Nombrar las cosas

Correspondencia inédita de Juan C. Gundlach: apuntes biográficos y contribución a la historia natural de Cuba

Por: Johanset Orihuela León

Johannes Christoph Gundlach, conocido en castellano como Juan Cristóbal Gundlach, fue un naturalista alemán que residió en Cuba y por más de medio siglo se dedicó al estudio de su fauna. Sus obras sobre mastozoología y ornitología cubana fueron pioneras e influyentes; aún de consulta obligatoria. Gundlach realizó extensas exploraciones y meticulosas colectas, a través de gran parte del archipiélago cubano y otras partes de las Antillas Mayores, como Puerto Rico, que le permitieron montar colecciones representativas de la fauna insular. Con el material colectado estableció uno de los primeros museos de ciencias naturales de Cuba (González, 1990). Sus ejemplares nutrieron los gabinetes de historia natural, de museos e instituciones europeas y norteamericanas, así como los de varios amigos naturalistas y colegios de educación avanzada (Zenea, 1861; Vilaró, 1897 a, b; Ramsden, 1915; Carbonell, 1928; González, 1990; Martínez, 2010). Sus detalladas observaciones y minuciosas descripciones le permitieron identificar nuevas especies para la ciencia; algunas que hoy constituyen joyas reconocidas de la naturaleza cubana como el guacamayo, zunzuncito, carpintero real y almiquí.
La reciente relocalización de sus restos mortales en el Cementerio Colón de La Habana y la detallada investigación antropológica que realiza un grupo de investigadores, bajo la dirección del historiador de la ciudad de Matanzas, ha despertado en la población cierta curiosidad por los logros y la vida del eminente naturalista. La intención de esta breve nota es dar a conocer seis cartas inéditas que se archivan en la colección de José Augusto Escoto, Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard (EE. UU). (1)  Cinco de ellas fueron dirigidas a Antonio Guiteras Font del colegio “La Empresa” en Matanzas, y una última a Francisco Ximeno (Jimeno), erudito coleccionista de la misma ciudad. Esta nueva documentación permite acceder a detalles de su vida personal y labor científica entre los años de 1865 y 1868, que, a la vez contextualizadas, resaltan iluminantes aspectos para el conocimiento biográfico de Juan Gundlach, su conexión con la ciudad de Matanzas, y su invaluable aporte a la ciencia en Cuba.

