Ante las reticencias que presenta el reconocimiento de la violencia de género en Ecuador, el presente trabajo analiza las diferentes causas de la violencia intrafamiliar en especial en la Provincia Bolívar y los efectos que provoca una mala comunicación e

La Puntilla

Más allá de la perspectiva o enfoque de género

Niurys Viera Hernández , Liliana Hurtado Viera , Margarita Amalia Cruz Vilaín

 Introducción 

Ante las reticencias que presenta el reconocimiento de la violencia de género en Ecuador, el presente trabajo analiza las diferentes causas de la violencia intrafamiliar en especial en la Provincia Bolívar y los efectos que provoca una mala comunicación en el entorno familiar, las cuales transcienden en relación a la lucha por la igualdad y equidad de derechos de la mujer. Metodología. Se parte de una encuesta realizada durante el último trimestre del 2016 en las principales ciudades que recogen el 80% de la población de la provincia (Chimbo, San Miguel y Guaranda), donde N=10 100, para lo cual se examinan diferentes variables como: presunciones culturales, relaciones intrafamiliares y desigualdad. Resultados. Percepciones culturales que sobre género difirieren entre hombres, mujeres y la sociedad con las cuales se intenta normar la convivencia; predominio del poder dictatorial de los hombres en el entorno familiar y una afectación en las nuevas generaciones desde las concepciones que la sociedad imponte para los hombres. El papel que desempeña la educación de las nuevas generaciones en la cultura de la comunicación y la relación de pareja en la sociedad ecuatoriana.

    Aun cuando la mayoría de países Latinoamericanos, firman y ratifican convenios y acuerdos dedicados a combatir la violencia hacia la mujer, no se garantiza una vida libre de violencia para ellas.  La cultura popular estos países da cabida a un fenómeno social tan relevante como la violencia, fundamentada mayoritariamente desde el régimen de género, donde las violaciones, abusos sexuales, violencia intrafamiliar y femicidio, se constatan frecuentemente en espacios públicos y privados, constituyendo un tema clásico del consumo mediático reiterativo y objeto de constantes luchas feministas para su reconocimiento, identificación y sanción.

    La definición de violencia contra la mujer más clásica, la señala como la “acción o conducta basada en su género, en un contexto público o privado”, (OEA, 1994), y según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre feminicidio en América Latina (DEMUS, 2006) en nuestra región, muchas veces estas acciones violentas de género, culminan con muertes violentas, signos de torturas y/o mutilaciones; identificando en toda la región un eje común como: el desprecio, odio, subvaloración de la vida de las mujeres y la falta de prevención y sanciones, acompañadas de investigaciones poco eficaces y tolerancia por parte de los Estados.

    Si partimos de algunos antecedentes en Ecuador, (INEC, 2010) podemos identificar algunos elementos de interés: 1990, reconoce solo a la violencia intrafamiliar como conceptualización de violencia; 1995 se crean las primeras comisarías de la mujer y en 1995 se promulga la ley contra la violencia a la mujer y a la familia; 2007 se difunde Decreto Ejecutivo No 620, para la erradicación de la violencia de género hacia la niñez, adolescencia y mujeres que forma parte del “Plan nacional de erradicación de la violencia de género”.  Según el mismo documento se definen cuatro tipos de violencia: la física , psicológica , sexual  y patrimonial .

     Los datos en los que se basa este trabajo, están fundamentados en una investigación realizada en la Universidad Estatal de Bolívar en Ecuador, por el Proyecto de Investigación “Violencia intrafamiliar en la provincia Bolívar, aproximaciones a su caracterización y recomendaciones a política social”. Se presentarán algunos análisis de los efectos o consecuencias que provoca una mala comunicación en el entorno familiar, su transcendencia en relación a la lucha por la igualdad y equidad de derechos de la mujer en esta población que cuenta con características culturales muy arraigadas y especiales, abordando las posibles afectaciones provocadas en las futuras generaciones y algunas medidas que promuevan la igualdad y equidad de derechos de la mujer bolivarense.

Mitos y realidades de la violencia de género. Algunos apuntes teóricos.

     Las descripciones sobre violencia de género no siempre corresponden con su realidad o dimensión, existiendo “mitos” o afirmaciones que centran el problema en factores como la edad, el nivel educativo, la raza; haciendo invisible otras causas, como el alcoholismo, la drogadicción, el desempleo, la pobreza y el haber sido víctima anteriormente, (Melgar, 2009).  La difusión de estos mitos ha tenido como consecuencia que la violencia de género sea valorada como un problema ajeno y minoritario que no afecta a la población en general (Bosch & Ferrer, 2002).

