Imaginarios: Nicolás Guillén, a 20 años de su desaparición física

 

En días recientes la destacada escritora cubana, Premio Nacional de Literatura, Nancy Morejón, hacía solicitud pública de “rescatar con transparencia y veracidad la trayectoria de un poeta sui géneris, cubano y universal; nacional y antillano...” A veinte años de la desaparición física de nuestro Poeta Nacional, Librínsula, comprometida con la promoción de su magistral legado, quiere ofrecer a sus lectores una muestra singular de la acogida que entre autores muy diversos ha tenido el inigualable Guillén.

Textos de Ana Cairo, Eugenio Florit, Miguel de Unamuno, Ilya Ehrenburg, María Teresa León, Manuel Cuellar Vizcaíno y Julio Le Riverend ; fotos, caricaturas, documentos varios del fondo de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”, conforman este Imaginario–homenaje.

Nicolás Guillén y la Biblioteca Nacional José Martí

A la memoria de Josefina García-Carranza


Por Ana Cairo

Durante el 2009 se ha enlazado la conmemoración de los 160 años del natalicio de Enrique José Varona (13 de abril) con la de los 40 años de la muerte de Fernando Ortiz (10 de abril) y los 20 años de la de Nicolás Guillén (16 de julio).

Varona apoyó los esfuerzos de Ortiz por construir la Sociedad de Folklore Cubano (1923-1932) y Guillén aceptó ser el vicepresidente de don Fernando en la Sociedad de Estudios Afrocubanos (1936-1946). Tópicos, como el anterior, podrían escogerse para interrelacionar las tres figuras; no obstante, prefiero una interconexión, acaso, menos conocida.

En la última semana de marzo de 1927, la sociedad cubana se conmocionó por el anuncio en la prensa del plan para una prórroga de poderes de la dictadura machadista. La idea se había estado negociando desde 1925 entre los miembros del Senado, la Cámara de Representantes y el gobierno. Se trataba de un pacto político para modificar la Constitución de 1901, extender los períodos de mandato de la Presidencia y del Congreso, y garantizar la reelección automática de todos.

El plan de la prórroga se ejecutó entre marzo de 1927 y el 20 de mayo de 1929, cuando el sátrapa Gerardo Machado inauguró el Capitolio. Allí mismo, tomó posesión para un segundo gobierno, que debería durar hasta el 20 de mayo de 1935.

Desde marzo de 1927, se estructuró un amplísimo movimiento cívico de intelectuales opositores. Enrique José Varona (1849-1933) lo encabezaba. Una de sus primeras acciones fue la solidaridad con el movimiento estudiantil universitario, el cual se reorganizó para combatir la prórroga. Los jóvenes salieron en una manifestación hasta la casa del filósofo (calle Línea y 8). La policía los atacó; allanó el hogar del anciano y hasta lo maltrató físicamente.

El 13 de abril de 1929, Varona cumplió 80 años. Como era una fecha relativamente cercana a la fiesta de Machado en el Capitolio (20 de mayo), la intensidad de la represión hacía imposible una celebración. Se decidió posponerla para 1930 y privilegiar el hecho de que se arribaba al cincuentenario de su primer curso de filosofía, en octubre. De este modo, se realzaba que el pensador se mantenía actuante.

En agosto de 1930, se divulgó en la prensa quiénes eran los miembros del comité de intelectuales que preparaba el homenaje. Varona ofreció al periodista Ramón Zaydín una entrevista desafiante por su antimachadismo y por su esperanza en los jóvenes. El comité gestor se reunía en el bufete de Fernando Ortiz (1881-1969), quien operativamente ejercía como un coordinador, ayudado por su secretario privado Pablo de la Torriente Brau (1901-1936). Raúl Roa (1907-1982) era el más joven de los miembros, porque representaba al Directorio Estudiantil Universitario (DEU).

En función del homenaje, se aceleraron algunas iniciativas personales. El joven Fermín Peraza se ocupaba de la bibliografía de Varona. Medardo Vitier y Elías Entralgo querían terminar sus ensayos en torno al “pensamiento vivo” del cubano internacionalmente más admirado. José María Chacón y Calvo planeaba solicitar textos a amigos para un volumen que sería la memoria de este evento.

<<<Guillén visto por Mariano

El 30 de septiembre de 1930, por la mañana, los jóvenes del DEU se concentraron en la Universidad; leyeron, en el Patio de los Laureles, un manifiesto redactado por Raúl Roa; bajaron por la Escalinata hacia la calle San Lázaro para iniciar una manifestación. La policía los atacó. Rafael Trejo fue herido de muerte. Pablo de la Torriente Brau estuvo entre los hospitalizados. El profesor Juan Marinello fue encarcelado. La dictadura machadista incrementó la represión en La Habana. Hubo que suspender el homenaje a Varona. No obstante, los jóvenes de la manifestación le hicieron saber al filósofo que, de nuevo, como en 1927, ellos lo habían tenido presente en el acto de rebeldía.

Gerardo Machado huyó con destino a Nassau el 12 de agosto de 1933. La maniobra estadounidense de mantener el gobierno sin Machado no pudo sostenerse. Los sucesos revolucionarios se aceleraron a partir de entonces. Varona falleció el 19 de noviembre. El entierro se convirtió en una tribuna de intelectuales para honrar sus méritos patrióticos y las últimas funciones como símbolo en el combate antimachadista.

En junio de 1934, se creó la Dirección de Cultura dentro de la Secretaría de Educación por iniciativa de Jorge Mañach. Su primer director, Chacón y Calvo, quiso mantener el compromiso con la memoria de Varona y auspició varios libros de los proyectados en 1930.

En 1949, Raúl Roa se desempeñaba como Director de Cultura y convirtió el centenario del natalicio de Varona en una fiesta de la cultura cubana, en la que participaron todos los sobrevivientes del comité de 1930.

