Un raro libro de texto de un maestro ejemplar: Don José de la Luz y Caballero


Por Lic. Olga Vega García, Investigadora Agregada de la BNCJM

 


En los fondos patrimoniales de la Sala de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, se atesora un pequeño volumen de 16 x 11 cm. que resulta muy curioso por haber sido escrito por uno de los más destacados pedagogos cubanos, sin que conste su nombre en la portada por alguna razón desconocida hasta la fecha.

Don José de la Luz y Caballero (1800-1862) estudió en el Seminario de San Carlos y fue alumno de Félix Varela. En esa prestigiosa institución desempeñó la cátedra de Filosofía entre 1824 y 1828. Seguidamente estuvo tres años en Europa y al regresar a su ciudad natal desarrolló su labor educativa en el Colegio de San Cristóbal de La Habana (o de Carraguao, como fue más conocido). Considerado entre los mejores de su época por las innovaciones pedagógicas establecidas en él, la calidad de su claustro de profesores y los adelantos docentes obtenidos, no es de extrañar que Luz y Caballero llegara a asumir  eventualmente la dirección, avalado por su experiencia y por la preparación adquirida en el ámbito de la pedagogía en varios países del extranjero.  Entre los avances propuestos estaba la implantación del método explicativo en todas las asignaturas y en muy poco tiempo comprobó el desarrollo de las habilidades de sus alumnos por lo que intentó extenderlo a otras escuelas, apoyándose en la Sección de Educación de la Sociedad Económica de Amigos del País.Más adelante,  el 27 de marzo de 1848, fundó el Colegio “El Salvador”, donde aplicó directamente sus conocimientos y concepciones educativas, consagrándose a la formación de sus discípulos.La descripción bibliográfica del libro seleccionado en esta ocasión como uno de los tesoros de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí es:

Testo [sic] de lectura graduada para ejercitar el método explicativo: libro 1.  -- Habana: Imprenta del Gobierno por S.M., l833.  – 105 p.

En la Bibliografía cubana del siglo XIX de Carlos Manuel Trelles y Govín (1) se consigna entre corchetes el nombre de Luz como autor; además, el relevante bibliógrafo cubano califica el libro como “rara obrita” y señala que no llegó a publicarse su segunda parte.Según expresa José Antonio Rodríguez en la biografía de Luz, siempre le causó a éste gran pena el sistema de ejercitar exclusivamente la memoria, obligar a los niños a repetir de coro las palabras de un texto sin comprender su valor, ni darse cuenta de lo que verdaderamente significan. Así, ya en 1832 había introducido en el país el método explicativo aplicado hasta la enseñanza de la lectura, como es el caso del libro seleccionado para la sección “Tesoros” en esta oportunidad.

A continuación Rodríguez valida la autoría de Luz del Testo de lectura graduada, calificándolo de librito interesante, que se usó en las clases antes mencionadas, y que gozó en su tiempo de merecida popularidad convirtiéndose en una verdadera curiosidad literaria.  Es significativo que ya en 1874 era difícil encontrarlo en el mercado. “Nosotros no hemos visto nunca sino un ejemplar, sumamente deteriorado y picado de polilla. Es de sentirse que no se haya emprendido publicarlo de nuevo, y continuar la tradición de una enseñanza tan fortalecedora del espíritu y fecunda en buenos resultados”. (2)        

        
De hecho, aunque se ha criticado la práctica seguida en ella al entremezclar consejos, diálogos infantiles, versos y fábulas,  muchos de sus contenidos no han perdido vigencia con el paso del tiempo, todo lo contrario, pueden ser repetidos a nuestros pequeños hoy en día, entresacando frases, tales como “el ni-ño si llo-ra es feo, pero si ríe, es bello”, perfectamente comprensibles por un escolar que aprende a leer.
 
Comienza con el abecedario, con sus mayúsculas y minúsculas en letra normal y cursiva, y a continuación se despliegan las diferentes partes que dan inicio a la lectura, división en sílabas de las palabras y luego textos sencillos. Los diálogos son adecuados a la edad del lector al que están dirigidos, como por ejemplo el correspondiente al padre y su hijo Carlos (p. 65 del Testo):

“El Padre.  Ven acá, hijo mío, ¿qué es lo que ves ahí en el campo?
Carlos.  Un caballo.
P. ¿Y de quién es?
C. Yo no sé, padre; es la primera vez que lo veo.
P. ¿Y cómo sabes que es un caballo, si es la primera vez que lo has visto?
C. Porque se parece a otros caballos.
P. ¿Con que entonces todos los caballos se parecen?
C. Sí, señor…”

Y así continúa una página tras otra enlazando conceptos y adentrándose en conocimientos sobre la naturaleza, los animales, hasta que finalmente, en la página 72, el niño es capaz de definir con sus palabras qué es un caballo.


