Gabriel de Cervantes: poeta barroco cubano del siglo XVIIAntes de la proclamación decimonónica del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María por parte de la Iglesia Católica en pleno barroco, este tópico suscitó una efervescencia espiritual en el Nuevo Mundo. Si revisamos la pintura y la poesía españolas del siglo XVII, veremos innumerables ejemplos (1).
La Pontificial, Imperial y Regia Academia Mexicana con sede en la capital del Virreinato de Nueva España convocó a un certamen de poesía en el cual se presentaron las inteligencias más destacadas del momento. El tópico era típicamente barroco: la virginidad de María, madre de Jesús, antes del parto y después de él. Las composiciones poéticas fueron recogidas en un volumen impreso en 1683 titulado Trivnpho Parthenico el cual compiló el poeta, matemático, astrónomo, historiador y geógrafo mexicano Carlos de Singüenza y Góngora (1645-1700). Entre los concursantes, estuvo la poetisa sor Juana Inés de la Cruz (1648 ó 1651-1695) quien utilizó los seudónimos de Juan Saenz del Cauri y de Felipe de Salayzes Gutiérrez. Junto a ella, estaba Gabriel de Cervantes, “natural de San Chriftobal de la Habana”.
De él poseemos pocos datos. Ostentaba el título de “bachiller”, fue estudiante del Colegio Comendadores Juristas de San Ramón Non-Nato de la Ciudad de México, tenía un “pulido y affeado ingenio” y era un “fujeto excelentemente cultivado en el eftudio de la Jurifprudencia" que ejercía allí en el momento de celebración del certamen poético. Debió ser un joven hijo de una familia modesta habanera. ¿Regresó a La Habana con posterioridad este “colegial”? ¿Compuso poesías también en su tierra natal?
Se plantea el problema de si llegó de niño o de adulto a la Ciudad de México. De ser cierta la primera opción, sería difícil considerarlo parte de la “literatura criolla en Cuba”.
Veamos ahora los argumentos a favor de la cubanidad de Gabriel de Cervantes quien obtuvo un tercer lugar en el primero de los cuatro certámenes celebrados. Recibió como premio “un corte de armador de tela de joya sevillana” y los siguientes versos:
El premio no es fanfarron,
Pero quando lo adquirifte
Por las ramas anduvifte,
Bien lo fabe San Ramon.
Effe corte pues te aplico
Por lindo; y de mejor gana
Siendo lindo, y de la Habana
Te diera yo un Abanico (2).
El autor de este divertimento anónimo hace la primera crítica literaria del texto de Gabriel de Cervantes cuando subraya “Por las ramas anduviste”. Se define así graciosamente el estatus barroco del poema. Por otro lado, aporta datos físicos de él al calificarlo de “lindo” e información identitaria al llamarlo “habanero”, nadie es reconocido como tal si llega de niño a otra tierra. Ahí encontramos el primer argumento a favor de su cubanidad pues los otros lo reconocen como forastero.
En su poema titulado “Romance”, hallamos un rasgo que parecen venir de su origen antillano. Se trata del referente marino del texto frente a la geografía de la Ciudad de México que es eminentemente de llano entre montañas. Otro elemento quizás más sutil sean las “borrascas”, las “nubes”, los “soplos”, los “huracanes” pues Cuba es tierra de tormentas. La mención explícita a una isla y a las palmas que nos recuerdan inevitablemente la nostalgia de José María Heredia frente a las Cataratas del Niágara. Esos vestigios nos hacen inclinarnos a ver a este habanero como alguien que llegó a Nuevo México al menos durante la juventud. Hay una cubanidad en el tratamiento del tema de la Inmaculada Concepción el cual aparece por cierto en las letras cubanas ya en el Espejo de Paciencia. Este último tópico barroco se obvia en los versos de Silvestre de Balboa.
Por otro lado, el hecho de que haya estudiado en el Colegio de San Ramón Non-Nato de la Ciudad de México refuerza nuestra tesis de que llegó a la capital del Virreinato en su juventud. Esa institución educativa abrió sus puertas el 12 de marzo de 1654 gracias a la iniciativa de Fray Francisco Alonso Enríquez de Toledo y Armendáriz quien fue obispo de Cuba entre 1611 y 1623. En aquel momento, lo era de Michoacán a donde fue trasladado hasta 1628 en que falleció. Dejó muchas de sus propiedades a la Provincia de La Visitación de Nuestra Señora de la Merced de la Orden de los Mercedarios Descalzos en México para la creación del colegio con la condición de que se otorgara tres becas anuales a jóvenes “hijos legítimos y de limpia sangre” de la Isla de Cuba. Se dice que motivó al obispo Armendáriz esta obra el no encontrar en ninguna de las dos sedes que tuvo como prelado un jurista a su servicio (3). Se sabe por el testimonio de un egresado que vestían con “un manto morado y beca larga encarnada con palmas y roscas”, “sus estudios eran privados en el mismo colegio, yendo a cursar a la Universidad” y “para obtener estas becas además del origen y pobreza referidos, los jóvenes que las tenían habían de estudiar precisamente jurisprudencia”. Se cursaban en el Colegio las materias imprescindibles para poder enfrentar el rigor de la Facultad de Cánones o Leyes de la Real y Pontificia Universidad de México. Al terminar, podían permanecer como pasantes por tres años y, si impartían clases en el mismo San Ramón, se les permitía hospedarse allí por dos años más. En caso de que demostraran una aptitud excepcional, podían quedarse de manera definitiva (4). Pero, en general, los graduados se dirigían a ejercer sus funciones a los obispados de Cuba y Michoacán.
