Imaginarios: Daniel Chavarría, Premio Nacional de Literatura

Librínsula se suma al entusiasmo por la adjudicación del Premio Nacional de Literatura 2010 a Daniel Chavarría, a quien los lectores cubanos hace mucho rato otorgaron carta de ciudadanía y cuya obra figura entre las más solicitadas en nuestras salas de lectura a lo largo de todo el país. Reunidos para la ocasión textos sobre distintos momentos de su obra, los que hoy le abordan, mantienen su fidelidad y admiración.

Carpentier, Chavarría y una coincidencia antifascista
Por Ana Cairo

Dniel Chavarría tiene admiradores fieles en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Él estudió allí y también fue profesor de Latín.

La noticia de que, merecidamente, obtuvo el Premio Nacional de Literatura ha suscitado la alegría colectiva ¡Felicidades!

 

I

El 3 de septiembre de 1924 arribó al puerto de La Habana el buque Italia. El presidente Alfredo Zayas  lo había autorizado. Se sabía que el objetivo de la tripulación y los pasajeros era promocionar al gobierno fascista de Benito Mussolini.

Entre el 1 y el 15 de septiembre, se movilizaron los intelectuales (en particular, los periodistas), los estudiantes y los obreros,  para boicotear la acción proselitista. Y tuvieron éxito.

Alejo Carpentier (Lausana, Suiza, 26 de diciembre de 1904-París, Francia, 23 de  abril de 1980)  era periodista, crítico de las diversas artes y el miembro más joven del Grupo Minorista habanero (1923-1929). Él también se alineó con la movilización antifascista.

En abril de 1925, Julio Antonio Mella (1903-1929) publicó un artículo en el que denominaba al general Gerardo Machado como un “Mussolini tropical”.  Se trataba de una declaración anticipada de beligerancia, porque Machado debía asumir la presidencia el 20 de mayo. Cuando circulaba el texto de Mella, Machado visitaba los Estados Unidos para agradecer el apoyo gubernamental a su candidatura.

A partir del inicio de la tiranía de Machado, sus enemigos  tenían las opciones de enrolamiento político y cultural muy bien diferenciadas. Los intelectuales de la izquierda, mayoritariamente,  se adscribieron al antifascismo, al antiimperialismo, al latinoamericanismo y a la solidaridad internacional anticolonialista y descolonizadora.

Desde el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, en La Habana había crecido la cifra de intelectuales españoles asilados. Los cubanos eran muy solidarios con ellos. Don Fernando Ortiz (1881-1969) fundó la Institución Hispano Cubana de Cultura (diciembre de 1926). Este proyecto aceleró  los vínculos entre los antimachadistas y los enemigos de Primo de Rivera. Por lo mismo, al organizarse la Segunda República Española (1931), se multiplicaron los nexos.

En abril de 1928, Carpentier se estableció en París. Tenía amigos entre los españoles exilados, como el novelista Julio Álvarez de Vayo. Se integró a las acciones del movimiento surrealista, que se alineaba contra el fascismo en Italia. En enero de 1933 viajó a Berlín. Venía asombrado de las múltiples estrategias de los intelectuales alemanes para combatir a Adolfo Hitler, que ya gobernaba. En agosto viajó a Madrid, donde celebró el fin de la tiranía machadista en Cuba. Regresó en 1934 y asistió al estreno de Mariana Pineda, obra teatral de Federico García Lorca. Retornó en 1937 como delegado  al congreso cultural antifascista de Valencia. Los otros delegados cubanos fueron: Juan Marinello (1898-1977), Nicolás Guillén (1902-1989), Félix Pita Rodríguez (1909-1990) y Leonardo Fernández Sánchez (1907-1965). Marinello,  además, actuó como coordinador del grupo de los latinoamericanos.

Todos  presenciaron los cruentos bombardeos de la aviación hitleriana en Madrid.

En noviembre de 1937, Miguel Hernández visitó París. Carpentier lo atendió. En la emisora radial donde trabajaba, convenció a Hernández para que grabara la lectura de algunos de sus poemas más famosos. En 1942, cuando se efectuó una velada en la alcaldía de La Habana, para rendir homenaje a Hernández (quien había muerto de tuberculosis en una cárcel franquista), se escuchó, por primera vez, la histórica grabación.

Entre enero y mayo de 1939, Carpentier ayudó a conseguir el dinero para que algunos de los combatientes cubanos en España pudieran  regresar a Cuba. Finalmente, llegó a La Habana en junio de 1939. Comenzó a trabajar, de inmediato, en emisoras radiales. Se distinguió por escribir y dirigir programas antifascistas hasta  agosto de 1945, cuando se marchó a Caracas, donde residió hasta julio de 1959.

La prédica antifascista de Carpentier podría documentarse con el periodismo, con los programas de radio y con  novelas como Los pasos perdidos (1953), El recurso del método (1974) y La consagración de la primavera (1978). Prefiero concentrarme en un artículo poco conocido.

El 18 de julio de 1938 se publicó “¡Abajo la inteligencia!  ¡Viva la muerte!”, de Alejo Carpentier, en la revista antifascista habanera Mediodía. Ese día se conmemoraba el segundo aniversario del inicio de la Guerra Civil Española. En julio de 1938, ya se evidenciaba que el ejército  comandado por Francisco Franco, con el apoyo bélico de Hitler y Mussolini, estaba ganando la contienda.

Por lo anterior, la publicación del artículo de Carpentier se convertía en una acción política y cultural para reiterar su ideología y su praxis antifascista. En  “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!” se relataba que:

“Al lanzar este grito inolvidable. Millán-Astray hizo más que acuñar un slogan que define todos los fascismos del mundo; halló en pocas palabras, una fórmula que sitúa el espíritu de la España ficticia que le ha dado sus galones y que, puesta por Franco en Casa de Empeños extranjera, se está entregando vergonzosamente –¿es esto el honor de sus dirigentes?– a los apetitos de conquista de Hitler y Mussolini.

”Ya se ha dicho –resulta lugar común el repetirlo– que existían dos Españas en presencia: una grande, creadora, auténtica; y otra, que solo representaba los intereses mezquinos de castas y hombres apoyados en la ambición personal de generales traidores. Pero lo que no se ha dicho bastante es que estas dos Españas estaban en conflicto moral mucho antes de los comienzos de la guerra. Se sentía dolorosamente el contraste existente entre una España buena, múltiple, sojuzgada, con las alas cortadas de antemano, y una España de medioevo presente, representante de todas las potencias de reacción y atraso que mantenían el país en categoría inferiorísima, dentro del concierto de las naciones europeas.
[…]
”Cuando el pueblo se alzó en masa para defender su independencia, los elementos que constituían la vergüenza de España se saciaron de sangre inteligente. Matando a Federico, a Juan Piqueras, a tantos otros, se vengaron de su propia incultura. Era la revancha de los instintos más bajos sobre las prerrogativas del espíritu. Y aunque Unamuno hubiese tenido la debilidad de equivocarse, su mera presencia en territorio “nacionalista” le resultaba una afrenta. En los ojos del anciano se leían demasiadas censuras, demasiadas acusaciones… El “Abajo la inteligencia, ¡viva la muerte!” de Millán-Astray es un grito de rabia que simboliza toda la impotencia babiente de una casta que se sabe incapaz –¡pase lo que pase!– de sojuzgar a España. Esa casta sabe que toda la nación, en su pueblo, en su inteligencia, está con la República. […] Por ellos, los capronis, los junkers, representantes de estados en que se queman libros en las plazas públicas, mandados por hombres que ‘echan la mano a la pistola cuando oyen pronunciar la palabra intelectual’ [sic], se encarnizan sobre ciudades abiertas, matando incansablemente mujeres y niños”.

Carpentier supo resaltar la naturaleza simbólica del enfrentamiento, el 12 de octubre de 1936, entre don Miguel de Unamuno, poeta, narrador, ensayista, rector de la Universidad de Salamanca, y el militar fascista Millán-Astray.

Se anticipó en comprender que en el grito de Millán-Astray se resumía una de las esencias de los diferentes fascismos en el siglo XX.

II

Daniel Chavarría nació en Uruguay. Se siente cubano y latinoamericano. Irrumpió como narrador en las modalidades del policiaco.  Entre  sus mayores aportes, ha estado el desarrollo de  la novela política de aventuras, género prácticamente sin tradición en nuestra cultura.

Editorial Ikusager, España,1994.>>

Allá ellos, novela con dos ediciones cubanas (la última en el 2007, por la Editorial Capitán San Luis) puede ilustrar la maestría del autor en el reciclaje político y cultural del combate antifascista.

