Imaginarios: Derroteros de la literatura infanto–juvenil cubana en el 90 aniversario de Eliseo Diego (II)

<< Eliseo Diego (BNCJM, abril de 1963.)

El 2 de julio de 2010 hubiera cumplido Eliseo 90 años. La Cultura Cubana y la Biblioteca Nacional de Cuba en particular, deben tanto a este gran hombre que cualquier homenaje nos parece insignificante. Librínsula, que se proclama su deudora permanente, reúne en el cumpleaños del poeta, esta segunda entrega de acercamientos a su indiscutible trascendencia y a la literatura para niños y jóvenes que tanto promoviera y que hoy se crece ante nuevos y atractivos retos. 

¿Cuándo llegará, para nosotros los grandes, el día de comprender que La Isla del Tesoro ocupa, en lo que pomposamente llamamos "el proceso de la educación", un lugar tan importante como el programa de Aritmética?

Eliseo Diego

 

Eliseo Diego y la literatura para niños
Por Yaima Rodríguez

Ediciones Unión, 2006.>>

En el año 2006, Ediciones Unión sacó a la luz una atractiva compilación de los ensayos de Eliseo Diego, con prólogo de Enrique Saínz. (1) Llama la atención la presencia, en este volumen, de textos reflexivos en torno a diversas figuras y obras literarias destinadas explícitamente hacia ese receptor infantil. “Secretos del mirar atento: En torno a Hans Christian Andersen”, “Las maravillas de La Bella y la Bestia” o “Aviso y memorias de El Gato con botas”, son títulos que ya dejan entrever ese acercamiento que posibilita Diego al mágico mundo de hadas, duendes, príncipes y princesas. No obstante, nos interesa ahora detenernos específicamente en otras tres de sus propuestas, en pos de dilucidar las consideraciones del escritor de el Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña sobre sus inquietudes respecto a la literatura infantil. (2)

¿Literatura de niños vs Literatura para niños?, o resolver una difícil ecuación.

“Los cuentos y la imaginación infantil” es uno de los ensayos de Eliseo Diego compilados por Enrique Saínz. Este texto, a nuestro juicio, deviene capital, pues en el mismo hallamos determinados axiomas que ya marcan esas inquietudes del también narrador. 

Eliseo sabe bien que los niños son inquietos, mas reconoce cuál es la fórmula mágica ante esto: un cuento. Llegado a este punto, introduce una de las mayores preocupaciones, incluso aun hoy vigente:

(…) la riqueza y la maravilla de los medios mecánicos puestos hoy al servicio de los niños: la televisión, el cinematógrafo, con toda la zarabanda de sonidos e imágenes que no hay más que mirar desde el asiento. Y que nos preguntemos enseguida cómo es posible que, en semejante compañía, puedan las viejas historias tener la menor esperanza de mantenerse vigentes. (3)

Sin embargo, reconoce cómo la ficción literaria se mantiene en el gusto infantil, y se pregunta el por qué. Este es un momento importante en su reflexión, pues pasa a ahondar en la naturaleza de esas historias para pequeños o, en otras palabras, nos sintetiza aquellos elementos que hacen de la LI un verdadero resorte literario. Y por supuesto, el lenguaje es uno de esos elementos valorados por Eliseo, en tanto tiene la capacidad de fascinar a ese destinatario tan exigente:

Sabido es que los cuentos que primero interesan al niño tratan las cosas familiares que los rodean. Si, de una parte, esta preferencia se debe al estreno de la maravillosa realidad, de otra es indudable que obedece a ese rejuego idiomático que abarca desde el simple disfrute de sonidos y ritmos hasta la complacencia en el ejercicio de los contenidos simbólicos. (4)

Para Diego, todo empieza como un juego con los nombres. Esto, a su vez, conecta a los más pequeños con aquellas vecindades más cercanas a su realidad o familiares y, de ahí, proyecta entonces, como un guiño, la función intrínseca, esa esencia misma de la LI: la palabra se complejiza y abre, para bienaventuranza de los infantes, las puertas a la imagen, a la imaginación:

(…) comienza ella misma a crear sus propias realidades, alfombras voladoras, hadas, duendes y pájaros parlantes. (5) 

He aquí la esencia de sus reflexiones: la LI como ejercicio mental. Ante la pantalla el infante no tiene que re–crear nada, pues todo se visualiza. Por el contrario, a través de la palabra o del sonido, debe erigir su propia imagen:

Al conjuro de la palabra es preciso crear todo un paisaje, las escamas del dragón, la penumbra del castillo, el vuelo del hada y el cucurucho de la bruja, las botas que devoran leguas y el magnífico sombrero de un gato que habla.(6)

Otro elemento importante a destacar en el ensayo “Los cuentos y la imaginación infantil”, y con el cual Eliseo cierra sus reflexiones a modo de conclusión, es su juicio de que, en las escuelas, junto a las matemáticas y otras ciencias, se les debe incorporar a los niños el ejercicio de crear. Así, subraya la importancia de soñar o, mejor dicho, de que la LI coadyuve a forjar la capacidad de soñar. Para Eliseo, en esta última idea quedaría cimentado el futuro mismo del hombre.

“Una ojeada cubana a la literatura infantil” es otro texto reflexivo que no se puede perder de vista; sobre todo para quienes estudian y crean en función de los niños. Aquí ya el escritor de En la Calzada de Jesús del Monte define la solución entre ese binomio que denomina literatura para los niños y literatura de los niños. (7) Para él resulta imprescindible distinguir entre uno y  otro, pues no siempre los conceptos que proponen confluyen:

(…) ningún libro pasará a ser de los niños a menos que constituya una verdadera obra de arte por derecho propio; ningún libro pasará a ser de los niños a menos que responda a sus apetencias reales. (8)

Otro tópico que considera problemático es el hecho de que, los adultos, pretenden que crezcan los niños rápido, mientras que estos últimos también desean hacerse hombres. Sin embargo, el derrotero por el que han de transitar para conseguir dicho propósito es empedrado, por lo cual el camino que Eliseo propone, como el más adecuado, es el de la imaginación.

Así, establece como origen de la LI los cuentos populares. Si bien aclara que inicialmente estos últimos no estaban destinados para este receptor, analiza de forma adecuada cómo los niños tuvieron una “apetencia” que solo saciaron al acercarse a estas narraciones:

Los contenidos irracionales, fantásticos, les ofrecen además una rica sustancia en que pueda morder y fortalecerse la imaginación naciente. (9)

Ni las primeras versiones de “La caperucita roja”, ni las narraciones de los hermanos Grimm, por solo citar pocos ejemplos, estaban destinadas a los niños. Sin embargo, el poeta insiste en la idea de que, por necesidad (diríamos que casi biológica), los infantes se aproximaron a estas propuestas ficcionales. Este ensayo resulta importante también por su función referencial. Eliseo lleva de la mano al lector y lo adentra en la historia de la LI.  Apunta, mediante una crítica constructiva, cómo en el siglo XVIII se consideró a las narraciones populares como nocivas, justamente por ese derroche de imaginación que desplegaban. Y Diego deja bien clara esta cuestión: verdad y fantasía son un binomio imprescindible para la LI,  la cual, a su vez, ejerce gran influencia en la formación de los niños y jóvenes, en tanto gestora de valores éticos.

Al continuar con su escrutinio diacrónico del quehacer literario infantil, Eliseo valora la importancia de la imprenta, y se detiene en dos clásicos: Robinson Crusoe y Los viajes de Gulliver. Para él, estos dos libros sintetizan, por sus cualidades y propuestas, las necesidades de ese receptor más pequeño de casa, y argumenta:

(…) porque ambos eran obras de arte de la más alta calidad imaginable; porque en ambas se cumplía a perfección el requisito señalado por Coleridge como esencial al mundo de lo ficticio: la suspensión temporal de la incredulidad. Y en segundo término, porque ambas se avenían perfectamente a las naturales apetencias de los niños en dos etapas distintas de su desarrollo: Los viajes… a la etapa de la fantasía; el Robinson Crusoe a la etapa de la acción. (10)

Teniendo en cuenta sus distinciones sobre literatura para los niños y literatura de los niños, Diego llega a una importante conclusión: la primera la podemos encontrar justamente en lo que él denomina “el primer siglo de la nueva era”.(11) Es aquí cuando los adultos descubren por primera vez a ese niño: Hans Christian Andersen, Lewis Carrol, Robert Louis Stevenson, entre otros, tienen en cuenta a esos pequeños lectores y, por tanto, escriben atendiendo las necesidades y exigencias de este receptor. Así, resulta interesante cómo Eliseo devela un paralelismo, a partir del tópico de la imaginación, entre los niños y los poetas.

  

Finalmente, pasa a examinar el referido quehacer literario en Cuba. Una vez más, su mirada diacrónica se detiene, primeramente, en La Edad de Oro, como obra que, afortunadamente, irrumpe de forma gloriosa en nuestro campo literario decimonónico. De ahí, valora la pobre (casi inexistente) producción literaria infantil durante la república, y, finalmente, se detiene en la Revolución. Cierto es que antes de 1959, los escritores cubanos no tenían en cuenta (acaso no valoraban) las posibilidades del mundo infantil. Por tanto, son muy pertinentes las consideraciones de Eliseo, en tanto después del triunfo revolucionario hubo que comenzar desde cero, y planificar, además, un plan de publicaciones hasta el momento inexistente. No obstante, es válido señalar que Diego no se queda en el mero hecho descriptivo: pasa a valorar los problemas que existían en su momento y, además, a sugerir, constructivamente, soluciones. Estos inconvenientes y soluciones son:(12) que los niños tuvieran inmediato acceso al patrimonio literario infantil (aquí es interesante cómo se detiene a explicar que el bloqueo contribuyó favorablemente, pues obligó a seleccionar un canon), y sugiere la creación de un premio en pos de estimular la mejor traducción del año, y así elevar la calidad; la necesidad de editar obras de imaginación en que se introduzcan temas cubanos (véase la importancia que le confiere no solo a lo universal, sino también a lo particular) y recomienda, por ejemplo, el folclor africano como fuente de cubanía, así como emprender una labor en pos de dejar atrás viejos prejuicios y tabúes; por último, recomienda estar al tanto de cómo satisfacer la curiosidad de los niños. Este final reclamo nos parece esencial y, aun hoy, vigente. Además, en este tópico destaca también la importancia que tiene la ilustración, en tanto constructo visual del libro.

