El Museo Nacional de Bellas Artes (1913-2008)

Por María Cristina Ruiz Gutiérrez
Jefa del Centro de Información "Antonio Rodríguez Morey"
Museo Nacional de Bellas Artes

El número 18 de El Fígaro, con fecha 4 de mayo de 1913, refiere la inauguración del Museo Nacional, el lunes 28 de abril del mismo año. Esa noche, junto al arquitecto Emilio Heredia, gestor de las primeras acciones para la aprobación de una sede para el Museo y su primer director, se encontraba el entonces Secretario de Instrucción Pública, Sr. Mario García Kohly, ambos serían las personalidades principales en el acto de apertura.

Creado por el Decreto Presidencial No. 183, de 23 de febrero de 1913, bajo el gobierno de José Miguel Gómez, el Museo abrió sus puertas en la calle Concordia, esquina a Lucena, en el antiguo Frontón "Jai Alai". Según los criterios museológicos de la época, fue concebido como museo mixto o polivalente, clasificación más moderna. En él se exhibían colecciones de arqueología, etnología, historia y bellas artes, con el beneplácito de la intelectualidad cubana que clamaba por la conservación de la memoria histórica del pasado reciente. Al respecto, El Fígaro comenta: "En presencia de las reliquias allí expuestas evocábamos el recuerdo de tantos mártires que dieron su sangre por la libertad de Cuba".

<< Fotografías al magnesio, de Santa Coloma, especiales para El Fígaro.

La información añade que los departamentos más visitados en esa inauguración fueron los destinados a las figuras de Máximo Gómez y Antonio Maceo. Lo más celebrado, el cuadro de Ibáñez sobre la batalla de Mal Tiempo y de Menocal, La muerte de Maceo, una de las primeras donaciones recibidas, en este caso del Ayuntamiento de La Habana. No asistieron al acto de inauguración ni el presidente de la República, recién electo, ni el saliente y llama la atención la ausencia de discursos: todo quedó reducido a abrir las puertas y permitir el acceso del público a las salas expositivas.

Apenas dos años después el edificio fue requerido por el Municipio para oficinas y el Museo trasladado a la Quinta de Toca en el Paseo de Carlos III. Ya había muerto Emilio Heredia y en su lugar se designó como director al pintor Antonio Rodríguez Morey, quien también se desempeñó como tal hasta su muerte, en 1967. Después de una costosa adaptación, el Museo reabrió parcialmente a finales de 1917 para volver a cerrar en 1918 y abrir nuevamente al público el 20 de mayo de 1919. En esta ceremonia intervino el Presidente de la República, Mayor General Mario García Menocal.

Loló de la Torriente relata en la década del 40, desde su columna "Mi cuarto a espadas", cómo el gobierno de Zayas, luego de vender la Quinta de Toca a la Orden Religiosa Hermanos Lasalle, intentó trasladar las colecciones del Museo a un barracón de la Cabaña —otros dicen que al Campamento Militar de Columbia—, sin otorgarle una nueva sede. Ante el vergonzoso hecho, estudiantes liderados por Julio Antonio Mella se sumaron a la indignada protesta de Rodríguez Morey, quien distribuyó las armas de la Sección de Historia del Museo, pertenecientes a la Primera Guerra Mundial, y juntos hicieron resistencia al desalojo.

Otra vez se cerró el Museo en octubre de 1923, hasta su traslado a la casa de la calle Aguiar No. 108 ½. En ese sitio, donde permaneció durante 30 años en las condiciones más precarias de toda su existencia, abrió sus puertas el 6 de febrero de 1924. Allí hasta sufrió el asedio del casero quien, a la menor demora en el pago del alquiler, exigía el desalojo, situación que refleja Conrado W. Massaguer en su habitual sección “Massaguericaturas” en el periódico El Mundo, con una caricatura de Rodríguez Morey, clamando porque el gobierno de Carlos Prío terminara el Museo "del Polvorín".

De 1925 data el primer proyecto de los arquitectos Govantes y Cabarroca que proponía convertir el Mercado de Colón —Paza del Polvorín— erigido en 1884 en el Reparto Las Murallas, en la sede del Museo Nacional. Este propósito inicial aprovechaba la arquitectura exterior de arcadas neoclásicas y seguía concepciones museográficas de la época con marcada influencia francesa. Otros dos edificios, de los más importantes erigidos es estas parcelaciones, tendrían destinos futuros ligados a la historia del Museo Nacional.

