Desde adentro

La facultad creadora de un intelectual o la existencia de un crítico honesto (Homenaje a Rine Leal)

Por: Vilma N. Ponce Suárez

Muy joven Rine Leal Pérez tomó una decisión que cambió el curso de su vida. Estudiaba la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana cuando se convenció de que su destino no sería el mundo de las leyes. Abandonó ese camino y matriculó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, de la cual se graduó en 1952.  En esa década trabajó en las revistas Nueva Generación, Ciclón y Carteles; y en los periódicos Pueblo e Información, donde definió su interés por el periodismo cultural, y en especial, la crítica teatral.

Después que triunfa la Revolución sus colaboraciones en la prensa nacional fueron numerosas. Publicaciones como Bohemia, Conjunto, Casa de las Américas, Islas, La Gaceta de Cuba, Unión, Santiago y Cuba contaron con sus reseñas críticas, artículos y entrevistas a directores de teatro, artistas y dramaturgos. En ellos aportó reflexiones muy interesantes, como las que divulgó en el magazine Lunes de Revolución acerca de la necesidad de elaborar una política del teatro y establecer las bases de este arte en la Revolución (1) . En esas páginas analizó, además, obras y presentaciones de autores nacionales y foráneos, entre los que estuvieron: Vicente Revuelta, Paco Alfonso, Adolfo Luis, Maxwell Anderson, Samuel Nathaniel Behrman, Arthur Asher Miller, Bertold Brecht y Konstantín Stanislavski. Con una prosa sencilla y desprovista de ambages, ejercía la crítica a las puestas en escena, en las que fundamentaba sus aciertos y deficiencias. Para la redacción de Lunes, Rine Leal era en ese momento “(…) el mejor informado de los jóvenes críticos teatrales cubanos” (2). Su participación en eventos teatrales celebrados en Francia, Grecia y Rumanía durante 1959, gracias a una beca que le otorgó la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, enriqueció su visión acerca del mundo de las tablas.

En “el ciclo vital del teatro”, como él mismo lo llamara, Rine fue también dramaturgo y director. Esta versatilidad le aportó una percepción más rica del universo teatral, lo cual repercutió favorablemente en su obra periodística. Como director del teatro Experimental de La Habana llevó a escena piezas de épocas anteriores desde una mirada contemporánea, entre las que estuvieron: “Esta noche sí” (1881) y “Mefistófeles” (1896), ambas de Ignacio Sarachaga; y “Delirio de automóvil” (1921), de Federico Villoch y Jorge Anckerman (3) .
 
Desde los primeros años de fundada la Casa de las Américas, Rine se vinculó a su revista y a sus actividades, orientadas a extender las relaciones socioculturales de la Isla con los pueblos latinoamericanos y del Caribe. En 1963, invitado por su presidencia, participó como miembro del jurado del Concurso Literario Hispanoamericano en el género de teatro. Años después, publicó en la revista Cuba dos artículos que tuvieron como tema central este certamen; y otro, trató acerca del Festival de Teatro Latinoamericano que auspiciaba dicho centro. En “Un jurado en busca de cinco premios” y “Un premio a la medida de un continente” entregó una amplia información sobre los libros galardonados y los escritores latinoamericanos que evaluaron las obras teatrales en 1965 y 1967, respectivamente (4) . En ambos reportajes, - para los que gustan de números y estadísticas -, ofreció resultados numéricos del Premio Casa por países, años y géneros literarios, con lo cual acreditaba el prestigio que cobraba el concurso dentro de la comunidad intelectual latinoamericana.

Respecto a “Diario de viaje”, este constituyó un ameno relato del recorrido que realizara por diferentes provincias junto a los dramaturgos extranjeros invitados al IV Festival de Teatro Latinoamericano Casa de las Américas. Un espíritu de camaradería nació en el grupo. Si bien la calidad de las obras no resultó ser la mejor, según expresaron los especialistas, este periplo dejó un saldo positivo, como confirmó el crítico teatral: “Delegados de quince países se reunieron para ver teatro… y descubrieron la Revolución cubana” (5).   
 
Entre sus críticas más laudatorias publicadas en Cuba estuvo la que elaboró sobre la puesta en escena de la pieza “Don Juan Tenorio”, por el Teatro Nacional de Guiñol. Los hermanos Carucha (Caridad) y José Camejo, junto a Pepe Carril, habían recibido oficialmente del Gobierno una sala ubicada en el barrio del Vedado para que fuera la sede del teatro de títeres dirigido a niños y adultos. Las valoraciones de Rine confirmaban lo acertada de esta decisión: “Utilizando máscaras para títeres y actores, este Don Juan en muñecos para adultos ha sacudido el antiguo texto y lo devuelve un poco a la manera brechtiana. Es fresco, divertido, insólito. Manejando con su habitual destreza los bellos títeres, los miembros del Guiñol Nacional (…) alcanzan en su trabajo una profesionalidad indudable (…)” (6). Poco tiempo después, el jurado internacional que sesionó durante el VI Festival de Teatro Latinoamericano de La Habana reconoció también los valores de esta realización teatral, otorgándole una mención.

