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Tesoros

El monumento más antiguo de cuantos existen en Cuba*

Por: Emilio Roig de Leuchsenring

El monumento funerario a doña María de Cepero, el más antiguo que se conserva en Cuba, erigido en 1557 en la Parroquial Mayor, con la tarja explicativa de la historia de aquél, según puede admirarse hoy en el patio principal del Palacio Municipal. Más de una vez hemos hecho resaltar en estos trabajos históricos el muy  lamentable abandono que ha existido entre nosotros, tanto durante la época colonial como en la republicana, para todo cuanto signifique conservación y cuidado   de monumentos   y reliquias  de valor artístico e histórico. Así, han desaparecido por completo, bajo la piqueta demoledora, edificios, monumentos de toda índole, lápidas, etc., y se han destruido o arrojado al vertedero, muebles y otros objetos, representativos de estilos, costumbres o gustos de tiempos pretéritos, o que pertenecieron a famosos personajes, peninsulares o criollos.

En otras ocasiones, valiosas reliquias históricas han sido vendidas a particulares o instituciones del extranjero, sin que nuestros gobernantes hicieran esfuerzo alguno para impedirlo, y hasta autorizando a veces esa inconcebible venta. Tal ocurrió no hace mucho con los dos únicos cañones de bronce que aún se conservaban en el castillo de San Severino, de Matanzas, y los cuales fueron vendidos oficialmente a un museo norteamericano. Otros cañones, compañeros de ésos, los utilizó el Gobierno machadista para fundir con su bronce los ridículos y antiartísticos leones de pacotilla que ornamentan el Paseo de Martí, de esta capital.

Con no menor despreocupación desaparecieron los viejos muebles coloniales que guardaba el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, los que fueron a parar a manos de coleccionistas criollos y extranjeros.

Lo poco que se conserva de reliquias artísticas e históricas en nuestros museos de La Habana, Cárdenas y Santiago de Cuba, débese al celo y patriotismo de Emilio de Heredia, fundador de nuestro Museo Nacional, y de Antonio Rodríguez Morey, su actual director, así como también a los señores Rojas y Bacardí,  fundadores, respectivamente, de los museos de Cárdenas y Santiago.

Desde que desempeñamos el cargo de historiador de la ciudad de La Habana, hemos dedicado especial cuidado a la conservación de reliquias históricas habaneras, y al efecto, salvamos hace meses de su total destrucción, ya ordenada por la Secretaría de Obras Públicas, la garita correspondiente a la parte de la muralla marítima de La Maestranza, así como los cañones que sirvieron para amarrar la cadena que cerró el puerto de La Habana en 1762, cuando el asalto y toma de esta ciudad por la escuadra y ejército de Inglaterra. También nos hemos ocupado de redactar breves leyendas con la historia sintética de nuestros principales monumentos, edificios públicos, iglesias, fortalezas, etc., a fin de que sean grabadas en sendas tarjas o lápidas, para conocimiento e ilustración públicos de cubanos y extranjeros. De esas lápidas, hasta ahora, sólo ha sido colocada una frente a la Fuente de la India, y otra en el patio del Palacio Municipal, según en seguida referiremos.

Lástima grande es que la Secretaría de Obras Públicas no se haya preocupado de terminar el arreglo de la bellísima plaza integrada por el malecón y parques de la nueva y espléndida avenida del litoral del puerto, instalando debidamente, de acuerdo con los planos ya levantados, a instancia nuestra, por la propia Secretaría, los referidos cañones históricos de una de las épocas más singularmente extraordinarias de la historia de Cuba, así como el hermoseamiento de la garita de la muralla de La Maestranza.

