Desde adentro

Ilustres en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí: La brillantez intelectual de José Antonio Ramos

Por: Mabiel Hidalgo Martínez

“La biblioteca, como ciencia, descansa en el orden, en el método. Y la biblioteca al servicio del pueblo es una idea moderna y revolucionaria que no puede pensar quien no sienta el ideal democrático de una sociedad sin privilegios” (1).  Las ideas de José Antonio Ramos revelan la profundidad del pensamiento de quien se considera la primera persona que en forma científica se preocupó por la organización y representación de la información en las bibliotecas cubanas. 

José Antonio Ysidoro Ramos y Aguirre (La Habana, 4 de abril de 1885) es uno de los intelectuales cubanos de la primera mitad del siglo XX que no ha sido recordado en la magnitud que merece su obra. Aunque sus mayores aportes corresponden al teatro, también destacó en la literatura, el periodismo, la crítica literaria, y en la bibliotecología de la mayor de las Antillas ganó un espacio, especialmente en la Biblioteca Nacional.

Ramos era “amigo” de la Biblioteca Nacional desde el mismo momento de creación de la Asociación que lideraba Emilio Roig de Leuchsenring, junto a un grupo de intelectuales interesados en cambiar los destinos de la infortunada Biblioteca. Perteneció a la primera generación republicana. Profundo martiano y antimperialista, contribuyó a la consolidación de la cultura nacional hasta su muerte, ocurrida en La Habana, el 27 de agosto de 1946.

Sus dotes de autodidacta lo convirtieron en un profesional admirado por quienes le conocieron, en especial los aunados en la revista Cuba Contemporánea, publicación periódica que contribuyó a su madurez intelectual. Su vasta cultura, dominio de idiomas como el inglés, francés e italiano, y una insaciable sed de conocimientos, le abrieron las puertas a cuanta misión intelectual afrontó en vida. En 1934 se tituló en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. 

“Espíritu combativo e indomable, fustigó los vicios y errores de la política al uso en un obra fuerte, escrita con desenfado, en estilo a veces descuidado” (2).  Describe el intelectual dominicano Max Henríquez Ureña a su contemporáneo y amigo José Antonio Ramos, junto a quien fundó, en abril de 1910, la Sociedad de Fomento del Teatro. 

Retrato de José Antonio Ramos. Fototecta BNCJM.

En 1936 Ramos labora en la Secretaría de Estado, en cuya dependencia organiza y clasifica la biblioteca de dicho organismo. En abril de 1937 da lectura a su trabajo de ingreso en la Sección de Literatura de la Academia Nacional de Artes y Letras con el título “El teatro literario en Norteamérica”, y en noviembre de 1938 lo nombran en comisión para ocupar el cargo de asesor técnico de la Biblioteca Nacional. 

Con anterioridad se había desempeñado como cónsul en ciudades de Europa, México y los Estados Unidos. En este último país ejerció la docencia de Lengua Española en la Universidad de Pennsylvania y completó sus estudios de técnica biblioteconómica, conocimientos que llevaría a la práctica en su nueva responsabilidad en la Nacional.

La designación de Ramos como asesor técnico sucedió poco después del tortuoso traslado de la Biblioteca desde el edificio de la Maestranza de Artillería al Castillo de la Real Fuerza, por órdenes del Jefe de la Policía, José Eleuterio Pedraza. Coincide además con la incorporación de Renée Méndez Capote en la plantilla de trabajadores.  

Una vez en la Biblioteca, y decepcionado ante el lamentable estado de las colecciones, publica artículos en la prensa habanera, principalmente en el diario Noticias de Hoy, que evidencian su descontento con el lamentable estado de la institución. Sus Memorias constituyen otra vía de desahogo ante la responsabilidad que tiene por delante y el reto profesional que lo embarga. 

Luego de tres meses entre catálogos, colecciones de libros y otros documentos, confiesa:

"No sé a dónde me llevará la aventura de la Biblioteca Nacional. Estoy jugando con el fracaso más terrible de mi vida.Porque siento la enorme importancia de la labor que tengo por delante. Es enorme, lo sé. Es abrumadora. Eso que llamamos Biblioteca Nacional, no es nada. Es, sin embargo, la prueba más concluyente de nuestra falsedad de vida, de la tragedia del espíritu y de la cultura, de la inteligencia en nuestra república de imitación" (3).  