     A partir de los años 70 la antropóloga norteamericana Gayle Rubin (1976), dio a conocer el concepto de género, recurriendo a explicar el término a partir de como la sociedad construye la subordinación de las mujeres por ser el sexo débil, describiendo las desventajas de las mismas desde las diferencias biológicas y es a partir de los postulados de esta autora que se explica cómo las diferencias sexuales van traduciéndose en desigualdad real y relaciones de poder entre hombre y mujeres.

     Lamas (1997), no solo evalúa las diferencias al termino género a partir de ser hombre y mujer, propiamente; sino que tiene en cuenta la variedad de interpretación, simbolización y organización de las diferencias sexuales en las relaciones sociales. Para el contexto socio-cultural, se refiere Riquer & Castro (2008), la definición no solo cuestiona la existencia de una esencia femenina y masculina, sino la organización social de las relaciones entre sexo y naturalización de las desigualdades establecidas entre ellos.

     El término de “género”, es incorporado constantemente en el discurso cotidiano de los medios, las personas y la sociedad; existiendo diferentes acepciones al concepto, generando algunas confusiones, pues es considerado en múltiples ocasiones como un sinónimo de diferencia sexual, sin tener en cuenta la desigualdad social cada vez más creciente basada en las diferencias y en el establecimiento de relaciones de poder que las coloca en subordinación con respecto a los hombres y en desventaja con la sociedad que comparten. 

      Resumiendo, la distribución de poder que persiste en la sociedad, el rol subordinado, la discriminación y la exclusión de las mujeres constituyen la causa fundamental de la violencia de género hacia ellas. Siendo necesario cuestionar la generalización del termino violencia doméstica o violencia intrafamiliar, en sustitución de violencia contra la mujer, atribuyendo diferentes tipos de violencia que pueden ocurrir en el ámbito familiar o entre miembros de una familia, en el marco de las relaciones de poder inequitativas que se viven en ese entorno. 

     Según Quintana (2014), en Ecuador existen 29 unidades Judiciales de Violencia contra la mujer en 19 provincias. Estas instancias cuentan con el equipo técnico multidisciplinario que brinda información legal a las víctimas y realiza la investigación e informes periciales requeridos en cada caso.  En el código penal ecuatoriano se encuentra tipificada la mayor parte de las manifestaciones de violencia sexual y su práctica ha sido repudiada por la sociedad. En el 2004, fueron creadas las Unidades Especializadas en Violencia a la Mujer y la Familia, funcionando en las capitales de las provincias Pichincha, Guayas, Galápagos, El Oro y Manabí y extendiéndose a otras regiones posteriormente. Los mismos intentan dar una solución integral desde el punto de vista policial y judicial; incluyendo el soporte psicológico y de trabaja doras sociales especializadas.  

     No es hasta el 2007, cuando el presidente Rafael Correa asigna el Decreto No 620, declarando como prioridad nacional la erradicación de la violencia de género y la política de defensa de los derechos humanos, y dispone la implementación del Plan Nacional para la erradicación de la Violencia contra la Niñez, Adolescencia y la Mujer. En la misma línea el Plan Nacional del Buen Vivir 2013-2017, son definidos los indicadores y objetivos específicos.

Percepciones culturales sobre género entre hombres, mujeres y sociedad sobre convivencia

     Las inter relaciones entre padres e hijos desde muy temprana edad desempeñan un papel importante en la evolución y transformación de los valores, las normas y las creencias culturales de la sociedad, las cuales a su vez determinan dichas relaciones, e influyen en los factores socioeconómicos, políticos y culturales. Los cambios en la combinación de estos factores pueden afectarlas de manera positiva o negativa. 

     La “cultura del castigo” se encuentra enraizada en la sociedad ecuatoriana y con frecuencia se recurre a diversos tipos de maltrato los cuales son estereotipos de una práctica necesaria en la educación de los hijos e hijas, (Camacho & Jácome, 2009). Son varias las encuestas que arrojan resultados de alta incidencia de maltrato infantil al interior de los hogares  (ODNA, 2010), (INEC, 2011).  De igual manera al indagar con las mujeres si el esposo, pareja o expareja era pegado o maltratado en su hogar cuando era niño, permitió conocer si la conducta violenta vivida en la infancia influye o no en el comportamiento agresivo hacia las mujeres en la adultez.  Cruzando las dos variables comprobamos que quienes sufrieron mayor maltrato tienden a reproducir más ese tipo de actuación en el futuro y aunque los datos no reflejan que “frecuentemente” es el más destacado, se observa una alta incidencia (48.7% - 45%). Gráfico 1.