Desarrollo y contexto

Según expresó el Papel Periódico de La Habana en su publicación del 7 de junio de 1792: “El estudio de la naturaleza, tan preciso para saber aprovecharnos de sus dones, es desconocido en este país. Nadie se aplica al cultivo de las ciencias naturales…” (Martínez, 2010: 18). Sin embargo, una obra ilustrada de Antonio Parra dedicada a las ciencias naturales en Cuba, con especial atención a los peces y algunos fósiles, fue publicada en La Habana en 1787.(2)  A este despertar de interés se suman las exploraciones de la Comisión de Guantánamo, dirigidas por el Conde de Mopox y Jaruco entre 1797 y 1802, las cuales se realizaron con una atención inherente por la historia natural como parte de los objetivos científicos. Conjuntamente a esta siguió la extendida visita del Barón Alejandro de Humboldt en 1800; todas ellas develaron un mundo natural en Cuba prácticamente desconocido (Barreiro, 1933; Barras, 1952; Higueras y Guío, 1991; Aruca et al., 2003; Orihuela y Cotarelo, 2020). El interés científico se puso en manifiesto, y la curiosidad atrajo a Cuba a más de un naturalista, como a Juan Gundlach.
Gundlach zarpó de Hamburgo, Alemania, a principios de noviembre de 1838 y arribó a La Habana el 4 de enero de 1839.(3)  Por su vínculo e interés por las ciencias naturales, en especial la zoología en la que se había doctorado en 1837 y su excelente capacidad para la taxidermia, su colega holandés Julius Hille le había ofrecido acomodaciones en Surinam, donde este estaría estacionado como doctor militar. Allí Gundlach podía colectar especímenes para remitir luego a la Universidad de Kassel y la Sociedad de Ciencias Naturales de la misma ciudad, comunidades de las que era miembro (Vilaró, 1897 a).
El viaje a Sur América hacía escala en Cuba. Para hacer la travesía se había embarcado de acompañante de los científicos Edouard Otto, botánico hijo del director del Jardín Botánico de Berlín, y el Dr. Louis Pfeiffer (1805–1877).(4)  El cubano Carlos Booth Tinto, quien había estudiado en Europa, les había invitado a que visitaran su estancia en Matanzas antes de partir a Surinam. Los tres arribaron al Cafetal San Antonio “El Fundador de Canímar”(5)  – localizado en la margen noroeste del río Canímar – el 13 de enero de 1839 (Ramsden, 1915). Inmediatamente Gundlach comenzó a familiarizarse con la campiña cubana. Como mismo comentó en su obra Contribución a la Ornitología Cubana “…quería primero hacer colecciones y observar para después publicar con datos seguros…” (Gundlach, 1876: 14-15). A poco tiempo de su llegada recibió la noticia de la muerte de su colega en Surinam y decidió permanecer en Cuba, donde fue adoptado por la familia Booth en el cafetal San Antonio. Allí realizó sus primeras colectas, entre las cuales figuró el murciélago mariposa (Nyctiellus lepidus) (Gundlach, 1877). Sus excursiones por aquel entorno le llevaron a la costa de Punta Maya donde colectó los huesos de un ballenato – mamífero acuático similar a una tonina o delfín (Gundlach, 1877). El erudito naturalista matancero, Francisco Ximeno, colectaría uno similar del género Phocaena en la bahía de Matanzas en 1865 (op. cit.).(6)  
