Imaginarios: Raúl Ferrer, el maestro poeta, a 95 años de su natalicio

Aunque inscrito en el mes de julio, al 4 de mayo de 1915 corresponde el natalicio de Raúl Ferrer. Su incansable labor como promotor de la lectura le ha granjeado un lugar indiscutible en la memoria de los bibliotecarios cubanos. Súmase a ello su labor como maestro, poeta, diplomático y revolucionario abnegado y encontraremos razones más que suficientes para este homenaje de Librínsula.

Raúl Ferrer: maestro, poeta, obrero y campesino
De una intervención reproducida en El Caimán Barbudo, hace 36 años

El día 23 de marzo pasado el poeta Raúl Ferrer, viceministro de Educación de Adultos del MINED, ofreció en el local de la UNEAC un conversatorio con los miembros de la Brigada "Hermanos Saíz" de La Habana. En el mismo se dieron cita además, un nutrido grupo de amigos y admiradores de su poesía. A la vez que leía sus poemas, Ferrer comentó problemas relacionados con la creación literaria e hizo referencias importantes a la política cultural del Gobierno Revolucionario y a planteamientos básicos recogidos en los acuerdos del I Congreso Nacional de Educación y Cultura.

Con la lectura de sus poemas, en su mayoría inéditos y relacionados todos con las experiencias de su intensa vida dedicada por entero al magisterio y a las luchas revolucionarias, Ferrer siguió el curso de su evolución poética y mostró el desarrollo alcanzado en tal sentido. Por razones de espacio, El Caimán Barbudo reproduce a continuación, en forma fragmentada, parte de su intervención por juzgarla de interés, y muestra, con el fin de que sean conocidos por nuestros jóvenes, algunos de los poemas leídos por el autor:

... No creo que mi vida de poeta sea digna de tenerse en cuenta, lo digo sin falsa humildad, pero nos obliga a declarar aquí que no hemos tenido nunca la voluntad de vivir en poeta; otros quilates de la vida nos han movido y le hemos consagrado una vida poética, amorosa, a otros campos de la actividad social. Y como vocación me ha tocado ser maestro de escuelas y allí descubrí la lucha por lo social en los labios y la acción de campesinos y de trabajadores. Me junté con ellos y empecé a encontrar el mensaje poético en la convivencia con esos grupos sociales. Así fue que me dediqué algunas veces a hacer poesía, sin que me estorbara para ello codearme con el mensaje y con el asunto de la poesía que trataban otros poetas, y no yuxtapuse los asuntos, no hablé un día de la poesía de amor y otro día de la poesía de combate: logré pasar de la mezcla a la combinación. Encontré formas para decir cosas de amor revolucionarias, y para decir cosas de la revolución y del comunismo y de la lucha y de la tierra, y de los campesinos y los trabajadores y de los niños, con un río de amor puesto en el centro, por lo menos en mis intenciones. ¡Ah!, ¿que la poesía se quedó corta? Sí, por sobre todo, algo de este maestro que conversa con ustedes esta tarde, se recoja como recogió Martí en aquel ensayo de los poetas de la guerra. No eran muy buenos poetas –dijo Martí– pero qué poesía hicieron en el orden de las intenciones de hacerla flamear como un filo, contra la injusticia. He escrito miles de poemas, he roto centenares y centenares y me queda hoy un puñado de ellos, que los amo muchísimo no por lo que dicen sino por lo que me dicen. He sido un poco renuente a la publicación, ustedes lo saben, lo sabe la UNEAC y ha sido por un exceso de exigencia con mi poesía; porque lo soy mucho con la poesía de los demás y no me gusta permitir que me engañe lo que en otros no soporto. Para los jóvenes de esta Brigada Hermanos Saíz, tengo unas palabras que decir; reunirse con la juventud es algo impresionante, emocionante: soy maestro, he sido maestro de juventudes. Trabajar con la juventud cuando ella hace grupo de vanguardia, es más estimulante aún. Por eso quiero decir cuatro o cinco cosas, si digo cinco, quizás cuatro serán lugares comunes, pero las voy a decir. No van ustedes a aprender nada, sino van a saber que hay alguien que coincide con ustedes en muchas cosas y que coincide con los maestros de este momento literario y cultural de nuestro país y si hay alguna no coincidencia, pues vamos a discutirla. Me pueden interrumpir cuando ustedes quieran y no sé la forma que tomará el conversatorio, ¿por qué?, porque no he podido prepararlo; vengo de trabajar. Hice una lista de poemas, para hablar un poco de ellos, recitar unos cuantos mientras voy comentando algunas cuestiones de la poesía en general y de mi poesía en particular.

<< Ferrer visto por  David, 1979.

La poesía de ustedes es tan buena, es tan promisoria, tan hermosa y tan fuerte, que nos ha hecho cambiar a muchos viejos el criterio estereotipado, clásico, formal, que teníamos de lo que es la poesía.

Quizás no sean ustedes los que hayan hecho el cambio, sino que sean parte de ese ejercicio del cambio, hacia donde el arte va. Pero sí hay nuevos modos de enfocar, nuevos modos de hacer uso poético de la vida. En esos momentos diversos que ustedes cultivan hay tanta emoción que ya no vale la pena que nosotros hagamos tanto la poesía, como que la impulsemos en ustedes, dentro de esa forma en que vienen realizándola colectivamente.

