El primer impreso cubano conservado
Por Amauri Gutiérrez
A Araceli García-Carranza Basseti, Tomás Fernández Robaina,
Julio Domínguez, Olga Vega y Elena Graupera, de quienes siempre aprendo.
I
En julio de 2003, mientras asistía al Postgrado Internacional para Profesionales del Español organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional en Madrid y gracias al carnet de la Biblioteca Nacional de España obtenido a través de esta última institución, pude consultar el impreso NOVENA EN DEVOCION, Y GLORIA DE N. P. SAN AVGVSTIN realizado por Carlos Habré en La Habana. Al ser de 1722, supera en un año la antigüedad del primero conservado en Cuba –Tarifa General de Precios. No podía creer entonces que había hallado el primer impreso cubano conservado de los conocidos hasta el momento. En aquella ocasión, mi economía de becario no me permitió conseguir una fotocopia y solo pude adquirirla en noviembre de 2009. Obtuve la copia a través de la referencista Alma Rosa González quien estuvo de becaria en España. Tan pronto la recibí, me acerqué a Araceli García-Carranza Basseti, Tomás Fernández Robaina, Olga Vega, Margarita León y otros investigadores de la Biblioteca Nacional José Martí. Rápidamente, redacté para la Revista de esa institución el presente artículo que ahora doy a conocer en Librínsula, con el propósito de otorgarle a la información una mayor inmediatez.
Desde 1999, había comenzado a inquietarme el vacío historiográfico que en el ámbito de la cultura tenía nuestro siglo XVIII, el cual hacía parecer al siglo XIX y su esplendor como un fenómeno de generación espontánea. En la Biblioteca Nacional de México, vi por primera vez TRAGICA DESCRICION, QUE BOSQUEXA LA MOMENTANEA LAMENTABLE defolacion de la mui Noble, y mui Leal Ciudad DE SANTIAGO DE LA ISLA DE CUBA, Caufada por el horrendo Terremoto acaecido â las once, y cinquenta y mas minutos de la noche del Miercoles once de Junio de mil fetecientos fefenta, y feis por Miguel Joseph Serrano. Con el pasar de los años, mi carpeta de trabajo sobre la cultura dieciochesca cubana se fue llenando de novedades. En la actualidad, preparo un volumen ya de unas 350 cuartillas sobre la poesía en La Habana y Santiago de Cuba de 1760 a 1769. También tengo unas 60 cuartillas de impresos cubanos no repertoriados por las bibliografías precedentes sobre el siglo XVIII. Todos ellos localizados en bibliotecas del extranjero.
Estas inquietudes me han llevado a revisar la historia de los repertorios bibliográficos y del mercado del libro sobre el siglo XVIII cubano. Bachiller inaugura la disciplina con su “Catálogo de libros y folletos publicados en Cuba desde la introducción de la imprenta hasta 1840” (1). Forma parte del empeño de la historiografía romántica cubana quien se afana en reconstruir el pasado insular.
La Revista de Cuba dio a conocer durante varios años diversos suplementos bibliográficos en las últimas décadas del siglo XIX. Unos años más tarde Eusebio Valdés Domínguez trató de continuar ese empeño (2). Bachiller, por su parte, publicó un primer suplemento de su bibliografía (3). Francisco Jimeno (4) y Domingo del Monte (5) continuaron el proyecto iniciado por Bachiller. También en el extranjero durante esta etapa hubo interés en la bibliografía cubana rara (6).
Antonio Bachiller y Morales >>
En Nueva York, se da a conocer una interesante bibliografía sobre el tema (7). Unos años después Manuel Pérez Beato dio a conocer nuevos asientos bibliográficos no incluidos por Antonio Bachiller y Morales, Francisco Jiménez, Domingo del Monte y Eusebio Valdés Domínguez (8). Por ello Vidal Morales y Morales, al ver los repertorios publicados por este último, le entregó un manuscrito autógrafo de Bachiller que era un segundo suplemento a su “Catálogo...” de 1861 (9). Pérez Beato fue uno de los más constantes estudiosos de los siglos XVII y XVIII cubanos (10). Aunque los estudios bibliográficos decimonónicos, podemos decir que se cierran con una obra póstuma de Del Monte (11).
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, hubo un apogeo de los estudios bibliográficos del pasado cubano, marcado por el positivismo como corriente científica. Manuel Pérez Beato empieza a hacer una significativa labor de rescate de nuestra bibliografía en su revista El Curioso Americano (1892-1939). Esta labor fue acompañada por Revista histórica, crítica o bibliográfica de la literatura cubana (1916-1917) de José Augusto Escoto.