En 1841 la familia Booth se mudó a San Juan, una estancia en las cercanías de Cárdenas y con ellos Gundlach, donde continuó sus exploraciones y colectas. En marzo de 1844 aseguró el primer espécimen del zunzuncito o pájaro mosca (Mellisuga helenae), especie endémica que nombró en honor a la Sra. Helena Faz de Booth.(7)  Para 1846, ya había establecido parte de su colección, la cual exhibía como museo en la granja de los Booth “Refugio de los Desamparados”, conocida como “El Refugio”, también en las afueras de la ciudad de Cárdenas. En 1850, doña Helena falleció de cólera y su viudo se mudó al cafetal “Arcadia” en Limonar, mientras que Gundlach permaneció en “El Refugio” Al siguiente año conoció a Simón Cárdenas con quien estableció una profunda amistad. Para 1855, Gundlach se había reubicado en el ingenio “La Fermina” de la familia Cárdenas en Jovellanos (Bemba), llevándose con él parte de su colección (Vilaró, 1897 a, b; Ramsden, 1915).
Entre 1853 y 1857, con el apoyo de sus corresponsales y la familia Simón, visitó la Isla de Pinos, Pinar del Río, Cabo Cruz, Ciénaga de Zapata y gran parte de la isla oriental que le permitió expandir sus observaciones y colectas de la fauna cubana; tanto para su colección y museo, como para suplir los pedidos de sus corresponsales y colegas. Entre estos años envió cuantiosos especímenes a los Estados Unidos, Alemania y España, por los cuales, según su correspondencia, cobró una comisión. Gundlach había desde entonces pagado su deuda de pasaje con aquellos primeros especímenes que remitió a los museos de su tierra natal (Ramsden, 1915; González, 1990).
Los especímenes de Gundlach eran altamente codiciados por exquisitez de sus montajes y taxidermias, por lo que también fue reconocido (Zenea, 1861). Entre estos figuró recurrentemente Felipe Poey(8)  y su hijo Andrés Poey, quienes en ocasiones publicaban en nombre de Gundlach algunos de sus descubrimientos (Poey, 1855). Los envíos de especímenes a su natal Alemania fueron frecuentes, y muchas publicaciones surgieron de ellos. Quizás por ello, el Museum fur Naturkunde Berlin (MFN) es el repositorio de la mayor cantidad de especímenes colectados y preparados por Gundlach (n = ~197). En cantidad le sigue el Instituto de Ecología y Sistemática (IES) en Cuba con 44 especímenes, y el American Museum de Nueva York con 18. En total, todas las otras colecciones, como las del Smithsonian, suman a un aproximado 191 especímenes, la cual casi alcanza la cantidad del museo de Berlín (véase Frahnert et al., 2015).(9)  
Para esta época, existía en Cuba cierta moda - importada de Europa y Norteamérica, especialmente en las clases sociales más pudientes - de establecer gabinetes de curiosidades y colecciones que incluían minerales, fósiles y animales embalsamados (Martínez, 2010; García, 2017). Justo en este contexto es que se establece la correspondencia inédita que aquí se presenta.