La fábula se estructura en cuatro partes. Se narran simultáneamente varias historias. En la primera parte, se yuxtaponen dos. Una involucra personajes en varios espacios de Brasil y Estados Unidos de América entre 1970 y 1974. La  otra es la de la familia de Ramón Arnaiz, un señorito, un militar fascista, cuya ideología y mentalidad podría caracterizar la España negra, cruel y feudal, aludida por Carpentier en su artículo.

Ramón dirige personalmente la educación de su primogénito Jaime, con quien se actualizará el imaginario del fascismo hasta la década de los setenta. Es ajusticiado el 12 de octubre de 1936, en el mismo lugar del enfrentamiento entre Unamuno y Millán-Astray.

Chavarría ficcionalizó esta guerra de ideas entre el humanista y el asesino fanático, que despreciaba la cultura.

Una mujer, disfrazada de soldado, ajustició a Ramón, uno de los verdugos de la gran represión obrera en Asturias. Ella supo aprovechar, con inteligencia natural,  las ventajas de la confusión durante el incidente entre Unamuno y Millán-Astray para cumplir el deber ético con los suyos. Ella podría ser la representación de la otra España, la buena, la que podría aludir a las mejores virtudes del pueblo, según Carpentier.

Jaime sobrepasó las crueldades de su padre Ramón. Peleó con los nazis en el frente ruso. Se enroló en la legión francesa y combatió en Vietnam. Reapareció al servicio de la CÍA. Estuvo en Marquetalia, Colombia, y por último, en La Habana. Cuando fue encarcelado, decidió suicidarse.

Una conversación entre Jaime y su sobrina-amante Ximena-Aurora facilita precisiones sobre la ideología fascista. Ella tiene más capacidad para la reflexión teórica:

“En el noticiero de TV, un comentarista citaba la proclama de que en Cuba existía una revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

—Un poco redundante, ¿no?
— ¿Humano y humilde son de la misma raíz? –preguntó Jaime.
[…]
—No –meneó la cabeza: humano viene de homo y humilde de humus.
— ¿De humus, el suelo?
—Anjá –dijo ella con la boca llena.
[…]
—Humilde en latín es humilis, que quiere decir lo bajo, lo que está más cerca del suelo.
—Claro –dijo él: propio de reptiles.
[…]
— ¡Viva la muerte!
[…]
—Después de todo, quizás tuviera razón Unamuno.
— ¿En qué?–preguntó ella.
—En que dar vivas a la muerte solo podía ocurrírsele a un mutilado majaretas, como Millán-Astray.
— ¿Tú no gritabas la consigna en el Tercio?
—Sí, todos la gritábamos.
— ¿Y qué sentías?
[…]
—Odio contra los moros…
— ¿Y por qué odio?
—Nunca lo supe muy bien […]
—Muy sencillo: los odiabas porque eran humildes…
[…]
—Estar a favor de los humildes es un enfoque ético de la historia, anticientífico y vicioso, en el que coinciden comunistas y cristianos. Pero la ley del más fuerte, en el ciclo biológico, no puede enjuiciarse desde el punto de vista moral: es ley de la naturaleza, obra de Dios.
[…]
—El tigre, que también es hijo de Dios, no va al infierno por despedazar al siervo y comérselo. Ni tampoco el inglés que cazaba negros en África para venderlos en las Antillas. La primera ley de la vida es vivir. Y el “Viva la Muerte” de Millán-Astray, como exaltación del heroísmo, es un lema de la más alta humanidad.
[…]
—El héroe se realiza en la hazaña, y viva la muerte expresa la disposición a enfrentarla. Es el desprecio a la seguridad del presente: Aníbal en los Alpes, Colón zarpando de Palos, Cortés quemando las naves, los ayunos de San Ignacio en Manresa. ¿Acaso pasarse la vida buscando un tesoro, o un hallazgo científico, en el anonimato y la penuria, no son un equivalente de la flagelación y el cilicio? Viva la muerte es condenar la vida oscura…” (pp. 309-310).

III

Carpentier y Chavarría, antifascistas, coincidieron  en la importancia de esclarecer hasta las sutilezas, con respecto a las formas del pensamiento fascista. Huyeron de las simplificaciones. Un artículo o una narración se puede disfrutar no solo por la calidad artística, sino porque nos puede facilitar la comprensión en torno a cómo funciona una ideología adversaria.

La Habana, 8 de febrero de 2010.  

Escribir en cubano
(Fragmento)
Por Ada Oramas

Editorial Arte y Literatura, Colección Dragón, 1977.>>

(...)
Antes de los cuarenta años nunca había escrito regularmente. Pero, desde los nueve o diez años, siempre al terminar de leer algo que me impresionara, intentaba escribir, en general con resultados desastrosos. Alrededor de los diecinueve escribí un par de novelitas, pecaditos de juventud. Creo que las escribí en menos de tres meses, sin regularidad. ¡Eran malísimas! y, luego, en veintipico de años, habré escrito en total no más de cien páginas.

¿Cuáles fueron y cuáles son sus autores preferidos?

Hasta los quince años, diría que Alejandro Dumas, Mark Twain y Moliere. Luego sigue una gran revoltura: Anatole France, Novalis, Lawrence Durrel, Cervantes, Sófocles, Quiroga, Maupassant, Poe, Chéjov, Jorge Amado, Sholojov, Eça de Queiroz... por supuesto, esta sucesión no indica orden cronológico ni de preferencias. Le cito los que primero me vienen a la mente. Hoy en dia, como consumidor de literatura, no podría hablar de autores preferidos. Cuando uno ha decidido pasarse el resto de la vida escribiendo piensa que los mejores libros son aquellos de los cuales se puede nutrir como escritor. Desde esa perspectiva, prefiero los clásicos y, sobre todo, los creadores de una literatura oral y espontánea, que siempre han existido a la vuelta de cualquier esquina: poetas y narradores naturales, cuenteros, histriones, esos que aunque se propongan contar mentiras siempre dicen la verdad. Cultivo celosamente media docena de ellos. Creo que son mis autores preferidos, no los nombro para no apabullar a los lectores.

¿Cómo podría definir su evolución estética?

Siempre me ha sido difícil definir cualquier cosa. En ese sentido, no obstante, creo que mi evolución estética corre paralela con mi formación marxista. A los veinte años uno es una especie de comunista utópico, idealista y repite, sin entender, fórmulas del marxismo. A los cuarenta, cuando uno ha entendido algo de la esencia del marxismo, tiene que reflejarlo por fuerza en el plano estético. Y en eso andamos.

¿Hasta qué punto es Joy un testimonio? ¿Dónde termina el testimonio y comienza !a ficción?

Joy es ficción, pero creo que inscrita en un marco histórico veraz. ¿Puede haber algo más testimonial que un ataque de la CÍA a la Revolución Cubana? La historia de la Revolución, o buena parte de ella, no puede desligarse de estos veinte años de esfuerzos por sobrevivir a los ataques del imperialismo.

Y si le preguntaran a qué género literario pertenece esta obra ¿cuál sería su respuesta?

Es una novela policial.

¿La considera usted una novela cubana?

Las situaciones de Joy sólo pueden darse en Cuba, el único pais de América decididamente enfrentado al imperialismo, el único donde pueden existir esos personajes. Además, "está escrita en cubano".

¿Es Joy el resultado de una búsqueda o es que los personajes lo encontraron a usted?

Creo que es exactamente lo últímo. Uno lleva los personajes por dentro, como arquetipos, como un desideratum. No hay que buscar mucho para que surjan.

Encontramos en Joy un uso muy certero de los niveles del lenguaje, de acuerdo con las características, procedencia, cultura y psicología de los personajes. ¿Podría expíicarnos cómo pudo lograr tal precisión en un instrumento que muchas veces se convierte en un boomerang para los escritores?

Creo que el boomerang son sus preguntas. Me pone usted en la difícil situación de explicar mis éxitos y me hace caer en la trampa de echarme piropos a mí mismo. ¿Qué van a pensar los lectores de mi inmodestia?

Hágalo sin temor. Los lectores son benévolos.

Bien, confío en usted. El caso es que cuando se ha pasado más de veinte años cultivando lenguas clásicas y modernas, cuando ha viajado lo suficiente como para escaparse de las particularidades fonéticas, sintácticas, léxicas de los distintos ambientes lingüísticos en que ha vivido, aunque no haya escrito regularmente para madurar sin oficio literario, tiene por fuerza que desarrollar una buena capacidad para aprender rápidamente lo esencial en un dialecto de su propia lengua. Y cuando uno ha vivido diez años en Cuba, conoce sus problemas, su gente, sus dicharachos, creo está incluso en mejores condiciones que un cubano "rellollo", inmerso siempre en su propia lengua, dentro de la cual no es fácil distinguir lo esencial de lo accesorio.