Igualmente en funciones de historiador de la ciudad propiciamos hace poco la instalación, en el lugar que primitivamente ocupara, del monumento más antiguo de Cuba que se conserva en nuestros días: el erigido en 1557, en la Parroquial Mayor, que se levantaba en parte del terreno que hoy ocupa el Palacio Municipal, a la memoria de doña María de Cepero y Nieto, señorita principal de la villa de La Habana, hija de don Francisco Cepero, uno de los primeros conquistadores de Cuba, y de doña Isabel Nieto. Otro hijo de este matrimonio, Bartolomé, casó con doña Catalina de Rivera, hermana del teniente de gobernador don Diego de Rivera, según la genealogía que ofrece Ma­nuel Pérez Beato en su libro Inscripciones Cubanas de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Sabido es que la primitiva iglesia de La Habana era un mísero bohío situado, aproximadamente, en el terreno donde hoy se encuentra el Tribunal Supremo, antiguo Palacio del Segundo Cabo, y que, después de agosto de 1550, se iniciaron obras para la construcción de una iglesia de cal y canto, atribuyéndose esa obra el gobernador Pérez de Ángulo, aunque los enemigos de éste sostuvieron que cuando llegó a La Habana ya se encontraba iniciada la construcción de la iglesia; pero consta en las Actas Capitulares que el 22 de agosto de 1550, el Cabildo nombró a Juan de Rojas mayordomo de las obras de la iglesia, y que éstas se comenzaron con 786 pesos de oro, acordándose el día 29 que la iglesia fuese edificada "de piedra é teja é de manera que mejor é mas al servicio de Dios Nuestro Señor sea é pro é autoridad desta villa". El 10 de octubre fue sustituido Juan de Rojas, debido a enfermedad y ocupaciones, por Alonso de Aguilar. Cuando el asalto de la villa, el 10 de julio de 1555, por el corsario francés Jacques de Sores, aún no estaba terminada la construcción de la iglesia, y los piratas se apoderaron del edificio haciéndose fuertes en él. La iglesia no se terminó totalmente hasta 1574.

Aun sin concluir, se celebraban en la iglesia los oficios divinos y en ella se erigió, según hemos dicho, el monumento funerario a doña María de Cepero, cuya historia narraremos a continuación en breves palabras.

La referida doña Maria, según la tradición, que recogió entre otros José Maria de la Torre en su muy conocido libro Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna, fue herida mortalmente por una bala de arcabuz, mientras se encontraba arrodillada en la iglesia asistiendo a una fiesta religiosa que ella había costeado. Parece que fue sepultada en el mismo sitio en que sufrió ese casual y desgraciado accidente, y allí se le erigió un sencillo monumento que ostenta —como el lector podrá ver en la fotografía adjunta— una cruz y un querubín, con otras diversas alegorías bélicas y funerarias. Al pie de ese monumento aparece la siguiente inscripción latina:

"HIC FINEM FECIT TORMENTO BELLICO  YNOPINATE  PERCUSA D.   MARÍA   CEPERO.   AÑO 1.5.5.7. PR. NR. A.M".

El profesor G. Favole, latinista que goza de reconocido prestigio en nuestros círculos intelectuales y de quien demandamos su autorizada opinión sobre la leyenda de este documento, considera que   la   misma  contiene  varios errores gramaticales,  pues  debió haber sido redactada en la forma siguiente: "Hic   finem   fecit  tormento   bellico   inopinate   percussa  D. María   Cepero, anno   1557. Pr. Nr. A.M."

Esta  inscripción,  traducida  al castellano por el Dr. Favole, dice así:

"Casualmente herida por un arma aquí murió Da. Maria Cepero  en el año de 1557".

En  cuanto  a  las  abreviaturas “PR. NR. A.M.", el  Dr. Favole  se limita  a  transcribirlas  tal  como aparecen escritas en  el  monumento, pues noconsidera pueda ofrecerse  hoy,  con  garantía de exactitud, traducción  alguna  de las mismas, aunque sin negar por ello la certeza de la versión dada por algunos historiadores, al interpretarlas como abreviaturas de "Padre Nuestro. Ave María". Aunque La Torre da como fecha de ese monumento la de 1667, es lo cierto que el año que aparece en la inscripción es el de 1557, como pudo comprobarse claramente después que se quitó a la piedra la cantidad de cal que la cubría a consecuencia  de las diversas pinturas sufridas por el  monumento.

