Entrevistas

Entrevista a Tomás Fernández Robaina

Alexander Hall


1-Usted nació en el popular barrio de San Isidro. ¿Cuántos sentimientos y adorables recuerdos le traen ese espacio de la geografía habanera?

Muchos, hasta tal punto que cada vez que tengo una problemática social, laboral, sentimental, de pronto me veo sentado en alguno de los parques que está alrededor de la antigua muralla. Recuerdo mi infancia de niño pobre con más recuerdos agradables, felices que lo opuesto. Tal vez este análisis lo hago desde el presente al tomar conciencia de mi origen barrial que también es mi origen cultural, ideológico, religiosos social; pero cuando uno es niño no tiene esa capacidad de análisis. Recuerdo en ese entorno lo que para mí era lo normal para los habitantes de otros espacios de la ciudad no lo era. Por ejemplo, si algún vecino era ladrón o robaba, tú no podrías comentar absolutamente nada aunque viniera la policía investigando. Me crié con el enunciado proverbio “al que Dios se lo dio San Pedro se lo bendiga”, en un cuarto de ese barrio pero aun así yo era muy feliz. En lo absoluto me gustaba el estudio porque comencé a trabajar desde muy pequeño para contribuir a la economía del hogar, pero todo ello no lo tengo interiorizado como aspectos negativos de mi vida sino como cuestiones muy positivas, porque de no haber tenido esa experiencia, mi vida no hubiese sido la que en ocasiones relato en mis testimonios ni me hubiese permitido tener el parque ideológico que hoy exhibo mostrando una parte oculta de nuestra historia y realidad social.

2-En ese contexto socioeconómico tan complicado, ¿cómo valora su formación educativa y primeros pasos intelectuales?

Es una pregunta que no me cuesta trabajo responder pero me es un poco difícil contextualizar, porque estudié al empezar a trabajar y comprender lo que era trabajar como cantinero en el puerto. En ese momento me percaté que no había nacido para estar detrás de un mostrador toda la vida. Mi madre en muchas ocasiones me escondía los libros porque decía que me iba a volver loco, pero después de mayor comentaba que yo estudiaba porque era una persona que quería trascender y dejar huella en la vida. Recuerdo que de pequeño mi sueño era estudiar piano, pero mi madre no tenía ni el dinero ni los contactos para hacer cumplir mi sueño de niño. Mis primeras lecturas fueron novelas graficadas con imágenes (cómics) y ahí fue que me enteré de la vida y obra de muchos escritores y ello me motivó posteriormente a indagar en la literatura. Cuando comienzo a alfabetizar lo realizo precisamente tratando de despertar el amor a la lectura en personas que carecían de los más básicos fundamentos del conocimiento a través de obras pequeñas y didácticas y eso me hizo recordar mucho mis antecedentes iniciales en el mundo de las letras. Cuando comienzo a trabajar en la Biblioteca Nacional, no me gustaba la bibliotecología, sino la literatura, de hecho me inicio en el mundo de las letras como dramaturgo; pero al entrar en esta prestigiosa institución me doy cuenta de que tenía ya una formación bastante integral en virtud de todas las transformaciones que la Revolución estaba impulsando para elevar el nivel integral de las personas. 

3-Muy cerca de su lugar de nacimiento se encontraba la casa del reconocido proxeneta Alberto Yarini, ¿Cómo recuerda las leyendas y realidades de la época en torno a esta figura en su propia comunidad de residencia?

Muchas leyendas al respecto, las prostitutas más viejas comentaban mucho sobre eso. Las historias de Yarini en ese contexto eran cosas cotidianas. Para mí fue algo sorprendente al ver la foto de Yarini, pues no comprendía que un hombre al que no veía como excesivamente hermosos ni mucho menos, pudiera ser una figura tan codiciada y apetecida por las mujeres. Siempre que cruzaba por una parte de San Isidro mi abuela destacaba que ése era el espacio en que fue asesinado el afamado proxeneta. De acuerdo a la mitología popular a él lo matan en San Isidro entre Picota y Ejido, después me dicen que fue una cuadra más abajo; pero eso ya forma parte de la leyenda popular del proxenetismo.