Una de las inquietudes que tengo (la conocen más de veinte de los que están aquí) es el viejo afán de que no haya poeta que publique algo sin antes consultar en colectivo; que no sea tan precipitado que ofrezca a la imprenta la obra sin haberla consultado, poniéndola en la mano y en la opinión de un grupo de amigos del oficio y el dominio de las cosas. Creo que en el pasado quizás pudiera alguien tratar de explicar la "torre de marfil", el egoísmo y el individualismo; que se negase, agresivo, al intercambio. Ya hoy esto no tiene justificación. Entonces, los que nos anticipamos en entregar previamente lo nuestro a todos en hojas sueltas, como palomas, sabemos cuánto vale la discusión previa colectiva de la obra; no digo del libro, del poema, y luego del libro, para sacar a luz con la crítica honrada y el peso de la sabiduría colectiva, social, una obra más afilada. Si los que van a dar ese paso, antes pasasen por el tribunal de sus amigos, pudieran pasar su camello por el ojo de una aguja, en el concurso. Pero no, hacen su libro y quizá, un poco imbuidos por el modo de pensar de nosotros ayer, se lo guardan, piensan que enseñarlo es algo insólito, prohibido; lo presentan y entonces se enfrentan a un primer plano crítico que debía ser quizá el tercero o el cuarto, y no se dan cuenta que al libro le sobran tres poemas o que le faltan dos, o que el orden de los poemas no corresponde.

Otra cosa: es tan vieja en nosotros la pretensión de la "originalidad", que nos creemos que si alguien nos pone una coma en el poema ya éste dejó de ser hijo legítimo, y juzgan preferible que salga sin la coma a que el vecino nos diga: ¡así no va! No quiero referirme a los poetas que ya no usan la coma, porque ése es un estilo también, y admirable, cuando saben sustituirla. Creo que la ciencia ha avanzado mucho, ya nadie puede inventar, en el orden de la revolución científico-técnica, algo por sí solo. Nadie puede inventar un aparato, descubrir algo trascendente para el mundo, si no es dentro de un equipo interdisciplinario. Y si la ciencia y la técnica son así, esto debe tener alguna rima en materia de arte. Y la Brigada Hermanos Saíz se anticipa y ejemplifica con su gestión colectiva y quizá puede hacer una gran obra colectiva. Para redondear este criterio, aclaro que la obra colectiva tiene distintas facetas y matices. La obra colectiva puede ser la discusión de un libro, se puede plasmar la obra colectiva también en un libro donde se junten diez poetas y cada uno, en vez de treinta poemas ponga cuatro, y deje espacio en el ómnibus para que se siente otro. Pero somos más audaces todavía. Nos gustaría que se ensayase (lo mismo en la plástica que en la música, que en la literatura) el modo colectivo de producir, de hacer la creación. ¿Quién ha dicho que dos artistas no pueden reunirse para materializar una creación? Entonces, ¿qué cosa es un niño? Y sé que al decir esto violento un poco el mensaje de lo que expreso; es tan extraño que eso acontezca, tan lejano para algunos, que parece un poco blasfemar alrededor del sentido creador íntimo que cada quien guarda dentro. Tengo experiencias distintas: hay poemas que firma Raúl Ferrer, que el día que por ejemplo, Naborí me reclame los derechos tendría que decir que eso es a cuarenta por él y a sesenta por mí. Sin embargo, me ha costado mucho trabajo entrar con ayuda, en la obra de poetas amigos; esa es mi experiencia, y yo digo a los muchachos de la Brigada: van en un movimiento ascendente irrumpiendo con un arte nuevo en una sociedad nueva, pero ustedes se acelerarán en sus progresos, y tendremos cuajado el fruto, más rápido de lo que muchos piensan, si profundizan en el intercambio y la discusión y no se reservan, y multiplican la consulta. Y habrá alguien que piense aquí: a Ferrer se le escapa que eso no es tan fácil, porque ¿y los estímulos? ¿y las vocaciones? No, en las experiencias y en los cambios, no se trata de dar una cabriola en el aire; se trata de buscar esas afinidades y de conducirlas, pero solamente apelo delante de ustedes al trabajo social y colectivo que una sociedad socialista que construimos hoy, donde el egoísmo y el individualismo se derrumban y donde existen todas las posibilidades para lo bueno del mensaje, en la emulación socialista que tiene que invadir también los predios del arte, dado que el artista es un trabajador, nos ayude a justificar la eficiencia rápidamente, y mientras más rápido, mejor.

Yo empecé haciendo versos allá en Yaguajay.

Allá, bajo distancias consumidas,
lejano de la luz y encadenado,
vivo en mi sol dormido y apagado
y fumo mis canciones encendidas.

¿Conocen ustedes Yaguajay?

... Desde allí, en Yaguajay, empezamos a trabajar la poesía, leyendo muchísimo, insatisfechos siempre con lo que hacíamos, y con la suerte de encontrar en algún rincón un mensaje nuevo que por allí casi nadie aprovechaba. Mensajes de lucha por la liberación que yo estaba aprendiendo con los trabajadores, mientras era el maestro de los hijos de ellos, en una escuela del central azucarero...

La Habana, 1947 >>

... Fue el tiempo en que hicimos del niño el asunto de nuestra poesía. El niño. Yo no hice muchos poemas para niños sino hice poesía con el niño. Era, preferentemente, mi tema de maestro. Algunas veces hice poemas didácticos, pero no podía separar la pretensión didáctica de la lección, del contenido político que iba cada día más en el fondo de mi poesía. Era esa inevitable combinación a que me refería al principio...

… Por ese camino también encontramos a los guajiros, a los campesinos, con los que aprendí la riqueza infinita del tema –casi virgen– de las luchas por la tierra, dentro y fuera de la décima y el punto. Allá en nuestra casa de madera de Yaguajay, sonora como una guitarra, una tarde escribí este poema que quiero leerlo con detenimiento. Para que se vea cuánto fui aprendiendo (tiene por fecha junio de 1949). Aquí ya hay una expresión, un trasfondo político, que quiero que se vea como un aprendizaje de la vida y de la lucha. Siempre huimos de hacer una poesía muy directa, la poesía “affichosa” no nos gustaba mucho.

