Imaginarios: Derroteros de la literatura infanto–juvenil cubana en el 90 aniversario de Eliseo Diego (I)

<< Eliseo Diego (BNCJM,  abril de 1963.)

El 2 de julio de 2010 hubiera cumplido Eliseo 90 años. La Cultura Cubana y la Biblioteca Nacional de Cuba en particular, deben tanto a este gran hombre que cualquier homenaje nos parece insuficiente. Librínsula, que se proclama su deudora permanente, reúne en el cumpleaños del poeta acercamientos a su indiscutible trascendencia y a la literatura para niños y jóvenes que tanto promoviera y que hoy se crece ante nuevos y atractivos retos. 

…diré que todo cuanto sé sobre el misterio de la creación poética lo aprendí de un singular, insospechado maestro: el Gato con Botas

Eliseo Diego

 

 

La sensibilidad y la imaginación en el bosque de Eliseo Diego
Por Mercedes Santos Moray

Departamento Juvenil BNCJM, 1969.>>

Cuando fue invitado, por María Teresa Freyre de Andrade, quien dirigía la Biblioteca Nacional José Martí, para asumir el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de esa institución, responsabilidad que fue suya hasta 1970, Eliseo Diego tejió su bosque, imantado por dos sustancias mágicas: la sensibilidad y la imaginación como instrumentos de una obra muy singular, con la que no solo contribuyó a cultivar el espíritu de cientos y de miles de niños y niñas, sino que además, logró articular todo un equipo de artistas, especialistas e intelectuales que, desde aquella experiencia, se convirtieron también en medios vivos para hacer arte, única vía posible del diálogo con la infancia, al tiempo que sembraba las raíces de lo que años más tarde, en Cuba y con la participación de muchos de aquellos creadores, compañeros suyos en la biblioteca, también en otros países de Iberoamérica, realizarían una renovación del antiquísimo arte de la narración oral.

Aquel poeta, uno de los miembros del grupo Orígenes, junto a su querido José Lezama Lima, entonces sólo tenía 42 años, aunque ya desde la lírica y también dentro del lenguaje de una narrativa muy suya, de corte fantástico y de hondura filosófica, de sustancia existencial, había escrito y publicado libros tan memorables para la historia de las letras cubanas como El oscuro esplendor y En la calzada de Jesús del Monte, pero convencido y de manera raigal, que, como afirmara un poeta inglés muy entrañable para Eliseo, Walter de la Mare: “para el niño, ni aún lo mejor es suficientemente bueno”, y como también lo subrayaba el poeta cubano, solo una verdadera obra de arte podía introducirse en el reino de la infancia y lograr la comunicación, se consagró, durante casi una década, no solo a dirigir aquel departamento, a organizar talleres y la hora del cuento, a trabajar en la nada fácil tarea de trasmitir valores éticos y estéticos a sus pequeños destinatarios, sin la falacia del aburrido y por ende falso didactismo, sino que además, emprendió la traducción y versión de muchos clásicos de la literatura universal para la niñez, obra ni secundaria ni menor de su legado y que fue igualmente sementera de todo un ambicioso proyecto editorial en el archipiélago.

Eliseo, como otros grandes de las letras cubanas, también en la década de los años 70 del siglo XX, como Nicolás Guillén, Mirta Aguirre, Onelio Jorge Cardoso, se incorporó a otro sueño que parecía utópico, el de la preparación, previa selección cuidadosa, de los mejores textos para los libros de lectura de la enseñanza primaria en nuestro país. Y, como los tres maestros de las letras cubanas mencionados en este párrafo, además, desde su propia creatividad, incluiría una zona para la escritura de obras de temática infantil, o mejor, dirigidas a la infancia o lo que se califica como literatura para la infancia, ya que el propio Eliseo realizaba una diferenciación entre la que los adultos producen para los pequeños y las pequeñas y las que estos mismos realizan en calidad de autores.

Así, y en 1988, publicaba Eliseo Diego su poemario Soñar despierto, por la Editorial Gente Nueva, para el que realizó las ilustraciones su propio primogénito, el desaparecido dibujante y cineasta Constante (Rapi) de Diego García Marruz, cuaderno por el que el lírico recibe el Premio de la Crítica, cuando ya había cumplido los 69 años y que, entre sus primeros lectores, tuvo a sus propios nietos.

<< Editorial Gente Nueva, 1988.

En el año 2008, y con el sello de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, apareció otro cuaderno de Eliseo Diego, con nota de presentación de su hija Josefina (Fefé) de Diego, y con el título Un hondo bosque de sueños (Notas sobre literatura para niños), en el que se reúnen, como lo señaló la prologuista, “diferentes textos escritos por mi padre sobre el trabajo con los niños. Ediciones Unión ha decidido incluir aquí artículos suyos que ya se habían recogido en Ensayos (…) Se incluyen la mayoría de los trabajos que él conservó en sus archivos, algunas portadas de libros, un cursillo sobre literatura juvenil, reseñas y entrevistas.” Todo lo que evidencia la importancia y la dedicación de Eliseo sobre esta temática, muchas veces ignorada cuando no menospreciada todavía en nuestro panorama literario, y es que como lo apuntaba Josefina, al referirse a la alta estima de su padre por la infancia: “Para Eliseo el mundo del niño era sagrado…”.

