El equipo editorial de Librínsula quiso dedicar esta sección Imaginarios al fenómeno de la posverdad

Imaginarios

Posverdad.Cuando la mentira se disfraza de una verdad que te conviene: algunas consideraciones

Por: Laura Vázquez Fleitas, Karima Oliva Bello, Víctor Fowler Calzada y Alejandro Zamora Montes

Vale la pena apuntar que el diccionario Oxford eligió el término “posverdad” como la palabra del año en 2016, definiéndola como: “las circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las referencias a emociones y creencias personales”, aunque su origen data de 1992 y fue acuñado por el escritor serbio Steve Tesich. Hubo tres hechos históricos que condujeron al posicionamiento del término en el referido diccionario: las elecciones en Estados Unidos con las figuras políticas de Hillary Clinton y Donald Trump; el Brexit o la separación de Inglaterra de la Unión Europea; y el plebiscito por la paz en Colombia con las FARC donde, contra todo pronóstico, se impuso el “No”. A través de cinco trabajos de autoras y autores cubanos nos adentraremos en este atrayente, pero no menos complejo asunto de la contemporaneidad.

La sociedad “dorada” de los 50 en Cuba

Por  Laura Vázquez Fleitas

Circular en Internet y en redes sociales hoy entraña un verdadero reto si quisiéramos conocer cómo era la Cuba de los cincuenta. Ya sea que nos preguntemos por La Habana de los 50, la Cuba de los 50, Cuba antes de la Revolución o Cuba antes del 59 el buscador nos remitirá a una ciudad, porque por lo general es la capital de la nación la protagonista absoluta, de glamour, éxito y confort imaginado y fotografiado; documentado de las maneras más espectaculares posibles donde el lujo, la elegancia, la distinción y la fiesta aparecen marcados por el gasto ostentoso y la ilusión de la posibilidad de su logro.

Pudiéramos llenar páginas y más páginas para demostrar la subjetividad, tendenciosidad e intereses diferentes, hegemónicos o no, normativos o no que se encuentran y difunden en estos espacios. Pudiéramos, también construir un análisis sobre la verdad histórica y la ética investigativa a la hora de practicar el periodismo, la variedad de las fuentes y de las voces que aparecen modeladas en estos trabajos y la legitimidad de sus palabras. Pero en ningún caso este resulta el propósito de este trabajo.  El nuestro se centra en explicar que esa también era Cuba, una sociedad marcada por profundas desigualdades clasistas y territoriales.

Para poder desentrañar esta compleja madeja debemos entender a dónde y dónde están mirando los sujetos constructores de ese pasado “dorado”. Dirigen su vista a una clase que emigró, casi en su totalidad, al triunfar la Revolución y, por supuesto, a un espacio social construido que legitima un determinado status distinguible que comprende la exteriorización de modelos socio-espaciales de éxito y confort y la presentación de un grupo de gustos, preferencias y costumbres distinguidas asociadas a un espacio simbólico propio de esa élite socioeconómica cubana. Este sector, estrechamente ligado a los Estados Unidos, y sus prácticas de sociabilidad, formas de consumo y modos de vidas son los que recurrentemente se reproducen en estas plataformas.

Ahora bien, para explicar cuál es y cuánta verdad existe detrás de estas imágenes tantas veces difundidas hemos de definir en un primer momento, la situación económica de Cuba durante esta década poniendo el acento principal en sus relaciones económicas y comerciales con los Estados Unidos y en el “desarrollo” de los negocios urbanísticos en el país y en un segundo, la clase social que resultaba la verdadera beneficiaría de esta bonanza y la capacidad representativa que detentaban como grupo y a partir de la cual eran capaces de contaminar todo el tejido social promoviendo así una imagen de logro y confort general.

