Imaginarios: 125 años de El Fígaro

<< Portada del primer número (23 de julio de 1885)

 

A 125 años de la salida de su primer número, El Fígaro sigue atrayendo a lectores de todas las generaciones que van a beber en sus páginas una parte sustancial de la historia y la cultura cubanas. Librínsula, que tanto le ha consultado, no puede menos que rendir su modesto pero justo homenaje.

 

 

 

 

La Avellaneda en El Fígaro: Ecos de un centenario

Por Amauri Gutiérrez

<< Edición de El Fígaro del 22 de marzo de 1914

Pastel hecho por célebre artista húngaro en 1862.>>

I

El primer texto publicado en El Fígaro dedicado a la Avellaneda es un poema de Eugenio Sánchez de Fuentes y Peláez que apareció en 1887 (1). Se realza el valor de estas figuras para la crítica literaria fuera de Cuba (2).

El poeta Eugenio Sánchez de Fuentes y Peláez cuenta una exquisita anécdota acerca de la Avellaneda en la cual se vio envuelto el narrador. De visita en España, le tocó leer en la Corte frente a los reyes pero la etiqueta de la época impedía que se aplaudiera a los poetas durante la lectura. La Avellaneda participó entre otros en la lectura. Al terminar el último poeta, Eugenio Sánchez de Fuentes y Peláez, Tula dio tres golpes en la palma de su mano izquierda con su abanico de nácar y todos los presentes prorrumpieron en un cerrado aplauso. Esa anécdota habla del protagonismo que tuvo la camagüeyana en los salones de la Corte. También le compone el siguiente soneto:

Soneto

Siempre admiré tu ingenio sin segundo,      
Perla de Cuba, hermosa Peregrina,
Fuerte rival de Safo y de Corina,
Reina del canto, admiración del mundo.

De la tórrida zona el sol fecundo
Hoy en tu amada patria me ilumina,
Y ante la Virgen de Belén divina
Por ti me postro con fervor profundo.

Sí cantora sin par del Leño Santo,
Que llena el alma de piedad ferviente
Diste ejemplo inmortal de fe cristiana,

Al ofrecer, vertiendo puro llanto,
Áurea corona de laurel fulgente
A los pies de la Virgen Soberana (3).

Otro poema apareció en El Fígaro unos años más tarde dedicado a Tula por Ricardo del Monte:

La Avellaneda                                                                 Busto del escultor Vilalta de Saavedra.>>

Le dijo adiós a la materna Antilla,
Perla del Mar. La estrella de Occidente
la bañó de esplendor. Palma naciente
se arraiga y yerque en la árida Castilla.

Ante la musa varonil se humilla
a grey de los cantores reverente;
y la patria feliz pone en su frente
lauro en que el oro envanecido brilla.

Si canta, al son del arpa de Quintana
timbra su voz; aunque su igual, ninguna,
cuando en la escena vibra soberana.

Mas un temor mi espíritu importuna:
para llamarla yo Safo cubana
sin amor bastáranle ingenio y cuna? (4)

El crítico Enrique Piñeyro, quien colaboró desde su residencia parisina, mantuvo vivo el espíritu de la Avellaneda en El Fígaro. Otro aspecto no menos interesante es la correspondencia de la novelista Cecilia Böhl de Faber quien firmó su obra con el pseudónimo de Fernán Caballero. Allí hace varias veces referencia a su contacto personal con la Avellaneda durante su estancia en Sevilla (5). Evoca su memoria al recordar cuando joven la coronación de Tula el 27 de enero de 1860 (6). Hace un recorrido por su obra y se detiene en describir su cortejo fúnebre que fue muy pobre (7).

Se reproduce un autógrafo de la poetisa a la Sra. Domitila García de Coronado (8). Se reproducen los poemas “Nuevos lauros” de Aurelia Castillo de González, “A Gertrudis Gómez de Avellaneda” de Luisa Pérez de Zambrana “Espíritu inmortal” de Dulce María Borrero de Luján, “A la Avellaneda” de Patria Rodríguez Tió (9) y “Con motivo del homenaje á Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Ateneo de La Habana” de Pedro Mendoza Guerra (10).

II

En el año 1914, se creó un comité para celebrar el centenario del natalicio de Gertrudis Gómez de Avellaneda que presidía la poetisa Aurelia Castillo de González. Obviamente la revista El Fígaro se hizo eco de esa fiesta.

Allí, entre las diversas actividades planificadas, se pensaba cantar un himno alegórico a la ocasión compuesto por Emilio Blanchet quien ganó entre varios concursantes. Se convocó a un Concurso de “Poesía a la Avellaneda” cuyas bases se publican aquí y los jurados fueron: Eliseo Gilberga, Raimundo Cabrera, Aniceto Valdivia, Ramón A. Catalá y Max Henríquez Ureña.

Asistiría a los festejos en La Habana su sobrina Gertrudis Gómez de Avellaneda quien era española y nunca había visitado Cuba. La esposa del presidente de la República de Cuba la recibiría en Palacio. Enrique José Varona pronunciaría el panegírico y Mariano Aramburu hablará en reunión popular en el Malecón (11).

Se realizó una verdadera jornada de celebraciones entre las cuales se encuentran: “Representaciones de algunas de las obras teatrales de la Avellaneda, un discurso de Mariano Aramburo y Machado, otro de Enrique José Varona, certámenes literario y musical, divulgación de su obra...” (12). El Gobierno de Menocal destinó 10 000 pesos para los festejos.

El 23 de marzo de 1914 se cantó el himno “Gloria a la Avellaneda”. El maestro Miguel González Gómez dirigió los coros que cantaron en el malecón. Se trató de un coro de niñas de la escuela pública. Se incluye un poema de Patria Rodríguez Tió escrito para una velada en honor de la Avellaneda realizada en el Ateneo de La Habana de 1908 que dice así:

A la Avellaneda                 Anverso de la medalla del centenario de la Avellaneda. >>

Tú sí puedes decir que ni la muerte
logra nublar los rayos de tu gloria;
tú sí puedes decir que tu memoria
vence al olvido sobre el mármol fuerte.
Hasta en el fondo del sepulcro, inerte,
te ciñen el laurel de la victoria;
y buscan en el libro de tu historia
la hermosa luz que tu recuerdo vierte!
¡Oh egregia musa del solar cubano,
que conquistaste en amplios horizontes
fama y honor contra el desdén humano!
Oye el eco de amor de tus sinsontes,
y escucha en él tu canto soberano
que aún repiten tus valles y tus montes! (13)

El Comité creado para el Centenario de la Avellaneda le encargó el discurso de gala a Enrique José Varona quien hizo en él afirmaciones muy negativas acerca de la poesía española de los siglos XVI y XVII. Esto provocó una respetuosa pero firme crítica del ensayista dominicano Pedro Henríquez Ureña:

“No: lo que asombra y entristece es el desconocimiento y la indiferencia que revelan esos párrafos respecto de la poesía lírica de los Siglos de Oro. Diríase que Varona recordó en esos momentos el curioso libro de mi distinguido compatriota Nicolás Heredia sobre “La sensibilidad en la poesía castellana”. Pero si este se explicaba por motivos del “momento histórico”, las frases de Varona no se justifican.

No se justifican, porque son hijas de la ligereza, y su autor rara vez peca de ligero. Su autoridad es grande, y aún los que la discuten reciben a la larga su influencia. Y si los conceptos de Varona sobre la gran poesía española se difundieran, y los aceptara como buenos la nueva generación, se habría hecho un daño a la cultura cubana”. (14)

Continúa más adelante con su ataque a Varona e impugna ahora los criterios estéticas desde los cuales se realizó, en el discurso referido, la valoración de la lírica de los siglos XVI y XVII:

“No creo que Varona acepte a estas horas las minuciosas clasificaciones de la perceptiva seudoclásica; pienso que se le deslizaron con la prisa en el discurso. Quien conoce las modernas corrientes de la estética –para ello bastaría con la obra monumental de Menéndez Pelayo–, no ignora el escaso valor de la clasificación de los géneros, que el insigne Benedetto Croce, por ejemplo, quiere abolir totalmente, pero que, en caso de aceptarse, no deberá pasar de los términos en que la puso Hegel”.