En 1955 era el cincuentenario del primer texto de Fernando Ortiz. Se utilizaba el precedente del tributo a Varona para legitimar el festejo. Las personalidades, las instituciones culturales y educacionales, los partidos políticos y las organizaciones sociales anunciaron que se sumarían. La satrapía de Fulgencio Batista decidió involucrarse. Esto motivó que muchos se retiraran de los actos públicos. No obstante, por intermedio de cartas, mensajes y visitas privadas le testimoniaron a don Fernando toda su admiración.

Homenaje a Guillén en la BNCJM, 1962

Con la victoria revolucionaria del 1o de Enero de 1959 se desarrolló un amplio movimiento cultural. Se reestructuraron instituciones y surgieron otras. Cada una diseñaba su programa específico. La Dirección de Cultura, bajo la jefatura de Vicentina Antuña y con la ayuda de Alejo Carpentier, privilegió la estrategia de recuperar las acciones para honrar a las grandes personalidades vivas o muertas, conocidas o ignoradas. Había que saldar todas las deudas.

La Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), encabezada por María Teresa Freyre de Andrade, implementó una estrategia parecida. Se estimuló la confección de varios tipos de bibliografía y se realizaron grandes exposiciones. El Museo Nacional de Bellas Artes actuó de manera similar.

Entre 1967 y 1968, se conmemoró el centenario de la Revolución de 1868. El sistema de instituciones del estado cubano se entrenó en una coordinación nacional de eventos para atender a la máxima jerarquía cualitativa del acontecimiento histórico.

En 1971 se gestó el proyecto, con un alcance nacional de preparar un festejo por los 70 años de Nicolás Guillén (julio de 1972). La comunidad de intelectuales sabía que se retomaba el espíritu fundacional del homenaje a Varona en 1930. Con las experiencias del que se realizaría a Guillén, se elaborarían las estrategias permanentes para hacerlo a otras personalidades vivas. El objetivo era construir la tradición cultural revolucionaria destinada al realce de los esfuerzos y los méritos de un intelectual (cuando está en la plenitud de sus facultades creadoras) para universalizar el prestigio de nuestra cultura.

Número de la Revista de la Biblioteca Nacional dedicado a Guillén, 1977>>>

La BNJM eligió dos acciones entrelazadas de máxima importancia: la elaboración de una bibliografía de Guillén y la apertura de una gran exposición (julio de 1972). Para ambas se necesitaba la cooperación generosa del poeta.

María Luisa Antuña y Josefina García-Carranza (1941-2006), especialistas de la Sala Cubana, asumieron la responsabilidad de la bibliografía. Guillén, muy entusiasta, las apoyó y facilitó el acceso a su biblioteca. En una interacción permanente de los tres se depuraron erratas y errores. El libro en el que recogió la investigación, permanece como una obra de consulta obligatoria en los estudios guillenianos.

La bibliografía posibilitó la gran exposición, la cual fue visitada por Guillén en varias ocasiones. Él estaba gratamente sorprendido con algunas de las obras exhibidas.

<<<Josefina García-Carranza

En el número de septiembre-diciembre de 1977 de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, María Luisa y Josefina publicaron el primer suplemento de la bibliografía. Ellas contaron con la generosidad del homenajeado, la cual resultaba necesaria para acceder a referencias internacionales poco usuales, las cuales indicaban la amplitud de la celebración de los 70.

María Luisa y Guillén fallecieron en los ochenta. Josefina, fiel a su responsabilidad como bibliógrafa, prosiguió acopiando datos para un segundo suplemento.

En el 2002 (centenario del natalicio del poeta) estuve trabajando con documentos del fondo Guillén, donado en vida por el autor al Archivo Literario del Instituto de Literatura y Lingüística. Conversé con Josefina para esclarecer algunas dudas. Me facilitó la gaveta con las nuevas fichas para el suplemento. Traté de convencerla para que lo publicara. No accedió, porque lo consideraba incompleto. Las obligaciones con otras bibliografías le habían impedido procesar la colección de materiales en poder de la familia Guillén.

En el 2006, Josefina falleció. Araceli, su hermana mayor y una de las maestras en el oficio de la bibliografía, custodia la gaveta valiosa con las fichas para el segundo suplemento guilleniano. Pienso que este debería publicarse como un tributo simultáneo al poeta y al amoroso profesionalismo de la silenciosa Josefina.

Ante mi opinión, Araceli no puede sustraerse a las exigencias cualitativas de su gran oficio y complementa mi propuesta: el material compilado por Josefina debe ser acompañado por una “adenda”, que puede realizar otra especialista; así, se actualizaría el repertorio hasta el 2009. Así, con amoroso respeto por lo aportado por María Luisa y Josefina, los trabajadores de la BNJM pueden seguir contribuyendo a la tradición de rendir un homenaje permanente a las personalidades que han universalizado el prestigio de la cultura cubana.

La Habana, 20 de julio de 2009.

Libros nuevos

Por Eugenio Florit

Nicolás Guillén. Sóngoro Cosongo y otros poemas. Con una carta de Don Miguel de Unamuno. La Habana, La Verónica, 1942, 120 págs.

<<< Eugenio Florit

Ha hecho bien el poeta en publicar esta edición antológica de sus versos, desde el inicial Sóngoro Cosongo hasta El son entero —libro inédito—, pasando por los anteriores West Indies Ltd. y Cantos para soldados y sones para turistas. Nicolás Guillén es uno de esos poetas tan cabales, que su obra gana con el tiempo; y siempre es grato volver a leer sus cosas, a pesar de que la moda negra ha pasado ya. Precisamente por eso; porque en Guillén no fue nunca moda, sino acento suyísimo; tan suyo, que aún cuando en otra clase de verso sea tan bueno y tan artista, sólo en lo que nos dice por sí —es decir, por poeta negro— encontramos la verdad poética firme y desasida de otra cosa que le venga de fuera.

