Imaginarios

Revistas pinareñas: un siglo en las letras cubanas

Por: Jorge Luis Montesino Grandías

El Viaje

Desde hace algún tiempo me ronda la idea de escribir sobre las publicaciones seriadas pinareñas. Pensamientos que fui alimentando mediante mis sucesivas lecturas relativas a la historiografía vueltabajera y durante el duermevela que determinados asuntos humanos me provoca como es el caso de cierta reanimación editorial en la década final del siglo XX, sobre todo de revistas en la provincia de Pinar del Río.

   Inicialmente tuve un plan o esquema bastante general de posibles líneas, conceptos y preocupaciones a tratar. Pero el texto fue ganando cuerpo cada vez, creciendo ambos en un diálogo espeso, nutricio porque la temática escogida lo prescribía; en la medida en que avanzaba en la escritura lo reafirmaba. Entonces todo fue como la temática y el texto mismo desearon: viajar a través de la escritura y experimentar como el “hombre de carne se hacía hombre de papel”.

Quiebra de la imperfección

   La temática de las publicaciones periódicas y específicamente la edición de revistas durante la última década del siglo XX en Pinar del Río, fue uno entre varios asuntos recurrentes en los circuitos propagandísticos e intelectuales de esta provincia y el resto del país. Acontecimiento que aún no rebasa aquellos necesarios y activadores encuentros cotidianos, en que unos comentaban asombrados sobre la reactivación de revistas a la cual asistimos durante el llamado Periodo Especial; y otros, los menos, se comprometían a localizar asideros axiomáticos y escriturarios que abordaran tanto el proceso de surgimiento y desarrollo históricos (mi caso), como las peculiaridades socioculturales propias del atípico ambiente editorial (de revistas) en el vueltabajo finisecular. Esto último renovando la vida editorial y determinados aspectos de nuestra existencia, mediante la exposición de un conjunto de preocupaciones artísticas, intelectuales, civiles, literarias, religiosas, filosóficas, políticas, sociales, etc.

   En este sentido la escasez de estudios o investigaciones sobresalía al igual que en otras manifestación de la praxis sociocultural. Hasta entonces predominaba el montaje o catalogación historiográfica de la prensa periódica, siendo insuficiente la referencia bibliográfica de folletos, libros y otros impresos. Han transcurrido 169 años desde la aparición del que se ha considerado el primer impreso en Pinar del Río, y solo tres fuentes bibliográficas ‒dos libros sobre la historia pinareña y un folleto de corte cronológico, además de esporádicos artículos periodísticos‒ refieren datos breves sobre nuestro tema. Uno de aquellos intentos dedicó algunas páginas a enumerar una larga lista de periódicos y revistas teniendo la década del 20 en el límite. El otro ejemplo es un catálogo promovido por el empresario Isidro Pruneda: Los periódicos de Pinar del Río: Estudio biográfico 1852-1953, quien dirigía el periódico Heraldo Pinareño (1925–195?). El mismo tuvo como motivo el aniversario cien de la introducción de la imprenta en vueltabajo; lo demás son listas que ordenan cronológicamente.

Viaje a través del fruto

   1790 se considera uno de los años fundacionales de la prensa periódica cubana. Le correspondió privilegio al Papel Periódico de La Habana. Desde la década del ‘30 surgieron unas 10 revistas de carácter científico, literario, de bellas artes, modas. En los años siguientes suman alrededor de quince, entre ellas: El Prisma, 1846; y El Artista, de 1848, órgano Oficial del Liceo Artístico y Literario de La Habana.

   Las primeras publicaciones en provincia surgen a partir de 1792. Santiago de Cuba es pionera debido a D. Matías Alquesa. Después Camagüey en 1812, por medio D. Mariano Seguí: El Espejo, título del impreso inicial, aunque ya desde 1810 circulaba un periódico manuscrito redactado por D. Antonio Herrera. Tuvo Matanzas su imprenta en 1813, labor de Francisco Camero. El Diario de Matanzas inaugura ese año la prensa periódica local según Mario Sánchez Roiz en La Imprenta en América. Le continuó Las Villas en I83I.

   En las provincias mencionadas también sobresalen revistas como: La Guirnalda (Matanzas, 1842); Ensayos Literarios, 1846, y el Semanario Cubano, 1855, ambas en Santiago de Cuba. De 1860 data El Liceo de Matanzas, y Rigoletto, de 1864, las dos en la ciudad de los puentes. El Liceo en Villa Clara hacía 1867; de una extensa lista que abarca todo el siglo XIX.

