Imaginarios: Aniversario 215 del nacimiento de José Antonio Saco

 

Saco y Villaverde
Por Ana Cairo

Un paradigma de ilustrado cubano
José Antonio Saco nació en Bayamo el 5 de mayo de 1797 y falleció en Barcelona (1879). Al igual que José de la Luz y Caballero (1800-1862) y Domingo del Monte (1803-1853), comenzó su formación como intelectual en el último trimestre de 1821. Los tres asistieron a las clases renovadoras que impartía el prebístero Félix Varela (1788-1853) en la cátedra de Constitución del Seminario de San Carlos.

El obispo ilustrado Juan José Díaz de Espada (1756-1832) auspiciaba las reformas modernizadoras desde la primera década del siglo XIX. Apoyó a Tomás Romay en la promoción del uso de las vacunas, como modalidad de la medicina preventiva. Impuso la fundación de cementerios y prohibió los entierros en las iglesias. Facilitó una actualización docente en el Seminario.

Espada protegía a Varela. Había autorizado la iniciación sacerdotal antes de la edad requerida. Lo nombró profesor y ordenó su ingreso en la política. Era el estratega de su elección como diputado a las Cortes. Quizás, precisamente para acelerar ese entrenamiento, decidió el rápido comienzo de las clases en la cátedra de Constitución, en la cual se debatía con varias decenas de jóvenes en torno a las ciencias políticas y a los sucesos de actualidad.

En febrero de 1822, Varela marchó a España. Saco lo sustituyó como profesor en la clase de filosofía y Nicolás Escobedo en la de Constitución. Como diputado, se alineó con los “americanistas”, partidarios de que se reconocieran los derechos soberanos de las nuevas naciones hermanas, que estaban surgiendo de las guerras de independencia. Llevaba un proyecto para la abolición de la esclavitud y otro con demandas autonómicas. Votó a favor de la incapacitación del rey Fernando VII.

Los estudiantes de Varela estaban muy orgullosos de sus acciones como diputado. Decidieron publicar “Carta a las Cortes de los alumnos de la clase de Constitución”, en el número 19 (14 de abril de 1823) de El Revisor Político y Literario, que había comenzado a circular el 3 de marzo. Uno de los redactores de dicha publicación era Domingo del Monte, quien ya demostraba sus habilidades  como promotor cultural.

Domingo había anunciado en el número 13 (correspondiente al 31 de marzo) la próxima aparición del primer libro de poemas de José María Heredia (1803-1839). Incluyó unos versos amorosos como adelanto. Se originó una polémica que se extendió hasta el número del 28 de mayo. El debate fue muy eficiente porque los dos se hicieron conocidos.

El ejército europeo de la Santa Alianza restauró en el poder a Fernando VII, quien disolvió las Cortes y ordenó encarcelar a los que habían sido diputados. Varela estaba  en la lista de los condenados a muerte. Logró escapar y llegó a la ciudad de New York el 17 de diciembre de 1823. Para entonces, él se había radicalizado, porque ya defendía la independencia absoluta.

A partir de enero, cuando quedó confirmada la noticia en La Habana de que el sacerdote estaba a salvo, algunos de los discípulos optaron por ir a visitarlo, o a pasar largas temporadas trabajando en su compañía.

Heredia fue mandado a encarcelar por ser uno de los conspiradores en los Soles y Rayos de Bolívar. Huyó a Boston (4 de diciembre de 1823). Recorrió varias ciudades. Se estableció en New York (abril de 1824). En junio, visitó las cataratas del Niágara. El 25, escribió la famosa “Oda”; dejó una copa en el libro de visitantes. Finalmente, en agosto de 1825, publicó la primera edición de sus Poesías y se marchó a México, donde residió hasta la muerte.

Tomás Gener, otro de los exiliados, amigo de Varela y Heredia, se entusiasmó con la aventura y viajó en julio. Copió el poema y se lo remitió a su esposa en Matanzas. Ella lo circuló entre los familiares de Heredia y amigos como Domingo.

Saco se unió a Varela en 1826 y lo acompañó hasta 1831. Mientras el maestro radicalizaba su independentismo: el discípulo propugnaba un reformismo evolucionista; creía en el regeneracionismo, necesario también para la metrópoli.

Entre 1827 y 1828, Luz se les incorporó; quiso estudiar el sistema educacional; se embulló y visitó las cataratas; fue el primero en rendirle homenaje al bardo con dicha excursión.

Mientras Luz marchaba a Europa; Saco y Varela codirigieron El Mensajero Semanal (19 de agosto de 1828-1831), en el que circularon, durante 1829, los textos más importantes de la polémica entre Saco y Ramón de la Sagra (científico naturalista español) en torno a la importancia cualitativa de los versos cubanos de Heredia.

Saco logró simpatizantes entre los intelectuales habaneros con dicha polémica. Envió un ensayo a un concurso de la Sociedad Patriótica. Obtuvo el premio (“la medalla de oro”) , que implicaba la publicación y doscientos pesos, donados a las escuelas para niños pobres.

“Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba” (escrito en 1830) se publicó en el sexto número de la Revista Repertorio y Bimestre, en 1832. Se tratabade un texto emblemático de la ilustración cubana en la década y en la bibliografía del escritor. Por ello, se eligió para abrir el primer tomo de las Obras de don José Antonio Saco (New York, Librería Americana y Extranjera De Roe Lockword e hijo, en Broadway, número 11, 1853, compiladas por Francisco Javier Vingut).

La admiración suscitada por la lectura de la “Memoria…” facilitó que Saco ingresara en la Sociedad Patriótica y pudiera acceder a la codirección, junto a Domingo del Monte, de la Revista Repertorio y Bimestre de la Isla de Cuba, primera publicación de las ciencias sociales y las humanidades que tuvo repercusiones internacionales.

La “Memoria…”  cumplía con los objetivos de la Sociedad Patriótica para que se estudiaran «algunas de las enfermedades morales», se explicaran sus causas y se ofrecieran remedios para eliminarlas. Se trataba de un ejercicio cognoscitivo y ético para multiplicar la eficiencia político-social de la educación “doméstica y pública” a distancia.

Saco estructuró la “Memoria…” en dos partes: las causas de la vagancia y los medios de atacarla en su origen (como primera) y labores a que pueden destinarse los vagos. Examinó el auge de las casas de juego, un “cáncer devorador”, donde se corrompían los jóvenes, se arruinaban las economías familiares y se multiplicaban otras formas de delitos y crímenes.

Con precauciones, porque sabía que no podía chocar frontalmente con las autoridades coloniales, mencionó que el poder facilitaba dicho vicio y que garantizada la impunidad de todos.