Y nos sigue gustando Nicolás Guillén aunque ya no nos gusten los demás, los que se pusieron a bailar al son que les tocaban —esa música de maraca y botijuela que amenazaba con inundar a su ritmo una gran parte de la poesía antillana de aquel momento. Porque en Nicolás Guillén la música está dentro —y no en la orquesta improvisada por los amantes del “color local”; porque en su verso hay tragedia honda y verdadera; porque en ellos el pueblo es pueblo y no espectáculo de “comparsa” de carnaval; por todo eso y por mucho más que quisiéramos decir y que algún día diremos, este libro nos gusta y lo miramos con la seriedad con que se mira lo que amamos.

Tomado de: Revista hispánica moderna, N. York, jul. 1942, p. 225

 

 

Una carta de Miguel de Unamuno

<<<La Habana, 1942

Señor don Nicolás Guillén. — Habana.

Hace ya tiempo, señor mío y compañero, desde que recibí y leí —-apenas recibido— su "Sóngoro Cosongo", que me propuse escribirle. Después lo he vuelto a leer —se lo he leído a amigos míos— y he oído hablar de usted a García Lorca. No he de ponderarle la profunda impresión que me produjo su libro, sobre todo "Rumba", "Velorio de Papá Montero" y los Motivos de Son. Me penetraron como a poeta y como a lingüista. La lengua es poesía. Y más que vengo siguiendo el sentido del ritmo, de la música verbal, de los negros y mulatos. No sólo en los poetas negros norteamericanos, que gusto con fruición, sino hasta en los que cantan en papiamento —lengua, como sabe, de los de Curacao—, que he aprendido. Es el espíritu de la carne, el sentimiento de la vida directa, inmediata, terrenal. Es, en el fondo, toda una filosofía y toda una religión. Usted habla, al fin del prólogo, de "color cubano". Llegaremos al color humano, universal o integral. La raza espiritual humana se está siempre haciendo. Sobre ella incuba la poesía. Y pues que usted dice: "nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros", quiero enviarle aquí una cosilla que escribí el 5 de enero del año pasado, 1931, cuando no conocía su libro.

Dice:

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos se reirán.

Lucas, VI, 21.

Melchor, Gaspar, Baltasar,
tres magos; Baltasar negro;
noche negra, van los magos
y el negro mirando al cielo
de las estrellas se ríe,
y la blanca luna, espejo,
se le ríe, se le ríe,
y el Niño, al ver mago negro
se echa a reír, y su risa
mece el pesebre del cielo.
Risa pura, luna llena,
funden las nieves del suelo.
Conquistarán nuestra tierra
con risa pura los negros;
con risa que es solo risa...
Dios les aguarda riendo;
magia de risa les cría,
negra noche, Dios sin ceño...
Dichosos los que se ríen,
que dormirán sin ensueños!

Día de Magos de 1931.

Y nada más... por ahora.

Aquí me tiene, ahora en Madrid, en este Parlamento, y regularmente en mi Salamanca.

Le tiende su mano como a compañero de ensueños,

Miguel de Unamuno

Madrid, 8, VI, 32.

Tomado de: El son entero, de Nicolás Guillén, pp. 11-12, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1947

 

Ilya Ehrenburg sobre Guillén

El primer traductor de Nicolás Guillén a la lengua rusa fue un gran escritor en ese idioma: Ilya Ehrenburg, cuya obra es universalmente conocida.

Ehrenburg tradujo diez poesías de Guillén, en 1949, y fue para la publicación de tales versiones —perfectas, según los conocedores del ruso— que el autor de "La Tormenta" escribió las palabras que se leerán a continuación.

<<<Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1947

Un poeta de gran corazón

El pueblo de Cuba dio a luz a un gran poeta, del que puede sentir legítimo orgullo: Nicolás Guillén. Se puede estudiar para ingeniero o para químico; poeta hay que nacer. Nicolás Guillén nació con un raro y magnífico don: la voz del poeta. Pero no basta con poseer este don, pues puede marchitarse o ensordecer, si el hombre no arde en una idea elevada, si su corazón no se llena de nobles sentimientos. El viejo Andersen tiene un magnífico cuento de un ruiseñor. Un viejo boodixan, que se enfadó contra su ruiseñor vivo y sustituyó éste por otro artificial, de cuerda. Pero cuando la muerte se acercaba al viejo boodixan, el aparato se estropeó y el moribundo comenzó a llamar al ruiseñor vivo. Nicolás Guillén es un ruiseñor vivo. Hijo de un senador, podía haber consagrado su vida a los trinos fríos e irreprochables; podía haber sido un poeta de cuerda, preferido de los salones literarios. Pero Guillén tiene un gran corazón y marchó con el pueblo.

Sus versos no son canciones vulgares; son alta poesía. Nicolás Guillén no procura escribir para el pueblo en forma más simple y peor. Sabe que precisamente el pueblo es capaz de valorar el verdadero arte.

He traducido con alegría diez de sus poesías. Esto ha sido muy difícil: no se puede traducir a otra lengua la música de la palabra. No obstante espero que en mis traducciones haya quedado aunque sea una nota de la poesía de Nicolás Guillén.

Tomado de: La última hora, año II, no. 23, 10 de julio de 1952 p. 9

¡ Adio Nicolá!

Por María Teresa León

No todas las mañanas son iguales, pero puede haber una serie de ellas imposible de olvidar. La memoria se resiste y aunque retrocedan, regresan al menor roce del recuerdo, afloran y se nos quedan mirando para que las acariciemos. Y así las mañanas de Cuba regresan intactas con su rol y su brisa, trayéndonos todas las calles y las plazas habaneras, los muelles y las paradas que hacíamos para admirar, querernos amistosamente o reír.