En el año 1947 comenzaba para Cuba el período de la posguerra, que planteaba el reajuste de la economía a la paulatina normalización posbélica bajo el signo de la hegemonía norteamericana y la histeria de la “guerra fría”. En el plano de las exportaciones cubanas, esto significó una tendencia depresiva entre los años 1948 y 1949 que solo se recuperó al calor de la guerra de Corea que favoreció un movimiento ascendente en los precios y volúmenes exportados. Según Oscar Zanetti Lecuona: “Después de un pequeño descenso en 1948, el precio del azúcar retomó su rumbo alcista hasta alcanzar un promedio récord de 5,29 ctvs por libra en 1951. Ello coincidió con una gran zafra de 5,6 millones de toneladas y elevó el valor global de las exportaciones cubanas hasta $766 millones.” (1)  Para 1952, y luego de un golpe de Estado, el gobierno del país pasaba a manos de Fulgencio Batista Zaldívar quien un año después da a conocer su “Programa de Desarrollo Económico y Social” que dividió en dos etapas: de 1953 a 1956 y de 1957 a 1958. Según Enrique Collazo, en el marco de este programa y producto a la fracasada estrategia azucarera (2) adoptada para la zafra de 1952:

“(…) el régimen decidió ejecutar su política de gastos compensatorios, basada principalmente en las construcciones en el sector público, además de estimular el alza de los volúmenes del comercio de importación con Estados Unidos”.(3)

El capitalismo norteamericano se había convertido, sin lugar a dudas, en el gran vencedor de la última contienda, incrementando considerablemente sus exportaciones mundiales y sus inversiones directas, además de su influencia cultural en toda la región. Esta realidad marcó, como es lógico, la economía cubana de los 50 que vivió el aumento de la penetración del capital de los Estados Unidos. Sin embargo, las inversiones de este país durante la etapa experimentan un cambio significativo en su distribución por sectores. En un primer momento se continúa el repliegue en el sector azucarero, que se ve acompañado por el aumento de las inversiones en los servicios públicos, las manufacturas y los combustibles. Además, las grandes compañías norteamericanas del período adoptaron otros tipos de estrategias que permitieron el establecimiento de sucursales en la Isla dando cierta participación al capital cubano en este proceso. (4)  Para autores como Ambrosio Fornet:

"Si en los años veinte los monopolios invadieron el campo y los latifundios cubrieron la quinta parte del país [para esta época] una parte del capital norteamericano se orientó hacia las ciudades –hacia La Habana especialmente- y los mitos de importación, pagaderos a plazos, empezaron a exhibirse en las tiendas al alcance del bolsillo familiar. Ya no eran solo las tierras, el azúcar, las minas, la electricidad, los teléfonos; ahora eran también las gasolineras, las agencias de automóviles, las tiendas por departamentos, los supermercados, las agencias de publicidad".(5)

Según Ismael Zuaznábar, entre 1950 y 1958 las inversiones yanquis en Cuba aumentaron de 657 millones a 1001 millones de dólares. (6)  En estas circunstancias se afianzaba la hegemonía norteamericana en la Isla y los capitales de esa nación:

“(…) aparecían dondequiera que era posible obtener alguna ventaja, alguna ganancia y controlaban no solo las ramas rectoras de la economía cubana. En su esfera de influencia se encontraban artículos de perfumería, jabón y detergentes, la producción de refrescos (…) y muchos otros sectores”. (7)

La nueva dirección planteada en la economía cubana determinó un aumento en las inversiones en terrenos como la construcción y el turismo. El sector constructivo en esta etapa estuvo marcado por una excesiva concentración en torno a la capital y Varadero, que entre 1950 y 1958 absorbieron más del 80% de las inversiones anuales en ese ramo, (8)  y por un gran interés en lo relativo a las construcciones de lujo. En esta materia en Cuba se tendía a fomentar un sector constructivo hipertrofiado y una enorme competencia atizada por los intereses comerciales de las compañías norteamericanas suministradoras de tecnologías y equipamientos. Según Horacio García Mendieta en el periodo comprendido entre 1935 y 1958, en lo que respecta a la actividad constructiva en Cuba, se destacan los hoteles de la zona del Vedado (9)  amparados en variaciones a las normativas legales vigentes en materia constructiva y urbanística y al establecimiento de nuevas regulaciones jurídicas al respecto (10).  Si analizamos los datos recogidos por Enrique Collazo, a partir del Informe del Ministro de Hacienda del Gobierno Revolucionario al Consejo de Ministros en 1959 en lo relativo a las inversiones en edificaciones durante la década del 50, podremos comprobar dicho aumento.(11)  Simultáneamente, durante esta época la actividad turística se convertía en la segunda fuente de ingresos del país, superada solo por las exportaciones de azúcar y sus derivados, mientras que los negocios inmobiliarios se convertían en una gran fuente de ingresos para nuestros millonarios.