Indudablemente, un hito en los estudios acerca del tema lo fue la publicación de La imprenta en La Habana (1707-1810): notas bibliográficas del chileno José Toribio Medina (12) quien viajó a Cuba a finales del siglo XIX para completar su búsqueda. Unos años más tarde publica Carlos Manuel Trelles y Govín su Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII (13) que provocó una reacción crítica de Pérez Beato y desató entre ambos una polémica que tuvo diversas etapas. Llevaba varios años Pérez Beato preparando una obra similar en propósito (14) y Trelles se adelantó. Otro bibliógrafo cubano, Luis Marino Pérez, publica el mismo año que Trelles otra obra de enorme significado para los estudios del impreso dieciochesco de tema cubano (15). En la reedición que hizo Trelles en 1927 de su obra sobre los siglos XVII y XVIII incluyó todos los datos compilados por Luis Marino Pérez aunque no le da ningún crédito.
Detengámonos ahora en la polémica que se desató a partir de la aparición de la última obra referida de Trelles. El Fígaro encargó a Domingo Figarola Caneda una reseña crítica elogiosa de la obra e incluso le pidió al reseñado un retrato suyo para acompañarla. Figarola se excusó y se rehusó a hacerla. Por ello, se le solicitó a Pérez Beato quien escribió un artículo que rechazó Manuel Serafín Pichardo y Peralta, director de El Fígaro. Posteriormente, Néstor Carbonell y Figueroa publicó el texto preterido en Letras (16). Trelles le contestó en la misma publicación (17). Se sintió aludido Juan G. García Enseñat y terció en la polémica quien laboraba en la Biblioteca Nacional por esa época (18). Por ello, Trelles se vio obligado a continuar respondiendo a los ataques (19). Su interlocutor tampoco permaneció callado (20). Es preciso señalar que la actividad crítica de Pérez Beato no se concretó a esta última polémica pues aportó aquellos datos que consideraba debían completar a la obra de Trelles (21).
Hemos reconstruido todos los detalles a partir de los apuntes historiográficos de la bibliografía cubana de Tomás Fernández Robaina (22) y del manuscrito “Ilustraciones críticas al ensayo de bibliografía cubana sobre los siglos XVII y XVIII” (23) que tiene escrita la siguiente nota con la caligrafía de Figarola Caneda: “A instigación de Figarola. P. Beato y Trelles fueron después amigos y colaboradores”. Hemos atribuido la letra pues el mismo documento incorpora otro texto manuscrito y firmado por este autor que usamos para comparar. No resulta extraña esta combinación de manuscritos pues era costumbre entre los bibliófilos de la época la circulación de textos y ejemplares de libros que eran enriquecidos por diversos autores y se convertían en verdaderas joyas de colección facticia. La práctica investigativa lo ha confirmado aunque recién se están procesando esos ejemplares en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí por la investigadora Olga Vega.
En el referido manuscrito Pérez Beato describe la recepción de Trelles de su artículo crítico de la siguiente manera:
“Apenas llegó a la vista del Sr. Trelles el artículo crítico, desató contra mí sus iras. Descompuesto, fuera de sí, olvidando por un momento su reconocida urbanidad y sin dar a la razón el tiempo necesario para una reacción compensadora de lo que él tomó equivocadamente por agravio, me dijo cuanto puede decirse en el paroxismo de una ofuscación”.
Entre los insultos estaban los siguientes: “díscolo galeno”, “frenético y vengativo”, “portero de la Escuela de Artes y Oficios”, “sietemesino de la bibliografía”, “ignorante y atrevido”, “alma corroída por la envidia”, entre otros. La respuesta de Pérez Beato, según él cuenta, fue:
“Me limité entonces a tratar en mi revista algunos particulares referentes a la obra, a manera de ilustraciones, como ya lo había hecho antes en más adiciones, para las cuales pedí permiso al autor, quien me lo concedió diciendo que tenía ganas de ver las peregrinas adiciones que yo prometía”.
En efecto, hubo muchísimas de esas “peregrinas adiciones” que Trelles supo agradecer e incluir en la nueva edición y definitiva de su referida obra publicada en 1927 (24). El resultado de la polémica fue muy positivo pues completó y enriqueció la obra inicial.
Sin dudas, la crítica más justa y razonable que recibió la bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII publicada por Trelles en 1907 fue la de Luis Marino Pérez (25).