En varias reflexiones suyas, virtuales acercamientos históricos y críticos al decursar de la literatura infanto-juvenil, desde sus orígenes y en específico en su correlato con la propia literatura cubana, Eliseo Diego puntualizaba en la necesidad de asumir tal obra con el mayor respeto y valoración estética, ya que en la niñez estaba no solo el futuro, desde la hondura ética y moral de cualquier mensaje para una sociedad, sino la propia existencia del pensamiento, del desarrollo y de la existencia, más creativas y humanas, precisamente desde el cultivo de la sensibilidad y de la imaginación como instrumentos de la cultura. Por eso, se dolía asimismo, al ver cómo las enseñanzas martianas en los cuatro números de la revista La edad de oro, muchas veces eran ignoradas, y se caía en banalidades, facilismos, mediocridades y rutinas que no podían responder a las verdaderas necesidades de niños y niñas, así como invitaba a explorar, a los autores, en este bosque, y a nutrirse también de la añeja sabiduría popular, del folclor, pero sin mimetismos ni simplificaciones, porque como lo sentenciaba: “ningún libro pasará a ser de los niños a menos que constituya una verdadera obra de arte por derecho propio; ningún libro pasará a ser de los niños a menos que responda a sus apetencias reales”.

las versiones cubanas de los clásicos constituyen verdaderas aportaciones a la literatura infantil en lengua española

Eliseo Diego

 

 

El cambio de signo en la literatura infantil cubana. Una visión de conjunto: propuestas conceptuales, temáticas y formales
Por Mónica Orges Robaina

<< Editorial Gente Nueva, 1989.

Hoy son innumerables los que cultivan la literatura infantil como una faceta más de su producción literaria, sin convertirse en “autores de obras para niños” como suele suceder en las sociedades que los subestiman y los aíslan en un reino hecho solo de fantasía pura. Autores como Julia Calzadilla, Nersys Felipe, Ivette y Enid Vian, Alberto Yáñez y Olga Marta Pérez, van a ser protagonistas de ese viraje diametral y marcan un cambio de signo (1), un tono más agresivo y renovador en la producción cubana para la infancia, y al beber de esa realidad convulsa y en ocasiones poco edificante para erigir una nueva poética, hacen un intento por transgredir y vulnerar las normas establecidas.

Los escritores cubanos han sido capaces de aprender con audacia las realidades más o menos visibles en el ámbito social, como son los entornos familiares, escolares y hasta psicológicos. Así, mientras la sociedad moderna se torna más agresiva en todos los órdenes, la llamada literatura “infantil” es menos cómplice con lo establecido, más abierta al tabú y trasciende estilística y formalmente, desprejuiciada frente a públicos amplios. La literatura se siente absolutamente imprescindible para expresar a los niños determinadas esencias y conflictos de la actualidad.

Ahora, el cambio de signo se puede analizar a partir de cuatro aspectos fundamentales, como son: el abordaje de temas tabúes, el despeje del estereotipo tradicional que se tiene de la infancia, el contacto de fronteras entre la literatura infantil y adulta, y los cambios formales. De esta manera quedan insertas las obras para el público joven dentro de la literatura cubana actual por las tendencias, los temas tratados y los estilos formales que propone.

<< Nersys Felipe   

Ivette Vian Altarriba en la Feria del Libro de La Habana (2006) >>

En la actualidad viene de la mano de la infancia y la adolescencia, para sumarla al cambio que supone una revolución, el tema de la cotidianidad y sus conflictos, sus contradicciones, y los desgarramientos y las alegrías de sus personajes, quienes tratan de dejar una constancia artística de los valores que debe preservar o edificar la nueva generación. Temáticas como la muerte, la separación familiar (divorcios matrimoniales, migraciones), las enfermedades físicas y mentales, la violencia (tanto dentro del espacio familiar como fuera de este), entre otros, van a proliferar en esta época hasta el punto de constituir una verdadera explosión para la literatura infantil. También, en este sentido, penetran con mucha fuerza los mundos marginales de la sociedad cubana contemporánea, los sucesos alejados de las contradicciones históricas, y el juicio interrogador sobre diversas fracturas del proceso revolucionario. Por otra parte, en muchos de los libros de esta etapa late también la intolerancia generada por los prejuicios sociales que todavía subsisten o han sido reforzados por la incapacidad de muchos padres, educadores o trabajadores que están en contacto directo con la nueva generación. Se ha visto en esta narrativa un realismo crítico apegado a referentes sociales inmediatos y a la búsqueda de realidades alternas, literarias o no.

Igualmente, la literatura infantil cubana del siglo xx no ha sido ajena a aspectos personales y sociales de niños y jóvenes. Siguiendo la tendencia general de la literatura de este siglo se incorporan mensajes éticos y críticos, y se considera que la fantasía y la realidad están estrechamente vinculadas. Como resultado, de manera general, una novela o un cuento para los más pequeños utiliza la fantasía para resolver una problemática real o psicológica. Sin embargo, para ocultarle mejor la realidad, se inventa para el niño un mundo de imaginación (pero ahora evasivo), donde se pueda encontrar feliz o, si bien se pretende, adoctrinarlo dentro de determinados sistemas al dotar a su literatura de un fuerte carácter didáctico. Por tanto, una creencia errónea es interpretar que a la infancia se le puede ocultar o “suavizar” ciertos temas complejos de la vida, como si el engaño sirviera de protección. La escritora argentina de literatura infantil, Sandra Comino, señala al respecto:

Las representaciones de infancia surgen de un imaginario, como resultado de la observación de un objeto social que permite la interpretación cotidiana de los individuos acerca de ese objeto. Esta interpretación puede estar estereotipada o contaminada por los medios que van introduciendo imágenes, y contribuye a una noción a veces errónea acerca de ese objeto que es la infancia. (2)

