El orgullo de ser bibliotecario

Entrevista a Emilio Setién
Por Carlos Zamora

<< Recibiendo la Distinción por la Cultura Nacional (Santa Clara, 2005)

Doctor en Ciencias de la Información (especialidad Bibliotecología y Bibliografía), profesor de la Universidad de La Habana durante más de treinta años, tutor de numerosas tesis de grado, investigador titular, con importantes publicaciones científicas en Cuba y el extranjero, con un currículo envidiable para cualquier especialista, Emilio Setién, a pesar de sus largos años de servicio, de las numerosos vicisitudes, prejuicios y contratiempos en el ejercicio de su profesión, sigue demostrando, para beneficio de quienes le admiramos, la vitalidad emprendedora con la que arribó a la Biblioteca Nacional hace ya casi cinco décadas.

Los que le conocen admiran su proverbial inconformidad ante lo alcanzado y su capacidad ilimitada para buscar soluciones, con el auxilio del instrumental teórico que ha defendido por tantos años. Experiencia, tenacidad y generosidad, son tres atributos  que le corresponden con toda justicia.

No puso el más mínimo reparo a este cuestionario y sus respuestas representan al hombre de ciencias que es y al enamorado ferviente de la profesión que todos estiman.

Desde su experiencia personal, como estudiante primero y como profesor luego,  cómo evalúa la enseñanza y la formación del trabajador de la información actualmente.

Para llegar a una respuesta adecuada a esta pregunta, conviene hacer algunas consideraciones previas.

En la actualidad la información es un fenómeno tan complejo que la formación de los trabajadores relacionados con ella tiene múltiples aproximaciones. Entre ellas está la que corresponde a los bibliotecarios y bibliógrafos, que predominan en nuestras bibliotecas. Ambos se ocupan, junto con bibliólogos, archivistas y los denominados por algunos como analistas de información, de un tipo determinado de información: la información humana registrada en portadores susceptibles de ser manipulados para consulta y uso, con diseño apropiado  para su transmisión en el tiempo y el espacio. Se ocupan de ese  complejo campo de la realidad social relacionado con la producción, acumulación, conservación, descripción, difusión, y uso social de los documentos antes caracterizados, incluido el análisis y transformación de sus contenidos con vistas a obtener nuevos datos e ideas o a develar los implícitos en ellos.

<< Junto a Osiris Riera  en un bibliobús dedicado a la extensión cultural en los primeros años de la década del sesenta.

En este contexto la concepción de la formación profesional actual tiende en muchos lugares, y Cuba no es una excepción, a difuminar la personalidad propia de los distintos especialistas del sector, incluyéndolos a todos bajo la denominación de profesionales de la información. ¿Profesional de qué información? ¿La del objeto de los periodistas? ¿La propia de bibliotecarios, bibliógrafos, archivistas, o analistas? ¿De los conceptos de información en el campo de las matemáticas, la cibernética y la ingeniería? Sin olvidar que la Pedagogía se ocupa del tratamiento de la información desde el punto de vista de su dosificación para la transmisión de conocimientos. Y que la Psicología lo hace, para explicar los procesos mentales que permiten su generación y comprensión, por ejemplo.

Para algunos, información es el contenido de la relación entre dos entes que provoca un cambio de estados en ellos. Esa es la definición más general, más abarcadora. Para otros es un concepto sobre el que existen más de 150 definiciones. Entonces, los planes de estudio deberían estar convenientemente “personalizados” para que respondan a las exigencias de esa diversidad.

En el sector de lo bibliológico, la tradición de la formación escolarizada empezó por la de bibliotecarios, bibliógrafos y archivistas cuyas escuelas surgieron desde principios y a lo largo de todo el siglo XIX, desde la erudita École de Chartes hasta la pragmática creada por Melvil Dewey en Chicago. En Cuba fue la formación de bibliotecarios la pionera desde la década del 30 del siglo XX.

