Aficiones científicas  de un hombre ilustre  y su legado a los fondos de la Biblioteca Nacional de Cuba

Por MsC. Nancy Machado Lorenzo
Investigadora Agregada
Especialista de la Mapoteca Biblioteca Nacional José Martí

El Dr. Manuel Pérez Beato, intelectual de origen español (1855-1943), reside desde muy joven en La Habana, destacándose como médico, cirujano, profesor, historiador, bibliotecario.

Trabajó durante varios años como cirujano en el Hospital de San Felipe  y Santiago, de La Habana. Posteriormente ocupa el cargo de bibliotecario del Departamento de Física y Química de la Escuela Profesional  de la Isla de Cuba. Fue director del Observatorio de la Isla de Cuba y en los últimos años de su vida fue el historiador de la provincia de La Habana. Fue además miembro de numerosas organizaciones culturales como la Sociedad Económica de Amigos del País, la Academia de la Historia de Cuba, la Comisión Nacional de Arqueología Colonial, el Comité Nacional Cubano de la Unión Geográfica Internacional, la Sociedad Geográfica de Cuba, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y otras instituciones cubanas y extranjeras.

Intelectual que reunió una extensa y valiosa bibliografía donde se destacan numerosos  estudios sobre la historia de Cuba y otros temas como:

1894: Estadística de la mortalidad por fiebre puertal. Trabajo leído en la Sociedad de Estudios Clínicos.

1899: Cuba. Episodios históricos.

1899: Historia de la vacuna y progresos realizados en este ramo de la administración de la Isla de Cuba.

1915: Inscripciones cubanos de los siglos XVI, XVII y XVIII.

1919: Memoria histórica sobre la cartografía cienfueguera.

1920: Fundación y traslado de la Villa de San Cristóbal de La Habana.

1922: La condición social de los negros en La Habana.

1929: Cervantes en Cuba: estudio bibliográfico con la reproducción del Quijote en verso de D. Eugenio de Arriaza

1936: La primera obra impresa en Cuba. Año 1723

1936: Habana antigua: apuntes históricos.

1941: Archivo de indias- ingenieros cubanos Siglo XVI, XVII y XVIII.

1942: La falacia del idioma indígena, ensayo lexicográfico.

1943: Rectificaciones históricas.

Desde 1892 hasta 1939  se desempeñó como director de la revista El Curioso Americano.

Esta revista se publicaba en La Habana  y se destacaba por su  carácter histórico–literario, que favorecía la correspondencia entre literatos, americanistas, anticuarios, ofreciendo todo tipo de documentos y noticias interesantes. Su objetivo principal era  dar publicidad a documentos, noticias y  descubrimientos relacionados con la historia de Cuba

Su periodicidad varió durante el transcurso de los años prevaleciendo su salida mensual. En la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí se conservan todos los números publicados (1892, 1895, 1899, 1900,1901, 1919, 1920,1927-1929,1939)

Esta destacada figura atesoraba una biblioteca particular muy valiosa que ha llegado a nuestros días y hoy pertenece a nuestros fondos.  Formada por más de 3000 piezas fue adquirida por la Biblioteca Nacional de Cuba  en 1963.

Localizada entre la colección de manuscritos, fondos raros y valiosos y en  la mapoteca de la BNJM,  conforman la misma gran cantidad de documentos que constituyen una fuente significativa para el estudio  del papel de la Iglesia Católica en Cuba, la Genealogía, la Toma de La Habana por los ingleses, entre otros documentos sobre la conquista, fotografías, repertorios bibliográficos, etc.

La colección de mapas y planos manuscritos que reunió este prestigioso bibliófilo está compuesta en su mayoría por piezas antiguas que se ubican entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XX, periodo en el que prevalecieron una gran cantidad de litigios agrarios, divisiones de predios, proyectos de nuevas poblaciones, construcción de líneas ferroviarias, iglesias, cementerios y otras construcciones públicas, lo cual significó un gran auge para la agrimensura y los agrimensores en Cuba.

