Calcagno: un tesoro entre las obras de referencia

Ana Margarita Oliva Núñez. Especialista de Sala Cubana. BNJM.

El Diccionario Biográfico Cubano, obra que se conoce comúnmente entre los bibliotecarios como "el Calcagno", por el nombre de su autor: Francisco Calcagno Monti, es una obra monumental e histórica del siglo XIX cubano. Recoge desde la A a la Z, cubanos que brillaron en Cuba, cubanos que han brillado en la península o en el extranjero, y peninsulares y extranjeros que han brillado en Cuba. Contamos con varios ejemplares en la Biblioteca Nacional José Martí, que han pasado a formar parte de los libros de referencia, por ser una fuente de primera y obligada consulta por todos los investigadores nacionales y extranjeros que nos visitan.

Para conmemorar en este 2008, los 130 años de publicada esta obra, recordaremos aquí algunos datos de la vida del autor y resaltaremos rasgos de su obra magistral. Calcagno fue escritor, maestro y fundador de ideas dignas y útiles para nuestro país. Fue un hombre distinguido que con su rico y abundante quehacer ganó un lugar en la historia de la literatura cubana. Dedica su libro al ilustre pensador y baluarte de las letras y de la instrucción en Cuba, Antonio Bachiller y Morales.

Francisco Calcagno Monti nació en Güines el 1ro de junio de 1827 y falleció en Barcelona (Cataluña), España, el 22 de marzo de 1903. Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal y después cursó Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Viaja a los Estados Unidos, Francia e Inglaterra ampliando sus conocimientos sobre idiomas. Regresa a Güines por la muerte de su padre en el año 1860. Crea allí la primera imprenta, la primera biblioteca, la primera academia de idiomas, la sede era su casa y también creó el primer periódico que se titulaba Álbum Güinero. Fue fundador de la Academia de la Historia de Cuba. Se consagró a la enseñanza y al cultivo de las letras. En La Habana, de 1864 a 1869, desempeña la subdirección del colegio San Francisco de Asís y Real Cubano. Debido a nuestras guerras de independencia, emigra a España y establece residencia en Barcelona. Colaboró en varios periódicos de la época: El Progreso, Faro Industrial de La Habana, La Prensa, La Razón, El País, La Libertad y otros. Se consagró a la enseñanza y al cultivo de las letras. Publicó entre otras: Mesa revuelta (1860), Historia de un muerto (1875), El Emisario, Poetas de Color (1887), (colección de versos de Plácido, Manzano, etc.), En busca del eslabón(1888), Las Lazo (1893), Los Crímenes de Concha, Don Enriquito, Recuerdos de antes de ayer (1894), en Nueva York en 1878 se publica el famoso Diccionario Biográfico Cubano. Utilizó varios seudónimos: Narciso Blanco, Un Desocupado, Ignoto, Claude La Marche.

Calcagno comienza a trabajar en el Diccionario, según afirma en su prólogo, en el año 1859. Inició su publicación parcial en forma de entregas, en Nueva York, en 1878 y la concluye en 1886 en La Habana. Esta obra comprende el historial documentado de todos los hombres cubanos, o que pasaron por Cuba y que descollaron en alguna disciplina, en lo político, en lo intelectual, en el bien humano. No está exenta de numerosos errores, explicables por la magnitud del empeño emprendido por un solo hombre. Ha sido hasta nuestros días el más serio intento en trabajos de su clase realizados en el país. (Datos tomados del Diccionario de Literatura Cubana, T.1 1980 y del Diccionario Cuba en la Mano, 1940).

Muchos sabios y eruditos del siglo XIX dedicaron espacios y textos valorativos sobre la grandiosidad del aporte de Calcagno.