El contenido de estas profesiones enfrenta su primera crisis conceptual con la proliferación de portadores que registran la creación intelectual de la humanidad a fines del XIX, aunque iniciada desde mucho antes. La teoría de aquel entonces se acoge al significado etimológico de la raíz biblio y limita la función de las bibliotecas al tratamiento de los libros desde el punto de vista de su procesamiento y conservación. Surge por entonces la denominación de documentación para abarcar toda la gama de portadores emergentes, y el documentalista asume las funciones de los servicios de referencia especializados surgidos en las bibliotecas durante las últimas décadas del XIX,  función que se desarrolla hasta alcanzar la connotación de diseminación selectiva de la información.

Por otra parte, con el concepto de documento ocurre algo parecido a lo que sucede con el de información. Existen múltiples aproximaciones a él:

 

Epigráfico arqueológico

 

 

 

 

 

Documento

 

 

 

Bibliológico

de biblioteca,

de archivo,

de imprenta,

editoriales,

librerías, etc.

Tratamiento bibliográfico en lo atinente a lo descriptivo en diferentes catálogos (1) y las inferencias que pueden derivarse de los contenidos de tales catálogos (2).

 

Otros

 

 

Con el inicio del tratamiento matemático de la información por Shannon, recordado como el padre de la teoría de la información (3), y merced al concepto que esta adquiere en el mundo de la Cibernética para la modelación tecnológica de las actividades más diversas, incluidas aquellas que reproducen funciones propias del cerebro humano (4), por una parte, y las exigencias de datos e ideas precisas para resolver las distintas tareas que enfrenta el desarrollo acelerado de la sociedad desde la primera mitad del siglo XX, el concepto de documentación empieza a ser sustituido por muchos por el de información. Y comienzan a diversificarse los enfoques de la enseñanza profesional de nuestro sector, cuya diversidad se puede apreciar en la denominación de la asociación de profesores e investigadores de la región en la especialidad: “Asociación de Educadores e Investigadores de Bibliotecología, Archivología, Ciencias de la Información y Documentación de Iberoamérica y el Caribe”.

<< Junto a Marta Terry, quien fuera Directora de la Biblioteca Nacional, en una Jornada Técnica (Casa de las Américas, junio de 1982)

En Cuba toda esta situación se enfrenta en la formación profesional durante la década del 70, principalmente. Aunque el concepto de centro de documentación aparece ya en los 60, la formación profesional de nivel medio y superior siguió siendo la propia del bibliotecario, a la que se incorporaron los contenidos que explicaban la tendencia documentalista también, teniendo como base teórica la obra del español Javier Lasso de La Vega. Es en los 70 cuando comienzan los cambios en la denominación en los planes de formación profesional, con el sustento ahora en la obra de A.I. Mijailov. Personalmente entré a la Universidad de La Habana para formarme como bibliotecario y salí con un título de dudosa denominación como Licenciado en Información Científico Técnica (digo de dudosa denominación porque los títulos se refieren por lo común a ramas del saber y no objetos de trabajo), al que después de mi promoción denominaron como licenciatura en Bibliotecología y Ciencia de la Información, aunque la Comisión Nacional de Grados Científicos reconoce el doctorado de la especialidad como de Ciencias de la Información, denominación que ha asumido recientemente el departamento docente en la Facultad de Comunicación. En este ámbito y a simple lectura resultan contradictorias entonces, desde el punto de vista conceptual, algunas divisiones como Departamento de “Periodismo” y Departamento de “Ciencias de  la Información”, que parece excluyente o restrictiva para el primero. En otras latitudes donde las facultades abarcan todas estas especialidades, se llaman Facultades de Información, y no de Comunicación. Algo habrá que hacer.

