Con los ojos del corazón

Homenaje a Miguel Hernández en la Biblioteca Nacional

Por Ernesto M. Sarduy Lorenzo, investigador de la Biblioteca Pública Raúl Gómez García del municipio Güines

En su más famosa obra, Antoine de Saint Exupéry apuntó: lo esencial es invisible a los ojos, sentencia que distingue valores ocultos en las interioridades y reconoce a fondo la magia de todo lo absolutamente bello por sobre falsas luces. Así trasciende lo positivo y así ha llegado a nuestros días la obra poética de Miguel Hernández (1910-1942), como una progresión capaz de enaltecer el espíritu desde cualquier espacio para transformar emociones del hombre y en especial, de quienes únicamente pueden mirar con los ojos del corazón. Esto quedó demostrado el pasado 29 de octubre en la Sala Frank Emilio de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, durante un encuentro organizado, además, por el Proyecto Agua de Coral, perteneciente a la Biblioteca Pública Raúl Gómez García del municipio Güines.

Bajo el título “Un canto para Miguel”, la  cita conmemoró el centenario del natalicio del poeta español con el estreno del video clip El niño yuntero, a partir del texto hernandiano, musicalizado e interpretado por Ana María García, directora del Proyecto y reconocida cantautora güinera, con la incursión del niño Angely Lorigan Flores y bajo la dirección de la poetisa y realizadora audiovisual del Telecentro Güines TV, Mayda Milián Ortiz.

Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo del director de la Biblioteca Nacional Dr. Eduardo Torres Cuevas, quien agradeció el esfuerzo conjunto de ambas instituciones en la organización de la actividad y resaltó los aportes de miembros de la ANCI en la promoción de la lectura o cualquier iniciativa cultural. Por su parte, el  profesor José Monteagudo sintetizó lo prolífico en la vida y obra del poeta, previo a la intervención del profesor de la Universidad Agraria de La Habana (UNAH), máster José Luis  Almeida, profundo conocedor de los contrastes generacionales en la lírica española y quien, a través del uso de la intertextualidad, ofreció a los presentes su visión creativa sobre el poeta de la España franquista.

Momento significativo resultó la pincelada campesina en la voz de Tomasita Quiala, una brillante opción repentista que consolidó con décimas no solo el reconocimiento de la resistencia en Miguel Hernández, sino además ese mensaje agridulce de lo infinitamente humano: el amor, el dolor, el existir, la vida toda…

Precisamente con el dolor como herramienta, aquel poeta oriundo de Orihuela develó lo esencial en una urdimbre de antagonismos que, a fin de cuentas, conforman la red de la vida, esa cuyas ataduras nos permiten ir más allá de una mirada.  Y justo allí, desde el centro, cada quien observa y siente mejor, porque –parafraseando nuevamente a Exupéry– no se ve bien si no con el corazón, el órgano donde cobran vida los sentimientos más auténticos, aun cuando escapen de los ojos humanos.