Foto de la Entrada del Castillo de San Severino

Nombrar las cosas

Francisco Pérez: El ingeniero pardo y criollo

Por: Johanset Orihuela León

Francisco Pérez fue un mulato libre, natural de Santiago de Cuba, con una larga trayectoria en la arquitectura militar cubana de finales del siglo XVII. A través de su carrera trabajó en las obras más importantes de la isla, y sirvió junto a múltiples arquitectos e ingenieros militares por casi medio siglo. Lamentablemente, de su vida se conocen pocos detalles.

Nacido esclavo, adquirió su libertad y llegó a La Habana en 1650 como mulato libre. En 1666 fue examinado y aprobado para la plaza de arquitecto por el arquitecto de las obras reales de Madrid, Juan Torisa. Desde finales de esa década trabajó como aprendiz y discípulo de Juan de Síscara Ibáñez, sirviéndole de administrador de las obras habaneras, como la muralla. Adquirió el título de “Maestro Mayor de Arquitecto y Alarife” con el favor real y el asentimiento de varios gobernadores a finales de 1679. Antes, había aspirado a puestos de “medidor de tierras” y agrimensor. Con este título trabajó en las murallas entre 1684 y 1690, bajo la tutela de Síscara. Confeccionó planos como el que realizó para el Colegio de la Compañía de Jesús.

Francisco Pérez jugó un papel especial en los proyectos de fortificación de la bahía de Matanzas. Colaboró con Síscara en los proyectos de Ledesma, Córdoba, Viana y Manzaneda, con quienes realizó varios viajes de inspección y sondeo de la bahía entre 1681 y 1690. Para el gobernador Viana, en 1687, había ayudado a terminar un baluarte de la muralla habanera y acudido a la bahía de Matanzas con 50 obreros y un cantero. Sobre el terreno que luego sería ciudad, abrieron una cantera y construyeron un horno de cal para comenzar las labores de fortificar la bahía; proyecto que quedó paralizado. En enero de 1690, acompañó al gobernador Severino de Manzaneda, ingeniero militar Juan de Síscara y el piloto práctico de costas, Francisco Romero, a realizar un detallado reconocimiento del terreno -como el Corral de Yumurí - y sondeo de la bahía, en pos de adelantar este proyecto. Francisco Pérez participó en las mediciones y sondeos del terreno en 1690, pero no en 1693, para cuando estuvo involucrado en las obras santiagueras.

Al morir Síscara Ibáñez en diciembre de 1690, regresó a Santiago de Cuba, donde trabajó como arquitecto de obras militares en el Castillo de la Roca de San Pedro. Allí, el gobernador de Santiago de Cuba, Juan de Villalobos, con cierto apoyo limitado de Severino de Manzaneda, advocaron para que se le honrara al “ingeniero pardo” Francisco Pérez con el título y plaza de ingeniero militar de la isla, la plaza vacante de Síscara. Villalobos estipuló al Rey que Pérez era un ingeniero “experimentado” y de “suficiencia”, sumándole una pisca del racismo discriminatorio común de la época al decir que “…aunque su color es pardo, las obras, modestia, capacidad y buenos procedimientos son muy blanco…”.

En 1691, Manzaneda había informado la muerte de Síscara e indicado la necesidad de un reemplazo con la mayor brevedad con el fin de dar comienzo a la fortificación de Matanzas, para el cual consideraba a Pérez apto: “y lo tengo por abril”. Pero a pesar del patrocinio, el 9 de junio de 1692, la Junta de Guerra decidió darle la plaza al sargento mayor Juan de Herrera y Sotomayor, quien llegó a La Habana a tomar posesión de su nuevo cargo el 30 de octubre de 1692.

Quizás en la decisión de la Junta influyeron algunos antiguos criterios. En 1675, bajo la gobernatura de Ledesma, el obispo Díaz Vara Calderón prohibió todo tipo de fiestas. En una noche de vigilancia, a “una cuadra del cuerpo de guardia del gobernador, encontraron un baile muy concurrido o deshonesto en la casa de Francisco Pérez, mulato libre, que ordenaron cesara” inmediatamente. A finales de 1689, el gobernador Viana Hinojosa se había quejado de Pérez, diciendo de él que era “muy flemático”, “no sirve”, “y nada ahorrativo en las obras que hace”. Además, que consideraba su sueldo excesivo, sumando “que este fue esclavo y goza un sueldo tan considerado como es de mil 072 pesos anuales”. Manzaneda también creyó excesivo su sueldo en 1691, y pedía que se le rebajara una tercia parte, pero que se le diera la plaza de Síscara. La Junta acordó aprobarle la plaza que poseía y seguirle pagando su sueldo, pero no la posición de ingeniero militar de la isla por ya tener nombrado un ingeniero.

En 1695, Francisco Pérez suplicaba que se le pagara el sueldo que se le debía por los cinco años desde que había comenzado a trabajar en el Morro de Santiago, informando que para entonces había cumplido 48 años de servicios, de los cuales 32 habían sido a salario y 16 a sueldo. No sería hasta 1697 que se ordenara pagársele los atrasos.

Desde mediados del siglo XVII venía creciendo una importante incorporación de criollos en puestos eclesiásticos y militares - los más elevados de la pirámide social de Cuba colonial. Pero esto no fue sin resistencia de la metrópolis y peninsulares. Como ejemplo en 1660, el comisionado general de Indias, Andrés de Guadalupe, le comentaba insultado al Rey sobre la petición de Gabriel Díaz Baza Calderón, obispo de Santiago de Cuba, de que se les permitiese a los criollos alcanzar el título de sacerdotes.

Francisco Pérez, el criollo ingeniero pardo, falleció en la ciudad de Santiago de Cuba en 1710 sin mayor título. Quizás más que su mestizaje, sueldo o anfitrión de exuberantes fiestas exóticas, fue ser criollo lo que le impidió alcanzar la plaza de ingeniero de la isla, una plaza, que entonces, como casi toda plaza militar o gubernamental de alto nivel, era reservada solo para peninsulares.

Referencias

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