Cabría preguntarse si, por razones históricas y culturales, no debería mantenerse en la denominación de la carrera a la Bibliotecología por haber sido la especialidad pionera en la formación profesional del país. Así sucede tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido, donde priman las denominaciones de Library and Information Science o de Library and Information Studies. Por otra parte, en el plano internacional, la Federación Internacional de Documentación desaparece, o más bien se integra a la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios, manteniendo esta última su denominación original.

Sobre la explosión informativa en la era digital o sociedad de la información, qué papel atribuye al bibliotecario y al trabajador de la información en general.

Después de la respuesta a la pregunta anterior, me limitaré a hablar del papel del bibliotecario en la era digital. Me baso para esto en el contenido de la norma ISO 2789:2003(E). Estadísticas relativas a las bibliotecas, en la que se establece que las colecciones de las bibliotecas comprenden “libros y publicaciones seriadas, manuscritos, microformas, documentos cartográficos, música impresa, documentos audiovisuales, documentos gráficos, patentes, libros electrónicos, otros materiales digitales, bases de datos, series electrónicas, enlaces a recursos ciberespaciales libres registrados por la biblioteca)”. Nótese, además del subrayado relacionado con lo digital, la connotación que se le concede a la raíz biblio a partir de esta definición. Y esa connotación de las colecciones sitúa al bibliotecario ante la necesidad de conocer las peculiaridades de los distintos portadores que integran las colecciones para que sean capaces de procesarlas, conservarlas y promover su utilización. Pero el reto que tiene el bibliotecario es realmente estresante. No sólo porque debe asumir el conocimiento y empleo de tecnologías que están en constante evolución para el manejo de colecciones complejas, sino —y aquí lo más peligroso— porque tiene la misión de rescatar toda las ideas y datos de valor cultural  que fluyen a través del ciberespacio, pero que pueden desaparecer a voluntad de quienes las insertan en ese medio. Una de las características que definen la calidad de las páginas web, por ejemplo, es su constante actualización y se corre el riesgo de que junto con la inclusión de nuevas informaciones desaparezcan otras. Esta es una de las razones por las que en la descripción de las fuentes ciberespaciales consultadas, que se incluyen en la bibliografía de los distintos trabajos, es requisito indispensable situar la fecha en que se accedió a ella, porque una segunda consulta en fecha distinta puede variar el contenido inicial, o este puede haber desaparecido. Esa posibilidad exige que los bibliotecarios —y más aquellos que laboran en bibliotecas con responsabilidades depositarias— estén en condiciones de rescatar y fijar en soportes menos efímeros los contenidos que fluyen por el ciberespacio.

<< Entregando un regalo a Isabel Pérez Viera, en una Jornada Científica de la Biblioteca Nacional (junio de 1984)

No debe olvidarse la enorme responsabilidad social que tiene el bibliotecario contemporáneo, que se ha venido conformando a través de la historia haciéndose cada vez más compleja, pasando de la función inicial de atesoramiento de colecciones hasta llegar en la actualidad a su rescate, organización, preservación, transformación de contenidos y promoción, mediante la realización de actividades que contribuyen al desarrollo de las facultades lectoras, entendida la lectura de nuestros días en su concepto más amplio. Leer es hoy comprender lo escrito en un texto, una representación gráfica, la notación musical, las pistas de audio de un CD, los datos o ideas almacenados en un medio computarizado real o virtual. En síntesis: leer significa saber extraer y comprender el significado de la información-conocimiento contenida en cualquier tipo de portador.

¿Nueva época significa nuevas disciplinas? ¿Qué exigencias curriculares distinguen al nuevo trabajador de la información? Del trabajador tradicional al nuevo paradigma… ¿un trecho esencial?