Hoy los medios nos llevan al extremo opuesto, pues los niños tienen en ocasiones tanta información como los adultos, debido a la cantidad de horas que suelen pasar delante de la televisión. El auge de los medios audiovisuales, con su infinidad de versiones y adaptaciones, no ha hecho más que ser un vaso comunicante entre el mundo de los adultos y el de los niños; y tanto la revista como la televisión, por el predominio de la imagen sobre la palabra, han contribuido, además, a aumentar el terreno común entre el adulto y el niño por la facilidad de lectura. Por otro lado, muchos de los personajes tradicionales de los cuentos infantiles no logran despertar la atención de los jóvenes lectores de hoy en día. Ellos reclaman verse retratados en los libros con su propio sistema de valores. Por eso, los nuevos héroes se presentan más reales, cotidianos o más audaces y espontáneos, libres de prejuicios, con experiencias sexuales más tempranas y rodeados de todo el tecnicismo de la era científica.

                                 

Editorial Gente Nueva, 1987.   Editorial Gente Nueva, 2003.     Depto. de activ culturales de la Univ. de La Habana, 1981.

No solo los autores de esta etapa se van a interesar por el contenido de sus obras, sino también por la novedad estructural de las mismas. Presupuestos estilísticos como la variación en el uso de las tres voces por el narrador para dar un efecto de acercamiento o alejamiento hacia los personajes, el uso de la intertextualidad y el pastiche para homenajear o parodiar obras anteriores, la presentación de textos inconclusos o con varios finales para que el lector elija o, simplemente, la disposición del texto como si se dibujaran figuras; se encuentran entre los rasgos formales más característicos de la reciente narrativa infantil cubana.

Además, en la reinterpretación y recreación de ese entramado cultural, es creciente la fusión de lo universal y lo nacional, y la criollización de cuanto elemento requiera el texto. Este fenómeno no debe verse solo como un recurso estilístico o arquitectónico del discurso, sino como claves identitarias de la literatura infantil cubana de hoy, la cual reclama un extenso y pormenorizado análisis por las variaciones que viene registrando.

Notas

(1) Se acuña el término a partir de la intervención de la escritora e investigadora de literatura Mirta Aguirre, en el Primer Forum de Literatura Infantil y Juvenil, en 1972.

(2) Sandra Comino. “Infancia y desigualdad. La lectura como resistencia en los tiempos de crisis”, en En Julio como en Enero, no. 15, La Habana, 2003, pp. 55-56.

puesto que el papel de la literatura infantil en la formación del hombre tiene que ver ante todo con el desarrollo de la sensibilidad y la imaginación, era indispensable que nuestros niños tuviesen acceso inmediato al tesoro de libros sancionados por la máxima autoridad en la materia: los propios niños.

Eliseo Diego

 

 

Preguntas comprometedoras a un autor de literatura para niños y jóvenes
Por Enrique Pérez Díaz

<< Enrique Pérez Díaz en la presentación de su libro (Abril, 2007)

Escribir para la infancia tiene sus retos y sus emociones. Una de ellas es la frecuencia con la que todo el mundo suele preguntarte por qué precisamente escogiste trabajar para esa edad y no otra. Un momento tan agradable como difícil es cuando son los propios niños —en especial aquellos que leyeron tus obras— quienes toman la palabra y te formulan las preguntas más asombrosas. Estos apuntes intentan recoger algunas de las respuestas que me motivaron a “teorizar” sobre el acto de escribir para niños. Están, por supuesto, llenos de anécdotas e inevitables elementos biográficos.

¿Cómo surgió la idea de escribir para niños?

En realidad, nunca tuve una idea clara de cómo iba a ser mi vida de grande: quería ser artista de teatro, músico, veterinario y, como todos los niños soñadores: marino, pirata, vagabundo. El tema es que la vida me fue llevando a la literatura: un abuelo periodista que leía novelas de Zweig a una abuela aburrida. Una madre bibliotecaria y narradora de cuentos que me condujo de la mano por el mundo de las ediciones, una hermana de crianza —amante de los misterios— que me contagió con las primeras lecturas. Todo eso fue creando en mí un mundo de imágenes, un acercamiento a la palabra escrita. Además, una infancia algo solitaria, sin hermanos, propició que leyera vorazmente dos y tres libros por vez. Luego, la escuela y mi facilidad reconocida para escribir hacían que mis compañeros de aula me encargaran composiciones (casi aventuras de Salgari), que al leerlas en clase —y para diversión o enojo de las maestras— luego se descubría que todas eran mías. Cuando terminaba mi primera adolescencia —sí creo que aún adolezco— tenía una vocación literaria bien definida que solía expresar en obras de teatro o en cuentos muy existencialistas. El estudiar Licenciatura en Periodismo, conocer a tantos escritores, fue facilitando las cosas y me fui acercando al mundo editorial, a los ilustradores y entonces descubrí que nuestra literatura infantil nacional carecía de tantas cosas no dichas que, un buen día, me sorprendí haciendo un libro para niños con ese aire “distinto” que a mi juicio tanto se hacía extrañar. Creo que la literatura infantil —y ya lo dijo alguien tan conocido como Michael Ende— permite a un autor tal libertad expresiva, que difícilmente renunciaría a seguir escribiendo este tipo de libro...

¿Siempre te ha gustado escribir para los niños?