La mayoría de la documentación que conforma este fondo es original o de copias de los trabajos de diferentes agrimensores. Reúne en general  mapas y planos que muestran las diferentes aplicaciones y modos de representación cartográfica  y en muchos casos son obras únicas y desconocidas para el estudio de  la cartografía histórica cubana

Descripción del fondo cartográfico manuscrito de la Colección Pérez Beato

Al caracterizar la colección mediante la utilización de variables, se ha conocido del gran potencial informativo que ofrece este  tipo de documento. En este caso se presentan autoridades cartográficas casi desconocidas  que sin embargo hicieron importantes aportes a la conformación del patrimonio cartobibliográfico en el país.

Se determinaron  indicadores descriptivos que incluyen variables para la base de datos o los documentos que contiene la propia base, e indicadores de contenido que se refieren al contenido de los mapas en sí.

El estudio bibliométrico aplicado a esta muestra de mapas manuscritos  atesorada en la mapoteca de la Biblioteca Nacional de Cuba permiten la  caracterización de la misma. El análisis de ésta se hizo siguiendo un proceso que puede ser válido para todo aquel que desee caracterizar colecciones de esta índole, pues se delimitaron variables que deben tomarse en cuenta al ser comunes para este tipo de documento. Posiblemente cuando se haga un estudio completo de la colección, que no sólo incluye materiales cartográficos manuscritos, puedan ser elegidas otras variables, pero en este caso se seleccionaron las siguientes: encabezamiento, escala, fuente documental, año de confección, temática, lugar geográfico  y autoridad geográfica.

En la segunda mitad del siglo XIX las regulaciones en la educación hicieron que se delimitaran las funciones de los agrimensores y otros profesionales como los maestros de obras e ingenieros civiles y por eso era usual que junto a la firma se expusiera su nivel profesional. Estas razones demuestran que la firma del mapa tenía cierta importancia, de ahí que  el 69% son entrados por autor y el 31% por título.

Es de notar la relevancia que ha tenido esto, en cuanto le confiere mayor importancia desde el punto de vista bibliográfico e histórico. Este hecho está en correspondencia con las disposiciones de la época para la validez legal de los planos, pues a este respecto Tranquilino Sandalio de Noda presentó un reglamento para precisar los aspectos obligatorios que debían presentar las escrituras de los terrenos.

Este elemento se destaca en una nota que contiene las características del ejemplar que se está describiendo.

Ejemplos:
Firmado y rubricado por el autor.
Firmado por el agrimensor público.
Rubricado por el autor.
Rúbrica

 

Firma

El 84% de esta colección está constituida por planos,  piezas que representan predios rurales o urbanos, pequeños proyectos de población, planos de poblados, entre otros. El hecho de que la gran mayoría de estos materiales sean planos en los que figuran pequeñas extensiones, no les resta importancia desde el punto de vista de documento útil para la consulta de especialistas  ya que al tener una escala grande, permite representar un mayor número de objetos en el terreno y así obtener más detalles de este.

Es así que se pueden observar en las figuras de estos planos, los ríos y demás servidumbres de agua tan importantes en el desarrollo de la agricultura, los distintos tipos de plantaciones que podían coexistir en una hacienda, las casas de vivienda, carreteras, e igualmente se pueden también obtener magníficas vistas del crecimiento de la urbanización en la Ciudad de La Habana con el trazado de sus calles, entre otros detalles.