Nueva época puede significar nuevas disciplinas, cuando estas sean realmente necesarias. Pero nuevas épocas pueden significar también nuevos desarrollos de disciplinas ya existentes. Es indudable que la división social del trabajo en los colectivos científicos que llevó a la aparición del analista de contenidos y a su ubicación en el sector de nuestras especialidades, en su imbricación con la metodología de la investigación y otras ciencias, ha tenido como consecuencia el surgimiento de una nueva disciplina: para algunos, ciencia o estudios de la información, para otros informática, donde las aplicaciones tecnológicas toman el mando de la terminología, para otros más infobibliología, que inserta el fenómeno en la  línea de la archivología, la bibliografía y la bibliotecología.

La investigación en el campo de la Bibliología, ¿ha perfilado nuevos caminos o sigue los derroteros tradicionales? En su opinión cuáles rasgos distinguen su estado actual en el país.

Como disciplina científica de larga existencia, cuyo contenido actual se delimita ya desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, distinguiéndola como ciencia general de la que se desprenden la Bibliotecología y la Bibliografía, su investigación ha perfilado nuevos caminos como una evolución lógica de los derroteros tradicionales. Ha mantenido su desarrollo en Europa fundamentalmente, tanto en los países de Europa del Oeste como en el antiguo campo socialista. Un ejemplo de cómo la esfera de la Bibliología como disciplina ha ido ampliando su espectro se encuentra en la obra de Robert Stivals titulada Hacia un nuevo modelo bibliológico neoliberal mundial (5). En ella Stivals identifica los modelos bibliológicos que se han sucedido en la historia: el de las Sociedades preclásicas, el modelo propio de la Antigüedad Clásica y la Edad Media occidental, el del Capitalismo comercial, el del Capitalismo industrial y el de la Sociedad neoliberal. Este último período lo identifica como aquel que se manifiesta en los 70 y los 80 del siglo XX, cuando se produce la masificación en el empleo de los ordenadores y se abre el período de los medios telemáticos dada la necesidad de comunicar informaciones y soluciones a los problemas a distancia en tiempo real, con la aparición en  los 90 del libro digital. Todos estos elementos se consideran parte del objeto de estudio de la bibliología contemporánea bajo el modelo de la Sociedad neoliberal. Nótese la coincidencia de este enfoque con el comentario hecho anteriormente a los cambios que ha experimentado el significado de la raíz biblio. En este sentido, les invito a consultar mi artículo sobre el tema titulado: “Consideraciones sobre la bibliología desde la perspectiva de la teoría bibliológico-informativa”, ACIMED 15.2 (2007)

<< Durante el Evento Bibliotecológico de la Feria Internacional del Libro, 2007

En Cuba las investigaciones bibliológicas que predominan son las referidas a la esfera de la bibliotecología, la bibliografología así como las derivadas del análisis de información y la aplicación de las nuevas tecnologías a su tratamiento. También existen estudios del corte bibliológico tradicional, en los que destacan los que se llevan a cabo por la Biblioteca Nacional y el Instituto de Literatura y Lingüística sobre colecciones valiosas y bibliófilos. Sin embargo hay un déficit  de investigaciones que estudien al  movimiento editorial, de publicación y comercialización del libro y sus similares en el país.

En el diseño y conformación de las investigaciones bibliotecológicas, desde el punto de vista metodológico y temático, a cuáles experiencias internacionales nos hemos acercado más, antes y ahora… ¿cuál ha sido el saldo de esas influencias?

En el plano de la investigación científica hubo poco desarrollo en el sector bibliotecario antes de 1959. Quizás la figura más relevante en el sentido teórico por aquella época fue la de Berta Becerra a quien se debe el proyecto de una Enciclopedia especializada, en cuya estructura se observa una fuerte influencia de las concepciones bibliológicas europeas de las primeras décadas del siglo XX. Después de 1959 la investigación histórica de las colecciones valiosas de la Biblioteca Nacional fundamentalmente tiene el estilo de los historiadores del momento y  en las compilaciones bibliográficas priman las consideraciones técnicas. Es sólo a fines de los 70 cuando se estructura un programa de investigaciones bibliotecológicas y bibliografológicas con una nueva tónica en la que incide teóricamente la influencia del campo socialista en la especialidad, a cuyos trabajos conjuntos en esa materia Cuba se incorpora a través de la entonces Dirección de Bibliotecas del Ministerio de Cultura. Al calor de aquellas colaboraciones se diseñan los primeros problemas ramales de investigación, se gradúan los primeros doctores de la especialidad, primero en la Unión Soviética, Alemania y Checoslovaquia y finalmente, se inicia la discusión de las tesis doctorales en Cuba, cuando ya se contaba con personas suficientes con los grados necesarios para integrar los tribunales. Me cabe la satisfacción de que es mi tesis doctoral la primera de la especialidad que se discute en el país, suceso que en el 2010 cumplirá veinte años.