Ahora bien, las inversiones de capitales y el comercio de exportación son tan solo dos de las aristas que nos permiten apreciar la situación de la economía cubana y los posibles beneficiarios de la misma. Las estadísticas de la época acusan un creciente aumento en el comercio de importación. En palabras de Oscar Zanetti:

“(…) las importaciones aumentaron casi 250 millones entre 1948 y 1958, pero durante la etapa experimentan dos importantes caídas una transitoria en 1949 y otra más acusada en 1953-1954”. (12)

Lo anterior nos está sugiriendo dos realidades: primero, que aunque este aumento es evidente el mismo se realiza en medio de algunas fluctuaciones y segundo, que estas variaciones en los montos totales están directamente relacionadas con situaciones de crisis políticas y/o económicas y con los mecanismos de financiamiento impulsados desde el poder. Los datos ofrecidos hasta el momento pueden ser ilustrativos de la dependencia cubana del comercio de importación, pero no permiten apreciar ni los países de procedencia ni el volumen y tipos de producciones que son adquiridas. Durante estos años los Estados Unidos manejaron entre el 70 y el 85% del valor de nuestras importaciones.

Mientras estas realidades transcurrían la “buena sociedad” seguía viviendo, en La Habana más que en cualquier otro sitio, y más que nunca. Los grandes hoteles del Malecón, las casas de recreo de Varadero, las salas de juego, los clubs sociales, los cabarets del Oeste de la ciudad, los night-clubs del Vedado, los teatros, las salas de conciertos, todos estaban repletos. Los años 50 cubanos eran el paraíso del derroche para la clase alta que podía ensayar desde la capital infinidad de formas de sociabilidad y de exteriorización del poder económico transfigurado en distinción, prestigio, elegancia, glamour, modernidad.

En el proceso de reconfiguración de la sociedad republicana y de sus actores después de la Gran Depresión (1929-1933) se crean nuevos espacios de alternancia y exhibicionismo para la élite, se redimensionan los ya existentes e incluso llegan a desaparecer algunos y la vida cotidiana adquiere el ritmo “moderno”, lo cual significa que aumenta la influencia de la cultura norteamericana en Cuba. La competencia de los sujetos individuales y grupales por la capitalización de los valores simbólicos se complejiza alcanzando nuevas dimensiones y posibilidades.

La vivienda como espacio modelador de la vida familiar sigue manteniendo un verdadero protagonismo, pero comparte sus funciones con las del club social, el cabaret y el casino, lo cual está indicando un desdoblamiento y una ampliación de los modos de sociabilidad y de las experiencias personales y colectivas de los protagonistas. Aun así la vivienda preserva el doble rol de etapas anteriores: constituye uno de los símbolos más representativos de la posición social y el espacio de expresión de las actividades legitimadoras de la élite. El espacio de la gran mansión y su realización solo puede ocurrir en virtud de un espacio gradado que va desde la vivienda hacia la propia nación como representación y viceversa. Para esto debemos comprender la relación simbólica que se establece entre la casa, el reparto donde está enclavada, los espacios del y para el ocio que la circundan y la habitan, la ciudad y el propio país. Las características y alcance de esta relación quedan muy bien definidos por el arquitecto Ángel Cano cuando expresó:

“Los habitantes de las grandes ciudades (La Habana puede reputarse de tal) gustan de vivir alejados del corazón de la urbe, donde encuentran aire más puro que respirar y más tranquilidad para el descanso. Sin embargo, no desean tener su residencia demasiado alejada de la oficina…” (13) 

A simple vista, esta valoración no hace más que caracterizar el modo de vida de “los habitantes de las grandes ciudades”, pero un análisis a profundidad del texto permite entender quiénes son realmente esos sujetos y qué es una gran ciudad. Lo segundo queda aclarado inmediatamente, La Habana es una gran ciudad, lo primero resulta más difícil de delinear. Para eso debemos valorar el trabajo en su conjunto. El mismo pondera a Marianao como Zona Residencial y relaciona este espacio con un grupo de posibilidades marcadas por la exclusión. Esta segregación y definición de las funciones urbanas determina las posibilidades de los individuos que la habitan y generan a partir de las formas de vida, relaciones sociales y valores simbólicos, su identidad y representación. Del propio trabajo se desprende, además, que estos sujetos como entes individuales o colectivos necesitaban constantemente de la interrelación con los espacios exteriores ya sea, como expresa el fragmento, por imperativos económicos o, como también ocurría, por realidades extraeconómicas que servían de base a la modelación de la imagen grupal.

