La Única

Ausencia de Rita

Por Orlando Martínez

Dios me concedió la gracia de alcanzarla en sus años da esplendor artístico, mucho tiempo antes de que las exigencias de la vida la obligaran a ciertas transacciones con la superficialidad. Por eso puedo afirmar, sin hipérbole, que artistas de su categoría son muy contados los que han nacido en Cuba, y no creo que su poderosa personalidad tenga paralelo entre nosotros.

Poseía una formidable capacidad de aprendizaje y de trabajo; era una mente ágil y un corazón alerta. La técnica y la emoción marchaban parejas en ella. Por eso no dejaba escapar un sólo detalle en las obras que interpretaba. Y no hace aún muchos años conservaba una de las voces de soprano más hermosas y cálidas de cuantas he escuchado. Era una artista da cultura. Tuvo una verdadera formación musical; educó su voz esmeradamente; estudió idiomas. En su juventud cantó repertorio de concierto y de ópera, y era una notabilísima pianista que hacía primores con la música cubana.

Le gustaba enterarse de todo lo que se relacionara con su arte; asistía a conciertos; leía, preguntaba, viajó. Tenía un ansia insaciable de saber, y nunca estuvo contenta de sí misma. Era una creadora en sus interpretaciones, como sólo es alcanzable en los artistas de genio. De ahí que nunca se repitiera en el gesto ni en la emoción. Siempre era nueva, distinta, fresca, ya fuera en un refinado Lied de Sánchez de Fuentes o en la más pintoresca página negra de Gilberto Valdés, pues la versatilidad fué uno de sus méritos más firmes. Desde el tango congo Mamá Inés, con que inició su renombre siendo aún muy joven, hasta la ópera La Médium, de Menotti, culminación inolvidable de su carrera, paseó en triunfo su vigoroso talento por todos los géneros y estilos. La canción cubana, la verdadera canción cubana de otros tiempos, no los ripios que hoy se exhiben con cargo a la música popular, tuvo en ella una de sus más cabales exponentes, por su finura, su temperamento y su gracia incomparable.

Le seducía la belleza en todas sus formas y matices y contó con ella hasta para morir, animando en sí misma la sutil observación de Petrarca: La muerte parecía bella en su bello rostro... Algunos de los orgullos de su hogar eran un cuadro de Ponce y un felino siamés de extraordinario atractivo. Amaba las flores, los perfumes, las telas, las joyas. Fué una de las artistas mejor vestidas de Cuba, porque en su originalidad conservó siempre la elegancia. Y aunque era una mujer sencilla; su pasión por el teatro no le aminoró nunca su amor al hogar. Tuvo especial afección a los niños, a quienes siempre subyugaba con el raro magnetismo de su personalidad.

Quizás a algunos se les haga trabajoso entenderlo, pero era una mujer de un gran caudal de ternura y cuando alguien le hacía un bien desinteresado su gratitud era para siempre. Es cierto que era una persona difícil. Pero, ¿cuándo han hecho historia los caracteres comunes?... Además, ¿dónde está la perfección de los fariseos que sé atrevían a juzgarla olvidando sus propias debilidades?... Casi siempre fué un ser incomprendido. Aunque tratara de ocultarlo, en el fondo de su alma había temores, complejos, conflictos creados a la largo de una vida llena de sinuosidades caprichosas. Tuvo una doble personalidad aunque en lo externo no lo pareciera, empeñada en mostrar ciertas asperezas que ocultaban las dudas y las luchas de su sensible corazón.

Daba la impresión de ser una persona eufórica que trasmitía entusiasmo. Nadie dudó nunca de su poderosa simpatía. No obstante, padeció mucho; unas veces por desaciertos propios y otras por la impiedad y la maldad ajenas. Le faltó engreimiento, presunción; con un poco de arrogancia —tan frecuente en figuras secundarias— quizás hubiera tenido más confianza en sí misma; una certidumbre espiritual que no disfrutó nunca y que le fué muy necesaria, pues esta mujer inolvidable, mimada por las multitudes, sufrió el drama de creerse sola y culpable de su soledad.