Se habla mucho de Alberto Yarini como un símbolo del entorno popular, pero ese también es el barrio natal de José Martí. Si a Yarini lo matan en San Isidro en alguna parte de las calles Compostela, Picota y Ejido; José Martí nace en la calle Paula entre Ejido y Picota, es decir que San Isidro es un lugar con muchas historias atractivas. Es un espacio de mucha inmigración caribeña, donde los hijos de los españoles cuando llegaban de la escuela se cambiaban de ropa y se ponían a jugar con los niños humildes de ese lugar que vivían en solares, cuarterías y casas de modesta condición social.   

4-Su comunidad natal siempre estuvo marcada por la prostitución y otras prácticas del entorno barrial. ¿Cómo rememora esas acciones sociales así como las causas de tales actos, siendo usted una persona que ha tratado este tipo de temáticas desde diversas aristas?

Creo que sí me debe haber beneficiado en el sentido en que me he apropiado de una historia y una experiencia que no todo el mundo posee. Nadie elige a sus padres ni la clase social en que uno nace, sino que son cosas que son impuestas por las circunstancias de la vida. Recuerdo que cuando leí la obra “Una cubanita que nació con el siglo”, me inspiró para seguir adelante y tratar de describir el entorno en que se desarrolló un niño que nació en un barrio humilde de uno de los tantos solares habaneros, en los que se crean sus propios códigos culturales y patrones éticos. Por ejemplo, yo no podía llegar a mi casa con 5 centavos sin que mi abuela y mi madre me exigieran una explicación concisa respecto al origen de ese dinero. Recuerdo muy bien un sentido de solidaridad hacia lo negativo ya que al encontrarse un vecino en la prisión producto de un delito cometido, todos los residentes de la zona efectuaban una ponina para llevarle la jaba y hacer lo más llevadera posible su estancia en ese centro de reclusión. Todo ello me dotó de cierta visión que fue captando desde pequeño y la desarrollé incluso en el lugar en que trabajaba, pues al ver movimientos sigilosos y darme cuenta que se preparaba algo en el bar en que laboraba; ya fuera una agresión, una estafa, un robo o algo que se le pareciera, daba golpes en la barra y alertaba a los presentes para evitar que sucediera algún hecho aborrecible que pudiera afectar la credibilidad del lugar así como la integridad de los clientes.

5-¿Cómo lo sorprende el triunfo revolucionario y qué posiciones toma ante este acontecimiento histórico?

El 31 de diciembre llegué al bar a las 3 de la tarde a trabajar como siempre. A la 1 de la mañana la dueña decide cerrar pues sólo se habían vendido 5 pesos. Al otro día cuando me despierto me dan la noticia de que Batista había huido. Al triunfo revolucionario ya  había matriculado en la Escuela Profesional de Comercio y al comienzo de este proceso se decide impulsar una sanción contra los estudiantes de este centro por falta de vinculación hacia el apoyo revolucionario. Eso no me resultó sorprendente porque en aquellos tiempos era un joven sin ningún tipo de interés por la política, poseía un total desconocimiento de ese mundo; es precisamente la Revolución quien influye profundamente en mi toma de conciencia hacia este tipo de temáticas ya estudiando en la Escuela Profesional de Comercio. En ese centro posteriormente por primera vez escuché a hablar de Fidel Castro y de muchas otras personalidades que después tuve la oportunidad de conocer. De hecho mi barrio, nunca se caracterizó por ser un entorno altamente politizado. Recuerdo que en el año `59 a la partida de Batista muchos afrodescendiente en el barrio comenzaron a gritar y pedir que Batista no se fuera, que regresara. Desde el presente puede parecer una historia muy utópica, pero el hecho es que Batista era reconocido por muchos afrodescendientes como su legítimo representante no sólo por muchas de las medidas que tomó, sino también porque lo reconocían como negro también.

