Isla de Cuba Pintoresca: tesoro de gran valor artístico

Por Ana Margarita Oliva
Especialista de la Sala Cubana
Biblioteca Nacional José Martí

<< Iglesia del Santo Cristo. Habana.( Vista sacada en daguerrotipo).

La colección de grabados coloniales cubanos con que contamos en la Biblioteca Nacional José Martí está compuesta por grabados en blanco y negro, a color o iluminados. Se atesoran algunos anónimos de los siglos XVII y XVIII de especial valor como fuentes de información, como son los de la Toma de La Habana por los ingleses y también grabados en sus distintas técnicas (xilografía, calcografía, litografía, etc.), realizados en Cuba o en el extranjero entre los siglos XVII y XX, y otros, obra de extranjeros que se asentaron por un tiempo en nuestro país como Federico Mialhe, Víctor Patricio Landaluce y Eduardo Laplante, por sólo nombrar a los más representativos, quienes pintaron el ambiente y paisaje urbano y rural "como un espejo en que podemos descubrir nuestra identidad nacional".(1)

Podemos decir que en la historia del grabado en Cuba la repercusión de los talleres litográficos españoles y franceses en La Habana de 1839 marcó una etapa muy importante dentro de esta rama de la impresión. La Habana nos presentaba un panorama de creciente adelanto, ornato y modernidad: progresos sanitarios, pavimento y alumbrado público, acueducto, cuerpo de bomberos, jardín botánico, academia de pintura, teatro fastuoso, compañía de ópera, navegación a vapor e incluso ferrocarril, el primero en el mundo hispánico. "A la Reina de las Antillas, al privilegiado y envidiable suelo le faltaba uno de los elementos de exquisita refinación y que atendidas las necesidades creadas por el gusto, clamaba por su introducción. Tal es el noble arte de trasladar al papel con la mayor velocidad y economía por medio de toscas piedras y grasientas tintas las más sublimes concepciones del genio y los más brillantes rasgos de la pluma y del pincel".(2)

Es por esto que la Real Sociedad Económica de Amigos del País, junto a la oligarquía habanera, se da a la tarea de apoyar dichos talleres por la calidad de sus equipos y por la experiencia de sus artífices. Entre los señores empresarios que encabezaron y pidieron al gobierno a través del conde de Villanueva, Intendente General de Hacienda y Presidente de la Real Junta de Fomento, establecer sus talleres litográficos, estaban Alejandro Moureau y Francisco Miguel Cosnier, ambos franceses.

Como se dijo antes, uno de los principales cultores del grabado en Cuba —asentado en la Isla hasta 1854—, fue el gran litógrafo francés Federico Mialhe, cuyo nombre completo era Pierre Toussant Frédéric, a quien deseo acercarme a través de lo mejor y más conocido de su producción, contenido en Isla de Cuba Pintoresca, con 25 láminas litográficas, según la biografía que escribió para el Diccionario Biográfico Cubano Francisco Calcagno. Pero la investigadora y especialista en el tema Zoila Lapique, después de realizar amplias y profundas investigaciones, nos aclara lo siguiente en su libro La memoria en las piedras (2002): “Después de esta fecha no hallamos rastro en la prensa local de nuevas impresiones de Isla de Cuba Pintoresca, lo cual hace sospechar que no se prosiguió y quedó concluida en la duodécima entrega, con un total de 48 láminas". (3) Se refiere a la fecha de mayo-diciembre de 1842. Dicha obra nos ilustra de manera agradable el ambiente natural, vegetativo y bello con que el artista reflejó vistas de Matanzas, San Diego de los Baños, La Habana, Regla, Guanabacoa, Santiago de Cuba, entre otras.

Mialhe nace en Burdeos el 16 de abril de 1810 y muere el 19 de febrero de 1881 en París. Doctor en Ciencias, tipógrafo, paisajista con talento especial para el dibujo, mereció por su laboriosidad e inteligencia el aprecio de Felipe Poey y de Antonio Bachiller y Morales. En el capítulo "Viaje a los cayos" del libro Obras Literarias, publicado en La Habana en 1888, Poey señala que Mialhe le hizo dos dibujos humorísticos durante una "cacería de jejenes" que éste realizaba con fines científicos.