Se siente fuerte uno rodeado de un paisaje
en donde cada cosa nos resulta un amigo.

Donde nada es de nadie si no sabe mirarse
con este amor enorme de múltiple latido.

Y es que en las cosas diarias ligadas a nosotros
algo quiere nacer y dar un grito.

Ellas forman un bloque de vida y resistencia
contra lo que pretende durar y destruirnos.

Ahora se me ocurre una digresión. Los muchachos no usan mucho la rima y tengo un vecino que tiene conciencia: —Ferrer, ya la rima no está de moda ahora, quizá porque con esto sucede como con la minifalda y la maxifalda. ¿Y usted qué piensa de la rima? Mi vecino es simpático y es provocador. No sé lo que tú pensarás, pero digo que mi amiga poética ha sido la rima. Casi todo lo que yo he hecho es rimado. Ah, pero usted sabe bien que cuando se hace un poema rimado, tiene que entrar por la rima y eso sacrifica el pensamiento; pero si usted hace el verso blanco es más posible decir, y es más libre. Entonces yo no le discuto, no saco "los hierros grandes" que tengo para tirarle. Le tiro con balitas más pequeñas. Un descuido por ese camino, y se llega a la prosa aunque la prosa es y debe ser hermosa también. Le digo, y lo reitero aquí, que la rima puede ser en vez de un motivo, puede ser un incentivo, un eje alrededor del cual juegue dialécticamente todo el pensamiento para hacer la poesía. Y entonces traté de demostrárselo con ejemplos concretos; mira a ver dónde tú crees que hay algo forzado aquí en esta cosa rimada. Le muestro poemas monorrimos, poemas de dos rimas.

No estoy defendiendo la rima, ni desconociendo sus peligros, sino lo que me gustó, lo que fue mi herramienta y mi modo. La poesía puede prescindir totalmente de la rima, de lo que no se puede prescindir en la poesía, es del ritmo. Si la poesía no es ondulante y por donde quiera que se quiebre no da esa luz que dijera José Martí, entonces sí entramos en crisis con ella. Tales ondulaciones, cuando hablamos del ritmo poético, no son sólo exigibles porque se trate de poesía, sino porque el idioma en sí, el habla, es ya musical por naturaleza. Y la emoción es también un asunto musical. Y esos estallidos de algunos poemas, esos efluvios, esas erupciones incendiarias de muchos poemas, uno los siente, pero hay que detenerse a descubrir por qué esa eclosión siempre está en juego, no ya con el asunto que se plantea, sino con una forma de plantear ese asunto, donde el ritmo juega su papel fundamental.

Antiguamente, en la etapa capitalista hubo poetas que se fueron al "otro mundo" con todos los secretos y no se los decían a nadie, y uno tenía que ponerse a descubrirlos, estudiándoles la poesía para ir encontrándoles esos secretos, esos recursos que tanto limpian y embellecen la forma. Yo no poseo muchos secretos, pero los pocos que sé, desearía decírselos a ustedes.

Una vez leí en Maiakovski cierto análisis sobre la rima "en las puntas". La rima no solamente está en las puntas sino que anda por dentro, el verso y su medida es algo convencional según que esas ondulaciones "hagan tierra" como en los canutos de una caña dulce. Y sobre estas cuestiones de las que hablo voy a ofrecer algunos poemas un tanto originales, para que ustedes evalúen y digan si tiene alguna fuerza, algún peso, dentro de lo que acabo de expresar. Voy a leer aquí “Parada en Guaracabulla”, donde uso un solo consonante a lo largo de todo el poema. Es la paradita de un minuto del tren que va desde Santa Clara a Trinidad, voy acompañado de un maestro que me quería hacer ver la belleza de aquel paisaje. Como yo sabia de gente bastante distanciada de la realidad social de aquellos años de Cuba, deseaba, en cambio, que él mirase para la gente y no se quedase tanto sobre el verde del hermoso paisaje de Guamuhaya. Anoté en mi libreta de viaje una frase suya y nació el poema, irónico, político dentro del candente tema agrario.

... Nosotros creemos que ese tipo de poesía hecha en ese tiempo era un arte que estaba dando combate al enemigo. Ese que las crónicas y los libros, que recogen la historia de la poesía nacional, tienen algunos capítulos para incluir y voy a hablar de uno esta tarde aquí, para que los muchachos sepan que existe esta inquietud no sólo en mí, sino en muchos contemporáneos. Me refiero a que se está estudiando la poesía cubana antes de la Revolución, y sin embargo, la década del 50 no aparece analizada a fondo en parte alguna todavía. Tal parece como si en Cuba no se hubiese hecho por muchos la mejor poesía, pero sí hubo momentos en que la propaganda por la justicia social y la presión y la lucha, hizo cambiar la aguja de muchos poetas y se pusieron a la labor política y afanosa, se pusieron, el verso al cinto, abandonaron los motivos distraídos, evasivos, individuales e intrascendentes, y entraron a la carga "por el mismo medio", y muchos ensayaron esa poesía y la lograron, y hay que recogerla toda, junto a la otra. De estos años 50 hay en Cuba un centenar de poetas que hicieron con sacrificio sus libros, los tuvieron que pagar de sus propios bolsillos, muchos eran pobres, no tenían dinero, teníamos que hacerles colectas (algunos quizá están esta tarde aquí) para que publicaran un libro de 30 poemas y tenían que buscar el imprentero más barato, hacían esas cosas porque tenían el legítimo afán de tener –como a un hijo– su libro entre sus manos. Todos ayudábamos. En nuestra biblioteca están reservados, con un profundo amor, esos libros modestos de muchos poetas donde cualquiera encuentra un poema de protesta, duro, un verso de denuncia, un canto a Guatemala cuando se está cayendo Arbenz, víctima del imperialismo, un canto a los trabajadores en huelga, un poema elegiaco por la muerte de un dirigente asesinado... Creo que hace falta ese estudio. He propuesto tres o cuatro veces el asunto a algunos compañeros para que sigan con él, porque hay que recoger esa década...