6-Usted siempre se ha considerado un intelectual de pueblo, ¿qué razones ameritan la fundamentación de esa modesta categoría?

Pienso que no provengo de una clase burguesa, ni totalmente proletaria, porque el hecho de que mi madre fuera sirvienta mi abuela bordando y cosiendo para la calle dice mucho en ese sentido. Siempre señalo que no soy un intelectual de formación académica, de hecho ni siquiera tuve una correcta formación en mi infancia porque abandoné los estudios para ponerme a trabajar, en fin, no soy como otras amistades del mundo intelectual que tuvieron una educación sistematizada desde la primaria hasta la universidad, con una formación mucho más sólida. En los años que he trabajado en la Biblioteca Nacional cuando abro los ficheros y me percato del inmenso caudal de conocimiento que desconozco así como la infinidad de libros que existen y apenas he tenido en mis manos, me considero un ignorante totalmente. He tratado de hacer valer una categoría que eleve la subalternidad y sus valores a un nivel diferente y la Revolución tiene mucho mérito en haber dignificado a personas que antes del proceso tenían escasas posibilidades de superación, convirtiéndose posteriormente muchas de ellas en figuras connotadas en el mundo artístico. Por ejemplo, para mí, la publicación del primer libro de “El Ambia”   tuvo para mí un impacto tal que decidí escribir un ensayo, aunque después fue muy criticado por muchísimos autores que eran reacios a considerar al “Ambia” (1)  como poeta; pero como él hay otros muchos que nadie los pondera ni los relata al nivel que merece.

7-¿Cuánto ha cambiado su comunidad natal desde sus primeros pasos y cómo valora el actual contexto socioeconómico luego de varias décadas de Revolución?

El hecho de que cambien las estructuras no significa un cambio en las micro-estructuras. Por ejemplo, el proyecto Color Cubano dirigido por Gisela Arandia que se proponía a través del apoyo de la UNEAC y las instancias superiores de gobierno, modificar el tétrico panorama social que prevalecía en muchos de los solares habaneros. Se lograron importantes avances, a muchas personas se les otorgó vivienda, se unificaron las cuarterías y se crearon condiciones más dignas para la vida en esos espacios residenciales, sin embargo, poco ha variado la mentalidad de los privilegiados y muchos de esos lugares siguen siendo espacios de difíciles condiciones sociales. A pesar del paso de los años, San Isidro siempre ha sido un barrio de concurrencia de mucha  prostitución y delincuencia, de acentuada división clasista que permanece en buena medida en la actualidad, a pesar de muchas de las transformaciones estructurales de las que ha sido objeto.

Por mi parte, que me crié en ese entorno siempre visibilicé dentro de mí una persona que tenía una visión algo distinta de la sociedad. Estudié en la Escuela Superior el octavo grado comercial para salir cuanto antes en busca de opciones de trabajo. Cuando triunfa la Revolución, me identifiqué mucho con ella, aunque con el paso del tiempo a mis interiores comprendí que el marxismo que se implementaba en Cuba se encontraba divorciado de los estudios progresistas de marxismo que había realizado en mis etapas más tempranas. A pesar de todo ello, decidí no irme del país y continuar apoyando el proceso. Muchas personas no comprendían mi situación, incluso, no faltaron quienes pensaban que poseía un alma de esclavo, pues existiendo en el país una política muy homofóbica, permaneciera dándole mi apoyo a sus líderes. Aun así, a pesar de todo mi esfuerzo como bibliotecólogo, posteriormente como escritor, ademá de demostrar mi esfuerzo todo acto convocado por la máxima dirección del país, jamás se me otorgó un cargo oficial ni los reconocimientos han estado a la altura de mis aportes. Sin embargo, me considero una persona de éxito, no me arrepiento de haber permanecido en la Isla y mucho menos de haber sido fiel a mis ideas desde el primer momento. 

Nota

(1) Eloy Machado (El Ambia): reconocido poeta cubano que se destacó por la exaltación en su obra del lenguaje popular y la oralidad.


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