Pero unos años antes, Ortiz aborda la temática, no ya desde la bibliografía, sino desde la ubicación misma de las piezas que es uno de los problemas fundamentales de la cuestión (26).
A pesar de los muchos errores de la obra de Trelles, es justo reconocer que se trató de un empeño sin precedentes en la bibliografía cubana. Por otro lado, después de ella solo se han realizado estudios de colecciones concretas y no se ha vuelto a emprender una obra tan ambiciosa como aquella.
Entre Trelles y Pérez Beato hubo otra polémica sobre temas dieciochescos, acerca del poeta ciego Juan Miguel de Castro Palomino, sacerdote del siglo XVIII. Trelles publica en octubre de 1907 un artículo en el que da a conocer una versión de sus décimas (27), y al mes siguiente Pérez Beato da a conocer nuevas estrofas (28). Trelles contesta en diciembre (29) y su interlocutor le responde ese mismo mes y en enero (30). El resultado fue la publicación de una edición comparada de las dos versiones por parte de Trelles en su edición de 1927.
En 1936 Pérez Beato republica transcrita la entonces primera obra impresa en Cuba lo cual constituye un hito en los estudios dieciochescos (31) aunque este último dato ya se ha superado. Unos años después el polígrafo cubano Jorge Aguayo da a conocer en la revista Universidad de La Habana dos artículos capitales (32).
No es hasta inicios de la década del cincuenta en que reaparecen textos referidos a la temática. El entonces joven historiador Julio Le Riverend (33) aprovecha su viaje como becario del Colegio de México para rastrear allí al impreso cubano y su relación con el Virreinato de Nueva España. Por su lado, la bibliotecaria Berta Becerra de León, directora de la Sociedad Económica Amigos de País (34), vuelve sobre el impreso dieciochesco cubano a partir de un curso especializado impartido por ella.
Estos acercamientos fueron esporádicos en los sesenta (35). Ya en los años setenta se aprecia un interés por repertoriar las colecciones de valor patrimonial en Cuba. Comienza a llamar la atención la obra de Parra (36), la colección de la Universidad de La Habana (37) y de la Biblioteca Provincial Elvira Cape de Santiago de Cuba (38).
En la década del ochenta, se publican varias obras de enorme utilidad: los inventarios de los impresos raros y valiosos de la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena de la Universidad de La Habana (39), de la Biblioteca Nacional José Martí (40), la Biblioteca Central de la Universidad de Oriente (41), un facsímil acompañado de un estudio investigativo de la obra de Antonio Parra (42) y el primer estudio histórico sobre la imprenta en Cuba (43). Un antecedente de este último estudio lo fue el artículo de Cejudo Nápoles (44) aunque la obra de Ambrosio Fornet es ya un clásico del tema (45).
En las dos últimas décadas, la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí lleva adelante una sistemática labor de investigación en esta área de nuestro patrimonio bibliográfico (46). No obstante, uno de los estudios capitales del tema es el iniciado por Juan José Sánchez Baena de la Universidad de Murcia (47).
La dificultad esencial en cuanto a los estudios bibliográficos de nuestro siglo XVIII está en la ubicación de las piezas que, en muchísimos casos, se encuentran en los fondos raros de las más diversas bibliotecas del extranjero. En la actualidad, los esfuerzos en esta área deben orientarse a solucionar la cuestión de dónde hallar los ejemplares. Por otro lado, todavía no contamos con una adecuada caracterización de los fondos raros cubanos y el consecuente catálogo colectivo que derivaría de ella. La Asociación de Bibliotecas Nacionales Iberoamericanas (ABINIA) elaboró desde 1994 un proyecto denominado Novum Regestrum que se propone ser un catálogo colectivo del patrimonio bibliográfico de la región, es decir, una base de datos compartida de los fondos antiguos respectivos.
El mercado del libro en Cuba antes del establecimiento de la imprenta alrededor de 1720 en La Habana, ofrece algunos hitos esenciales desde el siglo XVI. Un buen ejemplo de ello es la carga de la Nao Santiago que llegó a La Habana procedente de Cádiz en 1609 con una mercadería muy variada entre las cuales se hallaban publicaciones que nos dan una idea de los hábitos de lectura del siglo XVII en Cuba:
Arte de servir a Dios de Solís ..........................................................1 ejemplar
Coplas...............................................................................................1 resma
Cartillas del estanco..........................................................................1 resma
Devocionario de Fray Luis de Granada...........................................24 ejemplares
Güelamo de la misa y otros de la Salve..... ..................................... 2 ejemplares
La Aurea Evangelista.........................................................................1 ejemplar
Libros pequeños de caballerías..........................................................1 resma
Los cuatro libros de las obras de Fonseca...........................................
