Vamos a abordar el desarrollo de Cuba cómo era. O sea, en Cuba había una universidad. En el año 1947 la Universidad de Oriente. Después la Universidad Central de Las Villas y la Universidad de Villanueva, que era privada. Dos en La Habana, una en Santa Clara, y una en Oriente. Y se acabó la historia. ¿Cuántos reproductores del canal de televisión –y ya estamos hablando de comunicaciones y de tecnología– había afuera? Lo que se veía en muchas provincias era con uno o dos días de tardanza que se mandaba por medio de kinescopios y cosas de ese tipo, porque no llegaba la señal. Era muy fácil. Tú llegabas y construías. En La Habana existía tremenda cantidad de emisoras de radio, porque permitía toda esa serie de situaciones. Pero hoy no. Hoy cuando tú le pones color al periódico Granma en La Habana, al periódico Venceremos, en Guantánamo o a Guerrillero, de Pinar del Río, hay que ponerle color también. En aquellos momentos tú le ponías las condiciones que te diera la gana a Diario de la Marina, que era el diario más grande del país, y a nadie le preocupaba si tú tenías El Heraldo de Cuba en cualquier otro lugar del país. Por eso, ser justo o totalmente equilibrador es muy difícil. Hay que tener en cuenta (y yo soy muy defensor de ello) en los estudios sociales, de cómo se mueve esto dentro de todas nuestras limitaciones. Sería muy fácil poner Internet 5G en Coppelia. Y al día siguiente vamos a leer en mil post y en mil periódicos que: “Parece mentira, claro, ese es el problema…”. Y al final lo que teníamos era una bronca entre Industriales y Santiago de Cuba. Tu sabes que al final todo termina en una bronca entre Santiago de Cuba e Industriales, como cuando le dieron ese trofeo a Santiago pintado de azul porque iba a ganar los Industriales. Si, aquí por suerte en lugar de caernos a golpes, todo termina en una bronca deportiva.

Ello también tiene que ver con lo que usted mencionaba relativo a esa educación estructural a nivel de nación…

Exactamente. Ese es el contexto cubano. Por eso hay que tener mucho cuidado. El día que el presidente Miguel Díaz Canel dijo: “Antes que termine 2018 tenemos la 3G” era que teníamos la 3G no solamente en La Habana, sino en muchas partes de Cuba. No en toda Cuba, pero sí en muchas partes de Cuba. Para buscar un balance, porque si llamamos a todos a sacrificarnos, tenemos que también repartir entre todos. Son una serie de situaciones que a veces se es demasiado simplista o demasiado facilista a la hora de hacer los análisis. Y vuelvo para que quede constancia: no quiere decir que no ha habido equivocaciones y errores, algunos malintencionados y otros bienintencionados. Los ha habido. Sí, seguro. Y lo peor, lo van seguir habiendo. ¿Quién está libre de errores? Pero eso ha sido un poco el desarrollo de la tecnología en Cuba, desde la Informática, que es mi mundo. Puede ser que la industria azucarera tenga otras características… seguro las tiene, o la Biotecnología. Yo hablo un poco desde mi especialidad.

Libro digital, e-book, ciberlibro, ecolibro, libro electrónico… ¿son sinónimos? ¿Cuál seria la conceptualización correcta, en su opinión?

Yo creo que todavía falta tiempo para que haya una conceptualización que podamos ubicar todos en una cajita. Creo que incluso todavía hay una discusión casi básica que es: si le voy a llamar libro electrónico o le voy a llamar libro digital. O en dependencia de cómo se llame en inglés, tampoco en español. Si voy a considerar sólo libro electrónico cuando es una versión digital de un libro de texto, llamemos un PDF, o voy a llamar libro electrónico cuando hay interacción o hiperenlaces dentro del mismo. Todas esas cosas hoy se discuten a gran escala. Y las personas casi hablan indistintamente. Creo que lo mejor está establecido hoy es el libro normal, que es soporte de papel, y el que le llaman “el otro”. A veces incluso hasta lo maltratan, no le dan ni nombre. Por eso no quiero tomar partido, porque es que la literatura que hay en el mundo habla de todos estos elementos. Creo y repito que hoy en términos de definición, existen dos grandes grupos: el libro normal, en soporte de papel, el impreso en una imprenta con todo el proceso común y corriente, y el libro en soporte de bits. Esa es un poco la gran diferencia. Ahí hay mil variantes, porque algunas personas dicen que el libro electrónico no es un ecolibro porque si bien no gasta papel, el sostenimiento de todo el hardware gastó diez veces más materiales que dañan el planeta. Y sobre todo que no hay forma de despreciarlo, porque el papel tú lo rompes y reutilizas, pero esto no hay forma de destruirse, y no cae en esa historia. El audio libro algunas personas dicen que no es completo. Yo voto por estas dos, el libro clásico, el libro histórico. Que si me meto en esa bronca… ¿Cuál es el libro histórico? ¿Las tabletas de arcilla de la biblioteca del rey Asurbanipal? ¿Las piedras de la antigüedad, de la prehistoria, el rollo de papiro, etc.? El libro es el formato que más ha muerto en la historia de la humanidad. Y algunas personas me dicen: “Profe, qué usted cree, que el libro va a desaparecer por el electrónico?” Sí, seguro. Lo que no va a desaparecer nunca es la literatura. Y sobre todo, la buena literatura. A lo mejor quién sabe, creo que para eso falta más tiempo que para que desaparezca el libro, que alguien pueda escribir: “En el momento que estaba ante el paredón de fusilamiento recordó la primera vez que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Creo que todavía falta para que una computadora escriba eso. Para eso falta cantidad, eso es literatura. No obstante, soy defensor de que el formato se tiene que adaptar a los tiempos. Hoy convivimos ciudadanos analógicos y ciudadanos digitales. Y si estamos conviviendo deben convivir efectos o entidades analógicas y digitales. En mi casa están guardados (cuando se hizo la edición del centenario de La Edad de Oro) tres ejemplares impresos. Uno para mi esposa y para mí, y uno para cada niño cuando la leyeron. Sí, pero eso fue en el año 1990, cuando aprendieron a leer. Mi problema hoy como ser humano, como padre, como adulto, es que mis nietos (mis hijos ya son grandes) lean. Si yo logro que se lean La Edad de Oro en un celular, aprendieron a Martí, leyeron a Martí. No puedo llegar y disminuirlos. Yo creo que donde está el error más grave, y se comete bastante en Cuba, es que se rechazan estas variantes. ¿Qué es más malo para mí? Mi nieta no habla español, mi nieta habla muñequitos. Si. Cualquier persona de cualquier edad, habla de un chofer. Mi nieta te habla de un conductor, porque así dice Dora. Mi nieta habla de un mapa, porque así dice Dora la exploradora. Pero el problema es que no tenemos, por un rechazo a veces hasta ingenuo (por no decir una palabra un poco más gruesa) personas que hagan cosas para ese tipo de medios. Lo otra nieta dice que es una de las dos princesas frozzen, y su hermana es la otra. ¿Voy a criticar a mis nietas? No, el problema es que no hay un príncipe Elpidio Valdés y una princesa María Silvia. Y no tengo una Chuncha o una María Fernanda digital. Es muy poco. Hay que producir más de lo nuestro.