En Cuba, Rine se refirió también a la música, en particular a la electrónica, en un momento que conquistaba más seguidores en el mundo. En “Otra música” destacó la labor innovadora que en ese campo ejecutaban dos excelentes compositores, Leo Brouwer y Juan Blanco, junto al director de orquesta Manuel Duchesne. En medio de no pocas opiniones adversas, dichos músicos habían logrado con sus obras insertar a la Isla dentro de la vanguardia musical internacional. Comentó cómo estos artistas no realizaban sólo una faena musical, sino también, pedagógica y divulgativa, encaminada a ofrecer varias veces al mes conciertos didácticos gratuitos. En ellos, los aficionados e integrantes de organizaciones de masas, juveniles y estudiantiles aprendían a escuchar esas sonoridades, libres de prejuicios artísticos (7). Un detalle interesante resultó la inserción de fragmentos de la partitura original de ‘Episodio”, de Juan Blanco, elaborada con la nueva técnica de escritura musical.

Rine Leal fue Jefe de Información de la revista Cuba, donde compartió con un numeroso grupo de periodistas, diseñadores, dibujantes y fotógrafos, entre los que estuvieron: el español Darío Carmona, José Lorenzo Fuentes, Santiago Cardosa Arias, Norberto Fuentes, Félix Contreras, Guillermo Rodríguez Rivera, Alfredo González Rostgaard, Alexis Durán, José Gómez Fresquet (Frémez) y Ernesto Fernández. Según recordó el poeta Félix Contreras, Rine era uno de los principales promotores del ambiente creativo que distinguió a ese colectivo. Así nos lo confirmó en el transcurso de una entrevista: “Con Rine Leal fue una época brillante de la revista. Él incidió mucho en su dinámica, porque era un hombre con una actividad creativa enorme, y estimulaba mucho la creación, la vida en la publicación. Era un gran amigo de Lisandro Otero, el director de Cuba. Además, se distinguía por ser un hombre muy comunicativo, que atraía a mucha gente (…)” (8).

Otra de sus responsabilidades en Cuba fue mantener la sección “Cuba en la Cultura”, dedicada a divulgar las noticias culturales correspondientes al mes anterior. En ese espacio se comunicaban los estrenos de obras dramáticas; las recientes producciones cinematográficas cubanas; presentaciones del Ballet Nacional de Cuba, la Orquesta Sinfónica Nacional, el Conjunto de Danza Contemporánea y el Conjunto Folklórico Nacional; los resultados de los concursos literarios y artísticos; así como, exposiciones, festivales, actividades en museos y bibliotecas. De la misma forma, se mostraban los nuevos sellos, discos y títulos publicados. También era frecuente que se comentaran los intercambios artísticos – literarios de Cuba con otros países, entre diversos temas.

Con el tiempo, Rine decidió subdividir la sección “Cuba en la Cultura”, y de esa forma creó “Filatelia”, “Discos del mes”, y “Libros del mes”. La idea surgía en un contexto en el que se consolidaba en el país la calidad de la edición de sellos, discos y libros; y a la par, aumentaba la preferencia de las personas por adquirirlos. A “Filatelia” le antecedió la fundación el 2 de enero de 1965 del Museo Postal de Cuba, cuyo propósito era rescatar los valores patrimoniales de las colecciones de sellos. La sección se dedicó a informar sobre las nuevas cancelaciones de estampillas, las que con frecuencia aludían a una efeméride histórica. En 1969 este espacio cambió su nombre por el de “Sellos”, pero para esa fecha Rine no participaba en la elaboración de la revista.

En “Discos del mes” se informaba sobre los nuevos productos comercializados en la red de ventas, y se ofrecían detalles de sus intérpretes y canciones. La lectura de lo publicado en esta sección permitía apreciar la variedad de estilos y géneros musicales que entregaba la Empresa de Grabaciones de Discos y Ediciones Musicales (EGREM), con el fin de satisfacer las demandas nacionales e internacionales. A partir del número de mayo de 1966 se incorporaron las imágenes de las carátulas de los discos, en cuyos diseños participaban fotógrafos y diseñadores de la revista Cuba, como Mayito (Mario García Joya), Roberto Salas, Rafael Morante y Eduardo Muñoz Bachs.