Los cuatro libros de Zamora el Bernardo..........................................4 ejemplares
Obras completas del padre maestro Fray Pedro de Balderrama.........1 ejemplar
Silva espiritual de Álvarez..................................................................1 ejemplar
Tratado de Purgatorio.........................................................................1 ejemplar
Summa y Explicación de Manuel Rodríguez Francisco...................1 ejemplar (48)
Llama la atención que las coplas sueltas se traen por peso y no por número. La mayoría de los libros son de carácter religioso, aunque otro aspecto notable es la resma de “Libros pequeños de caballerías”. Téngase en cuenta la prohibición que pesaba sobre la importación de este tipo de lecturas:
“Llave del continente americano y donde los intercambios comerciales eran continuos, en Cuba fue imposible cumplir el decreto de la Casa de Contratación de 1531 y revocado en 1680, según el cuál se prohibía el embarque a las colonias de ultramar de 'libros de romance, de historia vana y de profanidad como son el Amadís y otras desta calidad... salvo tocante a la religión cristiana o de virtud'; además las circunstancias bélicas del Caribe fomentaron la movilidad de personas, impresos e ideas, tanto durante la ocupación británica de La Habana –momento de circulación de impresos clandestinos– [...]” (49)
La lista de la Nao Santiago confirma la hipótesis esbozada por María Dolores González-Ripoll Navarro acerca de los hábitos de lectura y la circulación de impresos desde finales del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII en Cuba.
El Sínodo Diocesano (1684) convocado por Juan García Palacios, el obispo de Cuba, define igualmente algunos requerimientos mínimos de lectura para el clero de la Isla:
“[...] estén obligados a tener en su poder el santo concilio Tridentino, el manual de Paulo quinto, y si pudieren haber el concilio provincial de la isla española, y el catesismo de la santidad de Pio quinto, y precisamente esta santa Sinodo, y algunos libros morales para su estudio [...] (50) mandamos a todos los clérigos de nuestro obispado tengan por lo menos en sus estudios, o aposentos algunos libros morales, en que continuamente estudien [...]” (51)
Lo anterior habla de las consideraciones de una asamblea religiosa respecto a la formación intelectual del sacerdote y los requerimientos de su práctica pastoral.
A lo largo del siglo XVIII, hubo un auge del comercio del libro en España, sobre todo en Cádiz, que concentraba casi el monopolio del impreso exportado hacia América. Las casas libreras de esa ciudad burlaban las restricciones impuestas por el Santo Oficio respecto a algunos título o autores. Al punto que una inspección en una librería gaditana en la época, reportó la presencia de unos 2600 libros prohibidos procedentes del mercado parisino o ginebrino. Buena parte de ese flujo desde Cádiz a América pasó por La Habana, recuérdese la condición de esta última de puerto de tránsito. A pesar de las prohibiciones, las autoridades se hacían un poco de la vista gorda como ocurre cada vez que hay detrás un negocio lucrativo y un artículo de lujo. Está por estudiarse el mercado del libro importado en La Habana del siglo XVIII y la conexión de los comerciantes de la Isla con sus homólogos andaluces.
La llegada de la imprenta a Cuba, si bien fue tardía, no estuvo ajena a los impresos importados de México o Lima. Los comerciantes criollos encargaban a los impresores planillas, recibos de cobros y pagos, emisión de acciones, invitaciones, carteles de propaganda, volantes, entre otros efímeras que constituyeron el mayor volumen de lo publicado a lo largo del siglo XVIII en Cuba. Lamentablemente, muchos se han perdido hoy y los estudios acerca de la imprenta dieciochesca cubana se han centrado en el “libro”. No obstante, de acuerdo con el número de cuartillas quizás solo Descripción de diferentes piezas de historia natural (1787) de Antonio Parra y algún otro como Compendio de reflexiones militares, que facilita el más perfecto, y claro conocimiento del arte, extractadas de las obras del Sr. Visconde (sic) del Puerto, Marqués de Santa Cruz / por D. Sebastián de Ribera, capitán de granaderos del regimiento de Lombardía, y lo dedica a los senores (sic) coronel, y oficiales del mismo cuerpo (1775) de Sebastián de Ribera, superan en realidad la noción de “folleto”. Se trata en estos dos últimos casos de los únicos libros propiamente dichos que conocemos.