Fuente de La Noble Habana, frente al campo de Marte >>

En muchos periódicos como El Diario de La Habana, La Prensa, se anunciaba la salida de esta obra pictórica, que ha constituido, a través de todos los tiempos, una joya de tremendo valor cultural para el patrimonio de nuestro país. Así lo demuestra en su fascinante libro La memoria en las piedras Zoila Lapique, hecho que vuelvo a mencionar porque es necesario leerlo y analizarlo para poder comprender cómo fue que se realizó esta obra, en qué situación, las diferentes copias que se realizaron, etc. Zoila Lapique es licenciada en Historia, musicóloga e investigadora, Premio Nacional de Ciencias Sociales (2002) y pionera en investigaciones sobre litografía en Cuba, las cuales realizó cuando trabajaba en la Biblioteca Nacional José Martí. Grazziela Pogolotti escribió, refiriéndose a esta obra, las siguientes palabras, que aparecen en la obrecubierta: "Por eso este libro, realizado con apego riguroso al documento, lejos de agotar un tema, abre nuevos cauces a la investigación y contribuye a poner muchas cosas en su sitio”.

Según Zoila Lapique merecen mención aparte “tres obras de gran importancia para la historia de la litografía en Cuba: Viaje pintoresco alrededor de la Isla de Cuba, que apareció a finales de 1848 —primera obra importante impresa por Marquier en La Habana—; el Album Californiano, editado alrededor de 1850, y el libro Los Ingenios, con texto de Justo Germán Cantero, impreso de 1855 a 1857".(4)

<< Teatro de Tacón e Iglesia y plaza de Güines.

La obra de Mialhe se caracteriza por su finura, firmeza, y por la difusión internacional que alcanzó. Isla de Cuba Pintoresca, donde aparecieron las primeras imágenes de la Cuba colonial, nos demuestra el alto y conmovedor nivel artístico de este litógrafo. Pudiera decirse que se pone de manifiesto un derroche, en el mejor sentido de la palabra, de maestría. Específicamente en la cuarta entrega se destaca el majestuoso Teatro Tacón, construido por el catalán Francisco Marty, que no puede pasar por alto, por ser considerado en esta época como el más grande y lujoso del continente americano y por sus cualidades técnicas, el tercero del mundo, después de la Scala de Milán y la Ópera de Viena. Tal llegó a ser el lujo del Tacón que se pusieron de moda unas coplas, en las que se cantaba: "tres cosas tiene La Habana/ que causan admiración:/ el Morro, La Cabaña y la araña del Tacón", refiriéndose a una enorme y llamativa lámpara de fino vidrio, importada de Paris, que colgaba sobre la platea. El imponente edificio, hoy Gran Teatro de la Habana, exhibe todo su esplendor. Las presentaciones del Ballet Nacional de Cuba o las celebraciones del Festival Internacional de Ballet, los famosos cantantes líricos y de ópera, hacen que el actual Gran Teatro de La Habana, el antiguo Tacón, siempre coliseo del arte, se inscriba con derecho propio en la historia de la cultura cubana.

Notas:

(1) Los grabados de la colección cubana. La Habana: Biblioteca Nacional José Martí, 1964.
(2) Lapique Becali, Zoila. La memoria en las piedras. La Habana: Ediciones Boloña, 2002
(3) Ibidem, p. 95.
(4) Ibidem, p.156.

Imágenes tomadas de: La Memoria en las piedras, de Zoila Lapique Becali. La Habana, Ediciones Boloña, 2002.

Bibliografía:

Lapique Becali, Zoila. La memoria en las piedras. Ciudad Habana: Ediciones Boloña, 2002.

Calcagno Monti, Francisco. Diccionario Biográfico Cubano, New York: Imprenta y librería de N. Ponce de León, 1878.