Después de la Segunda Guerra Mundial y en la coyuntura de la política económica de Batista, se disparan los negocios urbanísticos que coadyuvaban al continuo perfeccionamiento del aislamiento social, pero esta forma de separación es un proceso anterior incluso a la expansión hacia el Oeste. Durante el período de la Danza de los Millones se comenzaron a construir los exclusivos repartos de la élite (14) y se ensayaron formas físicas de exclusión que trascienden la cuadrícula urbana anglosajona empleada en Miramar y transita hacia el esquema urbanístico de trazado sinuoso del Country Club Park.(15)

La vida de esta capa transcurría en lo que Hugh Thomas denominó como la segunda y tercera Habanas. (16)  El Vedado convertido en el verdadero centro urbano de la ciudad, un espacio “(…) en pleno auge constructivo donde se localizaban los edificios altos y los grandes hoteles, con sus casinos, sus bares y restaurantes de lujo” (17) y del otro lado del túnel los barrios de las clases altas con casas grandes y confortables al estilo americano y con exclusivos hoteles, clubes y playas privadas se presentaban como el hábitat perfecto.(18)  Como espacios urbanos estaban llamados a satisfacer todos sus gustos y necesidades sin que fuera preciso trasponer las fronteras. La élite construyó sus circuitos comerciales y sus espacios para el ocio a su imagen y semejanza, garantizando así el principio de exclusión consustancial a estos individuos. Además, cuando este grupo no pudo garantizar el completo aislamiento creó vías de acceso rápidas y seguras a los sitios exteriores. Los puentes bajo el río Almendares, la Vía Blanca, el Malecón, la Quinta Avenida de Miramar y la calle 23 les proporcionaron ese acceso. (19)

Las nuevas tipologías y la refuncionalización de las antiguas hacían que la vida social de esta capa se complejizara cada vez más. Desde el club social, que establecía un principio directo de segregación, (20)  hasta los cabarets y casinos como Montmartre, Sans Souci y Tropicana, donde estas estrategias se tornaban más sofisticadas y pasaban directamente y de forma evidente por la capacidad económica de los asistentes. La reafirmación y posicionamiento de estos espacios dentro del panorama lúdico de la élite combinó estrategias diversas.

Los dueños y administradores de estos sitios fueron capaces de negociar la presentación en sus escenarios de prestigiosos exponentes del mundo del espectáculo, de contratar orquestas y compañías musicales y se convirtieron en animadores de las fiestas y actividades benéficas de la élite, brindando sus instalaciones para sorteos benéficos de la Lotería Nacional o para celebrar un “fashion show” por solo mencionar algunos ejemplos. Así ocurrió en el caso de Tropicana donde “(…) se exhibió, por primera vez fuera de París, la recién creada colección primavera-verano de 1954 diseñada por Pierre Balmain, quién además de encargarse del montaje, viajó a La Habana para presentar personalmente sus diseños” (21) o como ocurría comúnmente en el Hotel Nacional, que acogía a finales de año la presentación de la colección de Invierno de Christian Dior. En estos lugares se combinaron el gusto y la majestuosidad del diseño espacial con la exuberancia de las puestas en escena, para posicionar a estos sitios como los cabarets y casinos de gran lujo que visitaba la élite socioeconómica cubana.

Al fragor de la política económica de Batista, que pretendía convertir al turismo en la segunda industria de Cuba, en La Habana fundamentalmente, se construyeron los hoteles más suntuosos del momento y se equiparon los ya existentes para cubrir las nuevas necesidades, pero sobre todo se comenzaron a generar otras formas de sociabilidad influidas en muchos casos por los visitantes extranjeros. Nuestro país fue visitado constantemente por renombradas figuras del mundo del espectáculo a escala internacional. Sus visitas respondían en lo esencial a dos razones: eran contratados para actuar en el escenario de los nuevos espacios lúdicos o venían simplemente como turistas. De cualquier manera, esta afluencia continua de artistas norteamericanos, europeos e incluso latinoamericanos le permitió a la élite establecer espacios de diálogo con estas figuras y dio a la capital la imagen de cosmopolitismo tan apreciada por estos individuos.