Se aventuró en una descripción de las mentalidades “anticuadas”, cuando profundizó en la sobrevivencia metamorfoseada de creencias erróneas medievales  en España acerca de los oficios y tipos de trabajo. En Cuba, se observaba que la población negra y mulata (libre y esclava) dominaba en los múltiples tipos de empleos; mientras que una parte de la población blanca rechazaba tales ocupaciones, porque se consideraba privilegiada y estimaba que no debía ser confundida con las clases “inferiores”.

Por lo anterior, una parte de la población blanca aspiraba a un enriquecimiento rápido a través de las casas de juego, las loterías diarias en los cafés y lugares públicos, las infinitas formas de la picaresca delictiva y de otras formas de corrupción.

Entendía los placeres de los bailes y las fiestas, pero sin que se acompañaran de las mesas de juego.

Juzgaba como “perniciosas” a las gallerías, donde interactuaban hombres, mujeres, niños, ancianos, pobres, ricos, blancos y negros. «Todos se hallan gustosamente confundidos en el estrecho recinto de la valla»(p.10).

Se necesitaba mejorar y aumentar la educación pública.

Se debía legitimar una cultura burguesa del trabajo; disminuir el número de feriados; avanzar en las vías de una educación modernizadora, en sintonía con las tendencias de las ciencias naturales, exactas y tecnológicas.

Insistía en la necesidad de nuevas carreras, profesiones y oficios. Se adelantaba a Luz, cuando mencionaba la conveniencia de formar marinos para el desarrollo de una flota comercial.

Preconizaba la enseñanza masiva de las lenguas vivas (el inglés y el francés) que aceleraban la irrupción de nuevos saberes. Por derivación, favorecía el auge de los traductores.

Deseaba que la prensa se convirtiera en un subsistema actualizador de la educación a distancia.

Promocionaba ideas como esta: «No hay felicidad sin la paz y el contento del alma, no hay paz sin contento, sin virtudes, sin virtudes no hay amor ni constancia en el trabajo y sin trabajo no hay riquezas verdaderas».(p. 8).

Un homenaje en Cecilia Valdés

En abril de 1834, Saco publicó el folleto Justa defensa de la Academia Cubana de Literatura, que fue utilizado como el pretexto público de los intelectuales enemigos para obligarlo a expatriarse. La verdaderoa razón, oculta pero esencial, había sido su ataque directo a la esclavitud a propósito de un libro sobre esa criminal institución en Brasil.

El 1 de junio de 1834, Miguel Tacón asumió como capitán general de la Isla de Cuba. Se decía que él había sido uno de los “ayacuchos” (los oficiales derrotados por el mariscal bolivariano Antonio José de Sucre en la gran batalla suramericana de diciembre de 1824). Se decía que él odiaba a los cubanos.

El 17 de julio, Tacón dictó una orden de destierro para Saco; o se iba a vivir a Trinidad o al extranjero. La víctima quiso ganar tiempo. Entre sus amigos, solo Luz tuvo el valor personal para escribirle al general. Le explicó los méritos intelectuales del sancionado y le solicitaba que derogara la condena.

Con habilidad maquiavélca, Luz había conseguido el objetivo estratégico: se había desencadenado un gran escándalo, con el que se delimitaron mejor las facciones beligerantes. Tacón (el verdugo) ya era el enemigo público número uno, una variante de Lucifer, para los intelectuales que se definían como cubanos. Saco representaba a las víctimas; finalmente, el 13 de septiembre, partía al destierro. Con la apoteosis de la despedida, se ratificaba la cara visible del conflicto.

Cirilo Villaverde (1821-1894) tenía veintiún años, cuando la expulsión de Saco. Estudiaba en el Seminario de San Carlos. Allí, comenzó a admirarlo. Hacia 1836 ya publicaba en los periódicos. Escribió narraciones para El Faro Industrial.

Él, Ramón de Palma, Félix Tanco, Anselmo Suárez Romero, José Antonio Echeverría y José Zacarías González del Valle, estuvieron entre los fundadores de la narrativa romántica. Domingo del Monte se comportaba como una especie de Pigmalión para los jóvenes. Quizás, Tanco constituía la excepción, porque era mayor que los otros y había sido demasiado cómplice de Domingo para que pudiera  funcionar una relación patriarcal.

Probablemente, Domingo le suministró a Cirilo las primeras lecturas de los textos de Saco; por supuesto, entre las mismas estuvo la “Memoria…”.

Desde 1847, Villaverde conspiraba en La Habana. Fue encarcelado al año siguiente. Logró escaparse y se estableció en los Estados Unidos. Se unió al general Narciso López. Le sirvió como secretario y redactor de publicaciones como El Independiente. Acompañándole, vivió en New Orleans y New York. Como carecía de habilidades militares, no participó en las expediciones de 1850 y 1851, pero sí fue uno de los cronistas esenciales. En honor al jefe, bautizó a uno de sus hijos con el nombre de Narciso. Creyó hasta la muerte que el general había sido un patriota separatista. 

Después de la ejecución de López en 1851, de inmediato, Saco publicó el folleto La situación política de Cuba y sus remedios. Villaverde contraatacó con El señor Saco con respecto a Cuba (1852), en el que le reprochaba su adhesión a España y la solidaridad con los verdugos de López y de los otros expedicionarios.

Años después, Saco se casó con Dolores Frías Jacob, la viuda de López, y crió a su hijo Narciso. Este gesto fue agradecido por todos los seguidores del caudillo.

A partir del 10 de octubre de 1868, Villaverde apoyó la Revolución iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, de quien fue un gran admirador. Durante los diez años de la contienda, defendió las posiciones del independentismo en New York. Se arruinó financiando expediciones, como la del Virginius (1873), que terminó de manera dramática.

Las autoridades españolas capturaron el Virginius. Los patriotas fueron encarcelados en Santiago de Cuba, donde fueron fusilados. Entre los mártires estaba el general Bernabé Varona (Bembeta), uno de los amigos de Villaverde, quien sufrió una depresión con la noticia.

Emilia Casanova, su esposa, lo convenció de que volviera a escribir como terapia para que rebasara la crisis espiritual. Entre 1873 y 1879, durante los fines de semana, Villaverde trabajó en la primera versión de la segunda novela Cecilia Valdés o la loma del Ángel.  Se trataba de un manuscrito de más de mil folios, que reconstruía momentos de la vida habanera entre 1812 y 1832.

Como no le alcanzaba el dinero para publicarla, entre 1879 y 1882 (fecha de la edición en New York) hizo una segunda versión con menos páginas. Los recortes fueron muy visibles en la última parte del texto. La tirada fue de alrededor de ochocientos ejemplares.

Desde su estancia en La Habana (1858-1860), Cirilo había comenzado a reunir materiales para terminar una novela costumbrista. En 1839, había publicado un fragmento en la revista La Siempreviva, como adelanto propagandístico de un primer volumen, que circularía breves semanas después.