Por ejemplo, la Revista Cubana, dirigida por Enrique José Varona, del año 1886, en el TOMO IV, dedica un espacio titulado: NOTAS EDITORIALES donde el director comenta sobre la última entrega del diccionario:

"La última entrega del Diccionario Biográfico Cubano ha visto la luz.Calcagno, ha puesto la postrera piedra a su obra de veinte años, puede ya decir con modesta satisfacción Exegui monumentum, en efecto, ha levantado su monumento y lo ha dedicado a su patria. Solícito y perseverante, ha ido día tras día acopiando materiales dispersos, recogiendo noticias casi olvidadas, sorprendiendo rastros semi borrados de una historia en su mayor parte inédita, y ha logrado al cabo, merced a su infatigable constancia, sacar de la oscuridad y poner ante nuestros ojos, todo un aspecto de la vida del pueblo cubano."

En la sección conocida como de Recuerdos y Notas, Domingo Figarola Caneda, que era muy buen amigo de Calcagno, autor también de una obra de meritorio y altísimo valor, el Diccionario Cubano de Seudónimos, escribió sobre él en la edición de homenaje póstumo de El Fígaro, del mes de abril de 1903:

"Su obra de más importancia, y que le garantiza puesto bien ganado en nuestra historia literaria, es sin dudas el Diccionario Biográfico Cubano (Nueva York, 1878, de 727 páginas).

Francisco Calcagno (recuerdos y notas)

Mucho mucho pudiera decir sobre el cubano de mérito que, emigrado, triste y viejo, ha muerto en Barcelona el 22 de Marzo. EL FÍGARO me ha pedido cuatro cuartillas, y aunque le remita el doble, ¿qué podré decir en ellas que sea bastante para presentar a uno de mis maestros de colegio mas distinguidos, y con quien he estado en relaciones desde 1865? En La Ilustración Cubana publiqué su retrato –que le pareció muy feo para ser el suyo– y una biografía, que juzgó muy completa y exacta; a mi biblioteca acudía por las mañanas a tomar notas o a reclamar algo que me había encomendado escribir; en Barcelona –con Antonio Guiteras y el Dr. Emilio Blanchet– fuimos concurrentes diarios del Ateneo, en 1888; en la Habana, más tarde, merecíle espontáneos elogios por unos fragmentos de un estudio sobre Isaac Carrillo y O'Farrill, dados a la estampa en este mismo FÍGARO, y también me castigó con más de un regaño, "por la majadería" de no haber concluido ese trabajo; y por último, en plena Exposición de 1900, fue a abrazarme al hotel en que yo habitaba, a relatarme el interés con el cual durante la guerra, leía en el Ateneo Bar–celonés La República Cubana, que yo enviaba desde París, y a evocar los recuerdos de sus campañas por las libertades de Cuba, y con particularidad por la dignificación de la raza de Plácido y de Manzano, de Maceo y de Severiano Heredia.

Y con todo esto que viene y se agolpa en mi memoria con la doble tristeza que produce recordar cosas que fueron y a su protagonista recién desaparecido , y enriqueciéndolo además con su correspondencia, llena de genialidades, que en su mayoría hacen reír, y varias de ellas impublicables por lo íntimas, buen número de cuartillas pudiera dar a la imprenta, evitando así que –probablemente– desaparezcan con el muerto querido aquellos rasgos que constituían en él una fisonomía propia, y que servirían para, hacerle más y mejor conocido de sus contemporáneos.

Por hoy, para cumplir con lo que se me pide, he de limitarme a recordar a Calcagno cuando lo ví en París en Julio de 1900. Fué a vivir a la rue de la Chaussée d' Antin número 47, donde habitaba una prima suya casada con el Sr. Arriete y la familia del Sr. José Curbelo. Lo hallé, naturalmente, mucho más dueño de ese triste privilegio de la vida que se llama la ancianidad, más delgado y encorvado, de andar más lento, de voz más débil y pausada, con esa barba blanca y crecida que se ve en la fotografía, y que no le conocí en Cuba ni en nuestra época de Barcelona. Había en sus ideas y en su lenguaje esa melancolía que se apodera del hombre observador que ha vivido largos años, y que ha visto y estudiado mucho para darse exacta cuenta de la realidad de todo lo humano; y sin embargo, esto no pudo contribuir en nada a hacerle desmayar en su fe por la rehabilitación y el engrandecimiento de la raza latina, y su folleto La República, única salvación de la familia cubana, de igual modo que su entusiasta colaboración en El Mundo Latino de Madrid, son buena muestra de esto que afirmamos.
Mas lo que no pude explicarme fué su respuesta al instarle yo para que regresara a la Habana.