Los millonarios tanto extranjeros como nacionales, derrochaban cada noche en los salones de los casinos de lujo gran cantidad de dinero. Este derroche constituía la demostración fehaciente de la capacidad económica de los jugadores y consolidaba al juego y a las apuestas como prácticas que simbolizaban la posición de clase. Aun así, los exponentes más conspicuos de esta capa preservaron y enriquecieron algunos circuitos del llamado arte legítimo, a partir de espacios como la Sociedad Pro-Arte Musical, el Auditorium o el Lyceum. Gracias a estas instituciones, en los teatros alternaron artistas cubanos de talla universal como Alicia Alonso con compañías de teatro, ópera y ballet como el Metropolitan, la Scala de Milán o el Ballet Theatre.

Durante la década del 50 los espacios para el ocio se contaminaron de tal manera que permitieron aunque de forma controlada, el acceso y comunicación de y con otros grupos sociales. Para esta élite resultaba fundamental determinar las condiciones en que se producía esta alternancia y quiénes tendrían participación en ella. Existían condiciones materiales marcadas por las características del espacio donde se realizaba el consumo de estas manifestaciones artísticas: los casinos de los grandes hoteles, los cabarets del Oeste habanero, los clubes sociales, las funciones de abono de los teatros o las fiestas privadas en las residencias particulares. Además, como grupo intervendrían en la selección de los espectáculos lo cual implicaba que cada propuesta y/o puesta en escena era sometida a un fuerte escrutinio que determinaba lo “moralmente” correcto o, para mejor decir, aquello que se ajustaba a sus visiones y representaciones del mundo.

Lo anterior está indicando dos cosas: primero la élite en todos los casos se reserva el derecho de aceptación o, lo que es lo mismo, el consumo de estos productos estaba pautado por criterios de exclusión y segundo, este consumo necesitará para ser legitimado de los espacios por ellos frecuentados. A grandes rasgos controlaban, ya sea directamente a través de las juntas directivas de los clubes o de las administraciones de las instituciones que frecuentaban, todos los aspectos de la producción y emisión de la obra, lo diseñaban según sus aspiraciones y concepciones, mantenían sus criterios de diferenciación, en fin, controlarán el consumo.

La élite socioeconómica cubana poseedora de esa riqueza necesitaba buscar y crear los medios y mecanismos que le permitieran su expresión. Por eso, como grupo hicieron uso de su poder para hablar en la construcción y modelación de una representación social de sí mismos y de su mundo social. Esta representación debió construirse para sí y para los otros pasando, además, por la aceptación de esos otros y contaminando todos los espacios simbólicos de nuestro tejido social absolutizando su modo de vida y sus prácticas de sociabilización como la norma generalizada en la sociedad cubana. Así esta clase utilizaba el poder del cual era beneficiaria para construir un “orden discursivo” que representara las principales dimensiones sociales del grupo de pertenencia, tales como: las propiedades distintivas, los valores, los criterios de selección y las aptitudes y actitudes individuales y colectivas; mientras que las legitimaba como las socialmente aceptables.

                                                      

                                                

              

Notas

(1) Oscar Zanetti Lecuona. Los cautivos de la reciprocidad. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003, p. 154.

(2) Según Enrique Collazo la industria azucarera cubana disminuyó sostenidamente sus volúmenes de producción a partir de 1953 al igual que los pecios que siguieron un descenso vertiginoso detenido transitoriamente en 1957 por actores de índole externa. Ver: Cuba. Banca y crédito. 1950-1958. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989, p. 28.

(3)  Ibídem., p. 31. El subrayado es de la autora mientas no se indique lo contrario.

(4)  Ver: Oscar Pino Santos. El Asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui. Editorial Félix Varela, La Habana, 2007 y Jesús A. Chía Garzón. El monopolio del jabón y el perfume en Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

(5)  Ambrosio Fornet. “En Blanco y Negro”. En: Narrar la nación. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2011, p. 212.