Ciertos desajustes emocionales le provenían de su temperamento desbordado. A ratos se estimaba amenazada en sus afectos e intereses.  Esos terrores fueron agravados por algunos adversarios que se ensañaron en ella por maldad gratuita o por envidia. Sí, porque fué una persona temida y una artista envidiada. Inspiró siempre grandes pasiones; se le amó y renegó a un tiempo. Pero nunca se la pudo ignorar y mucho menos vencer. Y tuvo una virtud muy escasa: decía las cosas de frente; quizás con dureza, pero de frente. Esto no podían perdonárselo aquellos que, debiéndole favores de muchas clases, la encomiaban en público pero la denigraban en privado. Sin embargo, nunca la engañaron. Sabía muy bien quién era quién en torno a ella. Díganlo, si no, sus amigos verdaderos, entre quienes prodigó su generosidad sin límites.

Aquella mujer volcánica, que en la irritación parecía fulminar con la mirada, en el trabajo era de una docilidad y una responsabilidad infalibles. Nunca llegó tarde a un ensayo ni a una función. En los días que se preparaba el sensacional estreno de "La Médium" en la Sala  Hubert de Blanck, Paul Csonka, director de la orquesta, me decía a menudo: — ¡Es maravilloso trabajar con ella!... ¡Qué talento y qué obediencia!... Además, ¡no se cansa nunca!...

Siempre me fijé con especial atención en una de las mejores cualidades de esta artista genial: su constante interés en el espectáculo de que formaba parte. A diferencia de algunas divas, se ocupaba de todos los detalles. Ayudaba a  sus compañeros de escena, aunque fuera pequeña la parte que hicieran. Con motivo de su gran éxito en la comedia "Mi querido Charles", en la Sala Hubert de Blanck, me dijo una vez esta frase magnífica: —"La obra no soy yo; somos todos"... Y tenía razón.

Su fama, su popularidad, ganó tierras extranjeras. Era, quizás, la figura teatral más conocida dentro y fuera de Cuba. En pueblos temperamentales como el nuestro esto tiene una importancia relativa. El cubano muchas veces halaga hasta el histerismo a los más  disímiles valores, sin un sentido de selección. Por eso se fanatiza igualmente con personalidades tan relevantes como Esperanza Iris, José Mojica, Libertad Lamarque y Ernesto Lecuona, que con mediocridades sin originalidad. El caso de la bien llamada única era distinto, porque fué popular al mismo tiempo que famosa. El pueblo, el verdadero pueblo, la admiró y la amó, pero también fué amada y admirada en círculos sociales e intelectuales más altos y exigentes, sin distinciones de categorías.

En mi caso particular cuento como un verdadero orgullo de mi vida afectiva y cultural el haberla tratado íntimamente en estos últimos años. Fuimos compañeros excelentes, sin que nunca se interpusiera entre nosotros una sombra ni una duda. La admiré como artista y la amé como amiga, pero sin fanatismo. Por eso creo que la conocía a fondo, como era necesario, pues personalidades tan complejas como la suya no pueden ser captadas con superficialidad sin llamarse a engaño. Compartió conmigo algunas penas y alegrías y hasta ciertas amistades de verdadera selección, como la de la exquisita soprano cubana María Teresa Carrillo, a quien profesó un cariño singular y con quien cosechó aplausos en "La Médium".

Tuve el raro privilegio de oírla a solas la última vez que cantó. La visité en su hogar antes de someterse a intervención quirúrgica. Para cierto trabajo que yo preparaba, conmigo iba la partitura de la ópera "Adriana Lecouvreur", de Cilea. Al verla se interesó en ella y me pidió que le mostrara algún fragmento para soprano. Le señalé la bellísima romanza "Io son I'umile ancella", que leyó con avidez en su lecho de enferma. Entusiasmada, dinámica como fué siempre, me hizo ir con ella a su cuarto de estudio. Se sentó al piano y cantó y se acompañó ella misma la romanza, a primera vista, con tal perfección de lectura, que me dejó asombrada a pesar de serme familiar su capacidad musical. Dos días después el bisturí necesitó silenciar para siempre aquella garganta privilegiada. Se batió con la muerte a brazo partido, en un combate demasiado desigual y extenso. Pero nadie se engañó; ni ella misma. Persona acostumbrada a ganar batallas y a vencer tempestades, perdió la lucha final. Ahora el brillo de sus ojos se ha opacado para siempre. Ya su sonrisa cautivadora no es un bien de esta tierra.

