José Antonio Saco… ¿Polémica, en tiempo y espacio?

Por  Astrid Barnet

La polémica en relación a la figura de José Antonio Saco ha superado el tiempo de su existencia, y continúa siendo para los investigadores de su obra obligada inserción en los programas de Historia de Cuba que se imparten en los diferentes centros educacionales de nuestro país.

En la obra recientemente publicada: José Antonio Saco, eternamente polémico, su autora, la doctora en Ciencias Sociales, Olga Portuondo Zúñiga, expresa que: “…Nunca pudo congeniar Saco con ninguna de las dos corrientes (Separatismo-Anexionismo), pues ambas iban contra su esencial manera de pensar, cuyo principio básico era la integración a la hispanidad en lo cultural y lo político.

“¿Fue entonces José Antonio Saco un anti-anexionista radical?”, pregunta la profesora universitaria.

Según ella: “En su trabajo Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos, publicado en París, el primero de noviembre de 1848, expone las principales opciones para la Isla de Cuba ante una alternativa anexionista, a partir de sus peculiaridades internas, su interacción con los Estados Unidos, sus relaciones y contradicciones con Europa, la situación interna de España –además de la de la Unión—, para llegar a la conclusión de la imposibilidad de anexión.

“Ciertamente aboga porque no se produzca la anexión, pues conllevaría  la pérdida de la nacionalidad cubana. En ese importante documento expresa que: … yo quisiera que, si Cuba se separase por cualquier evento, del tronco a que pertenece, siempre quedase para los cubanos y no para una raza extranjera. Y señala más adelante, algo que ha constituido su carta de presentación para todos los estudiosos e investigadores: … pero yo desearía que fuera Cuba cubana, y no angloamericana.

“Hasta aquí se analiza y concluye que Saco fue un anti-anexionista convencido. Se adelantó además a otros al significar que: Bulle en muchas cabezas norteamericanas el pensamiento de apoderarse de todas las regiones septentrionales en América, hasta el istmo de Panamá, problemas que nuestro José Martí se encargaría después de denunciar.

En su obra José Antonio Saco, eternamente polémico la doctora Zúñiga expone que “la anexión para él (Saco) parte de un grupo de condiciones que deben estar dadas. Como alternativa admite tal posibilidad, ante el mayor peligro por el que puede pasar el orden esclavista existente; en su pensamiento, la violencia asociada a la eliminación e la esclavitud en Cuba, está absolutamente desterrada. Defenderá este principio hasta los últimos días de su existencia; por ello planteará que “…el patriotismo, el puro e ilustrado patriotismo debe consistir en Cuba, no en desear imposibles, ni en precipitar al país en una revolución prematura, sino en sufrir con resignación y grandeza de ánimo los ultrajes de la fortuna, procurando siempre enderezar a buena parte los destinos de nuestra Patria…”

Expone la profesora Portuondo Zúñiga que “al iniciarse la contienda independentista, el 10 de Octubre de 1868, no figurará como adicto a la causa, aún siendo convocado por varias figuras que en ella participan. Su principal contradicción estriba en oponerse a la anexión, continúa analizando la autora del libro, tener un pensamiento reformista y admitir la anexión como alternativa: ... “Si Cuba contase hoy con cuatro o cinco millones de blancos, con cuánto gusto no la vería yo pasar a los brazos de  nuestros vecinos...

“La salida de la esclavitud, asociada a una fuerte inmigración blanca capaz de contrarrestar la población negra, es el nudo principal de su dilema. En ello siempre puso todas sus esperanzas e intelecto para convencer a la aristocracia criolla plantacionista...

“Existe, prosigue la autora, al estar atrapado por ausencias de reformas en la Isla a las cuales España no cede, la contradicción nacionalidad-anexión, la cual resuelve (como alternativa) a favor de la segunda:…Debo decir francamente, que a pesar de que reconozco las ventajas que Cuba alcanzaría formando parte de aquellos Estados, me quedaría en el fondo del corazón un sentimiento secreto por la pérdida de la nacionalidad cubana.

“Es precisamente la salida pacífica –no la independentista—, el problema, aunque se pierda lo que más ha defendido: la nacionalidad cubana. Diría, entonces: Mas, a pesar de todo, si por algún acontecimiento extraordinario, la anexión de que he hablado, pudiera efectuarse hoy, yo ahogaría mis sentimientos dentro del pecho y votaría por la anexión.

“Durante un reciente debate sobre la figura de Saco, explica la doctora Portuondo Zúñiga en su trabajo, estudiantes de la carrera de Psicología de la Universidad de Santa Clara, admitieron en sus reflexiones la certeza del pensamiento anti anexionista de esa figura, pero con matices anexionistas”.

No obstante, y cualquiera que sea la polémica actual (o debates), acerca de la posición de esta figura, lo que sí resulta indudable es que ella está indisolublemente ligada al concepto de nacionalidad cubana. En opinión de Max Henríquez Ureña: “…la concibió como realidad social existente, como entidad tangible, como patria espiritual que se anticipa a la patria política. Se adelantó al porvenir…”.

Ciertamente, pues no sólo vaticinó (desde 1863) el cese de la dominación hispana si España no concedía libertades políticas a la Ínsula, sino que a la par anunció la pérdida de Puerto Rico junto con la de Cuba; anticipó también que los Estados Unidos asumirían una actitud expectante si Cuba entraba en guerra con España, y durante la década de 1868 a 1878 vio confirmada una predicción: Atrévome a asegurar que, mientras sean cubanos los que dieron la cara, quedándose al paño los norteamericanos, toda su protección consistirá en la tolerancia de ciertos actos que aunque reprobados por el derecho de gentes, no comprometan la paz entre ellos y España”.

Hay que destacar que además de haber sido un polemista dialéctico fue también un vidente de la situación político-social del país y del peligro que constituía la amenaza del vecino del Norte. Saco, en suma, fue un hombre de su tiempo y acorde a él. Para juzgarlo, habría que hacerlo teniendo en cuenta todos los resortes –económicos, políticos, sociales e ideológicos--, que se movieron a su alrededor y acordes al período histórico que le tocó vivir. Resortes y, finalmente experiencias que, tras una Tregua fecunda –en la que se incluye la Guerra Chiquita y varios desembarcos festinados de expediciones armadas--, exhortarían años después al más grande pensador del siglo XIX, nuestro José Martí, a perpetuar para la Historia con su vida y ejemplo.