Enrique José Varona, quien conservaba su cátedra de filosofía en la Universidad de La Habana y a la sazón era vicepresidente de la República, contestó en el número siguiente de El Fígaro:

“... entiende que pequé de ligero, al aludir a la poesía lírica española anterior a Quintana. Podré estar equivocado; más aún: podré ir errado; lo estaré, e iré descarriado para cuantos piensen como usted. Pero puedo asegurarle que no dije entonces nada que no responda a mi convicción. Será falta de gusto, será ignorancia, será miopía intelectual, me habré atascado con el pobre Hermosilla, atrabiliario y todo como era; mas no he de acogerme al seguro de la prisa del discurso. No; si hay pecado, lo cometí a sabiendas”. (15)

En el fondo, detrás del juicio de Varona sobre los poetas españoles de los siglos XVI y XVII, hay un profundo anticlericalismo y una mentalidad de lo secular como lo correcto que se impone en su juicio de valor estético. Esta polémica refleja un enfrentamiento generacional entre los criterios de Varona y la generación de intelectuales cubanos que emergía a la ciudad letrada como José María Chacón y Calvo e, incluso, ensayistas posteriores como Mirta Aguirre quien escribió en dos tomos su obra La lírica castellana de los Siglos de Oro.

A lo largo del año, se publicaron una serie de textos críticos relacionados con la Tula. Sobre su obra dramática, escribe un breve ensayo la poetisa española Blanca de los Ríos Lampérez quien estuvo de visita en Cuba por esas fechas (16). La cubana Laura García de Zayas Bazán reseña su epistolario amoroso con Cepeda (17). El bibliógrafo Domingo Figarola Caneda da a conocer un fragmento del libro de Memorias inéditas de la Avellaneda (18) en preparación, del cual aparecieron solo 500 ejemplares numerados y que cedió al Comité del Centenario para su distribución (19). La joven poetisa camagüeyana Isolina de Torres de Barthelemy le dedica una oda a la Avellaneda, de la cual citamos la última estrofa:

Reverso de la medalla del centenario de la escritora.>>

Cuando Cuba en su seno
Tenga tus restos con amor guardados,
Cubiertos de laureles;
Cuando se alce tu estatua en sus vergeles
Y pedestal formemos a tus plantas
Con perlas y corales,
No habrá voz que no cante tu grandeza,
Ni pecho que te niegue tus amores,
Y tu genial cabeza
Se rodeará de vívidos fulgores…!
Y entonces asombrada
De tantas maravillas,
Se oirá mi voz gritar entusiasmada:
¡Cubanos, de rodillas! (20)

Tal y como lo refleja este último poema, el centenario de la Avellaneda fue una excelente ocasión para que se moviera el tema del regreso a Cuba de su restos. Esa es una espina aún no resuelta en el devenir afectivo de la nación, de ahí los versos: “Cuando Cuba en su seno / Tenga tus restos con amor guardados”.

Los festejos no se limitaron a La Habana. En Cárdenas, en la Sala Santa Gertrudis del hospital “Santa Isabel”, se colocó una tarja conmemorativa del centenario de la Avellaneda. Se ofreció un desayuno a los enfermos, se rodeó un retrato de Tula de flores y Arturo Fernández Llebrez pronunció un discurso. Todo lo anterior se organizó por el Comité “Por la Avellaneda”, encabezado por la Srta. María Luisa Toledo, su presidenta, y la Srta. Rosa A. Toledo, la tesorera (21).

III

La revista El Fígaro ofrece una abundante iconografía de Avellaneda en una pluralidad de soportes artísticos. Se reproduce el busto inaugurado en el Ateneo de La Habana realizado en Roma por el escultor cubano Villalta de Saavedra (22). El mausoleo de la Avellaneda en Sevilla aparece en un par de ocasiones (23). Se reprodujo la emisión de la medalla conmemorativa diseñada por el artista colombiano Marcos Tobón Mejía quien residía a la sazón en Italia y se imprimió en oro y bronce (24). Otro ejemplo es la tarja realizada por el escultor Ramón López en Cárdenas (25). En 1921, la Secretaría de Instrucción Pública de Cuba convocó a un concurso para realizar un monumento a la Avellaneda. Allí se presentaron tres proyectos de los escultores Covllaund Varuela, Esteban F. Betancourt y Manuel Pascual cuyas maquetas El Fígaro reproduce (26). Este último fue quien recibió el premio del concurso (27) y se construyó luego en Camagüey, más tarde se reprodujo (28). Se muestra el retrato hecho por un artista húngaro en 1862 (29).

 
De la maqueta presentada por Covllaund Varuela.


De la maqueta presentada por Esteban P. Betancourt.


De la maqueta presentada por Manuel Pascual.

IV

Después del Centenario de la Avellaneda, la presencia de la poetisa en El Fígaro se mantuvo. Se publican unas cartas inéditas (30). Reseña las Poesías Escogidas por Gertrudis Gómez de Avellaneda, publicadas por la Editorial Franco-Ibero Americana de París (31). Reseña la tesis de doctorado titulada The life and dramatic works of Gertrudis Gómez de Avellaneda (1925) del norteamericano Edwin Bucher Williams para recibir su grado en la Universidad de Pennsylvania (32).

V

<< Figura principal del monumento de Manuel Pascual.

Si bien El Fígaro ha sido el paradigma de la literatura del cambio de siglo y muy especialmente del postmodernismo en Cuba, no renunció a un paradigma romántico propio de la segunda promoción decimonónica. Es por ello que el homenaje a la Avellaneda o a Milanés por sus respectivos centenarios se insertan en los discursos identitarios de una nación que se está gestando. El canon romántico se asume por el modernista sin ninguna contradicción estética a partir del orgullo patrio como elemento articulador. La comunidad letrada en Cuba estaba más allá de las normas y las modas establecidas. Se podía venerar a un poeta romántico por un gusto modernista evidente porque convivían varios modelos estéticos en perfecta armonía. El modernismo literario no supuso una negación de lo romántico, del mismo modo la modernidad civilizatoria del siglo XX no anuló aquello que se tuvo por progreso en el pasado. La misma polémica antes mencionada entre Pedro Henríquez Ureña y Enrique José Varona es un eco de esta situación. El dominicano reclama la pureza de un canon estético europeo y el viejo profesor de filosofía cubano lo rechaza. Para Varona, el paradigma literario en Cuba se inicia con el romanticismo y ve a los Siglos de Oro de la literatura española como anquilosados y ajenos a su realidad. El joven dominicano no puede comprender del todo esa postura tan iconoclasta. 

     
                                                       Mausoleo de la Avellaneda en Sevilla.