Siempre. Desde que tenía 16 años e hice mis primeras aventuras que se desarrollaban en Santa Fe. Eran libros de misterio, como los de una famosa autora inglesa llamada Enid Blyton y en ellos mis amigos y yo corríamos grandes aventuras en la playa, en las ruinas de un casino, en una casa deshabitada y en lo que queda de una hacienda colonial del tiempo de la esclavitud. Creo que la vida es una aventura, hay que vivirla con ese espíritu y la literatura es otra gran aventura. ¿Acaso que te publiquen en una editorial no es un verdadero viaje hacia lo desconocido?

¿Cómo elige los temas de sus cuentos?

Eso es, en verdad, algo que nunca elijo. Me asaltan inquietudes, realidades, fantasmas. Se apoderan otras voces de mí. Soy un ser totalmente inerme cuando en las obras mis personajes me dictan aquello que desean hacer. Utilizando un oficio acumulado en años de escribir —algunas veces inspirado, otras por encargo— sí me apodero de la historia y la dejo que fluya a través de mis sentimientos, mientras yo mismo fluyo con ella. Es un toma y daca muy interesante. Sí, hay desde luego, una voluntad siempre más o menos implícita: hacer justicia a la infancia en su sentido más genérico. Demostrar que no siempre la niñez es “el mejor de los mundos posibles”.

¿Cómo se plantea “escribir para niños”?

Ediciones UNIÓN, 1999.>>

Aunque suene a herejía, yo no me planteo escribir para niños. Tampoco me planteo escribir. Yo escribo cuando la historia me fluye a borbotones en mi cabeza. Es algo mágico y doloroso a la vez. Hubiera querido ser actor, cantante, marino, trabajar en un faro. No es placentero doblar la espalda en un teclado. Tener sueños o ideas o visiones y ser incapaz de reflejarlas al papel por más y más que trates. Claro, me preocupan la infancia desvalida de cualquier parte y hay temas cercanos a ella que han motivado mi obra que, sin embargo, trata de dirigirse a personas de cualquier edad. Sin que los busques, en mis libros siempre hay conflictos, problemas, traumas personales, familiares o sociales. De todo eso y más. A la vuelta de casi un centenar de libros (entre propios y algunas selecciones de cuentos) veo que en mi obra la gente captó una búsqueda de lo diferente e inquietante en la que ni yo mismo muchas veces había pensado. Cuando alguien me dice “Tu libro Inventarse un amigo me hizo llorar”, siento la misma satisfacción que cuando comentan: “Cómo reí con tu historia Escuelita de los horrores”.

¿Soñó desde niño ser escritor?

No, verdaderamente desde niño nunca soñé con ser escritor. Sí, leía mucho, porque era un niño asmático y que se crió sin hermanos, hijo de una madre bibliotecaria a la fuerza (era profesora de piano e inglés y la reubicaron en la Dirección Nacional de Bibliotecas Escolares del MINED). Pero de niño soñé con ser pirata, con ser El Zorro, El Tulipán Negro, Robin Hood, El Corsario, Sandokan. También, ya adolescente, quise estudiar veterinaria. Pero viendo que escribía tan bien, todo el mundo me recomendaba que estudiara Letras. Aunque ya por entonces soñaba también con escribir historias para niños, viendo que muchas de las existentes me parecían un poco frías y nada reales. Pero también, si les voy a ser sincero, me hubiera gustado mucho ser músico. Me encanta cantar, inventar canciones, escuchar música y es que en mi familia siempre hubo personas de las letras —como un abuelo periodista y mi madre bibliotecaria (aunque es profesora de música también) o mi esposa que es periodista— y también músicos como unos tíos artistas y mi hermana menor que es pianista, cosa que han heredado sus pequeñas hijas.

¿Le molesta que la gente lleve una vida común sin perseguir sus sueños?

Soy muy tolerante (o eso trato) con toda la gente. Creo que no hay gente común. Ni tampoco gente especial. Lo que sucede es que la gente suele formarse opiniones del prójimo y así, unos ven a otros como especiales y otros como comunes. Eso sí, me gustaría que en el espacio de tiempo y lugar que se les ha concedido para vivir y pasar por este mundo, toda la gente soñara y sus sueños dejaran una huella benéfica en todos los demás. En una palabra, no me parece bueno que la gente pierda su tiempo, que no tenga nada que hacer y ande, en cambio, mirando y ocupándose de lo que hacen o no hacen los demás. Hay un refrán muy antiguo que me fascina especialmente y dice: el ocio es la madre de todos los vicios.

¿Cómo llegó a ser un gran escritor?

No creo que sea un “gran escritor” y no es falsa modestia ni nada por el estilo, sino sencillamente que pienso que nunca llegamos a ser un gran escritor. Eso significa un largo camino, una montaña enorme como la de Minino y Micifuz —dos gatos amigos de un libro mío de los cuales uno decide escalar una cúspide infinita—, una montaña que debemos subir pero, que para ser mejores, es necesario que al llegar arriba nos tracemos nuevas metas. Pienso, y eso lo he aplicado mucho en mi vida, que en el cambio constante está el desarrollo. Si los ríos nunca mueren es porque regalan sus aguas a otros ríos y corren por elevaciones y valles para llegar al mar, del que, a su vez, beben las aguas salobres que les dan nueva vida y color. Poco a poco, he ido publicando libros y libros, por aquí y por allá y hoy acumulo muchos. A veces, no ha sido fácil pues como me gusta escribir de temas difíciles, de los problemas de los niños, pues alguna gente no entiende y no te quieren publicar lo que escribes porque les parece poco apropiado. Hay gente, en todas partes, que se empeña en creer que en el mundo todo anda bien y que en el mundo de los niños anda mejor todavía. Y ustedes, que leen periódicos y ven noticiero, saben muy bien que no es así.

