En su estructura editorial La Verdad Católica estaba en plena consonancia con los mejores estándares de la prensa cubana de la época

Nombrar las cosas

La Verdad Católica primera revista religiosa parroquial de La Habana

Por: Johan Moya Ramis

Reencontrarse con documentos prácticamente olvidados en el tiempo es un ejercicio fascinante para almas poseídas de una incurable necesidad de estudiar y conocer. Más aún cuando el que investiga, (re)descubre que la forma y contenido del hallazgo tienen un valor incalculable para el presente en múltiples dimensiones, salvando las distancias temporales y los contextos históricos. Tal es el caso de La Verdad Católica, primera revista religiosa católica de La Habana consagrada a María Santísima en el misterio de su inmaculada concepción.

Su primer número vio la luz en mayo de 1858 y la última entrega al público fue en abril de 1867. En la primera época (1858-1866) sus directores fueron Anacleto Redondo, José Ramírez y Ovando, y Ramón de Armas y Ojeda. En su segunda época (1866-1867), Salvador Negro, y Miguel Vicente López. Iba dirigida al círculo de lectores de las parroquias de la capital, y sobre todo se exhortaba a los sacerdotes y clérigos que informaran acerca de sus contenidos en las personas en las comunidades que no tenían la posibilidad de leer. 

Desde la lectura de su prospecto, se hace evidente que había gran preocupación por parte del clero acerca de las ideas y corrientes filosóficas provenientes del racionalismo materialista ateo que estaban llegando a la urbe habanera de la mistad del siglo XIX, la cual no solo era vista como ciudad capital privilegiada para el comercio y el mercadeo por su posición geográfica, sino que su ubicación le permitía ser un espacio fértil donde se amalgamaban las ideas cruzadas entre el viejo y el nuevo mundo. Así lo hacen ver sus editores al expresar lo siguiente: “¿Y la católica Habana se ha asociado a estos gritos de rebelión? No lo creemos; pero el error asedia el baluarte de nuestra fe”.

Sin embargo, el escritor, sociólogo y economista español Ramón de la Sagra cuyos trabajos en Cuba son notorios por esa misma fecha, hace alusión sobre el espíritu de especulación de un sector de criollos y peninsulares de la Isla, muy enfocados hacia aspectos de la vida material, basada solo en hechos visibles, guiada únicamente por las sensaciones de la experiencia para llegar a un fragmento de la verdad. Sobre tal cosa el notable intelectual español dirá que “para los tales ¡doloroso es decirlo! la vida del cuerpo, la vida terrenal, transitoria y perecedera, es todo; la vida de las almas, verdadera existencia real y como tal eterna, es nada ”

Por esta y otras razones, el compromiso y la misión de esta publicación era poner de manifiesto la verdad en el contexto de la fe católica circunscrita al espacio de La Habana. Pero La Verdad Católica tenía un propósito que iba a más allá de ser un rotativo dedicado a publicar artículos religiosos. Es la primera revista religiosa cubana del siglo XIX que desde sus páginas abre sus puertas al debate filosófico y teológico que está teniendo lugar en Europa, donde la Iglesia de Roma estaba cerrando filas en el Viejo Continente contra los golpes del racionalismo anticlerical, antimonárquico y ateo venían en todas direcciones posibles del pensamiento moderno. El acento apologético de la revista es notable, y a juicio de los redactores, imprescindible, ya que está en juego la relación del hombre con Dios sobre la base de la corrupción del libre albedrío, ya que una vez que el ser humano toma caminos errados, al igual que Adán, es inducido al error y la mentira, abandona la verdad, y entra en plena confrontación con el Creador.  

De ahí el título de La Verdad Católica. La revista retomó el concepto de la verdad a la luz de que la fe católica no podía ser objeto de negociación, trueque, o prebenda alguna, tampoco falible. La verdad en el seno de la Santa Madre Iglesia es regla de fe, pedagogía para las buenas costumbres y baluarte de la filosofía cristiana; esta última desprovista de vagas disertaciones destinadas a alimentar entelequias intelectuales que a la postre conducían al error. La verdad de la fe esta inscrita en la entrega a Jesús el Cristo como cabeza de ese cuerpo único que es la iglesia universal de todos los creyentes, devenida de los apóstoles, con cabeza temporal y espiritual en Roma. 

Para hacer valer estos puntos de vista, los editores idearon una publicación de estructura muy simple, pero efectiva. Concibieron cuatro secciones: religión, literatura, noticias internacionales y crónicas locales. Los contenidos estaban enfocados al universo católico cubano y extranjero. La frecuencia era quincenal, y se imprimió en la Imprenta El Tiempo, que tenía su dirección en la calle Cuba, No. 110.