... En medio de las duras luchas que en defensa de la Escuela Nacional librábamos dentro de los maestros, me reclamaba Evelia Gali la copia de algunos madrigales. Ella recitaba mucho uno que debí poner como ejemplo, cuando, hace unos momentos, sustentaba yo la tesis de que la rima no sacrifica ni quita fluidez a las ideas.

 

Madrigal de la mariposa

Tengo una mariposa
del aire dueña 
y de la luz del día,
sutil visitadora de la rosa
que vuela de regalo a mi alegría.

Perla de fiel para mi sed ansiosa,
si viene un arcoiris de poesía
brilla en el aire de la tarde hermosa.
Y así se va
del beso desdeñosa
queda la copa del amor vacía
y todo el verso se me vuelve prosa,
y el ansia de vivir
melancolía.
Pero mi corazón sabe una cosa
y ella también:
¡la mariposa es mía!

Yo no creo que haya una poesía revolucionaria y otra que no lo sea. Lo que hay son poetas revolucionarios en cuyo mensaje, testimonio y acción no existe dicotomía.

La poesía lleva siempre la carga ideológica, porque el arte es una forma de la conciencia social. Y aunque haya momentos evasivos del artista, la gente se busca y se agrupa mediante una afinidad que siempre es ideológica.

En el pasado hubo grupos y peñas que surgieron beneficiados y apoyando la política de las clases dominantes, surgían –claro está– también grupos de respuesta y resistencia a esas posiciones. Vuestro grupo revolucionario de hoy no constituye una logia, lo que tenemos es un grupo abierto con amplias conexiones y raíces hacia las masas. Estamos dando con la literatura de las masas porque vivimos y luchamos y aprendemos entre ellas. En el tiempo más difícil escribí algunos poemas sociales más directos. Entre esos poemas quiero decir algunos que son muy cortos; el tiempo no nos daba para hacer una poesía de más carga, de más aliento, aparte de que fui siempre un poeta de una producción sin grandes pretensiones. Hice, como otros, una poesía ligera, pero siempre traté de mejorar en la síntesis, consejo que les doy a todos. Estamos en un tiempo tan rápido, hay una dinámica en la vida que vale la pena que los poetas se entrenen en la síntesis y la elipsis. No sé por qué me gustan tanto esos poemas breves y expresivos que nos hacen saltar y nos crispan de emoción en una explosión feliz y contrastada de cuatro o cinco ideas.

De este tipo de poemas tengo “El fósforo”.

¿Ustedes lo conocen?

Cuando me quede un fósforo
me cuidaré del viento.
No puedo fallar.

Cuando me quede un tiro,
me cuidaré del miedo.
No quiero fallar.

Cuando me quede un día,
me cuidaré del tiempo.
No puedo fallar.

Mientras me quede una palabra,
una sonrisa, una mirada, un gesto,
de ninguno me voy a descuidar,
porque quiero caer hacia mi pueblo,
y no quiero,
¡y no puedo fallar!

Hace tiempo nuestro presidente Dorticós, en un precioso discurso, hablando del arte en general a los intelectuales, afirmó que lo que había que hacer era ascender al pueblo para educar y para suprimir aquella mala forma discriminatoria de la torre de marfil, desde la que aterrizaban como "el Espíritu Santo en forma de paloma" algunos intelectuales para hacerle un beneficio al pueblo, ocupándose un rato de él. Yo creo que los jóvenes de la Brigada, tienen una oportunidad hoy; como ustedes están vinculados con el pueblo, y están dentro de su mensaje, ya se ahorraron todas las escaleras... hoy ni el pueblo tiene que subir a ustedes, ni ustedes tienen que subir al pueblo. Están en un mismo nivel. Y a esa altura que su vida de revolucionario les otorga, descubren y elaboran el mensaje en su profusa y rica abundancia. En los años de las pasadas luchas, dentro del medio burgués, pocos podían encontrar el mensaje revolucionario, encontrar el canto en la emoción de ese esfuerzo cotidiano del pueblo. Era romper contra la costumbre para hallar entre cien, dos o tres asuntos sociales válidos para la poesía que se queda. Los cambios sociales de hoy ponen las cosas al revés de cada cien motivaciones –digamos– noventa y siete tendrán seguramente la alta jerarquía que la militancia del artista arranca del producto incendiado de la vida nueva y del esfuerzo de nuestro gran pueblo, de cuyas vivencias él participa.

<< Bolsilibros Unión, 1979.

Siempre habrá dos o tres temas confusos, flojos, individuales, de los que siguen renuentes, aferrados a lo viejo que muere. Quería informar a los muchachos que aún en los años más difíciles se celebraban veladas y reuniones de poetas en muchos lugares, y que hay que rescatar esos recuerdos y experiencias, e incluirlos en la historia de nuestra literatura, contando cómo aprendimos a desenfundar el fusil de la poesía divulgando nuestros poemas buenos y malos, cortos y largos, pero con la tendencia creciente hacia los temas de denuncia y compromiso. De esas veladas traje este pequeño poema que señala el camino del poeta cuando ya compromete para siempre su poesía y la pone al servicio de la causa grande, la causa del arte y del futuro.