Los orígenes de la imprenta en Cuba han suscitado a lo largo de la historia diversas posturas en muchos casos contrapuestas. Bachiller recoge el dato aportado por Leonardo Bravo Soria quien da como fecha más temprana la de 1598, pero no dice en qué se apoya (52). Ambrosio Valiente sitúa la primera imprenta en Santiago de Cuba hacia 1698 y Trelles se hizo eco de esta tradición oral al señalar el año de 1700. Beristain se apoya en una interpretación de Arrate para ubicar el suceso en 1707. Andrés Piedra-Bueno habla de una Real Orden de 1708 por la cual se autoriza la introducción de la imprenta pero no dice dónde tomó la referencia. No obstante, hoy día existe un consenso entre los estudiosos que señalan a Carlos Habré como el pionero del ramo.
V
Hasta el presente hallazgo, la primera obra impresa conocida era la Tarifa general de precios de medicina (53)cuyo único ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. Pertenecía al fondo personal del bibliófilo cubano Manuel Pérez Beato quien lo halló probablemente insertado en algún legajo de documentos en el Archivo Nacional de Cuba, según presumimos. Desde finales del siglo XIX, no se ha encontrado otra pieza que lo preceda en el tiempo.
Una de las mayores dificultades para los estudios acerca de la imprenta y el libro en Cuba procede de la dificultad para hallar las piezas conservadas, las cuales en muchos casos están en colecciones del extranjero. A lo anterior, se suma la siguiente circunstancia:
“Además, la mayor parte de esas obras era “reciclada” por las autoridades, sobre todo para aprovechar el papel; pues la escasez de este artículo en los virreinatos era constante. A todo ello debemos añadir el factor climático –con unos índices de humedad altísimos–, que junto con las catástrofes naturales y los avatares políticos, constituyen las principales razones de que sea casi imposible la supervivencia testimonial física de alguna de estas obras”. (54)
No es raro que existan noticias de otros ejemplares anteriores a 1723 los cuales no se conservan en la actualidad. Antonio Bachiller y Morales, el primero de los bibliógrafos cubanos, cuenta que, al desarmar las portadas deterioradas de un ejemplar de la Medicina lusitana. Socorro délfico de Fonseca Henríquez para mandarlo a reencuadernar, encontró un cartón que decía en la tapa “Habana, 1720” aunque el último dígito no estaba muy claro. Con cuidado logró desprender una hoja suelta titulada Carta de esclavitud a la Virgen Santísima del Rosario pero no halló el nombre del impresor. El mismo Bachiller refiere haber visto una reimpresión de esa pieza fechada en 1732, aunque esta última tampoco se conserva (55). Con posterioridad, el bibliógrafo Carlos Manuel Trelles se la atribuyó a la imprenta de Carlos Habré a pesar de no haber ninguna prueba material que lo apoye (56). El record de la fecha más temprana del primer impreso cubano es muy variado.
VI
Un problema que presenta una comparación entre la Novena... y la Tarifa... es el diverso uso de los tipos de imprenta. Pérez Beato ha dicho respecto a la tipografía de Habré:
“Los caracteres tipográficos parecen pertenecer a la imprenta francesa, no existe la ñ y en su lugar se representa por una ú con acento unas veces, y otras por una ü con dos puntos, y acentúa muchas vocales que no lo necesitan y otros llevan acento circunflejo”. (57)
Este último criterio ha sido muy repetido aunque la Tarifa General de Precios no reproduce precisamente ese patrón. La “ñ” aparece y la “ú” o la “ü” solo las hallamos unas pocas veces. La tipografía utilizada más frecuentemente para sustituir la “ñ” es la “n” con un acento encima y la “ŭ”. No obstante, en este último aspecto la Novena... se diferencia de la Tarifa... pues utiliza la “ñ” casi siempre que lo requiere.
Si consideramos lo conocido solo como fragmentos de un conjunto, entonces podríamos atribuir estas irregularidades a la cantidad de piezas diversas que debía hacer el impresor de manera simultánea y no al origen geográfico de los tipos o a su condición de ser material de desecho de imprenta.