En “Libros del mes” se promocionaban las obras en venta editadas en el país. Por lo general se incluía un breve comentario acerca de su contenido y autores. Así, se divulgaron: “Paradiso”, de José Lezama Lima; “Todos los domingos”, pieza de teatro de Antón Arrufat; “Cuentos Completos”, de Onelio Jorge Cardoso; “El Sabueso de Baskerville”, de Arthur Conan Doyle; “Nana”, de Émile Zola; "Obras Completas de Finlay" (tomos I y II), entre una gran variedad de temas, géneros literarios, épocas, y autores nacionales y de otros pueblos. De esa forma, la revista contribuía a la promoción de la lectura, campaña liderada desde 1963 por un asiduo colaborador de Cuba, el profesor Salvador Bueno.  

Sobre la actividad de conformación de estas secciones, Félix Contreras relató: “Con Rine yo trabajaba mucho. Él es el que crea las secciones Filatelia, Discos y Libros que no existían antes. Y todo eso me lo dio a mí, porque nadie lo quería hacer, porque era un picotillo, cosas pequeñas, y como a mí me gustaba tanto trabajar, yo me ocupaba de todas esas secciones. Iba a la EGREM y anotaba los discos nuevos, después por Filatelia venía al Ministerio de Comunicaciones, y a mí me encantaba. Trabajé mucho en esa época de Rine Leal” (9).  Estos espacios informativos, al igual que la sección “Arte y Literatura”, de Bohemia, - de la cual Rine Leal fue su Jefe de Redacción entre 1963-1967 -, han aportado datos que contribuyen a la reconstrucción del panorama cultural cubano de aquella etapa.

Desde los años sesenta Rine Leal se distinguió en el ambiente cultural por sus amplios conocimientos sobre la historia del teatro cubano. En su desarrollo profesional se apreciaba la importancia que le concedía a la investigación, como recurso esencial para la superación de antiguos lastres. De igual manera, mediante estos estudios enriquecía su bagaje cultural. Constituyeron ensayos referenciales “57 años en busca de un gran teatro nacional… sin hallarlo” (Lunes de Revolución, 3 abril 1961) y “El teatro en Cuba” (Cuba, octubre 1964), donde analizó críticamente la escena teatral nacional en diferentes lapsos históricos, en correspondencia con su contexto sociopolítico. En “57 años…” se concentró en el período republicano, cuyo teatro tildó de “(…) chato, mediocre, incipiente y generalmente falso, una especie de actividad menor dentro del resto de la producción nacional” (10). Por su parte, “El teatro en Cuba” fue un texto más abarcador, pues resultó una síntesis de cuatro siglos de evolución de las artes escénicas, desde que llegaron los conquistadores españoles a la Isla hasta la Revolución. De esta última época destacó la influencia indiscutible del proceso político iniciado en enero de 1959 en los cambios ocurridos en la producción teatral cubana. Entre ellos consideró el surgimiento de la profesión del artista teatral y de nuevos autores; el desarrollo de la Danza Moderna, el Folklore y el teatro musical; unido a la descentralización del teatro, gracias a que todas las provincias contaban con grupos de aficionados, profesionales e Instructores de Arte. En particular, valoró la irrupción del folklore negro, como un gran descubrimiento artístico que enriquecía los espectáculos teatrales y danzarios (11) .

El 21 de mayo de 1990, al recibir el grado científico de Doctor en Arte Teatral en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Rine Leal reconoció su perenne afición por la investigación de la historia del teatro: “Ya desde inicios de la década del 60 soñaba con historiar la escena nacional, investigar esos manuscritos llenos de polvo que ensucian las manos pero clarifican el alma, esos viejos periódicos que se hacen pedazos al abrirlos y tenemos que reconstruirlos como un rompecabezas (…)” (12). 

Como resultado de sus estudios y del ejercicio de la crítica nacieron varias antologías y libros, entre ellos: “Viaje a la crítica” (1962), “Eugene O`Neill” (1963), “En primera persona (1954-1966)” (1967), “El teatro” (1968), “Introduçao ao teatro cubano” (1971), publicado en Lisboa, en coautoría con Rogerio Paulo, y “La selva oscura” T.1 (Historia del teatro cubano desde sus orígenes hasta 1968) (1975). Asimismo, desempeñó un rol destacado como profesor en Cuba y otras naciones. Formó parte del claustro de docentes de la Escuela de Instructores de Arte y coadyuvó a la formación de los integrantes de las Brigadas de Teatro Covarrubias y del Conjunto Dramático Nacional. En 1976 fue uno de los fundadores del Instituto Superior de Arte. Años después confesaría: “Adoro la docencia porque es una forma oblicua de actuación en la que prima el monólogo sobre el diálogo” (13) . Por esa perenne práctica de la educación cultural se intuye el ferviente deseo que abrigaba de contribuir con sus conocimientos al salto de calidad que necesitaba la escena cubana.