Tomado de: Revolución y cultura, no. 91, marzo de1980, pp. 71-72.

 

Del griego antiguo al escritor moderno
(Fragmento)
Por Daniel Chavarría

Editorial Pueblo y Educación, 1983.>>

Cuando yo tenía dieciséis años, un loco de veinte llamado Ricardo E., que ejercía sobre mí el doble influjo de sus músculos y su biblioteca, me contagió la pasión por el griego. Pionero del fisiculturismo logró esculpirse, con pesas y poleas, uno de los cuerpos más bellos y viriles que yo viera en los años cincuenta.

Ricardo había adquirido sus conocimientos de halterofilia en revistas especializadas de los EE.UU., a las que estaba suscripto; pero tuvo el buen tino de no guiarse por Charles Atlas y otros forzudos que exhibían bultos protuberantes y retorcidos, sino por los modelos del clasicismo griego; aspiraba a desarrollar los bíceps longilíneos y los abdominales del Lancero de Policleto, los definidos pectorales de su Efebo coronado; y las piernas del Rasurado de Lisipo. Y en verdad que a los veintidós años, en el verano playero de Montevideo, no había mujer ni hombre que pasara a su lado sin darse la vuelta para admirarlo. Cualquier diosa se habría enamorado de él, como Afrodita de Anquises. Sin embargo, Ricardo se casó con una mujer de escasa belleza y gran kilometraje, que lo hizo muy desdichado.

Pero además de ambicionar una belleza escultórica, Ricardo amaba honradamente la erudición; y con total inmodestia me había declarado que en pocos años sería el más erudito de los hombres bellos, y el más bello de los eruditos.

Como ideal, no me parecía malo, y me propuse adoptarlo. Me inscribí en el mismo club suyo, donde me sometí a su docencia gimnástica; y sin pérdidas de tiempo, para que no me sacara demasiada ventaja, emprendí yo también el escabroso camino de la sabiduría.

Por recomendación de Ricardo, leí algunos diálogos de Platón y decidí entregar mi vida a la filosofía: Su consejo fue que comenzase por aprender el griego clásico.

Él leía bien inglés y francés, pero quería estudiar con orden; iba a empezar por los primeros filósofos jonios, cuyas obras y fragmentos comenzó a acopiar. Compraba costosísimas ediciones bilingües, a sabiendas de que no podría leerlas sino ocho años después cuando, según sus cálculos, ya dominara el griego. Cumplido este requisito, devoraría toda la filosofía griega desde los presocrátícos hasta los neoplatónicos. Luego dedicaría unos tres años al latín, y en otros dos, liquidaría la literatura judeo-cristiana, la patrística y la filosofía medieval. Todo estaba perfectamente programado y bajo control. Con semejante plataforma lingüística, dedicaría un par de años a la bagatela de aprender italiano y alemán, para no tener que leer traducciones infieles de lo escrito en lenguas de cultura universal. Hacia los cuarenta años, Ricardo comenzaría a escribir su propia filosofía.

¿Y porque no empiezas a leer a los griegos en las lenguas que ya conoces? –osé preguntarle un día.

Se tapó los ojos. Cuando bajó la mano los mantuvo cerrados. Luego me miró con asco, como si yo fuera una cucaracha de la cultura. Finalmente condescendió a fundamentar su fobia a las traducciones. De su inmensa biblioteca heredada, sacó un volumen de arte antiguo y me mostró dos fotos de esculturas: una Afrodita Calípige y una Afrodita Esteatópige. Esperó a que yo confesara mi desconocimiento de las palabras griegas, me explicó que eran un eufemismo pacato, para escamotear vergonzosos epítetos y no decir Afrodita Culo Bello y Afrodita Culo Gordo. Luego sacó un ejemplar de Aristófanes, en edición bilingüe grecofrancesa, de los patrocinados por la Association Guillaume Budé, y se puso a mostrarme algunos ejemplos de cómo las palabrotas del gran cómico ateniense se traducían al francés mediante asépticas perífrasis; y cuando era inevitable enfrentar una grosería, se la soslayaba con una nota al pie, pero en latín. De la Lysístrata, según creo, me mostró un término griego muy soez, que aludía a la región genital femenina. Pero en lugar de traducirlo mediante algún ejemplo de la abundante sinonimia chocarrera en lengua francesa, lo descontaminaron con un giro como "partes pudendas" o algo así, más una nota al pie, donde decía: hortus, campus muliebris. Esta gazmoñería decimonónica, de origen cristiano, donde por exaltación del alma se denigra al cuerpo, ha vedado durante siglos a un gran público, el disfrute de las groserías aristofánicas, nacidas de los cultos agrarios, fálicos, y de la saludable genitalidad implícita en la reproducción de la naturaleza.

Y más tramposo era aún, según Ricardo, el discurso filosófico moderno, donde se tergiversan los significados prístinos, unívocos, inconfundibles de los griegos, para llenarse de una jerga de neologismos, con matices y complejidades tendenciosas, según las filosofías de moda en cada época. Por eso, para no caer en engaños ni trampas, la piedra de toque era la lengua griega, y había que dominarla sin vacilaciones, desde los presocráticos hasta los neoplatónicos. Como la poesía, una obra filosófica jamás debía aceptarse traducida.

Por supuesto, me convenció. A saltos, y con muchas interrupciones, dediqué veinticinco años a aprender el griego.
(…)
Tomado de: Revolución y Cultura, no. 2, marzo-abril 1998, pp. 48-49.

 

Daniel Chavarría: "Esta no es un entrevista para que la lea Bush"
Especial para Cubadebate y Juventud Rebelde
Por Jesús G. Bayolo

Editorial Letras Cubanas, Colección Radar, 1983.>>

Para no reiterar la consabida retahíla sobre tus grandes éxitos literarios ¿qué tal si mejor me hablas de tus grandes tragedias y reveses?

Tragedias no he vivido. No he padecido  humillaciones destructivas como la cárcel o la tortura; ni he enterrado a ningún hijo, ni los he visto pasar hambre. Reveses sí, he tenido.

En mi adolescencia hubiera hecho pactos con el diablo por volverme un concertista de guitarra, pero al cabo de dos años de estudiar 10 horas diarias, descubrí que no tenía talento. También hubiera pactado por llegar a GM de ajedrez y me sucedió lo mismo.

¿Es cierto que a Cuba llegaste en el 69 como secuestrador de una avioneta?

Sí, pero prefiero no dar detalles, porque cuando Bush lea esta entrevista va a decir que Cubadebate y Juventud Rebelde han celebrado el cumpleaños de un terrorista disfrazado de escritor.

¿Y qué va a decir entonces cuando se entere de que hace poco, Chavarría ha ganado en Nueva York el más codiciado premio policiaco del mundo?

Seguramente va a condenar que se haya premiado a un autor cubano y me va a congelar los derechos de autor.

Y por fin ¿cómo es la cosa? ¿Escritor cubano o uruguayo?

Muchas veces he dicho que soy un ciudadano uruguayo y un autor cubano; porque aquí escribí mi primera novela de gran circulación y he dedicado el grueso de mi obra a este pueblo y sus hazañas. Pero ya tú ves, aunque puedo escribir como cubano, sigo hablando como ríoplatense... 

¿Y nunca has pensado en escribir una novela ríoplatense?

Para poder escribir como un autor uruguayo tendría que regresar y pasarme un par de años por allá. Hoy me fallaría el vocabulario, y hasta la sintaxis... Al cabo de 34 años en Cuba, tengo la pluma muy aplatanada.

Y para el periódico de la juventud cubana ¿qué opinas de ella?

Pregunta difícil, a la que de buena gana le haría un dribbling; pero como le prometí a mi mujer que no iba a decir más mentiras, te la responderé con franqueza. La juventud que veo a diario en las calles de mi barrio (La Rampa) no me entusiasma; y la que trato en círculos literarios tampoco: son demasiado europeoides y carecen de indulgencia histórica para valorar los defectos de la Revolución.

Yo, que pertenezco a la generación del entusiasmo, tengo que apelar a veces a toda mi tolerancia. Sé que en Cuba hay problemas, carencias y demás, pero los aspectos negativos del presente revolucionario suman diez centímetros y las virtudes un metro y medio. Y cuando jóvenes intelectuales, en su despiste político, suelen verlo al revés, yo me indigno; pero me consuelo al saber que hay otros jóvenes cubanos con los que un viejo lobo de bar como yo, no suele empatarse.