A continuación, adjunto el prólogo que redacta Habré y que es el único fragmento del impreso con un auténtico valor para la historia de la cultura cubana dieciochesca. Se ha respetado la ortografía, el uso de las mayúsculas o caracteres especiales y el de las cursivas. El texto es el siguiente:
AL ILLVSTRISSIMO SEÑOR MAESTRO DON GERONYMO DE VALDES.
DEL ESCLARECIDO ORDEN del Señor fan Bafilio, Maeftro en fu Provincia de Caftilla, y Vicario General en ella, dignifsimo Obifpo defta Ciudad de la Havana, e Iflas de Santiago de Cuba, Xamaica, y la Florida, del Confejo de fu Magestad, &c mi Señor.
ILLmo. SEÑOR,
Es tan digno de los Principes fer protectores de las obras que fe dan a la luz publica, que no hallo David para las fuias mas fegura afylo que la Mageftad foberana de Dios: Dico ego opera mea Regi; no atendiendo entre fus perfecciones y atributos infinitos fino a la Dignidad de Rey y Principe. En efta cinfideracion folicitando yo Mecenas que no folo dieffe fombra efta Novena del gran Padre y Principe entre los Doctores y obifpos fan Auguftin, fino que la promoviefse, y fervoritafse fu devocion: no me parecio otro mas apropofito que V. s. Illma. Que como Principe defta Yglefia executara vno y otro: pues a lo primero le empeña la obligacion de fu Dignidad, y a lo fegundo fu mucha piedad y zelo del bien de fu crecida Grei, a quien cada dia folicita fus mejoras, ya con darle nuevos Miniftros y Parrochos; ya con ftudios para fu mas feguro cultivo; pues actualmente efta poniendo en execucion el Collegio feminario en la Ciudad de Cuba, y juntamente aplicado para Collegio de la religion de Predicadores el palacio de fan Ysidro con renta competente para las Cathedras de Theologia, Philofophia y Grammatica, y al mifmo tiempo con vivos defeos de poner Parrocho, o Theniente en la Hermita de Nueftra señora de la Charidad en los citios de los Quemados, fin otras que en diferentes tiempos ha fundado: obras que manifieftan quam al vivo fubftituye por los Principes de la Yglefia, dandonos lo Dios en la nueftra en lugar de los primeros que la fundaron y rigieron pro patribus tuis (dixo el mifmo Profeta Rey) nati funt tibi filii; que fan Auguftin (no podia fer otro) entendio de los Obifpos de la Catholica Yglefia como verdaderos Principes della: Haec eft, dixo, Catholica Ecclefia, Filii ejus conftituti funt Principes fuper emnem terram, filii eius conftituti funt pro patribus. No digo otras muchas obras de V. S. Illma. Porque fu modeftia las quiere tener ocultas, huyendo los aplaufos del mundo: aunque bien notorio es, que no pueden efconderfe, por fer tantas, y tan cortifsimo campo: explicome en otro idioma, para que V. S. ILLma. No fe ofenda, ni yo parefca lifongero.
Nec mala voce mea potuerunt tua cuncta referri,
Ora licet tribuas multiplicata mihi,
Et laudes libare tuas: nam dicere cunctas,
Hoc erit Oceanum attingere velle manu.
Y porque firva pues el nombre de V. S. Illma. puefto en la primera plana de efta Novena, mejor que la efigie de la Diofa Vefta, que los Romanos ponian en fus Portadas para que les fuefse Protectora y Auxiliadora que con fu Nombre tan venerado y aplaudido de fus subditos tendra mas extendida la devocion que folicito mi querido Padre, quien como Principe remunere a U. S. Illma. en la Corte Celeftial con fu intercefsion y ruegos los auxilios necefsarios para fu afsertado govierno, y la falud, u prolongada vida que todos necefsitamos. Havana, y Enero 13 de 1722.
Efta a los pies de V. S. ILLma.
fu mas humilde Criado,
Carlos Habre.
Notas
(1) Bachiller y Morales, Antonio. “Catálogo de libros y folletos publicados en Cuba desde la introducción de la imprenta hasta 1840”. Apuntes para la historia de las letras y la instrucción pública de la Isla de Cuba. Imprenta del Tiempo, La Habana, 1859-61. T. 3. pp. 121-241.
(2) Valdés Domínguez, Eusebio. “Bibliografía Cubana”. Revista de Cuba. Tomo V, marzo, 1879. pp. 368-379. Tomo VI, junio 1879. pp. 581-592. julio pp. 85-89.