La significación de los egresados para la cultura e historia de Cuba es enorme. Así lo hace constar Arrate:
“Ha sido este insigne colegio el taller o turquesa de muchos célebres sujetos que han ilustrado las iglesias y Cancillerías del reino, con grande honor de esta ciudad (La Habana) y de toda la diócesis de Cuba”. (5)
Recuérdense por ejemplo a algunos graduados destacados como: Dionisio Rezino y Ormachea, obispo de la Florida; el Dr. D. José Duarte y Burón, profesor de la Universidad de México; el licenciado D. Ambrosio de Santaella y Melgarejo, oidor de la Real Audiencia de Guatemala; el licenciado D. Francisco de Castilla Borroto, rector tres veces del Colegio de Todos los Santos; el licenciado D. Francisco Gómez de Algarín, oidor de la Real Audiencia de Guadalajara; y el licenciado D. Manuel Rodríguez Calvo quien fue propuesto para obispo por el Virrey pero que rechazó el nombramiento por no considerarse digno. Gabriel de Cervantes integra esa pléyade de cubanos graduados ilustres (6). Por ello, nos inclinamos a creer que fue a México a estudiar y regresó a ejercer a La Habana.
En resumen, los argumentos a favor de la cubanidad de Gabriel de Cervantes son los siguientes: es visto como habanero, el poema revela su insularidad y fue becario en el Colegio de los Comendadores de San Ramón Nonato. A pesar de ello, no podemos descartar tampoco que se trate de un niño nacido en La Habana y llevado por sus padres a muy corta edad a México donde residió hasta su muerte. Si fuera ese el último caso, la historiografía literaria tradicional lo consideraría un autor exclusivamente novohispano. Este aspecto deberá ser esclarecido en futuros estudios. No obstante, no nos inclinamos por esta posibilidad.
Debió conocer a Carlos Singüenza y Góngora, si no le habló, se cruzó con él en la Universidad o algún evento público, al menos de seguro lo leyó, como también lo hizo con Sor Juana Inés de la Cruz de quien oyó hablar. Quizás asistió a las representaciones de los autos sacramentales en las plazas de la ciudad los días de fiesta, tal vez hasta actúo en alguno, visitó los talleres de algunos imagineros, recibió correspondencia de sus familiares en La Habana y les remitió las respuestas. Seguramente escribió otras composiciones hoy perdidas. Es muy probable que con su regreso al terruño natal viajaran todas esas experiencias y esos gustos del barroco novohispano. Para concluir ofrecemos la única pieza poética conocida hasta el momento de Gabriel de Cervantes:
Romance Imaculada de Soult (1678), de Murillo.>>
Sagrada Delos, à quien
De errante materia cupo
En las eftrellas de Egèo
Ser ---- (7) el fixo Carbunclo:
Que importa que à fumergirte
Arrefte el agua fus flujos:
Si te defiende piadofo,
Quien freno à las aguas pufo?
Que importa, que de otras Iflas
Los cimientos mal feguros
A los furores del Auftro
Hagan reverencia en tumbos?
De efpumas lebante montes
Contra ti el mas fiero orgullo,
Que rendidos á tu planta
Pondran mas altos tus triũfos
Iras defcojan los fiete
Triones celeftes, à cuyos
Enojos, efpuma el mar,
Ceños preftaron los nublos.
Que tu fixa à la borrafca
Tienes en la Oliva muro;
Y es la Palma victoriofa
Erguido obelifco tuyo.
Piedades fon, del que Apolo
A tu alvergue fe redujo;
Librandote del amargo
De los primeros infultos.
Tan luego que fuifte Delos
Fuifte firme; que feguro
Solio te labrò fu amor,
Aun mas que otros atributos.
Cada golpe de las olas
No es ya terror, es tributo
Que vencido facrifica
A tu firmeza Neptuno.
Cada fylvo de vracanes
Es el victor, de que pudo
En tanto infeftado aliento,
Refpirar vn ayre puro.
Del fiero dragon à el foplo,
Toxico mortal, corrupto,
Dieron la Palma, y la Oliva
Dos reparos para vn fufto.
Affi de piedades muchas
Son de aquefte mar los rũbos
Y en pielagos, mas de gracia,
Dan occeanos de indultos (8).
Notas
(1) Sánchez Martínez, Rafael. “La Inmaculada en la poesía barroca española”. La Inmaculada Concepción en España: religiosidad, historia y arte: actas del simposium, 1/4-IX-2005 (Comp. Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla) Vol. 2, Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas, El Escorial, 2005. pp. 1407-1416.
(2) Singüenza y Góngora, Carlos (Comp). Trivnpho parthenico. Por Juan de Ribera en el Empedradillo, México, 1683. p. reverso de la 59.
(3) Trens, Manuel B. “Colegios y universidades. El Colegio de Comendadores Juristas de San Ramón Nonato”. Boletín del Archivo General de la Nación. Vol. XXV, No. 2, ene.-mar., 1954. pp. 1-58.
(4) Archivo General de la Nación. Ramo de Colegios, Tomo 29, folios 67 al 80.
(5) Arrate, J. M. F. Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta: noticias de su fundación, aumentos y estados. Imp. Libr. Andrés Pego, La Habana, 1876. p. 427.
(6) Rubio Mañé, José Ignacio. Introducción al estudio de los virreyes de Nueva España. Tomo IV. Obras públicas y educación universitaria. Ed. FCE y UNAM, México D.F., 1983. pp. 304-305.
(7) Palabra ilegible en el original.
(8) Singüenza y Góngora, Carlos (Comp). Trivnpho parthenico. Por Juan de Ribera en el Empedradillo, México, 1683. p. 59 y su reverso.