<<<Guillén visto por Tony Évora

Las mañanas de La Habana solían comenzar en la Dirección de Cultura, junto a la doctora Vicentina Antuna y Alejo Carpentier, para terminar del brazo de Labrador Ruiz y Nicolás Guillén ante un daiquirí, o un mojito con su banderita verde de yerbabuena. Para alcanzar esa bandera donde puede gustarse el mejor ron del mundo, graciosamente gratis, recorríamos las calles cálidas y apretadas de gente, sol y entusiasmos múltiples. Los transeúntes, al reconocer al poeta instranferiblemente suyo, lo saludaban con dos palabras que iban perdiendo letras hasta quedar en ¡Adió, Nicolá! y aún ¡Adió, Nico...! sorbido y despuntado.

¡Adió, Nicolá! ¡Pero mira que te conoce gente, pero mira que te sonríen las muchachas, pero mira cómo te miran! Y Nicolás se ahuecaba la guayabera modestamente, se esponjaba lleno de humildad, invenciblemente satisfecho y reía, convencido de que es encantadora la manera cubana de soportar sobre sus calles a un gran poeta nacional.

Para nosotros, Nicolás es nuestra historia antigua. Lo conocimos hace veinticinco años en estas mismas calles de La Habana, creo que en un café junto al inevitable trago y en circunstancias en que los jóvenes ingenios, artistas y escritores de la Isla estaban más o menos en la cárcel. Desde entonces, en esa fila de meses que van formando veinticinco años, fuimos enhebrando amistad con admiración sin saber cuál comenzaba y cuál seguía a la otra. Creo que en España el primer libro de Guillén que se conoció fue el "Sóngoro Cosongo". Unamuno habla de él y así, por tan buena vía, entró en la corriente de la lectura española la poesía negra del mar Caribe. Gracias a sus "Motivos de Son" nos dimos exacta cuenta de que ésta tenía dos ramas, y una llegaba del siglo de oro español; negros en los pasos de Lope de Rueda, en Góngora y en el Lope fabuloso de las mil fuentes. Nicolás Guillén heredaba por dos sangres el don de creación. Sí, le miraban sus dos abuelos. El era una síntesis llena de ecos, de deudas con sus antepasados y esto lo hacía universal. No había ninguna duda: Nicolás Guillén iba a trabajar sobre "efectos líricos" diferentes. Estábamos en presencia de alguien que llevaba a su pueblo en la punta de los dedos. La poesía de "percusión", de ritmo de tambor, había comenzado.

Partituras de “Yambambo” y “El negro bembón”, en El son entero, Buenos Aires, 1947

Cuando nosotros visitamos por primera vez a Cuba, acababa la Isla de sufrir un tornado político de alto porte: se había derribado a Machado. Subía Batista. Si a Machado se le llamaba en un son popular: una imprudente Mesalina, al sargento Batista se le expulsaría sin canciones. A nuestra llegada, Guillén había publicado su "West Indies Ltd.". Comienzan las emociones precisas y no vagas ante las evidencias de una situación nacional, derivada de dependencias extranjeras y presiones y opresiones económicas humillantes. La Isla, "Perla del Caribe", llora tanto como canta, y Nicolás escribe sus "Canciones para los soldados y los sones para turistas" antes de embarcarse para España. ¡Adió, Nicolá! Nicolás iba hacia la cuna de su abuelo blanco, despedido en el muelle por el pañuelo blanco de su abuelo negro. ¡Adió, Nicolá! En España acababa de comenzar la guerra.

Esa guerra será siempre nuestra guerra: la de los puros de corazón, los generosos y los confiados. Ernest Hemingway, cuando habla de ella, dice siempre: Cuando aquello nuestro. Nicolás llega a Madrid con mi pueblo en armas. Todo el romanticismo encadenado en las calles de Madrid salió a flor y Nicolás pudo pasearse entre su lirismo como antes nosotros nos habíamos encontrado con la conducta ejemplar de los universitarios escritores y artistas cubanos al visitarlo en su patria. Poemas para España. Nicolás sabía muy bien que en las trincheras de Madrid que él visitaba se defendía al mundo de una invasión terrible de orgulloso cinismo. Asistió, junto a importantísimos escritores, al Congreso para la defensa de la Cultura. Luego salió para Cuba; nosotros, desterrados, más tarde hacia la Argentina; y él mismo lo estaría después en París, pues los dictadores presienten una critica en la más inocente poesía y no consienten que cante nadie más que cuando ellos van de juerga. Pero los pueblos afinan sus guitarras —Gracias, Fidel— para los momentos oportunos de liberación nacional, aunque entonces haya periódicos bien pagados que comenten en sus titulares que se ha subvertido el orden.

Las radios pasaron todas las noticias de Cuba junto a los villancicos y alegrías del Año Nuevo. Las manos de Nicolás estaban sudorosas y frías.

Héroes también titanes.
Muchas de sus peleas
fueron como hermosos poemas. . .

Todas las poesías de Guillén se dedicaban —aunque no lo estuvieran— a los vencedores. Nuestra copa se levantó por Cuba.

Bebo en tu copa, América,
en tu copa de estaño
anchos ríos de lágrimas...

y lloramos y reímos porque así, de dos colores como el temblor del álamo, es la victoria de los pueblos sobre sus dictadores.

La emoción por Cuba continuó varios meses. Recibimos en Caracas la invitación de visitarla de nuevo. ¡Veinticinco años después, Dios mío! Recogimos restos de juventud, los mezclamos con el entusiasmo y llegamos a La Habana.