¿Por qué decidió escribir para los niños?

Ediciones UNIÓN, 2008.>>

Porque creo que nunca he dejado atrás la literatura para niños. Pienso que, cuando es buena de veras, es muy sincera y llena de imágenes. Además, algo que siempre repito: como diría Michael Ende, el autor de Momo y La historia interminable, es la única literatura donde me siento auténticamente libre como creador. Creo que se necesita todavía de muchos libros que digan verdades a los niños, verdades que, lamentablemente, mucha gente quiere mantener calladas.

Además de ser escritor, ¿qué otros sueños quiso realizar?

Además de ser escritor, me ha gustado ser viajero. Hacer excursiones al interior de mi país. Cuando adolescente hice algo de teatro pues me fascina mucho el misterio de la escena, de las tablas y me crié en ese medio al tener a una tía (María de los Ángeles Santana) que ha sido una gran artista. Pero ya les decía que me gusta mucho cantar. Otra cosa que amo es el mar. Uno de mis sueños incumplidos es irme largo tiempo en un barco, llegar a una isla desierta como el hada de uno de mis cuentos y vivir en un faro lleno de libros desde el piso hasta el techo. Tomar el sol desde el amanecer, vivir de frutas y vegetales, pescar bajo el agua o en un bote. Tener al cielo y al mar siempre conmigo. Cada vez que puedo, para mitigar esas ansias, acudo a la orilla del mar, en Alamar, donde vivo desde hace casi 15 años. Antes, en Santa Fe, lugar donde me crié de pequeño. Me gusta mucho el ciclismo y tomar el sol. Me fascinan las barajas y sobre todo las de adivinación. En fin, que tengo gustos muy diversos.

¿Para ser escritor tuvo usted que separarse de sus amigos?

Si, para ser escritor hay que hacer muchos sacrificios. Por ejemplo, dejar de jugar, de pasear, de ver televisión y, a veces, hasta separarnos de los amigos y hasta de las novias, lo cual cuesta mucho cuando uno es jovencito y le atraen todas estas cosas. Pero yo siempre me he enamorado de lo que escribo (aún cuando no sabía que iba a ser escritor) y le doy mi tiempo. Ya de adolescente escribí cuatro novelas policiales que están inéditas todavía, porque habría que hacerles muchos arreglos y eso me exigía tiempo, dejar a mis amigos, rumiar la historia una y otra vez. Pero así es siempre. La literatura lleva mucho tiempo. Aunque escribas rápido, debes revisar, una y otra vez, para que todo quede lo más parecido posible a como tú lo soñaste. Hemingway decía que el de escritor es uno de los oficios más solitarios que existen y creo que es verdad. También, ocurre que a veces, son los amigos quienes se separan de nosotros por diversas razones que en ese momento no comprendemos y es muy triste saber que perderás a un amigo porque se va lejos y nunca va a regresar.

¿Le ha ido bien siendo escritor?

Sí, me ha ido bien. A personas conocidas (y hasta desconocidas) les gustan mis libros y es emocionante descubrir, un buen día, cuando menos lo esperas, que alguien entendió lo que dijiste, que se conmovió con ello, que cree en esa historia que has contado. Los libros me han permitido conocer a gente increíble. Tengo amigos que me han nacido luego de leerse mis libros. Me divierto y a la vez sufro cuando escribo, pero es algo hermoso ver cómo nace un libro de la nada, como esa hoja en blanco se llena de letras que te parece imposible que has sacado tú mismo de tu mente, de tu experiencia, de tus sueños. Sí, me gusta ser escritor y, pese a los reveses que siempre se presentan en la vida, me ha ido muy bien en este digno oficio.

¿Es fácil escribir para los niños?

<< Enrique Pérez Díaz en la Feria del Libro de La Habana, 2009.

Todo lo contrario. Muy difícil, aunque gratificante. En verdad parece fácil, pero no lo es en absoluto el ser un escritor y, a la vez, entenderse con uno mismo. A veces, me sorprendo pensando en alguien que he conocido y luego resulta que se trata de alguno de mis personajes. Cuando se me ocurre escribir varias historias a la vez, ya casi me olvido de quién soy, por andar pensando en mis argumentos. En todos ellos hay algo de mí y en mi persona, mucho de lo que escribo. Creo, por último, que las historias están ahí y uno, el escritor, es sólo un simple curioso, al que algo (o alguien) muy especial le permite acercarse a esas historias, atisbar por una puerta (o una ventana o una hendija) a través de ellas y entrar a las mismas en un momento determinado. Cuando se es escritor, hay que saber cuándo se entra a una historia. Eso es lo más importante. Y luego en voz de quién se va a contar lo que en ella ocurre. No hay que temerle tanto a la página en blanco. Eso es un mito que han creado aquellos escritores que no tienen nada importante que decir. En realidad, la verdadera página en blanco no es la que se encuentra en la maquinita, en el ordenador o la que sumisa se deja garabatear por lápices y bolígrafos. La peor página en blanco es el ser humano en sí, con todos sus misterios y caminos encontrados. Todos los seres humanos lo son. También yo...  soy una página en blanco.