Son los que están en sus escuelas, fábricas, hospitales. Esos jamás acuden a los locales de mi circuito. Tampoco me es accesible la juventud que hoy presta servicios médicos, docentes, solidarios, en África, América Latina y otros países del Tercer Mundo, a la que considero flor de la especie cubana.

Como ves, no te puedo dar una única opinión...  

¿Y en tu literatura, qué papel asignas a la juventud cubana?

Mi literatura son otros cinco pesos... Primero permíteme reiterarte que sólo me interesan las novelas, y que las escribo en tres vertientes: novela política de aventuras, novela histórica y la picaresca. En esta última, donde mezclo sexo, comedia y policiaco, los jóvenes son protagónicos.

Me interesan sobre todo para entender aspectos poco mencionados de nuestra patología social. Y pese a que yo vivo atrincherado en defensa de la Revolución, he aprendido a evitar la literatura eufemística.

El eufemismo y la literatura se dan de patadas. Una literatura sin conflictos, aburre, nadie te la cree. En mi picaresca, por ejemplo, sería fatal que me dedicara a elogiar los éxitos revolucionarios en la educación o salud pública.

Premio Casa de las Américas, 2000. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2002.>>

El policiaco te exige marginalidad, violencia. Y para que las tramas sean convincentes tienes que valerte de personajes reales e introducir conflictos. En mi novela El rojo en la pluma del loro, por ejemplo, yo trato con mucho cariño un personaje socialmente negativo. Se trata de una joven jinetera, que por supuesto no estudia ni trabaja. Se prostituye. Pero al mismo tiempo es un ser luminoso, leal, valiente, capaz de arriesgarse e ir presa por defender una causa justa.

A mí me parece válido, desde la literatura, estudiar el dramático destino de muchos marginales, procedentes del campesinado o de la clase obrera, para quienes precisamente se hizo la Revolución, y que en parte por su mala suerte, desestiman las oportunidades que se les ofrece y terminan en el delito y la cárcel.

Y en este caso de la picaresca cubana, muy fértil para propiciar una reflexión crítica sobre nuestra sociedad, uno debe enganchar al lector con la envoltura light, y con la amenidad descafeinada de la comedia policiaca y el sexo. Luego, para que el mensaje ideológico resulte eficaz debes tirar la piedra y ocultar la mano.  

Y volviendo al cumpleaños ¿qué se siente al llegar a la provecta edad de los 70?

Chico, yo nací en el 33; y como a los 9 ó 10 años, cuanto tomé conciencia de que nos acercábamos al final de un milenio, saqué la cuenta de que para llegar al 2000 tenía que vivir hasta los 67 y me pareció una meta difícil.  Ignoro cuál haya sido la esperanza de vida de un uruguayo en 1943, pero uno veía poca gente de 80 años como ahora. Y a mis ojos de entonces un hombre de cincuenta años era ya un anciano. De modo que a veces me maravillo de haber llegado a los 70.

Sin embargo, en mi caso opera un fenómeno que me ayuda a no sentirme viejo. Tú dirás que me estoy dando cranque con fenómenos raros para camuflar mi decrepitud; y quizá sea cierto. Pero recuerdo que ya al cumplir los 20 me sentía viejo. La vida se me había escurrido sin dar cima a casi ninguno de mis proyectos infantiles. Lo mismo me volvió a pasar a los 30. Recuerdo que estaba en Mendoza, Argentina, lejos de mis hijos, con un matrimonio medio fracasado, económicamente mal, revolucionariamente frustrado,  y el día de mi cumpleaños, en el cuarto de la pensión donde vivía, me encerré a llorar por el fracaso de mi vida.

Me volvió a pasar a los 40, pero no a los 50, porque en Cuba ya me había hecho escritor a los 45;  y fue como empezar una vida nueva, un largo aprendizaje.  Te diré más: esta condición de escritor tardío me permitió viajar, conocer mundo, acopiar vivencias, cultura, anecdotario, y me propició el saltarme muchas tonterías que habría escrito de joven. Me permitió también verificar aquello de que Ars longa, vita brevis, porque en este largo aprendizaje del escritor, yo sólo llevo 25 años. Y eso me hace joven; me convierte en un aprendiz de escritor, al que le quedan todavía muchos secretos del oficio por descubrir.

Téngase en cuenta que un novelista standard, publica sus primeras narraciones a los 25 años, y cuando lleva 25 años en el oficio sólo ha cumplido 50, es decir 20 menos que yo. Por eso insisto en que a mi condición de escritor tardío y aprendiz, debo la juventud que hoy siento. Puedo decir que con la literatura, en Cuba me saqué la lotería.

Conversar con Daniel Chavarría es tan apasionante como leer la ágil prosa que forman sus libros, por lo que su ficha bibliográfica, premios y otros datos se los ofrezco en un recuadro. Y como tengo frente a mí a un hombre además de culto, políglota, le pregunto: ¿Cuántos idiomas conoces?

Yo hablo bien francés, italiano, inglés, alemán... Si voy a Brasil al cabo de una semana habló portugués, y me olvido del italiano, y si voy a Italia recupero el italiano y pierdo el portugués. Y claro, español, latín y griego. Si sumas la base lingüística a los vagabundeos míos, se logra aprender idiomas con facilidad.

¿Utilizas elementos autobiográficos en tus novelas?

Editorial Letras Cubanas, 2000.>>

Tengo una sola novela autobiográfica, Aquel año en Madrid, que es una historia real, mientras en Allá ellos plasmo parte de mis vivencias en el Amazonas, cuando me fui con un grupo de buscadores de oro.

¿Tienes alguna terminada que desconozcamos tus lectores?

Dos inéditas,  totalmente terminadas. Una está esperando publicación en Italia y España.

¿Entonces ahora estás "de vacaciones"?

Nada de eso: estoy concluyendo una tercera en estos días. Novelas voluminosas las tres, corresponden a una amalgama que estoy haciendo de la novela de aventura. Yo adoro la novela de aventura, es realmente lo que más me gusta, creo que la gran literatura de todos los tiempos ha sido la aventura. En nuestro tiempo la aventura se ha repartido un poco entre la novela policíaca y la de espionaje... La novela de aventura desligada de lo policíaco es muy infrecuente. Las mías tienen siempre algún elemento ligado con la intriga, la violencia, la marginalidad, en fin varias cosas que corresponden a la atmósfera policíaca, y estas tres, son nuevamente la misma fórmula: gran entretenimiento dirigida a un gran público, con un cuidado muy especial por la amenidad, que la trama coja al lector desde la primera página y no lo deje soltar el libro. Eso para mí es fundamental.

                                        
Premio de la Crítica Literaria, 2004. Editorial Letras Cubanas, 2005             Editorial Letras Cubanas, 2005.

¿Qué podemos adelantar de las tramas?

Una se llama Príapos, que es una aventura en un barrio marginal de La Habana y una especie de estudio de personajes: cinco muchachos que se crían en el barrio y tienen destinos muy distintos. Otra se llama Viuda de Sangre, que es una historia cosmopolita, una de esas historias locas, en las que a mí me gusta recrear personajes de todas partes. Traigo una princesa rusa y la meto en la Ciénaga de Zapata, la revuelvo con un millonario norteamericano, pero es una novela muy cubana y trata de un asesinato en los años 50.

Y lo que estoy terminando ahora es una novela ambientada en Europa, pero destinada a fundamentar la Batalla de Ideas, o sea una denuncia a la hipocresía de Occidente contra el Tercer Mundo, la denuncia de la crueldad. Y es también una novela de gran amenidad.

Adiós muchachos fue el premio Edgar Allan Poe. Lo recuerdo no para dar pie a una pregunta, sino a la despedida: Adiós Daniel, hasta la entrevista de los 80. Mientras... vamos leyendo tus libros.

Tomado de: http://www.almamater.cu/sitio%20nuevo/sitio%20viejo/webalmamater/libro/2003/DANIEL.HTM

 

Ficción y lengua: Del Quijote a La sexta isla  
Por Marlen Domínguez

Editorial Arte y Literatura, 1984.>>

La sexta isla, de Daniel Chavarría (1984), (1) es novela que integra la de aventuras, la picaresca y la policíaca, con la pluralidad de escenarios y personajes que a esa mezcla conviene. La parte del relato ubicada en el siglo XVII, la confesión de Álvaro de Mendoza, será el objeto de nuestro acercamiento lingüístico. En cuanto a la estructura de la novela, al modo del Quijote, esta parte tiene unidad intrínseca, y puede ser contada y leída como una historia independiente; y al mismo tiempo se integra eficazmente al resto de la novela.