Aquí los niños juegan en las salas del polvo
Suaves moviendo el torpe sueño de las cosas
Cuya penumbra cruzan sus manos como las palomas
A imagen de los ángeles en el principio del mundo
Cuando sus alas esparcían la bendición y las figuras.
(..)
Eliseo Diego en “Los patios, el crepúsculo”
(En la Calzada de Jesús del Monte)

Para Eliseo Diego, la imaginación del niño es como la del poeta. Él lo sabía bien, pues su deuda con el “Gato con botas” era bastante grande: gracias a este relato (13) conoció el milagro de la creación poética. Por su parte, de “Pulgarcito” aprendió la piedad, y de aquellos bosques mágicos, aprehendió, de una manera muy particular, su propia realidad.


Contracubierta de Ensayos, de Eliseo Diego.

Sin lugar a dudas, los dos textos referidos son obras de creación literaria. Está de más apuntar cómo a los elementos del proceder crítico-literario le corresponden, a su vez, los elementos creadores propios de toda poesis. Todo mensaje literario constituye un producto de una determinada elección volitiva (reglas de poética, de material temático, de los esquemas tradicionales, etc.), con el válido rechazo a estos elementos si se pretende por parte del creador. Y Diego, sin imponer nunca sus criterios, sintetiza aquellos elementos intrínsecos a la LI, o, al menos, a lo que debe ser. Partiendo siempre de la observación inicial, sus reflexiones resultan impresionistas. Sin embargo, no se queda anquilosado en este impresionismo, sino que llega a la Exégesis y al Juicio. La primera acentúa el aspecto del conocimiento. Así, a partir del método histórico, informa y valora, pero siempre desde una perspectiva educativa, orientadora. Por otra parte, logra alcanzar el Juicio, dado en la medida en que sitúa la obra o el fenómeno en ese “saldo de las adquisiciones humanas”. (14) He aquí entonces la esencia y sobre todo, su eterna contemporaneidad.

Notas

(1)Eliseo Diego: Ensayos. Prólogo de Enrique Saínz. Ediciones Unión, Ciudad de La Habana, 2006.
(2) A partir de ahora por Literatura Infantil emplearemos LI.
(3) Eliseo Diego: ob. cit. p. 83.
(4) Eliseo Diego: ob. cit. p. 84.
(5) Eliseo Diego: ob. cit. p. 85.
(6) Eliseo Diego: ob. cit. p. 85.
(7) Cf. Eliseo Diego: ob. cit. p. 183-190.
(8) Eliseo Diego: ob. cit. p. 186.
(9) Eliseo Diego: ob. cit. p. 184.
(10) Eliseo Diego: ob. cit. p. 186.
(11) Eliseo Diego: ob. cit. p. 187.
(12) Cf. Eliseo Diego: ob. cit. pp. 188-189.
(13) Esto lo declara en su ensayo “Una ojeada cubana a la literatura infantil”, ya referido.
(14) Alfonso Reyes. Ob.cit. p. 245.

 

“Los dos ruiseñores”: una versión martiana
Por Lennys Ders del Rosario

<< Ilustración de Réquer.

“Los dos ruiseñores”, versión de “El ruiseñor”, aparecido en los Cuentos maravillosos de Hans Christian Andersen, junto a “Meñique” y “El camarón encantado”, que toman como motivo sendos textos de los Cuentos azules de Eduardo de Laboulaye, constituyen los relatos no “originales” que en su revista dedicada a los niños de América, La Edad de Oro, incluyera José Martí. 

Quiere emprender esta breve pesquisa una comparación de los textos, el de Hans Christian Andersen y el de José Martí (que quiere ser, como él mismo declara en su encabezado, una versión libre de la obra del famoso danés), con las dificultades, quizás insuperables: de desconocer la edición de Andersen que sirvió de base a la adaptación martiana, de las tantas que, en distintos idiomas, circulaban por Europa y los Estados Unidos con la obra del célebre escritor en aquel momento; y luego, el hecho de tener que trabajar nosotros mismos con una traducción del cuento, dada nuestra imposibilidad de leerlo en su idioma de origen.

No somos los primeros en interesarse por este tema: ya en su ensayo de 1952, “A propósito de La Edad de Oro”, Herminio Almendros, en un momento de su estudio sobre los cuentos de la revista, se detiene brevemente en este “Recurso a Andersen” (así se titula el acápite que dedica a “Los dos ruiseñores”); igualmente en su antológico trabajo “La Edad de Oro”, aparecido en Temas martianos en 1969, Fina García Marruz aborda las particularidades del lenguaje que atañen a este cuento y esboza una breve comparación con el texto de Andersen; finalmente, de fecha mucho más reciente, encontramos en la web el trabajo de Joel Franz Rosell titulado “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”, único que hemos hallado hasta el momento consagrado en su totalidad al tema que aquí nos ocupa. En la medida en que creemos poder aportar elementos nuevos a este análisis es que emprendemos la presente indagación, lo que no impide que, cuando lo consideremos necesario, traigamos a colación el criterio de alguno de los estudiosos mencionados.

Para comenzar citemos del texto de Almendros un fragmento que nos parece sustentador de nuestro estudio: “No traduce tan solo Martí el cuento de Andersen; (1) sigue y respeta fielmente el asunto, pero traduce y adapta; es decir, modifica del cuento los datos y elementos que halla al paso, y cuenta a su gusto y a su  manera”. (2)

Estas modificaciones a que se refiere Almendros las detectamos en tres órdenes: por omisión, por adición y por sustitución de información en el cuento. En cada caso trataremos de ejemplificar el modo en que se produce la adaptación, destacando para ello los momentos que consideremos más relevantes, dada la imposibilidad, por una cuestión de espacio, de examinarlos todos.

Comencemos por la primera transformación, y la más evidente, que es la del título: “El ruiseñor”, nombra Andersen su cuento; “Los dos ruiseñores” lo titula Martí. Claramente está operando aquí el mecanismo de adición por una razón que resulta también transparente: mientras que Andersen pretendía con su título subrayar quién era el verdadero protagonista de su cuento, “el ruiseñor” que no puede ser otro que el pájaro vivo; Martí añade el número plural y el pronombre numeral para marcar la dualidad que entraña un contraste, una oposición, de los dos ruiseñores, que genera lo que es el tema del cuento, archiconocido: la pugna entre lo natural y lo artificial. En otro momento de La Edad de Oro, que toma también como base, aunque de manera mucho más libre, un texto ajeno (me refiero a “Los dos príncipes”), Martí utiliza un mecanismo similar: el título de la obra de Helen Hunt Jackson de la que extrae su idea es “El príncipe ha muerto”. Véase entonces como también el título, originalmente en singular, se transmuta para convertirse en esos “Dos príncipes”; pero aquí esa dualidad solo significa un contraste aparente, en realidad transmite una unidad, una identificación, que constituye el sentido profundo del poema: el príncipe “verdadero” y el hijo del pastor, unidos en la circunstancia de la muerte, en el dolor de sus familias (tan distantes en la escala social), son, los dos, príncipes por igual.

Adentrándonos ya en ambos cuerpos textuales, desde el comienzo mismo es visible el carácter y los intereses de la versión martiana. Veamos el primer párrafo de cada relato. El de Andersen es muy breve y aquí lo consignamos:

Como sabes, el Emperador de China es chino y chinos son todos sus súbditos. De esto hace muchos años, pero justo por ello merece escucharse la historia antes de que se olvide. (3)

Con una oración muy breve y que desde el punto de vista de la información que brinda resulta muy limitada, más allá de declarar que se van a contar hechos concernientes al emperador de China, nada nos dice el narrador. Martí sustituye esta introducción convencional del escritor danés por una mucho más extensa, enriquecida por informaciones diversas que pretenden, como apunta Almendros en su ensayo, “destacar con rasgos concretos la realidad” (4) de esa China exótica y remota que se había escogido como escenario de los acontecimientos, y por reflexiones y juicios del narrador en los que se trasluce la ideología de nuestro Apóstol y los propósitos pedagógicos de su proyecto editorial. Obsérvense los siguientes fragmentos, ya que nos es imposible incluir la cita completa, demasiado extensa:

En China vive la gente en millones, como si fuera una familia que no acabase de crecer, y no se gobiernan por sí, como hacen los pueblos de hombres, sino que tienen de gobernante a un emperador, y creen que es hijo del cielo, porque nunca lo ven sino como si fuera el sol, con mucha luz por junto a él, y de oro el palanquín en que lo llevan, y los vestidos de oro. Pero los chinos están contentos con su emperador, que es un chino como ellos. ¡Lo triste es que el emperador venga de afuera…

(…) leyendo, en aquellos libros que empiezan por la última página, lo que Confucio dijo de los perezosos, que eran peor que el veneno de las culebras, y lo que dijo de los que aprenden de memoria sin preguntar por qué, que no son leones con alas de paloma, como debe el hombre ser, sino lechones flacos, con la cola de tirabuzón y las orejas raídas, que van donde el porquero les dice que vayan, comiendo y gruñendo.

Junto al “dato de realidad”, como ese de que el pueblo chino es muy numeroso, o que creen que su emperador es hijo del sol, o que sus libros comienzan por la última página, o de aquello que dijo Confucio (del que quizá muchos niños de la época se preguntaran quién era); hallamos el juicio de que los chinos no se gobiernan a sí mismos, como lo hacen los pueblos de hombres (clara afirmación antimonárquica), o el otro de que al menos están contentos porque el emperador es chino como ellos porque lo triste es que el emperador venga de afuera, o esas sentencias sobre los perezosos que Martí le atribuye a Confucio y que pudieran muy bien ser suyas propias.