 

Tendencias y modos de decir en la literatura cubana para niños y jóvenes.
Apreciaciones de un escritor involucrado.
Por Reinaldo Álvarez Lemus

Reinaldo Álvarez Lemus en la Sala Juvenil de la BNCJM (marzo, 2008) >>

En el amplio panorama actual de la literatura que se escribe para niños y jóvenes en Cuba y más allá de nuestras fronteras, al menos dos aspectos fundamentales merecen ser señalados: las tendencias a la hora de decir sobre algunos temas y el  modo de abordar los mismos.

Desde la década de los noventas, y quizás un poco antes, cada vez se hace más frecuente la praxis de polemizar sobre escabrosos tópicos, dicho en otras palabras “poner el dedo en la llaga o meter la mano en el avispero” y es que, entre más tabú y compleja es la temática, “mejor”, más arriesgado o abierto es el modo de enfocarlo, de algunos autores.

En ocasiones se hace evidente la defensa de puntos de vista y criterios, desde la posición del adulto, al reflejar conflictos y frustraciones propias, que nada importa al pequeño lector y que en la mayoría de los casos, el niño no puede asumirlos porque no tiene verdadera conciencia de sus problemas, carencias afectivas,  necesidades materiales..., etc. Y es que ellos (niñas y niños),  viven tan entregados a la vida que todo les asombra: desde las caravanas de las hormigas deambulando por los montículos de tierra donde se ocultan, quién sabe qué viejo tesoro, hasta descifrar la mágica música que trae el susurro del viento cuando se cuela por las hendijas de las ventanas o simplemente descubrir en la caída de una hoja la maravilla que encierra la libertad y el peligro del vuelo. 

Estoy plenamente de acuerdo con ofrecer espacio a nuevas tendencias, preceptos y maneras de decir, así como el tratamiento de temas escabrosos como: La muerte, la violencia, la homosexualidad, el racismo, el divorcio, la prostitución, los miedos, la religión, los maltratos domésticos, las denuncias sociales y hasta los derechos de los niños. En este punto me gustaría detenerme un momento. Pienso que muchos niños tienen aún que comenzar por reconocer esos derechos. En los tiempos que corren, y a nivel global, la infancia cada día se ve más despojada de ellos. Todavía en numerosos países los infantes son forzados a trabajar, a prostituirse... Abandonados por las familias, se ven obligados a deambular por esas frías y peligrosas calles del mundo, asediados por todo tipo de persona sin escrúpulos. En este mundo “moderno” esas personitas, que son los hombres y mujeres del mañana, ya están condenados, muchas veces antes de nacer, a llenar las cárceles y a cometer los actos más atroces. Por eso los escritores estamos cada día más obligados y comprometidos con esos niños, a luchar por que se respeten sus derechos y porque se defiendan sus sueños. Estamos llamados a convertirnos en quijotes de aquellos que les han arrebatado la infancia y han perdido su voz... recordemos entonces esa máxima martiana: “Los niños son los que saben querer, los niños son la esperanza del mundo”. En estas circunstancias, yo pregunto: ¿de qué esperanzas y de qué futuro hablamos...?

Encarar estos tópicos, sin olvidar la situación coyuntural por la que atraviesa hoy la humanidad, es muy importante, pero teniendo en cuenta los cánones para abordarla. El problema, al menos en mi criterio, consiste en la forma en que a veces son tocados dichos conflictos, los cuales a ratos dejan fuera al lector que en definitiva es a quien está dirigida la obra. Y es que estamos tan imbuidos en lo que queremos decir que hasta  se nos “olvida” el tono lúdico a utilizar.

<< Ediciones UNIÓN, 2003.

Quizás debiéramos detenernos a pensar: ¿Tomamos el camino correcto a la hora de abordar y enfrentar tan complejas temáticas o solo es un atajo para llegar más rápido?

Pero –y aquí viene la otra interrogante–, ¿llegar a dónde…? A salvar los sueños de los niños, a luchar porque prevalezca la fantasía, el buen gusto, las cosas que les preocupan. Defender sus derechos, tener en cuenta sus intereses, necesidades, conflictos y carencias. 

En ocasiones tengo la impresión de que andamos a ciegas, dando bandazos, sin saber exactamente a qué aspiramos, y me sobresalta que se cometan los errores de antaño. Si no tomamos conciencia de todo esto, se corre el riego de terminar haciéndole más daño a la infancia del que ya se le ha hecho con tanta literatura insulsa. 

Porque si bien es cierto que otrora padecimos de lo que algunos críticos han dado en llamar, irónicamente claro está, literatura infanticida… (Por supuesto, los buenos libros que nos ayudaron a crecer y a soñar, no están incluidos en esta categoría), y es que no sé, cómo tanta estupidez no terminó con los sueños y la imaginería del más fantasioso e ingenuo de los niños, ya que buena parte de la literatura se abordaba con tal nivel de ñoñería y amaneramiento que los pequeños se veían constantemente bombardeados por esas formas tontas de decir, que nada tienen que ver con el niño real, el de carne y hueso, el que imagina, llora, sufre, ríe, canta, ama, sueña.

Reinaldo junto a los escritores Enrique Pérez Díaz y Pablo René Estévez (abril 2007) >>

Apostar por una literatura superior es nuestro reto, por una literatura donde se aborden todos y cada uno de los temas que preocupan y ocupan a la niñez y a la juventud de hoy, sin importarnos cuan tabú y escabrosos puedan ser. pero del modo más constructivo y lúdico, teniendo en cuenta ingredientes fundamentales que en una buena obra literaria para niños o al menos que se precie de serlo, no deben faltar, tales como: la fantasía, lo poético, el absurdo, el buen gusto… y escrito con un lenguaje coloquial para que el discurso narrativo llegue con gracia y fluidez al lector. Algo que sería muy edificante.