Notas

(1) Sánchez de Fuentes y Peláez, Eugenio. “A la Avellaneda”. El Fígaro. Año III, No. 32, 25 de agosto de 1887. p. 4.
(2) Montoro, Rafael. “Heredia y Plácido y la Avellaneda”. El Fígaro. Año VIII, No. 1, 15 de enero de 1892. p. 2.
(3) Eugenio Sánchez de Fuentes y Peláez. “Mis relaciones con la Avellaneda”. El Fígaro. Año VIII, No. 31, 4 de septiembre de 1892. p. 9.
(4) Ricardo del Monte. “La Avellaneda”. El Fígaro. Año XVI, No. 49, número especial de cambio de siglo, 1900. p. 583.
(5) Piñeyro y Barry, Enrique Nemesio. “Fernán Caballero y la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXI, No. 1, 1 de enero de 1905. p. 2.
(6) Piñeyro y Barry, Enrique Nemesio. “La coronación de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXIII, No. 5, 3 de febrero de 1907. p. 50.
(7) Piñeyro y Barry, Enrique Nemesio. “La Avellaneda y Safo”. El Fígaro. Año XXVII, No. 4, 22 de enero de 1911. p. 44.
(8) Gómez de Avellaneda y Arteaga, Gertrudis. “Autógrafo”. El Fígaro. Año XXIV, No. 50, 13 de diciembre de 1908. p. 631.
(9) “Poemas”. El Fígaro. Año XXIV, No. 50, 13 de diciembre de 1908. pp. 632-633.
(10) “Poema”. El Fígaro. Año XXIV, No. 50, 13 de diciembre de 1908. p. 635.
(11) “El centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 1, 4 de enero de 1914. p. 3.
(12) “El Centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 12, 22 de marzo de 1914. p. 137.
(13) “El Centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 13, 29 de marzo de 1914. p. 155.
(14) Henríquez Ureña, Max. “En defensa de la lírica española. Apropósito del discurso del Dr. Varona sobre la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 20, 17 de mayo de 1914. p. 235.
(15) Varona, Enrique José. “Una respuesta del Sr. Varona”. El Fígaro. Año XXX, No. 21, 24 de mayo de 1914. p. 247.
(16) Ríos Lampérez, Blanca de los. “La Avellaneda autora dramática”. El Fígaro. Año XXX, No. 18, 3 de mayo de 1914. pp. 209-210.
(17) García de Zayas Bazán, Laura. “Algunas observaciones relativas a la publicación de las epístolas amorosas de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 14, 5 de abril de 1914. p. 163.
(18) Gómez de Avellaneda, Gertrudis. “Diez y ocho días en Bordeaux”. El Fígaro. Año XXX, No. 13, 29 de marzo de 1914. p. 150.
(18) “Memorias de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 24, 14 de junio de 1914. p. 283.
(19) “Oda a la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 44, 1 de noviembre de 1914. p. 520.
(20) “Actividades”. El Fígaro. Año XXX, No. 30, 26 de julio de 1914. p. 363.
(21) Gómez de Avellaneda y Arteaga, Gertrudis. “Autógrafo”. El Fígaro. Año XXIV, No. 50, 13 de diciembre de 1908. p. 631.
(22) Gómez de Avellaneda y Arteaga, Gertrudis. “Autógrafo”. El Fígaro. Año XXIV, No. 50, 13 de diciembre de 1908. p. 631.
(23) “El centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 1, 4 de enero de 1914. p. 3.
(24) “La medalla del Centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 24, 14 de junio de 1914. p. 283.
(25) “Actividades”. El Fígaro. Año XXX, No. 30, 26 de julio de 1914. p. 363.
(26) “El Monumento a la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXXVIII, No. 11, 8 de mayo de 1921. p. 151.
(27) “El monumento a la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXXIX, No. 2, 8 de enero de 1922. p. 27.
(28) Acevedo, de Luciano. “Una tesis sobre la Avellaneda”. El Fígaro. Año XLIII, No. 2, 10 de enero de 1926. p. 5.
(29) “El Centenario de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXX, No. 12, 22 de marzo de 1914. p. 137.
(30) Rodríguez Marín, Francisco. “Unas cartas de la Avellaneda”. El Fígaro. Año XXXVI, No. 39, 12 de octubre de 1919. p. 1094.
(31) Avilés Ramírez, Eduardo. “Bibliografía”. El Fígaro. Año XL, No. 14, 9 de septiembre de 1923. p. 203.
(32) Acevedo, de Luciano. “Una tesis sobre la Avellaneda”. El Fígaro. Año XLIII, No. 2, 10 de enero de 1926. p. 5.

 

Una leyenda de la danza en El Fígaro
Por Roberto Méndez Martínez

En la portada de El Fígaro (14 de marzo de 1915).>>

Entre 1915 y 1919, la gran bailarina rusa Anna Pavlova realizó tres temporadas en La Habana. Era la estrella indiscutible de esos tiempos, ante ella se inclinaba el público de toda Europa y su nombre se asociaba en las críticas con el colmo de la elegancia, la ligereza y la capacidad de evocación. Desengañada del rumbo vanguardista que tomaba la estética de los Ballets Rusos de la mano de Diaghilev y Nijinski, ella forjó su propia compañía, para imponer su estrellato sin rivales, con obras tradicionales o creadas por encargo para su único lucimiento.

En la primera temporada, sentó sus reales en el Teatro Payret, aunque desde allí se desplazó hasta Cienfuegos y Matanzas. La prensa se deshizo en elogios de sus interpretaciones de piezas como La muerte del cisne, La mariposa y Bacanal de otoño. Los poetas quisieron dejar también su testimonio excepcional. Desde El Fígaro, la publicación cultural cubana más importante de la época, el poeta Federico Uhrbach (1873-1932), colaborador de esta publicación desde 1893 y que había sido por un tiempo su jefe de redacción, alzaba su panegírico en un tono que es todavía romántico:

“Cuando danzas, cuando vagas, cuando giras, ¿desciendes a la tierra o te elevas de ella? Nadie puede decirlo. Tu dominio es el aire. Tú misma eres el aire, porque como el ambiente, transmites a las almas el perfume, la luz y la armonía. Desciendes a la tierra porque nos traes un poco de la gracia del cielo, de su impalpable encanto. Asciendes de la tierra porque la purificas e idealizas con tu arte que es idea y es pureza”. (1)

Pavlova retornó en 1917. En esta ocasión, se presentaría en el Teatro Nacional,  heredero del antiguo Tacón, entre el 8 de febrero y el 3 de marzo, con Giselle, Coppelia, Las ondinas, una versión de Carmen y algunas piezas breves. Mariano Brull (1891-1956), uno de los fundadores de la vanguardia poética en Cuba, había publicado el año anterior su primer libro de versos: La casa del silencio. La maestría de la danzarina y la propia estética del ballet clásico que ella representaba iban a fascinar al joven abogado camagüeyano, quien, apenas unas horas después de salir del teatro, entregaría a El Fígaro, un poema en doce estrofas consagrado a la artista, que apareció el 11 de febrero de 1917.

Antes de componer su poema, Brull pudo haber presenciado dos funciones de la artista, la del 8 de febrero que inició la temporada con Giselle, La Mariposa, Bacanal de otoño y otros divertimentos, y la del 10, que tenía como obra principal a Coppelia y varias piezas breves, entre las que la estrella interpretaba una Escena de danza y Las ondinas.

El hiperbólico texto, muy influido por Darío, en el que el autor anuncia que con esta bailarina y su arte nacen un nuevo paganismo, cuya fuerza es tal que en otro tiempo hubieran podido retardar el surgimiento del cristianismo, demuestra que quedó particularmente prendado por el desempeño de la bailarina en el pas de deux Bacanal de otoño –coreografía de Mijail Mordkin, sobre música de Alexander Glazunov, que evoca, de manera muy estilizada, los festejos dedicados al Dios del Vino, después de la vendimia.

Brull cree descubrir la influencia helénica en la armonía de sus movimientos y exclama, poseído de un entusiasmo poderosísimo:

Tú fuiste de la estirpe que al Olimpo blasona;
ungida por el óleo del antiguo esplendor
no ha olvidado tu mano el tirso, y la corona
es en tu frente ahora celeste resplandor.
(…)
Consagraste el racimo a tu dios, a Dionisos
en la fiesta sagrada del pagano esplendor;
te embriagaste de vida y animaste los frisos
con la fe de tu gracia y el poder de tu amor.
(…)
Hallarán en tu ser maravilloso y fuerte
La perfecta alegría y el no hallado candor
La voz irrevelada del amor y la muerte
El sentido profundo de la vida en dolor (2).

En ese mismo número, vio la luz el artículo “Reaparición de Anna Pawlowa” firmado por Luis A. Baralt Peoli (1849-1933), pedagogo y crítico teatral, fundador del Ateneo de La Habana en 1902 y primer presidente de la Sociedad de Fomento del Teatro en 1910. Residió durante años en Nueva York, junto a su esposa Blanche Zacharie, en un hogar donde Martí era recibido con frecuencia como amigo muy íntimo. Era, además, suegro de Mariano Brull.