Cuando en 1777 se derribó la Parroquial Mayor, fue trasladado el monumento a la esquina de la casa solariega de los Cepero, en Oficios y Obispo, frente a la Plaza de Armas, donde estuvo hasta 1914, en que, al reformarse esa casa, pasó al Museo Nacional. Nosotros, en nuestro carácter de historiador de la ciudad, y recogiendo la sugerencia que en 1935 hizo el arquitecto señor Luis Bay y Sevilla, recomendamos al actual alcalde, doctor Beruff Mendieta, el traslado de dicho monumento al Palacio Municipal y su instalación en los portales interiores del patio central del mismo, o sea en el lugar aproximado donde se levantó en 1557, ya que el Palacio Municipal se encuentra construido, según dijimos, en parte de los terrenos que ocupaba la Parroquial Mayor. Al efecto, hicimos  la  solicitud correspondiente al señor Antonio Rodríguez Morey, director del Museo Nacional, y éste, una vez obtenida la autorización del señor secretario de Educación, nos entregó el monumento en 11 de septiembre del pasado año de 1937, quedando desde entonces restituido al sitio que primitivamente ocupó.

Pero este monumento tiene, además del interés histórico propio del hecho que rememora, el valor extraordinario de ser el más antiguo de los monumentos existentes en Cuba.

Aunque en 1810 se encontraron, en los cimientos de la catedral de Santiago de Cuba, a siete pies y medio de profundidad, varios pedazos de una lápida que pertenecía a la sepultura de Diego Velázquez y llevaba fecha de 1522 o 1524, según el historiador José Martín Félix de Arrate en su Llave del Nuevo Mundo..., los pedazos de dicho monumento desaparecieron poco después, sin que pueda precisarse en qué fecha, conservándose sólo un fragmento superior de esa lápida que se utilizó, según refiere Emilio Bacardí en el tomo I de sus Crónicas de Santiago de Cuba,como tarja que fue colocada en la plaza principal de Santiago al darle el nombre de Plaza de la Constitución.

Esta pequeña lápida se conserva hoy en el Museo de aquella ciudad, y según las noticias que, a nuestra solicitud, nos ha trasmitido el historiador y literato Rafael Esténger, vecino de Santiago, ostenta una inscripción que dice: Plaza de la Constitución, publicada a 8 de Agosto de 1912. Presenta "huellas de un balazo en la parte izquierda entre 8 y Agosto. Hay en ella unas alegorías que parecen mortuorias y que debieron ser de la losa primitiva. Sin embargo, por el estilo de las alegorías yo sospecho que tal vez sean del siglo XIX. La verdad es que la original inscripción de la losa de Velázquez ha desaparecido completamente".

Por tanto, mientras no se pruebe lo contrario, el monumento a doña María de Cepero, erigido en la Parroquial Mayor el año 1557, y que hoy figura en nuestro Palacio Municipal, es el más antiguo de cuantos existen en Cuba.

Teniendo en cuenta todas estas circunstancias, y a fin de recoger, para conocimiento de los vecinos y visitantes de La Habana, la historia sintética de dicho monumento, al instalarlo últimamente en el Palacio Municipal, hicimos colocar junto al mismo una tarja de bronce con la siguiente inscripción:

Este monumento, el más antiguo que se conserva en Cuba, fue erigido en memoria de Da. María de Cepero y Nieto, señorita principal de la villa de La Habana, en el mismo lugar donde, según la tradición, cayó mortalmente herida, en 1557, de un casual disparo de arcabuz, mientras rezaba en la Parroquial Mayor, situada en parte del terreno que ocupa este Palacio Municipal. Al efectuarse el derribo de dicha iglesia, en 1577, fue trasladado el monumento a la esquina de Obispo y Oficios, casa solariega de los Cepero, y en 1914 pasó al Museo Nacional, hasta 1937, en que ha sido restituido a éste su primitivo lugar".


*Tomado de: Carteles, vol. XXXI, no. 3, 16 de enero de 1938, pp. 50-51.