En la descripción de los espacios en que se desarrolla el relato, el cubano se decide casi siempre por añadir datos allí donde, en el original, primaba la parquedad anderseniana. Como bien señala García Marruz en el artículo que ya indicamos, esas rosas rojinegras (en Andersen solo eran flores) que adornaban el jardín imperial, esos naranjos enanos “con más naranjas que hojas”, esos peces de colores, “con cinto de oro”, no estaban en el original, ni tampoco allí era el material de que estaba hecho el palacio del emperador de “una porcelana que parece luz, y suena como la música, y hace pensar en la aurora, y en cuando empieza a caer la tarde”.(5)

En cuanto al trazado de los personajes, hay que decir que, mientras en el relato anderseniano la caracterización de estos, exceptuando en alguna medida al emperador y a los dos ruiseñores, se resuelve por vía indirecta, o sea, a través de sus acciones y sus discursos; en el relato martiano el narrador con frecuencia interviene y rellena esos espacios en blanco (sobra aclarar que aquí el mecanismo que impera es el de adición), describe directamente a los personajes, incluso a los más humildes, como esa “pobre moza de cocina” del texto de Andersen que se convierte en “una cocinerita, de color de aceituna y de ojos de almendra”.(6) Resulta en el cuento de La Edad de Oro que parece como si viésemos a esos personajes: el emperador de larga barba, los mandarines con túnicas de seda, larga cola y sombreros picudos. Destaca, por su caracterización compleja que no se detiene solo en la apariencia sino que nos adentra en lo psicológico, la del emperador. En el párrafo introductorio se detiene Martí, además de en ofrecer datos de ambientación, como ya hemos explicado, en dar completa la imagen de este personaje que, por otro lado, no deja de mostrársenos contradictorio: emperador galán que se disfrazaba para ir a visitar a los chinos pobres, que respetaba a los ancianos, que abrió escuelas de arte, que era justo y generoso con su pueblo y que lo defendió de los tártaros,(7) aunque no dejaba por ello de gustarle la sopa de nidos de golondrina y el vino de arroz. Ninguna de tales informaciones aparecía en el original de Andersen.

<< Ilustración de Réquer

Otro aspecto también referido a los actores queremos traer a colación y es que, si examinamos cómo designa el autor danés en su cuento los cargos o dignidades de los personajes (encontramos un mayordomo o camarero mayor, un capellán imperial, un gentilhombre) descubrimos que son términos convencionales propios de cualquier corte europea; Martí, en su afán de dotar de una mayor verosimilitud a la locación, sustituye casi todas esas figuras por las de los mandarines, mucho más plausibles, a las que otorga, además, una individualización mucho más rica y una gran comicidad. Sus gestos desmesurados, las vueltas en redondo, las reverencias con la frente en el suelo, ese “arrodillarse en el aire” que nos parece tan simpático por lo imposible, su carrera tras la cocinerita cuando van en la búsqueda del ruiseñor y en que se le iban cayendo los sombreros picudos, nada parecido encontramos en “El ruiseñor”. También sustituye Martí el castigo con que amenaza el emperador si no le traen al pájaro esa misma noche, mientras que en el relato de Andersen este eran patadas en la barriga después de comer para toda la corte, en la versión martiana solo alcanza a los mandarines: el emperador promete pasearse sobre sus cabezas si no encuentran a tiempo el ruiseñor.

Creemos haber reunido varios argumentos para llegar a la conclusión de que, como afirma Joel Franz Rosell en su ensayo, para su cuento “Andersen no se inspira en la China real, que no conocía ni siquiera a través de lecturas serias, sino en las chinerías imaginarias.”,(8) mientras que a Martí lo guía el objetivo de brindar mayor verosimilitud y realidad al ambiente exótico, aunque no podemos confundir esto con una pretensión de completa fidelidad a la realidad del país oriental, sino que, como explica García Marruz  “(…) Martí mezcla en su relato los elementos reales a aquellos otros que nuestra perspectiva de lo oriental les imagina, de modo que los recibimos los dos a la vez...”.(9)

Diversos teóricos de la literatura han afirmado que la ausencia constituye una marca incuestionable de “lo ideológico”, de ahí la importancia de detectar las omisiones en que incurre el texto martiano con respecto al de Andersen. Con todo, solo una descubrimos, que por otra parte respalda plenamente la afirmación teórica. En “El ruiseñor” el autor pone estas palabras en boca del pequeño pájaro, para referirse al amor y la fidelidad que le profesa al emperador, al que ha venido a salvar de la muerte: “Amo tu corazón más que tu corona y, sin embargo, la corona posee la fragancia de algo sagrado.”;(10) por su parte, nada parecido encontramos en “Los dos ruiseñores”, dado el pensamiento absolutamente antimonárquico de nuestro Apóstol quien se niega a suscribir el viejo pretexto de las monarquías que declara que los reyes lo son por designio divino.

La Edad de Oro constituye un tesoro incuestionable de la literatura cubana, no solo en lo que al público infantil se refiere, que pasados ya los cien años de su primera aparición sigue inspirando lecturas y búsquedas. Esta breve tentativa de investigación ha pretendido rendir homenaje a un libro que tantos momentos de alegría y sosiego regaló a nuestra infancia y que aún hoy nos sigue convocando con energía siempre renovada.

Notas

(1) Ya sería esto decir bastante, recuérdese que para Martí traducir es transpensar.
(2) Herminio Almendros: “A propósito de La Edad de Oro”, en Acerca de La Edad de Oro, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1980, p. 134.
(3) Hans Christian Andersen: “El ruiseñor”, en Cuentos, Alianza Editorial, Madrid, 1994, p.39.
(4) Herminio Almendros: “A propósito de La Edad de Oro: los cuentos”, ob. cit., p. 134.
(5) José Martí: “Los dos ruiseñores”, en La Edad de Oro, en Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t.18, p. 492.
(6) Ibídem, p.493.
(7) Aquí se le atribuye al emperador una frase que estaba en el mayor interés del Apóstol cubano dársela a entender a los niños de América a que iba dirigida su revista: “¡Cuando no hay libertad en la tierra, todo el mundo debe salir a buscarla a caballo!”. Ibídem, p. 492.
(8) Joel Franz Rosell: “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”, artículo digital, http://www.cuatrogatos.org/articulolosdosruisenores.html, p.2.
(9) Fina García Marruz: “La Edad de Oro”, en Acerca de La Edad de Oro, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1980, p. 198.
(10) Christian Andersen: “El ruiseñor”, ob. cit., p. 55.

 

Bibliografía:
Andersen, Hans Christian: Cuentos, Alianza Editorial, Madrid, 1994.
Bueno, Salvador, selección y prólogo: Acerca de La Edad de Oro, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1980.
Martí, José: Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t.18.
Rosell, Joel Franz: “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”, artículo digital, http://www.cuatrogatos.org/articulolosdosruisenores.html


los niños desean, ellos también, hacerse hombres cuanto antes; pero donde nosotros escogemos el camino de la práctica, ellos no conciben sino el de la poesía, que es decir el de la imaginación.

Eliseo Diego

 

 


¿Para qué soñar despiertos?
Por Ingrid Fernández Pérez

<< Editorial Gente Nueva, 1988.

Quisiera con este trabajo propiciar un acercamiento a la labor que como escritor para niños realizó el poeta cubano Eliseo Diego. Este autor siempre tuvo presente que escribir obras que los niños hicieran suya era una labor colosal, digna de los mejores. Por esto siguió los pasos que marcó el Apóstol con su obra La Edad de Oro, que se alzaba en el panorama de la literatura latinoamericana cuando en ella, para los niños, solo había sombras.

Eliseo Diego, poeta y crítico cubano nacido en La Habana en 1920, fue integrante del grupo Orígenes y entre sus obras publicadas se encuentran: Divertimentos (1946), El oscuro esplendor (1966), Versiones (1970), A través de mi espejo (1981), entre otras. En el año 1988 obtiene el Premio de la Critica por su libro para niños Soñar despierto (el que someteré a análisis). Muere en México, en marzo de 1994. Es por todos conocido el profundo estudio al que han sido sometidos los trabajos de Eliseo Diego escritos para adultos, pero su literatura para niños no ha corrido la misma suerte. Además, a esto se une que el autor no solo escribió para los más pequeños, sino que dedicó gran parte de su vida al Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí, así como a desarrollar una profunda crítica y labor de teorización sobre lo que debería ser la literatura para niños y cómo lograr que los pequeños la hicieran suya. Eliseo Diego siempre estuvo muy preocupado por el desarrollo futuro de la literatura infantil y la necesidad de que esta se apreciara en el mismo valor y se analizara con tanta seriedad, como la mejor literatura escrita para adultos. Los planteamientos anteriores quedan demostrados con la respuesta dada por el propio autor en una entrevista, cuando se le preguntó si era necesario que las obras para los niños fueran objeto de análisis y de crítica como cualquier otro libro: "Por supuesto que sí. Los buenos libros que leen los niños tienen, para el buen gustador de la literatura, tanto interés como cualquier otro de los llamados «serios»… Si en Cuba no existen estos libros para la crítica será por la actitud de atildado provincialismo que prevalece, no solo entre nosotros, sino en casi todos los países de cultura latina." (1)

Quiero con esta investigación propiciar un acercamiento a la literatura escrita para niños por Eliseo Diego y a la concepción que este poeta cubano tenía sobre lo que debía ser la literatura infantil y su papel en la sociedad para la formación del hombre nuevo. Eliseo mantenía algunos criterios sobre la creación, entre los que pudiera enunciar los siguientes:

 

En el poemario Soñar despierto de Eliseo Diego prima la visión del niño que se circunscribe al pequeño espacio de lo cotidiano, donde se enuncia la locación del jardín como elemento mágico y de sueños. La estética de la obra, su ordenamiento y la coherencia con que se abordan los temas reafirma la idea defendida por Eliseo de que la belleza haría mejores a los niños. El poemario brinda la perspectiva del mundo desde los ojos de un infante, al mismo tiempo que propone el espacio del sueño como un vehículo hacia mundos infinitos e insospechados.

Un tema constante en la obra es el de la nostalgia por los poderes de la infancia que se perdieron con el tiempo. Es interesante además cómo el conocimiento que nos brinda la lectura del poemario no indica el interés del autor por temas rebuscados, sino que refleja las impresiones que puede ir adquiriendo el niño al contemplar y analizar el mundo que lo rodea. La gran mayoría de los versos del poemario por su estructura métrica son de arte menor, por ser  esta medida más fácil para el aprendizaje y memorización de los pequeños. La poesía se centra en las pequeñas cosas cotidianas que rodean al niño, con las que él puede verse directamente identificado (espacio de la casa, de los animales domésticos, de los miembros de la familia). La mayoría de los poemas  tienen como locación el espacio cerrado de la casa, pero allí con el recurso de la imaginación se crean mundos infinitos.