Hombre de cultura amplia, conocedor de lo más notable del teatro dramático de su tiempo, no tenía experiencia, sin embargo, en el terreno del ballet, pero al asistir a la función de Giselle del 8 de febrero, con Pavlova y Volinine en los roles centrales, sintió una sincera emoción que se vio obligado a describir de manera más poética que técnica:

“¡Qué manifestación de arte tan puro, tan refinado, tan alto! He aquí al gran arte, el que puede ponerse al lado de las más elevadas actividades humanas. Una obra idílica, llena de poesía, espiritual y dramática en alto grado, interpretada por una artista que reúne todas las raras condiciones que requiere su difícil encarnación. Gran privilegio el del público que tuvo la dicha de presenciar tan exquisito espectáculo. En todo él flotaba esa atmósfera de finura, de luz, de castidad, de armonía, que siempre brilla en las obras del arte verdadero. El baile de Pawlowa es algo tan excelso y profundo, que no se puede apreciar en todo su valor estético sino después de haberle consagrado un detenido estudio”. (3)

Es preciso recordar que esa coreografía de Jean Coralli y Jules Perrot, había sido estrenada en La Habana en 1849 por la compañía funambulesca Los Raveles, más de seis décadas después era toda una novedad para el público del Nacional, que volvía a descubrir, junto con la obra, al ballet como género danzario. Baralt no llegó a saber que una cubana, Alicia Alonso, justo una década después de su muerte, ocurrida en 1933, debutaría en el papel de Giselle, precisamente en la ciudad de Nueva York, donde él había sido crítico teatral del periódico The World y que en el mismo coliseo de Prado y San Rafael, la obra arrancaría muchos aplausos en una versión cubana que iba a conquistar hasta la mismísima escena de la Ópera de París, donde había tenido lugar su estreno.

La última visita de Pavlova a La Habana, tuvo lugar en el invierno 1918-1919, cuando se incorporó a la compañía operática organizada por el empresario italiano Adolfo Bracale, para interpretar los bailables de óperas como Rigoletto, Mefistófeles, Traviata y Aida. No hubo entonces ni sombra de los triunfos anteriores. Como era común en la época, se procuraba buscar estrellas para atraer la atención del público, pero la puesta era descuidada, los extras apenas ensayaban, vestuarios y decorados se alquilaban a ciertos teatros europeos que los habían desechado de puestas anteriores, en fin, el resultado artístico era bastante patético y la danzarina no podía suplirlo todo con su presencia. 

Sin embargo, la estrella no mostró amargura por las contrariedades de la temporada –ni siquiera cuando le robaron un perro faldero que la acompañaba a todas partes. Entrevistada para El Fígaro por el muy cosmopolita periodista nicaragüense Eduardo Avilés Ramírez, por entonces en La Habana, ella se refirió al largo y fatigoso viaje para bailar en el Teatro Oriente de Santiago de Cuba y afirmó que había gozado de aquel recorrido: “en verdad que me han encantado las risueñas perspectivas, las palmeras enhiestas, y el sol”. (4)

Pavlova se presentó por última vez en Cuba el 11 de enero de 1919, en los bailables de la ópera Fausto (5). Nunca retornaría a esta Isla. La muerte, en forma de una galopante pleuresía, alcanzó a la estrella en La Haya, Holanda, en 1931, en vísperas de actuar en el Teatro de la Moneda de Bruselas. Más que a la historia, pasaba al mundo etéreo de la leyenda.

Notas

(1) Federico Uhrbach: “Anna Pavlova, la maravillosa bailarina rusa que actúa en el Teatro Payret”. En: El Fígaro XXXI (11), 14 de marzo de 1915, p.155.
(2) Mariano Brull: “Ana Pavlowa”. En: El Fígaro XXXIII (5), 11 de febrero de 1917. Aparece también en: Poesía, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1983, p.79-80.
(3) Luis A. Baralt: “Reaparición de Anna Pavlowa”. En: El Fígaro XXXIII (5), 11 de febrero de 1917, p.98.
(4) Eduardo Avilés Ramírez: “En el “lodge” de la bailarina Anna Pavlova”. En: El Fígaro XXXVI (1), 5 de enero de 1919, p.8.
(5) Francisco Rey: Anna Pavlova en Cuba, Ediciones Cuba en el ballet, 1996, p.17.

 

Manzanillo en la revista El Fígaro

Por Andy Aquino Agüero

No hay vanidad en decir que, desde el mismo momento de su creación, ha sido la revista El Fígaro uno de de los fenómenos culturales más pertinentes de Cuba. Habanera en sí misma reunió lo más avanzado del pensamiento cultural cubano. Sin duda alguna, El Fígaro fue una de las publicaciones que jugó un papel trascendental para la Modernidad y el cambio de siglo, eco de una época de transformaciones, unas más violentas que otras. Al mismo tiempo, promocionó una expresión genuina de cubanía, autóctono reflejo de su momento.

Desde el punto de vista visual, El Fígaro significó la entrada de Cuba en la Modernidad, al asumir la propuesta del Art Noveau como vanguardia europea, la cual aporta una singular visualidad al adaptarlo a las condiciones y temáticas genuinamente cubanas.

Una revista con esta tendencia fundamental no podía supeditarse entonces a ser la expresión solo de una ciudad, no podía ser solo la resonancia de La Habana, sino que debía incorporar cada territorio de la isla y sus particularidades con el propósito de lograr una arquitectura perfecta de la nación.

El análisis del número monográfico (1) de Manzanillo en El Fígaro nos muestra cómo se hace crónica social adecuada a las localidades, cómo se buscan lectores en provincia, cómo se construye una identidad regional, cómo se estructuraba una monografía en aquella época y por último cuáles son los mecanismos de legitimación que rodean el proceso de confección de la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX en Cuba.

II

Hay en ella un marcado discurso nacionalista que asume las identidades regionales como parte indispensable de un todo que se va configurando poco a poco, como se expresara en la propia nota editorial del monográfico preparado especialmente para la ciudad de Manzanillo:

“Así, consagrando esta edición a Manzanillo, continuamos la serie de números especiales que dedicamos a la vida, noble e intensa, de las provincias cubanas, con el propósito levantado y patriótico de ofrecer, en una síntesis, el prodigioso desenvolvimiento de la República, orientada de modo definitivo, por sendas de progreso.

Es para nosotros un placer intenso rendir un homenaje sincero de respeto y consideración a los valiosísimos elementos que radican en el interior de Cuba, constituyendo con sus actividades, el nervio vital de la nación, los paladines esforzados de sus riquezas”. (2)

Si partimos desde esta óptica, El Fígaro tiene un enorme interés en presentar la Isla tal y como es, fundamentalmente a partir de 1902 con la instauración de la República, lo cual supone una necesidad de enfrentar los regionalismos decimonónicos en un nuevo conjunto.

Las colaboraciones de tema manzanillero en El Fígaro ubicadas a partir de la utilización del Índice de El Fígaro, publicado por Fermín Peraza y Sarausa son: Eulogio Horta (3), “Manzanillo, notas y sensaciones”; Ricardo Parejas Lamas (4), “Al llegar a Manzanillo y después...”; Ramón Agapito Catalá y Rives (5), “Cámara Comercio, Agricultura e Industria de Manzanillo”; A. García Vidal (6), “A través de la República. De Manzanillo” y Celedonio Borbolla Rosales (7), “De Manzanillo”.

Es importante comentar que, aunque se ubican solo cinco materiales relacionados con Manzanillo en el Índice de El Fígaro dentro de los que figura una edición especial sobre la ciudad del Golfo del Guacanayabo, existen otros trabajos más pequeños que también reflejan la vida de los manzanilleros en el contexto de actuación republicano. Todos ellos representan la idiosincrasia de los hombres y mujeres del territorio desde sus respectivas aristas: intelectualidad, prensa, educación, industrias, comercio, etcétera.