Sin dudas, el haber tenido durante la infancia y adolescencia experiencias de maltrato impactan la autoestima produciendo sentimientos y reacciones que desde el punto de vista psicológico ayudan a explicar las conductas violentas y su aceptación, interiorizando comportamientos que nos enseña a resolver los conflictos mediante el diálogo o la negociación, imponiendo con el castigo físico o la autoridad a ejercer la violencia a quienes se encuentran en desventaja.

     Hernández (2005), señala que las mujeres indígenas sufren una fuerte discriminación social y económica, soportando una doble o triple discriminación: por ser pobres, por su pertenencia étnico – cultural y por condición de género, estas afirmaciones coinciden con los criterios de la mujer de Bolívar que presenta un 25.4% de su población de naturaleza indígena (23 816 habitantes), (INEC, 2011).

     Las diferentes manifestaciones de violencia se sustentan en el ejercicio del poder-dominación masculino en la vida de las mujeres, y las concepciones que conviven en la sociedad constituyen las causas fundamentales que explican las agresiones que sufren las mujeres por su condición de ser mujer.  Pero a pesar de ello, los datos confirman que la violencia intrafamiliar ocurre en todos los estratos socioeconómicos, y que contar con mayores ingresos puede contribuir para que las mujeres tengan más educación o mejores condiciones para evitar o detener la violencia, pero esto no constituye una garantía de encontrarse exentas de sufrir malos tratos por parte de su pareja o ex pareja.  Por consiguiente, podemos reforzar la afirmación de que la violencia contra la mujer es un problema socio-cultural que se sustenta en la valoración diferenciada del sexo masculino sobre el sexo femenino, traduciendo en relaciones con diferencias importantes de género que acentúan la discriminación y ponen en situaciones de desventajas a las mujeres con respecto a los hombres.

Causas – Consecuencias de la violencia intrafamiliar. Particularidades de la violencia patrimonial.

    Creer que los actos de violencia que ocurren dentro del seno familiar deben quedar ahí y ser soportados o perdonados es un pensamiento errado y de cierta manera arcaico.  Sin embargo, al preguntar a estas personas si la violencia intrafamiliar es un asunto privado que corresponde solo a los adultos de la familia el 40.3% se mostró en desacuerdo ante el 59.7% que se encuentra de acuerdo.       

     De igual manera es un error pensar que las víctimas son los culpables de estos actos; sin embargo, los resultados muestran que en Bolívar es así. Las víctimas del maltrato a veces se lo buscan; hacen cosas para provocarlo y ante esta interrogación el 80.7% está de acuerdo, en correspondencia del 32.2% se encuentra en desacuerdo.

     Existen otros factores desencadenantes de la violencia intrafamiliar que fueron recogidos en la encuesta como: los problemas económicos (45.3%), la pérdida del empleo (16.1%), y el nacimiento de un hijo (6.4%), que, aunque se representan por debajo del promedio, son causas por las que los hombres actúan de manera violenta con su pareja, siendo estos elementos un mecanismo de control, dominio y sometimiento por parte de los hombres. Ver Gráfico 2.

     Estos factores desencadenes de la violencia de género al interior de la familia nos muestra que cualquier autonomía o cualquier transgresión de las mujeres que las aleje de los mandatos patriarcales es castigada, con la finalidad de prevenir, corregir y sancionar dicho comportamiento y alejamiento del modelo esperado, por lo cual la mujer debe ajustarse al modelo “esperado”, a las “expectativas” de la pareja y del entorno social.  Por lo que a manera de resumen podemos decir que son diversos y múltiples los factores que aparecen como responsables de la actuación violenta de los esposos, maridos o convivientes, que no explican, ni justifican su comportamiento; en tanto su origen se encuentra enraizado en las relaciones desiguales de poder que colocan a las mujeres en una situación de desventaja o de irrespeto a sus derechos.

Al recoger diferentes testimonios las mujeres en los expedientes de denuncias de violencia, en una gran mayoría estos episodios se combinan con: malos tratos de diverso tipo: golpes, insultos, amenazas, destrucción de pertenencias materiales y afectivas, humillaciones o agresiones físicas, durante las agresiones sexuales están presente el uso de la fuerza o la denigración de las mujeres. 

     Sin embargo, se han identificado los principales elementos por los que las parejas discuten en la población estudiada, estos son: distribución del dinero, las tareas domésticas, diferencias en la educación de los hijos, respeto y consideración a la mujer.  No obstante, la distribución del dinero en las parejas es un elemento a destacar, pues al indagar en la encuesta sobre la violencia patrimonial o económica, la cual se refiere a “daño, perdida, transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos”, (Quintana, 2014). 

