Imagen de… Posada en El Caimán Barbudo

Por  Msc. Vilma Ponce
Investigadora de la Biblioteca Nacional José Martí

Desde las primeras páginas de El Caimán Barbudo, aparecidas en el mes de marzo de 1966, se manifestaron las inquietudes políticas, literarias, artísticas y filosóficas de la intelectualidad que crecía con la Revolución. La publicación nació como suplemento cultural del periódico Juventud Rebelde, órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas, con el propósito de ser una revista literaria, de cultura y pensamiento, dirigida a los jóvenes intelectuales de todo el país y realizada por ellos mismos. Su nombre, concebido en el seno del colectivo de trabajadores de este diario, fue resultado del ingenio del caricaturista e ilustrador José Luis Posada, quien además propuso como logotipo un pequeño caimán, dado su similitud con la forma de la isla de Cuba. Al mismo le agregó una barba, símbolo de la rebeldía que distinguía al pueblo cubano en aquellos tiempos.(1) De esta manera, la identificación de El Caimán Barbudo revelaba que los lectores encontrarían en la revista creaciones literarias y plásticas revolucionarias, tanto por su contenido como por la forma, en correspondencia con el espíritu reinante en esos años.

La primera época de El Caimán Barbudo (1966-1967) fue conducida por Jesús Díaz (director), Guillermo Rodríguez Rivera (jefe de redacción), Juan Ayús (diseñador gráfico) y José Luis Posada (responsable de las ilustraciones). También participaron Elsa Claro, Mariano Rodríguez Herrera, Silvia Freyre, Luis Rogelio Nogueras, Orlando Alomá, Ricardo J. Machado, Víctor Casaus, Alfredo G. Rostgaard y César Masola.(2)

Con el ánimo de hacer una publicación diferente, novedosa y que rompiera esquemas, salió editado el primer número en el mes de marzo de 1966. Éste fue todo un acontecimiento en el ámbito cultural, elogiado por muchos intelectuales, pero también criticado por otros. La portada era una muestra de la irreverencia que distinguiría a la revista y del desapego a las normas, pues en el editorial que aparecía en ella se separaba un diptongo y también dos consonantes de vocales, rompiendo de esta forma las consabidas reglas gramaticales.

Entre las cuestiones más censuradas al primer número estuvo la creación de la sección “Imagen de...”, dedicada a la promoción de dibujantes y diseñadores nacionales mediante la publicación de breves entrevistas a los mismos. En los números en los que apareció la sección, por lo general, las ilustraciones de la portada y la contraportada correspondieron a los creadores entrevistados, lo que permitía ofrecer una visión más plena del artista. En la primera edición el artista entrevistado fue, como era lógico, José Luis Posada. Esta idea fue catalogada en algunos círculos intelectuales como un intento de El Caimán de crear “ídolos”. En defensa de los “caimaneros” se manifestó Reynaldo González en su artículo “Pornografía y malas palabras. (Variaciones sobre el viejo tema)”, publicado en  La Gaceta de Cuba de junio-julio de ese mismo año. El escritor argumentó que la revista, con esta sección, sólo tenía la intención —como se demostró en los siguientes números— de destacar a los jóvenes artistas plásticos. En las ediciones posteriores aparecieron en este espacio: José Gómez Fresquet (Frémez), Alfredo González Rostgaard, Santiago Armada Suárez (Chago), Héctor Villaverde, Jorge Carruana, Rafael Morantes, Félix Beltrán, Virgilio Martínez Gaínza, Eduardo Muñoz Bachs, Justo Luis García y Pedro Rodríguez García (Peroga).

La ilustración de Posada en la contraportada también causó revuelo. Era una autocaricatura que aparecía saltando sobre otras tres figuras desnudas y grotescas con las que él representaba a los burócratas. Esta fue valorada como un dibujo pornográfico por algunos especialistas que discutían por esos días diversos aspectos de la creación artística. Frente a este criterio Reynaldo González señaló: “En el dibujo Posada salta sobre unos seres deformes, como jugando a la viola, todo sin la menor alusión al sexo. No se discutió la calidad del dibujo, sino las implicaciones que le pudieron hallar. Tacharlo de pornográfico fue el primer paso, aunque, como veremos, la cosa está a mil años luz de la pornografía”.(3)

En números posteriores, la creatividad, imaginación, y agudeza crítica de Posada continuó distinguiendo la revista. Del conjunto de estos trabajos pueden mencionarse su dibujo en la portada del suplemento especial de junio de 1966, realizado con motivo del estado de alerta de combate decretado en el país; las ilustraciones del suplemento especial de enero de 1968 en homenaje al Congreso Cultural de La Habana, elaborado en conjunto con los creadores de El Sable y donde participó también el pintor chileno Roberto Matta;  El Quijote, logotipo que apareció en esta misma fecha y que graficaba el pensamiento "Nunca la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza"; y sus emblemáticos “mancos mentales” que aludían a aquellas personas carentes de opiniones y juicios propios. Todos son, sin dudas, muestras de su valía como artista plástico comprometido con su época.