   El origen de la imprenta y sus seriados en Vueltabajo se ubica hacía 1852, con El Veguero. Este fue un periódico que atendía cuestiones económicas, políticas, sociales, educacionales y lo concerniente a la producción tabacalera de la joven Jurisdicción nacida por Real Decreto de 23 de Julio de 1774 bajo el Gobierno de Felipe Fondesviela, Marqués de la Torre y Capitán General de la Isla. Como dato de interés sobresale la petición que Pedro Gallardo realizara en 1843 al Gobierno Español para abrir un establecimiento tipográfico, pero el desinterés de los gobernantes anuló el intento.

  La introducción de la imprenta en 1852 a la par de evidenciar el proceso de desarrollo tecnológico y social mostró el paso hacía una concepción y producción escriturarios contrapuestos en el sentido simbólico y de su función social, a la grafía viajera y manuscrita que caracteriza a los siglos XVI, XVII y XVIII pinareños. Las revistas vueltabajeras son por una parte el fruto o resultado del proceso de especialización de la escritura en la pasada centuria, explicable en los órdenes tipográficos, sociológicos, semióticos, económicos, institucionales, etc. Una escritura hacía el interior del entramado sociocultural e individual ya que se concretan los primeros esfuerzos por captar e historiografiar el surgimiento y desarrollo históricos de la provincia por estudiosos o escritores que desde aquí y para aquí, elaboraron sus enfoques; o el cultivo de la literatura con sus géneros, al evocar mundos personales o de corte social; además de las Actas Capitulares Municipales y Provinciales o escribanías de Gobierno donde los escribanos plasmaban los sucesos de la vida cotidiana, económica, política, jurídica, social, administrativa, etc.

   Por una parte, una escritura viajera, manual, que a lo largo de los tres primeros siglos de dominio Español se trasladaba continuamente hacía los centros de poder Insular o Metropolitano, moviéndose desde y hacía el Cabildo Habanero (Centro Jurídico más cercano a Vueltabajo), hasta el cabo de San Antonio alejado por caminos apenas trazados, cuando algún conquistador, obispo o hacendado elaboraba informe describiendo cualidades topográficas, étnicas o culturales. Más descriptiva que comprometida a exponer y fundar conscientemente valores o una escritura que los refiera, además de ser una práctica escrituraria que aseguró un poder en manos de conquistadores, hacendados, representantes de la Iglesia Católica, Vegueros o custodios del gobierno Insular o la Corona. Ambas funciones, la descriptiva y la detentadora de poder, se verifican a través de la larga lista de hacendados, ganaderos y aristócratas que solicitaban al Cabildo Habanero tierras a mercedar, previo informe que detallara las características topográficas, distancia en leguas de la Villa de San Cristóbal de La Habana, etc. Las crónicas del Obispo Agustín Morell de Santa Cruz surgidas de su peregrinar eclesiástico por Vueltabajo para traer la palabra divina a “esas almas pérdidas en las serranías”; por otra parte, la génesis, amplificación y predominio de una escritura seriada, hacía dentro del incipiente cuerpo jurídico, social y lo personal metafórico, que a partir del siglo XIX son referidos cada vez más.

   Los nuevos intereses sociales y culturales movilizaron una serie de acciones socializadoras de una escritura renuente solo a verificar títulos nobiliarios o de propiedad, para irradiar entonces nuevos contenidos. Es el caso de la literatura científica, la artística y la humanística. También el protagonismo progresivo de nuevas prácticas sociales escriturarias de carácter jurídico-administrativo, sustituyendo y conviviendo junto al antiguo escribano, ejemplo son el notario y el secretario. El  primero, abogado de oficio, especializado en asuntos jurídicos de propiedad, litigios, control de bienes, etc.; el segundo, simple escribiente y organizador de documentos que respaldaban y regían  las actividades administrativas y legislativas de la jurisdicción. El escribano fue al tiempo muriendo, desapareciendo en la urdimbre praxiológica y tipográfica que los nuevos tiempos necesitaban. Sustitución de una escritura en manos de unos cuantos por la topográficamente seriada, inmediata, de mano en mano a través de las publicaciones periódicas. Se generalizó, por lo tanto, la posibilidad de usar la escritura con fines diversos.

   Alrededor de ochenta son las revistas publicadas en Pinar del Río desde finales del siglo XIX hasta la conclusión del XX. La certeza de esta cifra y la inclusión de otras publicadas están sujetas al desarrollo de investigaciones que puedan corroborar las que ya son conocidas, y las que por dejadez historiográfica, desconocimiento u otras razones se han disuelto en el tiempo. Incluso advertí que las referencias al tema en ocasiones solo recogen el título de los impresos, sin aclarar si era revista, folleto o periódico.