La primera Cecilia… debió haber tenido una tirada pequeña y no debió venderse bien, porque Cirilo abandonó el proyecto por alrededor de veinte años. Cuando regresó a New York en 1860, llevaba numerosos materiales, que le servirían de fuentes para las diferentes escenas.

Mientras Saco dedicaba los últimos años de vida al proyecto de una historia de la esclavitud, Villaverde retomaba el de la segunda Cecilia… Los dos intelectuales simbolizaban tendencias antagónicas. Con la Revolución de 1868, Saco se había declarado antirrevolucionario, porque consideraba que las revoluciones provocaban la ruina económica, seguía prefiriendo el evolucionismo regeneracionista, aunque estaba consciente de que España era una pésima metrópoli. Francisco Vicente Aguilera, vicepresidente de la República en Armas, lo había visitado en París como un gesto de respeto a su vida y obra. Villaverde también quiso hacerle un homenaje indirecto en el capítulo VIII de la segunda parte de Cecilia...

El capitán general Dionisio Vives gobernó con facultades omnímodas, bajo el régimen de plaza sitiada, entre 1824 y 1832. Villaverde decidió incluirlo como uno de los personajes de la novela. Una de las fuentes para recrear esos años era la famosa Memoria... de Saco.

El novelista se tomó las más amplias libertades ficcionales para completar una tesis que estaba implícita en la denuncia de Saco, pero que él mismo había autocensurado, porque de lo contrario ni el jurado de la Sociedad Patriótica se hubiera atrevido a premiarla, ni se hubiera podido publicar el ensayo en Cuba.

Saco había mencionado la pasión colectiva por las peleas de gallos, los efectos nocivos de la cultura del juego, y además había señalado otras formas de corrupción y aludido a la impunidad festiva de los gestores de todo tipo de delitos.

Villaverde se atrevió a construir una escena en la que el capitán general Vives negociaba con los esclavistas negreros en una valla de gallos, próxima a la sede del gobierno. La más alta autoridad de la colonia era el máximo corrupto. Por lo mismo, la impunidad delincuencial era absoluta.

La audacia narrativa continúa siendo admirable:

«[…] se presentó un ayudante del capitán general e informó que S. E. no se hallaba en el palacio, sino en el patio de la Fuerza, probando la calidad de un par de gallos finos o ingleses que había recibido de la Vuelta Abajo recientemente.

—No tengan Uds. Reparo en ir a verle allá, si urge el asunto que los trae a su presencia —añadió el ayudante notándola incertidumbre de los recién venidos, porque S. E. suele dar audiencia en medio de sus gallos de pelea hasta el general de marina, a los cónsules extranjeros.

[…] Entre la Fuerza y la Intendencia de Hacienda […] había y hay un patio o plaza dependencia del primero de estos edificios, donde el capitán general D. Francisco Vives había hecho construir en toda forma una valla o reñidero de gallos, con sus pisos de serrín, galerías de bancos para los espectadores, en suma una verdadera gallería. Allí se cuidaban y se adiestraban hasta ds docenas de gallos ingleses, que son los más pugnaces, producto de crías famosas de la Isla, y regalos todos que de tiempo en tiempo habían hecho al general Vives individuos particulares, bien conocida como era de todos su afición a las riñas de esta especie. […]».

El gallero Padrón era quien se ocupaba de los animales del general Vives; pero, este hombre era un preso, que cumplía una sentencia por homicidio. El jefe le había quitado los grilletes, lo había sacado de la cárcel para que se dedicara exclusivamente a esa labor.

Página de la Revista Bimestre Cubana que recoge la designación
de José Antonio Saco en la misma el 7 de abril de 1832 (Fondos de la BNCJM). >>

 

Vuelo sobre el pasado
Por Loló de la Torriente

¿Desdeñado o desconocido?

La obra de José Antonio Saco es poco conocida por las nuevas generaciones que inclusive la desdeñan pero sus denuncias y advertencias, con respecto a la anexión, ¿acaso han perdido vigencia? ¿Por desventura no vienen a demostrar cómo nuestra isla ha oscilado entre los peligros de una guerra o una invasión, entre la absorción y la revolución? Los que palpan el pasado republicano no ignoran cómo el entreguismo conducía inexorablemente a la absorción no sólo de nuestra riqueza material sino también de nuestros valores espirituales y morales. Saco fue durante gran parte de su vida un poder subjetivo sicológico para los cubanos. Hoy es poco leído. Se le desconoce y, algunos, tratan de negarlo. Dentro de la problemática nacional anexión, autonomía y antimperialismo han ocupado planos primerísimos y la conciencia de nuestro pueblo ha estado iluminada, en momentos difíciles, erigiendo entre sus dirigentes a aquellos que han representado una salvaguarda contra la absorción, la invasión; contra la guerra de pillaje imperialista y por la soberanía nacional. Bueno será que fijemos las líneas previsoras que Saco marcó hace más de un siglo y que profundicemos en sus ideas. Que lo comprendamos en su validez histórica, en las diferentes etapas en que hizo frente a arduos y espinosos problemas.

 Enrique José Varona.>>

Enrique José Varona, apreciando el grado de evolución a que ha llegado un cuerpo social, distinguía cómo en los organismos superiores, en las sociedades desarrolladas, cooperan las diversas unidades al fin común de un modo armónico mientras las sociedades atra­sadas son aquellas subordinadas sin otra re­lación que la sumisión o la exclusión. En las primeras la diversidad de origen, ocupaciones, principios o creencias lejos de ser óbice al desarrollo y progreso de cada individuo o de cada grupo es incrementación beneficiosa para la variedad de actos de que se compone la vida colectiva impidiendo el estancamiento de las fuerzas sociales. Este fue el caso de la Nueva España, la que sometida por acciones guerreras los capitanes y soldados, sin dejar de serlo, se convertían en señores de vasallos, encomenderos, dueños de esclavos, mineros, industriales y comerciantes. Algunos abandonaron armas y riquezas por el claustro. Otros regresaron a España pero los que fundaron las ciudades, abrieron los caminos y explotaron los recursos naturales, se vieron asistidos por grupos nuevos de pobladores que traían de ultramar. La unión de indígenas con españoles dio origen al mestizaje que estaba llamado a desempeñar gran papel, empezando la masa aborigen a recibir influencia general de la cultura europea, ya bajo la forma de opresión y despojo, ya de instrucción espiritual y técnica o de trasmisión de instrumentos como el arado, las semillas o los animales domésticos.

