Ramón Alberto Manso Rodríguez

Imaginarios

¿Quién es Ramón Alberto Manso Rodríguez?

Por: Eddy Rodríguez Garcet

De profesión bibliotecario, he tenido una formación exclusiva en temas relativos al mundo de la información y las bibliotecas, desde la licenciatura en Información Científico – Técnica y Bibliotecología, pasando por la maestría en Ciencias de la Información y el doctorado en Documentación Científica. Debo mi formación postgraduada y mis habilidades como bibliotecario al CDICT, de la Universidad Central de Las Villas, a un colectivo que me recibió recién graduado y a su director José Rivero, donde juntos aprendimos y desarrollamos competencias, que me han permitido ser el profesional que hoy soy. Actualmente me desempeño como directivo en el Centro de Investigaciones Culturales, de Villa Clara, además como profesor titular en la carrera de Ciencias de la Información, de la UCLV y por supuesto presidente de la Filial Villa Clara, de la Ascubi, cargo que ejerzo desde hace cinco años y que me enorgullece, pues soy bibliotecario de pura cepa.

Ramón Alberto Manso Rodríguez

Ramón Alberto Manso Rodríguez

Atendiendo a ello, a su juicio: ¿Qué caracteriza al bibliotecario del siglo XXI?

Primeramente, este debe sentir el orgullo de ser llamado bibliotecario, tener claro que la esencia de esta palabra, está en la razón de ser de nuestra profesión, la de ser servidores públicos, formamos para ayudar a los demás a satisfacer sus demandas de información y de formación. De ahí que tener vocación de servicio, es clave, independientemente de los nuevos términos que, en nuestro contexto, se nos ha acuñado para identificarnos.

Derivado de ello, el bibliotecario del siglo XXI, tiene que ser un facilitador de información y conocimiento para ayudar a construir comunidades prosperas y sostenibles. Debe tener dominio de las tecnologías de la información, para así poder conservar y promover la información. Estar informado y documentado, ser creador, innovador, para construir la memoria de la comunidad en colectivo, implementar nuevos servicios y agregar valor a la información.

Otro rasgo esencial, es ser Educador, Orientador o Guía. Nos ha caracterizado siempre el estar prestos a enseñar a buscar información, acciones que en la actualidad se refuerzan con la generación de acciones, para que nuestros usuarios adquieran habilidades en el uso, consumo y generación de información y conocimientos.

Debe saber filtrar información, y conectarla con el usuario que la requiere, favoreciendo el descubrimiento de contenidos oportunos e información específica. También un buen comunicador y socializador, en cualquier espacio, tanto en el físico – tradicional, como en el virtual.

Por último, y no menos importante, se debe tener empatía, liderazgo, capacidad de trabajar en equipos, colaborador, participativo y entusiasta.

¿Ha cambiado la imagen que sobre el bibliotecario tiene la sociedad? ¿Es una profesión reconocida por todos?

A pesar de la necesidad que tiene la sociedad de consumir datos, información y conocimiento para su desarrollo, tanto en lo social, como en lo económico, aún el bibliotecario es poco visible. Persisten, prejuicios y concepciones enraizadas profundamente en la sociedad que marcan la imagen que sobre este profesional se tiene, y aunque se destacan e identifican en el mismo un conjunto de valores y actitudes positivas, la profesión es mal reconocida.

Lejano está ya, el modelo tradicionalista, que ubicaba al bibliotecario como mero custodio de grandes colecciones de libros. Ahora y en el futuro que se vislumbra, su función está más enfocada a la intermediación entre usuarios, tecnologías y sus requerimientos de información, a ser facilitador en el proceso de transferencia del conocimiento y a promover, entre los usuarios, una cultura de formación para toda la vida, aspecto en el que, por supuesto, se debe estar inmerso, pues para formar hay primeramente que estar formado.

Y en cuanto a si somos o no reconocidos por la sociedad en su conjunto, es evidente que muy poco, siempre agasajamos al médico, al maestro, el científico, al ingeniero en…, si todas profesiones importantes, pero muy pocos se percatan, que detrás de cada uno de estos profesionales está, el bibliotecario, que desde el anonimato les facilitó la información oportuna, para que su resultado fuera palpable por el resto de la sociedad. Entonces porque no reconocernos a nosotros, en una sociedad donde todos somos importantes, y unas profesiones, como la nuestra, completan a los otras.

A modo general, esto es consecuencia de dos factores, el primero: el intrusismo, muchos piensan que ser bibliotecario es, en buen cubano, coser y cantar, y el otro, que no hemos sido capaces de demostrar la valía de nuestra profesión.

Por ello creo, en la justa medida, que la sociedad se percate de las potencialidades que para su desarrollo tiene, el poder contar con instituciones de información y bibliotecarios capacitados, llegara por parte de la misma, el reconocimiento y valoración a nuestra labor, pues sin información y conocimiento, no hay desarrollo posible.

¿Cómo usted concibe la biblioteca de este siglo XXI?

Las bibliotecas están cambiando. El desarrollo tecnológico actual y las demandas de los usuarios están transformando todos los componentes de dicho sistema de información, desde los recursos humanos, el edificio, el acceso a los recursos de información, hasta los modelos de servicios. Surgiendo un nuevo paradigma, la Biblioteca Social, como espacio para la creatividad, la experimentación y la inclusión social, donde la participación y socialización de los miembros de la comunidad son ingredientes claves. De esta forma, la biblioteca en medio de su comunidad, se erige como un lugar de encuentro, de conexión entre personas, recursos y servicios, donde el libro ya no es la única forma de adquirir conocimiento.