La entrevista a Posada en la sección “Imagen de” que reproducimos fue realizada por el periodista y poeta David Fernández Chericián, colaborador de El Caimán Barbudo. Aunque breve, en la misma se traslucen algunos rasgos de su carácter descubiertos de antemano en sus dibujos.

Notas

(1) La mayoría de los miembros del Ejército Rebelde, al terminar la guerra de liberación contra el gobierno del General Fulgencio Batista, estaban barbudos, y por ello la barba en esa época se convirtió en un símbolo de elevado significado patriótico.

(2) La revista contó, además, con un grupo de colaboradores que no aparecieron en los machones de los números, pero que contribuyeron con diversos trabajos y con sus ideas al desarrollo de la misma. Entre estos estuvieron: Fernando Martínez Heredia, Félix Contreras, Félix Guerra, Froilán Escobar, David Fernández Chericián y Helio Orovio.

(3) González, Reynaldo. “Pornografía y malas palabras. (Variaciones sobre el viejo tema)”. La Gaceta de Cuba jun.-jul. 1966; (51): 9.

 

Imagen de Posada

Por David Fernández (Chericián)

José Luis Posada, 1978. Foto de Sandra Levinson.
Tomado de: José Luis Posada: Prints and Drawings,
Cayman Gallery, New York, April, 7-29 >>

En este país todo el mundo conoce a Posada. El que no le conoce la barba, el agresivo caminar, el cuerpo ancho y la mirada escrutadora —a veces maliciosa— le conoce la línea suelta, agresiva también, definitoria y cruel con que construye sus dibujos. Alguna vez le oí decir que cuando dibujaba se sentía en la punta de la pluma, como si fuera él la pluma misma; y si se le pregunta por qué dibuja, responderá  con el mohín  del que se encuentra en un aprieto, que porque siente la necesidad imperiosa de dibujar y que además le divierte mucho, y entonces, feliz por haber encontrado la palabra, afirmará rotundo: Eso es: por diversión y por necesidad. ¿Espiritual? Eso suena muy picúo. Dejémosla en necesidad a secas. De acuerdo.

Quiero pintar. No puede decirse que he empezado todavía. Tengo hechos algunos paisajitos, no de ahora, pero por el momento puede decirse que soy más dibujante que pintor. Pero lo seré, porque me lo he propuesto. Igual que me propuse ser dibujante. Desde niño. Porque mi primer dibujo lo hice al nacer, en el colchón. Y desde luego que será pintor, porque es más testarudo que un mulo, y porque los colores ya han empezado a jugar con sus dibujos, reclamando un lugar donde posarse.

¿Cuáles son los maestros de Posada? La línea hiriente, sagaz, burlona, etc, deja ver la protectora sombra de Goya detrás de los dibujos. Posada no lo niega, pero dice que sus maestros son todos los que han pintado y dibujado antes que él y aún al mismo tiempo que él, y más aún, los que ahora comiencen, y siempre finaliza diciendo que ha aprendido de todos y de todo. Por lo que no es difícil deducir que el principal maestro de Posada es…Posada.

Unas preguntas sueltas  con respuestas muy breves (diálogo apresurado):

¿Por qué pintas?

Ya te lo dije antes. Y sería mejor decir dibujas

Es cierto. ¿Contra qué pintas? ¿O dibujas?

Dibujo contra la violencia, la mediocridad, el esquematismo y los imbéciles.

¿Y a favor de qué?

De la vida.

Para ti ¿qué es la vida?

No soy filósofo sino dibujante. Sólo sé que vivo y que la vida es un bonito regalo que me hicieron.

¿Tú crees que has triunfado?

Triunfar para mí es tener conciencia de que lo que hago está bien hecho. Es decir: estar satisfecho con mi obra.

No voy a preguntarte si lo están. ¿Qué consejo darías a los que comienzan?

Tenacidad. Siempre que vaya acompañada de talento, es suficiente.

¿Qué es la caricatura?

Eso habría que preguntárselo a mis caricaturas. Ellas pueden decirlo mucho mejor que yo.

¿Algo más que decir?

No, que dibujar.

Y ya