Mientras SI se muestra heredera de Cervantes. Nos centraremos en los rasgos más sobresalientes de la lengua del Quijote, tal como han sido descritos por Ángel Rosenblat (1971), Américo Castro (1972), Rafael Lapesa (1981), Antonio Quilis (1990), José Manuel Blecua, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Margit Frenk, y Claudio Guillén (2004).

Una primera y muy comentada característica del Quijote es que abunda en reflexiones metalingüísticas, apegadas al ideal de selección, discreción y naturalidad que encontramos en un Juan de Valdés o en una Teresa de Ávila. De este modo, son recurrentes las críticas a la afectación, la consideración del habla común como modelo, el peso regulador del uso, la importancia de los refranes como expresiones condensadas de sabiduría popular, y particularmente una voluntad correctiva, aunque flexible, pues el papel de censor pasa de unos a otros personajes, y las correcciones muchas veces no se quedan sin réplica. (2)

SI, dedicada al meollo de la historia de Álvaro, no se detiene mayormente a reflexionar sobre la lengua desde la óptica normativa. Sin embargo, algunas frases y comentarios nos permitirán formarnos una idea del o los ideales lingüísticos de que se hace eco.

Prodiga frases latinas: Deo volente (132); algunas de mucha estirpe: animum debes mutare, non caelum (171), nox humida caelo / praecipitad suadentque cadenita sidera somnos (3)(199) y hasta las justifica el personaje, de este modo, a lo sanchesco: “y perdone vuestra merced, que de cada en cuando cite mis latinicos, pues llevo algunos ha mucho prendidos en el alma” (SI: 199). La frase latina se considera apropiada para interlocutores cultos, y para “asearse el espíritu, escardarlo de sus bajezas y reconciliar con la belleza y con lo humano”. De aquí se colige, a pesar del diminutivo con el que se rebaja la capacidad lingüística del personaje, el valor de patrón de esta lengua.

Igualmente, se identifica el estrato social del hablante por sus modos lingüísticos: “cuya buena crianza y cortesano trato, echaban de verse a tiro de ballesta, así en lo bien razonado de su lenguaje, como en su natural grave…”, “decir verdades con palabras claras y significantes, que no admitían desmayo” (238); lo cual muestra otra vez el modelo del discreto cortesano y el ideal de la propiedad y la selección.

También hay algunas menciones a otras variantes sociolectales, bien tratándolas de modo general: el “hablar germanías de pícaros y gitanos” (206), “aljamiado” (268); explicando algún modismo particular: “enviarlo a gurapas, como declarábamos, en germanía, a las galeras” (330); o bien mencionándolas en tanto rasgo identitario: “y por que nadie tuviese barruntos de mi verdadera condición, di orden en hablar como un mozo rústico” (172). 

Se mencionan, finalmente, variantes geolectales: “tono de lengua portuguesa, tan suave y cantarina” (299), “mal se me entendía el romance valenciano” (235), todo lo cual muestra, como en el Quijote, el arcoiris dialectal característico de la época, y del tipo de narración que se pretende.

En cuanto al léxico, SI muestra un trabajo muy fino y de colocación natural de numerosos vocablos de los que recoge el glosario del Quijote. Algunas son voces de la marinería, como batel (326), ferro, o camaranchón (317); otras regionales como esquife (306), o de la germanía como coima (336).

Se insertan voces que eran ya arcaísmos para el XVI, como añascar (307), do (266), contraseño (234), decantar(se) (326), prosupuesto (327), yantar (326); italianismos como sobremodo (168), o eufemismos como “mujer del partido” (317).

La singularidad estilística resulta de incrustar vocablos desconocidos como neguijón (316) o sinabafas (299); de incluir los conocidos en su sentido etimológico como es el caso de arreo (300), ahorrar (317), chusma o camarada (171); o de lograr, con series de palabras, recrear una época o tipo humano, como ocurre con las relativas al vestuario: borceguíes, greguescos, jubón, montera (166).

Igualmente son de gran interés y eficacia los numerosos fraseologismos que se incluyen en el texto: darse cata (149), curarse de (151),  a tiro de ballesta, al vivo (153), maguer que (154), echaban de ver (238), a paso tirado (239), alzar el entredicho (329), ponerse en cobro (329), cortar la cólera (330), dar cordelejo (330), de chapa (333), la mayoría de los cuales se hallan en el texto cervantino, y cuando no, por su virtud de engarce, crean esa ilusión.

En cuanto al valor sustancial del nombre propio, característico del humor del Quijote, como se sabe, es rasgo que aparece mucho más discretamente en SI, donde hay que buscar mejor la adecuación al modelo por el regusto de los nombres epocales: Mencía, Álvaro, Gonzalo, Alonso, de modo que incluso los creados lo están en el mismo espíritu: Fuentearmejil. Quizás en alguno podría encontrarse un aliento del humor o caracterización cervantescos como en Pedro Sayago, un criado de Salamanca.

Las formas de tratamiento más frecuentes en el Quijote, como corresponde a su índole, son: vuestra merced, caballero, Dios, señor(a). En SI no abundan las apelativas, salvo las presentes en las misivas, pues predominan los pasajes narrativos, pero la más frecuente de las que se hallan es la forma de respeto vuestra merced, apropiada para la relación de poder y no solidaridad, dado que el interlocutor de Álvaro es el fraile Jerónimo de las Muñecas, de San Cristóbal de La Habana (118), letrado y conocedor de latines (199). Como formas referenciales sí se encuentran caballero, mozo, e incluso alguna con mucho sabor quijotesco como “señora absoluta de mi alma” (156).

Los estudiosos del Quijote coinciden en advertir en su prosa tanto sinonimia, “acumulación de significaciones”, como repetición de palabras y grupos de palabras “acumulación de significantes” (Quilis: 210 y ss), o series distributivas, por ejemplo, con nexo allí (455), recurso narrativo acaso enfático, acaso propio para la lectura en alta voz, y que marca varios momentos de la historia de la literatura española.

En SI el rasgo aparece discretamente, en expresiones tales como “mi honradez y buen juicio” (301), “pocas veces o nunca viene el bien puro y sencillo, sin ser acompañado o seguido de algún mal que le turbe o sobresalte” (433); “fementido y embustero” (304), que son casos de sinonimia contextual. Se encuentran, además, estructuras distributivas, como ya… porque (301), u otro tipo de expresión hecha por repetición, tales como “luego, luego” (301), “al cabo, al cabo” (304), “de todo en todo” (305), de las cuales solo la última se recoge en el glosario.

En la morfosintaxis, según los autores consultados, merece destacarse en el Quijote las polaridades, las simetrías, los pases del estilo indirecto al directo, las digresiones, los apóstrofes dirigidos a un personaje, al público, o al oyente; la presencia o ausencia de estructuras hiperbáticas, según el hablante; la abundancia y frecuencia de comparaciones, exclamaciones y preguntas retóricas. Todos se detienen en la importancia de las paremias en la obra, y Rosenblat (ref. cit.) en el tópico o lugar común y su estilización.

En SI este nivel de lengua también revela múltiples afinidades con el Quijote. Predomina el estilo indirecto, aunque con variantes en cuanto a la presencia o ausencia de nexo.

Algunos rasgos se toman para estereotipar esta habla, tales como:

SI: “suplicóle” (118), “llénanme” (131), “habíanse conjurado” (148), “desamparado me habían” (171) en excesos que llegan hasta “lo tal esme forzoso” (157)

SI: “hasta que ya estuviese yo” (155), “tomando derechamente de Madrid la vía” (170)

SI: “siendo que allí los calvinistas”, “Pasado que hubo”; “en naciendo mi hermano Lope” (148)

SI: “propuso de seguir” (148), “había tenido de renunciar” (150), “de enviarme a España, junto de mi padre” (153), “dar orden en sepultar otro día al mancebo” (170)

   SI: “a causa (  ) que vivía pared y medio de los Fuentearmejil” (167)

  SI: “los bajeles se partían” (153),

SI: “desta” (132), “amigos dél” (169)

    SI: “un su primo” (150), “el mi regreso” (156), “del mi amigo” (173).

SI: “a veinte y dos días del mes de junio de mil y seiscientos y veinte y ocho años” (118)

SI: “la Divina Providencia, quien le escogiera para confesor” (131), “adonde lo llamara el duque de Alba” (148)

SI: “declaróme que mirase más a la buena fama” (155), “cambiase mis ropas de estudiante” (170)

SI: “con más adversa que próspera fortuna” (131)

SI: “maguer" (154), “cabe” (118), “cada y cuando” (168)

SI: “había ya muchos años” (155), “mi propósito, que había tiempo lo tenía fabricado” (172), “no era en mi mano hacer otra cosa” (170)

SI: “conoció ser yo el matador del caído” (170), “pensé yo ser bien ponerlo por     obra” (171), “juzgué ser bien la partida” (172)

Se advierte en SI la repetición de vocablos y estructuras: “Pesábame por mi amada, y pesábame también por su anciano padre” (170), y pueden anotarse, aunque no tan frecuentes, algunas exclamaciones y apóstrofes: “Ah, cuan de un sutil cabello tenía colgadas mis esperanzas” (172).