Aunque el camino es desigual no hay por qué amedrentarse. En buena medida somos responsables de los hombres y mujeres del mañana. Unamos talento, ingenio y fuerza para ayudar a nuestros niños y jóvenes a hacer ese maravilloso viaje que, aunque quimérico, todavía es posible.

Con esto no pretendo más que alertar a los que nos dedicamos al bello y a veces, comprometido oficio de escribir para niños y jóvenes, invitándolos a la reflexión y a la acción, pues debemos tener muy presente que esta es una de las literaturas más complejas, aunque todavía haya algunos que le resten importancia y les cueste reconocerlo, por todo lo que ella encierra e implica, y por todo lo que está en juego.

Toda la ancestral sabiduría del pueblo está así oculta en los cuentos, adonde va a buscarla cierta oscura apetencia del ser de los niños que no puede satisfacerse de otro modo.
Eliseo Diego

 

La verdadera poesía está en la infancia

Entrevista al escritor cubano Omar Felipe Mauri

Por Ivette Fernández Sosa

<< Omar Felipe Mauri (FILH, 2006)

Hans Christian Andersen tuvo suerte. No debió pelear o competir con Mickey Mouse, Pluto o Shrek. En el siglo XIX toda la fantasía del mundo cabía en los relatos y eran las leyendas quienes abrían a los niños la puerta de la imaginación. Hoy, con decenas de poderosos rivales, la literatura infantil no se parece a la realizada dos centurias atrás. Sin embargo, no dejan de existir quienes anhelan cautivar al público más difícil. Personas que, como el escritor Omar Felipe Mauri, hechizan al mundo hasta convertirlo en un sitio colorido, eterno y mágico.       

¿Por qué escribe literatura para infantes? ¿Existe una receta para ello?

Escribir para la infancia me hace útil y libre, imaginativo y pleno; me acerca a los niños y me da el privilegio de trabajar por el futuro, por lo que considero más importante y perdurable del ser humano. La verdadera poesía está en la infancia, y para ella la única fórmula es la sinceridad, la limpieza de espíritu y propósito. Como diría Félix Pita Rodríguez: Vale más servir que brillar.

¿Cómo caracteriza la producción de literatura infantil para niños y jóvenes en Cuba?

La producción literaria para niños y jóvenes en Cuba puede catalogarse como múltiple y de calidad, que ha ido madurando paulatinamente a la par de expandir sus horizontes temáticos y formales de forma progresiva. Se ha hecho más atenta y las contradicciones y conflictos que vive la infancia cubana hoy, especialmente en el ámbito familiar, y sobre todo psicosocial donde aparecen temas de la sexualidad, la violencia, las diferencias, la disolución del hogar, –entre otros–, que a veces no está exenta de crear en reiteraciones y modas espurias. Esto constituye un peligro, y no sólo para la literatura dirigida a la infancia, sino para cualquier esfera de la creación que pierda sus verdaderos y auténticos referentes.

Por fortuna, no es lo que ocurre en nuestra seria literaria infantil, que ha visto arribar un importante grupo de jóvenes investigadores con excelente formación académica y voluntad científica, fascinados por esta zona de la creación y sus vínculos con la edad y la realidad.

¿Realmente se parece a los niños cubanos la literatura que se hace?

Editorial Gente Nueva, 2007.>>

No del todo, faltan temas que podríamos calificar de sustantivos, por ejemplo, la vida en el campo, el mar o la montaña, donde el encantamiento y la relación del hombre con la Naturaleza han creado un extraordinario cauce de sabiduría y sentimientos en nuestra cultura y nuestra identidad. Al parecer, la literatura infantil-juvenil se ha instalado plenamente en los bosques de hormigón y hollín, abandonando aquellos escenarios que una vez le fueron habituales y más caros a la expresión de las esencias cubanas. En este camino intervienen dos fuerzas: el proceso de universalización que se manifiesta desde finales de los ochenta del siglo pasado en nuestra serie infantil y la acelerada influencia de la globalización que tiende a crear en nuestro imaginario un espacio citadino y cosmopolita que no está en ninguna geografía, y por tanto, carece de algunas esencias y raíces que lo comprometen con su medio y con el actuar de los humanos en ese espacio específico. Como se ve, en absoluto me refiero al costumbrismo o al nacionalismo oportunista. Una aspiración, y a la vez necesidad de nuestra serie literaria infantil, es ensanchar los horizontes hacia aquellos temas preferidos, hacia el ámbito del Caribe y Latinoamérica, hacia la ficción histórica, la vida de los héroes y personalidades que la nación ha dado al mundo, la evolución de ciertos elementos emblemáticos de la cubanía, entre otros. Para cumplir esta aspiración (necesidad, repito), serán preciso voluntad y estímulos al conjunto de escritores y recursos para la producción de libros, – harto difícil en nuestras condiciones de país subdesarrollado y bloqueado.

¿No es muy poca la ensayística y/o la crítica sobre esta literatura en particular? ¿Qué pasa en el caso el teatro para este sector?

La ensayística que se publica sobre la literatura infantil y juvenil es aún insuficiente pero resulta verdaderamente alentador el creciente interés de muchos jóvenes investigadores, con excelente formación académica y vocación científica, por la historia, presente y perspectivas futuras de esta serie.

En el caso del teatro la situación es similar.