Los señores de la tierra comenzaron a definirse en dos tendencias: unos, los que querían retornar ricos a España, se pronunciaban por el pillaje pero los que querían avecindarse en las nuevas poblaciones, sin dejar de cometer abusos, se percataron de que les convenía practicar una política más tolerante y suave hacia los nativos que eran los llamados a mantener y elevar la producción en beneficio del patrimonio de aquellos radicados. No estaba descartada la idea de introducir esclavos pero eran costosos y ¿serían los negros de África adaptables al medio alto y frío de la meseta? De hecho no se llegó a la sustitución del indio por la mano de obra africana sino en regiones y trabajos determinados. La transformación de la mentalidad aventurera del colonizador no fue la única causa de orden europeo que contribuyó a la conservación del indígena. Tras el conquistador llegó el misionero y aunque no todo el clero mantuvo principios elevados pues la iglesia acaparó bienes materiales, acumuló capital, ejerció la usura y exigió servicios y contribuciones del indio, "afortunadamente", una parte de aquellos ingresos se dedicaban a obras de asistencia social, educación, mecenazgo artístico y otras actividades sociales.

España al enfrentarse a la compleja y desigual realidad mexicana adoptó un criterio de equilibrio entre las distintas fuerzas tratando de conservar a cada cual en su estado y con­dición vigilando con celo las relaciones entre los miembros del organismo. El historiador Silvio Zabala estima que «[…] la posibilidad de llegar a un cuadro jerárquico fijo, a la cristalización de las clases sociales, se evitó, en primer término, gracias a la unión familiar constante entre los miembros de las diversas razas, no obstante los prejuicios; y, además, a consecuencia de una activa transculturación que llevaba y traía elementos de una y otra parte y, en ocasiones felices, creaba terceros términos o modalidades nuevas del pueblo y de la cultura en formación». Muy distinto fue el proceso cubano. Cuba, sociedad atrasada, no tuvo otra relación que la de sumisión y exclusión, la metrópoli miró con extremo recelo todo cuanto disentiera y el origen, las creencias o la clase social establecieron un signo sospechoso, una especie de sello indeleble. Los cubanos más capaces debían vivir en la rutina o la esterilidad como factores sociales y aun cultivando sus aptitudes, probando su carácter y laborando en las nobles tareas del momento sufrieron la marginación aunque poseyeran arte o ciencia y estuvieran en disposición activa para beneficio de la colecti­vidad.

La expatriación se empleó como forma de alejar a aquellos que parecían más sostenidos en sus principios reformadores o revolucionarios y la sufrieron Varela, Heredia, Saco. Fue ésta una constante en la colonia y se continuó siempre —Martí— hasta la república. Evadirse del entrañamiento, hacer valer sus derechos, colaborar libremente en la obra educativa, en la ciencia o el arte ha representado, para el cubano, un esfuerzo inconmensurable o una doblegues sin dignidad. Los aportes más generosos y liberales nunca fueron estimados y por poco que se conozca nuestra historia se comprenderá cómo han sido erradicados los que anticipadamente han hablado de transformación, cambio, reforma o revolución. ¿Qué nos queda de la obra grande y noble de Luz y Caballero? La llevó a cabo, por personal esfuerzo, en un medio cerrado y hostil. Varona trató de proseguirla. La República, lejos de conservarla, ampliarla y desarrollarla, la encharcó vergonzosamente. Pozos Dulces y Jorrín consagraron su actividad y fértil inteligencia a explicar y propagar mejoras agrícolas pero la agricultura cubana llegó a lastimoso estado al grado que todavía hay que luchar, en territorio tan pequeño y geográficamente tan accesible, por hacer cultivables amplias regiones encenegadas. Alvaro Reynoso, admirado en todo el mundo, pasó prácticamente inadvertido para la colonia y Tranquilino Sandalio de Noda refugió su soledad oscurecido por el desdén oficial.

No hay lectura más instructiva, para las nuevas promociones, que las que dejaron nuestros antecesores, los hombres superiores del siglo XIX, porque en aquellas escrituras está la realidad de nuestro país cuando la lucha ideológica era más intensa, apasionada y gravosa. A medida que nos adentramos en esa lectura penetramos en un panorama casi desconocido comprendiendo, entonces, cómo los acontecimientos, las ideas, fueron vertebrando la situación hasta arribar a la guerra del 95 ya con una conciencia más formada en las clases modestas del país que fueron las que decidieron la contienda pues la del 68 puede considerarse como un aprendizaje. En ella la guerra se estableció de arriba hacia abajo, en sus comienzos, para terminar dando jefes como Máximo Gómez y Antonio Maceo de clase social y sentimiento revolucionario muy diferentes a los de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte o Bartolomé Masó.

Hubo en el país, desde fines del siglo XVIII, fuerzas acumuladas que podían ser dirigidas y eran saqueadas; inteligencias luminosas que eran apagadas; esfuerzos generosos que querían comunicarse y eran estrangulados y, todo esto, representó sacrificios, amarguras y no poca tenacidad en los más fuertes y premisores. Roig de Leuchsenring lo ha comparado con la imagen del coloso que cree ahogar al monstruo entre sus forzudos brazos y es condenado a dar vueltas al manubrio en un molinillo. Sin embargo, Cuba jamás se resignó a la mutilación que le impusieron las Cortes en 1837 cuando e] rápido crecimiento de sus riquezas hizo más difícil la obra del despotismo y menos llevadero su yugo. Se demandaron reformas como forma inmediata y práctica de aliviar la situación del país. No como veto a la independencia. La corriente venia en creciente desde 1763 a 1820. Son los primeros rumores del río cuyo cauce se ensancha y profundiza con José Antonio Saco (1830-1837) para recibir nuevos afluentes con Morales Lemus de 1860 a 1866. Ya en estos anos ha desaparecido toda preocupación de hispanidad y el sentimiento patriótico (Varela, Saco, Luz y Caballero, Escovedo Gener, Domingo del Monte) está más vigoroso y marcado.

El fracaso de las reformas es el preludio de la guerra y el pueblo inerme se lanza desespe­rado al campo cambiando en instrumentos de guerra sus útiles de trabajo. A través de me­dio siglo también el rechazo a la institución esclavista ha sufrido modificaciones. Al comienzo se aceptó, no sin escrúpulos por parte de los más humanitarios y sagaces, reclamándose solamente "mejor trato" (José Agustín Caballero). Se realiza una cruzada por la educación y la cultura y se demanda instrucción para las clases populares. Se combate, después, muy duramente contra la trata como tráfico inhumano e ilegal. Se reclama la eliminación del procedimiento de introducción de esclavos y, más adelante, se impone la abolición aunque en principio de manera gradual y con indemnización. Hay pues una voluntad nacional que va aglutinándose. Un concepto más diáfano de la nacionalidad y la larga gestación del anexionismo debe estimarse como "forzada transigencia" de los cubanos (dice Roig de Leuchsenring) ansiosos de soltar la garra española diferenciándose, muy bien, la corriente anexionista provocada en los Estados Unidos, como rapiña y expansión, y la que circuló en Cuba inspirada por criollos más ingenuos, de buena fe, que creían que la incorporación representaría la libertad y el progreso (Betancour Cisneros) que España les negaba aunque no faltaron los que veían en la fórmula la manera fácil de ampliar sus negocios y beneficiarse.