Tal como se comenta para el Quijote, se hace un uso relevante del modo morfológico de expresión del superlativo: notadísimo (149), grandísimo (166), aprovechadísimo (201), regaladísimo (207), secretísimo (233).

Sin embargo, no tienen presencia significativa en SI rasgos frecuentes del Quijote tales como la asimilación de consonante final por amalgama de clíticos: “la descortesía de no respondelles” (Q: 434), o la frecuencia de los casos de leísmo: “ni nosotros ya le veíamos” (Q: 433).

En resumen, la textura de los pasajes, por sus vocablos añejos y su estructuración, trae aire de familia con los del Quijote: SI: “que zarpara por la derrota de Portugal” (274), “me alongué por el camino de Salamanca” (197).

Como hemos podido apreciar, la ficción lingüística no se resume a un mero hecho formal ni se queda en la superficie: cala las obras de parte a parte, hasta hacerse sustancia y personaje: las obras son, antes que otra cosa, la lengua en que hablan. Se trata de un proceso de apropiación, en el espíritu de un Andrés Bello, quien consagra en su Gramática… escrita para americanos la condición de modelo lingüístico del Quijote (Rojo: 1128).

Y ello es así tanto por el ejercicio mimético de la reproducción de las hablas, como por la permanente recurrencia a la reflexión, el comentario, e incluso las proposiciones preceptivas en relación con usos y variedades.

El juego de tiempos y espacios que de este modo se logra nos devuelve al ser humano universal, más allá de circunstanciales determinantes de época: sensual y noble a las veces, ambicioso o murmurador, amante y fraterno, violento o burlón, eterno buscador de la libertad, en una cadena de referencias que tiene su parentesco más cercano con el Quijote, pero que podría remitirse hasta al ser vapuleado por las circunstancias o el destino de la tragedia griega.

Los rasgos que se toman como representativos del logos quijotesco son, precisamente, aquellos que se han convertido en estereotipos: un léxico con sabor de vino añejado, perlas de fraseología caracterizadora, sazón de refranes oportunos, un nombre propio que a fuerza de sustantivo va extendiendo su campo.

Chavarría en SI realiza este ejercicio con la minuciosidad y la atención al detalle del mejor filólogo. Su ficción lingüística se maneja como por casa entre el epíteto, el ablativo absoluto, el clítico pospuesto o la cláusula de infinitivo.

En el ámbito histórico Chavarría recoge los antecedentes más inmediatos, y los enlaza con el Quijote y la picaresca.

La utilidad del remedo del habla cervantina en Chavarría consiste en dar credibilidad al relato y las cartas enmarcadas, que a la larga justificarán la novela toda, el suspenso, el final del suceso policiaco, de modo que un rasgo menos parecido a la lengua de hoy será más eficiente para lograr este efecto, que conservar a ultranza los caracteres reales de la lengua del modelo. Por eso llegamos hasta formas más relajadas y contemporáneas como “había al pie de dos años” (303).

El propio anacronismo o el panlectalismo abigarrado que sirve al mosaico vale para lograr el humor y la ironía como instrumento descriptivo y valorativo de la realidad.

SI, novela cubana contemporánea, suspende su línea del tiempo en Cuba. Chavarría, con un arte de prestidigitación, coloca en una de las islas de nuestro archipiélago el tesoro de Álvaro de Mendoza y aunque esta es la parte menos lograda del libro, sirve para poner junto al habla del XVI, la más sabrosa y popular de hoy, y dejarnos ver la buena salud de que goza “el muerto” del tal Saavedra.

Notas
(1) A partir de ahora se rotulará SI  para mayor comodidad.
(2) A este respecto véase, como resumen, mi trabajo “Cervantes, la lengua”.
(3) Ver, el texto tiene errores: praecipitat debería ser, y no con d; cadenita debe ser cambio de cadentia. Desconozco si esto se debe a error de imprenta, o es un recurso del autor para reflejar la falta de competencia de Álvaro de Mendoza en el latín que se precia de conocer.

Bibliografía
Aguirre, Mirta (1971) La obra narrativa de Cervantes, Instituto Cubano del Libro, La Habana.
Blanco, Nilda (1980) Visión cubana de Cervantes, Letras Cubanas, La Habana.
Blecua, José Manuel, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Margit Frenk y Claudio Guillén (2004) “La lengua de Cervantes y el “Quijote” en Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha, RAE, Madrid.
Castro, Américo (1972) El pensamiento de Cervantes, Noguer, Barcelona.
Chavarría, Daniel (1984) La sexta isla, Arte y Literatura, La Habana.
Cervantes, Miguel de (1972) El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Instituto Cubano del Libro, La Habana.
Eguren, Gustavo (1982) Aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta, Unión, La Habana.
González, Reynaldo (2001) Al cielo sometidos, Unión, La Habana.
Lapesa, Rafael (1981) Historia de la lengua española, Gredos, Madrid.
Quilis, Antonio (1990) Historia de la lengua española I, UNED, Madrid.
Rosenblat, Ángel (1971) La lengua del Quijote, Gredos, Madrid.

 

Con vocación de viajero y oficio de escritor 
(Fragmento)
Por Lidia Señaris Cejas

Premio de la Crítica 1995. Editorial Letras Cubanas, 2000.>>

(…)
A mí me parece que usted está fiestando siempre. Las clases son otra fiesta. ¿Ese es el estilo suyo?

En la docencia trato de ser ameno y sacar mis mejores dotes histriónicas. En general lo alumnos lo agradecen y las clases se hacen más llevaderas. Eso puede ser a veces un gancho pedagógico, yo lo uso sistemáticamente y creo que así se pasa mejor el rato ¿verdad? Creo que es un problema de estilo, sí. Quizás hay gente que no puede adoptar esa forma, del mismo modo que yo no puedo adoptar el estilo clásico, serio, académico, que le da excelentes resultados a otros temperamentos. Entonces, sí, yo utilizo la fiesta, la pachanga.

¿Qué piensa el profesor del escritor?

Esa es una pregunta que no me han hecho nunca, y no sé realmente si me la he hecho yo alguna vez. Como profesor de Latín y Griego estoy absolutamente forzado a ser un regular lingüista y a tener un decoroso dominio de mi lengua. Desde esa perspectiva el profesor actúa como corrector de estilo, como redactor, crítico. Y me es imposible escribir sin que esté presente el aparato expresivo que da el dominio de las letras clásicas.

Y el escritor, ¿qué piensa del profesor?

El escritor es un poco el censor del trabajo académico.

Eso mismo del gancho de la amenidad en el aula es también una práctica de la profesión literaria, el gancho para atraer al lector al plano del problema ideológico, de los principios, de la búsqueda estética. En el género policiaco, por ejemplo, yo utilizo el gancho del "suspense", de la acción, con intención de hacer un trabajo ideológico, pedagógico.

Es decir, que en el trabajo docente utilizo recursos pertenecientes al campo de la literatura que cultivo y en la literatura tengo un fiscal atrás, el lingüista que me ha dado la formación académica.

Entonces el escritor y el profesor se llevan bien...

¡Cómo no! se quieren mucho.

¿Y qué piensa Chavarría de los dos?

Esa pregunta está como rara ¿no? Hasta el momento yo no tengo aptitudes "medíúmnicas", ni capacidad para el desdoblamiento del "yo" de manera consciente. Pero en general Chavarría ciudadano, es feo decirlo ¿verdad? está bastante contento de cómo le van las cosas. Uno siempre aspira a más, nada es perfecto, pero dentro de eso, que es algo obvio, yo confieso que estoy bastante contento.

Cuando habla de Cuba en las clases siempre dice "nuestro país". ¿Es Cuba la sexta isla en el mapa de sus amores, o quizás la primera?