¿Gozan los escritores de este género, en comparación con otras ramas, de un número justo de concursos o talleres?

Existen varios concursos de sólido prestigio en el panorama de las letras para la infancia (La Edad de Oro, Ismaelillo, Premio Casa, 13 de Marzo, Pinos Nuevos, entre otros), pero son insuficientes los espacios teóricos, de intercambio y análisis, cuyos propósitos no son la competencia. El encuentro Nacional de Crítica e Investigación de literatura infantil y juvenil de Sancti Spíritus es el evento que más ha hecho por la unidad y superación del movimiento literario, así como por tender puentes a otros espacios del arte (ilustración, teatro, música, medios audiovisuales, etc.) y de la pedagogía (escuela y biblioteca). No ignoro los esfuerzos de la Sección de L IJ de la UNEAC o el IBBY, pero la constancia del encuentro espirituano durante 20 años, es de obligatorio reconocimiento, sobre todo cuando apreciamos el silencio que sobre la L I J existe en muchos círculos educacionales, culturales y académicos del país. Los años del “período especial” lastimaron profundamente cuanto se había avanzado en ese terreno, y aún nos recuperamos.

A mi juicio, mientras más prolijo o talentoso, más reconocido resulta el escritor. Por lo menos así pasa con la literatura para adultos, donde los receptores retienen y reeligen luego a sus autores preferidos. ¿Cómo funciona el reconocimiento o preferencia por parte del público hacia un creador determinado cuando se trata de niños, incapaces de establecer las mismas prioridades? ¿Cómo saben los escritores si gustan cuando en numerosas ocasiones son los padres quienes eligen por los hijos?

No albergo ninguna duda de que los niños son el mejor público que pueda tenerse: inteligente, agudo, memorioso y severo. Si bien la literatura y el arte en general que se hace para ellos atraviesa por la mediación del adulto (la familia y la escuela), estudios realizados desde los años setenta del siglo pasado demuestran el decisivo papel que ejercen los niños en el consumo de bienes culturales dentro de las familias. En verdad, son ellos los que mayormente “llevan” a los padres al cine, en no pocas ocasiones al teatro, al circo, a las salas de video-juegos, ferias y espacios recreativos.

Asimismo ocurre con la lectura. Aquí es obligatorio reconocer que con frecuencia la industria cultural rezuma ocio sin pensamiento, deshumanización, egoísmo y violencia. Habría que escardar bien en cada caso para encontrar la verdadera sustancia cultural dentro de tanta hojarasca. Precisamente esto confirma el creciente protagonismo del niño en el consumo cultural: como tal lo han descubierto y a ellos se dirigen con la fuerza avasalladora de la industria y el mercado.

En nuestro caso, que estamos lejos de esa situación, obsérvese la presencia de los niños en la Feria del Libro.

Allí se potencian otros valores, pero el papel del público infantil es incuestionable en la asistencia, adquisición y posterior “consumo” del libro. ¿Cuál será la proporción entre libros infantiles y libros para adultos que se comercializan en nuestra feria? ¿Cuál, la proporción entre la población infantil-juvenil y la población adulta? Sospecho que esta correlación está a favor de los pequeños… Sin embargo, el libro infantil es un artículo atormentado, fugaz y nada perdurable: pocos asisten al privilegio de acompañar para siempre a un niño, dormir junto a él, tenderse en el suelo, jugar, dibujar sus páginas o pelearse por él. Cualquiera que sea su destino, si se lee, será perdurable. A cada paso lo confirman una mujer o un hombre, que con sus treinta y pico de años de edad, se te acerca y te dice: “¿Se acuerda de mí? Todavía recuerdo su libro de cuentos…El que presentó en tal o más cual sitio, ¿recuerda?”

En otras países existen verdaderas revoluciones dentro del público
adolescente con personajes controvertidos y famosos al estilo de Harry Potter ¿Podríamos ambicionar tener en Cuba un personaje similar?

<< Cartel promocional de la Editorial Gente Nueva

Editorial Gente Nueva, 2003. >>

¿Qué han sido Pelusín del Monte, Elpidio Valdés o Marcolina sino “verdaderas revoluciones” en el público infantil cubano de cada época? Los personajes que denomina como “verdaderas revoluciones” están formados por algo más que materia literaria. Son verdaderas construcciones de mercado meticulosamente concebidos y lanzados por la poderosa maquinaria de la propaganda, el cine y el video, los juguetes y las modas. Mientras que Pelusín, Elpidio o Marcolina han surgido y encarnan de lo más auténtico de las tradiciones populares y patrióticas, la industria cultural induce necesidades y patrones que se modelan a partir de las ganancias que reportan. Harry Potter fue convertido con rapidez en un fenómeno comercial, pero no ignoramos el mérito de haber actualizado al mundo mágico de origen medieval. No obstante, frente a sucesos como este, cabe preguntarse qué distancia existe hoy ente lo popular y lo comercial. ¿Es Harry Potter una verdadera revolución en la literatura? ¿Lo es verdaderamente en Guatemala, Bolivia, África o la India…? La industria cultural de la globalización vive de fabricar y desechar íconos, explotándolos hasta su último jugo, lo cual no ha ocurrido nunca en Cuba. Y sinceramente, por la salud de nuestra cultura, de nuestra infancia y nuestros autores, prefiero que HP, Terminator o Espartaco no tengan descendientes en Cuba. Nuestras brujas y brujos, nacidos del imaginario popular campesino, han dado más belleza, imaginación y sabiduría a nuestra cultura que todos los ajenos.