   La dificultad mayor radica en la insuficiencia bibliográfica existente, comenzando por el primer intento de recopilación de datos publicados en 1921 en el libro Pinar del Río (Cultura Cubana), escrito por el historiador italiano Adolfo Dollero. Además el oportuno homenaje que Isidro Pruneda hiciera en 1952 en forma de folleto; y la investigación realizada por Dianelys Breijo, especialista de la Biblioteca Provincial, que actualiza con intenciones cronológicas el arsenal de publicaciones periódicas. Todos adolecen de una metodología de caracterización y análisis que pueda ofrecer más exactitud y objetividad.  

   Los últimos cuarenta y ocho años del siglo XIX conocieron de la proliferación de publicaciones periódicas, que sucesivamente surgieron en las diferentes localidades o Ayuntamientos Vueltabajeros. Artemisa y Guanajay, San Cristóbal, Consolación del Sur, la ciudad pinareña, San Juan, San Luis y Guane, etc. Folletos, periódicos y algunas revistas circularon llevando y trayendo noticias del ámbito económico, político, literario, educacional, científico, social, etc.

  La revista La Aurora nació en 1892, dirigida por el Doctor Francisco Solano Ramos y con fines educativos. En 1894 se publicó la Revista Agrícola de Vueltabajo, tutelada por Victoriano Canseco.

   Si existen temáticas privilegiadas en las revistas pinareñas, son las literarias y políticas.  Incluso la mayoría de las publicadas son de corte literario, o lo privilegian en los impresos de intereses generales y las ciencias. Referidas a la literatura rozan los treinta títulos a lo largo del s. XX. La poesía, el cuento, la décima, crónicas y artículos literarios, de gramática y lingüística, así también, comentarios sobre libros, o poetas locales, nacionales y extranjeros.

   Impresas durante los primeros cincuenta años menciono: Iris, 1904; Fulgores, 1915, ésta dirigida por el preclaro ensayista, poeta y catedrático Juan José Geada, y Pinar del Río, 1918, que dirigió el intelectual, catedrático y periodista Leandro González Alcorta. En Consolación del Sur, El Pitirre, 1920; Destellos, quincenal publicado en Guanajay, 1930. La Elegante en 1929, una revista mensual ilustrada, dirigida por Raúl Mitjans en San Cristóbal. En Artemisa se publicó Alba a partir de 1937, con una extensión de 30 páginas, dirigida por Pablo Lorenzo de Céspedes. En Guanajay el mensuario Cultura, 1909. Otras tuvieron como perfil asuntos agrícolas, tabacaleros, católicos, educacionales, de comercio, de medicina, raciales, deportivos y político-revolucionarios. Muchas de ellas respondían a intereses individuales o de grupos políticos, estudiantes, escritores, comerciantes y pedagogos.

   Particularmente llaman la atención Batuala, que dirigió Aurelio Mitjans, logró escasos números editados en 1933, y El Atalaya, 1926,  órgano de la Sección Juvenil de Atenas de Occidente, nombre de una de las instituciones que en Pinar del Río defendía intereses de los negros y mulatos o “raza de color”, como eran conocidos.  Ambas en un contexto nacional e internacional de desarrollo de movimientos a favor del negro, o la oportuna  ideología de la negritud que contó con líderes como Malcon X y Marcus Galvey.

   He querido reservar espacio aparte para una de las revistas que considero imprescindibles. Pinar del Río (Órgano del Comité “Todo por Pinar del Río”), de 34 páginas, publicada a partir de mayo de 1947. En la provincia ha sido la más voluminosa con 44 números. Antes de dicha revista circulaba una especie intermedia entre el Boletín y la revista. Era de pequeño formato, las noticias aparecían unas detrás de otras, página tras página, en un collage de noticias. De primera ojeada la revista Pinar del Río se nos revela como pocas. Con una concepción dinámica de la cubierta que alternaba en cada número la fotografía, composiciones a base de símbolos locales. En sus páginas no faltaron las firmas de reconocidos pintores pinareños y nacionales, y escritores, intelectuales o poetas reconocidos. Salvador Bueno, Everto Padilla, Enrrique José Varona, Fausto Ramos,  Raúl Eguren, Abel Prieto Morales, Jorge Mañach, etc. Uno de los mayores aportes de esta revista al desarrollo civil y la cultura pinareños y también nacionales, está en haber concedido espacios sistemáticos a la crítica sobre las artes plásticas, la literatura, la cultura y el pensamiento filosófico. De mayor valía cuando campos como esos apenas eran cultivados en aquella región del occidente cubano. Fausto Ramos ‒escultor graduado en “San Alejandro” y primer director de la Escuela Provincial de Artes Plásticas y Aplicadas, 1946‒  fue el iniciador de una producción crítica sobre temas museológicos y museográficos, históricos y sobre las artes plásticas locales y del país. 

