A los 80 años de Sóngoro-Cosongo (1931)

Por María Eugenia Mesa Olazábal

Diez años atrás sostuve una animada conversación con  el querido poeta y ensayista Ángel Augier, a propósito de los 70 años de la publicación de Sóngoro-Cosongo. Entonces, el biógrafo del Poeta Nacional con  júbilo en su rostro, dijo: ¡Sóngoro-Cosongo, un escándalo! Suficiente. El pie forzado ya estaba dado y quedé comprometida a desentrañar la génesis del escándalo guilleneano de 1931.

Cuando apareció el poemario Sóngoro-Cosongo, poemas mulatos,  corrían los primeros días de octubre de 1931, antecedido por los célebres ocho Motivos de Son (1930), cuya edición príncipe fue sufragada por su autor  con el dinero  ganado por un premio de la Lotería Nacional. El volumen impreso  por la casa  habanera Úcar García y Cía, con prólogo y versos  bautizados  como “poemas mulatos” debidos a su creador, constituye, entre otras lecciones,  una audaz significación de cubanía. Allí se lee:

 […] No ignoro, desde luego, que estos versos les repugnan a muchas personas, porque ellos tratan asuntos de los negros y del pueblo. No me importa. O mejor dicho: me alegra. Eso quiere decir que espíritus tan paniaguados no están incluidos en mi temario lírico. Son gentes buenas, además. Han arribado penosamente a la aristocracia desde la cocina, y tiemblan en cuanto ven un caldero.

Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero.  […] Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: “color cubano”.

El nuevo libro de Nicolás Guillén provocó mayor crítica que su antecesor. Su aparición se produce en un ambiente de emociones líricas de “muy amplio radio y calaba más hondamente la sensibilidad en carne viva de aquel instante de inquietud nacional, de lucha antimachadista”. Se reconocía la trascendencia por su carácter auténticamente cubano y de expresión folklórica”. Los rechazos fueron  centrados por el aserto del mestizaje de su verso. Algunos,  alarmados, no negaban la alta calidad y la madurez de lo que planteaba retadoramente Sóngoro-Cosongo. Se transpiraba un pensamiento más o menos consciente, de la mentalidad colonial o de una cierta susceptibilidad social renuente a transgredir con las cosas del pueblo y menos con una parte tan sustancial de él como los negros.        

Vale recordar las reservas y las adhesiones suscitadas por aquel libro. Entre las primeras estuvieron las expuestas por Enrique Pomares en su sección Sonriendo, del periódico  El Mundo –edición, octubre 15 de 1931–, texto modelo de prejuicio enmascarado:

[…] El hombre de talento, por la propia cualidad abstracta de su espíritu, no es más que hombre de talento y lleva en él las ventajas y todos los reconocimientos de esa cualidad esencial de su andar. Además, Sóngoro-Cosongo no entra en la lógica de la terminología que Nicolás Guillén quiere darle. Sus versos, de fuerza interior indiscutible, es novedad folklórica y de vigorosa personalidad para el nombre de un poeta cubano, tratan temas de puro origen africano. […]

Jorge Mañach, en carta al poeta  –octubre 6 de 1931–, mostró  su impresión en privado, pues –al parecer–, no quiso exponerse al juicio público. Y le expresa: “[…] este libro suyo es todo un suceso literario de los que hacen punto y aparte. Una enérgica afirmación de personalidad criolla y una preciosa realización técnica”. Pero, el crítico  Augier  trae a colación la opinión vertida por este autor, en sus  Glosas de El País  (octubre 20) y, dice:

[…]  se dejó ganar por las prevenciones del comentarista de El Mundo: Pomares, tomando una posición muy segura, que conquista de entrada una adhesión “en principio”, se pregunta frente a estos “poemas mulatos” sí es lícito el empeño de hacer una “poesía de color”. La poesía, como manifestación de belleza es universal –dice en otras palabras–, y no admite, cuando auténtica, ninguna restricción intencional. Es de todos y no es para todos,  y no es poesía.

Estima que  Mañach elogia el aspecto folklórico de la obra, no tratado con anterioridad en la literatura  cubana, de lo cual Guillén es iniciador;  rescata el motivo folklórico del dominio plebeyo, lo estiliza, lo depura y lo hace materia artística; mas, anota, que las conclusiones finales  semejan a las del citado  Pomares.

Juan Marinello, que luego habría de calar con maestría y devoción en el centro del fenómeno poético de acento negro. Escribió al poeta (diciembre, 12):

[…] Sóngoro-Cosongo. ¡Qué bello libro! Todo lo bueno que de él se ha dicho en estos días es certísimo pero habría que decir mucho más de lo que se ha dicho. Por primera vez con usted –y con Emilio Ballagas– lo negro que hay en el negro y en el blanco criollo, ha encontrado su certera expresión lírica. ¿Cómo hasta ahora, hasta ustedes, no le habían salido al son, a la cumbancha, a la bacha, a la sandunga mulata, esas alitas invisibles que los hacen entrar en el  reinado poético? Sóngo-Cosongo será –es ya—un momento crucial en nuestro verso. […]