Nuevos datos: 1865-1868

La primera carta que nos concierne fue dirigida a don Antonio Guiteras Font desde la hacienda La Fermina, ingenio localizado en Bemba, actual Jovellanos, el 8 de julio de 1865. Guiteras era pedagogo y director del colegio La Empresa(10)  y se interesaba por especímenes preparados por Gundlach para la colección de historia natural de su centro. La Empresa, desde sus inicios, estableció “el primer gabinete museal” de la ciudad de Matanzas (Martínez, 2010: 80). Esta misiva respondía una de Guiteras del 16 de junio del mismo año, y le comunicaba haber “vuelto de la ciénaga”, refiriéndose a la Ciénaga de Zapata. Gundlach especificaba que
“…mis tareas en la Cienaga eran muy variadas. Yo solo debía cazar y componer o preparar animales de todas clases y ordenes, mamíferos, aves, reptiles, peces (manjuaríes), lepidópteros…etc.” [sic]
Por esta razón, explicó, había tardado en responderle. Dicha carta a Guiteras revela el alcance que tenían sus especímenes fuera y dentro de Cuba. Además, que esta labor, insinúo, no ejercía gratuitamente, sino bajo un riguroso sistema de pedidos:
“En aves solamente tenía yo que preparar para el museo de Berlín, para el de Washington, para el de Lawrence en New York, para Mr. Bryant en Boston y para usted; para la comisión a Madrid, para mi colección, para amigos cubanos…”
Gundlach realizó su primer viaje de varios a la Ciénaga de Zapata en 1849, visitando el Hato de Zarabanda, justo al borde de la ciénaga. Allí, junto a su guía y acompañante local Pedro Morejón, colectó especímenes del guacamayo cubano (Ara tricolor); ave endémica de la isla, la cual para entonces era aún común (Gundlach, 1876). Sin embargo, esta sería una de las últimas veces que capturara la especie, ya que esta vistosa ave se extinguiría antes de finalizar el siglo XIX. En 1850 había visitado el Hato Cabeza de Toro, en la Ensenada de Cochinos, donde capturó otro integrante rarísimo de nuestra avifauna: el carpintero real (Campephilus principalis). En este caso, una famosa hembra con un largo pico deformado que se exhibió en las vitrinas del museo de la antigua Academia de Ciencias, en La Habana. El carpintero real es hoy una especie en peligro crítico de extinción, pero al parecer, era poco común ya en el tiempo de Gundlach, quien apuntó:
“En cada año disminuye el número de individuos de esta linda especie, pues por un lado la destrucción de los bosques grandes y por otro la persecución de cazadores…” (Gundlach, 1876: 124).
En esta ocasión en la ciénaga había colectado todo un sinfín de especímenes pedidos para varias instituciones. Es de suponer que Guiteras le indagara sobre su encargo en la carta del 16 de junio ya que Gundlach le responde “…tenga presente que usted es el último que me ha comprometido. Todos otros corresponsales están en relaciones conmigo desde muchos años…”
 La razón de esta carta, explicó Gundlach, era para antes de remitirle los ejemplares encargados “…saber si usted o sus catedráticos tienen adoptado un cierto modo de colocar los objetos, porque sería buen que yo adopte para ustedes el mismo modo…” refiriéndose al montaje de los especímenes para exposición y la docencia en el colegio. Para los insectos preguntaba por tablillas de montaje y si se requería que estas estuvieran forradas en papel o pintadas de blanco; si las aves debían estar en sostenes artificiales barnizados o ramas naturales. A esto sumó una sugerencia: “…los insectos yo pondría en cajitas y pudiera usted colocarlos en Matanzas a su gusto…” Al final de la carta aparece una inscripción, marginalizada en lápiz, donde suma que “…los peces, reptiles grandes y crustáceos…” le mandaba en “…tablitas forradas con papel blanco y listón azul (…) no tenemos nada en pomos. Arréglelos usted como mejor parezca…”
    Al parecer, no se llegó a un acuerdo sobre el montaje de algunos ejemplares, ya que en otra carta fechada el 15 de julio también desde La Fermina, en respuesta a otra de Guiteras del 13 del mismo mes, se continuaba conversando el asunto. Gundlach pedía que con la futura visita del señor don Ernesto Suffert, que se esperaba para el día 23 de ese mes, le mandase una muestra de las tablillas de montaje que se deseaban utilizar “…conforme ustedes tienen los mismos en la colección. De este modo mandaría yo los objetos arreglados enteramente como lo que usted ya tiene…” El señor Suffert era catedrático de La Empresa y socio facultativo del Liceo de Matanzas para esta fecha, - de la cual Gundlach también era socio. Al parecer Gundlach había ya contribuido con especímenes al colegio.
Esta carta demuestra, como los registros del Liceo y de La Empresa, la amplia correspondencia de Gundlach con científicos, intelectuales y profesores de la isla. Además, resalta que Gundlach cobraba por los encargos y colectas que realizaba, lo cual resulta contrario a la visión que han establecido algunos de sus biógrafos (ej. Zenea, 1861; González, 1990). El mismo especifica en esta carta del 15 de julio de 1865 que:
“…Repito que los catálogos (…) de mis corresponsales en Europa y los Estados Unidos, todos tienen la fecha anterior del convenio con usted. – Pero esto no dañificara a usted porque los objetos que ellos piden no son los que usted necesita. Solamente resulta por costo pedido, que mi tiempo se parte en partes tanto menores cuanto más es el número de corresponsales…”
Esto provee un enfoque sobre las labores de Gundlach en su trabajo de campo; sobre su sistema de preparación de ejemplares y de surtir el “catálogo” de sus “corresponsales”. Esta aparenta ser más que una simple operación de colectar y montar especímenes.