     En Ecuador este tipo de violencia –patrimonial-, no se encuentra tipificada en las leyes, pero algunos estudios han mostrado su relevancia y la presente investigación ha recogido que cuando las parejas discuten el hombre destruye, tira o esconde objetos personales de la mujer o del hogar, les quitan y se apropian su dinero o sus bienes.  Con estas acciones los esposos, novios o convivientes pretenden dejar despojados o desprotegida a la mujer, restarle autonomía y la posibilidad de actuar para terminar la relación o poner fin a la violencia. 

     Este tipo de violencia tiene clara connotación de género cuando es ejercida desde la posición de poder de la pareja masculina, pero también se ha comprobado que padres, madres, hermanos o parientes despojan a las mujeres de sus bienes, dinero, propiedades o documentos; por lo que ubica a la mujer en una posición aún más baja dentro de la sociedad ecuatoriana.

                                                       

La violencia de género y en particular la intrafamiliar, puede ser muy peligrosa para las mujeres, pues el sentimiento de ser humilladas constantemente, puede poner en riesgo su vida o producir serios daños en su salud integral, como también en sus familiares, particularmente sus hijos.  Encontramos un índice –bajo- de mujeres que indican que su agresor quiso ahorcarlas y/o asfixiarlas, que fueron atacadas con un cuchillo o navaja, o que su pareja utilizó algún tipo de arma durante un hecho violento, que recibieron amenazas de muerte de su conviviente o sus familiares, o amenazas con armas de fuego u objetos punzantes.

      En la actualidad el índice de feminicidios ha aumentado considerablemente, y en la sierra ecuatoriana según el Universo (2017) de enero a julio del presente año los casos han superado las 70 las víctimas.  Por lo que a modo de conclusión podemos indicar que las consecuencias que produce la violencia de pareja en vida de las mujeres ponen en evidencia la gravedad que pueden alcanzar las agresiones que reciben, y reafirman que la violencia de género constituye una violación de los derechos humanos según afirma Camacho, G. (2014).  Ella atenta contra el derecho a la vida, la seguridad, la libertad y la integridad personal.  Las consecuencias con más índices de incidencia apuntan a daños producidos a la mujer por su pareja actual o pasada que incluyen moretones, e hinchazón, hemorragias, desmayos, quemaduras, fracturas, abortos y partos prematuros, y en algunas ocasiones el fallecimiento de la víctima.

 Una afectación en las nuevas generaciones desde las concepciones que la sociedad imponte para los hombres.

      Las percepciones culturales sobre género difirieren entre hombres, mujeres y la sociedad con las cuales se intenta normar la convivencia; el predominio del poder dictatorial de los hombres en el entorno familiar, repercuten significativamente en las nuevas generaciones desde las concepciones que la sociedad imponte para los hombres.  El papel que desempeña la educación de las nuevas generaciones en la cultura de la comunicación y la relación de pareja en la sociedad ecuatoriana es vital para garantizar un cambio en la mentalidad y las concepciones de género en Ecuador.

      La familia, engloba el reflejo de la complejidad de las relaciones humanas y sociales, pues en su contexto intimo conviven diversos intereses, existen lazos de apoyo y solidaridad; pero también se refleja tensión, conflictos, prácticas de imposición, sometimiento y sumisión; unido a un extremo predominio de jerarquías patriarcales centradas fundamentalmente en los adultos y en particular en los hombres que conforman el núcleo o la cabeza de cada familia.  Desde esa mirada muchas familias distan de ser un espacio de convivencia armónica, y de prácticas de convivencia igualitarias, de aportes económicos equitativos entre hombres y mujeres; por lo que en su gran mayoría se caracterizan por un alto índice de autoritarismo, y un poder de dominio por parte de los hombres, una convivencia desigual; según fue explicado por Camacho (2003) en sus investigaciones sobre los jóvenes.

      Todos estos factores develan que los hijos adoptan el reflejo de lo que ven diariamente en un hogar disfuncional de crianza, y con frecuencia en la sociedad ecuatoriana se recurre al maltrato físico y psicológico, catalogándolo como una práctica necesaria en la educación de hijos e hijas (Camacho & Jácome, 2009).  En investigaciones de Stolen (1987) fueron reflejadas las relaciones entre el ciclo de vida y la violencia a las mujeres en el mundo andino ecuatoriano. La autora declara que al inicio de la vida conyugal hay más agresiones de parte de los esposos, y las mismas van decayendo con el pasar del tiempo.  Existiendo un cambio en el comportamiento con respecto a los celos y las actitudes posesivas masculinas, en el momento en que las esposas tienen más edad e hijos que atender, y la confianza que las mujeres van ganando en sí mismas, así como el respaldo de los hijos que ya van creciendo.