Para mí ella será una inspiración constante. Se robó mi cariño y mi comprensión. Aunque quisiera yo no podría olvidar a esta mujer originalísima, porque caló muy hondo en el mundo de mis devociones más puras y firmes y porque besó muchas veces, con amor sentido, a mis pequeños hijos. Desde ahora y para siempre padeceré de ausencia de Rita,  porque toda la maravilla de su ser excepcional la convirtió para mí en un símbolo, insustituíble en el arte e irreemplazable en el corazón...

La Habana, 1958.

Rita Montaner, una mujer polifacética

Por Matilde Salas Servando

Cuba es famosa en el mundo por la belleza de sus paisajes, su historia y su música, entre otros elementos no menos importantes, que día a día se mencionan en diversas latitudes.

En la historia de la música cubana brilla con luz propia una mujer que puede calificarse de polifacética, pues se destacó como pianista, cantante y actriz, del cine y la radio, sectores en los que fue muy reconocida. ¿Su nombre? Rita Aurelia Fulceda Montaner Facenda, según indica su partida de nacimiento, aunque para el mundo sólo fue Rita, la Única.

Cuando se estrenaba el siglo XX, nació en el municipio habanero de Guanabacoa, el 20 de agosto de 1900, en la casa marcada con el número 18 de la calle Cruz Verde, entre Duarte y Amargura. Entre sedas y lazos, fue bautizada en la iglesia parroquial de esa localidad habanera.

En opinión del reconocido estudioso del folklore cubano Rogelio Martínez Furé, el hecho de nacer en la villa de Guanabacoa, uno de los puntos fundamentales de la cultura tradicional cubana de los siglos dieciocho y diecinueve, y de ser hija de un blanco y una mulata, permitieron a Rita Montaner criarse en un medio en que curiosamente afloraban y coincidían diversas tendencias de nuestra cultura.

La posición económica de su familia le permitió estudiar en el exclusivo Conservatorio Peyrellade de la capital cubana, al que iban señoritas y niñas que además de vocación y dotes para la música, tenían cierta holgura monetaria. Ahí se graduó con altas calificaciones, por lo que recibió como reconocimiento una medalla de oro, por sus notas de sobresaliente, además de un diploma de honor y el título de profesora en las especialidades de Armonía, Canto y Piano.

Desde entonces, comenzaron las presentaciones, con una exitosa carrera artística en diversos escenarios habaneros, cuyas recaudaciones iban a engrosar los fondos de diversas instituciones benéficas existentes en el país. Por un lado, no necesitaba esos ingresos para vivir y además, porque su reciente matrimonio con el estudiante de Derecho Alberto Fernández, limitaba sus presentaciones, pues no estaba en total acuerdo con que ella se dedicara por completo a la actuación.

De su evolución comentó una de las más destacadas musicólogas cubanas, la doctora María Teresa Linares:

Aquella niña estudiosa de piano que apareció en una crónica social (...) tomó el camino del teatro y llegó a ser una de nuestras grandes figuras en ese género por sus cualidades y estilo único. Su calidad interpretativa influyó para que el maestro Luis Casas Romero la invitara a participar, el 10 de octubre de 1922, en la inauguración de la planta radial PWX, perteneciente a la Cuban Telephone Company, subsidiaria de la International Telegraph and Telephone, ITT.

Con esa salida al aire, Rita Montaner se convirtió en la primera mujer cuya voz surcó el éter en un programa de variedades, transmitido desde América Latina. En el concierto de esa noche interpretó las melodías tituladas: Presentimiento, del cubano Eduardo Sánchez de Fuentes y Rosas y Violetas, con música de su coterráneo José Mauri y texto del poeta alemán Heinrich Heine.

Su amplia cadena de éxitos creció de día en día y su fama fuera del territorio cubano comenzó tras un viaje que hizo a Estados Unidos en 1926 y luego relató en una entrevista para la revista Bohemia: Yo no había pensado nunca en dedicarme al teatro, no obstante mi marcada inclinación por el arte.