Es de vital importancia  en la obra el orden de los poemas, establecido por el propio autor. Esta ordenación responde al principio de armonía que defendía Eliseo Diego en múltiples notas a las ediciones de sus libros, cuando planteaba que el ordenamiento dentro del poemario era tan importante como la disposición de los versos dentro del poema. Esta coherencia dentro de la estructuración de la obra se evidencia en Soñar despierto que presenta una estructura cerrada pues el primero y el último poema se tocan. En ambos la figura del niño se sitúa en un ambiente cotidiano, marcado por la presencia de la naturaleza (jardín/ patio de tierra) y desde allí a través de la fantasía establece la oposición ver con los ojos/ ver con la imaginación. Este "ver desde la ilusión" se relaciona al mismo tiempo con el título de la obra, que propone la posibilidad de soñar despierto.

Es importante también aclarar lo indispensables que resultaban para Eliseo Diego las ilustraciones de los  libros para niños, pues estas debían ir de la mano del propio texto literario. En la obra que sometemos a análisis la conexión escritor–ilustrador se da de manera particularmente marcada, pues las ilustraciones fueron llevadas a cabo por Rapi Diego, hijo del poeta.

A continuación me propongo analizar de manera individual algunos de los poemas incluidos en la obra Soñar despierto:

"De noche"

El primer acercamiento del autor al niño es familiar, utilizando la segunda persona del singular (tú), para apelar directamente a la atención del receptor. Este poema se centra en un juego de contrastes donde se opone la realidad que algún adulto puede ver (un jardín cualquiera, mustio, pequeño), al universo de posibilidades infinitas que puede encontrar la imaginación de un niño (un hondo bosque de sueños, que no tiene fin). Desde el comienzo del poemario se aborda el que será un elemento recurrente en toda la obra: la oposición entre lo real y lo fantástico, la poesía de lo que no se puede ver y sin embargo es verdad. Además se atiende a las múltiples posibilidades de la noche, donde la oscuridad brinda opciones a la imaginación desbordante del niño.

"Músico"

Este poema refleja la necesidad de que la poesía enseñe a los pequeños, sin por eso sacrificar la belleza estética. En él sobresalen los elementos de cubanidad con alusiones a la fauna y flora de nuestros campos (sinsonte, jagüey, palma), así como el intento del autor de írselos haciendo familiares a los niños. Además, el fragmento siguiente muestra cómo el poema contiene elementos que se repiten, los cuales son muy necesarios en la primera etapa por la que pasa el niño, llamada edad rítmica, donde los elementos de repetición y la rima que aporten musicalidad son primordiales. El poema es útil también a los niños que viven esta primera edad, de los tres a los seis años, porque en ese momento descubren y aprenden a nombrar todos los elementos del mundo que los rodea. Por eso la necesidad de poemas realistas que se sitúen en espacios cotidianos y que tengan como protagonistas sujetos u objetos que ellos puedan ver. En el caso del poema ocurre con el sinsonte:

Sinsonte, me gustaría
que cantaras y cantaras
con tus dulces notas claras
todo el día, todo el día"(2)

"Un buen sueño"

Este poema, como el anterior, se basa en un motivo didáctico. Puede servir para irle presentando al niño las partes que conforman un animal y propiciar así el conocimiento y la  organización de conceptos dentro de su cabeza. Está presente además en la obra un elemento de añoranza de la infancia del autor: su gato Sindulfo.

La figura del gato familiar está presente no solo en este poemario para niños, sino también en el resto de la obra de Eliseo Diego. Tal es el caso de los poemas: "El gato de mi casa" y "A Cindy, la gata de nuestra hija Lourdes" ambos compilados por Josefina de Diego luego del fallecimiento del autor bajo el título En otro reino frágil.
El siguiente fragmento muestra lo planteado anteriormente:

De pata y lomo a cola
es él y da lo mismo.
Pues sea dormido todo,
nariz, bigote y ceja…(3)

"La lluvia"

En este poema aparece el animismo que tanto se usa en la literatura infantil, pues se personifica el elemento atmosférico de la lluvia. El animismo se relaciona mucho con la forma de ver la vida en la infancia, cuando todavía le hablan de corazón al alma de las cosas y están seguros de ser escuchados. La lluvia en este poema se nos presenta como elemento imperecedero que almacena conocimientos. Valiéndose de este recurso de la lluvia sabia, el autor presenta un breve bosquejo de la historia. Aparecen en leves pinceladas descritas la marcha de las legiones, los cañones y galeones españoles y finalmente los alzados de la Revolución Cubana. Es de resaltar el alto poder de síntesis que ostenta este poema, donde con solo un par de palabras, o poco más, se nos presenta un cuadro acabado. Se recurre también para atrapar la atención del niño al misterio de los conocimientos que guarda y nos oculta la lluvia. Por último, para no subestimar la capacidad de entendimiento y aprendizaje de los infantes, no todas las palabras que aparecen en el poema son simples, por ejemplo: rielar, legiones. Es de notar además el uso frecuente de la oración exclamativa por la importancia que tiene en la poesía para niños la entonación.

"El torreón de San Lázaro"

En este poema se propicia un acercamiento a un elemento de nuestra historia que con el decursar de los años ha desaparecido, y que es la función del vigía sobre el torreón de San Lázaro, el cual atisbaba el horizonte costero para prevenir a la villa del ataque de corsarios y piratas. En la composición poética vemos aparecer nuevamente el elemento de la oposición por contraste, esta vez evidenciado en la separación maniquea de bien/ mal, lo que según estudios psicológicos le permite al niño tomar partido por lo que lee y reconocer y rechazar los elementos negativos. En la obra estamos en presencia del realismo que defendía Eliseo Diego, por la necesidad de no ocultar elementos sombríos como la muerte (en el poema, compañera de la figura del pirata). Es necesario que las narraciones infantiles toquen estos aspectos de la vida, que aunque no dulces, son de necesario manejo del niño para que pueda entender el mundo que lo rodea y sobreponerse a los futuros vaivenes y desventuras que la vida siempre trae consigo. Como otro elemento significativo aparece nuevamente el recurso del animismo en la personificación del torreón. En el siguiente fragmento se ilustra la oposición bien/mal y la presencia del tema de la muerte:

¿Tal vez algún navío
que trae de Cádiz el perfume amado?
Puede que sea el sombrío
Demonio inglés osado,
el que va siempre con la muerte al lado."(4).

"Extraño"

Este poema transmite la sensación de añoranza del autor por todo lo perdido de su infancia. Además puede verse una reflexión sobre la creación que contrapone la imagen del niño y el viejo creador. Este sentimiento doloroso de pérdida puede comprobarse en otras zonas creativas de Eliseo Diego, tal es el caso del poema "El oscuro esplendor" de 1966, albergado en el poemario del mismo nombre. A continuación un fragmento de esta obra nos ilustra la afirmación:

Juega el niño con unas piedras inocentes
en el cantero gastado y roto
como paño de vieja.
Yo pregunto:
qué irremediable catástrofe separa
sus manos de mi frente de arena,
su boca de mis ojos impasibles.(5)

"Alguien"

Este poema se acerca sutilmente a lo imposible e imaginado, donde el espacio de los sueños se toca con el de la realidad. Aparece el elemento de las difusas presencias que se irán desarrollando en otras obras del autor, y que se muestran de una manera un poco más clara  en "Jugando a las casitas" que también compone la obra estudiada. Se enuncia lo intangible de la vida que se resiste y perdura más allá del tiempo y de la materia como presencia benigna que acompaña al niño. Es la oposición del  ser y el no ser.

"Tan leve"

Este poema responde a la idea del autor de que todas las composiciones poéticas no nos tienen por qué enseñar algo; con solo ser hermosas y complacer el gusto estético del niño, cumplen una función recreativa que propiciará el acercamiento del pequeño a la lectura. Vuelve a aparecer en estos versos el elemento de la sombra de la noche como misterio que da cabida a lo fantástico y además se intenta llamar la atención del lector utilizando frases de valor apelativo como: ¿viste? Cabe mencionar que el último verso expresa perfectamente toda la poética del poemario que se presenta en la dicotomía entre ilusión y realidad:

quizás fue solo, a lo mejor, un sueño.(6)

"Jugando a las casitas"

En este poema vuelve a aparecer el recurso de la personificación, cuando se le aplica a las muñecas el verbo de acción jugar, además de que se les confiere la facultad de relatar. El poema da el lugar que merece al espacio del juego infantil y todo lo que este implica y proporciona al niño. Otro elemento interesante es la alusión a la persistencia de la vida frente al vacío, que se materializa en las difusas presencias que acompañan al niño en su mundo mitad fantasía, mitad realidad. Esto puede comprobarse en los fragmentos siguientes:

La niña y dos muñecas
juegan a las casitas.
Aunque no ves a nadie,
Reciben sus visitas. (7)

La alusión al pronombre tú está referida a la persona adulta y a su imposibilidad de acceder al mundo de imaginación creado por la niña. Siguen los elementos de misterio, por ejemplo el movimiento acompasado de los sillones que se detienen al unísono, lo que nos hace pensar en presencias sobrenaturales, siempre benignas, que acompañan al niño; tal vez algunas dulces abuelas que ya no están. Estas se pueden atisbar en los siguientes versos:

solos los dos sillones
Se mecen en la sala."(8)
La niña desde el suelo
cuenta al sillón de allá
que el gato de la historia
se fue de casa ya." (9)
Dejaron de mecerse
los sillones a una… "(10)

"Cuando me duermo"

En este poema se refleja la oposición dormirse/ hacer: cuando la lógica implica descanso y nulidad de acción en el momento del sueño, el niño, en cambio, lleva a cabo múltiples actividades. Lo que sucede en sueños tiene tanta importancia para el pequeño, que se equilibra en valor con los hechos diarios del momento de vigilia. Además se nos muestra el terreno de las fantasías, que es muy fértil, pues en él se logran las cosas que jamás podrían ocurrir en la vida diaria y cotidiana. Los sueños son únicos e irrepetibles, lo que los hace más especiales y originales. Lleno de peripecias heroicas, imposibles y maravillosas, el sueño es visto por el niño como un reto. Este poema nos acerca a las riquezas en posibilidades del mundo del infante donde todavía no se ha escrito en el alma el " no se puede".