La sexta isla es la isla del tesoro, no te olvides. Y Cuba no es la isla del tesoro, sin embargo, llevo dieciséis años viviendo aquí. Esa pudiera ser una respuesta

Cuando yo hablo en plural, lo hago desde lo perspectiva de un trabajador de la cultura cubana. Yo tengo nacionalidad uruguaya pero tengo la particularidad de ser un escritor cubano. Me inicio y me doy a conocer en la literatura con una temática exclusivamente cubana, que es la literatura policial, o mejor llamada en el campo socialista "literatura política de aventuras". Esta no se puede realizar fuera de Cuba por ahora. Porque sería fraudulento inventar una trama donde el contraespionaje argentino o mexicano, por ejemplo, se enfrentara a los órganos de la Inteligencia norteamericana, eso no existe. Este es el único país que está enfrentado a los Estados Unidos en el plano de la Inteligencia, y por tanto, este es el único país de América Latina y de habla española que permite cultivar ese género mediante una inserción en la realidad. Soy también un escritor cubano porque, aunque no hablo en cubano, si escribo en cubano. Puedo escribir con fluidez el habla popular cubana, lo que ya no puedo hacer con la uruguaya ni la argentina. Además, como profesor estoy comprometido con los problemas de la cultura cubana.

Ahora, uno es lo que es, yo soy uruguayo y seguiré siendo uruguayo. Yo podría haber elegido vivir aquí de por vida. No he pensado en irme, ni quiero pensarlo. No tengo compromisos políticos en mi país porque mi exilio se relaciona con Colombia, no con el Uruguay. He hecho mi vida y me he imbricado aquí. Pero el acto formal de cambiar de nacionalidad pienso que no lo voy a realizar nunca. Yo me considero cubano por las razones que te dije, además por vivir aquí, tener hijos cubanos y estar vinculado afectiva e ideológicamente con la Revolución.

Tomado de: Bohemia,  no. 38, 19 de septiembre de 1986, p. 47.

 

Un híbrido de lenguas, lenguajes e historias
Por Amaya Santana Delgado

Editorial Letras Cubanas, 2004.>>

Historias o noveletas disímiles, entrecortadas y, a la vez, interconectadas conforman una de las novelas –a mi juicio– mejores, logradas por el escritor Daniel E. Chavarría (1933). Se trata de Una pica en Flandes, publicada por la Editorial Letras Cubanas en el 2004 y por varias casas editoriales extranjeras. 

Chavarría esta vez nos propone cuatro protagonistas insertados cada uno en historias o noveletas distintas: un arqueólogo homosexual (Oscar), un hombre tímido que conquista a una mujer muy bella mediante el recurso de orinarla (Gregorio), un hombre que no logra frenar sus deseos sexuales ante la belleza femenina –involucrado con su cuñada y con una alumna muy experimentada, hija de un mafioso– (Manfredo), y una politóloga que combatió en América Central (Hans). A pesar de que cada uno se encuentra inmerso en historias o noveletas distintas, divertidas, de mucha acción y suspenso, los tres primeros –al poseer algunas características y necesidades afines– se involucran en un enigmático concurso que posee cuatro certámenes y que tiene una finalidad encubierta que se torna clara solo en el epílogo, en una informe que le enviara Marie Bienvenue, presidenta de la fundación Pro-Veritate (que lanzó el concurso enigmático) a Oscar, Gregorio y Manfredo. 

Gregorio, de los cuatro, es el personaje más diverso, cambiante; su pensamiento y deseos varían sustancialmente por las novedades que se le van presentando en la vida. Es un niño despreciado por el padre y recluido por su madre nueve años en la casa, debido a su fea fisonomía, lo que trae consigo que tema el mundo exterior. A los diecisiete años es sometido a una operación máxilo-facial, y a partir de este momento es que comienza a conocer entorno, el cual no le fue pareciendo tan aterrador e indeseable como pensaba. Ante la muerte de su madre, poco tiempo después de su operación, buscó refugio en la religión y, sobre todo, en el ajedrez, único juego que despertaba en él interés. De un monje pusilánime se convirtió en un “hombre del siglo”,  entregado de lleno a la lujuria, uno de los siete pecados capitales. Finalmente, pudo comprobar cuál era la mujer que mejor le convenía en relación no sólo con lo sexual, sino con el pensamiento y las aspiraciones que poseía. 

La sexualidad, unida al suspenso, la  intriga y lo detectivesco, es un elemento que acompaña a Oscar, Gregorio y Manfredo, en grados e intereses distintos. Si Oscar está enamorado perdidamente de un joven, Manfredo no logra saciar sus deseos sexuales con su esposa, es fácilmente seducido y conducido a la cama, por mujeres bellas, sin  poner freno a ello. Gregorio, por su parte, solo logra descubrir los placeres carnales a una avanzada edad, y en cuanto los descubre, se siente atrapado por ellos.

Una pica en Flandes posee varios intertextos que van complementando las historias de todos y de cada uno de los personajes protagónicos: cartas, los anuncios y bases del concurso de Pro-Veritate, cronograma de los juegos de ajedrez de Gregorio, los fallos de los cuatro certámenes del concurso, más la breve autobiografía de Mme. Marie Bienvenue y la biografía mínima de Paco J´ Argentin; estos documentos se presentan según el tipo de texto que son.

El lenguaje en la novela

El trabajo con el lenguaje es muy rico en la novela. Chavarría a través de sus personajes y hasta del narrador en tercera persona, muestra su gran dominio de las lenguas romances y de las lenguas clásicas: se entremezclan en la novela palabras o frases italianas, francesas, latinas y griegas. Se trata de un ejercicio lingüístico muy bien logrado, pero que exige un lector, en buena medida, familiarizado con estas lenguas.

Chavarría nos propone a tres hombres que, a pesar de no tener una vida similar, son buenos, sensibles, humanos; poseen una vasta cultura clásica, y son capaces de descifrar enigmas relacionados con la historia, el arte, la filosofía y las letras de la Antigüedad grecorromana y que propician, fundamentalmente, el estudio del origen y la evolución de la lengua: “Entre los romanos, exagium significó en su origen 'el acto de pesar'. El término evolucionó hacia significados como 'medición', 'valoración', 'apreciación'; hasta que en el lenguaje libresco, adquiere el significado de 'investigación o estudio valorativo de un tema'.” (1) (Chavarría, 2004: 265).

El título de la novela Una pica en Flandes se explica en la novela a través de la intervención del narrador en tercera persona. Se trata de un juego improvisado de palabras, típico de don Silvestre. Este le comenta a aquel que se lanzaría a una gran aventura o que de lo contrario le quedaría poner la cabeza en un picadero. A lo que le respondió don Silvestre: “Muy bien, Monjito, así me gusta oírte, animoso, cojonudo, dispuesto a poner una pica en Flandes.” Al parecer la palabra picadero le había sugerido pica.

A pesar de que no es lo que predomina en la novela, ya vimos anteriormente qué lenguaje es el más empleado, existen algunas zonas en las que irrumpe el lenguaje popular, coloquial: “Ya no era un monje pusilánime, sino un tío cojonudo con todo el mundo por conquistar”; (2) “Se dice que el húngaro de mierda no es mejor que él; y se pregunta por qué coño farfulla esas palabrotas que él aborrece”; (3) “El Gran Maestro húngaro la ha cagado”.(4) 

Los disímiles pasajes amorosos no son presentados de forma grotesca; con palabras certeras logra Chavarría introducir al lector en esos momentos de gran pasión: dúos y tríos de lesbianas, el incesto entre padre e hija, la relación de Oscar con Abdel, más las relaciones de Manfredo y Gregorio con las mujeres con las que se ven involucrados.

Considero que nos encontramos ante un ejercicio literario muy complejo, en el que Chavarría hace gala de sus conocimientos lingüísticos con gran maestría, y en el que el lenguaje, cualquiera que sea, tiene un gran peso.  

Notas
(1) Chavarría, Daniel: Una pica en Flandes, p. 93. Editorial Letras Cubanas, 2004.
(2) Ob. cit, p. 94
(3) Ob. cit., p. 101
(4) Ob. cit., p. 102

 

Adiós muchachos: Chavarría y la literatura de los noventa
Por Patricia Motola Pedroso

Editorial Letras Cubanas, 2002.>>

I. Las causas de las cosas de los muchachos

La década de los noventa del siglo XX fue sin dudas una de las etapas más difíciles del período revolucionario cubano. Todo se trastocó, como es propio de un momento de crisis. La literatura no quedó exenta de este fenómeno; fue ella en gran medida la encargada de poner sobre la mesa los acontecimientos diarios. Hubo entonces cambios en la manera de hacer y el qué decir. El realismo tomó una vez más el protagonismo en cuanto a estilo, se jugó con los cambios de registro en el lenguaje, se invadieron las fronteras genéricas, y se comenzó a jugar con el descreimiento y el escepticismo bajo categorías como la intertextualidad, el collage, el pastiche, la ironía, el humor y las relaciones interartísticas.

