Himno Potemkin

Desde adentro

Himnos, Marchas y Música laudatoria en Cuba

Por: Por Jorge Luis Montesino Grandías

La Colección de Partituras perteneciente a la Sala de Música León-Muguercia de la Biblioteca Nacional José Martí, cuenta con inestimables ejemplares impresos de autores cubanos y extranjeros. De igual forma, en el apartado de obras manuscritas se atesoran muchas de compositores naturales de la Isla, en ambos casos producidas en los siglos XIX y XX. Por ejemplo: Nicolás Ruiz Espadero, Gaspar Villate, Guillermo Tomás, Ernesto Lecuona, etc. Todo el fondo contiene, aproximadamente, 15 000 documentos en buen estado de conservación y resguardo.  

Temas y acontecimientos sociales, raciales, bélicos, políticos, estéticos, de cultura tecnológica mundial, regional y a escala de país, a la par que situaciones afectuosas, conmovedoras, picarescas y personales afloran en esta colección de partituras, las cuales recorren las más diversas estéticas y corrientes musicales. A propósito de la obra que motiva estas líneas, una muestra significativa es La Guerra Europea, un danzón para piano de Eugenio Moreno, con fecha de 1914. A más de numerosas piezas de contenido social y político escritas en la década de 1930 por otros autores, Pedro Luis Santos compuso el Himno estudiantil revolucionario.

Entre los hechos de trascendencia mundial con repercusiones en Cuba durante la primera mitad del siglo XX, sobresale una obra musical curiosa y rara no solo por la gesta que convirtió en melodía y el conjunto de connotaciones musicales e ideales que porta, sino también porque fue escrita en 1927, el segundo «año comunista» y de fuertes tensiones ideológicas y artísticas en la Isla. ¿Azar o afluencia? Recuérdese la fundación del primer Partido Comunista de Cuba en agosto de 1925. Agitación ideológica, artística y sonora que recibió el influjo de los movimientos sociales europeos y latinoamericanos, y, específicamente, de las revoluciones rusas de 1905 y la bolchevique de 1917. Ambas rebeliones por estudiar todavía en el imaginario político y socialista, en el ejercicio periodístico y musical cubano.   

El acorazado Potemkin en Cuba

1927 es un año pivote en la cultura cubana. En aquel momento, Cuba tuvo doblemente su “acorazado Potemkin”, hace ya noventa y tres abriles. Uno, radicó en el estreno cubano del filme dirigido por el ruso Serguéi M. Eisenstein, efectuado en el Teatro Nacional el 1 de septiembre de 1927, con previa censura y estricta vigilancia sobre los concurrentes. La segunda película soviética prohibida en esta tierra fue El botero del Volga. A la par, es decir, en aquel año, se escribió y publicó impresa una partitura registrada como Himno “Potemkin”. Es oportuno anotar que la coincidencia anual ‒como parece sucedió‒ entre la presentación del filme eslavo y la concepción y edición de la pieza musical no se me ha revelado por otras fuentes documentales ajenas a la partitura. Tampoco los pormenores inmediatos respecto al concepto y creación de este himno. Punto abierto a futuras investigaciones. Por ahora, presento los escasos datos obtenidos. De cualquier forma, tanto la apertura del filme como el texto musical hicieron evidente el impacto que las revoluciones rusas de 1905 y 1917 tuvieron en no pocos sectores de la opinión pública y el escenario político de esta isla del caribe a miles de kilómetros del estremecido país europeo. Noticias y fotografías en la prensa cubana, memorias, artículos, libros y viajes de cubanos simpatizantes con la Rusia Soviética pueden consultarse sobre el periodo que media entre 1905 y 1927. Con énfasis, a partir de 1919 varias publicaciones ofrecieron información corriente y títulos de reflexión política y social sobre aquella Revolución bolchevique. Entre la prensa seriada se distinguieron las revistas Cuba Contemporánea, Social, Carteles, la Revista de los Estudiantes de Derecho y Nuestro Siglo Revista de Información Nacional, de igual forma los periódicos La Nación y La Lucha. Un capital teórico y político se conserva en letra impresa. Periodistas, escritores, líderes políticos, obreros ácratas y comunistas, todos cautivados viajaron a Rusia en función partidista y ejercicio periodístico. Por ejemplo: Julio Antonio Mella, Alejandro Barreiro, Leonardo Fernández Sánchez, Rubén Martínez Villena, Rafael Sainz Sotomayor, Antonio Penichet, José A. Fernández de Castro, José Manuel Valdés Rodríguez, Joaquín Ordoqui, etc. Emilio Roig de Leuchsering recorrió Europa con el propósito infructuoso de visitar el inmenso país. Resultado, en 1922 la revista Social le publicó sus Recuerdos de viaje y Con el soviet ruso, en Berlin. La Revista de Avance dio a conocer el “emocionario” de Sergio Carbó: Un Viaje a la Rusia Roja, Ediciones 1928, antes divulgado en el periódico La Semana bajo el título Impresiones de un viaje a Rusia. Como parte de la tensión ideológica que irrigó todo el hemisferio occidental, el gobierno de Geraldo Machado desplegó un operativo policial y el proceso de instrucción criminal de la Causa 967 de 1927, llamado “complot comunista” en la revista Carteles. Por su parte, la Revista de Avance, en los meses de junio y agosto, señalaba «una presunta conspiración Comunista en Cuba» y un «ruidoso proceso». Los periódicos El País, Mundo y El Heraldo de Cuba, et al, cubrieron este suceso.

En este contexto, hizo su aparición el Himno “Potemkin”, bajo el concepto musical de I. Laguna y letra de A. Galindo. Sobre ambos creadores apenas se obtuvo información en la bibliografía consultada. Los musicólogos Helio Orovio y Radamé Giro no los incluyeron en sus respectivos diccionarios. De Isidro Laguna aparecen reconocidas en el catálogo de la Sala de Música León-Muguercia de la BNCJM, dos obras musicales: Pilar la contundente (para voz y piano), y Mujer fatal, canción cubana, ambas de 1933. 

Según quedó impreso en la cubierta de la partitura, el Himno “Potemkin” fue «Escrito expresamente para el más espeluznante fotodrama de la Rusia de los Zares», registrado en aquel siempre convulso 1927 por Select Pictures, Águila 32, Habana. 

La Colección de Partituras tutelada por la Sala de Música León-Muguercia de la BNCJM, conserva excelentes ejemplos de autores cubanos y extranjeros que refieren y abren nuevos horizontes investigativos sobre procesos musicales y sociales tocantes a los dos últimos siglos transcurridos. Himnos, Marchas y Música laudatoria abundan en Cuba para tales empeños.  

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