Fue José Antonio Saco el que vio claro en el problema. Martí, años después, advertiría sobre los métodos peligrosos contra los que era necesario estar en guardia. «A este rinoceronte hay que buscarle las axilas» —expresó con respecto a los Estados Unidos— y Antonio Maceo se pronunciaría contra la participación norteamericana en la guerra. Sabía que los cubanos no necesitaban auxilios de hombres y que "eran aptos para constituirse en nación libre e independiente. ¿Para qué contraer deuda de gratitud con un vecino tan poderoso? Si José de la Luz Caballero, como Saco, estimó utópica la independencia, en años tan inaugurales, fue por que consideraba exigua la población y mayúsculos, en comparación, los recursos de que disponía España. Ni Saco ni Luz subestimaron los "elementos de grandeza'" y el crecimiento demográfico que vieron como "riqueza, luz y amor por la libertad" señalando como favorables las conmociones revolucionarias que se producían en la América Hispánica contra el despotismo español, las que servían de estímulo e incitación para sacudir las cadenas.

II

Una mirada al panorama

Desde los trabajos iniciales de José Antonio Saco hasta el Voto Particular se capta el pensamiento coherente de trayectoria liberal, cívica y patriótica. No hay que descartar que por su nacimiento, educación y formación política tanto él, como Luz, se encuentran en la zona a la-que concurrían por un lado el racionalismo del siglo XVIII y, por el otro, el romanticismo del XIX que los llevó a trabajar acuciosa, persuasiva y tenazmente uniéndolos al individualismo político que transita todo el siglo pasado. Apenas lo esboza José Agustín Caballero, y aún más tarde Varela. Lo afirma Saco y los hombres que forman su grupo intelectual y .se pronuncia, se siente bien inflamado, en los oradores de Guáimaro; después en la propaganda autonomista para aflorar con originalidad y robustez en el ideario del 95 ("La generación actual es eminentemente individualista" —decía José Martí en 1875) que rompe la barrera racial proclamando la igualdad del pueblo cubano; de los humildes, los negros y peninsulares.

Por razones de incomprensión o de extremismos oportunistas José Antonio Saco ha su­frido las tergiversaciones críticas más.toscas. Ha sido, en todos los tiempos, el cubano más discutido, el más perseguido por sus adversarios y esta misma y tenaz persecución representa

(Tomado de: Torriente, Loló de la: “Vuelo sobre el pasado”, en: Bohemia, La Habana, 19 de febrero de 1971, pp. 98-99) (Fondos de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí).

 

José Antonio Saco López-Cisneros
Por Dr. Arturo Sorhegui

José Antonio Saco López-Cisneros (Bayamo, 1797-Barcelona, 1879) fue abogado, filósofo, político e historiador cubano. Deportado por el gobierno español, resultó uno de los líderes del reformismo colonial: se pronunció contra la trata esclavista, abogó contra la anexión de Cuba a los EE. UU., y escribió una Historia de la Esclavitud, considerada una de las obras cumbres de la historiografía americana del siglo XIX.

Nació en Bayamo el 7 mayo de 1797, hijo primogénito del abogado santiaguero Joseph Saco Anaya, y de la bayamesa María Antonio López-Cisneros. De ella quedó huérfano en 1806, y en 1811 de su padre, cuando solo tenía 14 años de edad. Heredó, junto con sus dos hermanos menores, 11 haciendas de ganado mayor y menor, 3 casas en la ciudad y algunos esclavos de ambos sexos, y por escaso tiempo gozó de la condición de terrateniente con intereses esclavistas. Tres años después, y luego de 11 pleitos judiciales, vio reducida su fortuna a 2 262 pesos, siete reales y 28 maravedíes, con lo que pasó a integrar al menos favorecido sector medio insular.

En 1814 ingresó en Santiago de Cuba en el Seminario de San Basilio el Magno, donde estudió Derecho y Filosofía. En la defensa que hizo de sus conclusiones públicas sobre Metafísica, oyó por primera vez hablar acerca del profesor de Filosofía del Seminario de San Carlos de La Habana, presbítero Félix Varela. El abogado José Villar le aconsejó, en esa ocasión, que fuera a La Habana para que este joven clérigo le enseñara la verdadera filosofía moderna, lo que, según su testimonio personal, le hizo la más profunda impresión en su espíritu, y a ello debió el cambio que experimentaron sus ideas.

Para 1815 ya se encontraba en La Habana residiendo en casa de un tío paterno. En la capital se casó, por poder, con su prima Juana de la Mata Cisneros; ganó el premio Justo Vélez, sobre un tema de Derecho; y pasó a estudiar filosofía con Varela desde 1820. Al ser designado este diputado a Cortes en 1821, le confió su cátedra de filosofía en el Seminario de San Carlos, aplicación a la que obedeció en 1823, la publicación de una Explicación de algunos tratados de Física, con el apoyo del obispo Juan José Díaz de Espada y Landa.

Pasó en 1824 a ampliar estudios en los EE. UU., territorio en el que además de interesarse en Ciencias Naturales, se actualizó en temas jurídicos, sociales y políticos. Entabló, además, amistad con sus coterráneos: el acaudalado José Luis Alfonso y José de la Luz y Caballero, con quien liderará, años después, un reformismo propio de los sectores medios, lo que le valdría entrar en contradicción con los intereses defendidos dentro de esa tendencia, por el poderoso Intendente de Hacienda Claudio Martínez de Pinillos, y el sacerdote y posterior deán de La Habana, Juan Bernardo O’Gavan. Junto con Varela, fundó y redactó en Norteamérica El Mensajero Semanal, publicación que alcanzó, clandestinamente, mucha influencia en Cuba.

En 1827 regresó a la isla y luego de una estancia de un año, retornó a los Estados Unidos, donde continuó su labor en El Mensajero…,y  desde sus páginas libró con el español Ramón de la Sagra, una acalorada polémica sobre la obra del poeta cubano José María Heredia. Escribió, además, una Memoria sobre los caminos de Cuba (1829) y otra Memoria sobre la vagancia en Cuba (1830), que resultaron premiadas por la Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana (SEAP); y le valió la condición de Socio de Mérito de esa institución.

Otra vez en La Habana, asume en 1832 la dirección de la Revista Bimestre Cubana, en la que publica su Análisis por Don José Antonio Saco de una obra sobre Brasil, en el que se pronunció contra la trata de esclavos y por la realización de experimentos para examinar la posibilidad de sustituir la mano de obra esclava por la de labradores libres. Debido a este trabajo y a su postura para crear una Academia Cubana de Literatura, independiente de la égida de O’Gavan y Pinillos en la SEAP; el recién llegado capitán general español, Miguel Tacón, a sugerencia de Pinillos, dictó en su contra una orden de deportación a la villa cubana de Trinidad, en el centro del país; a lo que se sumó su expulsión de la Sociedad Económica.