En los problemas ramales participan activamente múltiples bibliotecas públicas del país, se produce un proceso de categorización de los bibliotecarios como investigadores y asumen la dirección de los temas que integran los problemas diseñados distintos colegas de provincias. Por su parte, la Dirección de Información de la Universidad de La Habana, con sede en la Biblioteca Central, mantiene también por aquellos tiempos programas de investigaciones bibliotecológicas.

Después de la desaparición del campo socialista y de las consecuencias del período  especial, las investigaciones bibliotecológicas se desarticulan tanto en lo nacional como lo internacional. De alguna forma se mantienen de manera aislada en temas que abordan las bibliotecas por su cuenta o a través de los trabajos de graduación de los alumnos de Bibliotecología y Ciencia de la Información de la Universidad de La Habana y de los de la hoy extinguida Escuela Nacional de Técnicos de Biblioteca.

<< En la Biblioteca Nacional  junto a Miguel Ángel Ferrer, director de las bibliotecas escolares.

En lo internacional, la Asociación Cubana de Bibliotecarios ha logrado insertarse en algunos programas de la región coordinados por el Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que han permitido el intercambio de resultados y de enfoques metodológicos con otros colegas iberoamericanos.

Por su parte el departamento docente de la Facultad de Comunicación ha mantenido un plan de investigaciones que se desarrolla por los profesores mediante la dirección de trabajos de diploma sobre diversos temas y como parte de sus trabajos de doctorado, en los que se han incluido temas bibliotecológicos y bibliológicos, pero que por razones que no ha lugar discutir en este contexto, fueron excluidos los bibliográficos.

Como parte del programa de doctorado que el Departamento docente de la Universidad de La Habana lleva a cabo en colaboración con la Universidad de Granada, se realizan investigaciones de interés para el país.

Trabajador durante muchos años en la BNCJM, qué ha significado desde el punto de vista personal su relación con numerosas personalidades de la cultura que allí han laborado o han tenido un vínculo muy estrecho. ¿Qué experiencias recuerda con más entusiasmo de esas relaciones?

Tuve la suerte de pertenecer al colectivo de la Biblioteca Nacional desde tiempos de María Teresa Freyre, quien se rodeó para el desempeño de sus funciones de importantes personalidades de la cultura cubana y de la profesión bibliotecaria: entre  ellas hay que pensar en Aleida Plasencia y Amalia Rodríguez, que fueron el corazón de los primeros trabajos investigativos del departamento de Colección Cubana; en Juan Pérez de la Riva, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina y Bella García Marruz, Graziella Pogolotti, y por último, pero no como menos, a Argeliers León. Quizás con él fue con quien más estrechas relaciones mantuve porque a su obra se debe la creación de la Revista de Música de la Biblioteca Nacional, en una época en que María Teresa me había encomendado la dirección del Departamento de Publicaciones de la institución. Argeliers pasará a la historia como el gran musicólogo que es, pero quizás pocos sepan los conocimientos editoriales y de impresión que tenía y de los que aprendí en gran medida. En igual sentido, también es inolvidable la figura de Carlos Fariña, cuyos programas de concierto y su diseño pusieron en tensión los recursos de impresión que poseía la Biblioteca por entonces, pero siempre se contó con su concurso personal, a más del disfrute que proporcionaron aquellos verdaderos eventos musicales por los que valía la pena esforzarse.

