De Hemingway, un episodio desconocido

Por Leonardo Depestre Catony

<< Bohemia, abril de 1948.

Desde hace tiempo, y porque nos consideramos con motivos para ello, los cubanos estamos empeñados en indagar acerca de los pasos de Ernest Hemingway por nuestra geografía.

No se conoce mucho de lo que hizo en 1948. La cronología de un libro excelente –Hemingway en Cuba– deja en blanco ese año. El escritor había adquirido Finca Vigía en diciembre de 1940. En marzo de 1946 ya estaba casado con Mary Welsh y un año después, Finca Vigía era allanada e incautadas varias armas por sospechas de que su propietario mantuviera vínculos con una conspiración para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. En el verano de 1949, luego de una estancia en Italia, regresaba a Cuba. En cuanto a 1948, bisiesto y en consecuencia de 366 días, ausencia de datos.

El sábado 3 de abril de 1948 arribaron a La Habana en el lujosísimo yate Sea Cloud y en viaje de placer, el duque de Windsor y su esposa. Protagonista de una romántica historia de amor, el ex rey Eduardo VIII había renunciado en diciembre de 1936 a la corona británica para casarse con la norteamericana Wallis Simpson, divorciada y que nada tenía que ver con títulos y linajes. 

La alta sociedad habanera y la nobleza –no olvidemos que también por acá remedábamos las añejas costumbres de la heráldica y mostrábamos un catálogo bastante amplio de condes y marqueses de dudoso linaje– se disputaron las tardes y las noches de la célebre pareja.

Mucho se ha comentado acerca de quiénes eran las amistades de Hemingway, qué círculos frecuentaba, con quiénes conversaba. El tema de sus amistades (pescadores, tipos duros, toreros, compañeros de tragos y demás) ha sido bien delimitado, aunque por razones de su profesión de escritor y periodista, y por su condición de “famoso”, era un individuo cosmopolita, invitado habitual y distinguido en muchas recepciones. Finca Vigía se preciaba de haber hospedado a unas cuantas celebridades que a su paso por Cuba lo visitaban.

El miércoles 7 de abril, el norteamericano Frank Steinhart preparó en su residencia campestre (Happy Hollow), de San Francisco de Paula, un almuerzo “íntimo” (término que solía utilizarse cuando no se exigía demasiada “etiqueta”) en honor del duque.

El Diario de La Marina reseñó aquel “simpático almuerzo” –así lo llamó– al cual asistieron además de los anfitriones Alicia y Frank Steinhart, el duque y su esposa, el doctor Pedro Rodríguez Capote (introductor de embajadores), funcionarios diplomáticos, hombres de negocios, unos cuantos invitados más… y Ernest Hemingway, vecino de mister Steinhart en San Francisco de Paula.

El duque asistió con guayabera, zapatos de dos tonos, pantalón claro y gafas solares. Degustó un plato típico, el lechón asado, porque entonces la ciencia no había avanzado lo suficiente para “descubrir” cuán dañina puede ser una abundante ración de cerdo graso.

La mayoría de los presentes vestían trajes de colores claros, otros, guayaberas, y las mujeres, sayas holgadas de colores, en concordancia con el clima y la ocasión. Solo un personaje –no otro que Hemingway– se robaba la atención. Vestía Papa una guayabera acompañada de pantalón a media pierna (una bermuda) y aunque no podemos asegurarlo porque la fotografía aparece recortada en su extremo inferior, nos preguntamos si además calzaba sus habituales mocasines, o peor aún, ¡sandalias sin calcetines! De veras pintoresco el atuendo para saludar a Su ex - Alteza Real.

Cosas de Hemingway que un lector asiduo descubrió hojeando “publicaciones viejas”…