En la revista El Fígaro, se pueden apreciar tres periodos fundamentales sobre la temática de Manzanillo: la primera antes de 1920 pues es el periodo en el que se sitúan artículos anteriores al número monográfico, la segunda en este último año mencionado a partir de la publicación de un extenso número monográfico y la tercera posterior a 1920 hasta el fin de la revista.

En el primer momento, trasciende la visión de artículos con las opiniones de los visitantes:

“La próspera ciudad del Sur que visité hace cinco años se ostenta hoy más bonita que en aquellos días de la paz española, [...] los ingenios de la costa animan el paisaje con sus torres erguidas [...].

Adivínase sin esfuerzo que la ciudad natal de Merchán y Masó, es centro de diligente actividad. Todos los transeúntes tienen el aire de hacer algo y de pensar en alguna tarea de próxima ejecución.

Su parque central, antes abandonado, se va cubriendo de flores, como si la diosa Primavera le prodigara sus dones risueños. Pero el secreto está en otra parte, en la actividad de las lindísimas jóvenes manzanilleras”. (8)

Desde este ángulo social Manzanillo brindaba a los lectores de la revista El Fígaro una percepción simple y rutinaria, como siempre se mantuvo la imagen de los pueblos pequeños ante la movilidad cultural y económica de las grandes ciudades como La Habana.

En 1920, se publica un número monográfico que define un segundo momento en la imagen de Manzanillo desde las páginas de El Fígaro como publicación. A 18 años de la instauración de la República, El Fígaro permitió redimensionar la imagen de Manzanillo, pueblo que contaba ya con el empuje de una historia y el realce de una favorable situación económica:

“Proyéctase con júbilo la linterna de El Fígaro hacia la costa sureña de la región oriental, donde fulge, con esplendor, la gentil ciudad de Manzanillo, dos veces en volcar el cofre de sus riquezas: en 1868 con Céspedes, y con Masó en 1895 para iniciar la cruzada libertadora”. (9)

El tercer periodo fundamental devino hasta el fin de la revista en la que se sucedieron artículos más pequeños que redundaban en la descripción de la vida de los manzanilleros y sus principales eventos territoriales. Se destaca el trabajo como colaboradores de A. García Vidal quien mantuvo la constante actualización del trabajo de los manzanilleros y esencialmente de la “Comisión de Damas de Manzanillo” en la sección “A través de la República...” y C. Borbolla Rosales en la sección “Crónica Social”.

Una particularidad que se mantuvo en todo el flujo de la información que se publicaba en esta revista, en los tres periodos mencionados, fue el marcado carácter nacionalista sin perder la influencia de las élites, tanto culturales como económicas.

III

La dinámica de Manzanillo cambió notablemente a partir del periodo republicano:

“Ya en el Censo de 1907 Manzanillo contaba con 54 906 habitantes en 6 155 kms2, era el municipio más extenso, más poblado y fuerte económicamente a partir de que contaba con los territorios de Campechuela, Media Luna, Niquero y Pilón, así como sus respectivas fuentes económicamente. Manzanillo era el puerto importador y exportador más importante de la región.

Entre los años 1902 y 1924, Manzanillo perfiló nítidamente la industria azucarera como baluarte económico regional con altos índices de exportación de azúcar, mieles y alcohol”. (10)

Expresar este enriquecimiento regional, motivó en 1920 a la revista El Fígaro y su complejo editorial, a preparar un extenso número monográfico sobre Manzanillo:

“Manzanillo, con justos títulos, figura con brillantes entre nuestras poblaciones principales, por su posición, su historia y su labor.

Fragua un día glorioso de los grandes ideales, supo con denuedo colocarse en la guerra a la vanguardia de las épicas redentoras de Cuba y en la paz es transformación en templo de cultura y taller que trabaja, manantial caudaloso de la prosperidad de la República.

Así, lo apreciarán los lectores al recorrer estas páginas donde arden para Manzanillo nuestros sahumerios votivos, encendidos por la admiración y el cariño para rendir a este pueblo gentil y meritísimo el homenaje de El Fígaro”. (11)

El número monográfico sobre Manzanillo en El Fígaro, cuenta con un espacio extenso editado de cincuenta y cuatro páginas, con una cantidad de cincuenta artículos y ciento cincuenta fotografías. Comparativamente mucha más información que aquella dedicada a otros monográficos sobre las ciudades relevantes de la antigua Provincia de Oriente, nos referimos a Bayamo, Guantánamo, Holguín y Santiago de Cuba, a pesar de ser esta última la cabecera provincial.

Extenso pero muy preciso en sus datos, el monográfico recrea la vida de los manzanilleros que constituyen el high life de la región, baste decir que es el Fígaro una revista que tiene como lectores fundamentales las élites que en sus páginas se reflejan: “El Fígaro es lectura acostumbrada de la buena sociedad”. (12)

Se dividen los cincuenta artículos en tres bloques fundamentales: nueve con temáticas generales, diez en torno a tópicos culturales y el mayor grueso, con un total de treinta y un artículos, acerca de cuestiones económicas.

Los artículos generales son: “Al llegar a Manzanillo y después...” (13), “La Gema de Oriente” (14), “In Memoriam a Sebastián Lleó” (15), “Homenaje” (16) dedicado a la violinista manzanillera Srta. Josefa Pujol, “El jubileo de un bufete” (17) de León Morado, Fernández Acosta y Rey Viamonte, “El Señor Manuel Díaz” (18) quien era el Administrador de la Aduana, “Cuerpo de Bomberos de Manzanillo” (19), “Un gran financiero” (20) sobre Francisco Gutiérrez y “Un médico distinguido” (21) acerca del Dr. E. P. García Agreda. Se recoge a Manzanillo desde la visión del visitante, su opinión acerca de sus pobladores, la imagen de la ciudad y sus principales centros:

“Conocimos a Manzanillo por dentro. [...] Sin ser una ciudad moderna, sin que brinde confort al forastero, se hace agradable por múltiples motivos. Posee la ciudad diversos Centros de cultura y esparcimiento, entre los que descuellan, las prestigiosas sociedades El Liceo, El Casino Español, Círculo Manzanillo, El Centro Gallego. Dos elegantes y modernos parques embellecen la ciudad, y unos alrededores pintorescos dan magnífico realce a sus encantos naturales”. (22)

Se define en la publicación el criterio propio de manzanilleros que residen en otras regiones del país y la forma en la que añoran su tierra:

“Allá en mi imaginación, en lo íntimo del espíritu, veo a mi ciudad natal, a esta larga distancia, adormida a los ritmos tiernos de dulce y lánguida canción que, día a día, entona el mar sureño, el cual, además, rinde el homenaje diario de deshacerse a sus pies en frágiles copos de espuma. Yo sueño a Manzanillo entre flores y música, perfumes y besos de ilusión”. (23)

El Fígaro publica los criterios que denuncian la falta de responsabilidad ante el desarrollo social y las duras críticas organizativas que imposibilitan presentar a Manzanillo como una “vitrina social”:

“Todo lo que es Manzanillo como potencia económica y valor espiritual, todo su progreso urbano, su ornato público, se lo debe al esfuerzo de sus hijos, a la iniciativa particular, ya que el Consejo, la Provincia, el Municipio ni menos el Estado, han hecho ni hacen casi nada por ese noble pueblo que tributa y paga con creces los servicios de la urbe. Tiempo ha que Manzanillo suspira por el asfalto de sus principales calles, rectas y amplias; que anhela le resuelvan su sistema de alcantarillado; ansía le arreglen sus carreteras, puentes y caminos, le abran nuevas vías de comunicación, lo que le daría otra vida, más luz y belleza; la ciudad entonces convertiríase en la Gema de Oriente. ¿Qué hacen los poderes públicos en beneficio de ese pueblo de vida independiente? Poco, muy poco, tan poco que podríamos decir con la flema de un inglés: nothing at all”. (24)

Se expone también alguna nota necrológica, se distingue la figura y trabajo de médicos y abogados así como se hace referencia a personalidades de la cultura del territorio. En síntesis, se hace crónica social de las élites manzanilleras de la época.