Caminos de la luna

Como un arriero de las mariposas
podrás cruzar en gracia el monte espeso
cuando regreses limpio desde todas las cosas
y ya no te preocupe más que eso.

… Hay que recoger esos momentos de esos años 50 y ver todo la que se hizo y reseñar la labor tremenda que se puede hacer y cómo la poesía se abrió paso y cómo jugó un papel importante en aquellos años de tiranía y horror donde cada 16 de enero, poetas y pueblo celebraban veladas de homenaje a la memoria insigne de Rubén Martínez Villena...

He invitado a los jóvenes a cosas en que no hay que insistir mucho. Vine a conversar, no vine a hacer una charla, no he organizado bien estas ideas, donde nada he descubierto. No vine a hacer un recital tampoco, eché mano a un puñado de poesías y he leído de lo mejor que creo que tenga; no busquen en mi modesta obra nada mejor que esto, evalúen lo dicho y ya es todo. Pero sí quiero decirles la emoción que me embarga viendo cómo han venido aquí gentes de dos o tres generaciones, a reuniones en un apretado haz revolucionario, a hacer, una vez más, profesión de fe con el arte, que levanta y derriba, como afirmó José Martí. Les digo que no hay que aconsejarlos a ustedes (me refiero a los jóvenes) a que estudien, porque están estudiando. Pidiendo perdón, déjenme insistir, compañeros, déjenme insistir: el arte requiere en su alta dimensión, universal, mucho estudio. Para decir cosas trascendentes hay que saber. Y para saber hay que estudiar y hay que participar. No hay educación sin participación. Toda la pedagogía del mundo se refiere a una combinación sencilla de la práctica y de la teoría. La práctica social en toda su convivencia. ¡Artista! ¿Quieres serlo? ¡Participa! Participa como artista con tu pueblo, trabaja con él, haz, puebla, crea, y la vida te devolverá los valores que van realizándote a ti, como artista. No hay otro modo. Toda la ciencia del aprendizaje del hombre se funda en eso.

Con el Indio Naborí.>>

El pueblo, como dije antes, sabe cada día más. Se siente que da un paso más en el dominio del conocimiento y en el uso de su conciencia social de la que el arte es una forma. Obreros para la producción los estamos haciendo; obreros de conciencia, con el Partido y los sindicatos los estamos haciendo. Obreros cultos para que siembren en la tierra sobre la que construimos un mundo nuevo. Y en este lado, ahí es donde ocupamos nosotros la trinchera, ahí es donde el escritor juega su papel, todo lo plástico, todo lo musical, todos los ámbitos estéticos juegan ese papel importante de reforzamiento de la personalidad del hombre. El socialismo, que es el futuro, es nuestro, nos pertenece. Y una forma de llegar pronto y bien es llevando junto al pueblo las banderas del canto delante de las masas. Acuérdense de aquella vieja y reaccionaria fábula de la cigarra y la hormiga. Nunca en mi escuela permití que los niños la dijeran. Porque en aquella hormiga estaba el símbolo del egoísmo, condenando a la cigarra porque cantaba como si cantar no fuera un oficio, como si eso no fuera trabajo también. Nosotros no estamos para una diletancia distraída e intrascendente en el campo del arte. Estamos cantándole a las raíces mismas del pueblo, combinando con él, aprendiendo el oficio de intelectuales comprometidos, protagonistas en la obra de edificar el futuro. Aquí está Carlos Puebla, amado en nuestra patria y fuera de ella, por el mensaje de sus guarachas y toda su música, su música en la que están todos los registros y todos los niveles. Pero su gran música popular reconocida. Aquí están con nosotros poetas y escritores que tienen grados de consagración por su obra estética. Ellos se sienten felices porque van con el pueblo en esa obra. Pero la generación joven, acelerada y limpia, va a tomar, está tomando, ha tomado y comparte, con derecho, el asta de la bandera.

Nosotros dejamos en estas palabras nuestras convicciones, de que ustedes acelerarán el ritmo del estudio, de la investigación, del aprendizaje, combatirán la escoria del pasado que aparece algunas veces peligrosa y venenosa, por cualquier rincón; se apretarán en la crítica, estudiarán el marxismo-leninismo, que es la ciencia de las ciencias, y participarán activos en esa combinación que de la práctica social y la teoría científica que el arte comporta en sí, ustedes constituyen ya una realidad más que una esperanza. Son estas palabras un mensaje en el que estoy seguro que doy el sentimiento de todos los educadores de nuestro país, de los que tenemos la responsabilidad de formar la arcilla fundamental que dijo el Che. No olviden que en el Ministerio de Educación estamos enseñando técnica de la lectura y no la queremos como uso mecánico y formal, queremos el uso crítico de la lectura.

Novelistas, escritores, poetas, ensayistas, todo lo que es literatura, hay un campo abierto de decenas y centenares de miles de hombres y mujeres atrapando el saber en el estudio diario para poder disfrutar de la obra de ustedes. Hagan la mejor obra, para el pueblo porque el pueblo se merece esa obra y el socialismo también se la merece y la necesita.

Tomado de: El Caimán Barbudo, mayo de 1974, pp. 11-15.

 

Raúl Ferrer, poeta y maestro, una lira puesta al viento
Por Imeldo Álvarez García

<< Letras Cubanas, 1981.

Cuando el 22 de enero de 1948 es asesinado en Manzanillo el dirigente comunista Jesús Menéndez, se produjo en Cuba una poderosa manifestación de duelo y de condena. Más de 150 mil personas nos concentramos en la Estación Terminal de Ferrocarriles de La Habana para expresar el sentimiento patriótico que estremecía los más remotos rincones del país.