Fotografía de Juan Gundlach en 1890. Tomada por M. Becarías, en Santo Tomas, Santiago de Cuba. Copia de la Ruthven Deane Collection (Coll. Privada).

    La próxima misiva está fechada el 5 de septiembre de 1865, desde La Habana. En esta proveen una visión del estado de salud del naturalista y su dedicación al trabajo que realizaba para la ciencia natural; trabajo con el cual se consideraba “desposado” (Carbonell, 1928). En esta carta explicaba a Antonio Guiteras, continuando el hilo de la conversación anterior, que:
“Por una enfermedad y otras detenciones mandé más tarde, que antes quería, el baúl a Suffert y así recibí, ahora 8 días, las tablitas y los palitos modelos que usted me comunico. Llegaron el martes a mis manos teniendo yo ya fijado un viaje a La Habana para el jueves…”
Continuó Gundlach, que había hecho el encargo al carpintero para que trabajara las maderas para los montajes y que así con todo, había empaquetado
“…los pájaros, reptiles, etc. que tengo para usted para acabar el arreglo en La Habana. Tanto tablitas como objetos recibiré en estos días y entonces remitiré dese aquí los objetos, bien arreglados, a Matanzas…”
Este pasaje vislumbra algunos de los especímenes que tenía encargado Guiteras para La Empresa. Y revela algo de su personalidad, al mostrarse apenado quizás de no haber complido con este encargo antes, y se disculpa, a cierto modo, “…por el temor que usted podría concebir mala fe en mí…”
    La última misiva a Guiteras que aquí se divulga fue una de disculpas y explicaciones. Esta fue redactada el 15 de enero de 1866 desde el ingenio Fermina, de regreso entonces a Bemba, Jovellanos. En esta correspondencia, Gundlach revela toda la trama de su demora, las causas médicas detrás de su condición, y lo sucedido con los ejemplares que debió montar durante su estancia en La Habana. Sobre su estancia y la correspondencia aclaró que
“La familia de Don Simón y yo estamos aún aquí en el ingenio [Fermina, Bemba] y así recibí las cartas de usted hoy en un paquete con varias cartas llegadas anteriormente a casa en Habana…” [sic].
Explicó Gundlach:
“De mi excursión a la ciénaga había yo traído en julio [pasado] partes de las aves prometidas a usted. – los infinitos trabajos que tuve en agosto no me dejaron acabar el ultimo arreglo y así los lleve con todo lo demás a La Habana el último día de agosto…”
Todo luego se complicó por acaecerle una parasitosis, la cual probablemente adquirió durante su trabajo de campo en la Ciénaga de Zapata. El mismo Gundlach aclaro que:
“Me sobrevino una enfermedad, pero comprendiendo por una casualidad, que lombrices eran la causa, he tomado algunas píldoras de Kemp, purgantes, píldoras de hierro de Vallet, y ahora me veo como antes, robusto…”
La mención a las píldoras de Kemp quizás se refiera a las preparaciones de aceite de bacalao, u otro compuesto importado de la droguería Lanman y Kemp, en Nueva York. Estas estaban diseñadas, al igual que las píldoras de hierro de Vallet, para combatir desde las enfermedades respiratorias hasta las intestinales (Zúñiga, 2016). Esta referencia a la parasitosis de “lombrices” es quizás un caso de Helmintiasis asociado a la vida de campaña en los montes de Cuba que Gundlach toleró para realizar sus expediciones.
    En su comunicación a Guiteras, continuó que en diciembre había completado toda una remesa para Alemania “…la única del año 1865…”, más otra para Madrid que consistía en cuatro cajas y un barril, incluyendo 30 aves. El resto de las remesas debió interrumpir porque la familia decidió “regresar al campo” o sea a Jovellanos. Para entonces Gundlach había recibido una lista de ejemplares, quizás algunos referidos por Guiteras para su colegio, por lo que consideró que una entrevista con el profesor que ejercería la cátedra de zoología era necesaria para saber con exactitud lo que se deseaba. Gundlach expresó:
“…una vista a la lista comunicada por Poey me convence que no es propio en todas partes (…) sería bueno que yo tuviera una entrevista con el Sr. Barnet, que creo será el profesor encargado de zoología. Esta entrevista será útil para cambiar nuestras ideas sobre la colección para su colegio…”

Fragmento de una de las cartas a Guiteras que presenta el autógrafo de Gundlach. Colección José Augusto Escoto, Biblioteca Houghton. Fuente: https://hollisarchives.lib.harvard.edu/repositories/24/resources/1481.


El Barnet al que Gundlach se refiere era el Dr. Gavino Barnet, quien entonces residía en Bemba, y era igualmente miembro del Liceo de Matanzas – institución que desde su fundación en 1860 intentaba establecer una colección representativa de ciencias naturales. Es de suponer que el Dr. Barnet tenía intenciones de ocupar una plaza de profesor de zoología en La Empresa en 1866 o a curador de la colección del Liceo. Para ello, Gundlach sugería que ambos le visitaran al ingenio, dándole toda una serie de instrucciones para alcanzar el tren que los llevaría hasta el sitio. Proponía, además, que llevasen estudiantes del colegio para que vieran su colección.