   En los años siguientes, surgieron Revista de Medicina Pinareña, 1950, Minerva, 1951, esta última de circulación mensual respondía a los intereses de los alumnos de la Escuela Normal para maestros y maestras. Igual Mercurio, órgano de los estudiantes de la Escuela Profesional de Comercio.

   1951 dio paso a los únicos cuatro números de Borrasca, que, aunque siempre se le refiere como una revista de  “orientación revolucionaria”, tocó temas relacionados con la literatura, el pensamiento filosófico, la cultura, etc. Estuvo dirigida por el pintor autodidacta Arturo Regueiro, e ilustrada por el poeta y pintor Fayad Jamís.         

   El Palaceño, revista al servicio del pueblo de Los Palacios, vio la luz en 1954, y Sol, de intereses generales, en agosto de 1958 en la ciudad pinareña.

   Si de modo general el surgimiento y desarrollo de la prensa periódica pinareña no han sido investigados, también se imponen estudios sobre los impresos posteriores a 1959. Se pueden mencionar apenas unas cuartillas referidas a engarzar algunos datos sobre El Socialista, primer periódico vueltabajero posrevolucionario (enero, 1962), y el Guerrillero (6 de julio de 1969) que hoy es el titular del Partido Comunista. 

   Durante las últimas cuatro décadas del siglo se publicaron muy pocas revistas, la mayoría de corta vida, pero sin embargo de una u otra forma significan intentos muy valiosos. Como Guamá, revista dedicada a promover la creación plástica y la literatura a través de la ensayística y la crítica. En sólo tres números desde 1963 confluyeron en sus páginas artículos, cuentos, poesías, caricaturas, reproducciones de obras plásticas, etc. Con un diseño de portada e interiores que conjugaba planos de color, textos e ilustraciones de forma armónica. Igualmente promovió concursos, encuentros, acciones paralelas para el diálogo y promoción de asuntos artísticos, culturales, filosóficos, y el consabido debate en torno al papel del intelectual y el artista en el seno de la revolución.

   También por ese tiempo circuló un impreso en forma de periódico que usó el mismo nombre de la revista anterior. Muy pocos números tuvo, pero con cierta similitud de criterios editoriales respecto a su contemporáneo.

   Durante la década de los 70 coexistieron algunos boletines dedicados a tratar problemáticas de la zafra azucarera, de los CDR, o de corte histórico como Guaniguanico, con cuatro ediciones, y El Siboney, de la Comisión de Historia del Partido Comunista Regional de San Cristóbal.

   Los últimos 18 años evidencian, de modo general, cierto auge respecto a los años 60 y 70.

   Ya para 1981 comienzan Nuestra Historia, en forma de suplemento del periódico Guerrillero, y Punto de Partida (Sectorial Municipal de Cultura, Pinar del Río), con frecuencia semestral y dirigido por Aldo Martínez Malo.

   Tres años más tarde Cantera refiere la labor de escritores y talleres literarios. Por su parte Vueltabajo fue el boletín del Museo Provincial de Historia, el cual dedicó espacio a promover las actividades e investigaciones de la institución.

   Desde 1986 hasta inicio de los 90 circularon un gran número de boletines y cuatro revistas. Todos a disposición de instituciones diferentes.

   En enero de ese año la facultad de Ciencias Médicas creó la Revista Médica, portavoz del Consejo Provincial de Sociedades Científicas de Pinar del Río.

   Inicios es el título del impreso de 46 páginas en forma de revista activado por la Universidad Superior Pedagógica de la provincia, con el interés de “divulgar y trasmitir aspectos de interés cultural y políticos relacionados con el quehacer artístico de nuestro Instituto y de la cultura en general”, según el editorial del primer número del trimestre octubre-diciembre. Con secciones sobre Arte, Literatura, Creación, Panorama Cultural y Páginas Históricas.

   En 1987 el Sectorial Provincial de Cultura publicó Imago, impreso del Taller Literario local. Quizás sea este uno de los intentos más interesantes de cuantos se han realizado, al confluir en sus páginas artículos, ensayos, cuentos, poesías y noticias culturales con ilustraciones y reproducciones de obras de importantes creadores nacionales y extranjeros, como: Pedro Pablo Oliva, René Magritte, Paul Klee, el calígrafo japonés Inoue Yuichi, o una A del tipógrafo e impresor francés Garamond y mapas cartográficos renacentistas donde nuestra isla aparece maltrecha por la línea tan esquemática y las lógicas imprecisiones geográficas. Fue una revista experimental en forma y contenido, como un esquema Dadaísta. Vale decir que el creador pinareño Eduardo Ponjuan fue su diseñador.