Yo no  podría jamás olvidar que fue en la calle Egido, viendo pasar el cortejo fúnebre, que el maestro Julio Carreras, residente entonces en Guanajay, pero muy relacionado con los intelectuales de izquierda de Marianao, puso en mis manos El romancillo de las cosas negras y otros poemas escolares de Raúl Ferrer.

A algunos poetas amigos les había oído hablar de Raúl Ferrer, pero confieso que esta fue la primera vez que tuve entre las manos textos suyos. Recuerdo la manera tan especial con que el doctor Carreras se refirió a la valiente actitud de Juan Manuel Márquez en respuesta a la defensa que hiciera el general Genovevo Pérez del asesino. “Oye, hay que felicitar a Juan Manuel y movilizar en su apoyo a todos los maestros de Marianao, pues ha presentado una moción al Ayuntamiento demandando la destitución, procesamiento y castigo de Casillas”.

Desde el principio advertí que era imposible separar en Raúl Ferrer al poeta y al maestro. En “Tiempos del  verbo” lo resumió en 194l: Ayer es el pasado en que luché./ Hoy, el duro presente en el que lucho/ Mañana, mi futuro: lucharé./ Esta lección hay que cantarla mucho,/ haciendo en el presente el hincapié: / Luché/ Lucharé/ Lucho/ ¡Yo la puedo enseñar porque la sé/

Son así los poemas que usaba el maestro-poeta para enseñar historia y ortografía a sus alumnos en la amada escuelita de Narcisa. ¿Cómo olvidarlo?

Durante largos años tuve la dicha de ser su amigo, de oír de sus labios poemas y anécdotas, de acompañarlo en más de una aventura, actividad social y literaria, recibiendo como un regalo generoso, el ejemplo de su vivir, las lecciones de su imaginario artístico.

Sin embargo, a algunos críticos y antologistas, antes y después de enero de 1959, antes y después de la caída del muro de Berlín, no les dice nada, o les dice muy poco, la vida y la obra de Raúl Ferrer. Trabajos suyos sobre educación han sido incluidos en diversos libros y memorias, y lo esencial, durante treinta años ejerció el magisterio en escuelas primarias y secundarias y ocupó destacados cargos en el movimiento sindical de los educadores de nuestra patria.

Junto a Armando Hart, fue vicecoordinador nacional de la histórica Campaña de Alfabetización, y al fundarse el Viceministerio de la Educación de Adultos pasó a dirigirlo, sin soltar su guitarra, su inveterada bohemia, su actividad lírica, porque para él la poesía era, como dijera otro gran poeta, una manera de mirar al mundo, y no solo de mirarlo, sino de buscar cómo transformarlo, de amarlo.

Una vez dijo: “De mi voz he llevado la poesía como se lleva a un niño de la mano”.

En 1949, en un “Simple poema cotidiano”, expresó: Y es que en las cosas diarias ligadas a nosotros/ algo quiere nacer y dar un grito./ Ellas forman un bloque de vida y resistencia/ contra lo que quiere durar y destruirnos.

En el Diccionario de la Literatura Cubana del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba (1980), se dice que nació en Mayajigua, Las Villas, el 1ro de julio de 1915. El propio Ferrer entregó un documento señalando la fecha.

En la contracubierta del bolsilibro Viajero sin retorno, de 1979, publicado por Ediciones Unión, con la aprobación del poeta y prólogo de Joaquín G. Santana, se lee que nació en Yaguajay, el 4 de mayo de 1915. Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, siempre dijo que Ferrer a veces confundía esos datos. A mí solía decirme que él había llegado “con las flores de mayo”.

Sospecho que el Diccionario recoge la fecha real, pero se inicia mayo, acabo de leer la hermosa edición de Gente Nueva, organizada y anotada por Excilia Saldaña, bajo el título de El retorno del maestro Raúl Ferrer, con prólogo de Félix Pita Rodríguez, y pienso que en relación con el inolvidable maestro-poeta hay que poner al hombre por delante, donde se le vea el corazón, porque la función y el destino de la poesía es establecer la necesidad de la comunicación, y en verdad no estoy seguro si falleció, como afirman, el 12 de enero de 1983, o si estuvo en el IX Congreso de la UJC hablando con los cientos de delegados en el Palacio de las Convenciones, aplaudiendo a Raúl Castro y diciendo por los pasillos: “Este Primero de Mayo hay que responder a esta nueva escalada de agresiones contra la Revolución”.

Gente Nueva, 1990.>>

El poeta verdadero lo es siempre, como siempre lo es el maestro verdadero.”Cantemos en voz alta para ser escuchados” nos dijo una y otra vez, con la guitarra en ristre.

Al poeta y al maestro es bueno hoy decirle que ya no son ingenuas las canciones para Simón Bolívar, desde sus altas estrellas/ viene este canto de amor/ guardado por los volcanes. Bolívar Libertador.

 

                  Sube a mi labio, verso. Sube diáfanamente.
                  Como si fueras ella cuando alcanza una escala.
                  Sube como los vinos, que suben de repente;
                  Como sube la angustia si el amor es el ala.         

 No olvidemos que Martí dijo que un poeta es una lira puesta al viento, donde el universo canta, que los maestros son creadores, que enseñar es crecer, que a las grandezas reales, el tiempo las aumenta, no las apaga.

  
Ferrer mantuvo una relación estrecha con intelectuales cubanos de todas las generaciones. (Colección de Manuscritos de la BNCJM)

 

Maestro y poeta, Raúl Ferrer
Por Mercedes Santos Moray

Cada año, en Sancti Spiritus, se reúnen escritores cubanos para dialogar sobre la literatura que se dirige a la infancia y junto a ellos también han participado creadores, diseñadores, académicos, periodistas, intelectuales de otros países, igualmente activos cuando se trata de la formación de la niñez, la adolescencia y la juventud.