    Las intenciones de establecer un museo o gabinete de historia natural, curiosidades, o “producciones cubanas”, como las llamó Felpe Poey, se remontan a finales del siglo XVIII. Justo en 1838, poco antes de llegar Gundlach a Cuba, Poey planteaba un proyecto para un museo de historia natural en La Habana a La Sociedad Patriótica, argumentando que en conjunto era “…consecuentemente necesaria que se hagan, con el tiempo, cursos públicos de zoología y mineralogía…” que fomentaría más allá del conocimiento de los recursos naturales de la isla (Poey, 2 de abril de 1838). Entonces ya existía en La Habana un jardín botánico, más la universidad ofrecía un curso de botánica y su gabinete de anatomía favorecía las lecciones de historia natural.(11) 
En la ciudad de Matanzas de 1859 se expuso el Museo Ornitológico de Justo Ayala, que contenía un conjunto de 150 aves taxidermiadas representativas de varias regiones del planeta entre otras curiosidades (Martínez, 2010). El interés por las muestras de historia natural, más allá del ámbito puramente científico-investigativo, había cautivado al público curioso de las ciudades, cual si fueran circos. En 1866, las colecciones de taxidermia del colegio La Empresa se encontraban surtidas y crecientes. Sobre ellas se comentó: “Las colecciones de historia natural se aumentan continuamente, sobre todo en aves, peces y moluscos.” (Martínez, 2010: 82). Este crecimiento fue sin duda fruto de las relaciones de Guiteras y la labor de Gundlach – a las que entonces se sumaban las habilidades del suizo Guillermo Gyssler como taxidermista del colegio (Rodríguez, 1958).

La exposición de París de 1867 y carta a Francisco Ximeno

    En 1867, Gundlach junto a Francisco Ximeno, Manuel Fernández de Castro y Felipe Poey representaron a Cuba con sus colecciones de historia natural en la Exposición de París efectuada ese año. Según Gundlach, el Ayuntamiento de La Habana le comisionó “…para que llevase las colecciones zoológicas mías y de otros amigos con las botánicas, geológicas, etc.…” (Gundlach, 1876: 29). A la Exposición habían llevado toda una amplia gama de especímenes. De Ximeno se habían expuesto 200 ejemplares representativos de maderas cubanas en forma de cortes pulidos, fibras exóticas y piezas arqueológicas, muchos de los cuales regresaron a sus propietarios (Diario de la Marina, La Habana 7 de enero de 1868 y 11 de agosto de 1871; Orihuela y Hernández de Lara, 2018). Colectivamente, Fernández de Castro y Ximeno contribuyeron con más de 600 fósiles, incluidos restos del perezoso gigante cubano (Megalocnus rodens) excavados en Ciego Montero, entre amonitas del jurásico de Pinar del Río y un álbum fotográfico detallado de todos los especímenes expuestos. Mientras que Gundlach había llevado siete colecciones que incluían desde todas las especies conocidas de mamíferos y 254 especies de aves hasta más de 4559 especies de insectos. Los jueces de la Exposición quedaron asombrados y enunciaron que: “Estas colecciones de historia natural cubana, fruto de 27 años de trabajo, son las más completas que existen en el orbe…” (Catálogo General de la Sección Española, 1867: 404). Por su impresionante contribución al fulgor de la sección española de la Exposición parisina, la reina española le condecoró con la cruz de Caballero de la Orden de Carlos III el 8 de febrero de 1868 (AHN/Ultramar 79, exp. 24, N. 4, No. 185).
Gundlach permaneció en la capital parisina hasta el año entrante para encontrarse a su regreso a Cuba en plena guerra de independencia – lo cual le impedía moverse libremente por los campos de la isla. En una carta inédita de la misma colección de Escoto, dirigida a Francisco Ximeno y fechada el 3 de junio de 1868, le expone su preocupación por la condición de arribo de tres cajas enviadas por ferrocarril con un contenido de
“…muestras de maderas y un estante, los cuadernos con el herbario y las cajas que contenían las plantas textiles. Estas últimas cajas Ernando [sic] el carretero las llevó de la casa del Ayuntamiento al carretón, cayo de sus espaldas y encima de mis pies, rompiendo, pero por fortuna no hubo más. Los dedos de los pies se pusieron morados y quede algunos días cojo…” (Si hubo fracturas, el equipo forense que ahora investiga sus restos podrá confirmar si existe secuelas de este accidente).
El adjunto de estas cajas incluía especímenes vegetales que eran parte de las muestras llevadas por Ximeno (Orihuela y Hernández de Lara, 2018). Estas, según explicó, venían de la Exposición de París y se habían alojado en el almacén del Ayuntamiento de La Habana, desde donde Gundlach las remitía por ferrocarril a su estancia y demás corresponsales. Gundlach se mostraba preocupado por la condición en que algunas ya le habían arribado, comentándole a Ximeno
“Dios sabe cómo habrá llegado a Cárdenas y a La Fermina. Ni una de las 32 cajas a mi cargo a llegado sana (…) don Felipe Poey y don Rafael Arango son testigos del mal estado de las cajas de las plantas textiles, cajitas para caracoles y conchas…”
Le sugería a Ximeno que las dejara “…sin arreglo, yo iré muy pronto con los moluscos marinos y las cajitas para ellos…” Las cajas de esponjas, y algunos peces de Poey, no había arribado para esa fecha y se presumían extraviadas.
    Las colecciones de Gundlach se expondrían en otras exposiciones universales, incluidas las de Matanzas en 1872 y 1881. Su colección fue comprada 8 de abril de 1892 por el Instituto de La Habana a un valor de 8000 pesos oro, por decreto emitido desde Madrid en mayo de 1892. Gundlach celebró sus 85 años allí - su ultimo cumpleaños – junto a los especímenes que colectó y preparó en más de medio siglo. Juan Gundlach falleció de una bronco-pulmonía el 17 de marzo de 1895, en la casa número 51, entre Quinta Avenida y esquina G del Vedado, en La Habana (Ramsden, 1915). Con una partida decorosa, Juan Gundlach nos dejaba como herencia un exquisito legado testimonial de su labor que inspiraría a más de una generación de científicos cubanos.