En los diez artículos culturales, se sintetiza lo que más trasciende en el territorio. Tres textos pertenecen a la cultura en su sentido artístico-literario: “Manzanillo cultural” el cual incluye dos epígrafes uno sobre los intelectuales y el otro sobre la revista Orto, “A modo de cuento”el cual es una breve narración de Marietta Vázquez y Pérez y el poema “¡Padre!”de Manuel Navarro.  Cuatro se centran en instituciones culturales de la época: el Liceo de Manzanillo, la Colonia Española de Manzanillo, la Delegación del Centro Gallego y el Círculo de Manzanillo. Los tres artículos restantes versan sobre las instituciones educativas más protagónicas del momento: el Colegio de Santa Teresa, el Colegio “La Purísima Concepción” y el Colegio “Santo Tomás de Aquino”.

El Fígaro reflejó el quehacer periodístico de la ciudad manzanillera, se detiene en las publicaciones regionales las cuales también actuaban como corresponsales de la revista habanera, además de ser la expresión política de los distintos sectores del territorio:

“Posee Manzanillo cuatro diarios de circulación: La Defensa, que edita en una modernísima Dúplex. Fue fundada esta publicación por el viejo periodista Coronel Antonio Bello Rondón y actualmente la dirige el Sr. Filiberto Agüero y administra el Sr. Ramón Ros. Este periódico defiende las ideas conservadoras. La Tribuna, periódico independiente que dirige el joven Alfonso Sánchez Quesada. El Debate, decano de las publicaciones manzanillera, lo fundó el batallador periodista Sr. Sebastián Planas Mojena. Defiende la política liberal por la que libra recias campañas. La Montaña la dirige el periodista y escritor Francisco Rodríguez Mojena”. (25)

También le dedica El Fígaro un artículo a la revista Orto por cumplir nueve años, fundada y mantenida por Juan Francisco Sariol.

Se exponen en este voluminoso material monográfico las tendencias fundamentales del desarrollo literario manzanillero. Realiza un bosquejo por sus principales figuras dentro de las que se destaca el Dr. D. Santiago Rodríguez Góngora, “médico de gran reputación y escritor de fácil pluma”; Francisco Rodríguez Mojena, “poeta, pedagogo, escritor de relieve, orador de palabra galana y culta”; Pedro Alejandro López, autor de Las horas vivientes, “prosista vibrante y periodista”; Luís Felipe Rodríguez, “literato exquisito”; los señores Librado Reina, Rogelio González, Juan Francisco Sariol, Ángel y Braulio Cañete Vivó, José E. Soler, Julio Girona, Marietta Vázquez y Pérez, José Estrada Pantoja y América Betancourt. Otros jóvenes prometedores como Galileo Antúnez y Escala Millán.

“Párrafo independiente se le dedica a Manuel Navarro (26), poeta brillante y autor del libro Ritmos Dolientes y Miguel Galliano Cancio, a quien recientemente y con motivo de su designación de miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, se le rindió merecido homenaje por la sociedad manzanillense por su talento”. (27)

El poeta Manuel Navarro Luna.>>

Toda la vida cultural es reflejada en la nomenclatura de los principales grupos culturales de Manzanillo, elementos que no pasan desapercibidos por la ágil pupila de El Fígaro. La Colonia Española de Manzanillo tenía agrupados y organizados perfectamente en su seno a los elementos más prestigiosos de la Península Ibérica, sin hacer distinción de sus orígenes geográficos como ocurría en La Habana.

El Liceo de Manzanillo fue una de las instituciones más antiguas de la región. En una época, esa institución fue el alma de toda la población manzanillera. Se ubicaba en la esquina de San Pedro –actual Calixto García– y Valcourt –hoy conocida como Merchán. El Liceo durante el periodo colonial fue además de un sitio de entretenimiento y cultura, un lugar propicio para conspirar a favor de la independencia de Cuba. Entre otros, fueron socios de esta prestigiosa institución: el “ilustre” Masó, el “distinguido” Juan Evangelista Ramírez, los León, los Mariño Raventós, los Varona, los Frómeta, los Elías. Todo lo verdaderamente relevante que sucedía en Manzanillo, tenía repercusión en El Liceo con su evidente impacto en la información que sobre el territorio brindaban las revistas más destacadas, entre ellas El Fígaro:

“Cuando nuestro champion mundial de ajedrez, el glorioso José Raúl Capablanca, pasó por Manzanillo, fue en El Liceo donde organizaron dos match de tableros de cada sección, dándose el caso de que Capablanca le diera mate al que más le resistió en pocas jugadas”. (28)

La Delegación del Centro Gallego se fundó en 1911 y la presidió, entre otros, el regularista gallego Amador franco el cual durante su gestión logró un aumento de la membresía de novecientos sesenta asociados a mil ochocientos en tan solo siete meses. Su directiva en 1920 se conformaba de la siguiente forma: Amador Franco y Franco, presidente ejecutivo; Dr. Carlos R. Vázquez, vice-presidente; Pedro Guerrero, Secretario; Jaime Sánchez, tesorero; José Vázquez Blanco, presidente de la Sección de Sanidad; José Regueira Orosa, presidente de la Sección de Propaganda; Jesús Bermúdez, presidente de la Sección de Recreo y Adorno y funcionaban como vocales los señores Miguel Pérez, Santiago Iglesias, Jesús Cotado, José Ma. Expósito, Francisco Sierra, Ángel Quintana, Francisco Saavedra, Benedicto Pérez, Argemiro Álvarez, Germán Viera, Martín Comas, Perfecto González, Daniel Pérez, José Camiñas y Juan Mena Echenique.

El Círculo de Manzanillo se fundó en 1907, tenía hacia 1920 a Felino Maestre como presidente, Ángel Terga su vice-presidente, era Florentino Mariño el Tesorero y, Salvador Carbonell vice-tesorero, funcionaban Luís Escala M. como secretario e Ignacio Terga, vice-secretario, eran a su vez los vocales R. J. Manzaniarán, Ciro Reyes, Secundino Puebla, Dr. Manuel Santiesteban, Joaquín Mazquiarán, Ramón Loza, Alberto Carbonell, Abelardo Gutiérrez, Urbano Real, Enrique Portales, Miguel Muñiz B., F. González, Horacio Blaidón, Armando Moreno y Gabriel Santiesteban.  

En la revista El Fígaro se le dedica un espacio importante al impacto del desarrollo educacional en Manzanillo. Se destacan los artículos sobre la temática. Se dedicó uno al Colegio de Santa Teresa (29), fundado por la srta. Rafaela Bello León, con una matrícula de 200 niñas, con un plan de enseñanza regido por el Plan Oficial y, además, se dan clases para el bachillerato, magisterio, bellas artes, etc. y con un profesorado que imparte Labores, Pintura y Corte y Costura, Música, Inglés y Dibujo al creyón. También mereció atención el Colegio La Purísima Concepción (30), ubicada al lado de la iglesia y fundado en 1901 por las religiosas de las Siervas de María, bajo cuya dirección estuvo hasta 1917 y luego pasó a ser dirigido por la Srta. Caridad Sotto Figueredo. Se menciona el Colegio Santo Tomás de Aquino (31), fundado en 1902 como colegio católico, el cual abarcaba a partir de su profesorado las siguientes materias: Inglés, Ciencias, Letras y Matemáticas.

IV

<< Comandante Carlos Bertot, alcalde de Manzanillo. Portada de El Fígaro, 4, 11, 18 de enero de 1920.

El número monográfico publicado por la revista El Fígaro realiza una presentación voluminosa de las personalidades e instituciones que, desde la óptica económica, definen la vida del territorio manzanillero. El Fígaro expone un total de treinta y un artículos sobre la vida económica y sus principales tendencias. Cinco artículos corresponden a entidades económicas y financieras sobre las que se sostienen la economía. Algunas de las más preeminentes son la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria de Manzanillo la cual rectoraba toda el área económica del territorio o la Sucursal del Banco Español la cual también tenía hacia 1920 un enorme peso en el desarrollo financiero de la región. Dos de los artículos publicados de la temática fueron sobre los centrales azucareros financiados con capital extranjero: el New Niquero Sugar Company, una verdadera potencia económica, y el Central Isabel, perteneciente a los hermanos Beattie.