Ardua tarea de organización y reestructuración le correspondió al dramaturgo, crítico teatral, ensayista, novelista, bibliotecario y diplomático, pues el estado técnico y organizativo de los fondos de la Biblioteca Nacional no resultaba alentador. La institución era el reflejo de la desidia gubernamental acumulada, y de las deficiencias en la gestión de su directiva, camino de lucha en el que Ramos entregó sus mejores energías, en el afán de buscarle solución, de manera prioritaria, a las cuestiones técnicas.

En ese sentido suprime el método de clasificación “racional” dispuesto por Francisco de Paula Coronado, y lo sustituye por el Decimal Universal, con modificaciones personales. De tal magnitud resultaron las atenciones y esfuerzos intelectuales de Ramos hacia la Biblioteca, que llegó a expresar: “La Biblioteca Nacional, en consecuencia, es hoy mi más desesperado esfuerzo. […] Y trabajo afanosamente de sol a sol” (4).  

Su labor estuvo marcada por grandes tropiezos y decepciones. Fueron conocidas sus discrepancias con la dirección de la Junta de Patronos, pues consideraba que existía lentitud en el trabajo de gestión de dicho organismo, y descuido en aspectos técnicos de la Biblioteca. Por tales razones, a finales de 1945, Ramos abandona la Sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional, y en marzo de 1946 renuncia al cargo de asesor técnico. 

La fuerte afiliación al Partido Socialista Popular del dramaturgo devenido bibliotecario le provocó intensas polémicas en el campo intelectual habanero de los años cuarenta. Con posterioridad a su renuncia, el 3 de abril de 1946, el periodista Raimundo Menocal publica un artículo en El Siglo, con el título “Quieren controlar los comunistas nuestra Biblioteca Nacional”, al que Ramos responde días después, mediante una carta abierta, en el diario Noticias de Hoy. Con ironía expresa:

"Sinceramente le agradezco su buena intención individualística al declararme útil en la dirección técnica de la “Biblioteca de los Amigos”, que yo luché en vano por ocho años para convertir en Nacional".  

Vivía entonces sus últimos días. Su salud se deterioraba y casi estaba en el umbral de la muerte. La escritora Renée Méndez Capote, compañera de faenas, recuerda con especial admiración los años de trabajo junto a Ramos: 

"[…] Colaboré con el tipo más notable, más inteligente, más original, más limpio de mente y más entusiasta del trabajo, que he conocido en mi ya tan larga vida”. […] Qué gran hombre era Ramos, qué firmeza en sus convicciones, qué fe inquebrantable en un porvenir que todavía sabía lejano! […] La última vez que lo vi fue un día muy triste, en que vino a la Biblioteca con Josefina (6).  Estaba enfermo y su visita fue una despedida; estoy segura de que él sabía que iba a morir. Yo seguí corto tiempo en la Biblioteca, vacía, sin Ramos" (7).   

Los mayores aportes de José Antonio Ramos al campo bibliotecológico cubano estuvieron en la clasificación y la catalogación de las colecciones. Su obra en tres tomos Cartillas del aprendiz de bibliotecario (1941, 1942) -con segunda edición en 1945- constituye una valiosa referencia para el profesional del sector, incluso fue útil más allá de la época en que Ramos la concibió. De igual modo prestó atención a las labores de selección y adquisición, las cuales deben desarrollarse a través de la compra, la donación o el canje. 

Epítome de Biblioteconomía, publicado en 1940, es otro título relevante de su autoría en materia bibliotecológica, en el cual expresa conceptos esenciales para el buen funcionamiento de una biblioteca. También lo fue Manual de Biblioeconomía, clasificación decimal, catalogación metódico-analítica y organización funcional de bibliotecas, que vio la luz en 1943, escrito con la savia que le aportó su trabajo en la principal biblioteca de Cuba, institución en la que, según Rivera y Silva, clasificó más de cien mil libros de todas las materias. 

En el mencionado Manual Ramos introduce el término Biblioeconomía, en lugar de Biblioteconomía, manifestación de su acostumbrada práctica de modificar los vocablos. Constituye por tanto, la primera publicación de su tipo en Cuba y en América Latina. Su uso extensivo a la región se volvió efectivo en el Primer Congreso Internacional de Archiveros, Bibliotecarios y Conservadores de Museos del Caribe, celebrado en La Habana del 14 al 18 de octubre de 1942.   

Aunque José Antonio Ramos no era el director de la Biblioteca Nacional, sus ideas sobre la administración de la institución resultaron de suma importancia por el valor que le concedió a la gestión administrativa. Decía José Antonio Portuondo al respecto: “vivió prácticamente en la Biblioteca, consagrado a ello por entero” (8).  