"Si miras bien"

Este último poema nos muestra la capacidad que tiene el niño de hacer asequible, desde el pequeño espacio de su casa, el abismo inalcanzable de las estrellas. La composición poética que sirve de cierre mantiene una coherencia con la totalidad de la obra, porque hace referencia al elemento del estanque de aguas tranquilas, asociado tradicionalmente con el sueño y por tanto con el título y motivo primordial del poemario. Finalmente aparece la oposición de lo real (estanque no muy hondo) con lo logrado por medio de la imaginación: albergar en este pequeño espacio (el muy profundo abismo estrellado).

En el presente análisis he intentado aportar un grano de arena a la investigación crítica que sobre la literatura para niños se desarrolla en Cuba y brindar un merecido homenaje a Eliseo Diego, creador de tan hermosa obra para nuestros pequeños.

Notas

(1) Diego, Eliseo: Un hondo bosque de sueños (Notas sobre literatura para niños), Ediciones Unión, La Habana, 2008. Pág. 152–153.
(2)Diego, Eliseo: Soñar despierto, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1988. Pag.12. El subrayado es mío.
(3) Ídem. Pág. 13.  El subrayado es mío.
(4) Ídem. Pág. 21-22.
(5) Diego, Eliseo: Obra poética, Ediciones Unión, Editorial Letras Cubanas,  La Habana, 2005. Pág. 111.
(6) Ídem. Pág. 31.
(7) Ídem. Pág. 32.
(8)  Ídem. Pág. 32.
(9) Ídem. Pág. 32.
(10) Ídem. Pág. 32.

Bibliografía

Diego, Eliseo: Soñar despierto, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1988.
Diego, Eliseo: Un hondo bosque de sueños (Notas sobre literatura para niños), Ediciones Unión, La Habana, 2008.
Diego, Eliseo: Obra poética Ediciones Unión, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005.
Elizagaray, Alga Marina: Se hace camino al leer (Itinerarios de rescate de la lectura, el libro y la literatura infantil y juvenil) Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007.
Elizagaray, Alga Marina: La literatura para niños y jóvenes de la Revolución Cubana Editorial Orbe, la Habana, 1979.
Elizagaray, Alga Marina: Panorama de la literatura cubana infantil, La Habana, Palacio de las Convenciones, 1983.

 

“Ahí viene el Coco": La muerte y el VIH/SIDA en ¿Dónde está La Princesa?
Por Ulises Padrón

<< Editorial  Gente Nueva, 2000.

Desde la década de los noventa, Cuba y la literatura inscrita en la isla han sufrido intensos cambios. Cambios que se registran en una perspectiva de la postmodernidad y los diferentes estatus dialógicos e intertextuales que recrean la narrativa contemporánea en un juego autorreflexivo de nuestra realidad más inmediata, desde apoyaturas universales. En ese entreverado de complejas dinámicas sociales y literarias se inserta la literatura infantil cubana que, en sincronía con el macrodiscurso epocal, se apropia de las transformaciones y la nueva realidad social abocada por la crisis económica del Período Especial. En este escenario la “pérdida” de los valores le sirve de escrutinio para (re)crear nuevos presupuestos y hablar de la otredad, de los problemas sociales, de los temas tabúes y de la marginalidad. Es el momento en que aflora en el debate de los intelectuales problemáticas tales como la homosexualidad, el racismo y la racialidad, la religión como instrumento para solventar los problemas sociales, la participación y la sociedad civil en el discurso político.

Surge una nueva generación de escritores que se distinguen de la generación del Cochero azul, por no buscar en la mitología cubana las temáticas y asuntos que sí serían la base de la obra de Dora Alonso, Julia Calzadilla, Nersys Felipe, entre otros. En cambio, la estética de esta novísima generación de finales de siglo XX, está en contar los problemas más urgentes en que vive el lector infantil y juvenil. Se interesa en hacer un viraje temático y sacar de mundos fantásticos o idealizados a los héroes y ubicarlos en barrios periféricos, con los marginados y marginales, con el sujeto homosexual, la muerte, las enfermedades como el VIH/SIDA: muestran la otra “cara de la moneda”. Nombres como Ariel Ribeaux, Teresa Cárdenas, Enrique Pérez, entre otros, advierten los síntomas de las transformaciones de la literatura pensada para el lector más joven.

El escritor Luis Cabrera Delgado (Jarahueca, 1945) se inscribe en ese contexto creativo y en sus obras hay una voluntad explícita de plasmar con una “poética [propia] que dirige su mirada creativa hacia ese Otro, incómodo, diferente y no siempre bien visto dentro de los códigos éticos-morales que rigen cualquier sociedad”(1). En otras obras compuestas durante los noventa, se preocupa porque sus protagonistas sean “ese otro”, ese alter puer que conforma parte de una realidad otra, para mostrarnos los diversos problemas por los que transitan la niñez y la juventud. Pedrín publicada en 1991, dialoga con un niño con discapacidad física, mientras que Mayito de la editorial Unión en (1997), nos narra la vida de un niño inadaptado a la beca. La editora Abril en 1997, saca a luz la noveleta Ito, que narra la historia de un niño con orientación homosexual y El aparecido de la mata de mango relata las peripecias de un niño retrasado mental (Editorial Gente Nueva, 1999).

Luis Cabrera Delgado en la Feria Internacional del Libro (La Habana, 2006) >>

¿Dónde está La Princesa? publicada por la editorial Gente Nueva en el 2000, forma parte del corpus literario de este escritor villareño. En esta noveleta narra las peripecias de un niño que tras la muerte de su madre intenta reencontrarse con ella. De tal suerte que Germancito, protagonista de la historia, en compañía de amigos de la madre realiza viajes a ultratumba con ese fin. Una vez más, en nuestra literatura, la muerte y la enfermedad son tópicos que rigen el discurso narrativo. Pero la particularidad está en que el protagonista, un niño, es el portador del virus, y en el tratamiento que el escritor realiza para reflejar los prejuicios a que es sometido el VIH/SIDA y la muerte tras este virus.

Alrededor de Germancito, Cabrera Delgado crea una serie de identidades estereotipadas que adquieren ante el conflicto del niño una proyección humana y le dedican su último momento para el reencuentro con La Princesa. La madre del niño, ha fallecido y adquiere ese apodo porque cuando salía al escenario como cantante de una banda de rock lo hacía siempre

con unos botines rojos que le llegaban a media pierna, una breve minifalda y una chaqueta de cueros llenas de cadenas y chapas de metal, el pelo negro y lacio hasta la cintura y un cintillo de oro en la frente. (2)

De este modo, Cabrera Delgado da voz a seres marginados (enfermos, homosexuales, drogadictos, exconvictos, rockeros y promiscuos) y es en esta marginación que Germancito y el resto de los personajes adquieren su potenciación máxima. El niño realiza un ciclo de viajes a ultratumba con esta galería de seres atípicos cuya vida está signada a causa del VIH/SIDA y mueren a consecuencia de esta pandemia. La muerte adquiere otras dimensiones, no es vista como destructora, como fin del proceso vital, sino que se reinterpreta, se dota de una factualidad, una objetividad, que subvierte los valores convencionales de ésta y reproduce la vida en ella o al menos una continuidad. De manera pueril el narrador expone:

A  decir verdad, el cielo no se diferenciaba mucho de la tierra, con la sola excepción de que la superficie por sobre la cual se caminaba era mullida como una gruesa alfombra del más fino pelambre, por lo demás, el mismo horizonte, los mismos árboles y las mismas flores.(3)

En este sentido, cuando Bamboleo, personaje homosexual con ilusiones de bailarín, insatisfecho con su vida, asume la enfermedad como una oportunidad de revertir su identidad: “El SIDA es mi boleto de avión para regresar de primera bailarina” (4), para alcanzar una identidad otra y por tanto completa. También Germancito, al adentrarse en el “más allá” como ser mortal, reproduce los mismos valores descritos de la muerte. Por tanto, estos lugares que visita no están dotados de un misticismo ptoloméico u órfico que harían complejas lecturas de la realidad, la muerte y la propia enfermedad. Cabrera Delgado recrea una realidad que humaniza la muerte. El escenario colmado de referencias a edificios, buses turísticos, bares, los usos de la Internet, no solo focaliza una realidad cualquiera, sino que hace que el lector no se extrañe ante el espacio de la muerte.

Luis Cabrera Delgado nos aporta diversas aristas para comprender al VIH/SIDA desde los prejuicios que son propios en los escenarios sociales. No hace más, pues, que recrear la visualidad social de la pandemia, sin amaneramientos y haciendo uso de la ironía en el lenguaje, para relatar cómo Germancito vive y convive con el virus que no sólo es una patología humana, sino que con ella inciden determinados estereotipos sociales que reconocen en el portador un sujeto negativo. Uno de los prejuicios más comunes es la infección por contacto sexual y, por tanto, la culpabilidad del infectado dado a su responsabilidad individual: (5)

Fue entonces cuando se descubrió la situación de la pareja, pero ya era tarde para remediarlo. Estaban infestados por un virus que minaba sus defensas y acabaría con sus vidas. No era el mejor momento para tener hijos, pero ya no había remedio. (6)

Otro tópico es la intolerancia hacia la enfermedad. Cabrera Delgado, hace uso a través de la ironía para contrastar la visión de que los enfermos son seres que deben ser repudiados y por tanto han de estar alejados y controlados en la sociedad:

–– ¡SIDA! –exclamó alarmado, y llamó inmediatamente al Arcángel en Jefe de aquella sección.

––Mira –le confidencialmente–, si habiendo llegado hasta aquí, le negamos el visto bueno, tú sabes los informes que debemos hacer y el papeleo a llenar, así que…--dejó inconclusa la frase para él mismo poner un nuevo y último cuño en el expediente–. Entrégale la boleta. De todas maneras, tienen que pasar por el Tribunal de la Inquisición y por el Comité de los Santos. (7)

Uno de los momentos más dramáticos del relato es cuando el narrador expone que La Princesa fue quien le enseñó a Germancito a leer y a escribir por temor a que, como sus padres, compartiera el virus. Los padres de los niños en el temor al contagio, le negaron a Germancito la posibilidad de asistir a una escuela normal y compartir con otros niños de su edad la vida: “No queremos que nuestros hijos se puedan contagiar--decían.”(8)

Más adelante enfoca el prejuicio en las construcciones que se tiene de ésta sin un basamento científico. Refuerza el temor a la enfermedad reproduciendo el carácter degradativo y negativo que de ella se tiene:

— ¿Las personas que mueren de SIDA no pueden entrar al Paraíso?