En este material de El Fígaro, se evidencian las principales tendencias de los negocios en Manzanillo. Era fácil para todos aquellos con acceso a sus páginas determinar quiénes eran las personalidades con mayores riquezas, quiénes constituían y dirigían las empresas de mayor éxito y futuro.

La edición dedicada a Manzanillo en 1920 contó con veintiséis artículos dedicados exclusivamente a realzar los negocios familiares como una forma de presentarlos ante la sociedad económica nacional. Cierto resulta el empuje económico manzanillero en esa época y la presentación de los negocios en el panorama nacional a través de El Fígaro estimulaba el ingreso hacia la ciudad de nuevos flujos de capitales.

Se destacan en Manzanillo fundamentalmente algunos comerciantes y banqueros como: Godwall G. Maceo, Don Miguel Muñiz, Ángel Mariño Raventós, Joaquín Cabrejas, Isidro Quiroga y Manuel Arca. En el mundo empresarial, se subraya la firma prestigiosa de Vals, Ribera y Compañía, el comercio La Espirituana, la firma Muñiz, Fernández y Ca., la Casa Comercial de Gómez y Compañía, la tienda LA ACACIA, la Casa Vázquez y Co., el Café El Central del Sr. Miguel Pérez, la Joyería La Vitalia de Zayas y Ca., Café Ambos Mundos de los Sres. Contijoch y Hnos., el fabricante Manuel Escobar y Ca., el Hotel Inglaterra de Antonio Castany, la tienda La Dalia de Urtiaga y Hno, la Peletería Gutiérrez y Ca., la tienda La Fortuna de Izaguirre y Galiano y la industria ganadera de Bertot y Caiñas.

V

En resumen, se trata de un número monográfico de El Fígaro con una enorme repercusión visual y todas las personalidades mencionadas aparecen retratadas. Por ello, podemos decir que se trata de una crónica social en un sentido más amplio. Se inicia con el Alcalde de Manzanillo en portada por lo cual suponemos que los cronistas enviados a la ciudad hallaron un apoyo gubernamental amplio.

De una forma detallada y comprometida El Fígaro ilustró cómo iba evolucionando económicamente Manzanillo. No descartamos de igual forma que los enviados por la revista a preparar el monográfico le hayan ofrecido a los comerciantes locales un artículo en la sección económica a cambio de alguna retribución en metálico, lo cual explicaría también el peso de los artículos individuales dentro del área económica y financiera en detrimento de otros sectores de la vida manzanillera. Por solo citar dos ejemplos obvios de exclusión, basta mencionar sectores como la pesca y la agricultura.

Respecto a la cultura, el estilo de vida de los campesinos y los sectores urbanos que no pertenecían a las clases sociales más altas quedan excluidos del mosaico manzanillero que se muestra. Se trata de un excelente ejemplo de cómo se estructuraba la “región” desde los centros. Revela los mecanismos de construcción de las identidades locales a partir de los constructos de la prensa. La periferia aparece teñida del glamour de una tipología discursiva que no se aleja de la crónica social en su sentido más estricto.

Notas

(1) El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 18-61
(2) “Editorial”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(3) Horta, Eulogio. “Manzanillo, Notas y Sensaciones”. El Fígaro. Año XV, No. 33, 1899. p. 324.
(4) Parejas Lamas, Ricardo. “Al llegar a Manzanillo y después...”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(5) Catalá y Rives, Agapito. “Cámara de Comercio, Agricultura e Industria”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 50.
(6) García Vidal, A. “A través de la República: De Manzanillo”. El Fígaro. Año XXXIX, No. 5, 1922. p. 11. / García Vidal, A. “A través de la República: De Manzanillo”. El Fígaro. Año XXXIX, No. 9, 1922. p. 147.
(7) Borbolla Rosales, Celedonio. “Crónica Social: De Manzanillo”. El Fígaro. Año XXXIX, No. 27, 1922. p. 439.
(8) Horta, Eulogio. “Manzanillo, Notas y Sensaciones”. El Fígaro. Año XV, No. 33, 1899. p. 324.
(9) “Editorial”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(10) CD- Rom. Enciclopedia Digital Granma: del esfuerzo la Victoria.
(11) “Editorial”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(12) Horta, Eulogio. “Manzanillo, Notas y Sensaciones”. El Fígaro. Año XV, No. 33, 1899. p. 324.
(13) Parejas Lamas, Ricardo. “Al llegar a Manzanillo y después...”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(14) López, Pedro Alejandro. “La Gema de Oriente”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 18-19.
(15) “In Memoriam: a Sebastián Lleó”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 24.
(16) “Homenaje”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 24.
(17) “El jubileo de un bufete: León Morado, Fernández Acosta y Rey Viamonte”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 35.
(18) “El Sr. Manuel Díaz”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 54.
(19) “Cuerpo de Bomberos de Manzanillo”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 56.
(20) “Un gran financiero: Francisco Gutiérrez”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 56.
(21) “Un médico distinguido”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 61.
(22) Parejas Lamas, Ricardo. “Al llegar a Manzanillo y después...”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 18.
(23) López, Pedro Alejandro. “La Gema de Oriente”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 18-19.
(24) López, Pedro Alejandro. “La Gema de Oriente”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 18-19.
(25) “Manzanillo Cultural”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 20-21.
(26) En esta misma edición página 21, está su poema Padre: « ¡Padre! ¿Por qué sendero, errabundo y doliente caminas, azotado por el invierno crudo?»
(27) “Manzanillo Cultural”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 20-21.
(28) “El Liceo de Manzanillo”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 42.
(29) “Manzanillo: Colegio Santa Teresa”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. pp. 24-25.
(30) “Colegio La Purísima Concepción”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 53.
(31) “Colegio Santo Tomás”. El Fígaro. Año XXXVII, No. 1, 2 y 3, 1920. p. 54.

 

El Fígaro y Bohemia, voceras de las modernizaciones ilustradas

Por Ana Cairo

Página inicial del primer número de El Fígaro.>>

I

Las celebraciones por los  hechos fundacionales del 7 de mayo y del 23 de julio de 2010 se interconectan, porque los dos aniversarios promueven un entendimiento cualitativamente más profundo de los aportes de las publicaciones seriadas tanto a los procesos de creación como a los de difusión y recepción de los proyectos de modernizaciones ilustradas.

El 7 de mayo de 1910 circuló el primer número (a partir del cual existen ejemplares físicos para avalar la centuria en colecciones privadas y públicas) del semanario Bohemia. Esta publicación  constituye uno de los tesoros más valiosos de la red de bibliotecas cubanas y de las Américas.

Miguel Ángel Quevedo Pérez fue uno de los redactores en El Fígaro durante la primera década republicana. Según el testimonio de Miguel Ángel Quevedo y de la Lastra, su padre había fundado y dirigido un semanario nuevo en mayo de 1908 (del cual no se conservaban ejemplares); había experimentado con algunos números y  había interrumpido dicho ejercicio hasta la reapertura oficial con el primer ejemplar del 7 de mayo de 1910.

Quevedo Pérez consideraba, de modo contrario, que la historia real de su semanario había comenzado en mayo de 1910. En diciembre de 1927 dirigió la última entrega.

Quevedo de la Lastra lo sustituyó a partir del primer número de enero de 1928 y se mantuvo hasta el último de julio de 1960, fecha en que abandonó Cuba y se radicó en Venezuela. Él fue el gestor de la idea de adelantar a 1908 la fecha fundacional, aunque sin pruebas documentales, porque seguía exhibiendo la portada inaugural de mayo de 1910, en la que se dice claramente que es el primer número.

Desde mayo de 1953 adelantó que los festejos por el cincuentenario estaban programados para 1958. Y los realizó. Dentro de esa misma lógica, se gestó el centenario para el 2008, sin que se haya presentado alguna prueba convincente.