Sol y vieja amistad. Frente a la catedral Labrador Ruiz, Nicolás y Rafael. Labrador Ruiz es el hombre que escribe alegres cuentos amargos y es otro campeón de saludos por las calles. ¡Adió, Labrador Ruiz! Sus cuentos son tan buenos y apretados de idioma como esas telas que no se gastarán nunca y durarán toda la vida. Toda la vida de los hombres que hablan en español.

<<< Letras Cubanas, 1987

Nos acodamos a ver pasar el pueblo de La Habana. Nos parece distinto. Muchas cosas serias pasan por estas mañanas sonrientes y van inaugurando de un lado a otro convivencias nuevas y modos de vida distintos. La casa ha sido limpiada a fondo, hasta le están quitando los letreros en inglés para que puedan entender por donde anda cualquier guajiro llegado de la Sierra Maestra, que son los que ahora viajan. Junto a las conciencias, ya no se sienta la venalidad, ni junto a los ministros el egoísmo que promete la fortuna. También Ernest Hemingway, bajo la enorme cabeza de león, cazado por su mujer en el África de Lumumba, nos dijo: —Jamás ha tenido este país un gobierno más puro y honesto. Caminamos junto a las bellas intenciones por las calles de Cuba del brazo de Nicolás Guillén, de Labrador Ruiz. Hay en las miradas la misma correspondencia que la esperanza puso en nuestros ojos durante la guerra española Sentimos el corazón crecido. ¡Ah, si se pudiese inventar una red de confianza para proteger esta Isla que se levanta por primera vez en su historia de verdad hacia su independencia! Yo siento mi garganta apretada de emoción y de recuerdos. Las muchachas están encuadernadas en piel de preciosos colores, son como adornos que los países de una sola gama blanca no nos podemos permitir. De cualquier rincón se escapa el canto. Antes, también, pero ahora ha cambiado el ritmo. Se trabaja y no se arrulla el sueño y no se divierten ajenas alegrías, pues se ha de cantar para la marcha propia hacia adelante, hacia un lugar donde los está llamando la historia. Esa vieja repetición de la historia que varía poco sus mitos y donde el pequeño David templa la onda y contesta lo que su pueblo quiere y no lo que desearían unos pocos cubanos, tan pocos y tan ricos que es imposible que ellos sean el pueblo.

Por la Isla de Cuba han comenzado los hechos. Hechos como para que aprendan geografía los que aún equivocan las capitales de América española. Cuba está en el centro de una rosa americana. Hasta puede parecer una cuna balanceada por el mar Caribe, la cuna de la independencia total de las naciones que usan todas la palabra cuna, madre y patria.

Por la Isla de Cuba han comenzado los Hechos. Hechos como para que aprendan geografía los que aún equivocan las capitales de América Española. Cuba esté en el centro de una rosa americana. Hasta puede parecer una cuna balanceada por el mar Caribe, la cuna de la independencia total de las naciones que usan todas la palabra cuna, madre y patria.

La Habana, 1964>>>

Pero creo que escribía sobre un poeta, uno de los más luminosos del universo castellano, quien al pasar por las calles de La Habana es saludado por su pueblo ¡Adió, Nicolá! Mientras él se ahueca su guayabera modestamente, se esponja de humildad invencible y ríe copioso y sonoro. ¡Adió, Nicolá! Lo que nunca le dije es que en medio de tantas mañanas alegres, iba junto a nosotros la nostalgia de un poeta que no recibiera los saludos entrañables de su pueblo; ¡Adiós, Rafael!

Buenos Aires.

Tomado de: La Gaceta de Cuba, edición especial 8-9, agosto de 1962, p. 3

El Guillén que usted no conoce

(Fragmentos)

Por Manuel Cuellar Vizcaíno

Nicolás Guillén no sabe andar en bicicleta.
Ni ha montado caballo jamás.
No sabe nadar.
Ni guiar autos.
Ni andar en patines.
Ni bailar.
Ni bailar, pese a ser el autor de "Motivos de Son", de "Sóngoro Cosongo" y haber exclamado mucho antes:

"Tengo el alma hecha ritmo y armonía;
todo en mi ser es música y es canto:
desde el requiem tristísimo del llanto
hasta el trino feliz de la alegría".

<<< Guillén, por Hercar

Con la serie de negaciones arriba apuntada se inicia la serie de "¿De veras?" a la que tiene que hacer frente todo el que conozca a fondo la vida de Nicolás y la cuente. Es la contradicción. La sorpresa. Lo insospechado. Porque si el hijo de un senador de la República no pudo tener, no una bicicleta, sino ni siquiera un par de patines, es mucho más extraño todavía que ser del Camagüey ganadero y no haber tocado jamás el freno de un caballo.

Eso de que no pudo tener una bicicleta está bien dicho, porque es verdad que no pudo.

—¿De veras?

La familia de Guillén era muy pobre y lograba escapar valga a la buena organización y el cuidado de no caer en dispendios peligrosos. Saber arreglárselas con lo que se tiene da a veces la sensación de holgura económica. Y si en casos como éste permanece en el ambiente el dato de "la familia del senador", puede cualquiera imaginar hasta una botija enterrada "para que puedan esos muchachos estar siempre limpiecitos y sin faltar un solo día a la escuela". Pero viejos amigos, correligionarios muy cercanos al senador difunto, no tenían por qué discutir y dejaban libre creencia al respecto, sabiendo que todo consistía en que para la viuda un peso contenía cabalmente cien centavos.

(...)

Lo apuntamos al principio de estas líneas. En Guillén está lo sorprendente, lo insospechado.

Sobre la base elegíaca que hay en su alma poética, se ha construido un líder de masas, un peleador. Como si fuera otro Nicolás Guillén.

Usted lo ve alegre. Con una alegría contagiosa. Y es un hombre cuya sensibilidad parte de un fondo psíquico pleno de tristeza.