(6) Ismael Zuaznábar. La economía cubana en la década del 50. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 51.

(7) F. Pardeiro. “Grupos fundamentales de la oligarquía financiera norteamericana en la economía de Cuba prerrevolucionaria”. En: Colectivo de Autores. Los monopolios extranjeros en Cuba (1898-1958). Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 69.

(8) Ver: Omar Everleny Pérez Villanueva. Serie de estudios de estructura económica de Cuba. Construcciones. CIEI, UH, La Habana, 1987.

(9) Este auge constructivo en la zona del Vedado se vio impulsado por los negocios conjuntos del gran capital norteamericano, los gobiernos republicanos de la época y la mafia. Para ampliar al respecto ver: Horacio García Mendieta. “Sector de la construcción.” En: Alfonso Casanovas Montero (coord.) Estructura Económica de Cuba. Tomo II. Editorial Félix Varela, La Habana, 2006, p. 165 y Enrique Cirules. El imperio de La Habana. Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1994.

(10) Para ampliar sobre estas normativas jurídicas ver: Ángel Luis Valladares. Urbanismo y construcción. Imprenta P. Fernández, La Habana, 1954.

(11) Enrique Collazo Pérez. Ob. Cit.

(12) Oscar Zanetti Lecuona. “El comercio exterior de la República Neocolonial.” En: La República Neocolonial. Anuario de Estudios Cubanos Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 68. Este autor hace notar igualmente en su trabajo que durante la época se desató una fuente corriente de importaciones de lujo muy relacionada con la política económica de Batista.

(13) Ángel Cano. “Ensayo de Urbanismo.” En: Revista de Arquitectura. Año XV, No. 162, La Habana, enero 1947, p. 25.

(14) Según se puede observar a partir de lo planteado por el arquitecto cubano Luis Eduardo Rodríguez en su trabajo “La Habana republicana: seis décadas de desarrollo urbano en la capital de Cuba” a fines de la década de los 40 surgen los dos últimos repartos construidos para la clase alta cubana “(…) el Habana-Biltmore, proyectado por el ingeniero Ignacio Pérez en 1947, se convertirá en los años 50 en una zona residencial privilegiada [mientras que, por razones de distancia] surgió el reparto Nuevo Vedado, diseñado por el ingeniero Juan Granados en 1949”. En: Temas. Cultura. Ideología. Sociedad. No. 24-25, La Habana, enero-junio 2001, pp. 123-131.

(15) Ver: “La segregación social en la forma urbana.” En: Revista de Arquitectura. Año XXIV, No. 3, La Habana, 1971.

(16) Ver: Hugh Thomas. Historia contemporánea de Cuba. Editorial Grijalbo, Barcelona, 1982, pp. 275-277.

(17) Emma Álvarez-Tabío Albo. Invención de La Habana. Ed. Cit., p. 320.

(18) Según Carlos del Toro: “A fines de la década del 50 [los miembros de la élite socioeconómica cubana] se concentran en el Country Club, Miramar, Kohly, Biltmore y Alturas de Almendares, a pesar de que algunos patriarcas de la gran burguesía mantuvieron sus mansiones en el Vedado, quizá por un espíritu de ahorro o por costumbre tradicionalista que solo quebrantaron los herederos.” En: La alta burguesía cubana. 1920-1958. Ed. Cit., p. 18.

(19) Para ampliar sobre la disposición y función de los espacios en la etapa abordada consultar de: Emma Álvarez-Tabío Albo. La Invención de La Habana. Ed. Cit., También pueden ser consultados: Roberto Segre. Arquitectura y urbanismo. Cuba y América Latina desde el siglo XXI. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2015, Julio Le Riverend. La Habana. Vida y Espacio. Editorial MAPFRE, Madrid, 1992 y Concepción Otero Naranjo. El Vedado: historia de un reparto. Ed. Cit.

(20) Ver: Maikel Fariñas Borrego. “Las asociaciones de recreo del tipo “yacht club” y su papel en el trazado socio-urbanístico de La Habana (1920-1958).” En: Revolución y Cultura. No. 2, La Habana, marzo-abril, 2008.