Saco, junto a José de la Luz y Caballero, lideró en la década de 1830 a un grupo de jóvenes intelectuales cubanos que asumieron una posición reformista que, a diferencia de la sustentada por el grupo de los plantadores insulares, se pronunciaron por la eliminación de la trata. Luego de la muerte del rey Fernando VII, en 1833; el gobierno español pasó a manos de la burguesía peninsular, la que propició que fueran desconocidos los diputados a las Cortes electos en Cuba, entre ellos Saco, y prohibida su participación en la discusión y aprobación de la nueva Constitución de 1837. A partir de este momento, a la demanda de la eliminación de la trata, el grupo de los intelectuales reformistas del occidente cubano, se pronunció por la formación de un gobierno autonómico, posición fundamentada por el bayamés en su obra Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas (1837), en la que abogó por la creación de Consejos Coloniales, en los cuales los cubanos fueran los que dictaran las leyes necesarias para el país.

Ya residiendo en España, Saco consideró la definición del gobierno y las Cortes españolas, un desconocimiento de las aspiraciones de igualdad defendidas desde la isla por el reformismo, y el acta de defunción de este movimiento político, al imposibilitársele propender a mejoras efectivas por parte de la administración española, lo que lo llevó a una suerte de ostracismo, solo abandonado voluntariamente ante el peligro anexionista, y la intención de africanizar la isla, propugnada por el fiscal de la Real Audiencia de La Habana, Vicente Vázquez Queipo.

El interés de Saco por evitar un aumento de la población de origen africana sobre la del resto de sus pobladores, además de sus posiciones contra la trata esclavista, fueron consideradas por los representantes del gobierno español como manifestaciones de un independentista, condición que el bayamés siempre negó, al declararse reiteradamente por el mantenimiento del orden interno en Cuba. Fue precisamente Vázquez Queipo quien, en su ya referida polémica, lo acusó en 1847 de revolucionario insurgente.

El papel elaborado por Saco: Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos en 1848, año de plena efervescencia de las ideas anexionistas, fue considerado clave para que este movimiento perdiera buen número de adeptos y redujera su influencia. La argumentación saquista fue contundente al señalar que la supuesta incorporación de Cuba a los EE. UU., no sería tal, sino que se trataba de su asimilación, su anexión a ese territorio, y que sucedería lo que a la colonia franco-hispana de Nueva Orleans, que ante la entrada masiva de colonos anglosajones perdieron su dominio sobre el territorio, y lo que es más importante su cultura, su nacionalidad.

José Antonio Saco: el gran patriota y máximo estadista cubano,
el más formidable anatematizador.>>

Ya en su polémica con Vázquez Queipo, en 1845, al verse obligado a tocar el tema de la esclavitud, advierte Saco que se abstendrá de exponer ninguna idea sobre el fondo de la cuestión; y añade, tal vez en el transcurso de los acontecimientos humanos podremos vernos obligados a decir lo que entonces pensemos sobre el particular, lo que significaba que ya preparaba su Historia de la Esclavitud, función de historiador que es de hecho reiterada, en 1856, cuando se llevó a cabo la publicación editorial de su Colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, en tres tomos, con el objetivo declarado de que sirvieran a alguna pluma imparcial europea o americana, que quiera escribir la historia de Cuba.

A partir de 1875, menos comprometido para expresar sin cortapisas sus opiniones sobre el espinoso tema de la esclavitud, respondió a todos sus contradictores con el aval de haberse pronunciado contra la trata mucho antes que ellos —desde 1832—. En una obra monumental, en la que no congeniaba con la visión que acerca de la esclavitud propiciaban los integrantes de las Sociedades Abolicionistas, los liberales españoles, los plantadores y los tratantes enriquecidos, además de todos aquellos que entendían con gran simpleza que era dable sustituir rápidamente el trabajo libre en lugar del trabajo esclavo, no como quiera sin daño, sino hasta con beneficio de la industria.

Su plan era abarcar la “[…] historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, la historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los países américo-hispanos, y la historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo», concebida —como lo planteaba su autor— como tres partes, constitutivas de un gran todo, y arregladas de manera que bien puede romperse su trabazón, formando tres historias separadas y completas en su género cada una, o volverse a juntar en un solo cuerpo, dándoles su primer enlace.

La modernidad de la obra descansaba en su concepción de historia-problema, al plantearse, entre otros asuntos:

Singularidad esta que llevó al historiador norteamericano Rolando Mellafe, a considerar en 1974, en su Breve historia de la esclavitud negra en América Latina, que mientras Saco se planteaba el análisis de una institución: la esclavitud, el resto de América Latina hurgaba en las historias nacionales y las individualidades.

 

La sociedad rusa en la obra de José Antonio Saco
Por Blas Nabel Pérez

Desde los tiempos más remotos, el esclavo se definía legalmente como una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda, sin que el esclavo pudiera ejercer ningún derecho u objeción personal o legal. La mayoría de las veces existen diferencias étnicas entre el tratante de esclavos y el esclavo, ya que la esclavitud suele estar basada en un fuerte prejuicio racial, según el cual la etnia a la que pertenece el tratante es considerada superior a la de los esclavos. Es muy raro que los esclavos sean miembros del mismo grupo étnico que el dueño, no obstante una de las pocas excepciones se dio en Rusia durante los siglos XVII y XVIII.

José Antonio Saco en su estudio Historia de la esclavitud, su obra monumental considerada de referencia básica para el conocimiento histórico de esta práctica, es una ambiciosa investigación con el fin de enjuiciar la actitud y el comportamiento de las más diversas sociedades frente al hecho de la esclavitud, desde la Antigüedad hasta su tiempo. Trató el tema en tres partes: dedicó la primera a la esclavitud no americana, la segunda a la sufrida por los africanos en el Nuevo Mundo, y la tercera y última al estudio de la que los europeos ejercieron sobre los propios indios de América. Saco atacó el corazón mismo del sistema: la esclavitud. Su estudio se recoge en una trilogía de trabajos: Análisis de un papel intitulado: estado del comercio de la Gran Bretaña con referencia a los productos coloniales; Examen de un artículo del Lucero de la Habana del 6 de agosto de 1832, y el más trascendente de todos: Análisis por don José Antonio Saco de una obra sobre Brasil.

La esclavización por servidumbre existía en Rusia en diferentes grados de dependencia entre los siervos ante los terratenientes. Hasta 1861 Rusia mantuvo un sistema en el que una enorme masa de campesinos permanecía sujeta a la tierra por lazos jurídicos repartida en dos grupos: el primero, compuesto por los siervos estatales y eclesiásticos (unos 22 millones más otros 2 pertenecientes a la corte); y el segundo, que dependía de la nobleza e integrado por unos 80 millones de personas.