—Es muy difícil—le respondió este—. Casi todos van para el Infierno. (9)

Otra cuestión interesante son los diversos referentes que le permiten al autor crear las geografías del ultramundo visitadas por Germancito y que responde a la idea que se construye el personaje sobre la muerte. Si Bamboleo considera la muerte como un estado cíclico que permite la purgación del alma, este reflejo de la muerte ultraterrena está en sincronía con su modo de pensar. Para él la relación vida–muerte es una serie de encarnaciones, en que el espíritu al pasar por la Tierra se enfrenta a una etapa material de purificación “una vez más para cumplir con su karma y con su próxima muerte pasar a un plano espiritual superior”. (10) Esto evidencia los contactos con religiones orientales como el hinduismo, en que el espíritu está condicionado a pasar por determinados círculos de purificación hasta alcanzar el estado Nirvana. Cuando el alma entra en este círculo es que ha alcanzado la perfección puesto que este, según la religión, es superior al bien y al mal.

En Medellín, la muerte significa la nada. Su vida marcada por la drogadicción, se interesa por la futilidad temporal, por el momento presente. “–ahora o nunca–decía siempre” o “—El tiempo es oro” (11) es algo que repite y es una clave para comprender el vacío o la “nada” espiritual en que encuentra su muerte. Germancito después de ir a La Nada en compañía de éste y percatarse que La Princesa no estaba allí, le dejó como recuerdo un dibujo que cubrió el vacío de aquel lugar. En Le Monde y Vidatriste hay reminiscencias a lecturas más occidentales, cuyo modelo más representativo, es si dudas, La Divina Comedia de Dante Alighieri. Le Monde le propone a Germancito El Reino de la Luz que recrea, de una manera muy particular, el Purgatorio dantesco, mientras que Vidatriste lo convida a visitar el Paraíso.

Otro de los aciertos es la ironía. El empleo de este recurso literario no le resta importancia a los tópicos fundamentales del relato, pero al contrastar con la narración hace que la lectura se torne reflexiva, en tanto dialoga con el VIH/SIDA y la muerte. Al ser la ironía un recurso inherente en el relato, está presente en todo momento. De ahí que afecte los contactos que refieren la realidad, como sitio de enlace en que sus componentes sirven de apoyatura a la narración, de manera que juega en momentos con esa realidad ficcionalizada:

[…] Te voy a enseñar mi último titular—cruzó la pierna izquierda sobre la rodilla derecha, se levantó la pata del pantalón y leyó una frase allí tatuada:
Teresa de Calcuta y el Che Guevara se han unido para amarnos. (12)

Luis Cabrera Delgado resuelve varios de los problemas fundamentales por los que atraviesa la LIJ. Logra con ingenio, mostrar temas de complejas imbricaciones sociales como pueden ser la muerte y el VIH/SIDA a través de un relato desgarrante que por momentos nos sensibiliza ante las peripecias del protagonista. Sin embargo, no deja de ser un libro ameno, que no defiende un lenguaje grave y aniñado, a la vez que exige del lector infantil una mayor sensibilidad para mostrar las zonas “oscuras” de la condición humana. Toma de la realidad los problemas en los que se puede circunscribir no sólo la infancia, sino cualquier ser humano.

<< Cabrera Delgado junto a otros escritores.

Luis Cabrera Delgado al articular en sus obras, y en especial ¿Dónde está La Princesa?, los temas tabúes, delata una intención autoral de delinear una realidad inmediata que posiciona en el propio centro al niño. Se vale de las tradiciones literarias cubana y universal en pos del diálogo, de la intertextualidad de las obras, para reproducir los valores y conceptos que persigue. ¿Dónde está La Princesa? no escapa de esta indagación que, el autor, particulariza en la forma y el tratamiento temático. Lo cierto es que al mostrar una realidad vista desde derroteros diferentes, pautados por los convencionalismos y los axiomas morales, recrea una realidad verosímil y humana, y por tanto más sensible.

No esperemos, pues, de esto una lección para la vida, y démosle una vez más la razón a Goethe: “Tenemos que librarnos de buscar lo que educa exclusivamente en lo moral. Todo lo grandioso educa con tal de que nos demos cuenta de ello.”(13)

Notas

(1) Yaima Rodríguez: “¿Dónde está La Princesa?, o la búsqueda de una quimera”, en Upsalón. no.7, marzo de 2010. Cuba. p.73.
(2) Luis Cabrera Delgado: ¿Dónde está La Princesa? Editorial Gente Nueva, La Habana, 2000. p.65.
(3) Ob. cit. p.20.
(4) Ob. cit. p.14.
(5) Yaima Rodríguez: Ob. cit. p.75.
(6) Luis Cabrera Delgado: Ob. cit. pp.66-67.
(7) Ob. cit. p.96.
(8) Ob. cit. p.86.
(9) Ob. cit. p.96.
(10) Ob. cit. p.21.
(11) Ob. cit. pp.55-56.
(12) Ob. cit. p.34.
(13) Alga Marina Elizagaray: En torno a la literatura infantil. Unión de Escritores y Artistas. La Habana, 1975. p. 20.

Nadie en su sano juicio podrá lamentarse de que al fin los adultos hayamos visto que los niños existen.

Eliseo Diego

 

Soy mucho más útil en la literatura para niños
Entrevista a la escritora Olga Martha Pérez

Por Ivette Fernández Sosa

<< Olga Martha Pérez.

Si alguna vez quisiera dialogar con dragones amistosos, murciélagos cinéfilos y magas asombrosas, debería empezar por escribir para los niños. Olga Martha Pérez ha de ser dichosa. Y es que vivir en un mundo cierto e increíble, magnífico y sencillo es un regalo que apenas llega a unos pocos.

Editora, directora de Ediciones Unión, creadora de maravillosos personajes como Papatino y Mamagorda, Frondoso y la Maga Maguísima, Olga Martha es niña siempre. Quizás antes no lo hubiera imaginado pero ser una pequeña más le granjeó miles de simpatías y numerosas incursiones en el mundo musical y radial. El obsequio mayor, no obstante, lo recibimos quienes tenemos la dicha de divertirnos con sus libros.

Olga Marta dice parecerse a la Maga Maguísima, uno de sus personajes más famosos y controvertidos. Pero la Hechicera no es capaz de revelar siempre qué piensa esta mujer, que sin fórmulas para la creación resuelve, día tras día, dedicar su propia fantasía a los chicos.  

Yo escribo, lo que pasa es que lo que sale es para niños. Hay cosas que hago de golpe y que salen así, solas. A veces me siento y lo hago, pero antes estuve como tres días sin hablar con nadie o sin hablar sobre lo que pienso. Pero a esta edad que tengo el oficio me da miedo. Sé que puedo sentarme y llenar la página; y está bien escrito mas no estoy contenta. Hace muchos años Retamar me decía en una clase: “Al principio uno tiene la emoción, después adquiere el oficio, y hay un tiempo en que se tiene la emoción y el oficio, después se te pierde la emoción y te queda el oficio.” Pienso que para los muchachos tengo que tener la emoción. También las ganas de enseñarlos a mirar. Una de las cosas que siempre me propongo es enseñarles mi mirada a esas personas que están empezando a ver el mundo. No es lo mismo mirar nada más la hoja por arriba. Hay muchas cosas más que ver por el envés que por la parte que siempre vemos. Con este concepto es que me parece que soy mucho más útil, mucho más eficiente con la literatura para los niños. Porque siento que a ellos tengo algo que decirles. Cuando he escrito para adultos me estoy diciendo prácticamente a mí misma, cuando escribo para los niños les estoy diciendo a ellos.

Aún sin ser perfecta, Olga piensa que la literatura para niños ha ganado terreno en los últimos años. No piensa que sea menospreciada y que ahora, como nunca antes, una gran cantidad de autores son publicados en diversos sitios del país.

Si bien en una presentación Francisco López Sacha decía que desde los 80 ya venía caminando, yo pienso que es en los 90 cuando la literatura infantil –e increíblemente es un fenómeno que anda paralelo con la literatura escrita por mujeres en Cuba– da un salto. El salto que le hacía falta en calidad, en los temas, en la asunción de la literatura sin temor a los temas o la manera de decir. Y poniéndose a tono con la literatura para niños y jóvenes que se estaba haciendo en ese momento en el mundo. En los 80 comienza a publicarse en Cuba a los autores europeos que dan una nota de modernidad. Fue fundamental la puesta en contacto de muchos de nosotros con esa literatura para saber qué se hacía en el mundo. Pero hubo que pasar por un proceso de digerir todo aquello para poder producir algo que estuviera a tono pero sin dejar de ser uno, sin dejar de ser cubano. Esta maduración viene de los 90.

En el 2000 se mantiene una multiplicidad en la manera de narrar, en la manera de asumir el cuento o la noveleta. Pienso que hay que detenerse en las facturas de esa literatura que se está haciendo. No se trata de que los editores tengan que rescribir los textos, sino de que los autores se detengan sobre sus libros para trabajarlos. No es la generalidad, pero a veces te encuentras temas maravillosos que apenas se quedan en el intento. Eso no se puede permitir porque es una manera de que nos respeten los otros narradores. Los temas están, la asunción de las nuevas técnicas, pero hay que trabajar el lenguaje.

La crítica a los textos infantiles, y la difusión de los escritores, son algunos elementos que, a juicio de Olga Martha, son insuficientes dentro del panorama literario infantil. Nuevas iniciativas podrían revitalizar estas esferas, hasta ahora, deprimidas.