(21) Félix Mondéjar y Lorenzo Rosado. Marianao en el recuerdo. Ediciones Boloña, La Habana, 2017, p. 144.

Posverdad

Por  Karima Oliva Bello

¿Qué es la posverdad?

Se trata de una mentira que los medios crean con el fin de producir subjetividades alienadas, susceptibles de ser manipuladas en beneficio del sistema.

Contexto: A mediados del siglo pasado, Dwight D. Eisenhower, el entonces presidente de Estados Unidos, resumía en una conferencia de prensa, con mucha claridad, uno de los principios más potente a partir del cual se engranan los mecanismos contemporáneos de dominación colonial capitalista de las mentes a escala global: "Nuestro objetivo en la guerra fría no es conquistar o someter por fuerza un territorio. Nuestro objetivo es más sutil, más penetrante, más completo. Estamos intentando, por medios pacíficos, que el mundo crea la verdad. La verdad es que los americanos queremos un mundo de paz, un mundo en el que todas las personas tengan la oportunidad del máximo desarrollo individual. A los medios que vamos a emplear para extender esta verdad se les suele llamar “guerra psicológica”. No se asusten del término (…) La “guerra psicológica” es la lucha por ganar las mentes y las voluntades de los hombres".

El detalle más importante es que esa "verdad" es una gran mentira. Ya no bastaba con el control del territorio físico a través de las armas, era necesaria la ocupación de las mentes para dominar la forma como las personas reflejaban los hechos. En definitiva, los reflejos cumplen la función de orientarnos, controlándolos, controlan nuestro comportamiento. El gobierno de los Estados Unidos había dado con un método muy efectivo para inducir a grandes grupos a actuar de manera conveniente para el sistema, aunque esto significase afectar los propios intereses de estos grupos como clase subalterna en el reparto de las riquezas del mundo.

¿Cómo se fabrican las mentiras?

-Manipular hechos y mentir al comunicarlos, para ejercer influencia sobre los estados de opinión pública, es una práctica que no surge en la actualidad, pero el desarrollo de Internet, los medios digitales y las redes sociales ha potencializado hasta grados insospechados este fenómeno:

-Se construye una realidad paralela a los hechos a través de la manipulación de los mismos. Se emplean fakenews, se elaboran relatos que hiperbolizan determinadas aristas de la realidad mientras se ocultan otras, se falsean datos e imágenes, se utilizan eufemismos para distorsionar el significado de determinados fenómenos.

-Se apela a la emocionalidad para neutralizar el pensamiento. El análisis crítico supone un análisis sistémico de los fenómenos, poniendo de relieve las contradicciones fundamentales, todos los factores intervinientes, las causas estructurales que están en la base de los hechos, las condiciones históricas que los determinan, los conflictos de intereses de los actores sociales involucrados, la lucha de clases y el análisis de cualquier otro tipo de orden de violencia y desigualdad.

-Se fabrican matrices de opinión para influir en la opinión pública sobre temas de interés

Para inmunizarnos y la continuidad del socialismo

-Contar con una cultura política general sobre el sistema mundo capitalista, anti-hegemónica y anticolonial.

-Poner en práctica un pensamiento marxista, crítico y sistémico para comprender las contradicciones de nuestra realidad.

-Incorporar una actitud de sospecha ante los medios y hacer habitual el ejercicio de la crítica.

-Contrastar información de medios diferentes. Reconocer a los medios y fuentes de información por su perfil ideológico. Identificar aquellos que sean más fidedignos y seguirlos.

-No replicar mensajes sin antes verificar su veracidad y la confiabilidad de la fuente. En caso de no poder hacerlo, es mejor no replicar.

-No reproducir ni sumarse a cadenas de mensajes que conlleven a un contagio de emociones negativas: miedo, ira, angustia.

Cuba en el centro de la ciberguerra
 
-Se ha creado una matriz de opinión dependiente de la narrativa del gobierno de Estados Unidos sobre Cuba: el estado cubano es un estado fallido, que reprime violentamente al pueblo. Esta matriz de opinión constituye en sí una manipulación de la realidad.

-En torno a los eventos del pasado 11 de Julio en hilo con esta matriz de opinión se crearon fake news, se falsearon imágenes y se difundieron falsos titulares en grandes medios de comunicación para hacer pasar como manifestaciones contra el gobierno las manifestaciones revolucionarias, con el objetivo de magnificar las primeras y ocultar su violencia.