Cuando en sus años mozos, desde su infancia, vivió bajo el manto de la religión católica, comprendió que en aquellas prédicas había algo falso que no llegaba a la felicidad del hombre a plenitud. Y al líder Cristo dijo:

"No ha seguido nadie tu piadoso ejemplo.
Otros mercaderes están en el templo;
la mentira triunfa sobre la verdad..."

Muy triste se manifiesta en "La Canción de los Sauces:

"Cuando os miro, una sensación extraña
como extraña ola silenciosa, baña
de armonía mi lira, mi cantar de luz;
y mi altiva musa se arrodilla y ora
junto a cada sauce que en la calma llora,
junto a cada tumba, junto a cada cruz"

El tema de la muerte es vigente al final de "La Balada Azul":

"Mi bien, yo siempre pedí
ser blanca cruz en la tumba
donde dormirás por fin,
para estar, aun en la muerte,
cerca, muy cerca de ti".

En "Quirino con su tres" puede observarse la pena de que mientras Quirino toca indiferente,

"La madre, negra Paula Valdés,
suda, envejece, busca la frita”.

Otro salto y nos encontramos con “Caña". Lo que sugiere ese poema "Caña", puede decirse que es un poema:

"La tierra, bajo el cañaveral.
El negro, junto al cañaveral.
El yanqui, sobre el cañaveral
¡Sangre que se nos va!"

Una vez Guillén no pudo concretar una pregunta sobre algo que se agitaría en el misterio de su vida y dejó un poema trunco, simplemente en el principio. Fue un día que íbamos al pueblo ultramarino de Regla. Dijo:

"Iba a zarpar la barca. Yo le dije al barquero
tomándole del brazo: necesito saber..."

Y ahí quedó. Jamás completó el poema. No concretó la pregunta.

Letras Cubana, 1982>>>

La "Elegía a Jesús Menéndez" es una elegía de lucha. Y cuando él cuenta que ingresó en el Partido Comunista en 1937, usted comprenderá que la Revolución está en él desde la infancia dolorida.

A veces se produce algo en su alma que lo impele a huir de sí mismo. Entonces lo deja a usted con la palabra en la boca y arranca. Pero no es con usted. Es con él mismo. Que suele aburrirse de todo cuanto le rodea. Siga queriéndolo.

Cuando alguien tenga el dato de que es el hijo de un senador de la República, creerá que vino al mundo en los lienzos más finos y que por Camagüey los Guillenes tenían cientos de cabezas de ganado. Y en verdad que no pudo tener una bicicleta ni un par de patines a la edad en que se debe tener patines y bicicletas.

Y véalo ahora, con esa risa franca, escandalosa, que contagia. Pues es un hombre cargado de tristezas.

¿No acaba de cumplir 60 años? ¿No está saludable, rollizo, lleno de vida?

Pues una vez escribió serio, muy serio, allá por el 1920, algo que comienza así:

"Tengo el presentimiento de que me iré temprano".

Tomado de: La Gaceta de Cuba, 7-8 agosto, 1962, pp 7-8

Tiempos telescopiados: El diario que a diario

Por Julio Le Riverend

No recuerdo cuándo decía Nicolás que El diario que a diario salió así, sin sentirlo o sin quererlo, porque no fue concebido —mucho menos realizado— como historia. Nació por arte de birlibirloque, Arte mayor, que por aquellos encantamientos propios de su naturaleza, cabalmente ajenos a todo intento manual, debe ser una suerte de poesía. Como historiador me regocija que él no compita en este campo. ¿Qué público lector nos quedaría si él dejase caer en nuestro coto el sensible peso de su oficio, su gracia y su talento? Ya lo imagino. No faltaría quien propusiera que nadie pueda pertenecer a dos gremios de escrituras diferentes. Peor: podría aparecer —en réplica soberbia a esa invasión— algún manual o monografía con citas al pie de página y, aún más, un tomo de documentos inéditos, todo en octavas reales o en verso libre. ¡Qué angustioso sería leer en dodecasílabos rotundos el Informe de Truslow! Esos alucinantes peligros, no nos amenazan: démosle las gracias a Nicolás por ayudarnos a conjurarlos, ya que no le enamora el género historiográfico. Y no sólo por eso: se las debemos, ante todo, por este regalo invalorable de El diario que a diario.

Guillén junto a Regino Pedroso>>>

Sorpréndase quien lo lea. Destanteado dirá para sus adentros que no es historia sino travesura. Puede ser que lo vea como una antología de contrasentidos temporales. Un lío, en suma, sería la conclusión, ligera por demás. Sin embargo, Guillén tiene de inmediato un norte cuya evidencia me parece directa, deliberadamente diáfana. Desde las páginas primeras él se detiene en todo lo que contradice a cada tiempo y lo enfila a contradecir tiempos posteriores. Y a contradecirlos desde el hoy vivido.

¿Qué es esto? Se venden: "Dos blancas jóvenes, por ajuste" o "Una pareja de blanquitos hermanos de 8 y 10 años..."; no es menos digno de atención que se declare "no obstante las providencias que el gobernador ha dado con el ilícito comercio... se experimenta en esta ciudad y en toda la Isla una relajación absoluta en la introducción de ropas y todos géneros". No, no es posible que ese chaparrón nos venga como si tal cosa del siglo XVIII cubano. Seguramente él lo tomó del Diario de la Marina (entre 1940 y 1958) o de Información o de La Prensa de Buenos Aires, o del Jornal de Brasil o del Daily Pottawatomy del estado de Utah donde el progreso permite ya que las mormonas sean poliándricas. Eso de niños de cualquier color vendidos para esquivar una democrática y representativa inanición no es cosa tan lejana para los que andamos, malgrado, que conste, hacía la ancianidad. Lo del ilícito comercio era obra civilizadora de Batista y sus muchachos en Isla de Pinos, allá por 1958. Pensar que Guillén se burla del siglo XVIII es un ejercicio ayuno de seriedad, infeliz, digno de vituperio.