Agradecimientos

Ramón Cotarelo Crego, Henry Delgado Monzor y a Lázaro W. Viñola López por sus múltiples lecturas críticas y atentas sugerencias.


Notas
(1)  https://hollisarchives.lib.harvard.edu/repositories/24/resources/1481.
(2)  Parra, A (1787) Descripción de diferentes piezas de historia natural, las más del ramo marítimo, representadas en 75 ilustraciones. La Habana.
(3)  después de realizar una breve parada en el Cabo de Maisí, el 25 de diciembre de 1838 (Ramsden, 1915).
(4)  Ludwig Karl George Pfeiffer.
(5)  cerca de la desembocadura, actual municipio de Matanzas.
(6)   Publicado en el periódico El Liceo de Matanzas (Gundlach, 1877).
(7)   Esta hermosa ave, joya de la fauna endémica de Cuba, fue descrita y publicada en su nombre en 1850 por su amigo, el gallego Juan Lembeye en su obra Aves de la Isla de Cuba. Según Gundlach, esta avecilla fue descubierta en los manglares, terrenos, y cayos del nordeste de Cárdenas, donde la consideró rara. Al parecer no la encontró en Matanzas (Gundlach, 1876: 120).
(8)  Aunque a este ilustre científico cubano lo conocía por correspondencia desde 1840, no fue hasta 1852 que se conocieron personalmente.
(9)  Esto es sin contar los especímenes que se han perdido con el tiempo, como aquellos que preparó para el colegio de La Empresa y de Segunda Enseñanza de la ciudad de Matanzas. En el Museo Oscar María de Rojas, en la ciudad de Cárdenas, también se encuentran especímenes de Gundlach (Henry Delgado Monzor pers. com. octubre, 2018; Ramon Cotarelo pers. com., abril 2021).
(10)   Fundado el 15 de febrero de 1840. Antonio Guiteras Font, pedagogo, tomó la conducción del colegio por sugerencia de su hermano Eusebio Guiteras en 1852. En 1855, con el impulso de los Guiteras, el colegio alcanzó nivel de Instituto de Segunda Enseñanza. Este fue conocido como “el colegio de los Guiteras” en Calle Rio, no. 38. En 1864 se instaló el instituto homónimo en la ciudad en cuyas aulas se forjó el espíritu de la Atenas de Cuba y varias generaciones de patriotas e intelectuales cubanos. Antonio Guiteras ocupó puesto de director hasta 1869. Murió exiliado en EE. UU en 1901 con 82 años (Carbonell, 1928).

foto de Portada: Fotograbado de Juan Gundlach en 1885 (Col. Privada).

Bibliografía consultada

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