Excelente reseña crítica resultó “Acerca de una bibliografía de teatro cubano”, publicada en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, en su edición de mayo-agosto de 1972 (14). Sólo un investigador de su talla podía reconocer en toda su magnitud el valor de la “Bibliografía de teatro cubano”, compilada por María Luisa Antuña y Josefina García Carranza (15). Rine Leal consideró este repertorio como “(…) la relación especializada más importante realizada hasta el momento”. Tal valoración se fundamentaba en las rectificaciones que hicieron las bibliógrafas a las bibliografías anteriores y la inclusión de las ediciones teatrales impresas después del triunfo de la Revolución. Para él, los 775 asientos bibliográficos evidenciaban la existencia de una tradición teatral cubana, negada por algunos historiadores. Su vínculo con la Biblioteca Nacional en esa época fue muy estrecho. En las salas de esta institución preparó algunos de sus libros. Los bibliotecarios que lo conocieron lo recuerdan con afecto por su carácter afable y comunicativo.

Rine Leal asumió con seriedad la función de crítico teatral. Respetaba al teatro y consideraba que su deber era contribuir “(…) a la creación de ese teatro nacional que exprese con sentido universal más allá de las “palmeras borrachas de sol” y mulatas bailando la rumba, nuestro particular modo de reaccionar a los problemas del ser humano en el teatro” (16). Cuando la Redacción de El Caimán Barbudo le solicitó que explicara a los jóvenes las peculiaridades de su profesión, Rine enfatizó en que la labor del crítico de teatro era tan creadora como la del dramaturgo y el artista (17) .

Muchos años después, en su intervención al recibir el grado científico de Doctor en Arte Teatral, afirmó su confianza en la nueva generación. A ellos les ofreció una brillante lección de honestidad, al describir los errores que había cometido durante su actuación como crítico, a pesar de que era un momento especial, en el que se le concedía tan alto reconocimiento y se le tributaban profusos elogios.      

Por su genialidad y compromiso sincero con el teatro, los dramaturgos y artistas, Rine Leal ocupa un lugar especial en la historia de la cultura cubana. Su recuerdo se perpetúa en el “Taller de Investigaciones Rine Leal”, que sesiona desde el 2000 en el Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas; y en el Premio de Teatrología que lleva su nombre, convocado por la Casa Editorial Tablas-Alarcos, para promover los mejores proyectos de libros sobre el teatro.  

Notas
(1) Leal, R.: “Sobre una política del teatro”, Lunes de Revolución, 23: 2, La Habana, 24 de agosto de 1959.
(2) Leal, R.: “¿A dónde va nuestro teatro?”, Lunes de Revolución, 18: 6-7, La Habana, 13 de julio de 1959.
(3) Leal, R. “Bases para un teatro revolucionario”, Lunes de Revolución, 3: 13, La Habana, 6 de abril de 1959.
(4) Suárez Durán, E.: “Ignacio Sarachaga: una obra dramática por descubrir”, La Jiribilla, 25 noviembre 2020, Recuperado en www.lajiribilla.cu/ignacio-sarachaga-una-obra-dramatica-por-descubrir/
(5) Leal, R.: “Un jurado en busca de cinco premios”, Cuba, 35: 16-23, La Habana, marzo de 1965.
(6) Leal, R.: “Un premio a la medida de un continente: Casa de las Américas”, Cuba, 59: [54]-56, La Habana, marzo de 1967.
(7) Leal, R.: “Diario de viaje”, Cuba, 31: 60, La Habana, noviembre de 1964.
(8) Leal, R.: “Lo que ve La Habana”, Cuba, 44: 48, La Habana, diciembre de 1965.
(9) Leal, R.: “Otra música”, Cuba, 37: 48-51, La Habana, mayo de 1965.
(10)  Contreras, F.: Entrevista. V. Ponce e H. Pérez (Eds.), La Habana, 14 de octubre de 2016.
(11)  Contreras, F.: Entrevista. V. Ponce e H. Pérez (Eds.), La Habana, 14 de octubre de 2016.
(12) Leal, R.: “57 años en busca de un gran teatro nacional... sin hallarlo”, Lunes de Revolución, 101: 20, La Habana, 3 de abril de 1961.
(13) Leal, R.: “El teatro en Cuba”, Cuba, 30: 64-73, La Habana, octubre de 1964.
(14) Leal, R.: “Mi credo teatral”, Conjunto, 84: 21, La Habana, julio-septiembre de 1990.
(15)  Leal, R.: “Mi credo teatral”, Ob. Cit. p. 22.
(16)  Leal, R.: “Acerca de una bibliografía de teatro cubano”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, 63 (2): 164-172, La Habana, mayo-agosto de 1972.
(17)  Antuña, M.L. y J. García Carranza: “Bibliografía de teatro cubano”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, XIII (3): 97-154, La Habana, septiembre-diciembre de 1971.


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