Otro valor añadido de La Verdad Católica es que esta publicación es un valioso documento para el estudio de las ideas que se movían en los diversos círculos intelectuales, artísticos y literarios de La Habana sobre la base de la espiritualidad y el humanismo cristianos, que forman parte ineludible de la identidad cultural de los cubanos. Como prueba de ello, el lector encontrará en sus páginas trabajos de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ramón de la Sagra, Luisa Pérez de Zambrana, Tristán de Jesús Medina, entre otros. 

La calidad literaria de los textos publicados llamó la atención del diario The New York Tablet que en sus páginas hubo lugar para llamar la atención a los lectores sobre el encomiable trabajo de La Verdad Católica respecto a la literatura religiosa que se estaba haciendo en la Isla.

En su estructura editorial La Verdad Católica estaba en plena consonancia con los mejores estándares de la prensa cubana de la época. La calidad de las publicaciones tono periodístico, principalmente noticias y crónicas, es ostensible, si se toma en cuenta que el desarrollo de la prensa escrita en la Isla para el 1858 no llegaba al siglo de fundada. 

Esto último habla por sí solo del rápido desarrollo que tuvo el periodismo, la imprenta y la tipografía en Cuba, cuya producción arribaba a la cifra documentada por el bibliógrafo cubano Carlos Manuel Trelles y Govín, quien nos dice que tan solo en el siglo XIX en Cuba circulaban un promedio 210 periódicos-las mayoría de ellos impresos y publicados en La Habana.

Respecto a sus contenidos La Verdad Católica emitió artículos religiosos relacionados con disciplinas teológicas tales como cristología, mariología, dogmática, misionología, Antiguo y Nuevo Testamento, ética y moral cristianas y hagiografías. Pero los temas religiosos no se tocaban de forma aislada, y esto los demuestran artículos que ponen en relación con la religión la salud, las ciencias, la política y las artes. En su apartado literario se pueden encontrar poemas, cantos, advocaciones, himnos, traducciones de novelas, reseñas críticas, leyendas, y textos narrativos que se pierden entre el cuento y la crónica. 

Como parte de la retroalimentación propia que debe tener un publicación con otras similares, los redactores mantenían un estrecho vínculo con la Revista Católica editada en Barcelona, la cual llegaba a La Habana cada cuatro meses, y era brevemente reseñada por los redactores de La Verdad Católica. A juzgar por los comentarios de los editores y las cartas publicadas de algunos lectores, la citada revista catalana era una publicación esperada y leída con avidez en la región occidental de la Isla.

Hablando de las cartas de los lectores a la redacción, hay que decir que La Verdad Católica no dejó de contar con elogios de sus suscriptores. La revista tuvo una amplia aceptación en distintos sectores de la Isla, sobre todo en Pinar del Río y Matanzas, además de sus fieles lectores en La Habana. 

Pero también tuvo detractores, así lo hacen ver sus editores en el editorial de 1866, cuando, por razones que no se explicitan, publican un alegato de defensa sobre la supervivencia de La Verdad Católica en un período que pudiera interpretarse como un nocivo impasse editorial en la salida de la publicación, lo cual animó las expectativas de los enemigos de La Verdad… de que esta iba a desaparecer. Si bien es cierto que esto último sucedió un año después, la revista estuvo todo ese tiempo realizando sus entregas a los lectores de forma ininterrumpida, hasta su cierre en abril de 1867.

Dentro de los valores que aún se pueden apreciar de esta publicación decimonónica está el problema de la verdad desde la espiritualidad en el contexto social cubano. Esto continúa hoy siendo un asunto de primer orden, y más aún en los días actuales donde impera la postverdad, término que ya está incluido formalmente como concepto en los medios de información. Otro de los valores de La Verdad Católica para la cultura cubana en general y en particular, las letras es la importancia de publicar y promover la literatura religiosa cubana. 

Podría decirse mucho más, La Verdad Católica constituye en sí mismo un documento digno de ser estudiado a profundidad de forma interdisciplinar. Muchas son los aspectos recreados del pasado, para aprender de sus virtudes y no repetir los defectos que nos brinda en sus páginas, así como múltiples son los legados que nos ayudan a comprender el presente, para su vez proyectarnos de cara al futuro. 

Quienes deseen consultar este documento pueden hacerlo en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, y de forma on-line en la web en la Biblioteca Digital Cubana en la sección de Hemeroteca. Los apasionados y estudiosos de la historia de la iglesia católica en Cuba, así como de otras disciplinas conexas, no saldrán decepcionados al sumergirse en las páginas de la primera revista parroquial religiosa en Cuba, fundada en la Diócesis de La Habana.  



Bibliografía consultada

La verdad católica. Editada por J. Ramirez Ovando and A.Redondo.Habana, Cuba: 1858-1863.


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