A lo largo de toda la primera mitad del siglo XX las relaciones del pensamiento intelectual cubano con la defensa de la salvaguarda del patrimonio histórico y cultural de la nación fueron muy profundas. A partir de 1926, Emilio Roig de Leuchsenring escribe desde la revista Carteles, severas críticas a las condiciones de abandono en que existía el Museo Nacional. En la prensa nacional comienzan a aparecer, sobre todo a partir de 1931, artículos de las firmas más prestigiosas de nuestra intelectualidad, convocando la voluntad política y la opinión pública necesarias para la edificación del proyecto.

En 1946 Rodríguez Morey, con el apoyo de notorios intelectuales, logró la fundación del Patronato Pro Museo Nacional y se impulsó su edificación, aunque muy lentamente por falta de crédito. En 1949 el arquitecto Manuel Febles, ministro de Obras Públicas, propuso un nuevo proyecto muy parecido al anterior, pero con un piso superior sobre las arcadas neoclásicas. En 1951 el Patronato se decidió por otra propuesta, esta vez del arquitecto Alfonso Rodríguez Pichardo: mucho más contemporánea, que no tomaba en cuenta las arcadas neoclásicas y respondía a conceptos museológicos diferentes.

Con lentitud se llevaban a cabo las obras hasta que el general Fulgencio Batista decidió utilizar la institución para prestigiar su gobierno. Así, el 18 de junio de 1954 quedó inaugurada en el nuevo edificio la II Bienal Hispanoamericana de Arte, evento que fue rechazado por la mayoría de los artistas e intelectuales del momento en clara repulsa a la represión instaurada en el país por el tirano. Como Palacio de Bellas Artes fue inaugurado oficialmente el 14 de diciembre de 1955.

Las colecciones atesoradas por concepto de compras, donaciones o depósitos apuntaban a privilegiar las artes plásticas. Las secciones de Historia de Cuba, organizada por el doctor René Herrera Fritot y otros colaboradores, y la de Etnología cubana por Lydia Cabrera, así como las Sala Colonial y de Personalidades cubanas, pasaron a formar colecciones en nuevos museos creados después del triunfo de la Revolución en 1959. Las obras de coleccionistas privados que abandonaron el país pasaron a formar parte del Patrimonio Nacional y tras ser exhibidas entre 1963 y 1967, en las que se llamaron Exposiciones de obras de arte recuperadas, pasaron a formar parte de las Salas Permanentes del Museo Nacional existentes desde su inauguración en 1955 y mostradas como Salas de Arte Cubano y de Arte Universal. En 1964 se crearon las Galerías de Arte Cubano con los más importantes artistas de todas las épocas.

El Museo había sido concebido con serias deficiencias técnicas, algunas de las más graves era la carencia de almacenes y talleres de restauración. Con los años se hicieron sentir los cambios en las concepciones museísticas, la necesidad de nuevos espacios para exhibir una mayor visión de los ricos fondos atesorados y las exigencias de un museo más contemporáneo que diera respuesta a los requerimientos de espacios de uso socio-cultural y público.

En 1996 el Comandante en Jefe Fidel Castro ordenó al Consejo de Estado de la República la dirección de un equipo especializado de trabajo para estudiar los diversos problemas relacionados con la concepción de un nuevo Museo. El arquitecto José Linares acometió el proyecto general de un nuevo conjunto que, compuesto por tres edificaciones separadas una de otra no más de cincuenta metros, puede exponer muchas más obras que antes en condiciones superiores de montaje, conservación y protección. Esa proximidad física permite una fácil accesibilidad a todo el conjunto museístico, mientras que el carácter específico de cada arquitectura posibilita identificar al edificio con el contenido de sus colecciones: el Palacio de Bellas Artes (arte cubano) y el antiguo Centro Asturiano (arte universal). A ellos se suma el antiguo Cuartel de Milicias como base logística y administrativa.

Las dos sedes expositivas: Arte Cubano y Arte Universal, fueron inauguradas el 18 y el 19 de julio de 2001, respectivamente, con la presencia de Fidel, quien entonces declaró: "No tengo la menor duda de que el nuevo Museo Nacional de Bellas Artes es un elocuente testimonio de nuestra decisión de defender y preservar nuestra identidad y desarrollar nuestra cultura".