   Ese mismo año el periódico Guerrillero publicó un suplemento llamado Pasos, para promover la creación artística. Después de varios años reapareció en 1995 hasta 1998.

   Varios museos de municipios editaron boletines sobre las actividades y proyectos que realizaban, como: San Cristóbal, Candelaria, San Juan y Martínez. Así sobresalió Geiser editado en Sandino.

   El Centro  Universitario Hnos. Saiz  hizo circular su revista Estudio, del Departamento de Extensión Universitaria, para tratar asuntos de la institución, culturales y artísticos.

   Después de los tres primeros años de la década final en que se redujeron los impresos, se verificó una reactivación editorial reconocida en toda la isla. Libros, folletos, suplementos, boletines, revistas y catálogos renovaron el ambiente editorial y promocional, como también su incidencia en las concepciones culturales, artísticas y religiosas.

   Cinco fueron las revistas editadas: Vitral (Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Iglesia Católica), surgida en mayo-junio de 1994; Ilusión, fanzine dedicado a la información sobre el Rock nacional y extranjero, es la publicación de este tipo que más números ha dado a luz en el país desde diciembre de 1994; Cauce, Filial Provincial de la UNEAC, 1995; deLiras, revista literaria, octubre-diciembre de 1997, y Chinchila, suplemento infantil, 1998.

   No por ser la primera surgida en aquella década sino por una serie de otros valores es Vitral la revista que para muchos ostentó un lugar privilegiado en la historia de las revistas pinareñas junto a Pinar del Río, la revista del Comité Todo de igual nombre. Su consejo editorial la proclamaba de corte sociocultural, con varias secciones que tocan asuntos económicos, ecológicos, históricos, literarios, religiosos, políticos, espirituales, artísticos, en un amplio retablo de enfoques o criterios según sus intereses. Sobresalió por la dedicación que entonces prestó a promover la creación plástica y crítica de los artistas y especialistas de la provincia y otros lugares, a través de la sección Galería. Tratando el tema en su vertiente contemporánea e histórica lo que la dimensiona aún más, pues se convirtió en la primera publicación de este tipo en historiografiar la creación plástica pinareña y contribuir a su socialización mediante la crítica. Del mismo modo durante un tiempo sirvió para mantener viva la innegable necesidad individual y social de creación, valoración y publicación. Además de editar monografías sobre la vida y la obra de importantes artistas vueltabajeros o nacionales, algo que no existía y hoy resulta de consulta obligada a nivel nacional.

   La revista Cauce en el editorial de su primer número se proponía aglutinar el pensamiento pinareño disperso, para activar zonas de preocupación y producción teóricas que podían disolverse debido a la insuficiencia editorial. De corte institucional y cultural e intelectual o de pensamiento conjugó en sus páginas textos de orientación reflexiva a través de ensayos, crítica, además de poesía, narrativa, etc. Incluidos los espacios dedicados a la creación plástica.

   de liras fue un proyecto con autonomía oficial, relacionada con el Centro de Formación Cívica y Religiosa del Obispado en Pinar del Río, presentó su primer número a finales de 1997. Conformada por un grupo de escritores pinareños que básicamente cultivan la poesía y la narrativa. La misma se integra a la amplia tradición de revistas literarias en la provincia, manifestación privilegiada desde finales del siglo XIX. En sus páginas convergieron artículos, comentarios, reseñas sobre libros o escritores nacionales, internacionales y locales. Además se publicó el primer número de una revista llamada Chinchila, dirigida a promover la literatura para niños.

      Cerrando el siglo se encontraba en proceso de impresión el cuaderno de arte y teoría de la cultura La Gaveta, para promover la teoría, la crítica literaria y artística en general, así como Meñique, un cuadernillo para la instrucción y el recreo, de corte infantil. 

   Aun cuando quedan títulos por enumerar y localizar se ha pretendido mostrar siquiera una parte sustanciosa dentro de una tradición editorial que abarca el resto del país. Son varios ya los estudios en esta dirección en diversas localidades y regiones, contribuyendo a la conformación de un mapa cubano de las publicaciones seriadas y especialmente de las revistas. En sus páginas laten la inconformidad, la ilusión, la polémica, la desidia y la esperanza de Cuba.