-En Twitter, por ejemplo, está documentado cómo se crearon miles de cuentas falsas entre los días 10 y 11 de julio (un ejército de ciberguerra) para posicionar la etiqueta #SOSCuba y disparar las fakes con un promedio de mil tiwts diarios por cuenta. ¡Una auténtica operación de ciberguerra para influir la opinión pública nacional e internacional! En breve el reclamo de "intervención humanitaria" para Cuba se hizo trending topic.

Ante el bombardeo mediático de mentiras

-Debemos potenciar los espacios físicos para el debate y la participación política.

-Educación política de calidad.

-Formación en una cultura de valores anti-hegemónicos.

-Dispositivos para el debate y la participación.

-Búsqueda colectiva de soluciones a los problemas

-Un pueblo en Revolución, comprometido con la verdad y la continuidad del socialismo.

Reseñas

Por Victor Fowler Calzada

Richter Morales, Ulrich. El ciudadano digital. Fake news y posverdad en la era de internet. Ciudad de México: Editorial Océano de México, 2018.

La sencillez del lenguaje, así como la claridad en la exposición, son dos de las cualidades que destacan en este breve libro del autor mexicano Ulrich Richter Morales. al que se le desearían, por lo interesante y cómodo de la lectura, mayor cantidad de páginas. Tal y como señala, en las palabras introductorias, el Dr. Ernesto Villanueva, investigador del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM:

La obra en general no tiene desperdicio y es una lectura obligada para entender desde qué es un bot, un trol, hasta el funcionamiento de las fake news y cómo en la época de internet las principales empresas internacionales han privatizado de facto los derechos de la personalidad (derecho a la vida privada, al honor y a la propia imagen), al margen de la legislación, de los precedentes jurisprudenciales y de las normas y precedentes convencionales.

La experiencia de Richter como abogado le permite ofrecer esta aproximación desde la óptica del Derecho y así analizar, bajo semejante prisma, la problemática de “la era de la desinformación”, calificativo que brinda a nuestro presente. Para desarrollar sus argumentos, el autor nos presenta un primer capítulo dedicado a exponer “el significado de noticia en general” y a continuación “qué se entiende por fake news, su propagación, e incluso su influencia en las agencias de inteligencia y seguridad, incluyendo el ámbito electoral”. Después de esto, un segundo capítulo que habla del surgimiento de internet”, seguido de un tercero centrado en “las benditas redes sociales, así como su vinculación con la política”. El cuarto capítulo, titulado "Acciones en contra de las fake news", comenta las legislaciones de México, Alemania y Francia para terminar, citando a Richter, “con las acciones de denuncia que podemos realizar los
usuarios de las redes ante Twitter, Facebook y Google”. Finalmente, la experiencia personal del autor, quien enfrentó a Google en un proceso legal que duró años, le sirve al autor para escribir el último capítulo.

Para señalar lo distintivo de nuestra época, Ulrich se apropia de una frase de Manuel Castells (tomada de Redes de indignación y esperanza) y entonces destaca la acción extendida del universo de “la comunicación multimodal con redes digitales de comunicación horizontal”, ya que estas son “el medío de comunicación más rápido, autónomo, interactivo, reprogramable y autopropagable de la historia.” Es en estas redes que se genera el ambiente propicio para la condición de posverdad y donde prospera este nuevo fenómeno de las llamadas “fake news”. Respecto a esto, Ulrich toma la siguiente cita de Fake news. La verdad de las noticias falsas, libro de Marc Amorós Garcia:

Las fake news son el tren de alta velocidad que nos lleva directos a la posverdad. Expliquémoslo: decimos que la posverdad es el reinado de las emociones y las creencias personales por encima de los hechos contrastados y verificables. Pero ¿cómo logramos que esto suceda? Con fake news, es decir, con historias que nos hagan creer que la realidad es como nos gustaría que fuera: una realidad a la carta.

Índice
Prólogo
Introducción
Noticias falsas
Internet y los datos
Google, Twitter y Facebook
Acciones contra las fake news
Fake news ante la justicia
Notas
Bibliografía