En New York, precisamente, fue cuando se me presentó la primera oportunidad (…) En el Hotel Plaza, de aquella ciudad, se organizó un gran concierto a beneficio de los ciegos de New York. Se me invitó a tomar parte en él y accedí con mucho gusto. Me oyó entonces el empresario Roxy, que me hizo proposiciones que hubiera aceptado si no tuviese ya en mis manos el contrato que me ofrecieron los Follies Schuberth, con los que salí de tournée presentándome en la revista Una noche en España.

Después se presentó en varias ciudades de Europa y tuvo rotundo éxito en París. Sobre el debut que realizó la diva en el teatro Palace, de la Ciudad Luz, el intelectual cubano Alejo Carpentier preparó una crónica para la revista habanera Carteles, en la que dijo:

Rita Montaner, en los dominios de lo afrocubano resulta insuperable... Su Mamá Inés estallaba cada noche...con una elocuencia que convencía a los más tibios...Esta canción llegaba por su carácter y su gracia. Olía a Trópico. Tenía fragancias de fruta al sol, y auténtica alegría arrabalera (...) se ha creado un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chino, fiesta ñáñiga y pirulí premiado.

La sin par intérprete fue mimada por los más destacados creadores cubanos y foráneos, quienes le daban sus partituras, seguros del éxito, para que hiciera del estreno una verdadera creación. Se destacan nombres como Gonzalo Roig, con su Cecilia Valdés; Moisés Simons y El manisero; Eliseo Grenet, con el estreno de Mamá Inés; Ernesto Lecuona con la entrega de El cafetal y Gilberto S. Valdés, para que interpretara la tierna Ogguere. También confiaron en sus dotes interpretativas los autores norteamericanos Al Jolson y Xavier Cugat.

Con el magnífico registro de su voz, Rita Montaner adoptó diversos personajes en la escena y lo mismo fue La Reglana, que el calesero en Niña Rita, Mamá Inés, María la O, Rosa la China y La Médium, a los que dio por igual su fuerza interpretativa como experimentada actriz y cantante.

Rita dejó su huella en el cine con interpretaciones en películas de Cuba, como El romance del palmar, y su impronta arrolladora se sintió por igual en el teatro y el séptimo arte en México, Argentina, Francia y Estados Unidos.

El deceso de Rita, ocurrido hace medio siglo en La Habana, el 17 de abril de 1958, fue de gran tristeza para el pueblo y el país en su conjunto, por lo que el amplio cortejo que acompañó su cadáver, hasta la necrópolis de Colón, se convirtió en una verdadera manifestación de duelo popular.

Tal como ella lo pidió, su cadáver entró al seno de la tierra cubana a las seis de la tarde, y fue acompañada por la música con la que cosechó tantos triunfos y glorias para su país.

En la despedida del duelo, el polifacético artista cubano Germán Pinelli dijo sobre la destacada cantante y actriz:

Rita Montaner fue la verdadera creadora de un criollismo que nadie ha podido imitar (...) amó a Cuba sobre todas las cosas. Por eso no es de extrañar que aquí se reúna su gran pueblo para rendirle tributo postrero. Mujer maravillosa, de arte purísimo, tus restos no son despojos, sino un pedazo de luz celestial.

Cronología de Rita Montaner (Fragmentos)

1900: Rita Aurelia Fulceda Montaner y Facenda nació el día 20 de agosto, en la calle Cruz Verde, núm. 18, entre Duarte y Amargura, Guanabacoa. Hija de Domingo y Mercedes.

1905: Comienza sus estudios de solfeo, canto y piano en el Conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade. Más tarde estudia idiomas: inglés, francés e italiano.

1917: En los exámenes finales se graduó de piano, canto y armonía. Interpretó el Concierto en la menor, para piano, de Mendelssohn, con acompañamiento de un quinteto de cuerdas, bajo la dirección del profesor Agustín Martín; obtuvo medalla de oro.

1918: Dirigida por el profesor de canto Pablo Meroles, inicia Rita recitales a beneficio de instituciones piadosas. Arias operísticas como Un bel di vedremo, de Madame Butterfly, y Caro nome, de Rigoletto, se registran en el programa.