En lo que respecta a la fecha de confección de estos materiales cartográficos se observa que la gran mayoría están fechados y sólo 59 tienen una fecha probable. Esto es curioso pues en los materiales cartográficos, al menos en la actualidad, la fecha no es un dato tan importante como la escala. La respuesta se encuentra al considerar la intención con la cual fueron hechos, ya que estos mapas no fueron confeccionados, en su gran mayoría, para ser publicados, lo que los convierte en documentos de archivo. Los poseedores eran casi siempre los agrimensores, los ayuntamientos y escribanías, pues su objetivo era servir de elemento constitutivo de un proceso legal. Es precisamente por esta razón que la fecha de confección tiene mayor frecuencia de aparición que la escala; su finalidad en definitiva no estaba destinada a cartógrafos sino más bien a abogados en procesos de división o de compraventa  de haciendas. Esto se corresponde con el hecho de que la temática de  parcelario también sea la de mayor frecuencia en esta colección.

Desde el punto de vista bibliológico, el hecho de que se pueda conocer la fecha de estos documentos reviste singular importancia ya que se puede establecer que el siglo XIX, principalmente en su segunda mitad, fue el de mayor producción, lo que coincide con la edad de oro de la agrimensura en nuestro país. Esto se debe a que en esta época los agrimensores suplieron el trabajo de otros profesionales.

Se puede estimar que  del siglo XVIII se conservan muy pocas  piezas  en la colección, hecho que pudiera deberse a la antigüedad. También se aprecia, que tras un continuo crecimiento en la productividad entre 1750 y 1900, hay un brusco descenso en el siglo XX. Esto coincide con la decadencia de la actividad de los agrimensores pero también se corresponde con que en esa fecha el coleccionista era historiador y su interés eran los documentos antiguos, de lo que se infiere que no tuviera interés alguno en incluir obras que le eran contemporáneas. Este hecho hace que el comportamiento de esta variable no sea concluyente para establecer que la producción de materiales cartográficos manuscritos decayó en el siglo XX pues sólo se realiza el estudio de una colección.

Con relación a la distribución geográfica, se observa que el 30% de la colección representa  a La Habana, Guanabacoa, Pinar del Río  y Matanzas .  Es de notar que de la región oriental de la isla sólo se conservan ocho mapas, para un 2% del total. Esto puede deberse a dos causas: la primera, relacionada con la territorialidad, ya que al residir en la Ciudad de La Habana, el coleccionista podía desplazarse con más facilidad a los lugares que tienen más frecuencia de aparición. Por otra parte, lo más lógico es que la obra cartográfica del occidente se encontrara en esta ciudad pues la mayoría de estos agrimensores residían aquí y eran contratados para hacer sus planos en predios colindantes a esta. La segunda causa tiene que ver con el desarrollo desigual en cuanto a agricultura y población entre oriente y occidente y que la  riqueza agraria en esa época estaba mayormente concentrada en la parte occidental de la isla.

Los lugares colindantes: Pinar del Río, Habana y Matanzas, ocupan un 36% de la colección, hecho que está relacionado con la falta de peritos en lugares fuera de esta ciudad, lo cual obligaba  a los interesados a contratar servicios legales en las escribanías habaneras, siendo los planos respectivos archivados en éstas posteriormente. Este hecho también corrobora el pequeño porciento de mapas de la región oriental, ya que los interesados en contratar servicios cartográficos legales irían a la ciudad de Santiago de Cuba, segunda en importancia en el país y los mapas serían archivados en esa ciudad.

Guanabacoa ocupa el 20% de los materiales de la colección, resultado que se corresponde con la cercanía de esta ciudad y porque el autor de mayor frecuencia de aparición, Mariano Carlés y Casadevall, dedicó muchas obras a este lugar.

Se listaron un total de 74 autores en 280 mapas, entre los que destacan  por su importancia, desde el punto de vista histórico y cartográfico,  los siguientes: Mariano Carlés y Casadevall, Tranquilino Sandalio de Noda, Cristóbal de Gallegos, Rodrigo de Bernardo y Estrada, Manuel Antonio de Medina y Bartolomé Lorenzo de Flores.

La obra cartográfica contenida en la colección de cada uno de estos autores, cuya riqueza hoy preservamos, es un verdadero privilegio para la Biblioteca Nacional de Cuba y es reveladora del número e importancia de esos personajes como autoridades geográficas.

 

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