¿Y a qué viene ese elogio de Lord Albermarle durante los años 1762-63? Dice que se portó como lo que era: un Lord. Pues no lo parece. Ni siquiera fue social-demócrata en su juventud. ¿Acaso ayudó a Sudáfrica? Por ventura ¿protegió a Rhodesia? Aquel notorio personaje británico se quedó corto, no atinó a graduarse de Lord: solamente ordenó ejecutar unos cincuenta negros de La Habana. Ni siquiera fue mérito que expulsara sentado en su sillón episcopal, al Obispo de La Habana. No, Albermarle fue un simple aprendiz de Lord. Los de hoy le darían una envidia furibunda. ¡Cómo cambian los tiempos y con ellos ciertos hombres! Hoy día, tampoco son iguales los hombres inciertos.

<<<Contemporáneos, UNEAC, 1977

No hay que molestarse en organizar una flota poderosa para ejecutar negros en La Habana, pues los hay por decenas de miles, millones en África y si se trata de eclesiásticos protestatarios baste ponerse de acuerdo con la junta de El Salvador... Además, la flota la pone el Pentágono, Brzezinski y Carter. Perdón, también corrió funesta suerte al pie del altar el intranquilo obispo Tomás Beckett, allá por 1170, a petición expresa del rey cristianísimo Enrique II de Inglaterra. Por cierto que Enrique VIII ordenó destruir la tumba del prelado y calcinar sus restos unos siglos después. Siempre el progreso: por algo este último Enrique merecía seis dígitos más en su nombre. Busquemos pues al Lord Albermarle XXIV y tropezamos con él: quizás sea miembro de un grupo de asesores destacados en Namibia o en Irlanda.

Deliro. Nicolás me obliga a traspasar siglos y paisajes como si estuviera en una competencia preolímpica de triple salto. Gracias a este Guillén fraterno vuelvo a Cuba. Y me dice que en 1810-30 todo tenía que venir de Francia, avalado por la cultura parisina. Fondas, pildoras, muebles, afeites y cosméticos, libros, homeópatas, modas y saca-muelas: todo, sin excepción; ni siquiera faltaba alguna que otra de esas damas generosas venidas de New York "en bandadas" al decir de José Antonio Hechevarría. También vinieron príncipes, saltimbanquis, aeronautas y aventureros que no la pasaban mal en esta tierra. No tardó Cuba en considerarlos innecesarios, sabranceros o material desechable. La industria colonial fabricaba condes, dentistas, habitantones y anexos. Además costaba muy caro importar esa patulea y tenerla aquí, tanto más cuanto que un vecino de Luyanó o de la Loma del Ángel hacía lo mismo a precios deflacionarios, y aún más, podía hablar en francés. Parece que fue ayer: Los condes tenían sus negocios en Cuba y sus títulos —al portador o nominales no los otros— a buen recaudo, fuera del país. Aquí vendría a cuento la respuesta que una señora muy empingorotada, o no, lo ignoro, dio a una encuesta de El Fígaro allá por 1903: "Si no naciera en Cuba, me hubiera gustado nacer en París" (de donde, al parecer, no vino). Ana de Quesada respondió: "Me gustaría nacer en un país donde no hubiera Enmienda Platt". Valga la diferencia entre una y otra.

Aquella prensa del pasado anterior que ha leído con provecho nuestro Nicolás, traía avisos de una ingenuidad sorprendente. Decía: "Don Fulano anuncia que saldrá de la ciudad el 15 del próximo mes de marzo y declara que nada debe". Claro, tal texto no lo publicó Antonio de Escobedo, el que se jugaba de una sola sentada en valla de gallos de Güines, los miles de pesos que obtuvo como misión de los financieros del primer ferrocarril allá por 1837. No tenían por qué publicar nada, ni él, ni el Conde de Villanueva. Es obvio: no se fueron de Cuba.

Pueblo y Educación, 1990>>>

Mucho menos lo hicieron cientos de políticos antes de 1959. Los que se fueron después no pudieron satisfacer esa práctica entañona porque la celeridad de sus extremidades inferiores se lo vedó.

Vinieron otros tiempos, los de Carlos Manuel de Céspedes y el Ejército Libertador. Muerte y devastación, nombradas entonces Lersundi, ambiguo rey del Palacio de los Capitanes Generales, antro al cual Martí denominó —¡en esos días!— Sodoma y Gomorra. Valmaseda, Acosta y Albear, Castañón, "La Bandera Española". Herrera, voluntarios; miles de nombres, todos indecorosos por igual. Sólo fue condenado el Coronel González Boet porque asesinó no solamente a los cubanos sino también a españoles, para robarlos a todos. Dícese que detrás de la sentencia, había "razones de estado" muy poderosas. No es difícil imaginarlo. Los colonialistas metropolitanos repudiaban toda usurpación de funciones: bastaban ellos para matar españoles, que para eso abundaban en España: su ejército no podía ir más allá de las instrucciones sencillas y eficaces incluso para sus mandos más analfabetizados: hay que matar cubanos.

Busquemos la prensa, y no dejemos por causa alguna de consultar el Diarlo de la Marina... y del Ejército —¡pues, no faltaba más!— como ha hecho Nicolás. En sus páginas resplandecieron todos los mandantes —nombre carcelario muy apropiado— hasta Weyler, el enano siempre derrotado, que extendió a esta isla la política de la reconcentración rural, llevada por sus aventajados discípulos de West Point a Viet Nam, con el nombre de "aldeas estratégicas". Prolongada, y corregida en su nueva edición por el ventrílocuo Carter, con el humanístico nombre de "carpas de la libertad". Y después de todo eso, hay quien no cree en el progreso de la democracia.

