Foto de Victor Casaus

Nombrar las cosas

El periodismo Paubliano de Víctor Casaus en la revista Cuba

Por: Hilda Pérez Sousa

La revista Cuba continuadora de su antecesora INRA fue una de las emblemáticas del periodismo cubano de la década de los sesenta y es valiosa fuente documental de las principales transformaciones ocurridas en la isla durante la primera década de la Revolución Cubana.

Muchas fueron las personas que aportaron desde la fotografía, el diseño, el dibujo y el periodismo a esta publicación que en el decursar de los años se convirtió en el embrión de donde germinaron transcendentales figuras de nuestra intelectualidad. Sobre este tema entrevistamos a uno de los colaboradores de la misma, Víctor Casaus.

¿Qué tipo de periodismo hacia usted en la revista?

Dentro del trabajo que desarrollé en la revista te pudiera decir, que la búsqueda de temas, seguramente influenciado sin darme cuenta o dándome cuenta por Pablo de la Torriente Brau de hacer un periodismo vivo, en los lugares, ver los acontecimientos con la gente que los vive, recoger sus memorias aprovechando y homenajeando el lenguaje y los personajes populares y dejarlo documentado lo mejor posible, de una manera periodística, según yo pudiera en aquel momento. Creo en este sentido, que hacía un periodismo Paubliano. A pesar de trabajar en un lugar fijo, primero en la revista Mella después en otros lugares, lo que más hacia era reportajes. El reportaje, como lo entendemos nosotros es dirigirte a un lugar, tomar información y escribirlo después. En la revista Cuba hice algunos como Cuatro historias de la juventud , que fue mi primer trabajo para esta publicación seguramente de una propuesta mía de hacer un reportaje a este lugar a un año después de la catástrofe del ciclón que había pasado por la parte Sur de Oriente. En otros trabajos como Un cayo llamado largo se abordó la labor de los pescadores de camarones, que era la principal pesca realizado en Cayo Largo del Sur, y cómo el hombre llegó a ese lugar para transformarlo y lo preparó para vivir en él . Algo similar ocurría en Camagüey, Ciego de Ávila e Isla de Pinos donde llegaron miles de jóvenes comprometidos a trabajar en la agricultura . Estos artículos abordaban algunas de las transformaciones que iban ocurriendo en Cuba desde los inicios del proceso revolucionario.

La entrevista a Teresita Fernández se realizó un año después del Concierto de Bellas Artes en julio de 1966 . Ese había sido el comienzo de una bella amistad y una hermandad prácticamente hasta que ella no estuvo con nosotros. Después con la aparición del Centro Pablo, la amistad tomó otro vuelo, otras posibilidades donde Teresita Fernández hizo un concierto a Martí, un concierto de canciones para adultos, en fin, era una hermandad emocionante. Pienso que el concierto de Bellas Artes de julio del 66, fue muy importante para la pequeña historia de mi generación y también para Silvio. Ese concierto se llamó Teresita y nosotros. Entre “nosotros”, estaba Silvio como el trovador, que acababa de salir del Servicio Militar Obligatorio, que no había hecho su primer concierto público, solamente con amigos, y en unidades militares, mientras estuvo en el ejército. Fue el momento de despegue en su carrera profesional, por llamarlo de alguna manera. Y el hecho que se llamara así Teresita y Nosotros, para mi tiene una significación muy grande, porque subraya a esa generación poética.

¿Cuál era el estilo de esta revista y cómo fue sumido por usted que en aquel momento en que sólo era un joven?

Su estilo era el darle un espacio a los grandes y buenos reportajes, pero también estaba el aspecto pedagógico. Allí aprendíamos con Darío Carmona, con González Bermejo y otros directores y compañeros. Darío Carmona: era como una especie de mentor en la revista, debido a su experiencia periodística extraordinaria y su sentido pedagógico muy marcado. La revista permitía un despliegue importante de espacio para los trabajos y esto naturalmente, al periodista que hace un trabajo le gusta que sea amplio, porque puede incluir muchas fotos, se acercaba a lo que uno quería hacer y por eso es que colaboramos tanto. Yo, un poco y otros más, hasta ser gente fija allí como Guillermo Rodríguez Rivera. Tanto el interés mío como el de otros periodistas era este, hacer reportajes.

¿Qué significó para usted el haber sido colaborador de esta publicación?

En cuanto a lo personal y para mi trabajo periodístico yo lo considero un momento muy importante, aunque no me diera cuenta, porque esas cosas suceden y uno se da cuenta después, ese aspecto del aprendizaje de la labor periodística, de ver un buen periodismo hecho al lado tuyo, no el que hacías tú, sino el de los compañeros que trabajaban en la revista y que tratabas de hacerlo así. Era un aprendizaje natural, en caso de Darío Carmona guiado por un sentido pedagógico y que nos llegaba mucho a los colaboradores y a los periodistas. Deja también la alegría de haber colaborado, aunque fuera así esporádicamente, en una publicación que yo creo que fue, esa palabra se ha oído hablar muchísimo, un paradigma del buen periodismo.

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