En este año contrajo matrimonio con el doctor Alberto Fernández Díaz, de cuya unión tuvo dos hijos: Rolando y Alberto.

1922: El día 10 de octubre se inaugura la radioemisora PWX de la Compañía de Teléfonos, y se incluye a Rita en el programa con las obras Rosas y violetas, de José Mauri, y Presentimiento, de Sánchez de Fuentes. Fue la primera voz femenina que se escuchó en la radio nacional.

El primer concierto típico cubano que organizó el maestro Jorge Anckermann, se celebró en el mes de mayo, en el teatro Payret. Aquí debutó Rita Montaner, ejecutando al piano dos danzas de Anckermann: Señorita y Riendo y llorando, además de cantar algunas piezas.

1924: En la noche del miércoles 23 de enero se celebró una velada artística en el Casino Español de La Habana. En el programa Rita interpretó al piano a Danza española y La comparsa, de Lecuona.

El domingo 17 de agosto se ofreció un concierto de música típica cubana en el teatro Payret, auspiciado por Jorge Anckermann, en el cual actuó Rita en su doble condición de cantante y pianista.

El jueves 4 de septiembre, en el Teatro Nacional, se celebró una función de gala auspiciada por el Ayuntamiento de La Habana. En el programa figuraron la Orquesta Sinfónica, dirigida por Gonzalo Roig; el pianista Pepito Echániz, Nena Planas, Tomasita Núñez, María Fantoli y Rita Montaner, que interpretó Quiéreme mucho, de Roig, a dúo con la contralto Nena Planas; de la zarzuela El brujo, de Marín Varona, la romanza Es el amor la mitad de la vida, con Tomasita Núñez; de Sánchez de Fuentes, su criolla Linda cubana, a dúo con María Fantoli, y el bolero Marita de Anckermann, a dúo con Eusebio Delfín.

1925: El día 2 de agosto, en el teatro Payret, Lecuona presentó otro de sus conciertos. Entre los artistas principales se encontraba Rita Montaner. De Jorge Anckermann interpretó, con María Fantoli, el bolero Amor florido, que hubieron de repetir cuatro veces, a petición del público.

En el mes de octubre Rita se encuentra enferma de cuidado.

1926: El día 7 de febrero, Ernesto Lecuona presentó su séptimo concierto de música cubana en el Teatro Nacional. A1 finalizar el espectáculo, cuando la concurrencia, satisfecha por lo ameno y delicado del programa, se disponía a abandonar el coliseo, surgió en la escena Rita Montaner. El público le tributó un sentido homenaje de admiración, pues la querida artista había permanecido algunos meses enferma y, por lo tanto, alejada de loa actos musicales. Con Lecuona al piano, cantó Rita fuera de programa el bolero Andar y el Lied Funeral, del propio Lecuona.

De vacaciones en New York, tuvo necesidad de ser intervenida quirúrgicamente de apendicitis.

Restablecida ya, es invitada a cantar en un concierto a beneficio de los ciegos de aquella ciudad, teniendo como marco escénico el hotel Plaza. La escuchan los hermanos Schubert, empresarios de espectáculos artísticos, y la contratan. Debuta con el violinista Xavier Cugat en el teatro Apolo, de New York. Después se presenta en la 44th Street, Teatro de los Schubert, en la revista titulada Una noche en España. Actúa también en Boston, con gran éxito.

1927: Con la puesta en escena de la zarzuela cubana Niña Rita, con libreto de Riancho y Castell, y música de Ernesto Lecuona y de Eliaeo Grenet, y con la reposición de la revista La tierra de Venus, con música de Lecuona y libreto de Carlos Primelles, debuta en los inicios del teatro lírico cubano, en el teatro Regina, el 29 de septiembre. La interpretación que hizo del tango congo Ay, Mamá Inés y de Canto siboney fue insuperable.

1928: En este año graba discos para el sello Columbia. Desde mediados del mes de abril, hasta junio, se presenta Rita en distintos teatros y cines de la capital: Fausto, Rialto, Encanto, Riviera, Olimpic, Trianón, Neptuno, Florencia y Tosca.