El erudito José María Chacón y Calvo, escribe desde Madrid (diciembre 25, 1931) y expresa su alta valoración: “[…] Su libro me impresiona profundamente. No creo que haya en nuestra literatura más auténtica poesía folklórica. No es folklore como motivo literario, sino como impulso vital. Como elemento humano, como creación superadora de la realidad cotidiana. Emilio Ballagas, dio a conocer su apreciación el 29 de diciembre en los periódicos  El MundoDiario de la Marina, al través del texto: Nicolás Guillén y el mensaje inédito donde califica el libro como  “punto de partida de una auténtica poesía cubana”. José Antonio Ramos, una de las personalidades más recias de la primera generación literaria republicana, en epístola proveniente de la Universidad de Pensilvania (diciembre 26 de 1931) afirma: “Sóngoro-Cosongo tiene muy poco del africanismo profesional hoy a la moda en nuestra sociedad capitalista moribunda. Tiene el ritmo negro y la sobriedad destilada por el arte literario de muchas generaciones de poetas blancos. Y esa fusión feliz es lo más importante de su libro...” Luis Aguiar Poveda, en la Revista de Oriente, consideró que  la resonancia de Sóngoro-Cosongo es “el acontecimiento más singular y brillante de 1931 en Cuba. Ese artículo, causó comentarios entusiastas en el extranjero. Por ejemplo,  El Sol de Madrid, en su edición del 16 de abril de 1932 publicó Poesía negra por  Luis de la Serna quien señala: “La Mujer de Antonio, Papá Montero. Quirino, pasan a ser personajes en la lírica de lengua castellana. Nicolás Guillén se alinea – ¡y con qué viejo gusto por parte de ellos!– al lado de los buenos poetas españoles de nuestros días. Ese garfio submarino que va de continente a continente, le lleva un mensaje de simpatía”. Y, Miguel de Unamuno –mensaje (junio 8, 1932)–, aprecia:

[…] leí –apenas recibido- su Sóngoro-Cosongo, […] Después lo he vuelto a leer –se lo he leído a los amigos míos– y he oído hablar de usted a García Lorca. No he de ponderarle la profunda impresión que me produjo su libro, sobre todo “Rumba”, “Velorio de Papá Montero” y los Motivos de Son. Me penetraron como a poeta y como a lingüista. La lengua es poesía. Y más que vengo siguiendo el sentido del ritmo, de la música verbal, de los negros y mulatos.”

Rubén Martínez Villena, comunicó su  juicio en carta enviada a su esposa desde Moscú  (26 de abril de 1932): “Es una buena cosa: Guillén –a quien conozco hace mucho tiempo- se ha encontrado, y aunque algunos poemas recuerdan romances de García Lorca, hay muchas cosas formidablemente originales a fuerza de ser iguales a las palabras, frases y sentimientos del pueblo negro.” (1)

Edición cubana de 1942.>>

Hubo todo un repertorio de críticas enaltecedoras para Sóngoro…, que no podemos abordarlas todas, aunque sería injusto no mencionar el valioso y oportuno ensayo de Regino E. Boti: La poesía cubana de Nicolás Guillén, donde confirma y justifica sabiamente la consagración hispánica expuesta por Unamuno, así como algunas apreciaciones de especialistas participantes  en el Coloquio Internacional sobre la obra de Nicolás Guillén, celebrado en Burdeos en septiembre de 1987, donde se presentaron estudios  dedicados a ese álbum, tales como el de  la mexicana Mónica Monsour, quien apuntaba: “Sóngoro-Cosongo, intenta abarcar la situación del negro cubano en particular, en sus expresiones y sentimientos individuales. Empieza aquí a desarrollarse la idea de “lo cubano” en la poesía de Guillén”; la española Aurora Albornoz, en su Llegada de Nicolás Guillén a Nicolás Guillén (1931-1937),  examina las cuatro obras publicadas en ese período, respecto a la que nos ocupa, dice: “La ubicación de “”Llegada”, dentro del conjunto de Sóngoro-Cosongo sí muestra el empeño del poeta en recordar y hacer recordar una de las dos raíces, pasado imprescindible para entender el presente de su pueblo”. Entre tanto, la cubana Luisa Campuzano, repara en sus  Notas sobre la poesía erótica de N. Guillén,  en la exclusión “inexplicable” de toda antología amorosa del poema “Mujer nueva” de Sóngoro e indica: “la negra, mujer nueva [...] chorro de sangre joven/ bajo un pedazo de piel fresca”, que encontrará sus himnos de bienvenida en los dos madrigales de este libro. (2)

Por último, recordemos, la opinión que el autor de tan insigne obra poética expresara en Conversación hacia los 70 años, al notable periodista Ciro Bianchi Ross, allí se lee: “En el Sóngoro Cosongo hay que considerar el arranque de inconformidad que había en mí, frente a la discriminación racista, sobre todo en mi provincia de origen, profundamente reaccionaria”. (3)

Con estas memorias de Guillén y el conjunto de opiniones críticas recorridas se justifica ampliamente  la frase inicial evocada por el inolvidable  Ángel Augier.

Notas

  1. Las citas anteriores fueron tomadas del libro de Ángel Augier: Nicolás Guillén. Serie Contemporáneos. La Habana, 1971, pp. 115 -123.
  2. En Revista de Literatura Cubana. Año VI. No. 11. La Habana, julio-diciembre, 1988., pp. 47,217, 226.
  3. Ciro Bianchi Ross. Las palabras de otro. Ediciones Unión. La Habana, 1982, p. 76.