Temáticamente otros asuntos llamaron la atención, nunca nuevos dentro de la tradición literaria de la isla, sobre todo después de las ganancias de las vanguardias. Pero a medida que se transformaba la sociedad, aparecían nuevos sujetos sociales, y ellos fueron incorporados dentro de las historias narrativas. La prostitución y sus múltiples variantes, el discurso de género, la racialidad, la violencia, la penuria doméstica diaria, la crítica a las condiciones económicas del país, la emigración, el sujeto extranjero y su actuación, la sexualidad, los diferentes vicios y enfermedades, la ciudad como espacio agresivo, entre otros asuntos recurrentes, señalaban la necesidad de redefinir una vez más el ser cubano. El problema de la identidad subyacía en las preocupaciones de muchos escritores, para otros, se trataba de un simple juego con concesiones a las nuevas reglas del mercado.

De toda esta manera de narrar una parte de la Cuba de los primeros años de la década de los noventa, pocas voces han permanecido, e incluso recibido cierto reconocimiento por parte de la crítica y el público lector. Ese es el caso de Daniel Chavarría.

II. Las cosas de los muchachos

La acción que tiene lugar en la novela Adiós muchachos está influida por las circunstancias anteriores. De manera explícita, el escritor ha apuntado dos años: 1996 y 1998, que cierran los momentos más críticos de los noventa pero aún muestran sus rezagos. Los protagonistas responden a la cambiada sociedad: Alicia fue estudiante, ahora se prostituye, aspira a casarse con un multimillonario y salir del país; Víctor, extranjero, delincuente, junto a otros intenta negocios mixtos con la parte cubana relacionados con la excavación subacuática de los tesoros coloniales.

Alrededor de ambos aparece más de lo mismo con diferentes matices: una madre, antigua esposa de diplomático y que ahora apoya a su hija en los juegos de seducción sin remordimientos; Reiks,  jefe de Víctor con doble personalidad, a veces hombre, otras, Elizabeth, la mujer del segundo; Van Dongen, hombre de confianza y primo de Reiks, con complejos por su gran nariz, a sus espaldas una familia desecha y en espera de la oportunidad para cambiar de vida.

Negocios de sexo y dinero relacionan a todos los personajes, quienes desarrollan la mayor parte de sus acciones en la urbe capitalina. En consonancia con los intereses de estos, no se presenta aquí La Habana marginal, sucia y en ruinas –imagen privilegiada muchas veces– sino que esta otra Habana es la de los lugares inalcanzables por el cubano de a pie. Hoteles, oficinas de firmas, lujosas casas en Miramar y Siboney, la 5ta avenida construyen el ambiente fundamental para el desarrollo de la trama. Llama la atención que la mayoría de las veces, se favorezcan espacios cerrados, donde bien pueden esconderse esas acciones no reconocidas en ningún código.

Corrupción, actividad delictiva, prostitución, homo-bisexualidad, y sujetos con una sola cara: la disfuncional, la de la insatisfacción y la del placer de lo prohibido, develan constantemente la transformación de los principios éticos y morales en mercancía. Aquí todo límite ha quedado eliminado.

III. No hay adiós para el muchacho

Chavarría demuestra con esta novela sus capacidades de escritor, de artífice de historias y manipulador de la vida de los personajes. Los hilos de la trama se entretejen finamente para también hacer caer al lector en las trampas de toda la orquestación. Un estilo y lenguaje muy depurados –con uso de intertextualidades que denotan la referencia culta–, la simplificación hasta el extremo de todo elemento que conforma la historia y los personajes, la mezcla de géneros literarios en la que se hace evidente la presencia del policiaco, revelan la transformación de la literatura según los nuevos órdenes sociales y del mercado de los años noventa. Como un gran groumet, analiza y calcula cada paso, esconde el dato o lo devela poco a poco, tensa la cuerda más fina o distiende la acción. Sugiere pero también sentencia, no duda en el uso de lo banal ni lo mundano, y desafía todo el tiempo al lector.

Es este el gran divertimento de Chavarría, y ello le ha ganado la fidelidad de los lectores. Siempre dispuesto a sorprender, recuerda que la literatura es aprendizaje, pero también placer.

 

Y el mundo sigue andando. Memorias
Por Jesús Dueñas Becerra, crítico y periodista

El hombre es el más misterioso
y el más desconcertante de los
objetos descubiertos por la ciencia
Ángel Ganivet.

El escritor y periodista uruguayo-cubano, Daniel Chavarría, Premio Nacional de Literatura 2010, es el autor del libro Y el mundo sigue andando… Memorias, publicado por la capitalina Editorial Letras Cubanas.

Con apoyo en los resultados del análisis que hiciera de ese texto, no solo como crítico, sino también como ferviente admirador de la obra periodístico-literaria del también traductor y profesor de Latín, Griego y Literatura Clásica en la Universidad de La Habana, he llegado a la conclusión de que esa obra podría clasificarse como perteneciente al género testimonio, ya que, según el criterio sustentado por el doctor Salvador Bueno:

“En los últimos años, la literatura de testimonio ha ido mostrando cada vez con mayor claridad su importancia y calidad. En ella, se vinculan el periodismo y la literatura al extremo de confundirse sus fronteras y de penetrarse [e influirse] mutuamente. Un libro de testimonio adoptará los elementos de un reportaje, empleará […] técnicas que se consideran ligadas a la actividad [periodística]. Pero, al mismo tiempo, el autor […] deberá insuflar a esos factores el aliento de la creación [poético] literaria, la imaginación que impulsa su trama narrativa, el acento personal de un escritor que se halla impelido a comunicar a los lectores la emoción y la pasión que lo mueven a realizar esa obra”. (1)

¿Le asiste a algún crítico o lector la más mínima duda de que esa joya literariacumple al pie de la letra todos y cada uno de los indicadores teórico-metodológicos reseñados por el doctor Salvador Bueno para ser valorada, no solo como memoria autobiográfica, sino también como testimonio; género conceptuado como “[…] testificación, atestación o aseveración de un hecho […], prueba de una verdad […], (2) donde lo objetivo y lo subjetivo se funden en cálido abrazo?    

En las casi 600 páginas de Y el mundo…, el laureado narrador revela secretas confidencias en esa historia novelada de su vida; y por otro lado, le muestra al lector facetas poco conocidas o ignoradas de su carismática personalidad, así como la gama de oficios que las circunstancias más adversas u hostiles lo obligaron a ejercer durante su juventud: guía de museo en la Península Ibérica, obrero metalúrgico en Alemania, buscador de oro en la selva amazónica brasileña y empresario en Colombia (por solo citar las más relevantes).

No obstante las aventuras y las desventuras de ese émulo suramericano de Jean Valjean –protagonista de Los Miserables, clásico de la literatura universal salido de la fecunda pluma del genial escritor francés, Víctor Hugo– y de todos los avatares que debió enfrentar durante su azarosa vida como guerrillero, seductor empedernido y “maestro” del autoengaño, Daniel Chavarría abrazó desde su adolescencia la causa de los oprimidos, y al igual que Martí, decidió unirse a los pobres de la tierra, y con ellos, echar su suerte hasta el final de su corta, pero fecunda existencia terrenal.

Esas convicciones revolucionarias, que nacieron, crecieron y se consolidaron en el centro mismo de su yo esencial, fueron las que empujaron a Chavarría a secuestrar, en 1969, una aeronave y dirigirse a Cuba en busca de la libertad y de una nueva vida, que lo alejara definitivamente de la “pesadilla” –no exenta de un sutil encanto– que había sido su existencia hasta ese momento.

En la mayor isla de las Antillas, pudo materializar su sueño de estudiar y superarse hasta alcanzar la categoría docente de profesor titular de la Facultad de Lengua y Literatura Clásicas en la capitalina Alma Mater, y escribir novelas policiacas que han sido multipremiadas, tanto en certámenes literarios nacionales como extranjeros, y publicadas en nuestra geografía insular  y en el exterior.

Leer una novela policiaca escrita por un narrador de la talla excepcional de Chavarría es un placer inefable para el intelecto y el espíritu humanos…, pero leer Y el mundo sigue andando. Memorias deviene una suave caricia a la mente y el alma de los fieles seguidores de la fecunda obra de uno de los grandes escritores iberoamericanos contemporáneos.

El otorgamiento del Premio Nacional de Literatura 2010 a Daniel Chavarría no solo lo honra como escritor y como persona, sino también a Uruguay y Cuba –países a los que ama con todas las fuerzas de su ser, al igual que a la patria grande latinoamericana con la que soñaron el Libertador Simón Bolívar y el Apóstol José Martí.

Notas
(1)  Bueno, Salvador. Citado por Evelio Tellería Toca. Diccionario periodístico. La Habana: Editorial Oriente, 1986: p. 283.
(2) Tellería Toca. Ibídem., p. 282.