Viaja a Europa con una pequeña orquesta de ocho profesores. La acompañan Sindo Garay y su hijo Guarionex, Julio Richard, Carmita Ortiz, Paco Lara y el pianista Rafaelito Betancourt. Trabaja en el Palace de París, en la revista Perlas cubanas. En el Folies Bergére sustituye a la famosa artista española Raquel Meller, con el mayor de los éxitos. Por primera vez se escucharon en la Ciudad Luz las obras cubanas Canto siboney, El manisero y Ay, Mamá Inés.

El jueves 8 de noviembre, regresa a Cuba.

1929: En España debuta en los teatros Apolo e Infanta Beatriz, en este último ante la reina Victoria y con la asistencia del Consejo de Ministros. En el Apolo, de Valencia, estrenó canciones de Lecuona, Simons y Grenet.

1930: Protagoniza la zarzuela cubana María la O, de Sánchez Galarraga y Ernesto Lecuona, en el teatro Payret.

1931: Actúa en los Estados Unidos como importante figura en la compañía del célebre actor Al Jolson, en el espectáculo Wonder Bar. Recorre todos los estados de la Unión.

1933: En el mes de marzo va a México, llevando de pianista acompañante a Ignacio Villa, Bola de Nieve. En tierra azteca, filmó una película titulada La noche del pecado, dirigida por Miguel Contreras Torres.

1934: En Buenos Airee, Argentina, debuta en el teatro Maipo, con la obra La tentación del trópico, junto al comediante Pepe Arias. Su gira artística se va extendiendo por toda América del Sur.

1935: Protagoniza, de manera inolvidable, la popular zarzuela Cecilia Valdés, con música del maestro Gonzalo Roig y libreto de Agustín Rodríguez y Sánchez Arcilla. Interpreta, además, María Belén Chacón, María la O, Rosa la china, El cafetal, y otras.

El domingo primero de septiembre, en el teatro Auditorium, se presentó un concierto extraordinario de música cubana, organizado por Ernesto Lecuona, en el que participa Rita estrenando el afro son Tambó, de Gilberto Valdés; con Ernesto Lecuona interpretó la danza Como baila el muñeco, a dos pianos. Como colofón de este programa, dieciséis pianistas, incluidos Rita y Lecuona, interpretaron, entre otras obras, Esclavo libre, Para Vigo me voy y Se fue.

1936: El viernes 3 de enero, en el Teatro Principal de la Comedia, se presenta Rita Montaner en la zarzuela Rosa la china, de Gustavo Sánchez Galarraga y Ernesto Lecuona, y en el sainete lírico titulado Los claveles, con libreto de Luis Fernández de Sevilla y Anselmo Carreño, y música de José Serrano.

1938: El viernes 6 de mayo, en el teatro Martí, se produce el reestreno de la zarzuela Rosa la china, teniendo como figura central a Rita Montaner.

La naciente cinematografía cubana requirió sus servicios y Rita filmó Sucedió en La Habana, estrenada el día 6 de junio en Radio Cine, y El romance del palmar, estrenada también en dicho cine el día 5 de diciembre. Ambas películas fueron dirigidas por Ramón Peón.

1939: El domingo 30 de julio, en el Teatro Nacional, se ofreció un concierto de música cubana dedicado a las repúblicas latinoamericanas, dirigido y organizado por Ernesto Lecuona. En él actuaron Esther Borja, Tomasita Núñez, Sara Escarpenter, María Ciérvide, Hortensia Coalla, Mercedes Menéndez, Hilda Gómez, Zoraida Marrero, Georgina Du'Bouchet, Rafael Prada, Carlos Suárez y Rita Montaner.

Esta última interpretó Canción del amor triste, con versos de Juana de Ibarbourou y música de Ernesto Lecuona, dedicada a Uruguay, y también Son guajiro, de Lecuona, dedicado a Cuba.

1941: Rita trabaja en el sketch de costumbres y crítica popular, mezclado con cantos, en los que ponía de su parte los subrayados más cáusticos. Su creación de La Chismosa y La Marquesa fueron objeto, más adelante, de varias suspensiones, por sus ataques frontales a la corrupción y demagogia reinantes.