Entonces, y en medio de esas cálidas noches, al compás de las guitarras, con las voces de los tríos, en tertulias abiertas a toda la población que las protagoniza, se suele entregar, y lo sé por haberlo recibido, un premio que se otorga por la Unión de Escritores y Artistas en esa región del centro de la Isla, a artistas (trovadores, pintores, cineastas, escritores) y que lleva el nombre de un poema de Raúl Ferrer: “Romance de la niña mala”, con el que se reconoce la contribución que han dado, en sus vidas, a la cultura cubana.

¿Por qué un poema de Raúl para ese galardón? Muchas veces le escuchamos, a su propio autor, decir con esa pasión tan suya, aquellos versos y, sobre todo, contar la anécdota de una pequeña, de una escolar traviesa y distraída que, en la paupérrima escuelita rural, compartía su merienda con todo aquel compañerito (a) que no la tuviera, y cómo con su imaginación se escapaba del aula, volaba entre mariposas y palmas, como un duendecillo…

De haber vivido, el poeta e intelectual cubano Raúl Ferrer hubiera llegado en este mes de mayo a los 95 años de vida, la que se cortó en 1993, mientras no renunciaba a sus sueños, los que le alimentaron siempre, de fe y de justicia, de amor y de humanismo, desde su humilde nacimiento en Meneses, en el poblado de Yaguajay de ese Sancti Spiritus que le rinde honor y se honra con ese homenaje a uno de sus mejores hijos.

Uno de esos hombres generosos que dejó de entregarse a la obra personal, para expandirse al tiempo que se multiplicaba, aunque aquel maestro jamás dejó de ser poeta y cuando no lo hacía sobre la cuartilla en blanco con las palabras, lo decía por medio de su intensidad, en el diálogo vivo que solía sostener, de tú a tú, testimonio que puedo avalar, con los jóvenes intelectuales a los que guiaba sin paternalismo, como sus entrañables amigos Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí) y Félix Pita Rodríguez.  Y lo hacia con respeto, sabía escuchar, alentaba siempre a no desmayar y a vencer las dificultades.

En el acto por el XX aniversario de la Campaña de alfabetización.>>

Entre sus grandes contribuciones está la Campaña Nacional de Alfabetización de la que fue uno de sus pilares, sin la cual no hubiera lectores ni creadores y su bregar desde su condición de pedagogo por el seguimiento mediante la Educación Obrera y Campesina, a la que impulsaría con particular voluntad como Viceministro de Educación.

Y aunque publicaba aisladas poesías que reuniría finalmente en un volumen por la presión de sus amigos, y contribuía en el plano metodológico y teórico a la educación desde las páginas de revistas especializadas y en la prensa cubana, aquel maestro rural del central Narcisa, que luego se llamaría “Obdulio Morales”, desde esa vocación por enseñar, pudo también dar continuidad a quien, para él, siempre fue su referente y estímulo, José Martí.  Por eso, entre sus últimas labores, estuvo también la Campaña Nacional de Promoción de la Lectura a la que se entregó con la misma energía con la que abordaba cualquier obra, porque en esencia, se consideró siempre un maestro, un trabajador de la educación y de la cultura.

 

Raúl Ferrer: pequeño encuentro con un gran hombre
Por Marta Ferry

<< En una visita a  la Casa de Cultura de Nueva Gerona, 11 de octubre de 1985.

Al producirse la reestructuración del Ministerio de Cultura, en  busca de una mayor operatividad  entre actividades afines, se decidió  integrar en una sola Dirección las  funciones de la Dirección de Bibliotecas y la Biblioteca Nacional José Martí.

La Dirección de Bibliotecas fue  fundada y dirigida durante todo su devenir por la Dra. Olinta Ariosa, bajo el ministerio del Dr. Armando Hart.  Su misión principal era el desarrollo de la institución Biblioteca pública  entre las diez instituciones de cultura que  cada municipio del país debía garantizar para lograr la mejor comunicación cultural con el pueblo, que debía ser el gran receptor.

La promoción de la lectura, entre las diferentes capas de la población, fue una de las principales líneas de trabajo que la Dirección de Bibliotecas se propuso desarrollar. Se realizaron investigaciones, seminarios, consultas, y lineamientos metodológicos.
Entre todo ese trabajo apareció la figura de Raúl Ferrer: el poeta, el gran alfabetizador…

Naturalmente la reestructuración demandaba acoger y continuar perfeccionando todo el trabajo de ambas instituciones.

Me llamaron del Ministerio. Entre las cosas de que debía ocuparme estaba atender el Plan Nacional de la lectura que dirigía Raúl Ferrer. Debía dar  fecha y hora para una reunión en mi oficina en la  Biblioteca.

¿A Raúl Ferrer? ¿Atenderlo?... pensé con el consabido complejo bibliotecario ante las grandes figuras. Pero con la fría mecánica de la burocracia impuesta di la ineludible orden a la secretaria.

Una mañana o una tarde, la secretaria que era Norma Abalo y que, por cierto, lo conocía muy bien, lo hizo pasar a la oficina.

Junto a su esposa.>>

Allí aparecieron una guayabera blanca, unas gafas fuertes y una sonrisa que le cubría toda la cara. Me pareció que quería decir: “No te asustes, hijita… “

Hablamos. Grandes planes, desarrollar hasta sus últimas consecuencias un Plan Nacional de Lectura. Cursos y concursos. Una oficina para su ayudante. Él no necesitaba nada. Sólo libros, muchos libros, para premiar, regalar, distribuir…

Y así transcurrió la relación. Cada mes o cada trimestre, se animaba el salón de actos de la Biblioteca: desconocidas gentes de todas partes, que ganaban concursos y se llevaban libros y libros. Las obras de Martí, los grandes cubanos…como él.