El 23 de julio de 1885 circuló el primer número de El Fígaro, una publicación signada por una ideología de modernización ilustrada, puesto que estaba destinada a servir de vocera al desarrollo de la práctica del béisbol.

II

Los intelectuales de la primera generación romántica entre 1820 y 1850 creían firmemente  en los beneficios de la actividad física sistemática para el desarrollo individual y colectivo. Promocionaban el hábito de viajar como una experiencia cognoscitiva importantísima.

Tanto en poemas (puede ilustrarse con los versos de José María Heredia sobre la visita al teocali de Cholula, 1820), como en crónicas (Cirilo Villaverde recomendaba un paseo urbano por el castillo del Príncipe, 1836, o rural hasta Vuelta Abajo en Pinar del Río) se realzaban los placeres de las caminatas, o de la equitación, durante las excursiones para aprender de la naturaleza, la geografía, la historia y la vida cotidiana.

Algunos de ellos practicaban la gimnasia y se entrenaban en salas de esgrima por si había que batirse en algún duelo, en el que era necesario algo más que la valentía.

En los imaginarios culturales se mezclaban los beneficios de los ejercicios corporales con los de las praxis literarias, artísticas y científicas. Se trataba de realzar el paradigma de un ilustrado moderno, quien era al unísono un hombre con sensibilidad patriótica (amor al espacio del nacimiento) y un apasionado ciudadano del mundo. Se creía en las virtudes y ventajas de ser educado en los principios de una teleología del progreso individual y colectivo.

La educación comenzaba en el hogar. Algunos maestros contribuían a sistematizarla. El sistema de las publicaciones seriadas podía completarlo al funcionar como un proyecto modernizador de educación y cultura a distancia.

Para satisfacer los gustos diversos de un receptor culto masculino y femenino, se especializaban las secciones dentro de una publicación, o surgían otras más específicas destinadas a formar un público conocedor.

Desde la Revolución de 1868 se aceleró el proyecto ilustrado modernizador de los intelectuales  cubanos. El teleologismo de la categoría del progreso material (que suponía implícito el espiritual) se inspiraba en las tesis evolucionistas Las mismas se podían derivar de algunos principios biológicos (sobredimensionados en la esfera social) asociados a los descubrimientos del naturalista inglés Charles Darwin, y a los  fundamentos sociológicos del científico francés Auguste Compte y del inglés Herbert Spencer para acceder a la utopía de un estado positivo, o de máxima plenitud  (el ideal civilizatorio).

Estos ideologemas funcionaban como un patrimonio común, resumido en la metáfora del “adelanto incesante”, personal y colectivo.

Los afiliados al liberalismo independentista creían en una ruptura violenta con la metrópoli española, en una avanzada decadencia, y a la que creían sin capacidad para regenerarse; por lo que no podía constituir un canon de desarrollo humano. Laboraban para persuadir a todos los grupos sociales de que nuestra modernidad ilustrada era el sinónimo del anhelado cambio revolucionario. Después  de proclamada  la república, se transitaría hacia un evolucionismo reformista para exterminar las secuelas del prolongado coloniaje...

Los adeptos al liberalismo autonomista, o anexionista, priorizaban el reformismo evolucionista.

Los autonomistas querían modernizaciones al estilo de las implementadas por la monarquía inglesa en Canadá; las modificaciones deberían ser lentas, muy graduales, sin choques violentos con los intereses de la monarquía conservadora en Madrid.

Los anexionistas favorecían la secesión rápida de una metrópoli en decadencia y la  aceleración del ingreso como un estado más en los Estados Unidos de América (ya sin esclavitud desde 1865), su opción era una variante de lo ocurrido con el territorio mexicano de Texas (a partir de 1836)

III

En 1877, apareció la Revista de Cuba, (la cual duró hasta1884) fundada por el autonomista José Manuel Cortina, en la que puede estudiarse lo relativo a un ideal civilizatorio ilustrado, heredero del proclamado por José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte en el Repertorio y Bimestre de la Isla de Cuba.

En 1885, Enrique José Varona encabezó la Revista Cubana, nuevo proyecto ilustrado, el cual comenzó con un énfasis autonomista (gestado con la deuda explícita hacia el de Cortina) y que se radicalizó hacia el independentismo.

El Fígaro estaba unido a la Revista Cubana, porque fue estructurado como un espacio complementario al de ese proyecto ilustrado, el cual funcionaba como regente del paradigma civilizatorio. Manuel Serafín Pichardo y Ramón Catalá estuvieron entre los promotores más incansables en las diferentes etapas. Algunos de los peloteros eran intelectuales. Podían ser bardos como Wen Gálvez, o estudiantes de medicina como Juan Antiga.

Varona tuvo el raro privilegio de ser uno de los colaboradores permanentes de El Fígaro en todas sus etapas. Dejó una muestra de sus habilidades como escritor de artículos de costumbre y como analista político.

El Fígaro fue evolucionando hacia un semanario de actualidades con secciones fijas destinadas a la producción literaria  romántica y modernista, a la crítica de artes, a los comentarios musicales y las partituras. Amplió la cobertura hacia otros deportes como el ajedrez. Alternó el grabado con la fotografía y las caricaturas. Incorporó la alusión política directa e indirecta a través de las portadas, los anuncios, la crónica social, o el texto de alabanzas.

Durante la  Revolución de 1895 los números fueron sometidos a la más violenta censura política. Se introdujo el número monográfico como el dedicado a las mujeres escritoras.

A finales de 1898, se privilegió lo relativo a la vida cultural y política que había sido silenciada por la censura metropolitana. Los responsables facilitaron un tránsito verosímil desde la orientación autonomista típica de la primera década hasta la reconversión en uno de los voceros del independentismo. En esta función se lograron los números esenciales de la fundación de la República de Cuba ( mayo de 1902).

IV

<< Edición de El Fígaro de junio de 1929.

El Fígaro  era la publicación regente cuando apareció Bohemia. Las dos convivieron hasta 1929. La secuencia informativa de la primera en torno a la inauguración del Capitolio (20 de mayo) indicaba una clara tendencia de propaganda machadista, quizás asociada a un financiamiento para sobrevivir unos pocos números más.

Por el contrario, Quevedo y de la Lastra se  adhirió a los grupos antimachadistas y desde 1930 la publicación se fue alineando en un contrapunteo con el semanario Carteles, creado por los hermanos Conrado y Oscar Massaguer en 1919, vendido a Alfredo Quílez en 1923, quien se mantuvo como su propietario hasta finales de 1953.

La orientación política y cultural de Carteles surgió de las decisiones del historiador revolucionario antimperialista Emilio Roig de Leuchsenring, desde 1923 hasta la huelga de marzo de 1935.

En 1931, El Fígaro ya había desaparecido. Carteles y Bohemia competían lidiandocontra la censura de la satrapía y la falta de recursos económicos generados por la crisis mundial de 1929. La querella por el dominio del mercado se mantendría hasta finales de 1953, cuando Quevedo y de la Lastra logró realizar la famosa  transacción que le permitió comprar Carteles  y preservarla con una estrategia de adversaria simbólica para darle un mayor realce modernizador a Bohemia.

La empresa monopólica de Quevedo y de la Lastra se consolidó con el negocio para adquirir a Carteles. Todavía no ha sido estudiada en su relevante dimensión cultural hasta que desapareció en 1960. Precisamente, esa insólita gran capacidad editorial en el contexto no solo cubano sino de América Latina, fue la que permitió la tirada record de un millón de ejemplares certificados de Bohemia en el llamado número de  la libertad (8 de enero de 1959).

Carteles  se extinguió en 1960. Con sus instalaciones se fundó el mensuario Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En agosto de 1960, tras el exilio de Quevedo y de la Lastra, Enrique de la Osa asumió la dirección de Bohemia para comenzar su readecuación a los objetivos de un proyecto modernizador dentro de las coordenadas de una ilustración socialista.

Portada del último número de El Fígaro, septiembre de 1929. >>

La Habana, 26 de julio de 2010