Nombrar las cosas

Martí en la iconografía de la cerámica contemporánea

Por: Miguel Alejandro Jerez Oliva

Son entonces los artistas quienes se encargan de restituir el humanismo cotidiano del maestro,

con una voluntad desacralizadora que ha parecido irreverencia, iconoclasia o cinismo, según sean los tiempos,

pero que en el fondo no revela sino la apropiación desinteresada de quienes acercan la virtud sin adorar altares,

imantan la luz sin venerar deidades.                                                                             

Rufo Caballero


El Centro de Estudios Martianos (CEM) es una entidad cultural cubana que cuenta con un patrimonio de diversos soportes artísticos en el mundo de las artes visuales que giran en torno al Apóstol. La iconografía martiana es uno de los temas más transitados en el mundo de la representación del arte cubano y latinoamericano. La institución posee una colección que forma parte del embellecimiento estético y funcional de las paredes de esta casa colonial llena de historia. Artistas de todos tiempos,  de una forma u otra, conectan de manera perpendicular con la figura de Martí o sus obras, en la cual, con sus respectivas poéticas, formatos y manifestación, recrean lo que representa adentrarse en el mundo de José Martí. 

Durante la celebración del aniversario 28 de la creación del Centro el 19 julio de 2005 se presentó una exposición titulada “Con los pobres de la tierra”. Formó parte del proyecto llamado “Martí en Julio como en Enero”, iniciativa dirigida por Teresita Segarra junto al artista Raciel Feria. La imagen conceptual de la colección se distribuye de disímiles formas para deconstruir la iconografía de Martí en el contexto contemporáneo cubano en las artes visuales. La producción de una gama de 38 piezas cerámicas permite un análisis interesante del fenómeno en cuestión.

Es de interés señalar que la convocatoria tuvo una temática definida, pero con una ejecución desde la cerámica junto a la plástica. La creatividad es un reto para todo creador, y aún más tratándose de una de las personalidades históricas más retratadas en la historia de Cuba. La subjetividad artística en esta muestra juega un papel determinante para dar juicio de valores con respecto a las inquietudes del arte en el contexto contemporáneo cubano referente a la política cultural.

Para comprender todo este fenómeno se agrupó desde diferentes categorías la producción de las piezas, con el fin de buscar una curaduría iconográfica de la colección de cerámica. En primera instancia, las obras que se complementan imagen-título, en las cuales se utilizan frases de la producción literaria martiana tales como: “Yo soy un hombre sincero”,  “Todo es música y razón”,  “Que busca en mi monte amparo”,  que engloban un universo de mímesis entre la plástica y la literatura.

En segundo lugar, las que guardan relación con el soporte de la creación cerámica. En este caso, obras que marcan un elemento diferenciador en la colección como: "Mi verso es de un verde claro y de un carmín encendido" , 2Te quiero porque te quiero",  "Todo es movimiento" y "Miradas".  Estas poseen una particularidad, en la cual se puede identificar una intertextualidad con las clásicas obras de Raúl Martínez de los años 60 del pasado siglo, con una mayor riqueza cromática y la imagen repetida de Martí, como si al multiplicarla obtuviera un necesario efecto de dinamizar en la composición. Desde una mirada conceptual, afirma la contemporaneidad del pensamiento martiano y su proyección iluminadora dentro de la sociedad. 

Por último, hay obras que transitan los discursos de la pintura por varios arquetipos sociales que forman parte del ente cubano, aunque prevalecen varios de los elementos visuales que distinguen su personalidad desde el punto de vista físico e intelectual. Vengo del sol y al solo voy,  Soy del monte,  El vigía  y Ángel de la guarda  son obras vinculadas al entramado religioso afrocubano. Esta última pieza, anclada a la connotación que posee la figura martiana en la Mayor de las Antillas, se relaciona analógicamente con la fe en la Regla de Ocha. Resulta posible visualizar similitudes en la construcción iconográfica de la que se conoce como la Patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad (Ochún), con respecto a la presentación de los personajes en cuestión, ambos levitando, marcados por una aureola, declaran su valor de deidad. Lógicamente, cada una representa su espacio en la sociedad cubana. Ochún, desde una perspectiva religiosa que salva a sus fieles en el bote mientras la figura de Martí salvaguarda una pequeña representación arquitectónica en el cual declara un trasfondo de sus ideas independentistas hacia la Isla. 

De esta manera, la pieza de pigmentos sobre cubierta Paisaje del Maestro  funciona como una paronímica testimonial de las categorías expuestas a partir de la muestra de la exposición “Con los pobres de la tierra”, del Centro de Estudios Martianos. Presentada como un collage, resume los 42 años del Apóstol José Martí. Un universo con imágenes de sus disímiles escritos: las ilustraciones de La Edad de Oro, su casa familiar en la Calle Paula y toda esa arquitectónica colonia de la Habana Vieja.  

Son entonces los creadores quienes se encargan de expresar a través del arte, la necesidad de mantener latente el legado de Martí. Es preciso para ello que el artista no se ciña a la mera repetición de la producción artística precedente con el fin representar la iconografía martiana desde una mirada contemporánea, desde una perspectiva novedosa. 



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