2 de mayo de 2010

Cronología de Raúl Ferrer
1915 Nace (según su inscripción) el 1ro de julio en Mayajigua, provincia Las Villas.
1920 Cursa sus primeros estudios en Yaguajay y Caibarién.
1935 Estudia el bachillerato en el Colegio Champagnat, en Caibarién.
1937 Se incorpora a la vida laboral desde muy joven como peón en una cuadrilla de trabajadores del Central Victoria (Yaguajay) y como maestro en el Central Narciso (actual Obdulio Morales).
1940 Se compromete con los integrantes del Partido Socialista Popular (PSP) de Yaguajay y realiza numerosas tareas con los obreros y campesinos en el frente antifascista.
1941 Recibe cursillos como maestro rural y se dedica a organizar la Federación de Maestros Rurales. Asciende como dirigente hasta integrar el Ejecutivo Nacional.
1942 Se gradúa como maestro en la Escuela Normal de Santa Clara.
1944 Aparecen sus primeros poemas en la revista Archipiélago, de Caibarién.
1945 Desempeña destacadas misiones en el Comité Gestor Nacional de la Comisión de Unificación Magisterial (CUM), que deviene Congreso Nacional de la Unidad Magisterial  en agosto de este año. Así nace el Colegio de Maestros de Cuba, de cuyo ejecutivo fue proclamado Secretario General. Por orientación de Partido, tuvo la responsabilidad, compartida con el poeta Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí), de organizar y celebrar durante años las veladas conmemorativas por los aniversarios de la muerte de Rubén Martínez Villena.
1946 Es candidato a representante por el PSP y electo concejal de Yaguajay. A partir de este momento sufre persecuciones y detenciones por su condición de militante.
1953 Obtiene por oposición una plaza de maestro en La Habana.
1955 Se publican en la revista Bohemia sus décimas “La Guayabera”, las cuales obtienen el primer premio en un concurso nacional auspiciado por las organizaciones del comercio de La Habana.
1958 - 1959 Ocupa la Secretaría de Organización del Comité Socialista de Maestros.
1960 Dirigente Nacional de Trabajadores de Educación. Participa en la Conferencia de Educadores Americanos (CEA).
1961 Es designado vice-coordinador  de la Campaña de Alfabetización, pasa posteriormente al Ministerio de Educación, a dirigir Cursos de Seguimiento y Superación Obrera, articulándose al Sistema de Educación de Adultos, como asesor y vice-ministro hasta 1988.
1962 Toma parte en giras artísticas y recitales junto a poetas como Navarro Luna, durante la Crisis de Octubre. Forma parte de jurados literarios en diferentes concursos, tales como los del MINFAR, Premio David de la UNEAC, 13 de Marzo y en la Jornada Cucalambeana que se celebra en Las Tunas. Comparece en radio y televisión para comentar temas literarios y educacionales. Es miembro del Consejo del Instituto Cubano de Radiodifusión y, también de algunos Consejos Editoriales. Miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y del Partido Comunista de Cuba (PCC).
1963 Asiste al Congreso de la Confederación de Educadores Americanos (CEA), en Río de Janeiro, Brasil.
1965 Asiste al Congreso Mundial de Lucha contra el Analfabetismo en Teherán, Irán.
1969 Preside la delegación al Primer Seminario sobre Alfabetización Funcional en América Latina, celebrada en Quito, Ecuador.
1972 Asiste a la Segunda Conferencia Mundial de Educación de Adultos en Tokio, Japón.
1973 Es condecorado con la Medalla 26 de Julio.
1975 Participa como Laureado de Alfabetización en el Simposio Internacional celebrado en Teherán, Irán. Es delegado al Primer Congreso de Partido Comunista de Cuba.
1976 Viaja a París como miembro del Comité Especial de Expertos Gubernamentales de la UNESCO, encargado de elaborar el proyecto de recomendaciones relativas a la Educación de Adultos.
1977 Delegado al Primer Congreso de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y al Primero del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Ciencia (SINTEC).
1978 Miembro de Honor de la Asociación Nacional de Ciegos (ANCI).
1980 Designado asesor internacional de la UNESCO en la cruzada de la Alfabetización de Nicaragua. Director del Seminario Internacional de Alfabetización y Educación de Adultos, en Angola.
1981 Ocupa el cargo de Consejero Cultural en la Embajada de Cuba en Moscú, como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) hasta 1984.
1984 Funge como Coordinador Nacional del Programa de Fomento de los Hábitos de Lectura y Promoción del Libro.
1985 Preside la Delegación Cubana a la Tercera Conferencia de la Asociación Amantes del Libro en la URSS. Obtiene las distinciones: 28 de Septiembre, Orden Lázaro Peña de Primer Grado y Medalla Románico Cordero.
1986 Se le otorga la distinción José Martí por el 30 aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). También la Medalla Raúl Gómez García, por 25 años de docencia.
1987 Las FAR le otorga la réplica del machete de Máximo Gómez, por sus méritos personales.
1989 Es coordinador nacional de la Campaña por la Lectura. A su condición de educador une su vocación poética y dentro de ella cultiva la poesía partidaria cargada con el mensaje revolucionario. Figura en las colecciones poéticas: Poesías de Martí, La Habana, 1953; Para el 26 de Julio, 1962; La Poesía Social en Cuba, La Habana, 1966; 10 Poetas de la Revolución, La Habana, 1975 y otras. Sus poemas han sido traducidos al ruso y otros idiomas.
1993 Muere el 12 de enero. Su larga trayectoria de educador y poeta, así como sus incontables méritos, fueron resaltados por el escritor Enrique Núñez Rodríguez en la despedida de duelo.