Las diferencias principales consistían en que un campesino podía quedarse o no en un terreno de su señor; ser o no ser vendido por separado de la tierra en la que trabajaba, en los plazos de búsqueda de siervos fugitivos, en la suma de la multa por fuga, etc. Finalmente las condiciones de los siervos se hicieron hereditarias y no podían abandonar la tierra sin el permiso de su señor.

En 1856 el Zar Alejandro II creó un comité secreto para «mejorar el modo de vida de los campesinos dependientes de los terratenientes». No obstante, sus reformas tuvieron algunas fallas, en especial, los terrenos procedentes del reparto debían ser pagados por los campesinos junto con la redención de sus antiguas obligaciones feudales. La nobleza recibió el importe total del costo de manos del Estado mediante bonos por un monto equivalente al 90 % de la tasación de las tierras enajenadas. Finalmente, el régimen de servidumbre en Rusia quedó abolido en 1869 con la implantación del “Código de Concilio” por el Zar Alexandr II.

Saco dio a conocer al lector cubano las facetas más dramáticas de la vida del pueblo ruso, creando un interés por los problemas relacionados con el régimen de servidumbre en Rusia. En su ensayo, describe el sistema de servidumbre en el Imperio Ruso hasta su abolición. Calificó la situación del siervo de lamentable. Para adquirir una propiedad, concertar un contrato, hacer un testamento o casarse era necesaria la aprobación del señor. Este podía casar a un siervo contra su voluntad, castigarlo severamente maltratando su cuerpo, entregarlo como recluta al ejército, arrancarlo del calor hogareño y, por cualquier simple ligereza, enviarlo a Siberia. Saco da a conocer la dividida estratificación social de la sociedad rusa, en la que una parte era  extremadamente rica y la otra extremadamente pobre. El pueblo ruso, destacaba, no poseía tierras, estaba en el nivel de esclavos que pertenecían a los monasterios, la iglesia y la nobleza. El principal soporte a la conservación en el país del viejo régimen de dominio de los terratenientes en la vida social, era la autocracia. Los campesinos no tenían ningún derecho. Rusia en aquella época se caracterizaba por una agricultura muy atrasada lo que frenaba su desarrollo económico.

En el capítulo XXVI “Esclavitud y servidumbre en Rusia”, Saco analiza críticamente el origen y las fuentes de estos males, escribe: «Complemento del libro XXV es este en que trataremos de la esclavitud y servidumbre en Rusia».(1) Larga antigüedad cuenta en ella la primera, y aunque no podemos fijar con precisión la época en que comenzó, la historia nos enseña que los rusos traficaron con esclavos desde el siglo IX. De Khopli (campesino salvaje), que así se llamó en Rusia a los verdaderos esclavos, hablan también las leyes de Jaroslaw hechas en el siglo undécimo. Si en Rusia hubo la muchedumbre de verdaderos esclavos que en otras naciones de Europa, no podemos averiguar; pero pocos o muchos, cierto es que de varias fuentes emanaron. Prisioneros de guerra y sus hijos fueron los esclavos mas antiguos de Rusia, siéndolo también algunos criminales. Las leyes de Jaroslaw reconocieron igualmente por esclavos al deudor insolvente, al libre que se casaba con esclava, a todo hombre comprado ante testigos, y al que habiéndose obligado a servir por cierto tiempo y por precio fijo se huía, a menos que probase se iba a presentar al príncipe o al juez para reclamar contra las injusticias de su señor. Esclavo fue quien voluntariamente se sometía al servicio de otro sin hacer con él ningún compromiso determinado, pero este modo de esclavizar, prohibiose después, porque el Código de Alexis Mikhailovich (Código de Concilio) mandó que ningún hombre quedase en servidumbre.

Primera página del tomo XXVI “Esclavitud y servidumbre en Rusia”.>>

Señala Saco que el zar Alejandro II (1855-1881), vislumbrando los problemas que originaba esta situación, y aconsejado por sus colaboradores más progresistas, acometió una serie de reformas, fundamentalmente la agraria, necesaria si se quería iniciar la industrialización del país. Saco expone en su obra aquella reforma: «La abolición de la servidumbre quebrantó las cadenas de veinte y tres millones de siervos de la corona, de tres millones pertenecientes a los heredamientos, y de veinte y dos millones, propiedad de particulares, formando un total de cuarenta y ocho millones». Como se temía dar de un golpe completa libertad a tantos millones de hombres salidos de la servidumbre, juzgose prudente dictar algunas restricciones en nueve artículos adicionales que fueron:

1. Ningún labrador puede dejar su aldea sino bajo la condición de abandonar para siempre la tierra que ha recibido del común. Sentimientos recíprocos

2. Si este rehúsa aceptarla, debe cederla al señor.

3. Preciso es que haya cumplido con las leyes del reclutamiento.

4. Haber pagado todas sus imposiciones,  aun las del año comenzado.

5. Probar a la administración de su cantón, que ha llenado todas sus obligaciones.

6. Estar libre de toda persecución judicial.

7. Haber provisto a las necesidades de todos los de su familia que dejare en pos de sí.

8. Haber pagado todos los atrasos debidos  al señor por la tierra que le había dado.

9. Presentar un certificado de las autoridades del común en donde quiera fijarse, probando que ha adquirido un lote de tierras situado a menos de diez millas de la aldea, y doble del que antes poseía,

El ukase de emancipación, reforma profunda de las bases en que descansaba la sociedad rusa, fue acogido con desconfianza en muchas provincias del imperio. «Dase demasiado a los siervos», decían los señores; «Conservan demasiado los nobles», decían los siervos. Estos a veces rehusaban oír la lectura del ukase que hacía el presbítero en la iglesia, suponiendo ser un documento fraguado por los señores en su propio interés; y así hubo dos provincias en que se sublevaron, bien que muy pronto se restableció la tranquilidad. Así terminó la servidumbre en Rusia, última nación cristiana que abolió en Europa tan fatal institución”

El decreto (ukase) de emancipación permitió a los campesinos la desvinculación jurídica de sus señores y el trabajo de los campos que antes laboraban como vasallos. Los lotes de tierra procedentes del reparto, no obstante, debían ser pagados por esos campesinos junto con la redención de sus antiguas obligaciones feudales. La nobleza recibió el importe total del costo de manos del Estado mediante bonos por un monto equivalente al 90 % de la tasación de las tierras enajenadas. Estas fueron sobrevaloradas, lo que condujo a que el colono adquiriese caras las fincas que supuestamente ahora le pertenecían a costa de su endeudamiento. Económicamente la abolición de la servidumbre tuvo repercusiones desfavorables, debido a las siguientes circunstancias:

La abolición de la servidumbre no se tradujo en un aumento de la productividad, necesaria para satisfacer las demandas básicas de una población en crecimiento. Por el contrario incrementó la pobreza del campesinado y alentó el descontento social.

