Foto de la portada del libro: Modotti

Nombrar las cosas

Modotti. Una mujer del siglo XX, y la necesidad de biografiar por siempre y para siempre con amor

Por: Astrid Barnet

No pretendemos profundizar en la vida de una mujer, italiana, de extracción humilde, emigrante desde muy joven a Estados Unidos, actriz de Hollywood, comunista de pensamiento y acción revolucionaria, colaboradora del fotógrafo estadounidense Edward Weston, musa del prominente pintor Diego Rivera y amiga de Frida Kalho.

Además de: colega y amiga de Julio Antonio Mella, líder estudiantil y militante comunista cubano asesinado por las hordas del régimen fascista de Gerardo Machado, en 1929; compañera del agente anti fascista Vittorio Vidali y Heroína de la contienda contra el franquismo y fascismo durante la Guerra Civil Española, al mismo tiempo de laborar como enfermera en el hospital obrero del Socorro Rojo Internacional.

Todo ello y mucho más narra en su novela gráfica Modotti.Una mujer del siglo XX (1), el autor español Ángel de la Calle (1958), quien con su escritura caricaturesca a manera de comics, presenta una obra que ha trascendido en publicaciones como Zona 84, Comic Internacional, Rambla, El Víbora y Heavy Metal, entre otras, hasta recibir el Premio a la Mejor Obra de creación en el Salón Oficial de Barcelona, y formar parte de la Selección Oficial de Angouléme, en 2019. En 2005 publicó, por primera vez, Modotti. Una mujer del siglo XX, título que ha llegado a ser pionero en el género de novela gráfica en España, motivo por el cual ha sido reeditada en varias ocasiones y traducida a seis idiomas.

En este volumen, con prólogos del reconocido escritor hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II, quien también participa como personaje, se le da apertura entre sentimientos de desencanto, nostalgia, grandeza y necesidad de biografiar por siempre y para siempre con amor, a la personalidad de una mujer que tuvo vivencias casi únicas y enmarcadas en un período histórico sumamente difícil a partir del surgimiento y desarrollo del fascismo en Europa, que logró participar con una gran cuota de heroísmo y sacrificio en disímiles actividades no sin ser algunas de ellas relatadas de forma contradictoria, inexacta y hasta en ocasiones concebidas con una buena dosis de maledicencia contra la protagonista, por parte de algunos biógrafos, pero que siempre cabrán dentro de las vertientes del pensamiento aleccionador hacia lo humano y hasta la fecha, algo inaccesible referido a la vida de una mujer que sufrió, luchó y trabajó por una causa justa consagrada a los humildes, por los humildes y para los humildes.

Sin embargo, no nos referiremos, como mencionamos al inicio, a la cruda realidad política que vivió el mundo de aquel entonces; como tampoco a la excelente capacidad personal de Tina para saber afrontar innumerables y crueles circunstancias que se debatieron a su alrededor, desde muy pequeña en Údine, provincia italiana de Véneto, donde nació en 1896 y se crió en el contexto de un hogar de obreros pobres, o cuando decidió emigrar a Estados Unidos donde se vinculó al mundo de la fotografía junto a Edward Weston, nada de esto nos proponemos, no sin antes exhortar al lector a la adquisición de esta magnífica obra.

En otras palabras: mucho nos motivó un artículo que Tina escribió en la revista Folkwais titulado On Photography (Sobre la Fotografía), que sirvió como presentación de su última muestra fotográfica, en diciembre de 1929, en Ciudad de México. El presente libro, Modotti…incluye algunas de ellas. Escribió Tina en esa oportunidad:

“Cada vez que se usan las palabras arte o artista en relación con mis trabajos fotográficos, noto una sensación desagradable, debida sin duda al mal empleo que se hace de tales términos. Me considero una fotógrafa, nada más. Si mis fotografías se diferencian de las que generalmente se hacen, de debe a que no trato de producir arte, sino fotografías honestas, sin recurrir a trucos ni artificios; mientras la mayoría de los fotógrafos continúan buscando efectos artísticos o la imitación de otras expresiones plásticas. Lo cual produce un efecto híbrido, que no permite distinguir en la obra su característica más significativa: su calidad fotográfica.