                                        

Otra información de tipo científico aparece igualmente dosificada para que resulte asequible al pequeño, tal es el caso del artículo sobre los meses del año, el clima, las estaciones, que presenta la curiosidad de que en él se compara el mes de mayo en Cuba con lo que ocurre en países de otras latitudes. Luz señala al respecto: “¿Y si no, decidme cuando experimentáis aquí fríos excesivos? Acá ni tenemos idea de tal cosa… Acá se visten las gentes más por pura decencia que por absoluta necesidad. Allá si no se vistieran no podrían soportar el frío…” Y concluye: “… Así es que los pobres que no tienen para comprar leña, pasan mil apuros los infelices…”

Las fábulas, por lo general, son complemento de los libros de lectura y se recuerdan décadas después al oírlas repetir a hijos o nietos; en el Testo se incluyen varias:  

El libro termina, a manera de conclusión, con un texto denominado “La descripción de un buen muchacho”, donde luego de resumir una serie de consejos, expresa: “De esta manera, llegará a ser el muchacho, cuando crezca, un hombre juicioso y de virtud; será querido y respetado por todos cuantos le conozcan; vivirá en el mundo con  crédito y reputación; y el día que muera, será lamentado por todos sus amigos y conocidos” (Testo, p. 104). Unas palabras escritas por el Apóstol José Martí en el periódico Patria, el 17 de noviembre de 1894, sintetizan la imagen que del propio Luz y Caballero se transmitió a las generaciones que lo sucedieron… “Él, el padre; él, el silencioso fundador; él, que a solas ardía y centelleaba, y se sofocó el corazón con mano heroica, para dar tiempo a que se le criase de él la juventud con quien se habría de ganar la libertad que sólo brillaría sobre sus huesos; él, que antepuso la obra real a la ostentosa …” (3)

Sobre el ejemplar existente puede decirse que la encuadernación en piel fue reparada; el papel aparece degradado por la acción del tiempo, aunque el margen inferior no fue cortado, conservando su apariencia irregular. Procede del Fondo Antiguo de la Biblioteca Nacional, con un ex libris adherido a la guarda inicial, de Don Vidal Morales y Morales, en el centro del cual, el lema utilizado: MIHI ET AMICIS, es suficientemente explicativo del valor social que le daba a su colección particular. Cada volumen sería de él y de sus amigos, pasando de mano en mano, y a esa marca de propiedad se añade también un cuño en la portada con el nombre de dicho bibliófilo.     

                             
Los que de manera improvisada, sin conocimientos iniciales de pedagogía,  hemos tenido que impartir docencia en nuestras bibliotecas para formar centenares de bibliotecarios de nivel auxiliar, medio y superior, que se han diseminado a todo lo largo del territorio nacional hasta sus más intrincados rincones;  aquellos que han tutoreado tesis, preparado cursos de posgrados, entrenamientos, brindado conferencias y en síntesis, fueron capaces de promover la incesante recalificación del personal, no podemos olvidar nunca uno de los aforismos de Luz, muy importante, ya que como se ha podido constatar en la práctica, el profesional que va acumulando una experiencia, en la medida en que la transmite a los estudiantes que lo rodean, se va retroalimentando de nuevos conocimientos motivados por el desarrollo de modernas tecnologías, y sobre todo de la frescura de las mentes jóvenes: “Sagrado es este ministerio de la enseñanza, y tremendo por los deberes que impone todavía más al que enseña que al enseñado; pero de cualquier modo nada puede el uno sin el otro...” (4).

Notas

(1) Trelles y Govín, Carlos Manuel.  Bibliografía cubana del siglo XIX. --- Matanzas: Imp. Quirós y Estrada, 1912. – t. 2, p. 99

(2) Rodríguez, José Ignacio.  Vida de Don José de la Luz y Caballero.  New York: Imprenta de El Mundo Nuevo-La América Ilustrada, 1874. – 327 p.61.        

(3) Martí, José.  Obras completas. –La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. –t.5 p. 271.                               

(4) Luz y Caballero, José de la.  Aforismos de Luz y Caballero. – La Habana: Editorial Lex, l960. – p. 77.