En Rusia la primera noticia sobre José Antonio Saco la ofrece en 1852 el diario Moskovkie Novosti (Novedades de Moscú) en el artículo “La sociedad y la literatura en Cuba”. Se señala: «[…] Entre los movimientos de nuestro siglo, Cuba también ha tenido su grupo poco numeroso, pero selecto, de  talentos, los cuales son menos conocidos en Europa que en América, tales como José Antonio Saco […] es autor de diversas investigaciones, publicista, y sufrió por la audacia de sus opiniones políticas y económicas».

En1850el biólogo Egor Sivers(2) originario del Báltico, considerado súbdito ruso, realizó una expedición científica a Cuba y a su regreso publica su trabajo “Cuba la perla de las Antillas” en el que menciona a Saco como una gran figura de la cultura cubana. Le describe como un político genial y fuerte, como se muestra en sus obras.

<< Portada del trabajo de Sivers.

Alexandr Lakier, investigador ruso viaja a Cuba a principios de 1858 donde dedica un considerable tiempo al estudio del problema de la esclavitud. Es sintomático que a su regreso pasa a trabajar en la Comisión de otorgamiento de la liberación a los campesinos rusos. Publica sus observaciones bajo el título de “Analisis sobre la Isla de Cuba” en las revista Otechestviennie Zapiski (Notas patrióticas) y Kazanski Viéstnik (Mensajero de Kazan). Posteriormente, en 1859, en su libro Viaje por los Estados Norteamericanos, Canadá y la Isla de Cuba(3) analiza la situación sociopolítica de Cuba. A Lakier se debe la mayor difusión de José Antonio Saco en Rusia.

Alexandr Lakier. >>

Las expresiones a favor de la libertad de los esclavos en Rusia por varios investigadores científicos como Fiodor Karzhavin, Egor Sivers, Alexandr Rotchev y Alexandr Lakierdeben considerarse, en alguna medida, resultado de sus viajes a Cuba en momentos de agudización de la lucha por la abolición de la esclavitud. Aunque no se tienen evidencias al respecto, quizás alguno de ellos pudo haber conocido a Saco.

El Doctor Eduardo Torres Cuevas ha señalado: «[…] Saco, estudioso de su presente, de la sincronía de la sociedad esclavista, al llegar a la madurez de su pensamiento, se transforma en el historiador de la esclavitud más universal de su época. En el esquema diacrónico del sometimiento directo del hombre por el hombre, encuentra todos los argumentos para desarmar todas y cada una de las tesis esclavistas. Su Historia de la esclavitud sigue siendo una de las más monumentales escrita hasta hoy. En ella también devino un innovador. Pasó de la historia cronológica, hechológica, lineal, política y de instituciones y hombres a la historia problema […]»(4).


Rescate de siervo ruso (alegoría en caja de tabaco).

  
Desterrada de Siberia (alegoría en caja de tabaco).     Los desterrados (alegoría en caja de tabaco).

Notas

(1) Saco, J. A.: Capítulo XXVI “Esclavitud y Servidumbre en Rusia”, Historia de la Esclavitud, colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos sobre la isla  de Cuba, ya publicados, ya inéditos por don José Antonio Saco, 3 t., Imprenta de D’Aubusson y Kugelmann, París, 1858.

(2) Sivers, E.: Cuba, la Perla de las Antillas, Leipsig, 1864.

(3) Borisovich Lakier, A.: Viaje por los Estados Norteamericanos, Canadá y la Isla de Cuba, Tipografía de K. Vulfa, Moscú, 1859.

(4) Torres Cuevas, E.: “Ensayo introductorio”, Papeles, escritos, obras y epistolario de José Antonio Saco, Colección Biblioteca de Clásicos Cubanos, No. 12, Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2001.

 

Un soneto de José Antonio Saco
Por Ana Ofelia Diez de Oñate Crespo

Uno de los ejemplares del ensayo histórico José Antonio Saco y sus amigos durante la Revolución de Yara , de José Antonio Fernández de Castro, impreso en 1923 en la rotativa de El Siglo XX, ubicada en la calle Tte. Rey, formó parte de la biblioteca personal de Don Fernando Ortiz, a quien el autor dedicara ese ejemplar y que hoy se conserva en los fondos de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (en la imagen).

Entre sus páginas aparece una carta de José Valdés Fauli a José Antonio Saco en la que le agradecen, tanto él como su hija, el «precioso recuerdo de sus primeros años que ha consagrado en su álbum y que es sin duda la mejor de sus páginas».

Fernández de Castro, en nota al pie, aclara que se trata de un soneto escrito por José Antonio Saco, “una curiosidad”, a la que tuvo acceso al tener en sus manos el álbum de la hija de Valdés Fauli, reproduciendo lo que Saco dejó plasmado en él y que ahora transcribimos aquí, a fin de que se conozca una nueva y poco conocida faceta de José Antonio Saco, concordando con lo que dijera Fernández de Castro.

«Todos los pueblos tienen sus dolencias morales, y el cubano padece una que es muy común en los jóvenes. Esa enfermedad que se llama manía de versar, proviene no sólo de la brillante naturaleza en que nacen los cubanos, y que los incita a cantar sus bellezas, sino del ejemplo y espíritu de imitación que tanto imperio tiene en el hombre. De esa enfermedad estuve tocado yo en mi primera juventud, pero pude curarme a tiempo porque conocí que nunca sería un poeta, sino un pobre versificador. Revolviendo ahora en mi mente aquellos tiempos remotos. Los únicos felices de mi vida, viéneme a la memoria un soneto, que como triste recuerdo de los primeros años de mi juventud inserto en el Álbum de la hija de un amigo, de la interesante Srta. Doña María de Jesús Valdés Fauli y Sanz.

Pobre, rico, vasallo, soberano,
Todos iguales son, todos parientes,
Porque nacieron ramas descendientes,
Del tronco antiguo del primer humano.

Sepa quien con sus títulos, ufano
Toma por calidad los accidentes
Que hay dos generaciones diferentes
Virtud y vicio: lo demás es vano.

Por más que quiera la genealogía
Colocar en sus venas la nobleza
Muy superior a la que Adán tenía

No podrá desmentir naturaleza,
Que sin virtud es siempre la hidalguía
Una triste fantasma de grandeza.

José Antonio Saco».

Las siguientes Imágenes de José Antonio Saco corresponden al libro Documentos para su vida, de Domingo Figarola-Caneda, La Habana, 1921, que forma parte de los Fondos de la BNCJM.