(3) Bachiller y Morales, Antonio. “Suplemento y adiciones a los catálogos de la bibliografía cubana de los apuntes para la historia de las letras y la instrucción pública en la Isla de Cuba”. Revista de Cuba. Tomo 7, abril 1880. pp. 354-364. mayo 1880. 491-498. Tomo 8, julio 1880. pp. 71-78. agosto 1880. pp. 124-135.
(4) Jimeno, Francisco. “Bibliografía cubana. Apéndice a la publicada por el Dr. Antonio Bachiller y Morales”. Revista de Cuba. Tomo 8, septiembre de 1880. pp. 250-254. octubre de 1880. pp. 363-372.
(5) Monte y Aponte, Domingo del. “Biblioteca Cubana”. Revista de Cuba, Tomo XI, abril, 1882, pp. 289-305. mayo, 1882. pp. 476-482. junio, 1882. pp. 527-550. Monte y Aponte, Domingo del. Biblioteca cubana. Establecimiento tipográfico de la viuda de Soler, La Habana, 1882. 50 p.
(6) Leavitt, George A. Catalogue of the library of a Cuban gentleman... to be sold by auction friday and Saturday afternoons, at 2.30 o'clock, and Saturday morning, at 10.30 o'clock, april 26th an 27th, at Leavitt artroms... Geo. A. Leavitt and Co., auctioneers. New York, 1889. 72 p.
(7) Leavitt, George A. Catalogue of the library of a Cuban gentleman... to be sold by auction friday and Saturday afternoons, at 2.30 o'clock, and Saturday morning, at 10.30 o'clock, april 26th an 27th, at Leavitt artroms... Geo. A. Leavitt and Co., auctioneers. New York, 1889. 72 p.
(8) Pérez Beato, Manuel. “Tipografía cubana”. El curioso americano. 15 de diciembre de 1892. pp. 24-27. 1 de enero de 1893. pp. 44-46. 15 de enero de 1893. pp. 54-56. 1 de febrero de 1893. pp. 69-73. 15 de febrero de 1893. pp. 84-86. 1 de marzo de 1893. 99-102. 15 de marzo de 1893. pp. 115-117. 1 de abril de 1893. pp. 131-134. 15 de abril de 1893. pp. 147-150. 30 de abril de 1893. pp. 166-169. 15 de mayo de 1893. pp. 177-178.
(9) Bachiller y Morales, Antonio. “Tipografía cubana”. El curioso americano. Junio de 1893. pp. 203-208.
(10) Pérez Beato, Manuel. “Impresores cubanos desde la fundación de la imprenta hasta 1840”. El curioso americano. Julio de 1893. pp. 228-233. enero de 1895. pp. 56-59.
(11) Monte y Aponte, Domingo del. Catalogue of the valuable and important library of Spanish books relating to Cuba, Porto Rico, The Philippines, Mexico, South America, and other parts of the American continent and West Indies,... Collected by the late Domingo and leonardo del Monte, of Havana, Cuba. John Anderson, New York, 1901. 40p. Monte y Aponte, Domingo del. Catalogue of the valuable and important library of Spanish books relating to Cuba, Porto Rico, The Philippines, Mexico, South America, and other parts of the American continent and West Indies,... Collected by the late Domingo and leonardo del Monte, of Havana, Cuba. John Anderson, New York, 1901. 40p.
(12) Medina, José Toribio. La imprenta en La Habana (1707-1810): notas bibliográficas. Imprenta Elzeviriana, Santiago de Chile, 1904. 199p.
(13) Trelles y Govín, Carlos Manuel. Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII. Imprenta El Escritorio, Matanzas, 1907-08. 2 tomos.
(14) Pérez Beato, Manuel. Bibliografía / Estadística / Imprenta e impresores / Librerías / Biblioteca Nacional José Martí, Colección de Manuscritos, Fondo Pérez Beato, No. 2118. Véase también: Pérez Beato, Manuel. “Impresores cubanos del siglo XVIII”. Revista Bibliográfica Cubana. Tomo II, No. 9, mayo-junio, 1938. No. 10-12, julio-diciembre, 1938. pp. 177- 189. pp. 309-315.
(15) Pérez, Luis Marino. Apuntes de libros y folletos impresos en España y el extranjero que tratan expresamente de Cuba desde principios del siglo XVII hasta 1812 y las disposiciones de gobierno impresas en La Habana desde 1753 hasta 1800. Tipografía de C. Martínez, La Habana, 1907. 62 p. Apéndices, La Habana, Imprenta de Cuba y América, 1907. 16 p.