“Se ha discutido mucho en los últimos años si la fotografía debe o no ser considerada obra artística digna de compararse con las otras artes plásticas. Existen divergencias entre aquellos que la consideran un medio de expresión como los demás y los miopes que miran este el siglo XX con los ojos del XVII; siendo incapaces de distinguir los aspectos más importantes de nuestra civilización tecnológica. Pero a los que usamos la cámara como instrumento del oficio, como un pintor utiliza sus pinceles, no nos interesan las opiniones contrarias, porque gustamos de la aprobación de cuantos reconocen las múltiples funciones de la fotografía y su directa elocuencia para fijar y registrar la época actual.

“Por eso no es indispensable saber si la fotografía es un arte o no. Lo que cuenta es distinguir entre buena y mala fotografía. Buena es aquella que acepta los límites de la técnica fotográfica y aprovecha las posibilidades y características que el medio ofrece. Mala es aquella fotografía realizada con complejo de inferioridad, no reconociendo el valor específico del medio y recurriendo a todo tipo de imitaciones. Estas obras dan la impresión de que el autor casi tiene vergüenza de fotografiar la realidad, e intenta ocultar la esencia fotográfica de la obra sobreponiendo trucos y falsificaciones.

“La fotografía sólo puede ser realizada sobre el presente, y sobre lo que existe objetivamente delante de la cámara; se afirma como el medio más incisivo para registrar la vida real en cada una de sus manifestaciones. De ahí su valor documental. Si a esto añadimos sensibilidad y conocimiento de los temas, junto a una idea clara del lugar que se ocupa en el desarrollo histórico, el resultado será digno, creo, de ocupar un sitio en la producción social, a la que todos debemos contribuir”.

Madurez profesional, capacidad inobjetable de un objetivo a partir del desplazamiento del lente ante cualquier circunstancia, hecho e imagen desafiando tiempo y espacio, talento indiscutible ante lo que se quiere captar…Huelgan los comentarios. Tina, en este artículo de su autoría, nos lo narra y enfatiza, ante todo, en el momento de desarrollo histórico y social; en la utilización de ese lente para explicar la memoria histórica y social, “la esencia fotográfica de la obra”, donde jamás existan o lleguen a sobreponerse “trucos y falsificaciones”.

Esta es la Tina Modotti profesional del lente de la vida y sus realidades, con una obra que pudo haberse multiplicado mucho más. Murió en 1942 en Ciudad de México, producto de una afección cardiaca, luego de salir de una reunión a la que fue invitada por varios intelectuales amigos, entre el inmenso espectro de éstos, y colaboradores que le conocieron, entre los que se contaba el inolvidable Premio Nóbel de Literatura y miembro del Partido Comunista de Chile, Pablo Neruda. Dedicado a Tina, Neruda escribió y declamó ante su tumba uno de sus más hermosos poemas:

“Tina Modotti, hermana, no duermes. No, no duermes.
Tal vez tu corazón, oye crecer la rosa de ayer,
la última rosa de ayer,
la nueva rosa.
Descansa, dulcemente, hermana.
En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas
polvorientas, algo se dice y pasa;
algo vuelve a la llama de tu adorado pueblo,
algo despierta y canta.
Son los tuyos, hermana, los que hoy dice tu nombre;
los que de todas partes del agua, de la tierra.
Con tu nombre, otros nombres callamos y decimos,
porque el pueblo no muere”.

La tumba donde descansan los restos de Tina Modotti fue restaurada en el 2005 por el Instituto Italiano de México. La piedra que diseñase Hans Meyer, en la que Leopoldo Méndez esculpió los versos de Neruda, continúa allí casi borrada.

Citas

(1) Modotti.Una mujer del siglo XX, Ángel de la Calle. Edita: Casa de las Américas, Para leer en Libertad AC y Rosa Luxemburgo Stifung. México, Segunda edición, diciembre 2019.

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