Es así, como la biblioteca del siglo XXI, es una institución comprometida con la comunidad desde el arte y la ciencia, que propicia espacios para contribuir al desarrollo económico local, la formación, los servicios de ayuda, la conservación del medio ambiente y de la identidad y la memoria histórica. Es apoyada por la gobernación local y las organizaciones de la sociedad civil, porque la misma se erige como el núcleo, de una comunidad próspera, donde se generan espacios y servicios, para entre todos trabajar en función de su desarrollo.

La biblioteca del siglo XXI, tiene necesariamente que tener más espacios para las personas y menos para las colecciones. Su valor radica en el mayor número de servicios que pueda brindar, en acercar a los usuarios la información sin importar si está o no en su colección, en reconocer los múltiples soportes para almacenar información y el conocimiento, incluyendo a las personas y por último debe lograr construir una comunidad que sienta, a la biblioteca, como una institución importante en su desarrollo personal y social, y sea capaz de defenderla en cualquier escenario.

A su criterio ¿Cuáles son los retos presentes y futuros de la biblioteca en Cuba?

Las potencialidades tecnológicas, las facilidades de acceso a los recursos de información y los nuevos escenarios económicos y sociales, están transformado todos los sectores de la sociedad, incluyendo las bibliotecas, las que para atemperarse a este contexto han de generar nuevos modelos de servicios, cambios en sus estructuras físicas y en las virtuales y hasta renovar los perfiles ocupacionales de su personal.

El salto que se debe dar es promontorio, aún en la sociedad, y entre muchos colegas y decisores, prevalece la concepción de que la biblioteca son meramente lugares donde se almacenan libros en espera de ser solicitados por los usuarios para llevárselos en préstamo o para utilizar sus amplias salas de lectura.

La biblioteca en el presente y en su futuro más cercano no puede contentarse con proporcionar los mismos documentos, servicios e instalaciones de siempre, debe cambiar y probar ideas nuevas, reevaluar constantemente sus ofertas de servicios y buscar soluciones tecnológicas o no para proveerlos, pero siempre con la mirada en lo que es requerido por sus usuarios y basados en la necesidad de una formación continua de su personal. Solo así la biblioteca del siglo XXI, dejará de estar varada en la orilla y continuará ampliando su horizonte, erigiéndose como el lugar donde las personas descubren, aprenden, crean y comparten.

En nuestra realidad hoy, la biblioteca sigue varada en la orilla, tal vez a la espera de que por parte de los organismos decisores se acometan los cambios necesarios. Pero de continuar en esta espera puede llegar el momento que la institución muera y salvarla sea ya algo irreversible, pues en su lugar y ante tanta ausencia, habrán emergido otras instituciones o individuos que hayan asumido el rol que a la misma le corresponde como el centro cultural y social más importante de la comunidad.

El mayor reto, precisamente, es deshacernos de la inercia que nos estamos imponiendo, hemos asumido una actitud tan pasiva, tanto trabajadores como directivos, que esperamos que desde algún lugar lleguen los recursos y no autogestionamos, desarrollamos proyectos o se buscan otras alternativas de financiamiento o colaboración.

Otro elemento, es lograr un alto sentido de pertenencia por nuestra labor y por la institución. La fluctuación laboral, la fuga de graduados de la especialidad hacia sectores emergentes, la falta de visión con la formación de un graduado técnico especializado, han facilitado que en nuestras instituciones laboren hoy un grupo de personas no comprometidas, con deficiencias en una formación específica. Ganar esta batalla requiere, autosuperación, compromiso y espíritu innovador, para acometer cambios sin esperar decisiones de otros.

En resumen, nos quejamos por el poco impacto de la biblioteca, pero poco hacemos por transformar las prácticas tradicionales y cambiar ese panorama. Debemos arriesgarnos y transformar las bibliotecas, generando espacios para la innovación y la creación. Es nuestra hora, y nos corresponde ser los facilitadores para que los miembros de la comunidad creen y compartan su propio conocimiento. Debemos pensar la biblioteca como un lugar para aprender y crear, no solo para consumir, dado que su valor en la actualidad no lo dan sus colecciones, sino el volumen de servicios que ofrecen. Y finalmente como bibliotecarios debemos procurar mejorar nuestras comunidades y ser el núcleo de las mismas.

Por último, quisiera compartir sus retos profesionales, proyectos, ideas.

Como profesional uno nunca debe contentarse con lo logrado, siempre se ha de ir en busca de nuevos retos, que potencien lo aprendido y que permitan devolverle a la sociedad el conocimiento adquirido, traducido en procederes y actuaciones que redunden en beneficio para todos. En este sentido, quisiera lograr un sector bibliotecario villaclareño sólido y unido, comprometido con los nuevos tiempos y con la profesión que ejercen, para ello, de conjunto con otros colegas he puesto mi empeño, en desarrollar un proyecto ambicioso, una institución - espacio, que servirá de sede social para la asociación y a la vez de laboratorio participativo, donde se prueben saberes aprendidos y se retribuyan en beneficio de la colectividad, institución que se ha denominado BiblioLab ASCUBI, y que marcha a buen ritmo.

Lo demás, mi conocimiento y lo aprendido está a disposición de todos, como buen bibliotecario estoy presto siempre a ayudar, pues es una profesión de servicio, y reconozco que en ello esta su valor y mi orgullo.

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