(16) Pérez Beato, Manuel. “Bibliografía”. Letras. 30 de septiembre de 1907. pp. 4-9.
(17) Trelles, Carlos Manuel. “Replica al Dr. Pérez Beato”. Letras. 15 de octubre de 1907 pp. 5-11. 31 de octubre de 1907. pp. 8-15.
(18) García Enseñat, Juan G. “El señor Trelles bibliógrafo y bibliotecario”. Letras. 15 de noviembre de 1907. pp. 15-21.
(19) Trelles, Carlos Manuel. “Contestación al doctor García”. Letras. 20 de noviembre de 1907. p. 25.
(20) García Enseñat, Juan G. “Al señor Trelles”. Letras. 15 de diciembre de 1907. pp. 16-21.
(21) Pérez Beato, Manuel. “Notas y adiciones al ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII del Sr. Carlos M. Trelles. El Curioso Americano. junio, 1907. pp. 27-30. julio, 1907. pp. 43-46. agosto, 1907. pp. 62-64. octubre de 1907. pp. 94-96.
(22) Fernández Robaina, Tomás. “Prólogo”. Bibliografía de bibliografías cubanas. Ed. Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 1974. pp. 11-39.
(23) Pérez Beato, Manuel. “Ilustraciones críticas al ensayo de bibliografía cubana sobre los siglos XVII y XVIII”. Biblioteca Nacional José Martí, Colección de Manuscritos, Fondo Pérez Beato, No. 1017.
(24) Trelles y Govín, Carlos Manuel. Bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII. Imprenta del Ejército, La Habana, 1927. 463p.
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(26) Ortiz, Fernando. “Una colección cubana de libros y documentos inéditos o raros”. Revista Bimestre Cubana. Año 8, No. 3, mayo-junio, 1913. pp. 161-172.
(27) Trelles y Govín, Carlos Manuel. “Un poeta cubano casi desconocido: el Dr. Juan Miguel de Castro y Palomino”. Cuba y América. No. 24, 19 de octubre de 1907. p. 248.
(28) Pérez Beato, Manuel. “Las décimas del Dr. Palomino”. El Curioso Americano. Época IV, No. 7, noviembre de 1907. pp. 102-105.
(29) Trelles y Govín, Carlos Manuel. “Las décimas del Dr. Juan de Castro Palomino”. Cuba y América. No. 25, 28 de diciembre de 1907. p. 5.
(30) Pérez Beato, Manuel. “Las décimas del Dr. Palomino. Variantes entre la edición de Boloña y el manuscrito del Sr. Trelles”. El Curioso Americano. Época IV, No. 8, diciembre de 1907. pp. 119-124. “Las décimas del Dr. Palomino.”. El Curioso Americano. Época IV, Año 2, No. 1, enero de 1908. pp. 13-15.
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(48) AGI. Contratación, 1153.
(49) González-Ripoll Navarro, María Dolores. “Ocio, lecturas y escritura en la Ilustración Cubana”. Revista de Indias. Vol. LX, No. 219, 2000. p. 334.
(50) Sinodo diocesana que de orden de S. M. celebro el Ilustrisimo Señor Doctor Don Juan García Palacios, Obispo de Cuba, en junio de 1684. Reimpresa por orden del Ilustrisimo señor Doctor Don Juan José Díaz de Espada y Landa, Segundo Obispo de La Habana y anotada conforme a las últimas disposiciones eclesiasticas y civiles. Oficina de Arazoza y Soler, Habana, 1814. p. 31.
(51) Idem. p. 54.
(52) El triumfo. 5 de marzo de 1879. p. 5
(53) Tarifa general de precios de medicina. Imprenta de Carlos Habré, La Habana, 1723. 30 p.
(54) Sánchez Baena, Juan José. “Noticias sobre el mundo del libro en Cuba antes del desarrollo de la imprenta (1525-1763)”. Contrastes. Revista de Historia. Nos. 9-10, 1994-1997. pp. 181-182.
(55) Bachiller y Morales, Antonio. Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la Isla de Cuba. (Tomo 1) Cultural S. A., La Habana, 1936. p. XV.
(56) Trelles, Carlos Manuel. Bibliografía Cubana de los siglos XVII y XVIII. Imprenta del Ejército, La Habana, 1927. p. 183.
(57) Pérez-Beato, Manuel. La primera obra impresa en Cuba. Año 1723. Archivo Histórico de Cuba. Reimpresa en La Habana, Tipografía de F. Verdugo, 1936. p. VII.