Todavía hay que trabajar mucho en la difusión. En general los escritores somos los grandes desconocidos. A mí me conocen más como directora de Unión que como escritora. Aunque debo reconocer que he tenido grandes tiradas y grandes satisfacciones, como cuando una chiquilla en Villa Clara me trae el libro casi macerado porque lo ha leído todo el mundo en la familia o como cuando voy a Contramaestre y me conocen. En otros lugares de América Latina se hacen más cosas porque se conozcan a los autores que acá. Yo estuve en Quito, Ecuador, el año pasado y se hacían exposiciones con afiches y textos con los autores del país. En República Dominicana le dedican en la feria un día a cada autor, que puede ser para adultos o niños. Es una manera de promocionarlos. Aquí se han hecho determinadas acciones como ir a las escuelas. Yo no tengo mucho tiempo para eso porque le dedico mucho tiempo a mi trabajo al que amo extraordinariamente. Pero cuando voy me divierto muchísimo, sobre todo con los de las bibliotecas. Ellos me escuchan y yo a ellos para saber por dónde anda la aceptación.

En la crítica no hemos avanzado mucho y en el caso de la literatura para niños menos, muchísimo menos. Yo me puse muy contenta cuando logramos armar un tomo con las cosas que había escrito sobre literatura para niños Eliseo Diego. Si existiera esa crítica consciente ayudaría a la jerarquización de los autores, de los libros. Eso nos serviría a los editores.

Olga ahora trabaja en unas biografías apócrifas. Con ellas pretende develar la vida de Ricitos de Oro después de su encuentro con los osos, la llegada del Camarón Encantado al Caribe y nuevas peripecias de María Moñitos, mas después de tanto trabajo, ¿cómo funciona el reconocimiento para quienes escriben literatura infantil?

En la Feria del Libro de Santo Domingo (2005).>>

Nosotros tenemos dos niveles de edad, dos públicos. El primero es el padre que tiene el poder adquisitivo; y el segundo, es el niño que va a elegirnos dentro de los libros que compre el padre. En las bibliotecas la democracia funciona mejor, los pequeños pueden elegir del librero y cuentan con la guía de la bibliotecaria. Para ser escogido tú tienes que convencer a los padres de que eres el bárbaro y eso pasa cuando te dan la propaganda para que te reconozcan. Yo tuve un programa de radio que me ayudó mucho en ese sentido: La Maga Maguísima.

Mi poesía para adultos es muy mala, dice Olga Martha. Sin embargo, asegura haber tenido suerte porque la que ha escrito para los niños le abrió, de manera definitiva, nuevas y deliciosas puertas del arte. 

Hace como dos años atrás hubo una especie de despertar de la lírica que me puso de lo más contenta. Empezó a haber una producción de poesía para niños muy buena. Pero ahora a los autores les ha dado por escribir narrativa. La poesía no es menos elegida que la narrativa, lo que pasa es que da más trabajo. También hay mucha poesía mala. En Cuba se han dado grandes poetas para niños y ahora están los casos de Aramís Quintero, Mildrey Hernández…

Yo no he abandonado la poesía, ella me ha permitido llegar al mundo de la música. Tengo dos libros y estoy armado otro. El primero fue Tricolor que escribí con Vivian Acosta y al que Noel Nicola le puso música. En su momento fue un disco exitoso y que todavía se sigue escuchando porque volvieron a grabarlo trovadores jóvenes. Y después publiqué en la Editorial Oriente Entre la luna y el agua que ahora está siendo musicalizado. He tenido suerte, mucha suerte, y, ojalá a finales de año, se esté grabando el disco con todos los textos míos y música de Alina Torres.

Yo me tengo que divertir con lo que escribo, confiesa Olga. Quizás por eso sus personajes cautivan, pero ¿cuándo tiene un escritor infantil la certeza de que gusta a su público?  ¿Qué secretos posee para seducirlos?

Los niños no tienen compasión. La compasión es un sentimiento adquirido en los seres humanos. Cuando yo les leo me doy cuenta de qué les gusta. Es fatal si ellos se empiezan a poner inquietos. Si los veo removerse en el asiento hago un corte y salto pedazos. Primero tienes que ganarte el auditorio. Es un público difícil. Los niños que asisten de manera asidua a las bibliotecas son pequeños que leen y tienen otra preparación, es el público que más me gusta. Y a veces se conocen tu obra. No hay que cautivarlos, ya lo están.

Entretenimiento, conocimiento, entre otras muchas bondades, ofrece la lectura. Olga Martha se reconoce a sí misma como una lectora empedernida. Reconoce, asimismo, la importancia de fomentar su hábito en los niños.    

<< En la Feria Internacional del Libro de La Habana (2009).

La fantasía y la imaginación crean una inteligencia y una apertura muy amplias. Eso prepara a los niños para cuando vayan a ser personas productivas. Van a ser mejores personas: abiertas a las nuevas ideas y a los nuevos procesos en esas sociedades que van a vivir. La lectura entrena mucho más que una película. Ello supone una actividad mayor de la imaginación y de la fantasía. Eso te abre el mundo y esa es la gran aventura que significa la literatura.

Hace poco leí algo que decía que todos los que somos grandes lectores por lo general hemos tenido una persona que nos descubrió ese mundo. Eso es verdad. A mí me ayudó haber tenido una bibliotecaria fabulosa y el haber vivido en una casa donde vivía un lector empedernido aunque no tuvo un nivel escolar elevado. Yo empecé a leer a Faulkner porque mi papá me lo puso delante. Uno tiene que tener un descubridor para ser un buen lector.

Ojalá lo que yo me he planteado dentro de mis objetivos de vida, que es escribir, y escribir para ellos, y contarles mis historias, que a veces las saco de los lugares más increíbles o por asociación, dé frutos. Ojalá sea lo suficientemente eficiente para mi literatura, como para lograr que mis libros sean una aventura, y lograr entrar en ese mundo y en esas cabezas. Ojalá todo esto sea para algo, además de para divertirse, porque también hay que divertirse.    

 

Tres veces Cenicienta y Penélope sigue esperando
Por Amaya Santana Delgado

Nelson Simón en la FILH (2009).>>

Esta vez nos ocupa un libro dirigido fundamentalmente a los niños, que está compuesto por cuentos de varios escritores pinareños. Se trata de Un, dos, tres… te cuento (2009), compilado por Nelson Simón y René Valdés, en el cual podemos advertir una gran gama estilística y temática. Personajes variados también, como Pepe Cocuyo y Tony Zunzún, duendes, un escaparate, un augur, almohadas, Penélope, Pietro y Carmina, y Cenicienta (tres veces), por sólo citar algunos, están presentes en la obra. 

Una política en boga, y que representa un vuelco en la literatura escrita para niños y jóvenes, es la necesidad de presentar temáticas más reales, más alejadas de esos elementos simbólicos tradicionales que siempre han acompañado a este tipo de composición literaria como son la intertextualidad con los cuentos del folclor universal o el tratamiento de personajes clásicos como reyes, príncipes, hadas, duendes… Si bien en Un, dos, tres… te cuento podemos advertir personajes de este tipo (duendes, príncipes y princesas), hay que destacar que el tratamiento que estos reciben rompe con ese ensueño en el que tanto habían sido enmarcados.

Una de las escritoras que conforma esta composición es Nersys Felipe. En uno de sus cuentos: “Montemar”(1), podemos divisar esa máxima filosófica de que los opuestos se complementan, esta vez relacionada con una temática amorosa, y para ello utiliza como personajes a esos duendes de los que hemos estado hablando. No es la primera vez que en las letras para niños se emplea esta forma narratológica de presentar dos opuestos que terminan interconectados, y recordemos a José Martí, aunque vale destacar que este supera la máxima, y los fines de presentarla están relacionados con temas más profundos, con un fin didáctico muchas veces, y ese no es el caso del cuento que estamos analizando. Tenemos en “Montemar” a dos duendes: Lilola y Belele, que viven solos en lugares completamente alejados y opuestos (Lilola en la playa y Belele en el monte), están aburridos de su hábitat, y por tanto, quieren mudarse.

El mundo de la informática está presente también en uno de los cuentos: “Doblelejos.com” (2), de Alberto Peraza. Esta vez, el internet está asociado con momentos de infelicidad, fomenta la lejanía entre los niños; y es que la protagonista del cuento celebra por primera vez su cumpleaños por internet, y por tanto, no hay pastel, ni globos, ni piñatas, ni fotos, ni amigos con quien compartir y jugar. Ojalá esto quede siempre en las letras.

Nelson Simón reconstruye en uno de sus cuentos presente en el libro: “Penélope” (3), la canción de Joan Manuel Serrat. La intertextualidad dada en el texto con la composición musical se da de forma magistral. El narrador personaje es un niño que hace de testigo y se imbrica de conjunto con su madre en la historia de la singular Penélope, historia que se respeta y se recrea en varias ocasiones en el cuento:

Desde ese mismo banco frente al muelle lo vio partir una mañana hace tanto tiempo que ni el viejo reloj de la iglesia, con su estruendosa voz de campana, lo recuerda. Dicen que se marchó en un pequeño bote y que mientras se alejaba, le juraba su amor y le pedía que lo esperara, y a ella solo le quedó ese pañuelo empapado con el olor de su sudor y con las lágrimas de aquella despedida.(4)

Vean cómo se emplea la frase verbal indefinida (Dicen) presente también en la canción de Serrat.

Es interesante en el cuento cómo se intenta contextualizar la historia de Penélope, y para ello se inserta el personaje en un medio ambiente, el cual no siempre es agradable, placentero: huracanes, un sol radiante que raja las piedras, y las cuatro estaciones del año con sus características, todo con la intención de marcar también el estatismo de Penélope, sentada en el banco, esperando a su amado. El final de la composición es inesperado y queda abierto.

Atención merecen tres textos, que a mi opinión, son los más transgresores, en cuanto a letras para niños se refiere, en Un, dos, tres… te cuento: “Otra historia”(5), de Alberto Peraza; “Fiesta de disfraces”(6), de Pedro Fonte; “Tomasito conoce a Tomasito”(7), de José Antonio Linares, los cuales tienen un indicador común y es la presencia de un personaje muy conocido por los niños y jóvenes del mundo: Cenicienta.

Estos son los casos en los que la historia de príncipes y princesas sirve para enmascarar un poco la temática que se quiere abordar: el travestismo, la homosexualidad en jóvenes. En el primer cuento, Peraza trata de presentar una nueva generación, con los hijos de Cenicienta y el príncipe, pero vean como no es una zapatilla de cristal lo que está persiguiendo el príncipe entre las muchachas pretendientes, esta vez se trata de un sombrero olvidado (prenda ambigua, pues puede ser empleada por ambos sexos) y en la ventana.