El prestigio intelectual de José Antonio Ramos alcanzó resonancia continental. Publicó alrededor de 269 títulos, según declara Fermín Peraza en la bibliografía que le realizara al autor de Tembladera, obra dramática con la que mereció en 1917 el premio de la Academia Nacional de Artes y Letras al mejor libro de autor cubano. Destacan otras creaciones como Coaybay, novela de 1926 con la que obtuvo el Premio Minerva. También de este género son Las impurezas de la realidad (1929) y Caniquí (1936). 

Desde su cargo en la Biblioteca Nacional Ramos no abandona sus intereses hacia el teatro cubano, pues su vocación de dramaturgo, iniciada mucho antes de ser bibliotecario, le ocupa buena parte de su producción intelectual, y lega obras que reflejan la realidad social y política de la nación caribeña. 

Entre un número considerable de títulos para el teatro destacan Almas rebeldes (1906), Una bala perdida (1907), La hidra (1908), Satanás (1913), Calibán Rex (1914), El hombre fuerte (1915), Tembladera (1918), En las manos de Dios (1933), El traidor. La leyenda de las estrellas. La recurva (1941), y FU- 3001. Comedia dramática en tres actos (1944).  

La prensa habanera contó con sus abundantes colaboraciones en reseñas de libros, crítica teatral, crónicas, tras los seudónimos de Pancho Moreira y El capitán araña. 

El centenario de Ramos fue recordado en la Biblioteca Nacional José Martí en un contexto que conectaba con los ideales de su pensamiento de izquierda. A partir de 1959 se materializa el sueño que aceleró una parte importante de sus desvelos y sufrimientos: “Sí, sufro, porque siento que no puedo realizar mi empeño de facilitar a la juventud pobre y rebelde de mi tierra las oportunidades de leer y estudiar por su cuenta, a mi manera, en las bibliotecas públicas…”. 

Expo centenario de Ramos BNJM 1985 inaugurada por Zolia Lapique. Fototeca BNCJM.

Nuestro eminente ensayista Cintio Vitier lo evoca desde el magno gesto de un alma generosa, al servicio del prójimo: “Creo recordar una visita, ya no sé si real o soñada, a una sala de lectura con ventanales marinos, y allí relampagueaba, pletórica y sarcástica, la marga cubanía de otro fiero defensor de nuestros libros: José Antonio Ramos” (10).     

La Asociación Cubana de Bibliotecarios (Ascubi) instauró en 2005 el premio José Antonio Ramos en reconocimiento a la labor científica de bibliotecarios, tributo a la vida y obra de un cubano universal y auténtico.

Notas 

1) José Antonio Ramos, citado  por Zoia Rivera y Aimée Silva, en: “José Antonio Ramos, el autor del Manual de Biblioeconomía y uno de los más ilustres intelectuales de la República en Cuba”. Acimed, V. 14, Núm. 6, diciembre de 2006. Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sc. 

2) Max Henríquez Ureña. Panorama histórico de la literatura cubana. Tomo 2. Edición Revolucionaria. La Habana, 1967, p. 320. 

3) José Antonio Ramos. Memorias, 6 de febrero de 1939. En: Nueva Revista Cubana, número 3, julio-diciembre de 1959, p. 156.

4)  Ibídem., 22 de marzo de 1939, p. 157.

5) José Antonio Ramos. “De José A. Ramos al director de El Siglo”. En: Noticias de Hoy, 9 de abril de 1946, p. 8.

6)Josefina de Cepeda, músico, pedagoga y poetisa. En 1938 contrajo matrimonio con José Antonio Ramos.

7) Renée Méndez Capote. “Recuerdos de la vieja biblioteca”. En: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 72, 3ra época, Vol. XXlll, Núm. 2, mayo –agosto de 1981, pp. 97-98.

8) José Antonio Portuondo. “El contenido político y social de las obras de José Antonio Ramos”. En: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 60, 3ra época, Vol. XV, Núm. 1, enero-abril de 1969, p. 55.

9) José Antonio Ramos, Ob. cit, p. 159.

10) Cintio Vitier (1994), citado por Zoia Rivera. Bibliotecología Cubana: examen histórico de su desarrollo en el período de la República (1902-1958). Tesis de doctorado, Universidad de La Habana, Facultad de Comunicación, 2008, p. 82. 

Bibliografía consultada





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