Patria, un órgano de forja y persuasión

Por Astrid Barnet

«Patria va, por indicación de algunos de sus fundadores, a todos los hogares cubanos y puertorriqueños, porque todos han de desear leer la publicación que ayuda a conquistar la libertad, y que no aparece sino para preparar la obra útil. Se consideran como suscriptores a este periódico todos aquellos a quienes se les envíe y no expresen su deseo en contrario».(1)

Así dirigió un primer mensaje a sus lectores el Señor Director del periódico Patria, mensaje concebido y dirigido no solo a informar y educar, sino en especial a persuadir y forjar mentes inspiradoras en la práctica, acerca de la urgencia del logro de la definitiva independencia de las dos islas hermanas caribeñas: Cuba y Puerto Rico, e impedir a tiempo (y con tiempo) la expansión e injerencia del poderoso vecino del Norte en las tierras al sur del Río Bravo.

Para el Señor Director, para nuestro José Martí, el periodismo no fue vehículo servil ni ejercicio de avaricia: «La prensa no puede ser en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa imaginación. La prensa es Vinci y Angelo, creadora del nuevo templo magno e invisible, del que es el hombre puro y trabajador el bravo sacerdote».

No eligió la labor de corresponsal en distintos países de este continente —Venezuela, La Nación (Argentina); La Opinión Nacional (México), The Sun, The Hour  (Estados Unidos)—, por mera complacencia oficiosa; su constante peregrinar así se lo exigía, además de ser esa la forma de periodismo más independiente y sugestiva. Mas su cúspide mayor en el difícil manejo de la pluma y el lenguaje la alcanza como corresponsal de guerra del periódico Patria, semanario de la Revolución, al llegar a ser su creador, a la vez que héroe y relator de la guerra que él forjó y a la cual sirvió, hasta caer como preconizó: de cara al sol.

«Al llegar a Cuba empezó a anotar nuestras cosas con un rigor ante la realidad solo comparable al de Rimbaud ante la imaginación [...] Cada palabra suya sobre el tablón de palma, al trasmutar la cosa en su cuerpo estrellado, la ponía en un sitio donde estará siempre manando lecciones», escribió Cintio Vitier en sus Temas Martianos. (3)

Edificio donde radicaban las oficinas de Patria en Nueva York. >>

Si el surgimiento de Patria suscitó elogios, también provocó comentarios contrarios a su verdadero espíritu. El Porvenir de Nueva York saludó su salida pero, anotando, que venía a llenar la misión de órgano del Partido Revolucionario Cubano, que estaba en período de organización. Al respecto, Martí desmiente tal insinuación en una nota con fecha 19 de marzo de 1892:

«Si bien surge este periódico de la voluntad y de los recursos de todos los revolucionarios cubanos y puertorriqueños conocidos en Nueva York, cometería usurpación grave y vanidosa si directa o indirectamente apareciese como órgano espontáneo y de propio bautizo, de un partido que a su hora encontrará o distribuirá, según lo creyera oportuno, sus trabajos de propaganda y de publicación […] Una cosa es tener lleno de fuego y patriótico el corazón y echarlo afuera cuando todos los mandan echar, y otra sería arrogarse la representación de un partido, que no puede aún nombrar representantes. El partido, una vez creado, hallará medio de que cundan las ideas beneficiosas al país. Órgano suyo será naturalmente todo patriota puro; no es puesto no, lo que Patria necesita, sino el triunfo de la virtud en los corazones cubanos».

Pudiera afirmarse que casi toda la obra martiana parte de su posición como corresponsal, como ejercicio fundamental para su labor unificadora e independentista con vistas a la guerra necesaria. Sus misivas —entre otras—fechadas en Montecristi y en su campamento de Dos Ríos, y dirigidas a Benjamín Guerra y a Gonzalo de Quesada, responsables de Patria en Nueva York, resultan informaciones de un genuino corresponsal ya en vísperas de la gran contienda. Prueba de ello es una misiva dirigida a ambos patriotas debido a la creación de los clubes revolucionarios Capotillo y General Cabrera en suelo dominicano, con la recomendación de quien, además de corresponsal, era director de Patria: «Den lugar prominente y alto comentario a las actas de los clubs dominicanos que les envío […] ». Estas actas y el comentario adjunto fueron publicados en Patria el 30 de marzo de 1892, con la siguiente introducción:

«Acta de instalación del centro Capotillo».

«De la tierra hermana de Santo Domingo nos llegan las siguientes Actas, que revelan los esforzados amigos que tiene la revolución cubana en la brava isla que nos precedió en el camino de la independencia […]»

Entre los periodistas estadounidenses, Martí halla a un amigo leal: Charles A. Dana, director del The Sun, de Nueva York. Acerca de él escribe:

«Dana, el hombre del Sun, palpa en lo vivo al país, y sabe por donde peca y por donde se le puede llevar del ronzal. Cree como diarista, que el buen diario ha de ser como el juglar, que siempre tiene una pelota por el aire. Y toma siempre la pelota del cesto de las preocupaciones populares. Por él del Sun se puede ver por donde viene aquí el juicio público, porque fuera de los políticos, en que el odio personal le enturbia los espejuelos, es hombre que ve con singular claridad por donde se va hinchando la opinión, y no se le pone enfrente, aunque crea que viene mal, sino que se le monta en la cresta, para llegar con ella».

Cuando su muerte es confirmada en Dos Ríos, Patria notifica la terrible pérdida:

«ÚLTIMA HORA

Al entrar en prensa el presente número recibimos la cruel certidumbre de que ya no existe el Apóstol ejemplar, el Maestro querido, el abnegado José Martí. Patria, reverente y atribulada, dedicará todo su número próximo a glorificar al patriota, a enaltecer al inmortal […]».

 

(1) “A nuestros lectores”, en Patria, 14 de marzo de 1892.
(2) Dolores Rodríguez de Astudillo Ponce de León, o Lola Rodríguez de Tió (Puerto Rico, 14/9/1843-Cuba, 10/11/1924). Poetisa, periodista y revolucionaria puertorriqueña. Unade las máximas figuras del ámbito literario y con gran influencia en la política de la Isla. Su máxima aspiración fue la libertad de su patria.
(3) Vitier, Cintio. Temas Martianos, Sala Martí, Biblioteca Nacional de Cuba José Martí,1969, p. 16.