–Allá no puedo vivir con la que vivo en Barcelona, respondióme.

Y Calcagno, que tenía rentas, que era un hombre sin familia y muy económico y frugal, por muchas ó pocas que fueran aquellas, no alcancé a comprender entonces –ni lo alcanzo ahora– la razón de sus palabras.

Al mes siguiente regresó a Barcelona, a habitar de nuevo en su "rincón" de la Plaza de la Universidad, y a continuar esa labor del cerebro y de la pluma a la cual siempre estuvo consagrado; pues aunque no como Bachiller y Morales y algunos otros cubanos, la producción bibliográfica de Calcagno acredita una consagración y una labor nada comunes entre nosotros.

Su obra de más importancia, y que le garantiza puesto bien ganado en nuestra historia literaria, es sin duda el Diccionario Biográfico Cubano (Nueva York, 1878, 1. 8°., VIII–727 p.) Bien que adoleciendo de errores de fechas, títulos, nombres, etc. de cohesión y de igualdad, de lima en el estilo y de corrección en las pruebas, el autor prestó con esta obra un servicio excepcional a su país, debiendo citarse entre las más acabadas las biografías de Arango Bachiller y Morales, Saco y Varela.

Y para dar idea más completa del trabajo que nos deja este escritor cubano, terminaré presentando un catálogo breve é incompleto de sus obras, ya que otra cosa no me es posible ahora.

Uno de tantos. Novela cubana. Habana, 1881. El vaso de agua con panales. Conferencia. Habana, 1885. Poetas de color. 4ª. y 5ª. ediciones. Habana, 1887. Avant de te marier regarde ce que tu fais. Comédie en un acte. La Havane, 1887. Los crímenes de Concha. Escenas cubanas. Escritas en Güines en 1863 Hahana, 1887. En busca del eslabón. Historia de monos. Barcelona, 1888. Romualdo, uno de tantos. Habana, 1891. Las 12 últimas p. contienen el monólogo del mismo autor El aprendiz de zapatero. Torquemada. Drama en 5 actos original francés de Víctor Hugo, vertido al español. México, 1891. 2ª. edición. Barcelona, 1896. El emisario. Novela cubana, con un prólogo de D. Antonio Guiteras. Barcelona, 1896. Mina, la hija del presidiario. Novela histórica cubana. 3ª. edición. Barcelona, 1896. Casamiento misterioso (Masiú Enriquito). Barcelona, 1897. Historia de un muerto. 2ª. edición. Barcelona, 1898. La República única salvación de la familia cubana. Barcelona, 1898. Zanella. Conferencia pronunciada en casa del Dr. Céspedes, Habana, Abril de 1884. Barcelona, 1898. Torquemada. Drama en 5 actos (original francés de Víctor Hugo) 2ª. edición. Barcelona, 1900. Aponte. Barcelona, 1901. 2 ts. en un vol. Para Esta obra el autor aprovechó ciertos documentos recogidos cuando compuso la biografía del temido Aponte que figura en el Diccionario Biográfico Cubano. Y puesto que mencionamos obras de Calcagno, es oportuno advertir que en la librería de Ricoy, Obispo 86, creemos que se hallaran de venta varias de las citadas. Si no el editor, fué Ricoy el librero de Calcagno, pues a la librería de este enviaba siempre sus obras y con él mantuvo frecuente correspondencia.

El Fígaro. Abril, 1903. D. FIGAROLA-CANEDA.