El segundo cuento es más concreto, sin ambigüedades. Se trata de un joven de secundaria que quiere hacer lo mismo que sus amigas y aprovecha una fiesta de disfraces para vestirse de mujer (travestismo), bajo el nombre de Rosa La Única, Cenicienta. Lo novedoso de este cuento en relación con los otros, es que también muestra como una joven aprovecha la ocasión para vestirse de hombre, aunque vale destacar que su vestimenta masculina es la menos trabajada. Otro elemento interesante en el texto es cómo se intenta mostrar que el tema de la homosexualidad no es actual, es de antaño. Esta idea se ilustra con personalidades importantes de la cultura y la historia universal a lo largo de los años como César, Calígula y Adriano, Beethoven, Chopín, Dalí y Lorca.

El cuento de Linares tiene un nuevo personaje narrador; es un niño que, a su vez, es testigo indirectamente del travestismo de su hermano (Pedro). La ingenuidad de Tomasito (narrador), no le permite reconocer en Cenicienta a su hermano, es por ello que piensa “¿de qué cuento de hadas puede venir un príncipe mejor que su hermano?”(8) para aquella “con los rizos rubios desordenados por el viento, el traje de lentejuelas y las zapatillas de cristal” (9). Quizás una de las cosas que tenga más trascendencia en el cuento, es las últimas palabras de Tomasito (ante la huida de su hermano), las cuales muestran el amor que sentía por su hermano, sin importarle el sexo que quisiera tener o su orientación sexual:

–No te vayas, Pedro. No importa si eres príncipe o Cenicienta, yo siempre te voy a querer. (10)

Como puede observarse, en los tres cuentos anteriormente analizados hay una intención de presentar el travestismo a los niños a través del personaje (de cuento de hadas) Cenicienta, y esto no es en vano. Cenicienta asiste al baile por la noche con una vestimenta que no le es propia (ver relación con Rosa La Única, aunque en el caso de Cenicienta esta no cambia de sexo con sus atuendos), y huye del baile despavorida, escapando del instante que la convertirá de nuevo en sirvienta; al igual que Cenicienta, Pedro huye, pero esta vez lo hace al ser descubierto por sus padres. 

Notas

(1) Felipe, Nersys: “Montemar”, págs. 39-43, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009.
(2) Peraza, Alberto: “Doblelejos.com”, págs. 123-125, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009. 

(3) Simón, Nelson: “Penélope”, págs. 151-157, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009. 

(4) Ob. cit, pág. 153.

(5) Peraza, Alberto: “Otra historia”, pág. 121, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009. 

(6) Fonte, Pedro: “Fiesta de disfraces”, págs. 169-173, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009. 

(7) Linares, José Antonio: “Tomasito conoce a Cenicienta”, págs. 223-225, en Selección de autores pinareños: Un, dos, tres… te cuento, comps. Nelson Simón y René  Valdés, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2009. 

(8) Ob. cit, pág. 224.

(9) Ob. cit, pág. 223.

(10) Ob. cit, pág. 225

 

Viajando por las mágicas letras de Ada Elba Pérez
Por Kaly Smith Llanes

<< Ada Elba Pérez.

Recuerdo, con la sonrisa en los labios, mis lecturas de niña. Es maravilloso cómo vienen a agolparse en mi mente títulos como: La casita del conejito, Se busca una mamá, Pío pío, El muñeco de nieve, entre otros. La Editorial Malysh junto a Gente Nueva deleitó a mi generación con hermosos libros, no solo por sus ilustraciones llenas de colores e imaginación, sino también por las enseñanzas que cada historia nos dejaba. Estas editoriales al estar a la vanguardia en el quehacer de la literatura infantil, marcaron de una manera especial y gratificante a los más chicos, allá por años 80´ y 90´. Todos estos recuerdos me hacen pensar en la literatura infantil que nuestro país ofrece hoy a la niñez.

Hace un tiempo devoré extasiada Travesía Mágica de Ada Elba Pérez. Cuando cayó en mis manos este libro, recomendado por mi pequeña prima –no me avergüenza confesarlo– que por aquel entonces tendría ocho años, descubrí que el consejo de la infante me marcaría ya para siempre. La sorpresa fue para mi mayor, al constatar que mi primita me guiaba la lectura, dándome sugerencias sobre cómo leer el libro. Me acuerdo en este momento que pensé que la lectura bien fomentada en los niños puede alcanzar niveles tales como ese que presencié en la niña.

Los libros de mi infancia no son los de ahora, aquellos los encuentro en bibliotecas, bastante escondidos y cuidados con mucho celo. Pero, me hubiera gustado leer de niña Travesía Mágica, sin lugar a dudas mi librero y mis ojos lo hubieran agradecido considerablemente. Porque, si he disfrutado de adulta la lectura de este bello libro, de pequeña me hubiera llevado a pasear por lugares desconocidos, incentivando mi fantasía.

Travesía Mágica, siguió asombrándome cuando apareció ante mis ojos su íntima relación con el disco de Liuba María Hevia. Este pequeño libro dirigido a los más pequeños, contiene poemas y canciones. Ada Elba Pérez, su autora, fue una joven poetisa de Sancti Spíritus que murió en un accidente. Por suerte para todos –niños, jóvenes y adultos- su obra para el público infantil ha quedado recogida no solo en los libros sino también en los discos Señor Arcoíris y Travesía Mágica de la cantante Liuba María Hevia y en los videoclips que se han realizado con sus historias musicalizadas. Asimismo, hay que agradecerle a Ediciones SED DE BELLEZA, que en el 2005, realizó la publicación de esta hermosa obra (1). 

Una de las características que llama más la atención y que a su vez constituye un recurso importante en la obra es que lo más cotidiano, y en ocasiones las cosas que se encuentran lejanas o que son extrañas, o que simplemente pueden no gustarle a los niños se llevan a un lenguaje espontáneo, ameno e infantil. Sin caer en simplezas o ñoñerías para con los pequeños se transmiten enseñanzas y se cuentan bellas historias. Los temas que recorren las páginas de Travesía Mágica son: el mar, la noche, la naturaleza y los juguetes. Así, El despertar y Travesía mágica marcan la mañana con el comenzar del día, y la hora de dormir y descansar respectivamente. Estos horarios que a los niños se les hacen en muchas ocasiones detestables, cambian totalmente con estas canciones puesto que descubren la obligación de cumplir con ellos, ya que las palabras persuasivas y bellas de las letras desempeñan este papel. Estela, granito de canela acerca a los niños a la cocina y sus misterios, los adentra a un lugar al que muchas veces les prohíben entrar, pero ahora jugando con las especias la descubren.

En cuanto a las enseñanzas, varias canciones fomentan valores imprescindibles en la vida de los infantes, a la vez que los entretienen. El Cangrejo Alejo educa en cuanto a la actitud hacia los ancianos, mostrando que solo estos poseen la capacidad de transmitir los conocimientos pues son los que tienen la experiencia en la vida, y los más jóvenes deben dejarse guiar y buscar el apoyo de aquellos. Ana, la campana instruye en cuanto a la necesidad de compañía y de compartir las cosas. El tonto de papel alecciona sobre los que no escuchan consejos y por esta causa tienen problemas; de manera suave y hermosa esta canción convence de no ser terco y prestar atención. La luna vanidosa funciona como aclaración del por qué de las fases de la luna, con inteligencia y maestría Ada Elba logra hacer llegar a los pequeños una explicación científica de una manera sencilla y entendible para ellos. Amanecer de la flor enseña el cuidado de la naturaleza y la protección que se debe tener con el medio ambiente, a través de la lección de no arrancar las flores por más que gusten sus olores y colores. Señor Arcoiris promueve la solidaridad y el hecho importante de que se debe repartir amor a todos los que no rodean. Muchas, variadas son las enseñanzas que las canciones y los poemas de este libro originan en los infantes. Además, de que se convierte en fiel compañero de padres que quieran que los hijos se entretengan, aprendan y que sirvan de apoyo las letras para poder cantar con Liuba María Hevia.

Otra de las más grandes virtudes que posee Travesía Mágica es el lenguaje. Esta característica es algo de lo que pocos nos percatamos en la educación actual de nuestros niños. Es que para llegar a mover en los pequeños sentimientos verdaderos y hacernos entender con facilidad hay que combinar lenguaje y temática. Las palabras de la autora son las más adecuadas, no solo para que comprendan, sino también para que acepten las enseñanzas sin imposiciones. En el caso de las canciones son eminentemente infantiles, opuestas a la música que muchísimas veces se les impone a escuchar a los niños y que no es la más adecuada para sus años. Esto nos hace abrir con mayor amplitud los brazos para recibir el libro junto a su versión musicalizada. Igualmente Travesía Mágica contribuye enormemente al hábito de lectura que se les debe inculcar a los niños, ya que los videojuegos y la computadora van ganando mucho espacio a los libros. La diversión en estas letras está garantizada para ellos.

Las ilustraciones es otro mérito reconocido en el libro. Además de bellas, las figuras cobran vida propia para asumir las historias que se cuentan. Las imágenes embelesan por los trazos que consiguen transmitir una ternura y dulzura infinitas. La fantasía y la creatividad rebosan en cada una de las ilustraciones que responden a una canción o un poema específicos, consiguiendo llevar a los niños a un viaje infinito hacia los confines donde se funden realidad con irrealidad inventadas por Madelín Pérez Noa –la ilustradora– de la mano de Ada Elba.

No hay enigma a descubrir, el llegar a los niños, tocarles el corazón, es un don que a pocos les ha sido concedido. Ada Elba Pérez supo entrar en el mundo infantil, lo desentrañó cual niña risueña, y se lo devolvió a los pequeños hecho poemas y canciones. 

Notas
(1) La primera edición de Travesía Mágica la realizó la Editorial Extramuros en el 2001, sin embargo, estamos trabajando con la edición de SED DE BELLEZA.

 

…diré que todo cuanto sé sobre el misterio de la creación poética lo aprendí de un singular, insospechado maestro: el Gato con Botas

Eliseo Diego