      Otra relación detectada en la investigación es que se aumentan las agresiones -de cualquier tipo-, mientras aumenta el número de hijos e hijas que tienen una mujer, contribuyendo varios los factores que pueden explicar esta tendencia, como el deficiente control de las mujeres sobre su cuerpo o una subordinación y dependencia más profunda, la presencia de más hijos puede constituir una fuente de tensiones y conflictos más agravada, sobre todo cuando hay pobreza, escasez económica en los hogares, o cuando parte de la descendencia es fruto de las relaciones anteriores de la mujer. Sin embargo, es de destacar que las mujeres con mayor educación tienen menos hijos siendo menor el porcentaje de violencia de pareja.

      Los hijos por lo general tienden a presenciar las peleas dentro del seno del hogar, así lo recoge el 73.2% de los encuestados, contra un 26.8% que afirma que raras veces ocurre este comportamiento.  Esta actuación de irrespeto reiterativo o agresión que los padres presentan con frecuencia, suelen dejar en los hijos hondas huellas difíciles de borrar. Si estas disputas suelen ocurrir durante los primeros 7 años de vida, donde el niño está creando su propio sistema de creencias aparecerán problemas a mediano y largo plazo en la manera errónea de cómo resolver las diferencias (con gritos, malos tratos, ofensas y golpes) sobre el papel del hombre y la mujer.

      En su contraste el 74.4% de los padres sienten algún tipo de culpa cuando les pegan a sus hijos (molestia o bravura, tristeza o deseos de llorar, sentimientos de culpa, hastío). Este sentimiento de culpa los hace adoptar algunas excusas para limpiar su imagen ante los que los escuchan, los ven o ante ellos mismos, estas justificaciones comprenden elementos como los siguientes: no les hacen a penas daño físico, no se puede razonar con los hijos, a “ellos”, -los padres- también les pegaron y no pasó nada, y que hay que enseñarles a los hijos; entre otras muchas.

      En cuanto al respeto hacia ambos padres, el 45.3% señala respeto al padre y el 39.1% respeto a la madre; el 15,6% referencia respeto por sus abuelos, hermanos, tíos y/o otro tipo de familiar. Los cual referencia que a pesar de ser la madre la que se encuentra en el hogar y está a cargo de la alimentación de los hijos, continúa siendo el padre la cabeza líder del respeto y la autoridad de la familia, transmitiendo los valores patriarcales de la educación de los hijos.

                                                             

Conclusiones 

     Los resultados permiten verificar las interrogantes formuladas al inicio de este artículo. Los datos demuestran que existen diferentes percepciones culturales sobre género entre hombre y mujeres, ya sean en el entorno familiar como en la sociedad. Incorporando en esta afectación a las nuevas generaciones que son educadas bajo el mismo dogma patriarcal.  La violencia intrafamiliar ocurre en todos los estratos socioeconómicos, principalmente en las poblaciones indígenas de Bolívar, por lo que se pudo corroborar que la violencia hacia la mujer es un problema socio-cultural que se sustenta en la valoración diferenciada del sexo masculino sobre el sexo femenino, con diferencias importantes de género que acentúan la discriminación y ponen en situaciones de desventajas a las mujeres con respecto a los hombres.

     La investigación corrobora que se mantienen las principales causas que provocan la violencia intrafamiliar, estas son: la infidelidad, los celos, el machismo y el consumo de alcohol y otras formas que combinan los golpes, insultos, amenazas, destrucción de pertenencias materiales y afectivas, humillaciones o agresiones físicas, y el uso de la fuerza o la denigración de las mujeres. Es de destacar como recomendación a la política social que se incluya la violencia patrimonial dentro de las tipificaciones de la ley y sobre todo la protección hacia la mujer en este tipo de violencia.

     Es muy importante el papel que debe desempeñar la educación hacia las nuevas generaciones y la educación en valores sobre el respeto a la mujer, que contribuya y fomente el cuidado de la misma.  Lograr el desarrollo de una cultura comunicativa y una relación armónica familiar es la base para un cambio de mentalidad. 

     Percepciones culturales que sobre género difirieren entre hombres, mujeres y la sociedad con las cuales se intenta normar la convivencia; el predominio del poder dictatorial de los hombres en el entorno familiar y una afectación en las nuevas generaciones desde las concepciones que la sociedad imponte para los hombres.  El papel que desempeña la educación de las nuevas generaciones en la cultura de la comunicación y la relación de pareja en la sociedad ecuatoriana.


Bibliografía consultada

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