1942: Ernesto Caparrós, que había sido asistente de dirección en las películas Sucedió en La Habana y El romance del palmar, aprovechó en su película Romance musical, estrenada en el teatro América, el talento y la gracia de Rita Montaner en su personaje de La Chismosa.

El sábado 17 de octubre, en el Teatro Principal de la Comedia, la compañía Ordóñez estrenó la zarzuela La virgen de bronce, libreto de R. Peña y Paso (hijo), música de Soutullo y Vert. Rita protagonizó el personaje de Clavellina.

1945: En este año Rita fue proclamada Reina de la Radio en la provincia de La Habana.

1950: Se inaugura la televisión cubana y Rita se situó rápidamente como atracción, en el programa Rita y Willy. Sin preparación especial alguna, salió triunfadora ante las cámaras, como ya lo era en el teatro, en la radio y en el cine.

La productora fílmica cubana rueda la película La renegada, dirigida por Ramón Peón. En el reparto aparecen Yadira Jiménez, Gina Cabrera, Enrique Santíesteban, José de San Antón y Rita Montaner, en un papel importante dentro de la trama, argumento de Arturo Liendo.

La aplaudida vedette internacional Josephine Baker admiró y aplaudió cálidamente a Rita Montaner cuando ésta hizo una imitación artística perfecta de su persona, en la temporada que presentó la compañía Sicardi y Brenda, en el teatro Martí.

1952: En este año Rita Montaner hace su última película en Cuba: La única. Con ella trabajan Enrique Montaña, Miguel del Castillo, el cómico italiano Harry Mimo, Maritza Rosales y otros; el director es Ramón Peón.

1955: Cuando el repudio a la dictadura de Batista crece aceleradamente, Rita es separada de la nómina de CMQ, por sus críticas a la situación del país en e programa de televisión Rita y Willy. Meses más tarde pasa al Canal 4, centralizando el programa Rita y Cucho, junto a Severino Puente.

1956: El primero de marzo, en la sala Hubert de Blanck, Rita Montaner brindó una impresionante e inolvidable versión del dificilísimo papel de Madame Flora, en la ópera La Médium, de Gian Carlo Menotti.

1957: La última representación artística de Rita Montaner se produce en el mes de junio en la sala Arlequín, con la puesta en escena de la comedia Fiebre de primavera, de Noel Coward, bajo la dirección de Rubén Vigón.

La última obra musical que cantó Rita Montaner (en privado), acompañándose al piano, fue la bellísima romanza Io son l'umille ancella de la ópera Adriana Lecouvreur, de Ciléa.

El día 10 de octubre, los artistas cubanos le organizaron un homenaje de admiración y cariño desde una emisora de televisión, por su estado post operatorio. Rita observó el espectáculo desde su residencia de la calle 31 y 36, reparto La Sierra, Marianao.

1958: En la madrugada del jueves 17 de abril, tras varios meses de angustiosa agonía, falleció Rita Montaner.

Tomado de: Muguercia, Alberto, Ezequiel Rodríguez: Rita Montaner. Ciudad de La Habana: Letras Cubanas, 1984.

Rita Montaner. Personalidades

Opiniones de personalidades sobre Rita Montaner

…una artista maravillosa, nunca escuché a nadie que cantara la música cubana con tanta intención y genialidad. Josefine Baker, cantante de music-hall, norteamericano-francesa.

...Rita fue la artista más representativa que ha tenido Cuba, en quien todo el ardor del trópico, la gracia criolla, la belleza muy poco igualada, una voz afinada y dulce, una elegancia de expresión, y una popularidad enorme, la hacían verdaderamente merecedora del nombre que le dio el pueblo: la Única. Reneé Méndez Capote, escritora cubana.

Tenía un maravilloso temperamento y una voz sugestiva, cálida, llena de matices y de inflexiones... Al Jolson, cantante y actor norteamericano.

Era una artista refinada, culta, sensitiva. Cantaba de una forma especial, con cambios de registros como no he vuelto a escuchar... José Mojica, cantante mexicano.

Rita Montaner fue un nombre que abarcó el arte. Porque eso fue ella, ¡el arte en forma de mujer! Ernesto Lecuona, compositor y pianista cubano.

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Colección personalidades. ICL. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1992. Caricaturas: Juan David.