Que lo hubo —el progreso— pues el Diario de la Marina hace apenas treinta-cuarenta años buscó con éxito económico, como siempre lo tuvo, sus otros arquetipos: Hitler, Mussolini, Franco y Chapitas Trujillo. Pinochet debe estar lamentando su desaparición pues perdió la oportunidad de andar en la mejor compañía.

<<< Ilustración de Carlos Enríquez, en El son entero

Busquemos afanados en esa prensa. Ya encontrará el lector: "La Revolución Cubana ha ocupado las empresas extranjeras violando la extraterritorialidad que les concedieron Lenardo Wood y el bondadoso D. Tomás Estrada Palma"; o algo así: "La SIP declara que las noticias de la prensa habanera deben circular al revés en Estados Unidos porque aquí si hay libertad de ideas". Como lo soñaba Weyler en 1896.

Sígame el lector. Más adelante, llevados de la mano amiga de Guillén, entremos en el mundo de la crónica social, de la politiquería, de los lemas del A B C y de los hacendados. Los años en que desaparecía el país para que hubiera azúcar y disfrutásemos del Presidente Cane, de los generales Sugar, de los senadores Cuban y de los millonarios Cuban Sugar Cane. País bien aventurado donde había no menos de veinte bancos de bolita por kilómetro cuadrado y unas quince mil vidrieras de apuntaciones. Donde además de todo ese desarrollo, la Mafia (1) creaba cinco o seis casinos de juego para turistas cultos, y florecía el Bandes (Banco de Desarrollo Económico Social). Bandes, dirá el Diccionario de la Real Academia en su próxima edición, neologismo cubano creado durante el abigeato desarrollista como novedoso derivado de banda.

Es, por eso, la época en que todo venía del Norte: nombres de establecimientos, autos, filmes de policías y espionaje, perros calientes, gángsters, libros del padre Fulton Sheen, asesores, desórdenes y órdenes, ejecutivos, promotores, Majorettes, morfina, Readers' Digest, cocaína, discriminación racial y chiclets. Venía lo insólito, lo inimaginable, nada inútil, porque era "de allá" y establecía una coherencia ejemplar entre los educandos y sus civilizadores.

Ese es el mundo que se nos aleja cada día más. Claro está porque vamos de prisa. Ahora, lector, no precisa seguirme. Hemos llegado con el fraterno Nicolás al 28 de enero, día de los cubanos convocados por José Martí, y al 26 de julio, cuando la Editorial Moncada publicó La historia me absolverá para que todo el pueblo lo lea y caiga, con esa fuerza más, sobre los imperialistas.

Leer El diario que a diario equivale a ver una película en la cual los espectadores son los que se mueven de un cuadro a otro, de uno a todos y de todos a uno de ellos. El efecto visual no nos da imágenes confundidas. Cada una se halla donde debe estar y se la encuentra —ubicuo— en todo el texto. ¿Cómo es posible?

Con Ángel Augier y Ana Belén>>>

A lo mejor, mi solución para este enigma no resuelva nada, pero déjenme los lectores decirles que Nicolás nos regala una lección. Un historiador, de los respetables, claro está, iría al pasado y allí ejercería la suma justicia del presente. Ahorcaría historiográficamente a miles de personajes, puesto que hicieron lo que hoy no le permitiríamos. Es cómodo y barato y da prestigio entre los aficionados a escapar de las cotidianidades revolucionarias. Guillén, con su carga de poesía removedora de conciencias, no lo hace. No quiere ser historiador de esa manera. Sí, se sale del presente, va al pasado y siempre volverá al presente donde ha ejercido y ejercerá su sabiduría revolucionaria, la que va del pasado al futuro, único camino del historiador. No es historia anacrónica, ni es diacrónica como diría algún innovador que profesa en la Universidad de Brown Hole; es insoslayablemente policrónica.

Hay que andarse con cuidado en esto de la historia. No es fácil, porque implica una coherencia total que se extiende, a través de la vida diaria, la vivida, entre el concepto del pasado, el presente y la creación del porvenir.

Nicolás es poeta del presente, y de los mejores, ya se sabe. ¿Es historiador? No lo sé. Pero lo que veo en las páginas de El diario que a diario es un telescopiar alegre y elocuente de todos los tiempos. Pero el tiempo que marcha hacia adelante nos recuerda que el futuro sigue siendo nuestro, porque solamente se libra la batalla como Nicolás: desde el presente.

Tomado de: Revolución y cultura, núm. 98-99, octubre-noviembre de 1980, pp. 58-61

Un poema para estos días

Por Ana Cairo

 

Nicolás Guillén (1902-1989) siempre practicó la máxima atribuida al revolucionario francés Georges Jacques Danton (1759-1794): “audacia, audacia y audacia”. Revolucionario como poeta y político, siempre, estuvo dispuesto a renovarse. El Gran Zoo (1968) es uno de los más trascendentales libros de poesía de la cultura posterior a 1959.

<<< UNEAC, Ediciones Manjuarí, 1971

Ante la resistencia del pueblo hondureño al golpe de Estado, una forma de solidarizarse es recordando el famoso poema “Gorila”, de El Gran Zoo.

 

 

 

 

 

Gorila

El gorila es un animal
a poco más enteramente humano.
No tiene patas sino casi pies,
no tiene garras sino casi manos.
Le estoy hablando a usted
del gorila del bosque africano.

El animal que está a la vista,
a poco más
es un gorila enteramente.
Patas en lugar de pies
y casi garras en lugar de manos.
Le estoy mostrando a usted
el gorila americano.

Lo adquirió
nuestro agente viajero en un cuartel
para el Gran Zoo