Foto de Ricardo Palma

Nombrar las cosas

Un libro tan sesudo como pícaro de “El bibliotecario mendigo”

Por: Argelio Santiesteban

Son muchos los que, a la palabra “erudito”, le dan un vínculo de sinonimia con “pesado”, “cargante”, “sangrón”, “sangripesado”, “antipático”. Y llegan hasta pronunciar “chorro ‘e plomo” y “puente roto” (pues “no hay quien lo pase”).

Infortunadamente, quienes así piensan, a menudo tienen toda la razón del mundo.

Pero, comadres y compadres, yo les juro por lo más sagrado que en estos mismos momentos estoy aguantándome el abdomen, revolcado de la risa, mientras releo cierto libro concebido nada menos que por un sabio.Sí, porque semejante lumbrera, aquel académico, no le hizo asquitos al gracejo popular, sino que lo acogió, alborozado.

Vayan algunos botones de muestra:

“Un jesuita y una suegra saben más que una culebra”.

“Es el amor un bicho / que, cuando pica, / no se encuentra remedio / ni en la botica”.

“Las mujeres y cuerdas / de una guitarra / es menester talento / para templarlas.”

“Un cazador famoso / poco advertido, / por matar a un venado / mató a un marido”.

Claro está, hemos venido hablando de las Tradiciones peruanas (1). Presentado el milagro, vayamos al santo: Ricardo Palma (Lima, 1833 – íd., 1919) fue, sin dudas, un ser multidimensional. Sí, eso que los anglófonos llaman un “utility man”.

Cultivó la poesía, el costumbrismo, la investigación histórica, el teatro, el costumbrismo, la lexicografía. Quinceañero, se inició en los ingratos quehaceres de la prensa. Ejerció con entusiasmo la promoción cultural.

Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española y presidió desde su fundación la Peruana de la Lengua, tribunas desde las cuales defendió ardorosamente los vocablos nacidos de este lado del Atlántico, desde “acriollarse” hasta” “andino”. Pero no imaginemos a un paliducho ratón de gabinete. Porque él fue, también, un hombre de acción.

Muy joven, ya lo encontramos como oficial de la armada peruana. En1855 sobrevive milagrosamente a un naufragio. Tomó parte en el desembarco de Guayaquil en 1859, durante la guerra con Ecuador. En 1860 se contó entre los liberales que efectuaron un fallido asalto al palacio presidencial. En El Callao, 1866, combate contra la escuadra española. Un proyectil enemigo hace volar un polvorín donde él se encontraba minutos antes de la explosión.

Durante la Guerra del Pacífico (1879-1883) lo hallamos nuevamente arma en mano, enfrentando al invasor chileno. Entre los desastres ocasionados por la ocupación se contó el saqueo e incendio de la Biblioteca Nacional del Perú. Cuando se retira el invasor, Palma se hace cargo de resucitar a un muerto: traer a la vida la destruida institución. Y se gana un apelativo, El Bibliotecario Mendigo, pues constantemente le ruega a sus allegados de todo el mundo que donen libros para la biblioteca.

De más está decir que, quien tanto brilló en campos disímiles, tuvo una legión de enemigos. No soportaban sus críticas a las autoridades gubernamentales y de la Iglesia. Censuraban sus irreverentes comentarios. Lo increíble: le echaban en cara ser “hijo natural” de Dominga Soriano, una cuarterona, o sea, alguien cuya sangre tenía una cuarta parte de procedencia subsahariana.

Pero los aquejados por la “carcoma de los huesos” –la envidia, según Salomón—no lograron borrar la sonrisa burlesca en la faz del tremendísimo volteriano.

Como cierre, un útil consejo: Amable lector, amigo que sigues estas líneas, si alguna vez sienten que el gris ángel de la depresión les sobrevuela el occipucio, apoltrónense en compañía de Tradiciones Peruanas.Les aseguro que la receta es infalible.

Sí, porque en aquellas páginas, tan eruditas como pícaras, se logró el viejo sueño de los pedagogos: instruir divirtiendo.

Citas

(1) Aquí se publicó una edición (Instituto Cubano del Libro, 1971)) que recoge un centenar de las 453 tradiciones.

  • Foto de Victor Casaus
    El periodismo Paubliano de Víctor Casaus en la revista Cuba
    Por: Hilda Pérez Sousa

  • Foto de la Entrada del Castillo de San Severino
    Francisco Pérez: El ingeniero pardo y criollo
    Por: Johanset Orihuela León

  • Foto de la portada del libro: Modotti
    Modotti. Una mujer del siglo XX, y la necesidad de biografiar por siempre y para siempre con amor
    Por: Astrid Barnet