No olvidar que entre mis compañeros  de labor he tenido a Zoila Lapique (los dos entramos a la Biblioteca el 1 de octubre de 1959) y a las hermanas García Carranza, que entraron poco después.

Como puede verse, tuve la oportunidad de compartir espacios con intelectuales destacados de la Bibliotecología y la Bibliografía, pero también de otras ramas de la cultura, que de alguna forma, contribuyeron a mi formación, si recordamos que entré a trabajar en la Biblioteca Nacional a los diecisiete años.

Ocupado en fenómenos muy cercanos al libro y al documento desde una perspectiva científica  nos queda siempre una curiosidad: ¿Qué lee Emilio Setién? ¿Cuáles han sido sus experiencias lectoras, sus libros de cabecera…?

<< Con Mirta Botana, presidenta de SOCICT, y Lourdes Rodríguez Rodríguez, de Matanzas, quien recibió el premio Gilberto Sotolongo otorgado por la ASCUBI, en el acto del 7 de junio que tuvo lugar en el Aula Magna de la UH el año pasado.

Soy un fanático de lecturas de obras de tema histórico, preferiblemente de las relacionadas con la Antigüedad de la Humanidad. No me importa si son noveladas o no. No soy lector de muchas obras distintas. Incluso tengo obras que releo frecuentemente. Alguien que ahora no me viene a la mente ha dicho que la verdadera lectura provechosa es la intensiva y no la extensiva y yo comparto esa idea. Es increíble la cantidad de descubrimientos a que lleva la relectura de alguna obra importante. Sobre todo cuando uno las hace en distintas épocas de su vida.

Aunque desde su labor pedagógica ha ofrecido numerosos consejos a los estudiantes ¿quisiera ofrecer alguno en particular a los bibliotecarios y trabajadores de la información que leen estas páginas…?

Dadas las circunstancias actuales, me dirijo a los bibliotecarios para que no dejen de serlo. Decir que uno es bibliotecario, no es nada denigrante. Por el contrario. Hay que pensar en las grandes figuras que ha dado la profesión y hacerlas conocer. Desde Paul Naudé hasta O.S. Chubarián, pasando por Dewey, Cutter, Carlos Trelles, Lasso de La Vega, Domingo Figarola Caneda, José Antonio Ramos, Berta Becerra, María Teresa Freyre, Domingo Buonocore, Carlos Victor Penna, S. R. Ranganathan y otros. Mirarse en el espejo de esos grandes y no en la caricatura que algunos hacen de nuestra profesión representándola con la señora mayor (por no decir vieja) con moño, espejuelos y cara de pocos amigos, amén de ser seguramente solterona. Cuando le digan que son trabajadores de la información digan que ustedes, efectivamente, se llaman Juan, pero no un Juan cualquiera, son un Juan Alfonso, o un Juan García, etc. No son trabajadores de la información en abstracto: son bibliotecarios, bibliógrafos, archivistas, analistas. ¡Qué empeño en quitarnos la personalidad! Y luego se habla de ofrecer servicios personalizados... Pocos podremos ofrecer si no somos capaces de personalizarnos nosotros mismos.

Notas

(1) Malclés, Noelle Louise. La bibliografía. – Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1960

(2) Tendencias en el comportamiento de la producción, distribución, transformación de contenido y uso de los diversos productos bibliológicos.

(3) Shannon, C. E. A mathematical theory of communication. Bell System Technical Journal, vol. 27, pp. 379-423 and 623-656, July and October, 1948

(4) Wiener, Norbert. Cybernetics, or control and communication in the animal and machine. – New York      Wiley, 1948.

(5) Stivals, R. Hacia un nuevo modelo... Rev. Esp. de Bib., Vol. 1 no. 1. 1997